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Archivos Venezolanos de Puericultura y Pediatría
Print version ISSN 0004-0649
Arch Venez Puer Ped vol.74 no.2 Caracas June 2011
DE PASTOR OROPEZA A NUESTROS DÍAS...
La situación actual de la formación pediátrica en Venezuela dista mucho de un pasado que inició aproximadamente en 1937 y fue consolidándose en el tiempo, alcanzando en las últimas décadas un elevado nivel profesional y una sana competitividad para optar a la especialidad. A pesar de significativos avances en el diseño curricular, modificación de los modelos organizativos, acceso a la información y dinámicos sistemas de evaluación, hoy nuestras aulas de clase y salas de emergencia y hospitalización carecen de residentes.
La convocatoria de concursos para formación de especialistas de postgrado que realizan las universidades nacionales tiene en el ausentismo una marca. No hay médicos, y la demanda asistencial se incrementa en el marco de un sistema deficiente. En oportunidades se han requerido hasta tres llamados a concurso, y ello ha sido insuficiente para cubrir los cargos vacantes.
Los médicos suelen ser blanco de ataques, carecen de medios adecuados para laborar y subsistir; la inseguridad de las ciudades y hospitales, sumada a la falta de insumos médicos e insuficiente remuneración, han disparado la deserción de los postgrados y la migración de médicos venezolanos a otros países.
En los últimos años, más de 2.000 médicos se han marchado del país en busca de un futuro mejor y un destino más seguro. Otros incluso abandonan la práctica pública o cambian de oficio. Estas migraciones están representadas en un número significativo por pediatras. El cierre completo o parcial de postgrados y servicios médicos por falta de residentes y especialistas ya no es novedad, es cotidianidad. Nuestra profesión y especialidad atraviesan un momento duro; los hospitales sin personal médico y de enfermería son solo estructuras vacías, sin función ni razón.
Las sociedades científicas han construido alianzas y desarrollado programas para fortalecer la educación médica y asistir a la población; pero ello no sustituye ni equipara el contingente profesional que nuestra Alma Mater solía formar. Existe una responsabilidad social ineludible con los niños, niñas y adolescentes que, paciente o impacientemente, esperan y requieren asistencia sanitaria.
En el marco de la reciente modificación de la ley del ejercicio de la medicina, invitamos a una reflexión profunda, recordando la consciente responsabilidad individual de este noble oficio, el cual debemos desempeñar con mentes lúcidas y manos hábiles.
Juan Marcano L.
Magdalena Sánchez A













