Introducción
El término "dispepsia" representa un desafío conceptual debido a su uso variable en la literatura médica, engloba un conjunto de síntomas y generalmente hace referencia al dolor o malestar localizado en el abdomen superior, pudiendo comprender, a su vez, plenitud posprandial, náuseas, saciedad precoz, flatulencia, anorexia, regurgitación y eructo.1 La dispepsia tradicionalmente se clasifica y distingue entre: a) “orgánica” o “secundaria”, cuando se identifica una lesión estructural (úlcera péptica, neoplasia, etc.) o enfermedad sistémica (diabetes, tiroidopatías) que explica los síntomas; b) “funcional”, diagnosticada según criterios consensuados (como los Criterios de Roma IV) cuando no se encuentra ninguna lesión, enfermedad o causa farmacológica que justifique la clínica tras una evaluación adecuada y c) “no investigada”, referida a pacientes a los que aún no se le han realizado intervenciones diagnósticas específicas que pueden explicar la causa de la misma (endoscopia digestiva superior, laboratorios, etc).1,2
La prevalencia mundial actual varía ampliamente según la definición utilizada y la población objeto de estudio. En las investigaciones que emplean la definición de “dolor localizado en abdomen superior”, la prevalencia de dispepsia no investigada (DU) oscila entre el 7 % y el 34,2%. Por otra parte, cuando se utiliza una definición más amplia de "síntomas gastrointestinales superiores" para caracterizar la dispepsia, se observa una prevalencia entre el 23% y el 45%.3 Esta alta prevalencia convierte a la dispepsia en una causa frecuente de consulta médica y consumo de recursos sanitarios, con un impacto sustancial en la calidad de vida y la productividad laboral.4,5
Su etiología responde a diversas causas entre las cuales se encuentran a) trastornos relacionados a la luz del tubo digestivo como Enfermedad ulcero-péptica, reflujo gastroesofágico y gastroparesia; b) causas tóxico medicamentosas como la ingesta de etanol, AINEs y glucocorticoides; c) trastornos sistémicos como Diabetes Mellitus, Enfermedad tiroidea e insuficiencia suprarrenal; d) trastornos biliopancreáticos como Pancreatitis crónica, cáncer de páncreas y dolor de origen biliar.1 En este sentido, dentro de las causas de dolor de origen biliar se encuentran trastornos como colelitiasis, coledocolitiasis, disfunción del esfínter de Oddi y la alteración de la motilidad vesicular, siendo esta última el objeto de estudio de la presente investigación.
A este respecto, dentro de las investigaciones descritas sobre el tema, Jung SW, et al.6 realizaron un estudio en Corea del sur de tipo observacional retrospectivo titulado "Síntomas epigástricos de discinesia vesicular confundidos con dispepsia funcional", utilizando la gammagrafía hepatobiliar con colecistoquinina (CCK) concluyeron que un 22,2% de pacientes que cumplían criterios diagnósticos de Roma IV para dispepsia funcional presentaron discinesia vesicular, por lo que recomiendan considerar la alteración de la motilidad vesicular como diagnóstico diferencial de pacientes con síntomas dispépticos, en especial si son refractarios.6
Asimismo, en México, Herrera-Chabert L, et al.7 realizaron un estudio titulado "La discinesia vesicular continúa siendo una incógnita que resolver en problemas médicos". Los autores describieron un número de 132 pacientes a los que se les practicó colecistectomía, de los cuales 60 no presentaron litiasis biliar y fueron diagnosticados con discinesia vesicular mediante gammagrafía hepatobiliar con prueba de Boyden (medición de la fracción de eyección antes y después de la estimulación con un alimento graso), entre ellos, 42 fueron mujeres (70%) y 18 hombres (30%), el 100% presentó cuadro clínico de dolor abdominal superior y otros síntomas de dispepsia y, a su vez, refirieron desaparición de los mismos después de la colecistectomía, orientando a la consideración no solo de la discinesia vesicular como causa directa de la clínica, sino a la resolución quirúrgica como un abordaje altamente efectivo en estos pacientes.7
De igual forma, en Colombia, en el estudio retrospectivo "La disquinesia vesicular: un diagnóstico diferencial del cólico biliar clásico", Londoño et al.8 evaluaron 22 pacientes con dolor biliar típico y ecografía normal, sometidos a gamagrafía hepatobiliar con CCK. Los resultados mostraron que el 50% presentaba disquinesia vesicular; entre estos, el 83% de los intervenidos con colecistectomía laparoscópica lograron resolución sintomática completa, mientras el 80% de los no operados mantuvieron síntomas severos, subrayando el mal pronóstico sintomático en los no intervenidos.8
Si bien, la gammagrafía ha sido el método por excelencia en la evaluación de la fracción de eyección vesicular y el diagnóstico de la disfunción vesicular, presenta desventajas como la exposición a radiación ionizante y alto costo. El ultrasonido dinámico surge como una alternativa viable y atractiva por ser menos invasiva y más accesible. Diversos estudios han utilizado el ultrasonido dinámico, midiendo los cambios volumétricos y ofreciendo resultados comparables en la evaluación de la función vesicular, sin requerir contraste, ni radiación.9,10
Por todo lo antes expuesto, la justificación de estudio se basa no solo en la alta prevalencia de dispepsia, sino en la evidencia que vincula la disfunción vesicular con dicha entidad. Por tal motivo, el objetivo de esta investigación es valorar la frecuencia de alteraciones de la motilidad vesicular a través del ultrasonido dinámico, aplicando la prueba de Boyden en pacientes sin litiasis vesicular y con diagnóstico de dispepsia no investigada.
Pacientes y Métodos
Se realizó un estudio observacional, no experimental, transversal, descriptivo y correlacional en 141 pacientes mayores de 18 años con dispepsia no estudiada que acudieron a la consulta de Gastroenterología del Centro Médico Pediátrico Dr. José Gregorio Hernández en San Diego entre enero de 2024 y mayo de 2025. Los pacientes sin evidencia de litiasis biliar se refirieron a la Unidad de Radiología del Centro Médico Dr. Rafael Guerra Méndez, donde fueron sometidos a una ecografía tras 8 horas de ayuno. Posteriormente, se aplicó la prueba de Boyden, administrando un estímulo graso de al menos 260 calorías para inducir la contracción vesicular.
Se utilizó un ecógrafo SONOSCAPE HP40 con transductor de 3.5 MHz. El estudio fue realizado por un único médico radiólogo para evitar la variabilidad interobservador. Se capturaron imágenes ecográficas vesiculares posprandiales a los 60 minutos. Se midieron las dimensiones vesiculares y se calculó el volumen mediante la fórmula elipsoidal:
*Volumen = Longitudinal × Transversal × Anteroposterior × 0.523*
La fracción de eyección (FEV) se calculó como:
FEV (%) = [(Volumen Inicial - Volumen Final) / Volumen Inicial] × 100
Siguiendo el criterio de Buchpiguel et al.,9 se consideró una FEV disminuida cuando representó menos del 53% a los 60 minutos.8 Todos los pacientes firmaron un consentimiento informado donde aceptan ser incluidos en esta investigación.
Resultados
En la presente investigación se evaluaron 141 sujetos, entre los que se encontraron 111 (78,7 %) del sexo femenino y 30 (21,3 %) del masculino, cuyas edades fueron de 49,2 ± 16,6 años. Las edades del sexo femenino (50,9 ± 16,6 años) superaron de forma significativa a las del masculino (42,4 ± 14,9 años) (p<0,05).
La Tabla 1 muestra los estadísticos descriptivos de la fracción de eyección de la vesícula en todos los sujetos estudiados y la comparación según el sexo. Esta muestra que no hubo diferencias significativas entre las fracciones de eyección de la vesícula entre ambos sexos (p>0,05).
Tabla 1 Estadísticos descriptivos de la fracción de eyección de la vesícula en todos los sujetos estudiados y según el sexo
Los resultados obtenidos en cuanto a la fracción de eyección de la vesícula revelaron que, del total de los sujetos estudiados, 35 (24,5 %) de ellos mostraron una función vesicular disminuida. La Tabla 2 muestra la distribución de frecuencias de sujetos con la función vesicular disminuida según el sexo.
A pesar de que en el sexo femenino se observó mayor frecuencia de sujetos con función vesicular disminuida que en el sexo masculino, en la presente investigación no hubo asociación significativa entre la función vesicular disminuida y el sexo de los sujetos estudiados (p<0,05).
Tabla 2 Distribución de frecuencia de la función vesicular disminuida en todos los sujetos y según el sexo
De igual forma, la Tabla 3muestra la frecuencia de sujetos con la función vesicular disminuida según los grupos de edad.
En esta se observa que hubo mayor frecuencia de estos sujetos en el grupo de mayor edad; sin embargo, no se observó asociación significativa entre la función vesicular disminuida y la edad de los sujetos objeto de estudio (Chi2=0,960; p=0,8116).
Discusión
En este trabajo la dispepsia no investigada se presentó con mayor frecuencia en el sexo femenino lo cual coincide con lo descrito en la literatura y diversos reportes globales.1,3,13,14Entre estos estudios epidemiológicos destaca el metaanálisis de Ford et al. (2015)15 donde confirman que las mujeres presentan dispepsia 1.3 más veces que los hombres.15 Este patrón subraya la necesidad de enfoques de género en el manejo de la dispepsia.
La frecuencia de disminución de la fracción de eyección vesicular (24,5%) concuerda significativamente a la descrita en el estudio anteriormente mencionado, realizado por Jung SW, et al, que reporto 22,2%.6 Se acerca, además, a la frecuencia descrita en el trabajo realizado por Fan, Dou y Dai,16 donde reportan un tercio de los pacientes con fracción de eyección disminuida.16 De igual forma, a este respecto, Pons V, et al. en su investigación describe una respuesta vesicular anormal en el 19% de los pacientes evaluados, validando, a su vez, el uso del ultrasonido como método fiable para detectar disfunción vesicular.17
Por otra parte, los resultados de este estudio difieren significativamente con lo descrito en el trabajo también anteriormente mencionado, realizado por Anwaar R,10 donde encontraron una frecuencia de sólo 10% de alteraciones vesiculares en pacientes con dispepsia, concluyendo que la dispepsia rara vez tiene su origen en alteraciones de la vesícula biliar.10 Sin embargo, se debe tomar en cuenta que dicho estudio incluyó una muestra reducida (n=26) lo que podría subestimar la verdadera prevalencia de esta entidad.
Esta investigación presenta las siguientes limitaciones:
1. Al tratarse de dispepsia no investigada, en los pacientes con fracción de eyección vesicular disminuida la sintomatología puede coexistir con una alteración estructural aún no identificada o deberse directamente a la misma.
2. No hubo estandarización de la dieta.
3. No se determinó la severidad de los síntomas en los pacientes con fracción de eyección vesicular disminuida.
4. Los valores del FEV en estos pacientes con dispepsia no investigada no se compararon con los de un grupo control de la población estudiada.
Conclusiones
1. 24,5 % de los pacientes Fcon dispepsia mostraron una función vesicular disminuida.
2. Los pacientes con dispepsia estuvieron representados en un 78,7 % por mujeres y en un 21,3 % por hombres.
3. No hubo correlación significativa entre la fracción de eyección vesicular, la edad y el sexo.
4. Se debe considerar la dismotilidad vesicular como un posible factor contribuyente o causa directa en pacientes que presenten síntomas de dispepsia sin litiasis biliar.
5. Se recomienda el uso de la ultrasonografía abdominal empleando la prueba Boyden para diagnosticar trastornos de vaciamiento vesicular en todos aquellos pacientes con dispepsia y sospecha clínica de esta entidad y no solamente para fines de investigación.
6. Se recomienda ampliar la muestra de este estudio y compararlo con pacientes controles.

















