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Archivos Venezolanos de Puericultura y Pediatría

versión impresa ISSN 0004-0649

Arch Venez Puer Ped vol.80 no.3 Caracas set. 2017

 

Palabras inauguración del 63 Congreso Nacional de Puericultura y Pediatría “Dr. Jesús Velásquez Rojas”

Como se aprecia en la fotografía y su leyenda, muy cerca de la fecha inicial de la celebración de este congreso, se publicó en las redes un artículo de la excelente periodista y escritora Milagros Socorro en su sección: una foto un texto, que tituló: niños pescadores de Margarita y adornó con la imagen de la fotografía donde aparecen tres niños pescadores.

En la tertulia matutina, antes de iniciar el trabajo diario, los compañeros de trabajo, comentaban el artículo y me preguntaron si yo era uno de ellos. Enseguida respondí que no; era el año 1955, tenía alrededor de 14 años y estudiaba segundo año en el Seminario de Cumaná para cura. Señalé, además que de no haber insistido mis padres en que estudiara, nada de raro tenía que pudiera haber sido yo uno de esos niños. El 80 por ciento de mis compañeritos de tercer grado no continuaron sus estudios. El dilema de la época era, como fue perfectamente planteado en un libro, el amigo Chanito Marìn: “Migrar o Pescar”. Por ello la población margariteña fue inmodificable durante muchos años.

Pero lo que más me inquietaba, cuando preparaba las palabras que diría en este acto, fue una pregunta que me hizo una de mis compañeras de trabajo que conoció parte de la historia de mi pueblo natal, de un libro que ojeaba en ese momento, me preguntó: ¿Cómo es que Ud. está aquí?, no respondí, sólo sonreí, como a veces suelo hacer, e interpreté que Cristina, la compañera de trabajo, tal vez quiso decir, ¿qué hice, para que ustedes me revistieran con el enorme honor de que este Congreso llevara mi nombre?

Realmente, yo hice muy poco y no tengo palabras para expresar mi agradecimiento a la Junta Directiva Central de la SVPP y de las Juntas Directivas de las Filiales y de todos los pediatras que apoyaron esta decisión. Y lo tomo como una distinción, extendida a todos los grupos de trabajo con los que en alguna forma me he vinculado. De manera que es la hora y momento de mis agradecimientos.

Como ustedes ya saben, soy margariteño y nunca he dejado de sentirme como tal, pues bien, mi agradecimiento a esa tierra, a esos parajes, a sus pueblos, a su gente y muy particularmente a donde nací: al norte de la Isla de Margarita, entre Juangriego y el Valle de Pedro González, más o menos unas 10.000 hectáreas de extensión pero su centro poblado 2000 hectáreas. Nunca tuvo más de 2.300 a 2.500 habitantes. Tres bellas playas, aunque alejadas del poblado no eran más que nuestro parque infantil y merendero escolar: erizos, mejillones, cangrejos y caracoles (tunucuyos) eran la delicia después de pasar por las brasas del fogón de mi abuela al terminar la jornada escolar.

Mi pueblo se conoce más como los Hatos o en el lenguaje de los margariteños “losatos” pero su nombre oficial: Altagracia. Tengo que necesariamente agradecer a ese pueblo el haber vivido mi infancia allí y no dudaría en decir, si esto se pudiera, “me gustaría volver a nacer allí”, por su gente: personas, súper emprendedoras, muy trabajadoras, enormes ganas de superarse, espíritu comercial, artesanos en calzados, vestidos, trabajos de la madera. Ante las enormes carencias, que las había, todas tenían solución, todo se podía. Tanto fue así que buena parte del auge comercial de Juangriego, e incluso Porlamar de la época fue desarrollada por “Jateros”.

La vida civil y cultural del pueblo siempre ha girado alrededor de la plaza, frente a la Iglesia de Nuestra Señora de Altagracia, donde desde siempre se han diseñado los sueños de estudiantes, comerciantes, emprendedores de pequeñas fábricas de calzados, vestidos, productores del mar y del campo, marinos, pescadores y de todos los oficios, además de ser el sitio de reunión, para mantener la hermandad de pueblo en amenas tertulias, incluyendo “los cachos”: historietas la mayoría ficticias de situaciones que al relatarlas le dan todo el carácter de veracidad y además disfrutar del agradable calor de pueblo suavizado por vientos refrescantes que bajan de la montaña en el atardecer y del mar en la noche.

Los muchachos de entonces jugábamos en la oscura noche, solo iluminado algunas veces por la luz de la luna y “cocuyos” (luciérnagas) protegidos, cuidados y estimulados por los 2.500 0 3.000 habitantes del pueblo porque todos se comportaban como nuestros padres, nuestras madres y nuestros hermanos, todos tenían derecho a protegernos, corregirnos y guiarnos. Me robo una frase del amigo “Tivita”, periodista del pueblo de las nuevas generaciones, para definir a ese pueblo como… “la cuna de la paz, el amor y la ingenuidad”. Muchísimas gracias a mi pueblo y su gente por haber recibido allí mis iniciales enseñanzas de vida.

Estoy seguro que si mis padres vivieran, estarían de primeros en este auditorio y se sentirían tan agradecidos de la vida como yo de ustedes y orgulloso de ellos. ¿Cómo agradecerles sus enseñanzas, su conducción y su terquedad en lograr los objetivos que se había trazado para sus hijos?

Independiente de lo familiar, mi padre para mí, es el personaje más respetado, admirado, honrado e imitado. Realmente son admirable sus logros.

El nació en el mismo pueblo e imagino en condiciones sociales y económicas peores a las que yo viví, el menor de 4 hermanos y 2 hermanas, huérfano desde los 14 años cuando el abuelo murió, dicen que de tétanos. Solo él y una hermana permanecieron en Margarita, los otros buscaron rumbo a las petroleras como era lo habitual en aquellos tiempos. La educación de la época le dio solamente para aprender a leer, escribir y sacar cuentas. Su certificado de 6° grado lo obtuvo en la misma escuela cuando yo cursaba tercer grado y se abrió la posibilidad en la noche de educación para adultos. Su trabajo era ayudante de barco en el que viajaba frecuentemente de Margarita a los caños, así llamaban al Delta del Orinoco. En uno de esos viajes contrajo Paludismo, afortunadamente se recuperó.

En estos viajes los barcos iban cargados de pescado salado y productos de artesanía elaborada en el pueblo: zapatos, alpargatas, vestidos y otros. Regresaban cargados de madera, maíz, plátanos, cambures y muchos productos vegetales del tipo de los tubérculos. En uno de ellos, mi padre llevó algunas prendas que mi madre, costurera, elaboraba de maravilla. Su especialidad era el bordado. Los productos que llevó pudo venderlos todos y con la ganancia de la venta trajo para Margarita algunas mercancías que no solían traer habitualmente. También esta acción le dio buen resultado a pesar de la opinión de otros marineros con mayor experiencia que le advirtieron sobre la descomposición que podrían sufrir esas mercancías. Sin duda, esta acción fue el despunte de lo que posteriormente fue su profesión definitiva: comerciante y comerciante exitoso.

Mi madre, igualmente del mismo pueblo, la menor de 5 hermanas y 3 hermanos, (cinco emigraron) también huérfana de padre precozmente, costurera, de educación básica semejante a la de mi padre, presumo que de posición algo mejor que la de él, toda vez que vivía en la calle principal y en mejor casa.

Cuando la pareja se unió en matrimonio, tuvieron un objetivo claro respecto a su familia: “los hijos que tengamos tienen que estudiar”, esto me lo dijo mi mamá, quien vivió 10 años más que él, miles de veces que era una letanía de ellos en sus conversaciones, “no queremos que sean como nosotros” “haremos todo lo necesario para que estudien”. Lograron su propósito: seis hijos todos universitarios. La única familia de ese remoto pueblo en esa época que lo logró.

A pesar de su formación básica, su inteligencia natural demostraba que tenían muy claro que educación es conocimiento y que conocimiento es progreso, y que progreso es ascenso social. Por ello, muchas gracias padre y madre por su terquedad y desvelos para que nos formáramos.

Otro tanto debo decir de mis hermanos, tres hembras y dos varones. Desde siempre solidarios, comprensivos y demasiado unidos, mi agradecimiento hacia ellos, lo extiendo a sus esposos y esposas de toda la vida y a sus hijos y sus nietos.

Quizás no podría estar hablando nada hoy aquí, si no hubiese contado con Irama, mi esposa y la familia que hemos construido. Comprensión, tolerancia, paciencia y como ella misma dice un poquito de complicidad, son algunas de los valores que hemos cultivado para solidificar nuestra familia: 4 hijos, para el momento, ya encaminados en su propio andar, dos de ellos médicos, con un mundo a la vista y quienes nos han regalado 7 hermosos nietos 4 hembras y tres varones. Más que agradecimiento es excusas por haberles robado parte del tiempo que debería disponer para ellos

La verdad es que para un joven de 17 años, venido de allá, del interior de la República, de donde se pensaba que sólo había monte y culebra, llegar a la desconocida Caracas, con la consideración de una gran metrópolis, para vivir en condiciones y vivienda desconocida, y con el compromiso del no fracaso, lo menos que puedo decir es que no era fácil, y no fue fácil, no obstante pudimos engranar dentro de un grupo maravilloso al estudiar medicina, que nos permitió descubrir la igualdad de capacidades con nuestros pares, para enfrentar el reto que adquiríamos en ese proyecto. A una distancia de más de 50 años, aun mantenemos una fraternal y hasta familiar amistad por lo que también mi agradecimiento hacia ellos al haber permitido contar con su apoyo y confraternidad.

Vaya también mi agradecimiento a mis compañeros de postgrado en el Hospital de Niños “J.M. de Los Ríos. Ingresamos muchos, finalmente las circunstancias propias del ingreso quedamos unos pocos, entre los que se generó una gran camaradería y sana competencia. Este agradecimiento tiene que ser extensivo a mis profesores por todo lo que de ellos aprendí: Dres. Francisco Castellanos, Simón Gómez Malaret, Cecilio Rodríguez, Alberto Bercowsky, Jaime Barboza, Manuel Gordon, José Francisco y muchos más, pero muy especialmente al Dr. Armando Sucre, más que Profesor, amigo, solidario y de sapiencia en su quehacer clínico inigualable.

Deseo incluir en este aparte a mis amigos y compañeros profesores de la Cátedra de Clínica Pediátrica y Puericultura de la Escuela de Medicina “José María Vargas¨ a mis estudiantes de pre y de postgrado así como de mis estudiantes de enfermería y de las especialidades médicas y quirúrgicas que acuden a mis periódicas reuniones docentes.

Revisando algunas fotos de mi período como presidente de la SVPP me doy cuenta que era bastante joven, quizás, era demasiado joven para tan altísima responsabilidad. No obstante, el trabajo se me facilitó porque contaba con la invalorable alianza que establecimos con los anteriores presidentes de la organización y con un numeroso grupo de pediatras profesores y maestros de la pediatría nacional, excepcionalmente dispuestos al trabajo productivo. De manera que no había obstáculo que no se pudiera vencer para obtener los objetivos que nos habíamos planteado. Gracias, Muchas gracias a todos ellos, en los que incluyo a los Dres. Pastor Oropeza, Ernesto Vizcarrondo, Espíritu Santo Mendoza, Miguel Raga, Pedro J. Álvarez, Alberto Bercowsky, Enrique Pérez Guanipa, Manuel Gordon, Carlos Castillo, Marco Tulio Torres Vera, Nahem Seguías, asì como los de las nuevas generaciones, Humberto Gutièrrez, Juan Félix García, Eduardo Meza.

Hace ya unos 10 años, siendo Director de la Escuela de Medicina •José María Vargas y miembro del Consejo de Facultad coincidí con el Dr. Héctor Arrechedera. Debo decir que él representaba un grupo de opinión académica contrario con el que yo, para ese momento, era solidario; sin embargo, en uno de esos recesos de la discusión académica conversamos acerca de un proyecto en el que él venía trabajando y buscando apoyo. Incluía diseminación del conocimiento médico a través de las redes y asistencia médica a distancia. Uno de los lugares beneficiarios del proyecto era Nueva Esparta. No se diga más, de inmediato me empaté en ese proyecto futurista y desde entonces hemos labrado una hermosa amistad y un grupo de trabajo extraordinario donde el objetivo común es llevar a una realidad lo que es realidad en todos los países desarrollados del mundo: SOS Telemedicina, salud y educación médica continua. María Dolores Fariñas, Jesús Alberto González Vega, Carlos Ayesta, Luis Fernández, Nancy Urbina, Cristina Silvera, Jaqueline Panvini, Judith Toro, Ivonne Harvey y muchísimos profesores (Rafael Cortes, Elizabeth Montoya, Maria Esperanza Velasquez, Dalmacia Noguera) y estudiantes y asesores externos como el profesor José María Deviana, quienes hacen posible el resultado final del trabajo que desde allí se realiza.

Finalmente gracias y bendiciones a mis dos vírgenes: La virgen del Valle y la Virgen de Altagracia que sin grandes manifestaciones externas de religiosidad, siempre le hemos rogado que nos acompañe con bien.

Amigos todos, no puedo concluir esta intervención sin un par de breves reflexiones finales.

La primera es para decirles que quizás me he extendido un poco en ponderar la influencia en mi formación de las personas con quienes conviví en mi infancia, sin embargo, soy de los que piensa como Savater, que no sólo por el hecho de provenir de un humano se es humano. Savater se pregunta: ¿Es un asesino un humano? Lo humano del hombre se hace en ese segundo vientre: el vientre de la sociedad.

Como pediatras sabemos que esos primeros 7 años de vida del niño son fundamentales para la estructuración de la personalidad del hombre. Mamá, Papá, Familia, el modelaje que vivimos en el hogar, será nuestro sustrato del comportamiento humano del futuro. Las escuelas, universidades y las comunidades donde posteriormente habitaremos, sólo se ocuparán de reforzar esos valores aprendidos en el hogar.

Si damos como válida esta premisa y pensamos en todo lo que hemos visto y padecido en estos últimos años, bastaría solo imaginar la infancia de nuestros gobernantes para entender la inhumanidad que se encierra en algunos de ellos.

Lo segundo es que pareciera que después de cierta edad y la jubilación se acabara nuestra vida. Yo creo que a partir de entonces es cuando nos quedan recursos para aprender y hechos por aprender. A mi juicio, la tecnología en un breve futuro será indispensable para todo, en la medida en que no nos incorporemos a ella, la brecha entre lo que pudimos y no podemos será mayor.

Es decir, creo en que no hay una edad específica para aprender, en todas las edades se puede, sólo hay que darle significado a lo que podemos aprender.

Finalmente voy a responder la pregunta que me hiciera Cristina: Mira Cristina y amigos todos, yo asumo que la SVPP quería distinguir a todas esas personas, profesores y amigos con quien he compartido y vieron en mi pequeños retacitos que los hacía recordar a cada uno de ellos.

En todo caso, eso soy. Agradecido de lo vivido, agradecido de todo aquel de quien he aprendido y agradecido con quien he compartido

Gracias a todos.

REFERENCIAS

1. Socorro Milagros: Niños pescadores en margarita. Prodavinci 2017 mayo 07; Sec, Una foto un texto. Disponible en URL: http://prodavinci.com/blogs/ninos-pescadores-en-margaritapor-milagros-socorro-unafotountexto/        [ Links ]

2. Quijada de G, Esther M: Por Los Caminos de Los Hatos. Porlamar (Nueva Esparta) Venezuela. Gráficas Internacional. 1998.        [ Links ]

3. Suniaga, F.: Margarita es una barca. Caracas Venezuela. Consolidada de Ferrys CA, 2009.        [ Links ]

4. Estaba R. Mélido: La vida es un invento Margariteño. Maracay (Aragua). Venezuela. Gráfica Multimar C.A.: 2011.        [ Links ]

5. Estaba R. Tomás M: Las Vainas de un Margariteño. Maturín (Monagas) Venezuela. Litovenca. septiembre 2010.        [ Links ]

6. Savater, F.: El valor de educar. Bogota, Colombia. Planeta Colombiana Editores S.A. 1991.        [ Links ]