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Print version ISSN 0378-1844
INCI vol.26 no.8 Caracas Aug. 2001
DOS TITANES, DOS ESTILOS
En fechas recientes y casi coincidentes tuvieron lugar sendos homenajes a dos muy destacados científicos venezolanos, el arqueólogo José M. Cruxent y el hematólogo Miguel Layrisse. Es ésta una circunstancia propicia para reflexionar acerca de las diferentes formas de hacer ciencia y valorizar el elemento fundamental: la búsqueda permanente, honesta y desinteresada de la verdad.
La Universidad Experimental Francisco de Miranda, de Coro, otorgó el grado de Doctor Honoris Causa a Cruxent, como reconocimiento a una distinguida labor de más de medio siglo que lo sitúa como padre de la arqueología moderna venezolana, como bien señala su dilecta discípula Erika Wagner, quien resalta su condición de autodidacta: "...Debido a una convulsionada España destrozada por una cruel guerra civil, llegó a Venezuela a fines de 1939. Por ello no pudo realizar estudios formales y así le tocó graduarse en la universidad de la vida." En una ocasión escuchamos que consiguió venirse a América trabajando en la cocina de un trasatlántico.
Tras desempeñarse como Director del Museo de Ciencias Naturales de Caracas y ser uno de los fundadores de la Escuela de Sociología y Antropología de la Universidad Central de Venezuela, Cruxent fundó el Departamento de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Cuando le correspondió, en los años 60, alcanzar la máxima posición académica de esa institución, la de Investigador Titular, alguien notó que le faltaba un requisito sine qua non, el doctorado. La situación fue solventada con un Doctorado Honoris Causa que le concedió una universidad peruana.
Los trabajos pioneros y rigurosos de Cruxent le valieron el Premio Nacional de Ciencia. Abarcan desde el período Paleo-Indio hasta el Indo-Hispano, reflejando su preocupación por unir la prehistoria con el presente etnográfico. Junto con Irving Rouse, de la Universidad de Yale, publicó "Arqueología Cronológica de Venezuela", un clásico de consulta obligatoria. Motorizó el establecimiento de laboratorios de fechamiento por radiocarbono y termoluminescencia. Realizó estudios fundamentales en Nueva Cádiz, en la isla de Cubagua, Venezuela, y en La Isabela, República Dominicana. En tiempos más recientes, ya jubilado, ha indagado con entusiasmo característico evidencias de antiguos asentamientos humanos en América.
Resalta Wagner que Cruxent, a pesar de no tener estudios formales, "... sin complejos ni egoísmos se preocupó de manera decisiva que sus discípulos lograran un entrenamiento del más alto nivel y en los mejores centros..." Su polifacética y controversial personalidad lo llevó a expresarse plásticamente, siendo uno de los más destacados representantes del movimiento informalista y original actor del cinetismo.
Diferente resulta la imagen que nos ofrece Miguel Layrisse, a quien varias instituciones venezolanas rindieron conjuntamente un merecido homenaje en la Universidad Simón Bolívar, de Caracas, la cual le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa. Formado como médico en la Universidad Central de Venezuela, siguió estudios de especialización en hematología en el New England Medical Center de Boston. Fue por mucho tiempo "el hematólogo" del país, buscado por legos y doctos para ayudar a los pacientes.
Su pasión por la investigación, que desarrolló principalmente en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, lo llevó a realizar importantes estudios sobre las anemias, como aquellos hechos en colaboración con Marcel Roche acerca de la etiología de la anemia producida por el anquilostomo, devastadora dolencia en el medio rural tropical para la cual la solución fue, simplemente, llevar zapatos. Descubrió, junto con Tulio Arends y Rafael Domínguez Sisco, un antígeno presente en la sangre de indígenas americanos conocido como factor Diego, también presente en poblaciones asiáticas, y describió, junto con Johannes Wilbert, una variante del factor rH.
Sus importantes estudios sobre las anemias ferropénicas lo han llevado a luchar con impresionante tesón para que las harinas empleadas en la preparación de alimentos primarios fueran enriquecidas con hierro, hasta conseguirlo finalmente y lograr así disminuir la deficiencia de ese mineral en la población venezolana. Otros países en desarrollo han adoptado medidas similares a raíz de los resultados obtenidos por Layrisse.
Recibió el Premio Nacional de Ciencias y ha ocupado prácticamente todos los cargos directivos académico-científicos a que haya lugar en su país. Layrisse se ha desempeñado como Rector de la Universidad Central de Venezuela, Presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, y en dos ocasiones, Director del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Siempre ha sido persona profundamente preocupada por el desarrollo científico-tecnológico de Venezuela.
Lo comentado trata del reconocimiento de la academia a dos distinguidos hombres de ciencia con carreras disímiles, que partieron de formaciones muy desiguales y recorrieron caminos diferentes marcados en ambos casos por la pasión y la perseverancia, por su inalienable intención de hacer ciencia.
La vocación por la investigación y la rigurosidad científica son componentes de la sangre. No se aprenden. Solamente se refuerzan. Cualquiera sea el camino, el resultado emerge como nuevo conocimiento.
Miguel Laufer
Director
TWO TITANS, TWO STYLES
Recently, two almost coincident events took place to honor two outstanding Venezuelan scientists, archeologist José M. Cruxent and hematologist Miguel Layrisse. This becomes an appropriate circumstance to reflect upon the different manners of making science and to value the crucial element: the permanent, honest and disinterested search for truth.
The Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, at Coro, granted Cruxent a Doctor Honoris Causa degree in recognition of a distinguished career over more than half a century that makes him the father of modern Venezuelan arqueology, as states his disciple Erika Wagner, who emphasizes his autodidactic condition: "...due to a convulsed Spain, destroyed by a cruel civil war, he reached Venezuela at the end of 1939. Given the circumstances he could not pursue formal studies and had to graduate from the university of life." We once heard that he succeeded to move to America as a kitchen worker in a transatlantic ship.
After working as Director of the Caracas Museum of Natural Sciences and being one of the founders of the School of Sociology and Anthropology of the Universidad Central de Venezuela, Cruxent founded the Department of Anthropology at the Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. When he was due for promotion to the highest academic position in this institution, that of full professorship, someone noted that a sine qua non requisite, the doctorate, was missing. The issue was solved through a Honoris Causa degree granted to him by a Peruvian university.
Cruxent´s pioneering and rigorous work entitled him to the National Science Prize. It covers from the Paleo-Indian to the Indo-Hispanic periods, as he tried to link prehistory with the ethnographic present. Together with Irving Rouse, from Yale University, he published "An Archeological Chronology of Venezuela", a classic mandatory reference. He motorized the establishment of radiocarbon and thermoluminescence dating laboratories, and carried out fundamental studies in Nueva Cadiz, in the Island of Cubagua, Venezuela, and in La Isabela, Dominican Republic. More recently, already retired, he has investigated with characteristic enthusiasm evidences of old human settlements in America.
Wagner states that despite his lack of formal studies, Cruxent "...without complexes nor selfishness endeavored in a decisive manner so that his disciples would obtain the best possible training in the best institutions". A multifaceted and controversial personality led him to express himself plastically, becoming an outstanding representative of informalism and an original actor of cinetism.
A different image is that of Miguel Layrisse, who was paid a well-deserved homage by several Venezuelan institutions at the Universidad Simón Bolívar, at Caracas, while the latter granted him the Doctor Honoris Causa degree. Trained as a medical doctor at the Universidad Central de Venezuela, he specialized in hematology at the New England Medical Center, at Boston. For a long period he was "the hematologist" of the country, consulted by laymen and specialists in order to help patients.
His passion for research, which he carried out mainly at the Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, led him to perform important studies on anemias, such as those made in collaboration with Marcel Roche regarding the etiology of the anemia caused by anquilostoma. The solution for this devastating illness in the tropical rural areas was simply to wear shoes. He discovered, together with Tulio Arends and Rafael Domínguez Sisco, an antigen present in the blood of native Americans known as the Diego factor, which is also present in Asiatic populations, and described, together with Johannes Wilbert, a variant of the rH factor.
His important studies on ferropenic anemias have led him to battle with great tenacity in order that iron-enriched flour be employed in the preparation of basic foods, diminishing in this way this mineral deficiency in the Venezuelan population. Other developing countries have incorporated similar measures, based on the results obtained by Layrisse.
He received the National Science Prize and has served in almost all the scientific-academic directive jobs existing in his country. Layrisse has held the positions of Rector of the Universidad Central de Venezuela, of President of the Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, and, on two occasions, that of Director at the Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. He has always been deeply concerned with the development of science and technology in Venezuela.
The above deals with the recognition by academia of two distinguished men of science with dissimilar careers departing from largely different trainings, and who followed different pathways marked, in both cases, by passion and perseverance, and by their inalienable objective of making science.
Vocation for research and scientific rigor are components of the blood. They are not learnt, only reinforced. Whatever the pathway, the result emerges as new knowledge.
Miguel Laufer
Editor
DOIS TITÃS, DOIS ESTILOS
Em datas recentes e quase coincidentes tiveram lugar duas homenagens a dois destacados científicos venezuelanos, o arqueólogo José M. Cruxent e o hematólogo Miguel Layrisse. Esta é uma circunstância propícia para refletir sobre as diferentes formas de fazer ciência e valorizar o elemento fundamental: a busca permanente, honesta e desinteressada da verdade.
A Universidade Experimental Francisco de Miranda, de Coro, outorgou o grau de Doutor Honoris Causa a Cruxent, como reconhecimento a um distinguido trabalho de mais de meio século que o situa como pai da arqueologia moderna venezuelana, como bem assinala sua dileta discípula Erika Wagner, a qual ressalta sua condição de autodidata: "...Devido a uma convulsionada Espanha destroçada por uma cruel guerra civil, chegou a Venezuela a fins de 1939. Por isso não pôde realizar estudos formais e assim graduou-se na universidade da vida." Em uma ocasião escutamos que conseguiu vir a América trabalhando na cozinha de um transatlântico.
Depois de desempenhar-se como Diretor do Museu de Ciências Naturais de Caracas e ser um dos fundadores da Escola de Sociologia e Antropologia da Universidade Central da Venezuela, Cruxent fundou o Departamento de Antropologia do Instituto Venezuelano de Investigações Científicas. Quando lhe correspondeu, nos anos 60, alcançar a máxima posição acadêmica dessa instituição, a de Investigador Titular, alguém notou que lhe faltava um requisito sine qua non, o doutorado. A situação foi resolvida com um Doutorado Honoris Causa que lhe concedeu uma universidade peruana.
Os trabalhos pioneiros e rigorosos de Cruxent deram-lhe o Prêmio Nacional de Ciência. Abarcam desde o período Paleo-Indio até o Indio-Hispano, refletindo sua preocupação por unir a pré-história com o presente etnográfico. Junto com Irving Rouse, da Universidade de Yale, publicou"Arqueologia Cronológica de Venezuela", um clássico de consulta obrigatória. Motorizou o estabelecimento de laboratórios de fechamento por radiocarbono e termoluminescencia. Realizou estudos fundamentais em Nueva Cádiz, na ilha de Cubagua, Venezuela, e na La Isabela, República Dominicana. Em tempos mais recentes, já aposentado, há indagado com entusiasmo característico evidências de antigos assentamentos humanos na América.
Ressalta Wagner que Cruxent, apesar de não ter estudos formais, "... sem complexos nem egoísmos se preocupou de maneira decisiva que seus discípulos conseguissem um trenamento do mais alto nível e nos melhores centros..." Sua polifacética e controversial personalidade o levou a expressar-se plasticamente, sendo um dos mais destacados representantes do movimento informalista e original ator do cinetismo.
Diferente resulta a imagem que nos oferece Miguel Layrisse, a quem várias instituições venezuelanas renderam conjuntamente uma merecida homenagem na Universidade Simón Bolívar, de Caracas, a qual lhe outorgou o grau de Doutor Honoris Causa. Formado como médico na Universidade Central de Venezuela, seguiu estudos de especialização em hematologia no New England Medical Center de Boston. Foi por muito tempo "o hematólogo" do país, buscado por leigos e sábios para ajudar aos pacientes.
Sua paixão pela pesquisa, que desenvolveu principalmente no Instituto Venezuelano de Investigações Científicas, o levou a realizar importantes estudos sobre as anemias, como aqueles fatos em colaboração com Marcel Roche sobre a etiologia da anemia produzida pelo anquilostomo, devastadora doença no meio rural tropical para a qual a solução foi, simplesmente, colocar sapatos. Descobriu, junto com Tulio Arends e Rafael Domínguez Sisco, um antígeno presente no sangue de indígenas americanos conhecido como fator Diego, também presente em populações asiáticas, e descreveu, junto com Johannes Wilbert, uma variante do fator rH.
Seus importantes estudos sobre as anemias ferropênicas o tem levado a lutar com impressionante afinco para que as farinhas empregadas na preparação de alimentos primários fossem enriquecidas com ferro, até consegui-lo finalmente e conseguir assim diminuir a deficiência desse mineral na população venezuelana. Outros países em desenvolvimento têm adotado medidas similares à raiz dos resultados obtidos por Layrisse.
Recebeu o Prêmio Nacional de Ciências e tem ocupado praticamente todos os cargos diretivos acadêmico-científicos a que haja lugar no seu país. Layrisse se desempenhou como Reitor da Universidade Central de Venezuela, Presidente do Conselho Nacional de Investigações Científicas e Tecnológicas, e em duas ocasiões, Diretor do Instituto Venezuelano de Investigações Científicas. Sempre tem sido pessoa profundamente preocupada pelo desenvolvimento científico-tecnológico de Venezuela.
O comentado trata do reconhecimento da academia a dois distinguidos homens de ciência com carreiras distintas, que partiram de formações muito desiguais e recorreram caminhos diferentes marcados em ambos casos pela paixão e a perseverança, por sua inalienável intenção de fazer ciência.
A vocação pela investigação e a rigorosidade científica são componentes do sangue. Não se aprendem. Somente se reforçam. Qualquer que seja o caminho, o resultado emerge como novo conhecimento.
Miguel Laufer
Diretor












