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Archivos Venezolanos de Puericultura y Pediatría

versión impresa ISSN 0004-0649

Arch Venez Puer Ped vol.77 no.2 Caracas jun. 2014

 

Sociedad venezolana de puericultura y pediatría: La historia en nombres

Roberto Fasciani

En 1939 un puñado de médicos motivados en unir esfuerzos para vencer la adversidad de una Venezuela insalubre, plagada de enfermedades, con altos grados de desnutrición en su población infantil, crea la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, para, desde esa tribuna científica y social, dar pasos extraordinarios en el logro de objetivos específicos. Longeva, ya con la experiencia de 75 años, sigue vigorosa y joven, renovada pero consustanciada con los valores genuinos de su misión.

Desde el comienzo, la prioridad eran los hechos, sin la relevancia ni el protagonismo de sus autores. Casi todos sus integrantes, contemporáneos, avanzaban juntos, sin tiempo para las alabanzas personales. Pero los relevistas de esos fundadores, vieron hacia atrás y se dieron cuenta que no sólo heredaban la ruta del camino sino también sus huellas.

Habían transcurrido 18 años desde la fundación, y comenzó a darse la evolución natural, con el fallecimiento o retiro de los primeros pediatras. En 1954 murió el doctor Agustín Zubillaga (1890-1954), considerado el padre de la pediatría larense, y tres años más tarde, en 1957, en el marco de las IV Jornadas Nacionales de Pediatría celebradas en Barquisimeto, por vez primera se decide, como un homenaje póstumo, designar el evento con el nombre del doctor Zubillaga.

Luego de este primer ejercicio quedó la lección. En 1966 y 1967, durante las XII y XIII Jornadas Nacionales de Pediatría se hicieron homenajes en vida, dentro de la programación de los eventos, a los doctores Pastor Oropeza (19011991), y Gustavo H. Machado (1897-1968), respectivamente, pero sin el simbolismo del eponimato. Aún prevalecía la idea de que este honor estaba sólo reservado para los pediatras fallecidos con un pasado profesional y humano trascendente.

En los años setenta, específicamente en 1973, se designa por vez primera a unas Jornadas Nacionales de Pediatría con el nombre de un eminente pediatra vivo, y este honor recayó en el doctor Jorge Lizarraga (1900-1976), fundador y primer director del Hospital de Niños de Valencia. Tres años más tarde, en 1976, pocos meses después de su muerte, se le rinde un homenaje póstumo al doctor Simón Gómez Malaret (1909-1976), designando con su nombre el V Congreso Nacional de Pediatría, celebrado en las costas de Caraballeda, en el otrora Departamento Vargas.

El vacío que iban dejando estos maestros creó en el gremio una necesidad de gratitud que cumpliera con todo el protocolo, y cobró fuerza, el reconocimiento activo. En consecuencia, desde 1978 se establece como modalidad la designación de epónimos en la principal tribuna científica de la pediatría nacional. Ese año las Jornadas Nacionales de Pediatría, celebradas en Maracay, tuvieron como epónimo al doctor Carlos Burgos Courlaender, vivo para ese momento. En 1979, el VI Congreso Nacional de Pediatría recibió el nombre del doctor Pastor Oropeza, presente en el evento, y quien cinco años más tarde sería declarado oficialmente como el padre de la Pediatría venezolana. Desde 1978 hasta nuestros días, durante 36 años y de forma ininterrumpida, todos los Congresos y/o Jornadas Nacionales de Pediatría han sido designados con el nombre de algún epónimo, la mayoría de ellos, en vida para el momento del respectivo evento, exceptuando los casos puntuales de Lya Ímber de Coronil (1982), Miguel Raga Mendoza (1986) y Gustavo H. Machado (1999), que fueron homenajes póstumos.

En el balance, desde 1957 hasta nuestros días, se han designado 40 epónimos. En orden cronológico estricto los epónimos nacionales han sido los siguientes pediatras: Agustín Zubillaga (1957); Jorge Lizarraga (1973); Simón Gómez Malaret (1976), Carlos Burgos Courlaender (1978), Pastor Oropeza (1979), Eduardo Urdaneta (1980), Gabriel Barrera Moncada (1981), Lya Ímber de Coronil (1982), Enrique Pérez Guanipa (1983), Ernesto Vizcarrondo (1984), Carlos Castillo (1985), Miguel Raga (1986), Ernesto Figueroa (1987), Espíritu Santo Mendoza (1988), Andrés Riera Zubillaga (1989), Marcos Tulio Torres Vera (1990), Manuel Gordon Fajardo (1991), Oscar Mayz Vallenilla (1992), Alberto Serrano Galavís (1993), Francisco Castellanos (1994), Alberto Bercowsky (1995), Nahem Seguías Salazar (1996), José de Jesús Avendaño (1997), Hernán Méndez Castellano (1998), Gustavo H. Machado (1999), Isabel Delgado (2000), Rita Urbina de Villegas (2001), Homero Álvarez (2002), Juan Guido Tata (2003), Francisco Finizola Celli (2004), Xavier Mugarra Torca (2005), Gladys Carmona de Castillo (2006), Carmen Correa de Alfonzo (2007), José Luis Peroza (2008), Nelson Orta Sibú (2009), Amadeo Leyba Ferrer (2010), Gloria Yamín de Barboza (2011), Michelle López de Liendo (2012), Ricardo Archila Grüber (2013) y Haydée Parra de Soto (2014). Esta tradición arraigada y fortalecida con los años es un premio al estímulo y a la excelencia.

Ver desplegado cada año, con honores y respeto el nombre de un destacado pediatra, no sólo eleva e inmortaliza la trascendencia de su propia obra, sino que como institución enarbola el valor sublime de la gratitud. Rendirles honores a nuestros principales protagonistas es una de las más nobles tareas que la historia nos ha impuesto.