SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.27 número52Propuesta metodológica para establecer el patrón territorial del status socio-económico de la población, basada en pequeñas unidades espaciales estándar: Aplicación a la región de Valparaíso (Chile)La divulgación del patrimonio cultural mediante la utilización de la web semántica: un enfoque metodológico índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Argos

versión impresa ISSN 0254-1637

Argos v.27 n.52 Caracas jun. 2010

 

Placer, razón, imaginación o estética indeterminada en la comprensión de la experiencia socioestética

Esteban Iazzetta Di Stasio

Universidad del Zulia. esteban.iazzetta@fad.luz.udo.ve

Resumen Se plantea la necesidad de disertar sobre la experiencia estética en la actualidad; con el propósito de erigir el punto de referencia para la construcción de la interpretación de la experiencia socioestética enmarcada en un tiempo y espacio determinado. A partir de un estudio documental, basado en un enfoque epistemológico racional, se genera una posición, desde el arte como valor estético sobre la experiencia estética y su relación con la industria cultural, formando las bases de la interpretación sobre la experiencia estética indeterminada fundamentada en las sensaciones. Posición crítica referencial para comprender la experiencia socioestética en el mundo de lo sensible de quién la experimenta con el objeto-espacio público. Ésta es entendida como la integración de la arquitectura y la relación del cuerpo con el espacio a través de las prácticas sociales; espacio condicionado por la imagen creada a través de la forma, la técnica, la moda y lo interesante.

Palabras clave: experiencia socioestética, estética indeterminada, sensaciones, objeto-espacio público, prácticas sociales.

Pleasure, reason, imagination or undetermined aesthetics in socio-aesthetic experience comprehension

Abstract Facing the need of discussing about actual aesthetics experience emerges the purpose to establish the reference point to build socio-aesthetics experience interpretation framed in a determined time and space. A position is generated from a documental study, based on a rational approach, since arts as aesthetics value about aesthetics experience and its relationship with culture industry in order to form the basis of interpretation of undetermined aesthetics experience based on sensations. It is a referential critical position to comprehend the socio-aesthetics in the world of sensitiveness of who experiment it with the object-public space. It is understood as the integration of architecture and the relationship of the body with space through social practices; conditioned space by image created through form, technique, fashion and the interesting stuff.

Keywords: socio-aesthetics experience, undetermined aesthetics, sensations, object-public space, social practices.

Piacere, ragione, immaginazione o estetica indeterminata nella comprensione dell’esperienza socioestetica

Riassunto Attualmente, di fronte alla necessità di discutere sull’esperienza estetica sorge il proposito di erigere il punto di riferimento per la costruzione dell’interpretazione dell’esperienza socioestetica inquadrata in un tempo ed in uno spazio determinato. A partire di un studio documentale, basato in un approccio razionale, viene generata una posizione, dall’arte come valore estetico sull’esperienza estetica e la sua relazione con l’industria culturale, formando le basi dell’interpretazione sull’esperienza estetica indeterminata fondamentata nelle sensazioni. È una posizione critica di riferimento per capire l’esperienza socioestetica nel mondo di ciò che è sensibile per chi prova con l’ogetto-spazio pubblico. Questa viene capita come l’integrazione dell’architettura e la relazione del corpo con lo spazio secondo le pratiche sociali; spazio condizionato dall’immagine creata dalla forma, la tecnica, la moda e l’interesante.

Parole chiavi: esperienza socioestetica, estetica indeterminata, sensazioni, ogetto–spazio pubblico, pratiche sociali.

Recibido: 04/10/09 Aceptado: 08/12/09

Se plantea confrontar la experiencia estética desde las sensaciones, a partir del mundo estético como la relación objeto[1]-sujeto, con el propósito de tenerlo como referente para comprenderlo desde lo sensible, pero a partir de la fusión objeto-sujeto, el cual se revela como la experiencia socioestética.

Para comprender la estética como el mundo de lo sensible a partir de la relación objeto-sujeto, se parte, en principio, desde la comprensión del arte en tanto valor estético, interpretado como la experiencia estética hasta el siglo XVIII, (siglo en el que el valor estético ya comienza a salir del arte para ser parte de todo lo que rodea al individuo); para luego, debatir sobre la estética, con base en los aportes de la teoría crítica y la industria cultural. Fenómenos que determinan su visión cósica en la modernidad; donde se dan cambios para una nueva concepción del mundo estético desde la postmodernidad y la contemporaneidad, pero que se continúa manteniendo la relación objeto-sujeto, mostrándose el objeto como cualquier cosa que forma parte de la vida cotidiana. Aunque la experiencia estética sea no palpable, las relaciones de la estética como comunicación y uso en espacios públicos, permite acercamientos a la estética cotidiana o socioestética.

Es así cómo la estética a partir de finales del siglo XVIII se exhibe como una experiencia basada en las sensaciones que se generan a través de los sentidos, manifestada en el gusto: sensación agradable e inspiradora de sentimientos placenteros. A partir de esta afirmación se plantea la necesidad de disertar sobre la experiencia estética en la actualidad; con el propósito de erigir el punto de referencia para la construcción de la interpretación de la experiencia socioestética enmarcada en un tiempo y espacio determinado.

Por tanto, el arte como valor estético, fundamentado en los principios de universalidad y mímesis con la naturaleza, y la visión de estética cósica, se entrelazan con eventos importantes del siglo XIX y XX, como el Iluminismo y la industria cultural. Lo anterior genera una posición sobre la experiencia estética y su relación con la industria cultural, que forma las bases, a partir de una posición crítica, de la interpretación sobre la experiencia estética indeterminada y singular, fundamentada en las sensaciones –estética sensible–; resaltando lo no palpable como el hecho estético que la produce en el individuo o en los colectivos sociales y prevaleciendo la relación que se da entre el sujeto y el hecho estético como objeto.

Esta posición crítica de la experiencia estética indeterminada y singular es el referente para comprender la experiencia socioestética como parte del mundo de lo sensible del individuo o los colectivos sociales con el objeto; generándose la dialéctica entre el objeto con el individuo o con los colectivos sociales. Por lo tanto, la experiencia socioestética toma como referente la estética donde se da la relación objeto-sujeto, teniendo como perspectiva la estética de la vida diaria y de lo cotidiano donde el objeto-espacio público es parte del fenómeno. El objeto pasa a ser el hecho arquitectónico, evidenciado en la morfología de los espacios públicos, como hecho concreto y simbólico. De esta manera, se comprende la experiencia socioestética como la fusión del objeto con el sujeto.

El arte como valor estético: experiencia estética hasta el siglo XVIII

El arte como valor estético en sus inicios con Homero y Hesíodo, quienes plantearon la generación del arte a partir de la inspiración artística y el poder de lo divino, se complementó con la posición de Pitágoras con el término de armonía en el arte, a partir de su teoría "ética y terapéutica de la música, que según ellos, es capaz de reforzar o restaurar la armonía del alma individual, siendo el término que designa el intervalo primario: la octava" (Bearsdsley y Hospers, 1997: 18).

El idealismo en el arte para los griegos está inspirado en la verdad, el bien y la belleza. La belleza clásica, inspirada en la mímesis, imitación de la naturaleza, y los eventos, donde se muestra la acción humana y las apariencias visuales, toman en cuenta la debida proporción entre las partes, acercándose a la perfección a través de la armonía, el orden, la unidad y la simetría. Ésta mímesis representa la integridad de la imitación resaltando su claridad y luminosidad hasta la perfección.

La estética de Platón se enfoca en la belleza del arte y de todas las cotidianidades manifestadas en las actividades diarias expresadas en lo corporal, en lo intelectual, pasando por las instituciones, leyes, ciencia, hasta llegar a la belleza misma. Belleza que él consideraba placentera para los sentidos: oído y vista, resaltando la proporción como una de las características relevantes en la belleza. Lo cual indica que la estética en los inicios de la historia se enfocó en el arte desde la antigüedad hasta el nacimiento del gusto en el renacimiento que, según Lynch (1999: 35, 38) consagra el sentido de la vista sobre todos los demás como medio privilegiado para acceder a la belleza. A partir de 1755, la estética nacería como nueva disciplina filosófica, con la publicación de la obra de un discípulo de Leibniz y Wolf, Alexander Baumgarten, quien diferencia claramente dos modelos de belleza: la belleza autónoma, que cabe encontrar en la libre contemplación del objeto artístico bello; y la belleza normal, que, a partir de este momento, es determinada y delimitada por la crítica y la historia del arte. Además, la contemplación de la belleza es considerada por Baumgarten (citado por Gadamer, 1999: 53-55), como la cognitio sensitiva, de un "conocimiento sensible", definiéndolo como el arte de pensar bellamente.

Ahora bien, la belleza como valor estético del arte, desde la antigüedad hasta la actualidad a pesar de la manera de entenderla, ha cambiado, se sigue manteniendo la teoría idealista de lo bello, que consiste en el "juicio subjetivo que suscita un tipo especial de impresión sensorial y que se expresa en un sentimiento" (Lynch 19). El entendimiento de la belleza en el arte y como valor estético, hasta bien entrado el Renacimiento, según Lynch (25-26), cambia poco centrándose en la correlación entre sentimientos íntimos y un estado del mundo que se puede expresar en proporciones armónicas, en la idea de belleza como resplandor y en la última etapa del Medioevo como gracia, cuyo responsable último y final es el creador.

A pesar de estas posiciones sobre la belleza, centradas en las cualidades del objeto o actividad, ya para estos tiempos también se plantea la belleza como un placer sensorial, donde quien disfruta la belleza lo hace desde sensaciones agradables y de placer, además de intervenir el conocimiento y la sensibilidad del individuo y/o del colectivo social, en lo que se puede llamar para esta época "la experiencia estética desde lo bello".

Esta experiencia estética, que se distingue a partir de la belleza libre, sensación correspondiente y, por lo tanto, a una forma individual intransferible y, sin embargo, común a todos, aporta las condiciones para concebirla a través de una vía introspectiva, íntima, subjetiva, que es el requisito para hablar en términos de gusto y fundar así una nueva cultura en el entendimiento de la estética que se remonta hasta nuestros tiempos (Lynch 28-31). La nueva cultura en el entendimiento de la estética incorpora el gusto como parte de ella y consolida la posición sobre la belleza libre, como entendimiento de la estética actual.

A esto se le suma lo que Platón aporta y se adelanta a lo que sería el entendimiento de la estética a lo largo de la historia. Destacando la responsabilidad social del artista creador, "insistiendo en que su propio bien, igual que el de cada ciudadano, ha de subordinarse y ordenarse al bien de la colectividad" (Bearsdsley y Hospers, 1997: 25), posición de Platón que se relaciona con el entendimiento de la experiencia estética actual desde los colectivos sociales.

Hasta ahora se ha planteado el arte como valor estético a través de la belleza y el gusto, manifestados en el objeto-arte, y en las acciones humanas, como la poesía, la danza, el teatro y la música, de manera individual y colectiva, teniendo un fin común que es transmitir sensaciones agradables de placer, a quien contempla el hecho artístico.

El arte como valor estético se fundamenta en los principios de universalidad de la experiencia estética a través de la historia, desde la antigüedad hasta mediados del siglo XVIII. Estos principios de universalidad, fundamentados en el arte como inspiración divina y mímesis de la naturaleza, parten de elementos polisémicos de la apariencia visual y acciones humanas, relacionadas con la naturaleza, dando origen a la belleza desde la contemplación y el origen del gusto. Incluso, la interpretación de la belleza, desde la contemplación de la apariencia del objeto fundamentada en el gusto, considera el placer estético a través de la unidad, proporción, orden y simetría; principios del placer estético que generan objetos bellos y gustos en función de estos principios, sumándose los de integridad, perfección, claridad y luminosidad; los cuales están relacionados con la verdad y lo bueno.

Por lo tanto, hasta el Renacimiento, el arte como valor estético parte de los principios de universalidad determinados por el placer estético, que lo transmite la apariencia del objeto –arte como inspiración divina–; por la mímesis que se origina entre la naturaleza y la razón de ser bella, entendida a través del conocimiento sensorial que viene dado por los sentidos, estimulados por el objeto –obra de arte–, sentidos conocedores del gusto y de lo que debe ser bello. En este sentido, en la Figura 1, se muestra una síntesis sobre el arte como valor estético, dando pautas iniciales para ir construyendo la posición que se asumirá sobre la experiencia estética actual.

Experiencia estética e industria cultural

La disertación sobre la experiencia estética y la industria cultural se asume desde una visión crítica, que en conjunto con la posición sobre el arte como valor estético, generan pautas para comprender la experiencia estética actual desde la visión del mundo de lo sensible –experiencia estética indeterminada–; la cual se toma como referente en la construcción de la experiencia socioestética, a partir de la contrastación entre la experiencia estética como relación objeto-sujeto y la fusión objeto-sujeto.

En principio, la configuración del arte del siglo XVII y XVIII y la teoría estética clásica confrontaban el entendimiento de la ciencia como el entendimiento de la naturaleza de una manera objetiva, donde la razón excluye el mito como razón no racionalizada y el arte, al igual que la ciencia, se entiende a través de la forma como hace uso de los objetos y símbolos. En este sentido, se puede afirmar que

el camino comprendido por la estética de los siglos XVII y XVIII estaba, por lo tanto, prefijado. Descansa en la idea de que la naturaleza, en todas sus manifestaciones, se halla sometida a principios fijos, y así como la meta suprema de su contenido consiste en alcanzarla y en expresarlos con claridad y precisión, así también el arte, rival de la naturaleza, muestra idéntica condición interna (Cassirer, 1943: 309).

La idea de que la ciencia sometida a principios fijos en el entendimiento de la naturaleza y concibiendo la estética clásica como la "que carece de todo sentido individual que busca toda verdad y belleza en lo general y las disipa en lo puro abstracto" (Cassirer 316), es el inicio para esbozar ideas que describen una realidad a partir de componentes intangibles y difíciles de medir como las percepciones, sensaciones y las características cualitativas de los fenómenos.

Estos fundamentos se basan en las nuevas exigencias políticas y sociales que se han manifestado desde el siglo XVIII hasta el presente, expresado en nuevas ideas científicas y filosóficas en la explicación y entendimiento de un nuevo arte, y por ende una nueva concepción de la estética. Reflexiones y críticas sobre las nuevas exigencias políticas y sociales que se sintetizan en tres ejes rectores y describen esas nuevas exigencias: racionalidad, conocimiento y administración de la sociedad; centrados en el control y dominio del hombre por parte de la sociedad moderna.

Asimismo, el dominio político que según Marcuse (1998) se expresa en las estrategias, tecnología y la instauración de sistemas en la trama de la sociedad global, se ve expresado en el dominio tecnológico, evidenciado en la técnica como dominio de la sociedad y de la naturaleza (ver Figura 2). Esta expresión de dominio manifestada en la represión objetiva según Marcuse (1998), se evidencia en la desprivatización del tiempo libre y la fusión del trabajo social productivo a partir de una visión destructiva de la libertad del hombre. Dominio que se expresa en el entendimiento de la estética y su transformación que respeta leyes y estructuras, expresada en una estética formalizada e instrumental; a una estética intervenida por los procesos de cosificación y racionalización manifestada en el uso de la técnica y materiales que caracteriza el entendimiento del manejo estético hasta el presente.

Manejo estético que se observa en la arquitectura, el diseño y urbanismo, determinado por el control de quienes tienen el poder político, económico e intelectual, que imponen la técnica al momento de tomar decisiones en la ejecución de proyectos donde no consideran las realidades socioculturales del lugar, generándose espacios públicos que no responden a las necesidades de los individuos y colectivos sociales. Es así que la experiencia socioestética está condicionado por este hecho, considerándose relevante el valor estético impuesto por quienes dominan la sociedad actual, en la comprensión de la experiencia socioestética. Lo cual indica que estos principios de la ciencia moderna expresadas en la racionalidad tecnológica se pronuncian en una "sociedad totalitaria de base racional" (Habermas, 1994: 58). Es a partir de estos consideraciones que el entendimiento de una sociedad administrada bajo la manipulación autorizada de los colectivos sociales se hace a través de los poderes políticos, científicos y tecnológicos, revelados en la industria cultural, caracterizada por el politeísmo de valores y, a la vez, la creación de valores preconcebidos que son los aceptados por estos colectivos, lo que origina un pensamiento pasivo o el no-pensamiento ya que éste se desprecia, creando una falsa conciencia en los consumidores de la industria cultural de la sociedad totalitaria de base racional.

Por lo tanto, la administración de la sociedad es el evento relevante como fundamento en el entendimiento de la estética, como lo menciona Vilar (2000: 86), al plantear que "Adorno y Horkeimer con profundo pesimismo vieron en todas las variantes de las artes de masas y de gran consumo sólo nuevas formas de alienación". De ahí que se pueda afirmar que el fenómeno de la industria cultural es determinante para el entendimiento de la experiencia socioestética.

La industria cultural como realidad de la sociedad capitalista contemporánea, se expresa en cada civilización como un sistema de economía concentrada es idéntica y su esqueleto –la armadura conceptual fabricada por el sistema– comienza a delinearse "en métodos de reproducción que a su vez conducen inevitablemente a que, en innumerables lugares, necesidades iguales sean satisfechas por productos standard" (Horkeimer y Adorno, 1970: 147).

Esta presentación de la industria cultural como la creación de "necesidades" con el propósito de desarrollar productos estándares para el consumo masivo en cualquier sociedad capitalista dialoga con la estética, que según los teóricos críticos se expresa en el arte, básicamente en la reproducción de éste, con énfasis en la reproducción masiva del arte, dando significado a su materialidad. En la Serie fotográfica 1, se observan ejemplos de obras de arte que se pueden elaborar masivamente a través de la técnica, y que relacionan lo cotidiano con el arte, planteando, según estos teóricos, una estética desde lo material y el uso de la técnica.

Por otra parte, el arte en esta época de la reproducibilidad técnica se expresa en función de las necesidades sociales y es aceptado según valores impuestos, económicos y de status, y relacionado directamente con el quehacer diario. Éste manipula al hombre en una falsa visión de una emancipación a través de él, es aquí donde la ciencia y la técnica como razón de ser, de hacer arte y de aceptar su valor estético es representado por el arte moderno, que representa una visión desde el punto de vista formal y material. Esto hace que el arte como objeto formal debe ir adaptándose a los cánones dominantes del momento, impuestos por la industria cultural. Esto se refiere a las modas, a la necesidad del cambio y a la necesidad de lo nuevo. El arte moderno representa el arte como artefacto, reproducido para un inmediato y fácil consumo, dirigiendo lo utilitario del arte como fetiche, residiendo ahí el rasgo regresivo de la actitud contemporánea para con el arte.

El legado de la industria cultural se manifiesta en la administración de la sociedad, y cómo ésta se refleja en las estructuras socio-semióticas de organización de la cultura a partir de la orquestación de la comunicación, la partitura de la cultura y la coreografía de la vida, haciendo posible conexiones con la organización cultural de los individuos y colectivos sociales.

Estas conexiones toma en cuenta los entramados o cadenas de acción, originando una experiencia socioestética tocada por la industria cultural; la cual se evidencia en la manera de cómo se integra el cuerpo al espacio arquitectónico, considerando actividades culturales globales, tales como las relacionadas con el culto al cuerpo y deportes de moda impuestos por los agentes dominantes. En este sentido, la industria cultural se evidencia en la experiencia socioestética como la estética de las prácticas cotidianas evidenciada por la moda y las actividades que se pueden observar en cualquier parte del mundo occidental (ver serie fotográfica 2).

Ahora bien, la teoría estética de Adorno niega el arte autónomo, y a la vez plantea una visión adaptada del entendimiento del arte y de la estética a los intereses de la industria cultural en la sociedad capitalista contemporánea. Este arte autónomo es el que se basa en la teoría freudiana que parte del arte como satisfacción del deseo en la complacencia desinteresada. Además, Adorno, al igual que Hegel, comparte el entendimiento de la espiritualización del arte como un proceso envolvente de la conciencia del sujeto, trascendiendo su carácter cósico. "La espiritualización no se realiza por medio de ideas, las que el arte anuncia, sino por medio de la fuerza con la que penetra en estratos en los que no hay ni intenciones ni ideas" (Adorno, 1983: 128).

Según Adorno, el arte autónomo se debe sentir, el entendimiento de éste surge del espíritu, las personas que lo disfrutan desde el sentir desarrollan una sensibilidad por encima del común de los colectivos sociales, esto es lo que plantea como la transformación del arte en el entendimiento de la estética, fundamentado al afirmar que

el arte, al irse transformando, empuja su propio concepto hacia contenidos que no tenía. La tensión existente entre aquello de lo que el arte ha sido expulsado y el pasado del mismo es lo que circunscribe la llamada cuestión de la constitución estética (Adorno 12).

Este entendimiento de la estética se refleja en la fuerza de producción como generación de productos estandarizados y reproducibles. El autor plantea que el arte, en la sociedad capitalista, es pensado e interpretado desde una manera objetiva, expresado en las variables formales que definen un objeto, como la técnica, los materiales utilizados, el color, el sonido, es decir, la estética del arte social, del arte utilitario y del momento. Esto se expresa en la necesidad de lo nuevo a partir de lo formal reflejado en la estética como una experimentación de la imagen del objeto no permanente en el tiempo, como objeto cambiante en la búsqueda de lo diferente e innovador, es por eso que "la fuerza de la producción estética es la misma que la del trabajo útil y tiene en sí misma la tecnología; y lo que podemos llamar relaciones estéticas de producción" (Adorno 15), esta posición del arte como forma objetiva está condicionada por la imagen: artes visuales o escénicas; pero, en la arquitectura y el urbanismo supone más el arte de la presencia de la vida, a pesar de que existen también rupturas en la arquitectura y urbanismo como un arte: Pabellón de Fruto Vivas en la Expo 2000 Hannover, Alemania; Museo de Guggenheim de Bilbao, y Brasilia como hecho urbano (ver Serie fotográfica 3).

Adorno (1983) plantea que el hombre en su ser debate entre el entendimiento de lo que es estético o no desde las perspectivas sensoriales de lo no explicable y de lo evidente expresado por su forma y la técnica que le genera un valor económico en costo y status social. En el caso de la arquitectura como mercancía, el consumo se manifiesta en los significados que representa para los individuos y colectivos sociales, haciendo relaciones de valores tanto simbólicos como económicos, estatus para unos y rechazo para otros, generándose visión y división de "clases" tal como lo plantea Bourdieu (2002), refiriéndose a los grupos sociales que realizan actividades semejantes confiriéndole a los espacios un significado que se interpreta a través de las acciones y prácticas sociales (ver Serie fotográfica 4).

Sin embargo, el arte moderno como expresión de la producción industrial, de la unidad destinada para muchos, es representativo del entendimiento de la estética desde el objeto, ya que él integra todo lo que la industria ha llevado a producción en sus formas dominantes, resaltando la imagen y negando la técnica y la experiencia en el manejo de la técnica. El análisis que hace Adorno sobre la estética en esta realidad de la industria cultural, crea las bases de los elementos que determinan los valores de la estética objetual, fundamentados en lo formal, expresado en la técnica y el uso de materiales, así como el valor de uso (utilitario) y económico (estatus).

Ahora bien, los valores de la estética objetual, en la actualidad, están soportados por una filosofía de vida, expresada en lo extraño y diferente, en el signo de una reproducción ampliada y de una promesa de total plenitud a través del goce del valor de cambio, mucho más que el goce del valor de uso. Esto se refleja en un valor monetario y por ende en mercancía; además se considera tan abstracto como lo han llegado a ser las relaciones entre los hombres, expresión de la crisis de la experiencia y en la ignorancia que se tiene hacia el hecho estético, valorándose más lo que la industria cultural muestra como lo adecuado fundamentado en la imagen y el valor monetario.

En consecuencia, estos valores nuevos de la estética se expresa en el hecho arquitectónico, a través de imágenes, como por ejemplo, que generen sensaciones de seguridad y posibilidad de realizar actividades demandadas por los individuos y colectivos sociales en los espacios públicos; p.e. en los frentes de agua del Parque Vereda del Lago (Maracaibo, Venezuela); resaltando la ubicación de la sede de la Policía Municipal y la sede de la Universidad Rafael Urdaneta, sin olvidar la versatilidad en el diseño de los espacios confiriéndole un carácter ambiguo que permite realizar actividades que no tienen relación con la intención arquitectónica para lo cual fueron creados. En este sentido, la experiencia estética al pasar a otra dimensión de su entendimiento e interpretación por parte de la sociedad pasa a ser parte de la industria cultural.

Estos nuevos valores de la estética, basados en la relación sensible entre el objeto y el sujeto, tiene un riesgo para quien propone el diseño de los espacios públicos: la posibilidad de no ser aceptado, tanto por otros arquitectos y diseñadores, como por la crítica de quienes disfrutan de estos espacios. Además, la experiencia estética en este mundo donde se sigue evidenciando la industria cultural, se expresa a través de imágenes, y parte de la experiencia estética sensible se considera que está saturada de imágenes, penetrando totalmente en la realidad; así que la estetización del mundo es completa.

Esta posición de la estética como imagen se fundamenta en que lo estético ya no tiene relación directa con el arte, ya que el arte no tiene que ser estético porque se basa en las sensaciones agradables o no, que puedan sentir los individuos y los colectivos sociales, sobre una obra de arte, un hecho arquitectónico y/o las prácticas sociales.

Entonces, la estética entendida por Adorno y los seguidores de la teoría crítica desaparece, pero aparece la estética como la expresión de los individuos o colectivos sociales basado en sensaciones, donde la estética se manifiesta a través de la experiencia estética desde el mundo de lo sensible, generando una estética basada en el gusto, el placer y el goce del individuo o de los colectivos sociales; experiencia estética que pueden representar lugares –espacios públicos– de la ciudad.

Incluso, la saturación de la imagen en la estética como la fusión de lo físico y lo simbólico, y como referente que genera sensaciones en el individuo y los colectivos, integra la posición de la estética cósica con la estética sensible. Por lo tanto, la experiencia estética se asume como la integración de la experiencia estética a partir de las sensaciones o satisfacción de deseos, considerando la expresión de sentimientos y destacando la crítica de los colectivos sociales, grupos dominantes y de la necesidad de lo nuevo. Ésta también se asume desde la imagen del objeto a partir de su construcción racional, resaltando la forma, la técnica y los materiales.

Experiencia estética indeterminada

La posición que se asume sobre la estética, a partir del análisis fundamentado sobre la experiencia estética y la industria cultural, inicia o evidencia los cambios que se han venido dando a través de la historia, sobre la comprensión de la experiencia estética actual, lo cual generan pautas para seguir profundizando en su comprensión. Por lo tanto, la experiencia estética actual parte de la interpretación del objeto, como por ejemplo el espacio público y de cómo este objeto forma parte de la industria cultural, enfatizando la alienación del consumo y la estandarización de productos y cotidianidades. Industria que en la actualidad sigue emancipándose y dando pautas en el valor estético presente a través de la imagen.

La imagen[2], sería el punto de partida para disertar sobre la experiencia estética actual, además proporcionaría directrices en el entendimiento de la experiencia socioestética. En este sentido, se trata de asumir posiciones sobre la experiencia estética en la actualidad, tomando como principios referidos al entendimiento de la belleza, el gusto, lo interesante, la imaginación, lo sublime, el goce y lo sensible; cualidades que mantienen una dialéctica entre el individuo y el colectivo, manifestados a través de la cultura, resaltando lo simbólico.

En este caso la cultura, supuestamente fundamentada en el paradigma predominante en nuestra época, donde la verdad se basa en la propia naturaleza humana entre lo simbólico y lo biológico corporal y depende del espacio tiempo; además de prevalecer que "todo consenso no es indicio de verdad" (Lyotard, 2006: 52), trayendo como consecuencia que lo que se conoce o se cree conocer es dinámico y cambiante, y determinado por la historia; da origen a una cultura predominante, donde las leyes no son universales:

En el siglo XX tanto en el arte como en el pensamiento, no admite ya los sistemas, las épocas unitarias, los paradigmas únicos. Las distintas propuestas estéticas son vías paralelas, que aun cuando se consideren a sí mismas como las únicas válidas no son capaces de anular las divergencias. La convivencia entre sistemas representativo-conceptuales, con sus estéticas derivadas, y otros de cuño diferente, o incluso absolutamente contradictorio, forma parte del panorama estético de nuestro siglo (Lynch 82).

El panorama estético de nuestro siglo, basado en la divergencia entre los individuos y los colectivos sociales, agrega un valor a la cultura predominante, que según Hall, "es el medio de comunicación del hombre; no existe ningún aspecto de la vida humana que la cultura no toque y altere" (1978: 23). Esta posición sobre cultura evidencia cómo esta esfera afecta la comprensión y la manifestación de la experiencia estética en la actualidad. Hay que aclarar que la cultura es una determinante en el entendimiento de la estética a lo largo de la historia. Resaltando que en la actualidad, siguiendo el planteamiento de Lynch:

la cultura tardomoderna tiene la capacidad para hacer que casi cualquier objeto en cualquier ámbito u ocasión sirva como pretexto para la experiencia de la belleza, es una de las notas más características de nuestra época y de nuestros medios culturales (72).

En este sentido, se pueden mencionar los siguientes ejemplos de la cultura como medio para experimentar la belleza en intervenciones urbanas de fuentes de agua: 1) el Proyecto 2000, en Abandoibarra en Bilbao, antigua zona industrial de la ciudad en la costa sur de la ría y actualmente un referente en espacios públicos en riberas e instituciones culturales, y 2) Copacabana en Río de Janeiro, playa localizada al sur de la ciudad, referente turístico, donde uno de sus atractivos es el diseño del paseo costanero paralelo al mar, que simula las olas, creado por el paisajista Roberto Burle Marx (ver Serie fotográfica 5).

Al comprender que la cultura es la esfera que envuelve e interrelaciona todas las categorías que intervienen en la construcción de la experiencia estética actual, se puede analizar categorías referidas al individuo y a los colectivos sociales, como son: la preferencia, que está determinada por el sexo; la edad, la intuición y el temperamento. Otras de las categorías sería la razón, determinada por el conocimiento; la experiencia, la subjetividad y la objetividad; a ésta se le suma el placer estético, la imaginación y el juicio estético. Estas categorías se deben considerar en el entendimiento de la experiencia estética actual, generadas por el objeto, o los espacios concretos, que en este caso van desde el arte hasta la arquitectura, pasando por el diseño de las ciudades y los espacios públicos, espacios que pueden ser concretos o virtuales.

Asimismo, la experiencia estética actual parte de la singularidad en cada una de las sensaciones que genera en el individuo y en los colectivos sociales, a partir de las categorías que definen esas sensaciones, como la belleza en tanto fenómeno subjetivo, a través del gusto y lo que se define como interesante, la sensibilidad ante el objeto, la sensualidad, lo sublime y el goce. De tal manera que las sensaciones que dependen de la sensibilidad del individuo o del colectivo social, en nuestra cultura se le

asigna [...] un papel equívoco, tanto más si es, como sucede en las cosas bellas, enormemente placentera. Lo bello es objeto de apreciación, de curiosidad, de afecto de interés, pero también tiene algo inquietante y de sobrecogedor, algo que la aproxima siempre a lo monstruoso (Lynch 14).

Por lo tanto, la experiencia estética actual, entendida a través de la belleza o de la interpretación de la belleza desde el mundo de lo sensible, es lo que determina el gusto y, a su vez, el gusto es lo que define posiciones de juicio de la experiencia estética individual y de los colectivos sociales, desde las apreciaciones del objeto, expresado a través de sí es interesante, sensual, sublime y/o si produce goce. Sensaciones que se relacionan con el hecho de que algo trasmite belleza y por ende se manifiesta en una experiencia estética. Entonces, el gusto como componente en el entendimiento de la experiencia estética, basado en la belleza, viene considerado desde la antigüedad, manteniéndose, pero sufriendo cambios en la interpretación de la belleza actual, que ya no es determinada por el placer estético griego: basado en el orden, armonía, proporción y unidad, proyectado hacia la perfección, inspirada en el cuerpo el cual se fusionaba en "la poiesis, ciudad concebida como obra de arte" (Sennet, 1997: 92). Cambios que se manifiestan en las sensaciones que le transmite el objeto, como en la Roma antigua, donde el objeto arquitectónico resalta sobre el cuerpo, imponiéndose como obra de poder en el que había una "necesidad de imágenes que pudieran considerarse verdades literales y repetirse una y otra vez. Este lenguaje visual expresaba las necesidades de un pueblo inestable, desigual y difícil de manejar que buscaba la seguridad que emana del lugar" (Sennet 131).

Lo cual indica que la interpretación de la belleza en la actualidad mantiene, como en Atenas y Roma antigua, el cuerpo y el objeto en tanto parte de la experiencia estética, pero se le suma lo sublime en la comprensión del nuevo gusto en la actualidad. "En la experiencia estética, el gusto representa el momento nivelador. En tanto que momento nivelador, sin embargo, se caracteriza también como sentido común" (Gadamer, 1999: 60), que abarca el colectivo social, ya que "un gusto que fuese sólo subjetivo-individual resultaría absurdo en el ámbito de la estética" (Gadamer 61).

Y lo sublime como interpretación de lo bello en la actualidad, manifestado en la experiencia estética actual, retoma la forma de entender la belleza en la antigüedad basada en la naturaleza y solo lo que Dios puede mostrarnos a través de ella. En la actualidad, siguiendo lo planteado por Gadamer (19): el arte moderno, huérfano de Dios, persigue desesperadamente, a través de la aventura formal, una forma de lo divino, posición que se puede inferir en como lo sublime penetra en la expresión sensible para reorientar lo bello en la actualidad a través de la imagen. "Detrás de la experiencia de lo sublime se canalizan, además, un tipo de atención diferente a la naturaleza y a los nuevos gustos exóticos, que, a su vez, servirán para nutrir y enriquecer el gusto de nuestra época, que goza con su propia heterogeneidad, con su abigarrado batiburrillo de influencias, culturas, lenguajes y formas" (Lynch 69). De ahí que el placer estético, a partir de la imagen, basado en la interpretación de la belleza, se origina desde las sensaciones y la imaginación, determinadas por el gusto individual y/o colectivo; gustos condicionados por el temperamento, la edad y el sexo, del individuo que conforma los colectivos sociales, y de lo simbólico como parte de la cultura. A su vez, se complementa con la imaginación, el juicio estético y la razón, para conformar lo que se aproxima a la experiencia estética actual o experiencia estética indeterminada.

Además, la imaginación, en el placer estético, interpretando a Gadamer, parte del principio de la capacidad de que "a través de la vista, extraemos las imágenes de los objetos y nos figuramos o imaginamos su imagen en ellos. Y así, es la imaginación, la facultad del hombre para figurarse una imagen, la facultad a la que se orienta sobre todo el pensamiento estético" (57). A esta posición se le suman los planteamientos de Hall, refiriéndose a la dimensión invisible de lo corriente como partituras o coreografías no formales, es decir, la arquitectura no es imagen plana sino espacios habitables con todas las dimensiones. Pensamiento que se refuerza o se consolida en la interpretación y la relación de lo observado con las imágenes que tiene valor individual y colectivo, generando un juicio estético. En este sentido, el juicio estético en la actualidad se fundamenta en la moda, en lo actual, en lo novedoso y la sorpresa; en la mayoría de los casos se plantea como "interesante", que hoy es "algo así como un primer eslabón de la capacidad de juicio estético que todos ejercemos" (Vilar 49).

Lo "interesante" es una forma de valorar la experiencia estética actual, fundamentada en lo efímero y cambiante, se va adaptando y configurando dependiendo de las tendencias y estilos predominantes para el momento, y según las pautas que dan los medios de comunicación masivos. Lo "interesante" no va cargado de conocimiento, es lo estéticamente atractivo sin razón; lo interesante como juicio estético, cargado de pensamiento ya ha pasado y es aquello que tiene valor estético provisional y no se repite nunca. Por lo tanto, el gusto define la experiencia estética actual, que se ha venido modificando a través de la historia, en consecuencia la concepción de lo bello y la belleza también se ha ido adaptando a los cambios culturales y demandas de los colectivos sociales, y, además, en la actualidad, a lo novedoso y a las vanguardias en cualquier ámbito del que hacer en la cultura. La experiencia estética está influida tanto por lo novedoso en la imagen, expresado en las vanguardias o lo que se considera como vanguardia, como por la moda y los medios de comunicación. La experiencia estética actual-indeterminada, presenta un sin fin de posibilidades, que

consiste, pues, en que todo se puede concebir y con todo se puede jugar, sin tenerse que decidir. Posibilidad, es sinónimo de andar por el aire, de estar libre, de voluntad infinita, de riqueza sin límites, de incesante juego con innumerables formas de existencia (Vilar 63).

Este sin fin de posibilidades se expresa en

una belleza superficial, intrascendente, fútil o, en muchos casos puramente funcional. Pero ¿hay acaso otra belleza posible en nuestro tiempo? La moda y la publicidad, acicateados por los medios masivos de comunicación que se alimentan de ellas, han impuesto sus patrones de belleza, que rigen no sólo ciertas formas y colores, sino además el modo y la ocasión de disfrutar de ellos (Lynch 72).

minada, parte de las sensaciones y de la imaginación que se generan al relacionarse con los eventos u objetos, y cómo estos se interpretan a partir de la concepción de lo bello –"la belleza"–, que el individuo y los colectivos sociales consideran. Esta concepción de la belleza está determinada por la cultura predominante, caracterizada porque no admite los sistemas, depende del tiempo y el espacio, y la globalización informacional, que trata de unificar lenguajes –símbolos– a través de los medios de comunicación masivos como la Internet.

La cultura predominante del siglo XXI se fundamenta en un conocimiento cambiante y subjetivo que no se basa en el análisis, sino en lo que transmite y se siente a través de los sentidos, lo anterior genera interés por lo que es bello, a partir de lo sublime y lo interesante, basado en la moda, en lo efímero, en lo que llame la atención, no importa cuánto dure.

La cultura actual, como el marco que amalgama la experiencia estética indeterminada, es la que da forma al juicio estético y al placer estético que comunica una imagen, imagen que debe ser entendida como lo que se percibe; "lo que se percibe" puede ser un objeto o un evento que se procesa en la imaginación, tanto del individuo como de los colectivos sociales, partiendo de que el juicio estético social se fundamenta en el sentido común (ver Figura 3).

Ahora bien, la estética como la relación entre el objeto y el sujeto (incorporándose el mundo de lo sensible en esta relación), con la experiencia socioestética, se considera que se mantienen en el conocimiento sensible de quien experimenta el espacio público, fundamentado en la belleza y el gusto que genere sensaciones agradables y placenteras; donde la belleza "será situacional, lo cual significa provisional, y vivida realmente" (Careri 98). La experiencia socioestética es situacional, depende de cómo se mueven los cuerpos en el espacio, características mutantes del espacio generado por el colectivo social disfrutando de los espacios públicos, y de cómo se percibe el ambiente, qué nos comunica a través de los sentidos. Esta experiencia depende del tiempo y del espacio, además de percepciones condicionadas por la cultura, originándose cambios en el paisaje-espacio entre una hora-tiempo y la siguiente.

En este sentido, el conocimiento sensible condiciona la experiencia socioestética al momento de observar y percibir, captando el hecho estético de la vida cotidiana afectado por la interpretación y la comprensión que se tiene del hecho estético, combinado, en este caso, con los principios de universalidad (el arte como valor estético) y el mundo de lo sensible de la estética actual-indeterminada. Este planteamiento se fortalece al imprimir relevancia en la relación: conocimiento sensible y captación del campo social y del volumen urbano de los espacios públicos.

De ahí que la experiencia socioestética desde el mundo de lo sensible donde el objeto, que en este caso son los espacios públicos, es entendida como la integración del hecho arquitectónico y la relación del cuerpo con el espacio a través de las prácticas sociales desarrolladas por los individuos y colectivos sociales que viven los espacios públicos, el cual es condicionado por la imagen creada a través de la forma, la técnica, la moda y lo que es interesante.

Entonces, la estética actual-indeterminada en la experiencia socioestética se manifiesta en la forma-arquitectura pensada desde su imagen resaltando los materiales y la técnica, y además del significado del colectivo social que experimenta el espacio público; y, en la estética como crítica social –colectivos sociales– y como crítica de los poderes –políticos, intelectuales, culturales y económicos–, a través de la relación coherente entre la intención de la arquitectura-forma de los espacios públicos, impuesta por los poderes y la apropiación de estos a través de las prácticas sociales por parte de los individuos y colectivos sociales.

Notas

[1] El objeto se considera una cosa o un evento, este último evidenciado en las prácticas sociales.

[2] La imagen se manifiesta como el producto del espacio arquitectónico: construcción racional y el espacio simbólico: expresión de la cultura a través de la interrelación de los cuerpos como proceso de comunicación. Por ejemplo: las instalaciones, los performances, ambientaciones, objetos atravesables de Jesús Soto; y, la imagen en arquitectura u objetos usuales en relación al poder, tal como las obras arquitectónicas en Roma durante su imperio, Brasilia como icono de la ciudad moderna, y el Parque Central en Caracas como un equipamiento del poder en Venezuela.

Bibliografía

1. Adorno, T. W. (1983). Teoría Estética. Barcelona, España: Ediciones Orbis.        [ Links ]

2. Bourdieu, P. (2002). Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona, España: Editorial Anagrama.        [ Links ]

3. Careri, F. (2002). El andar como práctica estética. Barcelona, España: Gustavo Gilli.        [ Links ]

4. Cassirer, E. (1943). Filosofía de la Ilustración. México: Fondo de Cultura Económica.        [ Links ]

5. Gadamer, H. (1999). La actualidad de lo bello. Barcelona, España: Paidós.        [ Links ]

6. Habermas, J. (1994). Ciencia y Tecnología como Ideología. Madrid: Editorial Tecnos.        [ Links ]

7. Hall, E. T. (1978). Más allá de la cultura. Barcelona, España: Gustavo Gilli.        [ Links ]

8. Horkheimer, M. y T. W. Adorno (1970). Dialéctica del Iluminismo. Buenos Aires: SUR.        [ Links ]

9. Iazzetta, E. (2004). Estética: sensación, cosa o imagen. Una visión de Adorno. Revista de Artes y Humanidades, Universidad Cecilio Acosta, Año 5, No. 11, pp. 15-30.        [ Links ]

10. Lynch, E. (1999). Sobre la Belleza. Madrid: Anaya.        [ Links ]

11. Lyotard, J. (2006). La condición postmoderna. Madrid: Cátedra.        [ Links ]

12. Monroe C. B. y J. Hospers (1997). Estética. Historia y fundamentos. Madrid: Cátedra.        [ Links ]

13. Sennet, R. (1997). Carne y piedra. El cuerpo en la civilización occidental. Madrid: Alianza.        [ Links ]

14. Vilar, G. (2000). El Desorden Estético. Madrid: Idea Books.        [ Links ]