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Revista de la Facultad de Agronomía

versión impresa ISSN 0378-7818

Rev. Fac. Agron. v.25 n.2 Caracas jun. 2008

 

Las plantaciones de guadua (Guadua angustifolia Kunth) y bambú (Bambusa vulgaris Wendland) de San Javier, estado Yaracuy, Venezuela. I. Aspectos climáticos y caída de hojarasca.

Guadua (Guadua angustifolia Kunth) and bamboo (Bambusa vulgaris Wendland) plantations in San Javier, Yaracuy state, Venezuela. I. Climate and litterfall

D. Marín Ch., Y. Guédez y L. Márquez de Hernández

Autor de correspondencia e-mail: charifo1@yahoo.es

Laboratorio de Ecología Agrícola. Instituto de Botánica Agrícola. Fac. Agronomía UCV. Maracay. Av. El Limón. Apartado 4579. Maracay, estado Aragua. Venezuela. Teléfono: 0243-5507098

Resumen

En el presente trabajo se caracterizó el clima del Campo Experimental de la Fundación DANAC (San Javier, estado Yaracuy, Venezuela), y se evaluó la caída mensual de hojarasca en las plantaciones de bambú (Bambusa vulgaris) y guadua (Guadua angustifolia), establecidas para atender la demanda por parte de artesanos del sector. Los valores promedio anuales de la precipitación, evaporación y temperatura del aire, según datos de los 18 años de registros disponibles (1988-2005), fueron respectivamente: 1362±252 mm, 2071± 88 mm y 26,5±0,8ºC. El clima se calificó como del tipo Awi' según la clasificación de Köppen. El bambú presentó una producción de hojarasca significativamente mayor que la de guadua (17,67 vs 9,02 t.ha-1.año-1.P<0,01). En ambas especies la caída de hojarasca fue continua a lo largo del año, pero con valores máximos en sequía para la guadua y durante la época de lluvias en el bambú. Las hojas representaron la mayor fracción de la hojarasca, con 54,6% en bambú y 57,1% en guadua.

Palabras clave: Bambusa vulgaris, Guadua angustifolia, caída de hojarasca, clima.

Abstract

Climatic characteristics in Experimental Campus of DANAC Foundation (San Javier, Yaracuy state, Venezuela), and litterfall of Bambusa vulgaris and Guadua angustifolia plantations, were studied. Annual mean values of rainfall, evaporation and air temperature, between 1988 and 2005, were 1362±252 mm, 2071± 88 mm and 26.5±0,8ºC, respectively. Climate was considered as Awi' type according to Köppen classification. Annual litterfall was significantly higher in B. vulgaris in relation to G angustifolia (17.67 vs 9.02 t.ha-1; P<0,01). In both species, litterfall was continuous all the year but maximal values were founded in dry period for Guadua and for Bamboo in rainfall period. Leaves were the most important fraction in litterfall (54.6% in bamboo and 57.1% in guadua).

Key words: Bambusa vulgaris, Guadua angustifolia, litterfall, climate.

Recibido el 19-7-2007 Aceptado el 24-3-2008

Introducción

Los bambúes incluyen las gramíneas más grandes del mundo. Son plantas perennes, macollantes o monopódicas, con rizomas bien desarrollados, que poseen cañas duras generalmente huecas, y crecen naturalmente bajo climas tropicales y templados, desde el nivel del mar hasta unos 4.000 m de altitud, entre los 46º LN y los 47º LS, con excepción de Europa y Asia Occidental (Judziewicz et al., 1999). En América se han descrito 451 especies de bambúes pertenecientes a 41 géneros, distribuidos desde el sudeste de Estados Unidos hasta el sur de Chile (Londoño, 2001).

En Venezuela se citan 81 especies entre leñosas y herbáceas, que incluyen los géneros Arthrostylidium, Atractantha, Aulonemia, Chusquea, Elytrostachys, Guadua, Merostachys, Myriocladus, Neurolepis y Rhypidocladum, Bambusa, Arundo, Gynerium, Dendrocalamus y Phyllostachys (Londoño, 1998, 2001; Infante, 2002). Las especies de bambú se localizan desde las zonas bajas hasta las montañas andinas, siendo los géneros Guadua y Elytrostachys más abundantes en tierras bajas, mientras que Neurolepis y Chusquea son más frecuentes en ambientes montanos (Judziewicz et al., 1999).

El empleo de las Bambusoideae en nuestro país es restringido y se limita a la fabricación de instrumentos musicales de percusión típicos de la región de Barlovento (estado Miranda), palillos, juguetes y artículos decorativos o utilitarios de confección artesanal, además de su uso en la construcción de bohíos y muebles. No existe una producción sostenida del recurso y su empleo se basa fundamentalmente en la extracción de los culmos verdes o maduros, en poblaciones naturales que crecen cerca de los ríos, así como en unas pocas parcelas sembradas, generalmente sin control alguno.

Con el fin de aprovechar las condiciones naturales favorables para el cultivo de varias especies de bambú, así como el conocimiento tradicional existente en algunos centros poblados cercanos, la Fundación para la Investigación Agrícola DANAC y la Fundación Empresas Polar, adelantan programas de extensión agrícola en San Javier, estado Yaracuy. Tales actividades incluyen el mantenimiento de plantaciones experimentales de Bambusa vulgaris Wendland (bambú) y Guadua angustifolia Kunth (guadua), que proveen materia prima para la artesanía local y se emplean también en labores educativas y como apoyo para la investigación científica.

En el presente trabajo se realizó un análisis de las principales variables climáticas en el sector de San Javier y se estimó el aporte anual de hojarasca en las plantaciones de guadua y bambú antes mencionadas, con el fin de evaluar y comparar la importancia de ambas especies en la circulación de materia orgánica. La caída de hojarasca es parte esencial de la dinámica de los ecosistemas terrestres (Álvarez et al., 1992), y su tasa de caída, expresada en función del área de terreno, es un índice de la productividad primaria aérea neta de las poblaciones y comunidades vegetales, que permite evidenciar la importancia de las especies en el reciclaje de nutrimentos y en el mantenimiento de la fertilidad del suelo.

Materiales y métodos

El trabajo se realizó en el Campo Experimental de La Fundación DANAC, parroquia San Javier, municipio San Felipe, estado Yaracuy, aproximadamente alrededor de los 10º21'45'' LN y 68º39' LO, a una altura de 100 msnm. El terreno es plano y se encuentra ubicado en el valle medio del río Yaracuy, adyacente a la autopista Centro-occidental Rafael Caldera. El valle a su vez forma parte de la Depresión del Yaracuy, que es una fosa tectónica con predominio de rocas sedimentarias del Cuaternario, situada entre la Sierra de Aroa en el Noroeste y el Macizo de Nirgua en el Sureste (Cárdenas et al., 2000).

Las parcelas de Bambusa vulgaris y de Guadua angustifolia fueron sembradas por personal de la Fundación DANAC en julio de 1997 y entre julio y agosto de 1999, respectivamente, en un área de 0,25 ha la primera y 1,5 ha la segunda. Ambas parcelas se encuentran separadas por la quebrada Naranjal, frente al campo experimental de la fundación, en la carretera que conduce desde San Javier a Guarataro. La guadua se sembró con un distanciamiento de 4,5 m entre plantas y 5 m entre hileras para una densidad de 444 macollas.ha-1, mientras que las cifras correspondientes al bambú fueron 3 y 4 m, respectivamente (833 macollas.ha-1). No obstante, la mortalidad de esquejes por la sequía en la parcela de bambú fue de 70% (Fundación DANAC, 2003), mientras que la sobrevivencia de la guadua hasta abril de 2005 era de 90% (Piñuela, 2006; comunicación personal). En consecuencia, las densidades reales de las plantaciones para la época del experimento fueron 250 macollas.ha-1 en bambú y 400 macollas.ha-1 en guadua.

Los manchones con árboles, cercanos a las parcelas sembradas con bambusáceas, son relictos de la vegetación natural del sector, considerada como bosque semideciduo según el Mapa de Vegetación de Venezuela (IGVSB-MARN, 2003). Entre las especies presentes se encontraron: Triplaris felipensis Wedd. (barrabás), Enterolobium cyclocarpum (Jacq.) Griseb. (caro-caro), Pithecellobiun saman (Jacq.) Benth. (samán) y Ceiba pentandra (L.) Gaertn, así como otras de rápido crecimiento que normalmente participan de etapas serales, como son Guazuma ulmifolia Lam. (guácimo) y Cecropia peltata L (yagrumo).

En general, los suelos de los valles de la cuenca media del río Yaracuy se consideran fértiles (Cárdenas et al., 2000), como lo corrobora la gran actividad agrícola vegetal de la región. En el área experimental de la Fundación DANAC los suelos son profundos, con texturas variables desde franco arcillo arenosas hasta franco arenosas, con tenores de materia orgánica comprendidos entre 2 y 2,6%, valores de pH de 6 a 8, y con altos niveles de Ca y K pero pobres en P (Fundación DANAC, 2003). Algunos sectores han sido clasificados como Aquic Ustropept (Marcano et al., 1997; Marcano y Landínez, 1997), y otros como Typic Argiaquoll (Torres et al., 2003). La parcela ocupada por bambú se considera Fluventic Eutropepts (Pérez, 1986).

A partir de marzo de 2006 y por doce meses consecutivos, se efectuaron muestreos para estimar la caída de hojarasca, mediante el empleo de 14 cestas rectangulares de 0,35 m2 de área (0,80 x 0,44 m por lado) y 10 cm de profundidad, construidas con malla plástica de 1 mm de poro (Álvarez et al., 1992). Los muestreos se efectuaron entre los días 15 y 20 de cada mes. Siete cestas habían sido colocadas de manera regular entre las hileras bajo el dosel de la parcela de bambú y siete bajo el de guadua en febrero de 2006. En cada muestreo el material se retiraba cuidadosamente eliminando tanto las hojas y tallos procedentes de otras especies vecinas a las macollas, así como cualquier organismo animal que pudiera encontrarse. La hojarasca de guadua y bambú se colocaba en bolsas de papel debidamente identificadas y se trasladaba al Laboratorio de Ecología Agrícola, Facultad de Agronomía, Universidad Central de Venezuela, Maracay, donde se secaba en estufa hasta peso constante, por un tiempo mínimo de 72 h a una temperatura de 70ºC.

Una vez seco, el material recolectado se separaba en hojas, tallos y hojas caulinares, las cuales se pesaron en una balanza electrónica de precisión. Los valores de hojarasca total por especie y los correspondientes a las fracciones antes mencionadas, se compararon en cuanto a sus cambios temporales mediante pruebas de t de student. Así mismo se correlacionaron con factores climáticos y con información sobre el manejo de las parcelas, suministrada por el Programa Agroforestal, Fundación Polar. Para estimar posibles diferencias en la distribución de las raíces, en junio de 2006 se efectuó un muestreo con barreno y cinco repeticiones alrededor de las macollas de cada especie, entre la superficie del suelo y 80 cm de profundidad. Las muestras fueron trasladadas a Maracay para separar las raíces mediante el empleo de un tamiz de 2 mm de poro. Con base en el volumen del barrero (318 cm3) y el peso seco de las muestras, se expresaron los resultados como densidad de raíces en kg.m-3.

Los datos climáticos del sector proceden de los registros que durante 18 años (1988-2005), se han recolectado en la estación meteorológica El Naranjal, situada en el campo experimental de la Fundación DANAC, a unos 200 m del sitio experimental. Mediante análisis de correlación, se evaluaron las tendencias de los cambios anuales de precipitación, evaporación y radiación incidente; así como de las temperaturas máximas y mínimas del aire. El balance hídrico se expresó con base en los cocientes de precipitación y evaporación (P/E), y de precipitación y evapotranspiración potencial (P/ETP), calculándose ésta última como el producto de la evaporación x 0,8 según López y Mathison (1967). Valores del cociente P/ETP menores de 0,50 indicaron déficit hídrico, mientras que el intervalo de 0,50 a 0,75 sugirió niveles adecuados de humedad y el de 0,75 a 1,50 condiciones óptimas para el crecimiento vegetal.

Resultados y discusión

Caracterización del clima de la estación

Los valores promedio anuales de la precipitación, evaporación y temperatura del aire, fueron respectivamente: 1362±252 mm, 2071±88 mm y 26,5±0,8ºC; los coeficientes de variación (CV) de los valores promedios fueron 18,5%, 4,2% y 3%, respectivamente. Los cambios en la lluvia y evaporación anuales durante el lapso en consideración se presentan en la figura 1. El valor máximo de precipitación correspondió a 1999 cuando cayeron 2039 mm, y el más bajo a 1997 con sólo 994 mm, lo cual equivale a una variación de 51,3% entre los extremos. En el mismo intervalo, la evaporación anual fluctuó entre 2290 y 1940 mm en 1988 y 1999, respectivamente, con una amplitud de variación de 15,3%. Se observaron ligeras tendencias al incremento de las precipitaciones y al descenso de la evaporación en función del tiempo, siendo significativa la correlación sólo en el segundo caso, donde hubo una menor dispersión de los datos (r=0,65; P<0,01). (figura 1).

Cuando los valores se expresaron en términos del cociente entre precipitación y evaporación (P/E, figura 2), también sugirieron un mejoramiento del balance hídrico, aunque no estadísticamente significativo (r=0,45), que respondió más al descenso de la evaporación que al aumento de las lluvias, aunque estas dos últimas variables se relacionaron entre si de manera inversa (figura 3; r= 0,55; P<0,05). El cociente P/E promediado en el lapso de evaluación de los registros climáticos en la estación El Naranjal fue de 0,67±0,15 con un máximo de 1,05 en 1999 y un mínimo de 0,47 en 1997, que fue el año más seco de la serie. A su vez, la disminución de la evaporación entre 1988 y 2005 parece relacionarse con un descenso significativo en la radiación de onda corta incidente (figura 4), la cual se redujo en valores extremos del promedio diario desde 442 a 242 cal.cm-2.min-1 en 1990 y 2004, respectivamente. Considerando la opinión del personal encargado de la estación climática acerca del buen mantenimiento de los equipos, se podría ubicar las causas de la disminución de la radiación en actividades regionales que probablemente incluyen las agrícolas, pero ello escapó a los objetivos del presente estudio. En Australia, Roderick y Farquhar (2002) han reportado para los últimos 50 años, una tendencia a la disminución de la evaporación, relacionada con un decrecimiento de la radiación incidente a causa de aumentos en la nubosidad y concentración de aerosoles; mientras que Auffhammer et al. (2006), advirtieron que la combinación de gases invernadero y de nubes oscuras condensadas alrededor de aerosoles, ha disminuido la producción de arroz en la India.

Por otra parte, los cambios en la temperatura máxima y mínima del aire entre 1988 y 2005, se muestran en la figura 5. Se observó una ligera tendencia lineal decreciente en los valores de ambas temperaturas, pero más marcada en la mínima, cuyo coeficiente de correlación (r=0,55) fue significativo (P<0,05). La disminución de los valores de temperatura en 1999 coincidió con las altas precipitaciones ocurridas en ese año. La oscilación térmica media diaria no mostró cambios importantes y mantuvo un valor promedio de 8,8±0,5ºC. La disminución de la temperatura mínima del aire, concordó con las tendencias decrecientes de la evaporación y de la radiación antes señaladas, y estuvo influenciada por los bajos valores de las temperaturas mínimas medias correspondientes a 1999 (19,7ºC), 2004 (19,6ºC) y 2005 (21,4ºC).

Las tendencias encontradas en este estudio contradicen parcialmente las planteadas en la Primera Comunicación Nacional en Cambio Climático de Venezuela (MARN, PNUD, FMMA, 2005), según las cuales las temperaturas máximas al norte del río Orinoco han disminuido aunque no significativamente entre 1958 y 2002, mientras que las temperaturas mínimas han aumentado significativamente a razón de 0,37ºC/10 años; el mismo informe señaló que en 63 de 94 estaciones con registros pluviométricos de 49 años (1950-1998), hubo tendencias a la disminución de la lluvia anual independientemente de que la misma fuese o no significativa, al tiempo que desde 1975 han aumentado los eventos extremos en la época lluviosa. La disponibilidad de datos climáticos de San Javier sólo desde 1988, así como el desconocimiento de la ubicación precisa de las estaciones citadas por el informe, en las cuales no se detectaron cambios temporales en las lluvias o hubo tendencias crecientes, impidió hacer una mejor comparación de los resultados. Gutiérrez et al. (2006), han señalado con base en la metodología de procesos sinópticos objetivos, que utiliza información de los patrones de circulación atmosféricos en diferentes alturas, que en Venezuela entre 1978 y 1999 los eventos con precipitaciones abundantes asociados con patrones poco comunes, han adquirido un carácter más intenso, mientras que las sequías han disminuido su incidencia en comparación con el período 1956-1977. Los autores reconocen que en el país hay una gran variabilidad espacial de las precipitaciones, asociada a eventos extremos.

La alternancia de épocas de lluvia y sequía juega un papel muy importante en los aspectos fenológicos de la vegetación en ambientes tropicales, afectando la caída y renovación del follaje. Por ello, en la figura 6 se muestra la distribución mensual de las precipitaciones, la evapotranspiración potencial (ETP) y el cociente P/ETP, a objeto de delimitar las temporadas húmeda y seca. En la misma figura se indican los valores medios y las barras de desviación estándar de la lluvia mensual.

La precipitación mensual superó los 100 mm entre abril y noviembre, siendo mayo, julio y septiembre los meses más lluviosos, con valores promedios de 163, 180 y 161 mm, respectivamente, mientras que marzo fue el mes más seco con sólo 21 mm (figura 6). Si se consideran como lluviosos aquellos meses en los cuales el cociente P/ETP es mayor a 0,50, la temporada húmeda se extendería de mayo a diciembre y la de sequía de enero a marzo, siendo abril un mes de transición. Como es lógico, los coeficientes de variación de los promedios mensuales de precipitación fueron menores en la época de lluvia, cuando fluctuaron entre 31 y 56%, en comparación con la temporada de sequía cuando oscilaron entre 96 y 184%, indicando un comportamiento menos predecible. En la serie considerada, las precipitaciones mensuales más abundantes correspondieron a abril de 1999 (470,9 mm), seguidas de febrero de 2005 (422,9 mm), julio de 1995 (403,8 mm) y diciembre de 1999 (361,7 mm). Cabe señalar que en 1999, entre abril y diciembre, hubo nueve meses con medias mensuales de lluvia superiores a 130 mm, y que la temporada húmeda se prolongó hasta enero de 2000, cuando cayeron 316,4 mm. La evaporación mensual presentó su máximo valor en marzo (214,6 mm) y su mínimo en noviembre (147,4 mm), con una media de 172 mm y un coeficiente de variación de 9,4%.

Durante el lapso de evaluación de la caída de hojarasca de guadua y bambú, las lluvias totalizaron 1678 mm y la evaporación 1979 mm, de manera que el cociente P/E fue 0,85. Esto significa que la precipitación fue 23% mayor que el promedio histórico de la estación meteorológica considerada, mientras que la evaporación resultó 4% inferior, con lo cual el balance hídrico resultó favorecido, respecto a la media de 0,67. En términos del cociente P/ETP el valor promedio anual fue 1,05 fluctuando entre 0,15 en febrero y abril, y 1,85 en junio. De acuerdo con éste último cociente, enero, febrero y abril de 2006 así como febrero de 2007 fueron los meses secos, mientras que el resto del lapso mostró valores mayores de 0,50. En particular durante los meses de mayo, junio y julio de 2006, las precipitaciones fueron muy abundantes, con totales de 225, 240 y 226 mm respectivamente, pero superaron los 100 mm en el resto de la época húmeda, hasta noviembre inclusive, con valores que fluctuaron entre 130 y 181 mm. Sin embargo, como el retiro de la hojarasca de las cestas no pudo realizarse en todos los casos con el mismo intervalo entre muestreos, fue necesario ajustar los valores del cociente P/ETP a los lapsos efectivos intermuestrales, a fin de poder correlacionar ambos conjuntos de datos.

En cuanto a los cambios mensuales en la temperatura del aire (figura 7), el mayor promedio de la temperatura máxima ocurrió en septiembre (32,5ºC) y el menor promedio de las mínimas en enero (20,9ºC), mientras que la mínima amplitud térmica diaria (7,9ºC) ocurrió en mayo y la máxima (10,3ºC) en septiembre. Al considerar las temperaturas medias, los valores extremos fueron 27,6 y 25,3ºC en mayo y enero, respectivamente, con una amplitud de sólo 2,3ºC. Con base en los criterios de Köppen aplicados a los 18 años de registro, el clima de la zona pudo clasificarse como Awi' porque las lluvias ocurrieron mayormente en el verano astronómico, la temperatura del mes más frío fue mayor de 18ºC, y porque la diferencia entre las temperaturas del mes más cálido y el más frío fue menor a 5ºC (isotérmico).

Caída de hojarasca de guadua y bambú.

La dinámica de la caída de hojarasca de bambú y guadua se presenta en la figura 8, donde las cifras indican los valores medios del cociente P/ETP correspondientes a cada ínterin entre muestreos, a partir de febrero de 2006. El análisis de variancia para los datos globales evidenció diferencia significativa entre las especies (P<0,01), y la comparación de medias por la prueba de t indicó valores significativamente mayores para guadua (P<0,05) en abril y mayo, y significativamente mayores para bambú desde junio hasta febrero (P<0,01). Aunque en ambas especies la caída de hojarasca fue continua a lo largo del año, la figura 8 indica una separación temporal en los picos, porque en la guadua la mayor caída ocurrió a principios de año, cuando el cociente P/ETP tuvo valores consecutivos comparativamente bajos (0,47 y 0,42), mientras que en bambú la pérdida se concentró mayormente en el segundo semestre, cuando la temporada lluviosa se encontraba avanzada y los valores del cociente fluctuaron entre 0,77 y 2,14 con excepción de enero de 2007. Ello supone un efecto mecánico de la lluvia sobre el ramaje, que sería más importante sobre los tejidos vegetales de las macollas de bambú, las cuales según Piñuela (2006, comunicación personal), han recibido menos entresaca de vástagos envejecidos, en relación con la guadua. Sanches et al., (2003), señalaron el efecto mecánico de las lluvias como factor que coadyuva la caída de hojarasca en un bosque semideciduo estacional de San Pedro, en el estado de Sao Paulo, Brasil, donde la precipitación anual es 1145 mm.

Pero adicionalmente, la mayor caída de hojarasca de G. angustifolia en la época seca, pudo estar relacionada con su menor fracción de raíces finas en los primeros 80 cm del suelo en comparación con el bambú, como lo muestra la figura 9. En la guadua, la densidad de raíces finas decreció desde 15,82±3,11 kg.m-3 en los primeros 20 cm del perfil, hasta 0,82±0,26 kg.m-3 entre 60 y 80 cm de profundidad, mientras que en el bambú los valores correspondientes fueron 22,92±0,72 y 2,21±0,54 kg.m-3. Aunque estas cifras sólo fueron estadísticamente diferentes para P<0,10, sugieren un mejor acceso al agua durante la sequía para B. vulgaris. En Indonesia, Christanty et al. (1996), asociaron el rápido crecimiento y gran producción de hojarasca de Gigantochloa ater, con su alta fracción de raíces finas.

Por otra parte, si bien las características físicas de los primeros 30 cm del suelo, en las parcelas ocupadas por guadua y bambú son similares (textura franco-arenosa, pH de 6,1 a 6,8, estructura blocosa angular o subangular), en el primer caso predomina la textura arenosa en el resto del perfil, mientras que en la parcela de bambú hay horizontes francosos y areno-francosos entre 32 y 113 cm de profundidad, con mayores niveles de limo y arcilla (Pérez, 1986), que permitirían una mayor retención de agua. La presencia de una mesa de agua colgante por debajo de 140 cm en la parcela de guadua (Pérez, 1986), y la abundante caída de follaje de la especie durante la sequía, sugieren que sus raíces no penetran hasta esa profundidad.

El aporte total anual de hojarasca en bambú resultó ser significativamente superior (P<0,01) al de la guadua: 1767 g.m-2 (17,67 t.ha-1) vs 902 g.m-2 (9,02 t.ha-1), aún cuando la densidad poblacional de la segunda especie fue 60% mayor que la de la primera. La cifra correspondiente al bambú es comparable con los resultados de Shanmughavel y Muthukumar (2000), quienes encontraron valores de 15,4 a 20,3 t.ha-1 de hojarasca anual con Bambusa bambos, en plantaciones de 4 a 6 años de edad; B. bambos es un bambú cespitoso nativo de la India, que crece hasta 25 m de alto, con culmos hasta de 15 cm de diámetro y que tolera bien la sequía. La producción anual de hojarasca de los bambúes es muy variable dependiendo del genotipo y las condiciones de crecimiento; con Dendrocalamus strictus en sabanas tropicales secas de India, Tripathi y Singh (1995), estimaron 5,9 t.ha-1, mientras que con Sasa kurilensis, una especie de bambú enano dominante en el estrato bajo de bosques japoneses, Tripathi et al. (2006) reportaron sólo 3,8 t.ha-1. Por su parte, Christanty et al., (1996), encontraron una producción de 4,7 t.ha-1 de hojarasca de Gigantochloa ater en un sistema de rotación utilizado en Java, Indonesia, en el cual se alternan cultivos de hortalizas y yuca durante 2 años luego de la permanencia del bambú durante 4 años en la parcela.

La caída anual de hojarasca de bambú y guadua también fue comparable o superó los valores estimados por varios autores para diversas comunidades forestales, agroecosistemas y especies particulares. Por ejemplo: 8,72 t.ha-1 anuales en un bosque semideciduo de Brasil estudiado por Sanches et al. (2003); 4,36 y 4,98 t.ha-1 anuales para Sweetia nitens y Caraipa llanorum, las dos especies dominantes de un bosquete inundable del sur del estado Guárico (Marín y Hernández, 1998); 12,41 t.ha-1.año-1 en un manglar de Tobago (Rahanna, 2005), y 5,69 t.ha-1 en un cafetal a plena exposición solar en el estado Mérida (Quintero y Ataroff, 1998).

El patrón de distribución de la masa de la hojarasca entre los componentes (hojas, tallos y hojas caulinares), fue similar entre las especies (figuras 10 y 11). La mayor fracción de la hojarasca en ambos casos estuvo constituida por las hojas, que representaron en porcentaje promedio anual 54,6±20,3 (CV=37%) en bambú y 57,1±21,6 (CV=38%) en la guadua. La caída de hojas caulinares, se concentró mayormente entre junio y noviembre, es decir, en la época húmeda en el caso del bambú, y entre marzo y julio o sea entre sequía y mitad de la época lluviosa, en el caso de la guadua. La fracción de tallos aumentó su importancia relativa durante la temporada lluviosa alcanzando entre 60 y 70% de la masa total de la hojarasca en noviembre en ambas especies. En B. bambos, Shanmughavel y Muthukumar (2000) encontraron que las hojas representaban 58% y las pequeñas ramas 42% de la hojarasca.

Conclusiones

Con relación al clima, los registros meteorológicos de la estación El Naranjal correspondientes al lapso 1988-2005, indicaron valores promedios anuales de lluvia, evaporación y temperatura del aire, de 1362±252 mm, 2071±88 mm y 26,5±0,8ºC, respectivamente. En el intervalo se apreció un leve aumento de las precipitaciones y un significativo descenso de la evaporación. Éste último se asoció con disminuciones también significativas de la radiación de onda corta y de la temperatura mínima del aire, todo lo cual se tradujo en una mejora del balance hídrico en el intervalo, en términos del cociente P/E.

El aporte anual de hojarasca de bambú (17,67 t.ha-1) fue significativamente mayor que el de guadua (9,02 t.ha-1), a pesar de la mayor densidad de siembra de la segunda especie. En ambos casos la mayor fracción correspondió al follaje y la caída ocurrió de manera continua a lo largo del año, pero con los valores máximos mensuales durante la época seca en la guadua y en plena temporada lluviosa en el bambú. Si se considera que la caída de hojarasca es una estimación indirecta de la productividad primaria, los resultados obtenidos reflejan la existencia de condiciones ambientales favorables, para la expansión del cultivo de bambú y de guadua en la zona de estudio.

Agradecimientos

Los autores agradecen la ayuda de los Ing. Agr. Olga Rojas y Carlos Ruíz de la Fundación Empresas Polar, así como de los Técnicos Alirio Piñuela y Geovanny Chirino, y del Sr. Tony Salcedo, todos de la Fundación DANAC, durante la planificación y desarrollo del trabajo de campo. Así mismo al CDCH de la UCV por el financiamiento de la investigación, mediante el proyecto PI-01-00-5637-2004.

Literatura citada

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