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Gaceta Médica de Caracas

versión impresa ISSN 0367-4762

Gac Méd Caracas v.111 n.1 Caracas ene. 2003

 

Discurso de recepción y bienvenida al académico Dr. César Rafael Aure Tulene. Individuo de Número. Sillón Nº 1

Dra. Milena Sardi de Selle

Individuo de Número

 

Dr. Juan José Puigbó Presidente de la Academia Nacional de Medicina

Señores integrantes de la Junta Directiva

Señores Académicos

Doctores César, Alberto, Alejandro y Andrés Aure Betancourt

Distinguida familia del doctor Gabriel Briceño Romero

Hoy, 20 de febrero de 2003 le hemos pedido permiso a nuestra atribulada Venezuela, para hacer un alto en el complejo trajinar político y social, en el que nos han envuelto ambas, las horas aciagas de aquella elección equivocada y, las siguientes, dedicadas a la lucha por la reconquista de los derechos y privilegios correspondientes al hombre político y social. Ahora, como ciudadanos, hemos acompañado y participado en los esfuerzos que realiza la sociedad civil venezolana para rescatar los valores que le daban sentido a nuestra nación. Como médicos, hemos dejado en la patria la huella de nuestro quehacer, dedicado a esos venezolanos dolientes que visitan hospitales y consultorios y en las infinitas horas de docencia, para aquellos alumnos que llegaron a la Facultad de Medicina con el propósito de aprender la profesión de Hipócrates. La Universidad Central de Venezuela y nuestra Facultad fueron y siguen siendo el faro de luz que atrae a todo joven que aspire ser médico. Esta es también la historia del valenciano César Rafael Aure Tulene, quien llega a Caracas en pos de una meta bien determinada. Para lograrla trajo sus alforjas llenas de tenacidad e inteligencia, que lo premiaron con el éxito.

Conocí a César Aure, cuando empezaba sus estudios de medicina. Fue mi distinguido alumno como integrante de uno de tantos grupos de práctica de anatomía en la escuela de San Lorenzo, en los cuales yo di como preparadora, los primeros pasos de mi actividad docente. Lo recuerdo junto con sus compañeros, cumpliendo con las tareas que anunciaban a los futuros médicos que estaban allí gestándose. La preparadora y sus bachilleres cumplíamos rigurosamente con las exigencias de aquellas tareas donde todos éramos aprendices y todavía soñadores, todos compartíamos las fantasías donde nos proyectábamos como médicos y profesores exitosos y respetados. ¿No fueron así los modelos que allí teníamos? Nada menos que las egregias figuras de los maestros José Izquierdo, Pablo Izaguirre, Francisco Montbrun, Luis Plaza Izquierdo, Hernán Quintero Uzcátegui, Raúl Ferro Galarraga, Jesús Yerena y toda la constelación de jóvenes instructores a quienes aprendimos a respetar y sin darnos mucha cuenta nos fuimos identificando con sus tareas profesorales.

En aquellas fantasías de mis jóvenes años están inmersos el Dr. Aure y sus condiscípulos, recuerde Dr. Aure que aun hoy usted me llama "mi teacher". Lo que ninguno de nosotros supo entonces fue que la realidad nos esperaba para atraparnos por décadas en las aulas universitarias de la Facultad de Medicina y menos, mucho menos, que ocuparíamos sillones en la muy augusta Academia Nacional de Medicina, por ello quiero expresar al Presidente y a toda la Junta Directiva de nuestra docta Institución y al destino, mi agradecimiento, por haberme designado para pronunciar el Discurso de Recepción y darle la bienvenida al nuevo Individuo de Número que desde hoy ocupa el Sillón Nº 1.

El Dr. César Rafael Aure, recibió su título de médico en 1957 y en 1958 ya había decidido su vocación de cirujano a pesar de que el famoso, internista Dr. Rafael Hernández Rodríguez, profesor de Patología Médica le había despertado sentimientos de admiración por él y su especialidad. Ya graduado en sus etapas iniciales de médico, concursó y ganó un cargo asistencial de Residente en el Servicio de Cirugía que dirigía el Dr. Miguel Pérez Carreño.

En 1959, concursó y ganó un cargo de Adjunto en el Hospital Médico Quirúrgico de Emergencia.

Su carrera, docente comenzó cuando concursó y ganó los cargos de Instructor de Clínica Quirúrgica y de Técnica Quirúrgica. Esos concursos se repitieron cada tres años y por supuesto que nuestro Académico los ganó. Con estas experiencias en su haber el profesor Aure se sintió capacitado para asumir las Jefaturas de la Cátedra de Clínica quirúrgica A y también las del Servicio de Cirugía Nº 1. Con estos cargos sucedió lo mismo, fueron sacados a concurso cada tres años, y así nuestro homenajeado, concursando y ganando, llegó a treinta años cumpliendo con su magisterio. Los nuevos concursos fueron por la Jefatura del Departamento Quirúrgico del Hospital Universitario y la Coordinación de los Posgrados de Cirugía Médica en el área metropolitana, los cuales complementaron sus cuarenta años de docencia médica.

En 1963 César Aure, obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas.

Sin duda el Dr. César Rafael Aure Tulene es un hombre exitoso, un ganador que jugó todos sus ases a la docencia médica, a la Universidad, al cuidado de los pacientes que solicitaron sus servicios y a la muy importante labor de formar las jóvenes generaciones de profesores, (desde instructores hasta titulares), listos para los relevos venideros e inevitables.

Con él aprendieron lo que es responsabilidad y eficiencia docente y muchas otras características de la personalidad del Profesor Aure.

En sus cuarenta años enseñando las variadas técnicas de su especialidad, igualmente acompañó a sus alumnos en la relación que ellos establecían con sus pacientes y el proceso de cambio en sus metas para ser más eficientes en la adquisición de nuevos conocimientos y nuevas praxis.

A estas jóvenes generaciones de médicos les hizo practicar su buen juicio, su razonamiento y su inteligencia con el propósito de lograr diagnósticos precoces y oportunos, primera condición de un buen clínico. Disfrutó la tarea de transmitir a sus alumnos sus saberes y sus experiencias y estos se lo agradecieron, pues nuestro Profesor titular de Clínica Quirúrgica ha sido padrino de varias promociones de médicos.

Los cuarenta años de medicina hospitalaria del Dr. Aure, me devuelven a pensar en las interpretaciones actuales que sobre el tema del hospital han hecho filósofos e historiadores de la medicina, pensadores interesados en el binomio vida-muerte. La relación entre ambas nos recuerda el simbolismo del caduceo. El hospital, casa para el dolor y la enfermedad, en muchos casos premonitores de la muerte, ha siempre atraído a artistas y pensadores, los comentarios de Andrés Malraux y George Orwell, críticos de nuestra sociedad y filósofos de la naturaleza humana, recurren al hospital como cruel metáfora que resume una de las características del mundo y del hombre actual, en esta confusa centuria, donde se nos plantea cada día la antinomia vida-muerte. Para Malraux el hospitalizado vive en un estado indefinido de ensueño, en un mundo impreciso sin límites definidos. George Orwell en su libro "Como mueren los pobres" remueve nuestros sentimientos de soledad y tristeza y la necesidad de sentirnos amados y apreciados por otros humanos.

No dudamos que nuestro Dr. Aure, oyó los mensajes de sus innumerables pacientes, que no sólo esperaban salud y vida, con seguridad acompañó muchas soledades y les dio el amoroso respeto a su dignidad humana.

Cesar Aure, enseñó con el ejemplo, no sólo su capacidad científica y técnica, sino su humana conducta y los valores de su hombría de bien.

En su mundo, universitario, no sólo dio clases, sino participó en varias comisiones y elaboración de documentos, como el protocolo para ser utilizado por tutores para evaluar el rendimiento de los tutoreados. Otras de sus producciones fue sobre las características que debe reunir el egresado de la Facultad de Medicina, otro para los jurados de trabajo de ascenso.

- Miembro, principal en las elecciones universitarias.

- Miembro de las comisiones de revalidas y curriculum.

- Representante ante el Departamento Quirúrgico y

- Coordinador de las reuniones de morbilidad.

- Profesor encargado de la Cátedra de Patología Quirúrgica y también de la

- Cátedra de Cirugía Cardiovascular.

No tiene sentido continuar con esta enumeración, mejor diremos que no rechazó ninguna actividad extracátedra para las cuales se le pidió colaboración.

Publicó en las revistas acreditadas de su especialidad, numerosos e interesantes trabajos científicos, lista completa imposible de incluir aquí, sin embargo, nos referiremos a algunas de sus publicaciones: Úlcera gastrointestinal, Hernias inguinales, Trombos y tromboembolias, Fístulas biliares, Pólipos gastrointestinales, Patología parotídia, Tumores del cuello, Peritonitis y cirugía ginecológica.

Este es el recuento inconcluso de una meritoria carrera docente, asistencial y científica, ejercida en el escenario de los últimos cincuenta años del siglo XX y que sirve de fundamento para esperar que nuestra Academia se beneficie con los aportes del nuevo Académico del Sillón Nº 1.

César Rafael, nació en el hogar que fundaron sus padres Simón Parquet Aure y Latife Tulene, Simón abandonó su Líbano, nativo y lejano, cuando apenas contaba diecisiete años.

Aquel adolescente ambicioso y soñador encontró en Puerto Nutrias y Barinas el paraíso que andaba buscando y allí se quedó para toda su vida, Doña Latife o mejor Doña Florinda que es la traducción de su nombre al Castellano, se quedó en Valencia, pues ni la salubridad, ni las precarias vías de comunicación eran las más adecuadas para la familia que rápidamente fue creciendo. El matrimonio Aure Tulene procreó once hijos, cinco varones y seis niñas, César Rafael fue el menor de todos. Simón Parquet no cambió su sitio de trabajo, se quedó en e1 llano, se convirtió en ganadero y comerciante, fue tiempo de duras labores realizadas con la reciedumbre del cedro de su bandera libanesa, que le produjeron la satisfacción de traer a Venezuela a todos sus hermanos. De esta estirpe honorable y laboriosa proviene nuestro Dr. Aure.

En el momento adecuado César y su hermana Mercedes, mudaron su residencia para Caracas, los dos vinieron a estudiar Medicina en la Universidad Central de Venezuela, los dos se graduaron y ejercen medicina privada en el Centro Médico de Caracas. Sus conductas como médicos han sido intachables.

Dr. César Rafael Aure Tulene, es usted muy bienvenido y muy gratamente recibido en la ilustre Academia Nacional de Medicina.