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Interciencia

versión impresa ISSN 0378-1844

INCI v.33 n.2 Caracas feb. 2008

 

Innovación vs ciencia

El financiamiento de la investigación fundamental tiene resultados inesperados

En las últimas décadas los gobiernos de muchos países, tanto de nuestra región como del resto del mundo, han aumentado considerablemente el presupuesto destinado a la investigación científica bajo la convicción de que este tipo de medidas beneficiará, tanto a corto como a largo plazo, a la sociedad en su conjunto. Sobre todo, existe consenso respecto al valor que comporta la denominada investigación fundamental o "básica" pues, sin importar la disciplina, es innegable que la excelencia en ciencia generará innovación y que ésta, a su vez, impulsará el crecimiento económico. Ante esta realidad, muchos gobiernos han decidido disminuir los fondos destinados al desarrollo tecnológico dedicando más recursos a la investigación fundamental.

En la actualidad, no obstante, muchas políticas científi- cas están siendo influenciadas por factores de índole económico (como lo es el temor a una recesión global) que privilegian el criterio de la competitividad. Siguiendo esta lógica, en nuestro país se ha optado por financiar la innovación mediante programas tecnológicos, en lugar de hacerlo indirectamente a través de la investigación fundamental. Esta situación se refleja día a día en una serie de preguntas, no siempre fáciles de responder y que, cotidianamente, se les hace a los científicos: ¿Para qué sirven sus investigaciones? o ¿Cuáles son los resultados financieros que se desprenden de ellas? Este tipo de interrogantes implican un riesgo no menor para el desarrollo de la ciencia en el país: el de centrar el foco de atención, al momento de seleccionar los proyectos que se deben financiar, en la relevancia económica en lugar de hacerlo en el mérito científico de los mismos.

En Chile, esto se ha visto lamentablemente reflejado en el presupuesto para el año 2008, que afecta seriamente la realización de actividades esenciales para la ciencia nacional, tales como los proyectos de investigación fundamental, las becas de doctorado, y los programas de formación de recursos humanos. Esta inminente escasez de recursos podría sumergir a la ciencia chilena en un abismo difícil de superar.

Es clave que nuestras autoridades comprendan que no solo deben estimularse aquellas disciplinas que conllevan impactos económicos. Esto va en contra de las políticas de Fondecyt, la agencia chilena para el fomento de la ciencia y la tecnología, cuyo eje central es el financiamiento de proyectos en base a su excelencia, sea cual sea su área de estudio, como es también el caso de instituciones de fomento científico en varios de los países de la región. No debemos olvidar que los caminos de la ciencia son impredecibles y que los beneficios económicos de los proyectos pueden surgir en el momento más inesperado. Un claro ejemplo de esto son las recientes aplicaciones del estudio del ADN: en un principio no se anticipó su utilidad en la determinación de la paternidad o en las pericias forenses.

A mayor desarrollo de las naciones, mayor conciencia existe acerca del papel del financiamiento público en el fomento de la ciencia fundamental y del papel de los sectores productivos y empresariales de la sociedad en el desarrollo tecnológico, acción esta última que, lamentablemente, se manifiesta con un esfuerzo muy limitado en nuestros países.

No descansaremos hasta demostrar que la comunidad científica de Chile no solo está capacitada sino que es la más apta para innovar en base a la ciencia y, a la vez, estimular ideas científicas. Nuestro compromiso como científicos es el de generar e impulsar proyectos de excelencia. ¿Y el del gobierno? No cabe duda: garantizar el financiamiento de la investigación fundamental.

Jorge BaBul C.

Presidente

Consejo de Sociedades Científicas de Chile