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Archivos Venezolanos de Puericultura y Pediatría
Print version ISSN 0004-0649
Arch Venez Puer Ped vol.70 no.4 Caracas Dec. 2007
Discurso pronunciado por la Dra. Carmen Correa de Alfonzo en el acto inaugural del LIII Congreso Nacional de Pediatría. Maracaibo, 2 de Septiembre de 2007
Quiero iniciar estas palabras dando GRACIAS A LA VIDA, por permitirme disfrutar de un momento tan especial como el que estoy viviendo hoy.
Este homenaje que la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría me hace, al nombrarme Epónima del Quincuagésimo Tercer Congreso Nacional de Pediatría, quiero compartirlo con todas aquellas personas que me han acompañado en mi largo caminar. Así:
- Con aquellos maestros que me condujeron por el camino del saber e hicieron de mí lo que soy, muy especialmente para quienes dejaron huella, como la Dra. Lya Imber de Coronil, el Dr. Francisco Castellanos, el Dr. Cecilio Rodríguez Russo y con profundo respeto menciono, de manera muy especial, a la Dra. Zaira Páez de Andrade, mi mentora, maestra y consejera.
- Es también un homenaje para el Hospital de Niños J.M. de Los Ríos, institución donde me formé como Pediatra y como Especialista y en el cual realicé toda mi carrera hospitalaria, tanto Asistencial (desde Interno Voluntario hasta Jefe de Servicio Honorario), como Administrativa (desde Jefe de Residentes hasta Directora del Hospital).
- También quiero compartirlo con todos mis compañeros de trabajo, con quienes por más de 4 décadas, intentamos construir las bases de una buena atención pediátrica, para el bienestar de nuestra infancia.
- Igualmente con aquellos jóvenes a quienes ofrecí la mano para ayudarlos, en la medida de mis posibilidades, a transitar la Especialidad en Nutrición, Crecimiento y Desarrollo,
- Y, sobre todo con aquellos niños cuyas madres depositaron su confianza en mí para que, con lo aprendido y lo vivido, pudiese devolverles la salud y el bienestar.
Una vez compartido este homenaje, y sentido por todos como suyo, pensemos que la imaginación puede funcionar como una máquina del tiempo y por eso, para hablar de la vida de una persona, de una institución o de la humanidad nos podemos referir al pasado, al presente y al futuro para asomarnos por esas ventanas y acceder a esos tiempos.
De mi vida pasada, la Dra. Celia Castillo de Hernández hizo referencia a algunos aspectos que sin duda me permitieron recordar, no sin algo de nostalgia, esas etapas realmente maravillosas.
Recordar el pasado no sólo es leer una semblanza, es un registro de la trayectoria del hombre, que servirá de antesala de lo que ahora es y de lo que en el futuro podrá seguir siendo.
Gracias Celia, eres y serás siempre compañera, amiga y sobre todo hermana de caminos.
Del presente sólo quiero decirles que en este momento doy gracias a LA VIDA, porque me está regresando con creces lo que he dado.
Lo que puedo decir es que durante mi vida profesional y familiar transcurrida en Venezuela, este hermoso país, siempre he tratado de dar salud y bienestar a los niños, he intentado trasmitir lo poco o mucho que he aprendido a las nuevas generaciones de pediatras, y siempre mi profesión ha estado enmarcada dentro del humanismo.
Para Venezuela, la tierra que me dio la vida y que me formó como ciudadana y como profesional, cuánto me gustaría tener poderes mágicos para que todos trabajemos e impulsemos hacia adelante nuestro país.
Nosotros, pediatras, quienes tenemos en nuestras manos la sagrada misión de preservar la salud de nuestra infancia, debemos ofrecernos con verdadero amor ya que, servir al prójimo, al sano o al que sufre, es un acto de amor.
La Pediatría moderna debe ser integral y humanística, debe respetar la dignidad del niño y debe preservar en los pediatras la capacidad de escuchar, observar y comunicar, para así garantizar una atención de calidad, con un alto contenido ético y de valores sociales.
Al referirme a la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría y para hablar del pasado, dejaré caminar en mi mente los sublimes recuerdos del ayer.
La vida de nuestra Sociedad tuvo un comienzo feliz, porque fue gestada por gente visionaria que supo orientar las impacientes inquietudes de los pediatras que hace 68 años la fundaron, y que en forma mantenida y sin interrupciones se ha conservado erguida, como le corresponde. En este esfuerzo han intervenido todos los pediatras y en particular los integrantes de las juntas directivas, quienes la han dirigido en forma sucesiva desde 1939.
Merecen una sincera apología, un elogio y un reconocimiento, aquellos pediatras fundadores quienes hicieron posibles los primeros albores de nuestra Sociedad, pero también son dignos de honrar todos aquellos pediatras que han pertenecido y pertenecen a la institución, sin cuyo aporte científico y apoyo hubiese sido imposible su vigencia en el tiempo y en la historia.
Cuando uno como pediatra recién graduado se inscribe en la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, lo hace con la intención de ampliar sus conocimientos científico- técnicos, de relacionarse desde punto de vista profesional, social, deportivo y familiar con el conglomerado pediátrico nacional e internacional, de mantenerse actualizado, es un estímulo para la investigación y, con el tiempo, se aprende a respetar y a formar parte de esa vida profesional.
En este momento trascendental, permítanme recordar:
A mis padres, donde quiera que sus almas estén, por haberme inculcado los valores de sencillez y humildad.
A mi familia, hijos y nietos, por hacer que mi vida tuviera y tenga una ilusión y por haberme ayudado a transitar este largo período de mi vida.
A Miguel, mi esposo, eterno compañero, por su comprensión y aguante. Pienso que nuestras profesiones (pedagogía y pediatría), afines en la atención de niños y adolescentes, nos han permitido ser copartícipes en las empresas que nos hemos propuesto.
A mis hijos no biológicos, que ya son bastantes y se encuentran diseminados por todo el territorio nacional, quisiera haberles enseñado mucho en la vida, y no me refiero a lo meramente científico. Espero haberles enseñado a confiar en sus fuerzas, a enfrentar sus miedos, a entusiasmarse con la vida, a crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos, a planificar para el futuro. Mención especial merecen la Dra. Ingrid Soto de Sanabria y la Dra. Olga Figueroa de Quintero, quienes han sido no sólo hijas sino también compañeras, hermanas, familia.
A la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, quiero expresarle un profundo agradecimiento por darme la oportunidad de estar viviendo este momento.
A los integrantes de la Junta Directiva Central y de todas las Filiales, igualmente por ofrecerme la oportunidad de recibir este homenaje. A ellos les deseo el mayor de los éxitos en el desempeño de su gestión.
De una manera muy especial quiero agradecer a la Filial Miranda, en la persona del Dr. David Rincón Matute, quienes propusieron mi nombre al Consejo Nacional, para que este Congreso llevara mi nombre.
A los integrantes de la Junta Directiva de la Filial Zulia y a todos los pediatras de este hermoso estado, gracias por abrir las puertas de su ciudad y por recibirnos como huéspedes.
A los integrantes de la Comisión Científica, gracias por su trabajo y dedicación y por hacer que en este congreso brille el programa científico.
Y, cómo no recordar en este momento a mis compañeros de la Junta Directiva Central, período 2002-2007: Dr. Francisco Valery por su capacidad organizativa, Dra. Marbella Martínez con la honestidad por delante, Dra. María Rosario Rossell, henchida de conocimientos, Dra. Emma Martínez, siempre espiritual, Dr. Calixto Díaz, siempre con su buen humor, Dr. Jorge Bonini, un dechado de bonhomía y Dr. Huníades Urbina, con su particular personalidad. Este período fue presidido por el Dr. Alberto Reverón Quintana, experto en organización, planificación y siempre tendente a lograr la excelencia. Con ellos compartí cinco maravillosos años de mi vida, siempre los tendré en mi recuerdo.
A los profesores invitados nacionales e internacionales, gracias por darnos lo mejor de sus conocimientos, que estoy segura contribuirán al éxito de este congreso y nos ayudará a una mejor atención de nuestros niños.
A todos, gracias por acompañarme y por compartir conmigo esta emoción.
Del futuro, soy optimista y estoy consciente que con la unión de todos los entes involucrados en la atención social de los niños, los cuales se encuentran abocados a resolver sus problemas, tendremos un mundo mejor.
Para finalizar, les diré que estoy orgullosa de la Pediatría que me ha tocado vivir, de la que estoy viviendo y seguramente de la que me tocará vivir, dados los adelantos científicos- tecnológicos que se desarrollan en forma acelerada a nivel mundial. En dos palabras, estoy orgullosa de SER PEDIATRA y de pertenecer a este gran país, VENEZUELA.
CON UN ABRAZO PARA TODOS,
Muchas gracias.
Carmen Correa de Alfonzo













