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Letras

versión impresa ISSN 0459-1283

Letras v.49 n.75 Caracas  2007

 

Mujer, infancia y autobiografía en “Cuadernos de Infancia” de Norah Lange

Yildret  Rodríguez  Ávila

(UPEL – Rubio)

yildret@latinmail.com

Resumen

Este trabajo propone, como lo indica su título, una lectura del texto Cuadernos de Infancia (1932) de la escritora argentina Norah Lange en dos perspectivas fundamentales: una específicamente referida a los discursos de género, obviamente femenino, por supuesto; y la otra perspectiva, relacionada con la autobiografía como género literario con unas características particulares, adscrita a las especificidades de la autobiografía escrita por mujeres. Con respecto a esto último es interesante apuntar cómo Cuadernos de infancia constituye un texto de vanguardia para el período histórico en el cual se desarrolla, pues corresponde a un género poco cultivado para ese entonces en Latinoamérica.

Palabras clave: Cuadernos de infancia, autobiografía, discurso femenino, infancia.

Woman, childhood and autobiography in Norah Lange’s “Cuadernos de Infancia”

Abstract

This work proposes the reading of Cuadernos de Infancia (1932), of the Argentinean writer Norah Lange. The study is proposed from two fundamental perspectives. One of them refers to gender discourse, obviously feminine. The other view is related to the autobiography as a literay genre with particular characteristics and is submitted to the specific features of autobiography written by women. Regarding the latter, it is interesting to mention that Cuadernos de infancia is an avant-garde text with regards to the historical period when it was developed, since it corresponds to a little encouraged genre at that moment in Latin-America.

Key words: Cuadernos de infancia, autobiography, feminine discourse, childhood.

Femme, enfance et autobiographie dans “Cuadernos de Infancia” (Cahier d’Enfance) de Nora Lange

Résumé

Dans cette recherche, on propose, comme son titre l’indique, une lecture du texte « Cuadernos de Infancia » (Cahier d’enfance) (1932) de l’écrivaine argentine Nora Lange d’après deux perspectives fondamentales : l’une faisant notamment référence au discours du genre, bien évidemment, féminin, et l’autre, en rapport à l’autobiographie comme genre littéraire avec des caractéristiques particulières, assignée aux spécificités de l’autobiographie écrite par des femmes. Concernant ceci, il est intéressant de signaler comment « Cuadernos de Infancia » (Cahiers d’enfance) constitue un texte d’avant-garde si on tient compte de la période historique à laquelle il a été écrit, puisqu’il correspond à un genre peu cultivé en Amérique Latine en ce temps là.

Mots clés : « Cuadernos de Infancia » (Cahiers d’enfance), autobiographie, discours féminin, enfance.

Donna, infanzia ed autobiografia in “Cuadernos de Infancia”,  di Norah Lange

Riassunto

Quest’opera propone, come indica il titolo, una lettura del testo “Cuandernos de infancia” (1932) della scrittrice argentina Norah Lange,  tra due prospettive fondamentali: una specificamente  riferita ai discorsi sul genero, ovviamente, femminile. Un’altra collegata alla autobiografia come genere letterario, con caratteri particolari,  assegnati alle specificità  dell’autobiografia scritta da donne. Per quanto riguarda quest’ultimo discorso, è interessante sottolineare  come “Cuadernos de infancia” costituisce un testo d’avanguardia per il periodo storico nel quale si sviluppa, dato che questo è un genere poco frequente, a quell’epoca, in America Latina.

Parole chiavi: Autobiografia, discorso femminile, infanzia, “Cuadernos de Infanzia”.

Mulher, infância e autobiografia em Cuadernos deInfancia, de Norah Lange

Resumo

Este trabalho propõe, como indica o seu título, uma leitura do texto Cuadernos de Infancia (1932), da escritora argentina Norah Lange, em duas perspectivas fundamentais: uma especificamente referida aos discursos de género, obviamente feminino; e a outra relacionada com a autobiografia como género literário com umas características particulares, adscrita às especificidades da autobiografia escrita por mulheres. A este respeito, é interessante assinalar como Cuadernos de infancia constitui um texto de vanguarda para o período histórico no qual se desenvolve, pois corresponde a um género pouco cultivado nessa altura na América Latina.

Palavras-chave: Cuadernos de infancia, autobiografia, discurso feminino, infânc

Frau, kindheit und autobiographie in Cuadernos de infancia von Norah Lange

Zusammenfassung

Diese Arbeit schlägt die Lektüre des Textes Cuadenos de Infancia (1932) von der argentinischen Schriftstellerin Norah Lange vor, und zwar unter zwei grundlegenden Perspektiven: Die eine, spezifisch berufen auf den femininen Diskurs; die andere, verbunden mit der Autobiographie als literarische Gattung mit bestimmten Eigenschaften, und den Einzelheiten der von Frauen geschriebenen Autobiographie zugeeignet. Hinsichtlich letzteren Punktes ist es interessant darauf hinzuweisen, wie Cuadenos de Infancia ein avantgardistischer Text für den historischen Zeitraum in dem es erscheint darstellt, da er eine damals in Lateinamerika wenig gepflegten literatische Gattung entspricht.

Schlüsselwörter: Cuadernos de Infancia, Autobiographie, femininer Diskurs, Kindheit.

Recepción: 16-01-2006  Evaluación: 09-05-2006 Recepción de la versión definitiva: 21-11-2006

El mundo de la infancia parece signado por el halo siempre engañoso y mitificador de la memoria.  Se recuerdan con dulzura aquellos momentos en que fuimos felices, tan es así que los recuerdos en nuestra psique se vuelven neblinosos y muchas veces poéticos.  Los árboles no son los árboles tal como los conocemos: son gigantescos, de un verde inusitado, iluminados, llenos de vida.  La lluvia no es la simple agua cayendo de los cielos, es la imagen de los juegos, de las rondas felices alrededor de la cual se tejen las risas, el baile, la danza.  Los sabores y los olores se perpetúan, las palabras se graban, los ritmos se alcanzan, los sueños se constituyen en parte de un imaginario personal que marcará por siempre la vida del ser humano.  Los pasajes oscuros, las agresiones propias de la edad se solapan; se obvian las mentiras; los errores son disipados en pro de la fruición del sueño de otro mejor tiempo.  Y no es que esto sea a veces una trampa deliberada, sino que es la búsqueda de hacer de los primeros años una verdadera época de libertad y grandiosidad, lejana de las cargas que impone la adultez.  Así la experiencia real se mezcla con la imaginación y se crea un universo que será la base de lo humano y lo espiritual.

Es ese tránsito entre la memoria, la ficción y lo real la base material de la escritura autobiográfica y sobre este aspecto existe un largo debate entre los teóricos del género.  Por eso, Loureiro (1991), explica, citando a Gusdorf, que, contra la historia positivista, la autobiografía no constituye una recreación objetiva del pasado sino que consiste en una lectura de la experiencia.  Al fenómeno que articula escritura, realidad y ficción lo llaman los expertos “Pacto autobiográfico”, el cual, según Smith (1991) consiste en:

Un complejo conjunto de intenciones y expectativas que unen al autobiógrafo con el lector o lectora. (…). En la autobiografía, el lector o lectora, aunque reconocen (sic) que la poca fiabilidad es inevitable, suprimen dicho reconocimiento en un tenaz esfuerzo por esperar una «verdad» de algún tipo. La naturaleza de tal verdad debe entenderse como la lucha de una persona histórica y no de ficción, por comprender y reconciliarse con su propio pasado, lucha que da como resultado la verbalización de la confrontación entre el presente narrativo y el pasado narrado, entre las presiones psicológicas del discurso y las presiones narrativas de la historia. (p. 97)

El pacto autobiográfico se constituye en una especie de puente que relaciona estrechamente, más que en cualquier otro texto literario, al escritor y al lector.  Éste último, por supuesto, busca la “verdad” dicha por quien escribe, verdad que reside en el pasado de esa persona, en las experiencias; aunque muchas veces se tope con aspectos claramente ficcionalizados.  De hecho, en la gran mayoría de los casos, el pacto autobiográfico aparece explícitamente expuesto en el texto; en él, el autor le expone al lector que lo que allí leerá constituye parte de sus recuerdos, su historia, su vida, de manera fidedigna. 

Cuadernos de Infancia constituye un texto autobiográfico en tanto que la autora reconstruye su pasado, específicamente su infancia.  Esta escritora argentina nacida en 1906 en Buenos Aires, se puede decir que fue una pionera en el camino de las mujeres que se dedican a la literatura; no sólo fue poeta, novelista y colaboradora de diversas revistas literarias, sino que también participó activamente en el grupo Martín Fierro en el período de las vanguardias.  Entre sus diversas obras se pueden mencionar: “La calle de la tarde” (1923) —libro de poesía que fuera prologado por Jorge Luis Borges—, “Los días y las noches” (1926), “El rumbo de la rosa” (1930), “45 días y 30 marineros” (1933), “Cuadernos de infancia” (1932), “Discurso” (1942), “Antes que muera” (1944), “Personas en la sala” (1950) y “Los dos retratos” (1956).

Llama la atención que Cuadernos de infancia se haya escrito en la primera mitad del siglo XX, en un país latinoamericano y por una mujer porque, en primer lugar, aunque muchas mujeres, sobre todo monjas escribieron autobiografías y memorias casi desde la Edad Media, la profusión del género se daba en los claustros europeos, no en Latinoamérica.  Y, en segundo lugar, porque para esa época, la autobiografía no representaba un texto muy cultivado en este continente.  El hecho es que con esto, Lange demuestra ser una escritora de avanzada.

En todo caso, siempre queda la curiosa interrogante de cuál es el motivo que lleva a un escritor, o a cualquier otra persona, a escribir sus memorias.  Según Gusdorf (1991):

La preocupación, que nos parece tan natural, de volverse hacia el pasado, de reunir su vida para contarla, no es una exigencia universal. (…) El hombre (sic) que se complace así en dibujar su propia imagen se cree digno de un interés privilegiado. Cada uno de nosotros tiene una tendencia a considerarse como el centro de un espacio vital: yo supongo que mi existencia importa al mundo y que mi muerte dejará al mundo incompleto. Al contar mi vida, yo me manifiesto más allá de la muerte, a fin de que se conserve ese material precioso  que no debe desaparecer.  El autor de una autobiografía da a su imagen un tipo de relieve en relación con su entorno, una existencia independiente; se contempla en su ser y le place ser contemplado, se constituye en testigo de sí mismo; y toma a los demás como testigos de lo que su presencia tiene de irreemplazable. (p. 10)

Puede haber sido ésta la preocupación de Lange al escribir Cuadernos de Infancia, esa especie de regodeo en su propio ego, ese pensar que sus vivencias, su niñez, son importantes para los demás.

El texto se inicia con un viaje que ella hiciera, junto a su familia, a la edad de cinco años, al pueblo de Mendoza; allí se asentarían en una finca hasta casi la adolescencia de la autora cuando muere el padre y se ven en serios problemas económicos por lo que vuelve, junto a su madre y hermanas, a Buenos Aires.  Y culmina cuando la escritora cuenta con la edad de catorce años y, gracias a un incidente que vive con su hermana y un jardinero, se da cuenta de pronto que ya no es una niña sino que se ha vuelto una mujer.

Así, la autora construye un mundo infantil poetizado, visto desde la perspectiva de la persona adulta, en él se construye el yo poético de ella como escritora, es decir, cobra especial importancia su sensibilidad extrema, su actitud ante la vida, sus lecturas, su apariencia física distinta, su parecido con los varones, su gusto por la palabra, entre otras; en pocas palabras, el mundo de la niña se perfila como una persona predispuesta para lo que sería su posterior vida como poetisa.

Lo textual y lo femenino

Desde el punto de vista textual, Lange se apega a lo que Pacheco (2001) explica con respecto a la autobiografía escrita por mujeres: “la narración autobiográfica femenina presentará (…) una estructura discontinua, digresiva, fragmentada” (p. 98).  Es decir, a pesar de que los planos en Cuadernos de Infancia son lineales (inicia a los cinco años de edad y culmina en los catorce), no tiene una secuencia de anécdotas o acciones sino que los capitulillos parecieran historias con independencia propia que bien pueden leerse aisladamente.  Por ejemplo, en el primer capitulillo expone el viaje  hacia su nueva casa, la cena que hicieron en el restaurante del hotel; en el segundo, hace una exhortación de la madre cuando montaba a caballo; en el tercero, metaforiza las ventanas, a partir de ellas, establece una analogía con los seres que habían influido en su personalidad.  De esta manera, cada capítulo trata una temática distinta.

Esa fragmentariedad responde, más que a la necesidad de contar una historia, a la necesidad de expresar aspectos puntuales de dicha historia. Los hechos y las acciones vividas no son importantes en sí mismas sino la impronta de los mismos.  Es el camino contrario a la tradición histórica de contar una sucesión de hechos.

Quizá ésa sea la causa por la cual las autobiografías y las memorias son considerados como literatura de segunda.  Por esto, Smith (ob. cit) manifiesta que “la cultura patriarcal define como femenino: la ausencia, el silencio, la vulnerabilidad, la inmanencia, la interpenetración, lo no-logocéntrico, lo impredecible, lo infantil. (p. 94).  Y como Cuadernos de Infancia en su totalidad está constituido por un proyecto autobiográfico basado en las anécdotas familiares, contadas desde su inmanencia, sin relación entre unas y otras, pues se ubica en el margen de un género ya marginado por el canon literario.

Con respecto a la necesidad de contar la historia desde lo íntimo, Rivas (2004), explica que este recurso se inserta en la intrahistoria pues es:

Una visión de la historia desde los márgenes del poder y tiene como protagonistas a personajes cuya tensión entre espacios de experiencia o habitus y horizonte de espera resulta en una conciencia del subalterno de un pasado y de un futuro muy distantes a los de la historia oficial. (p. 88)

El debate que expone Rivas en su texto está relacionado directamente con los textos escritos por mujeres.  Los llamados discursos de género, tan criticados en los últimos tiempos, constituyen un debate interesante para los estudios del discurso.  Con respecto a la narrativa, mucho se ha escrito acerca de la diferenciación entre una novela o una obra escrita por una mujer y la escrita por un hombre, con sus respectivas excepciones por supuesto.  Se ha atribuido a los textos escritos por mujeres el carácter de marginales por asociarlos a relatos lejanos de la historia oficial.

La misma Rivas (ob. cit) explica que:

No puede decirse que haya géneros vedados a las mujeres en la actualidad, pero probablemente, el rescate de la historia de la mujer, sujeto histórico marginado de las historias oficiales, tenga sentido a través de la adopción de discursos que han estado más al alcance de ese espacio privado, donde se le ha circunscrito a lo largo de los siglos. (p. 112).

De allí, y probablemente como una forma de auto-valorización, los discursos de género se hacen cada día más evidentes.  Aquellos que una vez fueron objeto de una ignorancia total por parte de la crítica, hoy día han proliferado tanto en la producción literaria como en la crítica.  Por supuesto, la mujer también ha ganado espacios dentro de la crítica literaria y eso ha ayudado en mucho.

Lo que resulta interesante es que no sólo se ha contribuido en la aparición de nuevos relatos sino que esa manera de escribir sobre lo que los hombres no habían contado, permite un acercamiento histórico de las sociedades que sólo se definían desde lo externo: lo político, lo cronológico, las guerras ganadas, el poder.  Contrariamente, los imaginarios sociales descritos en las historias escritas por mujeres tratan de las formas de actuar, sentir, pensar y vivir la cotidianeidad.  Zavala (1996) refiere:

El discurso genérico se correlaciona con la identidad sexual (genital, podríamos decir), y se debe asociar con formas de identidades imaginarias y comportamientos culturales y morales. Los procesos simbólicos que permitían contrastar el constructo genérico (y social) eran decididamente compatibles con las normas institucionalizadas (p. 129)

Por tanto, la mayoría de los hombres empleaba (y emplea) discursos validados por la oficialidad.  Se impone así, la verdad del más fuerte, del vencedor, del que salía al campo de batalla, no del más débil, del que se quedaba sosteniendo el hogar, la economía doméstica, la formación de los hijos, la familia.

Por ese motivo, el mundo que se relata en Cuadernos de Infancia es un mundo matriarcal, no en el sentido de que es una sociedad dirigida y organizada por mujeres sino que a lo largo de todo el relato la presencia del hombre es muy escasa, sólo se aprecia el padre en algunas ocasiones y un jardinero.  Lange construye la genealogía familiar a partir de su microuniverso: el padre, un ganadero que se perfila como un ser lejano al cual las niñas le tenían cierto temor, no se relatan conversaciones entre ellos, es como si éste no hubiera influido en la construcción de su espiritualidad. “La madre” como ella misma la llama, resulta de especial importancia, es una mujer dedicada a las labores de la casa, la costura, una gran paridora según se aprecia, cariñosa con sus hijas aunque, y esto incluye al padre, el mundo de los niños en la historia es bastante alejado del de los adultos: comen en mesas separadas, no sostienen conversaciones, se les tiene un institutriz que es la que juega con ellos y los educa.  Claro, este último aspecto refleja muy bien el carácter aristocrático y muy propio de la época en el que se desenvuelven las acciones, ella misma revela que su educación estuvo muy alejada de la cultura argentina pues su institutriz fue inglesa, y la descripción o mención a hechos de la época que hubieran ocurrido en el país son escasos por no decir nulos.

Lo autobiográfico

Aun cuando los estudios teóricos del género autobiográfico son relativamente recientes, esto no quiere decir que el género en sí sea también de reciente data, todo lo contrario, su historia se inicia en la edad media y se extiende hasta nuestros días, en los cuales cobra un gran auge.  Sin embargo, la gran mayoría de los estudios y planteamientos teóricos se han hecho sobre la base de textos escritos en el contexto europeo o norteamericano, llegándose a pensar en la supremacía que tiene Inglaterra y España en el cultivo de la autobiografía, empero es interesante ver cómo en Latinoamérica también se ha estado cultivando este tipo de textos desde hace muchos años.  Prueba de ello es Cuadernos de Infancia y que además fuera publicado en los inicios del siglo XX, específicamente en 1932.  Si revisamos el libro a la luz de lo que los teóricos han expuesto encontraremos que éste entra perfectamente en el modelo de autobiografía escrita por mujeres y ya expondremos cuáles son esos aspectos.

Para el análisis recurriremos en primer lugar a la constatación de algunos de los llamados autobiografemas expuestos por Pacheco (2001) sobre la base de un estudio que hace de unos textos de Sylvia Molloy y Anna Caballé.  Estos autobiografemas no son otra cosa que ciertas constantes presentes en el género.  Para el caso de la autobiografía escrita por mujeres señala Pacheco como constantes.

a.  “El relato de infancia generalmente será expuesto por temas: la vida escolar, la familiar, el juego, la muerte, la naturaleza, el gusto por la lectura y los espectáculos”. (p. 91).  En la obra, es posible apreciar que cada uno de los capitulillos narrados encierra un eje temático particular y, a su vez, éste no tiene relación alguna con el siguiente.  Aunque carecen de un título que los defina inicialmente si se hiciera el trabajo lingüístico de reducir el texto a su macroestructura sería muy fácil darle un nombre.  Los temas en este caso giran, en su generalidad, en torno a la vida familiar, las anécdotas de toda familia, los juegos, las comidas, los conflictos, los nacimientos de las hermanas, la mirada a los extraños que visitaban la finca, entre otros.  Por ejemplo, en el capitulillo No 151 se narra la primera salida al cine a ver una película ya que, antes lo habían visitado pero sólo en funciones de circo:

Cuando regresamos, nuestro entusiasmo sobrepasaba todas las previsiones.  Lo comentábamos todo; las mesitas situadas al lado de los palcos, donde nos sirvieron té acompañado de grandes platos de papas fritas; el pequeño estremecimiento cuando se apagaron  las luces sin que pudiésemos distinguir dónde se hallaba Miss Whiteside; el instante maravilloso en que la pantalla se iluminó y vimos que una mujer avanzaba hacia nosotras, mirándonos todo el tiempo.” (p. 46)

Y así, en cada uno narra un fragmento distinto: los juegos como una especie de sillas voladoras que le construyera su padre al que ellas llamaban “runclaff”, los espacios que disfrutaba, el nacimiento de Esther su hermana menor que murió al poco tiempo, las experiencias de sus hermanas, acontecimientos propios de la vida rural y campesina que llevaron en Mendoza.

b.  “También el relato autobiográfico de infancia se caracteriza porque la voz del adulto domina y organiza el texto, aunque se refiera a la perspectiva del niño no le cede la palabra”. (p. 92).  Este aspecto se cumple de manera absoluta, aun cuando la narración se hace desde una primera persona, la participación, por ejemplo, en los diálogos es casi nula.  Hablan las hermanas, la madre, la niñera pero, escasamente la voz de la propia Lange es ínfimamente reducida a unas cuantas palabras, siempre se ubica desde la perspectiva del narrador que todo lo ve y explica.  Por ejemplo, cuando el padre muere el recurso que utiliza para expresar el dolor se percibe como un recuerdo reconstruido, quizá forzado, desde la adultez:

Quería llorar. A los diez años se llora por cualquier causa, pero quería llorar con dulzura, para que fuera un llanto separado, distinto de los otros. Quería llorar a propósito, acordarme de muchos rasgos tiernos, para que el llanto  me durase más que otras veces. (p. 118-119)

Como se aprecia en el fragmento anterior, la voz de adulto persiste.  Desde ella se comenta el recuerdo de lo vivido, pero no se regresa al pasado para decirlo en voz de la niña de diez años.

c.  “La memoria, que es temporal, cobra forma y lugar en el espacio, de ahí que las metáforas espaciales sean frecuentes como corporeización del recuerdo”. (p. 95).  En este caso cobran especial importancia las ventanas.  “Sus ventanas” como ella misma las llama y que aparecen descritas en el capitulillo tres (03), simbolizan el afecto de quienes tienen o tuvieron una especial trascendencia en su vida.  Está la ventana del padre que asocia con el estudio, un lugar severo y serio en el cual se tratan asuntos de envergadura.  La ventana de la madre que era el cuarto de costura, más acogedor, más femenino, más cercano y la ventana de la hermana mayor pero luego afirmaría que desapareció porque se le cayó la imagen ante una mentira que ésta le dijera.

d.  “En las autobiografías escritas por hombres el momento histórico es reflejado con cierto detenimiento; las mujeres, en cambio, privilegian lo cotidiano…” (p. 98).  Como ya se afirmó anteriormente, no hay muchos momentos donde se hable de la realidad histórica y social de la Argentina de la época.  Se menciona sólo como algo lejano la Guerra del 14, la autora misma afirma haber vivido una infancia lejana de la realidad que la rodeaba: “De la Argentina sabíamos muy poco” (p. 35) (…) “al instalarnos en Buenos Aires, vivimos tan apartadas de cuanto acontecía en el mundo que hasta llegamos a olvidarnos de su existencia” (p. 142).  De ahí que todo cuanto se narre, se haga desde el universo del hogar, de la familia y de la casa, de hecho las personas ajenas a la familia que menciona son vecinos, sirvientes o parientes lejanos.  Al respecto, Pacheco expresa que “las autobiografías de mujeres rara vez se convierten en espejo de su tiempo” (p. 70).  Este rasgo concuerda con lo expuesto anteriormente del estudio que hizo Rivas (ob. cit) sobre la novela intrahistórica.

Otro aspecto importante de reseñar presente en Cuadernos de Infancia es la autorrepresentación de la escritora.  Lange se muestra a sí misma como la prefiguración de la escritora que será luego.  Por ejemplo, en uno de los capitulillos describe su gusto especial por las letras y las palabras en su escritura misma, es decir, el dibujo:

Con una tijera recortaba palabras de los periódicos locales y extranjeros, y las iba apilando en montoncitos.  La mayor parte de las veces desconocía su significado, pero esto no me preocupaba en lo más mínimo.  Sólo me atraía su aspecto tipográfico, la parte tupida o rala de las letras. Las palabras en mayúsculas, como TWILIGHT, DISCOVERY, DAGUERROTIPO, LABERINTO, THERAPEUTHIC, me producían, por sí mismas, un entusiasmo y una satisfacción que, ahora, tendría que calificar de estética. (p. 35)

Esta atracción es una manera de imaginar el texto desde el punto de vista de su estructura, de su forma, del gusto por lo impreso en el papel, es decir, no basta con pensar en el contenido sino que también hay que pensar en el significante, imaginarse la letra diseñada sobre el blanco de la hoja.  De igual modo, crea una palabra para expresar el dolor ante una cortada que se hace en un dedo: “Itilínkili”.

Asimismo, se menciona como importante el momento del aprendizaje de la lectura y la mención a algunos textos o autores.  En este caso Lange no es muy amplia pero si menciona que recordaba el libro de Manet en el cual leyó por primera vez, compara a su hermana Irene con Oliver Twist, y habla de que cierto día leyó un libro que la hizo cambiar de actitud, asumió cierto carácter pensativo que la hacía parecer interesante pero, pronto se cansó de verse aislada de los juegos y volvió a ser la de antes.

También es importante el hecho, que además pareciera una constante entre las autobiografías escritas por artistas y literatas, de que uno de los aspectos más subrayados es la diferencia entre el físico de éstas y el resto de las niñas y/o mujeres.  Por ejemplo, en Cuadernos de infancia la autora es recurrente en decir su parecido con los varones.  Al parecer la gente se lo hizo notar desde muy niña: “No es bonita, ¡pero tiene tan lindo pelo! Parece un varón”. (p. 43).  El asunto llega al punto de que su madre en cierta ocasión le trae un traje masculino y hace que se lo pruebe, una vez puesto le dice que ahora si parece un varón, Lange (la niña) se enoja y se va corriendo.  Al respecto, vale citar a Rivas (ob. cit) cuando se pregunta:

¿Cómo excluir el cuerpo de las discusiones sobre la feminidad y la masculinidad? El cuerpo es la primera instancia de la determinación del género.  Desde el momento en que el partero anuncia: Es una niña o  Es un varón comienza a operar una serie de expectativas familiares y culturales que van condicionando al infante, el cual en un momento dado recibirá la sentencia: Tú eres niña porque tienes eso o Tú eres varón porque tienes eso. Esa conjunción de lo biológico y lo cultural que marca a los sexo nos hace pensar en la necesidad de replantearse el feminismo no en términos de igualdad con el hombre, sino en considerar el problema de la diferencia, que aunque situado en la dimensión de la cultura, plantea también la asunción de un cuerpo diferente que se percibe sustraído por los discursos ajenos, que la escritura de mujeres está redimensionando e inscribiendo culturalmente de otra manera. (p 127)

Lo físico marca la vida del ser humano en este caso, por eso cuando se le hace marcada la diferencia entre ella y el resto de las niñas al asemejarla a un varón, se expone la diferencia interna de Lange y de alguna manera prefigura su futuro destino de escritora, oficio no femenino para la época.  Ese parecido a los varones lo manifiesta ella como asunto no preocupante: “Esos comentarios no llegaban a afectarme en ese tiempo, y cuando alguien me acariciaba la cabeza manifestando que parecía un muchacho, yo creía, que ello implicaba un elogio” (p. 43).   Más adelante señala que porqué habían elegido “a la más fea” para vestirla de varón y cómo cuando se vio con el traje pensó: “Me parecía absurdo llorar vestida de hombre y lancé un grito. -¡No quiero ser varón! (p. 44)

La reiteración al cuerpo masculino o masculinizado revela la ya señalada idea de la diferencia.  Diferencia que se manifiesta desde lo cultural y que marca la pauta de los seres humanos en su constitución interna.  Como dijera Zavala (ob. cit) “la mujer o, mejor, el cuerpo, está lleno de significantes, y el discurso sobre el cuerpo altera sustancialmente la problemática del poder”. (p. 117). Ser parecida a los hombres implica ser distinta de las mujeres de la época, pero también implica deslastrarse del concepto de objeto, de posesión por parte del hombre, de atractivo físico por encima del atractivo y el valor intelectual, de virar el discurso feminista per se en función del valor de la obra literaria y de sí misma ante todo.

Pero, de todos estos aspectos que nos permiten ver cómo Lange se construye a sí misma el perfil de poeta y novelista, el que mayor fuerza cobra es la marcada y reiterada representación de la sensibilidad artística.  Por ejemplo en uno de los primeros capítulos describe, de una manera excepcional, el recuerdo que tenía de su madre cuando montaba a caballo con el padre.  En uno de los pasajes, por ejemplo, expresa: “Siempre relacionaba la tristeza con los caballos.  Me parecían tan decentes, tan resignados, tan silenciosos” (p. 97).  Entendido esto ya como una manera especial de mirar el mundo, de tener cierta postura estética, de conceptuar los sentimientos imprimiéndoles imágenes, es decir, es una manera de construir un mundo poético.  Igualmente, es especial en reseñar cómo se siente solidaria ante la pobreza extrema de cierto vecino a quien se le muriera la mujer de tuberculosis y cómo acudió a su casa sólo para solicitar  un alfiler para cerrarse el cuello de la camisa y de cómo en otra ocasión una mujer les pidió permiso para entrar y tomar bosta fresca de vaca para untarle a su hijo que padecía cierta enfermedad.

La construcción autobiográfica de la infancia que hace Lange cumple, cabalmente, con todos los aspectos señalados por la crítica como propios de la escritura de mujeres y logra con ello un relato que nos trae a la memoria tantos acontecimientos de nuestra niñez, que logra conectar el sentir femenino de los lectores a través de ciertas maneras de ver el mundo, de preguntarse la vida y que constituyen  los pasajes de todos los seres humanos por esa época feliz.

Referencias

1. Gusdorf, G. (1991). Condiciones y límites de la autobiografía. En: Suplemento Anthropos. La autobiografía y sus problemas teóricos. Estudios e investigación documental. España: Anthropos.        [ Links ]

2. Lange, N. (1932). Cuadernos de Infancia. Argentina: Editorial Sudamericana.        [ Links ]

3. Loureiro, A. (1991). Problemas teóricos de la autobiografía. En: Suplemento Anthropos. La autobiografía y sus problemas teóricos. Estudios e investigación documental. España: Anthropos.        [ Links ]

4. Pacheco, B. Mujer y autobiografía en la España contemporánea. San Cristóbal: publicaciones de la Maestría en Literatura Latinoamericana y del Caribe ULA.        [ Links ]

5. Rivas, L. (2004). La novela intrahistórica. Mérida: el otro el mismo.        [ Links ]

6. Smith, S. (1991). Hacia una poética de la autobiografía de mujeres. En: Suplemento Anthropos. La autobiografía y sus problemas teóricos. Estudios e investigación documental. España: Anthropos.        [ Links ]

7.  Zavala, I. (1996). Fin de siglo y modernidad: urdimbre metafórica del cuerpo. En: Zavala, I (Coord). Breve Historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). España: Anthropos.        [ Links ]

Notas

1. Esta numeración la empleo sólo para poder ubicar las citas y ejemplos pero no es parte del texto original.