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Revista del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel

versión impresa ISSN 0798-0477

INHRR v.39 n.2 Caracas dic. 2008

 

Juan Padrón Galíndez: Un ciudadano a carta cabal (12/06/1918-16/01/2005).

Juan Padrón Galíndez: A perfectgentleman (12/06/1918-16/01/2005).

Magaly Pedrique de Aulacio

DEDICATORIA

Presento este aporte como un regalo para Juan Padrón a los 90 años de su nacimiento y lo dedico a todas aquellas personas de quienes aprendí a quererlo y a respetarlo. Septiembre, 2008

RESUMEN

En este artículo se presenta una semblanza de Juan Padrón Galíndez, farmacéutico venezolano, fundador del actual Departamento de Microbiología del Instituto Nacional de Higiene y de la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela, resaltando diferentes rasgos de su personalidad y sus destacadas actuaciones en el campo profesional y musical.

Palabras clave: Padrón Galíndez, Juan-Biografía, Farmacéuticos-Venezuela.

ABSTRACT

This paper presents a brief biography of Juan Padrón Galíndez, Venezuelan pharmacist, founder of the current Department of Microbiology of the Instituto Nacional de Higiene and the Chair of Microbiology, Facultad de Farmacia of the Universidad Central de Venezuela, highlighting various features of his personality and his outstanding performances related with his profession and with the music.

Key words: Padrón Galindez, Juan-Biography, Pharmacist-Venezuela

Recibido: 03 de septiembre de 2008 / Aprobado: 25 de noviembre de 2008

A MANERA DE PRÓLOGO

Una mañana a mediados del año 2007 recibí una llamada de Gina Balbi, solicitándome en nombre del Lic. Luis Márquez de la Revista del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel, que escribiera una semblanza sobre el Dr. Juan Padrón. Sin pensarlo mucho asumí el reto y allí comenzó un largo camino que culminó felizmente en el mes de septiembre de 2008, con la entrega de la tarea encomendada. Durante este tiempo otros compromisos a lo mejor no más importantes pero sí más urgentes me distraían temporalmente de este objetivo, pero las oportunas llamadas de Gina o del Lic. Márquez me obligaban a retomar el hilo perdido, pues "lo prometido es deuda".

Nunca me imaginé que por ese sí dado a la ligera, el viejo Juan, como comencé a llamarlo, se convertiría en un compañero inseparable de mi cotidianidad. Lo llevaba siempre en la mente, hurgando mis recuerdos en busca de algún detalle que mereciera ser incluido en la semblanza, alerta para conseguir a alguien que me diera datos sobre él, visitando bibliotecas públicas y privadas, tocando puertas; en pocas palabras, buscando las huellas perdidas en el tiempo de este farmacéutico pionero, tan anónimo para las generaciones actuales.

Creo importante aclarar por qué se me pidió escribir una semblanza de Juan Padrón. La única razón es porque en el año 2003, a solicitud del Dr. Oswaldo Carmona, yo había escrito una pequeña reseña sobre el Dr. Padrón para el libro Cazadores de Microbios en Venezuela, y mi amiga Gina Balbi se acordó de eso y consideró que yo era la persona apropiada. En la ocasión de escribir la citada reseña, llamé por teléfono al Dr. Padrón, le pedí permiso para visitarlo, le solicité una copia de su curriculum vitae y me fui a su casa acompañada de Carmen Alicia La Roche de Beaujon, quien era amiga del Dr. Padrón, había sido su alumna en la Escuela de Farmacia de la UCV y además había trabajado bajo su jefatura tanto en la Escuela de Farmacia como en el Instituto Nacional de Higiene. Armada con mi grabador y mi cámara fotográfica le hice al Dr. Padrón una suerte de entrevista y de esa visita tomé lo necesario para cumplir con lo requerido.

Pero… en esta oportunidad la tarea no era tan sencilla, porque aunque no me habían hecho ninguna exigencia particular sobre la extensión y/o el contenido de la semblanza, yo no quería hacer una simple copia de lo ya publicado, y además el Dr. Padrón ya había fallecido.

Durante algunas semanas intenté en varias ocasiones planificar el escrito y la estrategia para recopilar los datos, pero siempre terminaba paralizada, reprochándome por haber accedido tan rápidamente a la solicitud sin calibrar la magnitud de la tarea encomendada. Luego de esta parálisis inicial, me tranquilicé recordándome que lo que escribiría sería una semblanza y no una biografía, lo que la hacía más informal, daba espacio a un es tilo libre, con un toque personal, con recuerdos y anécdotas propias y ajenas; en pocas palabras, que iba a ser un escrito de naturaleza afectiva. Logré bajar mi nivel de angustia y lo visualicé como un homenaje de mi parte al que podría considerar mi “abuelo” académico y profesional ya que como relataré posteriormente le correspondió al Dr. Padrón ser el fundador del actual Departamento de Microbiología del Instituto de Higiene y de la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela, los dos lugares en los que he trabajado los 35 años de mi vida profesional.

Me senté ante un gran pliego de papel esbozando, en lo que podríamos llamar un mapa mental, los aspectos que conocía de Juan Padrón y que merecían ser da dos a conocer. Empecé por poner en orden mis propios recuerdos: la primera vez que lo vi fue en el año 1973, cuando comencé a trabajar en el Departamento de Microbiología en el Instituto de Higiene. Era un señor vestido con un traje gris, una camisa blanca y una corbata negra, de lento caminar, y un rictus en su cara que me hizo pensar que tenía algún dolor. Desde mis 22 años, aquel señor me pareció un anciano, aunque para esos días estaba cumpliendo apenas 55 años. Él ya no era el Jefe del Departamento de Microbiología, pero oca sionalmente visitaba su antiguo lugar de trabajo.

Recordé también que a lo largo de los años había tenido infinidad de conversaciones con mis compañeros de trabajo en el Instituto y en la Universidad: Luis Clavell, Coromoto de Agostini, Guillermo Ramírez, Carmen Alicia La Roche de Beaujon, Gina Balbi, Virginia Padilla y Neptalí Ochoa, donde salían a relucir diferentes facetas del Dr. Padrón. Fueron ellos quienes sembraron en mí las semillas de afecto y respeto por él, las cuales iban creciendo en cada oportunidad que me tocó tratarlo más de cerca.

En varias ocasiones tuve el privilegio de visitarlo en su casa, y recordé que había encontrado detrás de esa figura seria y distante a un hombre hogareño, sencillo, con gran sentido del humor, con muchas historias que contar, un ser humano de lo más polifacético, algo así como un tesoro oculto que merecía el esfuerzo de intentar describirlo desde diversos ángulos.

Con este inventario inicial de aspectos a tratar en la semblanza, procedí a contactar a las personas que me pudieran ayudar a redactarla. Su esposa Isabel y su hija María Silvia amablemente me recibieron en su casa, me dieron una información inicial y me suministraron algunas fotografías, pero luego ellas se fueron temporalmente del país y no pude contactarlas de nuevo.

Posteriormente pude ponerme en contacto con sus hijos Raúl y Daniela, quienes gentilmente cooperaron aportándome información importante.

Empecé a entrevistar a personas que lo conocieron; con tanto tiempo de jubilado no fue fácil conseguir a muchas que lo recordaran, pero poco a poco fui entrevistando a algunas y hasta recibí testimonios escritos de algunas de ellas, los cuales incluiré más adelante.

Revisé también los expedientes del Dr. Padrón en la Facultad de Farmacia y en el Instituto Nacional de Higiene. La revisión de tales expedientes fue para mí una experiencia muy interesante, porque además de recopilar de allí las múltiples actividades que él desempeñó y que trataré de resumir posteriormente, pude percatarme de su apego a las leyes y de su integridad al defender hasta las últimas consecuencias sus principios.

En las entrevistas y testimonios descubrí facetas adi cionales de Juan Padrón que merecían ser reseñadas en este trabajo. Me fui dando cuenta de que las opiniones eran diversas, dependiendo del grado de relación que el entrevistado hubiese tenido con Juan Padrón, la descripción del ser humano era diferente, era algo así como la fábula aquella en la que un grupo de ciegos intentaban describir a un elefante mediante el tacto, el que lo agarró por el lomo dijo: “es como una pared”, el que palpó el colmillo dijo: “es como una lanza”, el que tocó la trompa retorcida dijo: “es como una serpiente”, el que tocó una de sus patas dijo: “es como un árbol”, el que tocó una oreja dijo “es como un abanico” y el que lo tocó por el rabo dijo “es como una soga”. Cada uno tenía parte de razón, pero la imposibilidad de ver el animal completo para dar una justa descripción.

Es mi pretensión que este aporte contribuya a dar a co nocer diferentes facetas de Juan Padrón, enfatizando los aspectos desconocidos u olvidados de su largo trajinar.

ANTECEDENTES FAMILIARES

Juan Padrón Galíndez nació en Valencia, estado Carabobo, el 12 de junio de 1918, fue el menor de los 11 hijos de Alejandro Padrón y Elvia Galíndez de Padrón.

ESTUDIOS

Estudió primaria en el Colegio Federal Páez y bachillerato en el Colegio Don Bosco, ambos en Valencia.

En 1938 se graduó de Bachiller en Filosofía en la Uni versidad Central de Venezuela, presentando una Tesis Literaria relacionada con el Opio y otras drogas narcóticas.

Durante sus estudios universitarios desempeñó las preparadurías de Botánica e Hidrología en la Escuela de Farmacia de la UCV. Se graduó de Doctor en Farmacia en la Universidad Central de Venezuela el 19 de diciembre de 1940. También de la UCV obtuvo el título de Experto Químico el 25 de junio de 1956.

Realizó estudios de Especialización en: Sao Paulo (Brasil)

• Curso de Bacteriología para Médicos (Facultad de Higiene)

• Curso de Microbiología Aplicada al control de medicamentos y alimentos (Instituto Adolfo Lutz)

• Sueros e inmunógenos para aplicación humana (Instituto Butantan)

• Sueros e inmunógenos para aplicación veterinaria (Instituto Biológico)

• Vacuna Antirrábica (Instituto Pasteur)

• Curso de Laboratorio Clínico (Escuela de Medicina)

Buenos Aires (Argentina):

• Curso en el Dpto. de Microbiología (Escuela de Medicina)

• Curso en el Dpto. de Microbiología (Escuela de Farmacia)

• Curso en el Dpto. de Bacteriología (Instituto Bacteriológico)

LA FAMILIA DE JUAN PADRÓN

En el año 1949 Juan Padrón contrajo matrimonio con Isabel Crema Rousset, a quien conoció cuando ambos eran estudiantes de la Escuela Superior de Música.

De esa unión nacieron 3 hijos: Raúl, María Silvia y Daniela.

Raúl Padrón Crema está casado con Benlah Griffe de Padrón, y tiene un hijo, Juan Raúl Padrón Griffe. De su matrimonio anterior tiene una hija, Loreana Isabel Pa drón Centeno. Raúl es egresado de la Universidad Central de Venezuela, con el título de Ingeniero Eléctrico. Obtuvo su doctorado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), Mención Summa Cum Laude y realizó un Postdoctorado en el MRC Laboratory of Molecular Biology, Cambridge, Inglaterra. Es un científico de renombre nacional e internacional que ha recibido honores que incluyen su designación como Académico de Investigación Internacional del Instituto Médico Howard Hughes (HHMI) de los EE.UU. desde 1997; su designación como miembro de la Academia de Ciencias de América Latina (ACAL) en el 2002, el Premio Lorenzo Mendoza Fleury de la Fundación Polar en 1991, 3 premios en Biología del CONICIT (1989, 1990 y 1996), el Premio Nacional al Mejor Trabajo Científico, Tecnológico y de Innovación, Mención Ciencias Naturales del Ministerio de Ciencia y Tecnología en el 2005 y la Orden Rafael Rangel, Mención Científica en su única clase en el 2008.

Le solicité a Raúl Padrón que me escribiera una corta nota de su visión personal acerca de su padre, y él ac cedió gustosamente a escribir lo siguiente:

Mi visión personal de mi padre,

Dr. Juan Padrón Galíndez

Por Raúl Padrón

Recuerdo a mi padre como un científico, una persona íntegra, trabajadora, disciplinada y muy interesada por aprender siempre más y más de todos los temas. Siempre estaba leyendo varios libros. Mis primeros recuerdos de mi padre están asociados al microscopio de luz que tenía en su laboratorio en la casa. Nunca olvidaré la emoción cuando vi por primera vez el movimiento de paramecios, bacterias etc. en el microscopio que él me regaló y que aún conservo. Mi padre ciertamente fue quien incentivó mi interés por la ciencia, especialmente la biología, la microscopía, la electrónica, la microbiología, la farmacología, las radiocomunicaciones y la meteorología, entre otras. Muchas veces de niño y adolescente me llevó a visitar su laboratorio en el Ins tituto Nacional de Higiene. Recuerdo que en una oportunidad acompañamos al Dr. Enrique Tejera a recolectar muestras de algas en la Laguna de Valencia. Mi padre me ayudó a instalar mi propio laboratorio en la casa. De ese sencillo laboratorio casero donde ha cía diversos experimentos de química, física, electricidad, electrónica, etc. pasé al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), cuando mi padre y mi padrino Dr. Siegbert Holz, me llevaron de visita en agosto de 1966. Deslumbrado al ver los laboratorios del IVIC y con sólo 16 años de edad y recién en 4to Año de bachillerato, ingresé al día siguiente como estudiante visitante, trabajando con el Dr. Karl Gaede en el Departamento de Bio química. Desde entonces sigo trabajando en el IVIC, institución donde he realizado mi carrera científica. La inspiración, guía y apoyo de mi padre fue muy importante para mi formación como científico.

María Silvia es Psicóloga, egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, está casada con Gerardo Mendoza, tiene una hija y una nieta y vive desde hace algunos años en los Estados Unidos. Ella recuerda a su padre como un hombre muy generoso y muy espiritual, gran amante de la música y refiere una infancia rodeada de gran cantidad de músicos amigos de su padre y sus familiares.

En una ocasión que conversamos hizo referencia a la gran amistad de sus padres con el maestro Antonio Lauro y sus familiares. Daniela es Licenciada en Educación Preescolar y también es egresada de la Escuela de Música José Ángel Lamas, está casada con Antonio Julio Rangel, tiene un hijo, Alejandro Rangel Padrón. Su padre co mentaba con gran orgullo el que ella hubiese elegido la música como profesión.

En conversaciones con Daniela, ella me refirió que después del fallecimiento de su padre tiene siempre presentes sus enseñanzas, las cuales le han sido de gran apoyo en el momento de tomar decisiones importantes en su vida. Dice Daniela: “mi padre me enseñó a trabajar para la excelencia, ese era su lema”.

Posteriormente recibí de Daniela, la nota que copio a continuación:

Hola Magaly: quisiera agradecerte la semblanza que estás escribiendo sobre mi papá, el Dr. Juan Padrón. Si me pidieran que lo describiera cómo fue en vida sería muy difícil hacerlo en pocas palabras. Era un personaje que despertaba las más diversas pasiones en la gente, por un lado era tan exigente en su trabajo que no aceptaba medias tintas, siempre se debía buscar la excelencia, la perfección. Cuando mi esposo trabajaba con él en el taller de la casa en la reparación de instrumentos, le decía de todo, lo regañaba, pero al fin terminaba aprendiendo, y muchísimo. Mi esposo Julio le agradece todo lo que le enseñó acerca de cómo usar las herramientas para reparar carros, aparatos e instrumentos.

A pesar de su carácter tan fuerte, siempre fue muy generoso y recuerdo que tenía muchos amigos y siempre se lla maban, se visitaban y mantenían en contacto, cosa que en la actualidad la gente no hace muy a menudo por lo difícil de la vida diaria. Recuerdo a Gina Balbi, Carmen Alicia Beaujon, Luis Clavell, Ramírez, mi padrino Víctor Márquez Vizcarrondo, los músicos José Antonio Abreu, Maurice Hasson, José Francisco del Castillo, Alirio Díaz, Antonio Lauro y muchísimos otros.

Fue tan generoso con muchos músicos que les regalaba instrumentos para ayudarlos, hacía que se los vendía a un precio ridículo, la gente pensaba: “Ay que tonto, me lo ven dió por dos lochas”, pero en el fondo él sabía que se los estaba dando.

Conmigo tuvo una relación donde yo sabía que me amaba muchísimo, pero le era difícil expresarlo abiertamente. En parte estudié cello para complacerlo y estuve 23 años en la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, hasta que mi único riñón me lo permitió.

Lo extraño cada vez más y me hubiera gustado tenerlo aho rita conmigo, para oír sus consejos en estos momentos tan difíciles que atraviesa este país. Sintió mucha angustia al final por como estaba el país, decía que la descomposición moral era terrible y que nadie trabajaba por hacer las cosas bien, sino por unos reales. Tuvo una gran amistad con el viejo Friedman y su colegio, siempre le estaba arreglando los instrumentos a los chicos.

No fue muy religioso, se paraba siempre al final en la iglesia, pero en la práctica ayudó muchísimo a los demás. Fue un magnífico compañero de viaje, cuando mi esposo manejaba, él siempre iba al lado de copiloto, narraba historias sobre los lugares de Venezuela por donde íbamos pasando y uno se distraía muchísimo.

En fin, son tantas las anécdotas que te podría describir, que podríamos pasar largas horas de tertulia, pero lo que sí te digo es que mi papá simplemente fue o trató de ser un hombre lo más correcto posible, que trabajó muchísimo toda su vida, que trató de hacer las cosas lo mejor posible y que siempre estimó mucho a la gente. Gracias por mantener viva su memoria. Daniela

Juan Padrón y el Instituto Nacional de Higiene

El Dr. Padrón trabajó para el Ministerio de Sanidad, en el Instituto Nacional de Higiene, desde 1940 hasta 1973, cuando se jubiló después de 33 años de servicio, durante los cuales ocupó los siguientes cargos:

• Preparador del Laboratorio de Bromatología y Servicios de Alimentos, Preparador de Química Analítica y Bromatología, Técnico Bacteriólogo, Segundo Químico Bromatólogo, Segundo Preparador de Química Analítica y Bromatología, Farmacéutico Bacteriólogo, Jefe de la Sección de Control Microbiológico de alimentos y productos farmacéuticos, Jefe del Departamento de Microbiología y Jefe de la División de Servicios Técnicos Auxiliares.

Entre las otras actividades desempeñadas están su participación en el Comité de Redacción de la Revista y miembro del Consejo Técnico del Instituto Nacional de Higiene.

También fue asesor de la Junta Revisora de Especialidades Farmacéuticas y Asesor en Productos Biológicos de la División de Farmacia.

En el artículo “Registro y Control de los Medicamentos en Venezuela. Una visión histórica”, por Raúl Cardona y Milagros Polanco Villegas, encontré dos referencias de aportes de Juan Padrón, las cuales transcribimos a continuación:

“El Petitorio de Farmacias y la Lista de Especialidades Farmacéuticas y Productos Biológicos que heredó el MSAS estaban plagados de sustancias mayoritariamente inútiles o dañinas. Además, recientemente (1937) había sucedido una tragedia con un medicamento comercializado en Estados Unidos de América (elíxir de sulfonamida), que mató a los 107 niños que fueron tratados con ese producto y, por otra parte, la doctora M. Lamb, de la Administración de Medicamentos de USA, un año antes había publicado el libro The Horror Chamber of the American Pharmaceutical Industry. Todas esas circunstancias hicieron que hombres como el doctor Rafael García Malo (médico y primer jefe de la División de Bromatología y Farmacia), doctor Vicente Peña (presidente de la Junta Revisora), doctor Néstor Oropeza (jefe de la División de Farmacia) y otros como los doctores José Luis Andrade, Noguera Gómez, González Rincones, Juan Padrón, Marcel Granier-Doyeux, Alfredo Planchart, José Antonio Lecuna y, posteriormente, otros como el doctor Siegbert Holz, se dieron a la urgente tarea de revisar desde 1947 hasta 1957 los 8.950 productos que se habían aprobado desde 1905 (5). En esa revisión se prohibieron o modificaron la casi totalidad de los medicamentos revisados, entre los prohibidos podemos recordar los depurativos, principio antitóxico del hígado, extractos de múltiples órganos (cerebro, bazo, médula ósea, testículo, ovario, corazón, etc.), veneno de abejas, suero de Bogomoletz, hemoglobina en polvo, aconitina, cianuro de mercurio y cientos de sustancias más”.

“...Sin embargo, debido a que la extensión permitida para un artículo en una revista general no nos autoriza a ser exhaustivos en las circunstancias acaecidas en 50 años de historia, resumiremos aquellos hechos que, a nuestro juicio, reflejan más apropiadamente la evolución del sistema analizado.

1940: Fundación del primer laboratorio de análisis microbiológico, aplicado al registro de medicamentos (Dr. Juan Padrón)”.

JUAN PADRÓN Y LA UNIVERSIDAD

En su carrera docente se desempeñó como Jefe de Trabajos Prácticos en la Cátedra de Química Farmacéutica Inorgánica (1941), Profesor de la Cátedra de Aná lisis Químico Cualitativo (1945), Jefe de Trabajos Prácticos en la Cátedra de Química Biológica (1945). Fue el primer profesor de la Cátedra de Bacteriología y Serología de la Facultad de Farmacia de la UCV, denominada posteriormente Cátedra de Microbiología, de la que fue profesor hasta su jubilación, en el año 1967.

También fue profesor de Microbiología en la Facultad de Farmacia de la Universidad Católica Andrés Bello.

Cuando a fines de los años 50 se construye el edificio de la Facultad de Farmacia, el Dr. Padrón se encargó del diseño del espacio físico que ocupan los Labo ratorios de Microbiología de la Facultad de Farmacia. La funcionalidad actual de tales espacios habla de la visión de futuro de este profesional.

De la lectura de su expediente en la Facultad de Farmacia pude percibir a Juan Padrón como un hombre de carácter recio y de fuertes convicciones, que defendía con pasión sus puntos de vista sin importarle la posición de poder que ocupara su adversario. En algunas ocasiones llegué a imaginarlo como un David luchando solo contra el Goliat de los grupos de poder del ambiente universitario.

En el año 1969, durante la Renovación Académica el Dr. Padrón pertenecía a la Comisión de Reglamentos de la Facultad de Farmacia, y presenta su renuncia a la citada comisión aludiendo a escritos aparecidos en La Sapara Panda y en El Nacional sobre el nuevo derecho universitario que ha nacido como fruto de la mal comprendida renovación universitaria. Concluye su renuncia con el párrafo que transcribo a continuación: “De lo antes expuesto se deduce lo improcedente de la misión encomendada a la Comisión de Reglamentos de la Facultad de Farmacia a su digno cargo, ya que los principios legales, tradición universitaria y experiencia en la materia, resultan anacrónicos y posiblemente inconvenientes a los propósitos que animan a los actuales dirigentes universitarios.

Es por ello que me considero incompetente para seguir participando en la nombrada comisión, situación que deseo interprete como consecuencia del estado de cosas que vive nuestra Universidad”.

En las conversaciones con algunos de los que fueron sus alumnos encontré que era recordado como un profesor rígido, estricto, distante, que no “aflojaba ni una sonrisa”, que podía expulsar de la clase a un alumno por un mínimo gesto de indisciplina, muy apegado a los reglamentos, que exigía a sus alumnos que asistieran con saco a sus clases, pero a la vez encontré rasgos que hablan de su interés para motivar a sus alumnos. Cada año escolar el Dr. Padrón regalaba un libro al alumno que hubiese logrado el mayor promedio en la asignatura que enseñaba, la Microbiología, y a manera de estímulo para los nuevos cursantes hacía entrega del libro en la primera clase del curso siguiente.

A continuación están los testimonios de algunos de sus colaboradores cercanos en el Instituto Nacional de Higiene y/o en la Universidad Central de Venezuela.

Coromoto de Agostini, Virginia Padilla y Neptalí Ochoa concuerdan en resaltar que el Dr. Padrón era un jefe muy estricto pero dotado de una gran calidad humana, refirieron también que era muy caritativo y recordaron que al Instituto lo visitaban unas monjitas de un asilo a recoger un donativo que él periódicamente aportaba.

Manola García Maldonado me refirió que lo recordaba con mucho cariño y definió a Juan Padrón como “todo un caballero”.

Recuerdos de Juan Padrón Galíndez

Por Solón Nicolás Suárez

Me parece como si fuera ayer cuando 65 años atrás llegué a conocer a quien habría de enseñarme Microbiología, en una de las dos únicas aulas de clases teóricas que conformaban el flaco hogar de la Facultad de Farmacia de la UCV, en la vetusta casona sede antigua del Convento de San Francisco, digno hogar del hoy Palacio de las Academias.

Con el debido respeto y elemental urbanidad propios de un alumno universitario principiante, dirigí desde entonces el saludo al profesor con el tradicional título de Doctor, término jerárquico éste que apenas pocos años después se trocó en el simple nombre con que nos agra ciaron en la pila bautismal y derivó en mutuo tuteo entre amigos.

Con el andar del tiempo recorrimos juntos toda una vida dedicada a la docencia de la Farmacia en nuestra ilustre Alma Mater y de servicio a la salud pública en nuestro no menos prestigioso Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel.

Dada la humilde, reservada e introvertida personalidad característica de este educador, sólo logré conocer cuál era su formación profesional y profesoral por la senda de labios ajenos.

Supe así que desde los albores mismos de esa década de los 40 formaba parte del distinguido grupo de farmacéuticos del escaso profesorado de entonces, que luchaba con denuedo ante el Congreso para que se reformara la Ley de Educación Nacional y se restaurara la categoría universitaria de la Farmacia Venezolana perdida hacía ya 37 años.

Dio buen fruto aquel esfuerzo y en 1941 se logró restituir el justo y anhelado rango académico solicitado de promover la Escuela a nivel de Facultad.

Tuve conocimiento también que a la par de otros connotados farmacéuticos docentes y sanitaristas, se graduó de Experto Químico en el primer curso de esa especialización que instituyó entonces la UCV, pero prefirió dedicarse a la Microbiología y a la Bacteriología, cuya cátedra fundó y regentó con acierto inigualable. Adquirió profundas experiencias en estas ramas, realizando cursos en prestigiosas universidades del exterior: el Instituto Adolfo Lutz, el Instituto Butantan y el Instituto Biológico en Brasil, de donde regresó dominando todo lo relativo a los sueros e inmunógenos para la aplicación humana y veterinaria, los cuales divulgó y enseñó con vigor a subalternos de la cátedra y en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social.

De la Facultad de Medicina y del Instituto Pasteur de Fran cia trajo asimismo las novedosas técnicas de elaboración de vacuna antirrábica de uso humano y animal; y en fin, en las Facultades de Medicina, y de Farmacia y en el Instituto Bacteriológico de Argentina, se perfeccionó en Microbiología y Bacteriología, ciencias que inculcó hasta la saciedad.

Aquel retoño de la recién recuperada Facultad de Farmacia de la UCV era solamente un esqueleto compuesto de un exiguo pensum, 2 macilentas aulas para clases teóricas, sin libros que consultar ni rincón para leer; un enjuto salón para las prácticas escasas de todas las cátedras; un escuálido profesorado a destajo con minúsculas remuneraciones; carencia de un hogar, que condujo a recorrer durante largo tiempo caminos tortuosos por los puntos cardinales de la metrópoli, hasta anclar finalmente en el predio de la Ciudad Universitaria que comenzaba a erigirse.

Era pues apenas un ente que debía moldearse; sólo una criatura dibujada en párrafos estampados en un código. Su esencia verdadera debía formarla y obtenerla el conglomerado profesoral con esfuerzo a brazos partidos, entre ellos los de Juan Padrón. Y así se logró el propósito mediante su contribución al sólido equipo, con su talento para la enseñanza, su fibra de educador, con indeclinable voluntad para servir, con ética y moral de hombre de buena voluntad y ciudadano ejemplar.

Fundador de la Cátedra de Microbiología, constituyó pilar fundamental en la formación de seguidores y la estructuración de una verdadera escuela para feliz crecimiento de nuestra docencia, investigación y cuido de la salud pública, tanto en la Facultad de Farmacia como en el Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel.

Por motivo de los escasísimos recursos económicos de que se disponía y vista la carencia de la Facultad para proporcionar demostraciones prácticas, citaba Padrón al estudiantado a su Laboratorio de Microbiología ubicado en los pasillos subterráneos del viejo edificio del Instituto Nacional de Higiene en la esquina de Palo Grande, en la parroquia San Juan, dependencia otrora de un cuartel militar durante la dictadura gomecista, a fin de instruirnos en la preparación de caldos de cultivo, manejar un microscopio, sembrar en placa de Petri. Y esto lo hacía con su ros tro peculiar de austera seriedad para hacernos entender, sin decirlo, que la oportunidad resultaba única y era obligatoria la máxima atención. Asimilamos de esa manera la importancia de determinar el estado de conservación microbiológica de alimentos y medicamentos que lo ameriten, para evitar las consecuencias patológicas de su alteración; como de igual modo la imperiosa necesidad de controlar la potencia de los antibióticos.

Este es un resumen relámpago de la obra que realizó el profesor que conocí primero como discípulo y después como compañero de labores por largos años.

Vaya por ello para el Dr. Padrón, mi amigo Juan, donde quiera que se encuentre, mi admiración, mis voces de reconocimiento y loa, a la vez que las gracias por sus estimables enseñanzas. Nunca proferí de viva voz este agradecimiento a sus oídos, ni en su presencia; pero sí se las entregué en sus manos con sincero apretón de colega y amigo. Estoy seguro que así lo comprendió.

Guillermo Ramírez Castillo dice:

Hablar sobre el Dr. Juan Padrón Galíndez no es difícil. Conocí a este excelente profesional en su función de educador en la oportunidad de llegar al tercer año de mi carrera. Se desempeñaba como jefe de la Cátedra de Microbiología Farmacéutica. Educador austero, exigente y rígido. En esa oportunidad le conocí otra de sus facetas, su condición de hombre culto, particularmente por sus conocimientos musicales, que le permitieron de cierta manera actuar como un asesor de la Dirección de Cultura de la UCV. Luego en mi situación de becario, en el Departamento de Microbiología del Instituto Nacional de Higiene, comencé a conocer su condición de gremialista. Como tal co laboraba en la Unión Farmacéutica (precursora del actual Colegio de Farmacéuticos).

Luego, muy próximo a él, como docente, comencé a conocerle, en las asambleas de Profesores, su faceta de litigante. Fácil de palabras y de ideas, lograba convencer a la audiencia. Este otro ángulo de su personalidad lo ob ser vé también en su desempeño como jefe del Depar tamento de Microbiología del Instituto Nacional de Higiene.

Esta persona hubiese conjugado muy bien la profesión de farmacia con la de abogado litigante. Mencionar su condición de ciudadano ejemplar es hacerle justicia, como tal fue cabeza de una honorable familia venezolana.

Cualidades positivas aunadas con su severidad y rigidez, así calificado por otros, permiten considerarlo como una excelente y equilibrada personalidad, además de señalarlo como una extraordinaria figura dentro de la profesión de farmacia.

Esther Tabernero dice:

Tuve la suerte de trabajar bajo la dirección de una persona de la calidad del Dr. Juan Padrón, persona que sin dejar de ejercer autoridad como jefe, lo hacía con compañerismo, respeto y empatía hacia la persona, encontrando en él un apoyo tanto moral como profesional.

También recuerdo su reconocimiento a la labor que hacíamos, lo cual era una motivación para irnos superando.

Luis Clavell dice:

Hace aproximadamente 50 años, como estudiante de la profesión de Farmacia, cursé la asignatura Microbiología en la Facultad de Farmacia y Química de la Universidad Cen tral de Venezuela, la cual tenía como sede la planta baja de la escuela de Geología de la Facultad de Ingeniería, en la recién inaugurada Ciudad Universitaria. El profesor jefe de dicha cátedra era el doctor Juan Padrón Galíndez. No puedo decir que en esa oportunidad y en mi condición de estudiante, “conocí” al Dr. Padrón, debido a que su personalidad introvertida y reservada limitaba nuestra relación con él en las preguntas que nos hacía para determinar nuestra comprensión del tema tratado, o a las hechas por nosotros para dilucidar alguna duda que tuviéramos.

Mi conocimiento y aprecio por el Dr. Padrón se inició cuando un año después de graduado comencé a trabajar en la entonces denominada Sección de Microbio logía del Instituto Nacional de Higiene y como profesor Ins tructor a tiempo convencional en la cátedra de Micro biología de la en ese momento Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela. El Dr. Padrón era el jefe tanto de la Sección de Microbiología del Instituto de Higiene como de la Cátedra de Micro biología de la Facultad de Farmacia, de las cuales había sido su fundador.

Encontré en él al profesional siempre dispuesto a escuchar mis planteamientos sobre el funcionamiento y los procedimientos, tanto de la Sección como de la Cátedra de Microbiología, analizándolos conmigo y explicándome, basado en su mayor experiencia, los problemas que su aplicación podrían implicar, y cuando de ese análisis se podían prever los posibles beneficios de su utilización, su aprobación no sólo se limitaba a simples expresiones verbales, sino que trabajaba oportunamente para que se hicieran realidad.

Durante los diez años en los cuales trabajé con el Dr. Padrón tuve oportunidad de apreciar su capacidad de análisis lógico y aplicación, tanto de leyes y reglamentos como de procedimientos e instrumental de laboratorio. Tuve también la oportunidad de visitar el taller que tenía en su casa de habitación, en el cual evidenciaba gran co no cimiento de los instrumentos musicales y habilidad manual para la construcción y reparación de los mismos. En el momento de mi visita estaba construyendo un clavicordio, lo que me permitió observar lo minucioso que era en la selección de las maderas y otros materiales necesarios para su fabricación, así como su maestría en el proceso.

Después de su jubilación continué manteniendo una buena relación con él, y cuando fue necesario requerir su participación para alguna actividad académica, siempre estuvo dispuesto a prestarnos su colaboración.

Rasgos de la personalidad de Juan Padrón Galíndez

Gina Balbi Burguillos

En junio de 1962, cuando el Dr. Padrón era jefe del Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la UCV, la Comisión de Música organizó dos recitales de obras originales para piano a 4 manos y a 2 pianos, a cargo de estudiantes universitarios y de música. Los intérpretes fueron los siguientes alumnos avanzados de la cátedra de piano de la eminente profesora Gerty Haas, fallecida en mayo de 2006: Valentina Tejera Rolando, sobrina del sabio Tejera, Arnaldo García Guinand y Gina Balbi Burguillos, estudiante del tercer año de Farmacia de la UCV, quien estaba lejos de adivinar que esta circunstancia iba a ser determinante en su vida como profesional farmacéutico, por cuanto dos años más tarde, al terminar sus estudios, por un en cuentro casual en el Instituto de Higiene, el Dr. Padrón le ofreció un cargo de Auxiliar de Laboratorio que había quedado vacante, en la Sección de Microbiología de Alimentos y Medicamentos, cuya Jefatura detentaba. El argumento que esgrimió para que ella aceptara fue muy convincente, por cuanto al ser un cargo de medio tiempo tendría la tarde libre para estudiar piano que a su criterio “buena falta le hacía”.

Así comenzó una fructífera relación de trabajo, con un jefe de apariencia adusta, que infundía profundo respeto y tan estricto en los aspectos técnicos y disciplinarios de la Microbiología, que exigía a sus empleados que vinieran “comidos y desaguados”, para evitar entre otros, las tertulias en los baños. Sin embargo, a través del tiempo fue quedando al descubierto una persona de gran sabiduría, implacable como enemigo, pero incondicional como amigo, quien resolvía los problemas administrativos con la maestría de un buen negociador.

En contraste con esa severidad, el Dr. Padrón ocasionalmente se comportaba como un redomado bromista. Ponía sobrenombres basados en la característica más resaltante de la persona. A veces exageraba y salía con las tablas en la cabeza o se veía en aprietos para hacer las paces con la agraviada. Una anécdota simpática del año 1967, época en que estaba de moda la minifalda, fue que solía invitar a amigos y colegas para que vinieran a la Sección a admirar a “pura pierna”, quién tenía el atrevimiento de usar la falda 5 centímetros por encima de la rodilla. En otra oportunidad, en el año 1971, asumió la identidad de una de sus colaboradoras, aún soltera y contestó un anuncio que había publicado en un diario de circulación nacional un caballero residenciado en USA, quien quería conocer a una dama venezolana, con fines matrimoniales. Describía el cuerpo de la joven como “esbelto, moderado en la parte superior, algo exhuberante en la inferior”. Por suerte para el Dr. Padrón, la respuesta nunca llegó a su destino fi nal, por un error involuntario o quizás voluntario, al escribir la dirección del infortunado pretendiente y el episodio terminó con una feliz celebración de las ocurrencias del Jefe.

Mi relación con el Dr. Padrón

Orlando Vizcarrondo Monagas

Siempre es difícil hablar de la relación humana que se generó a través de muchos años entre el Dr. Padrón y mi persona. Puedo expresar que lo conocí unos cuantos años después de haberse jubilado como profesor de la Facultad de Farmacia y de la Universidad Central de Venezuela, pero en este tiempo compartí muchas de sus vivencias y sinsabores universitarios. Como antesala a esa vinculación, recibí mucha información de profesores y empleados que hicieron vida laboral en forma conjunta con él. De acuerdo con datos aportados y apre ciaciones de los personajes de la época podemos decir que era difícil de tratar, con un carácter complicado pero con un don especial que fue el de tenderle la mano a todas aquellas personas que necesitaran de su experticia microbiológica.

Después de haberlo conocido por unos cuantos años, medi cuenta de que era un individuo al que le importaba que los actos de la vida, en donde participaban las personas se hicieran con honestidad, seriedad y responsabilidad. Mis más gratos recuerdos del Dr. Padrón, su evocación trae a mi memoria sentimientos positivos. Asimismo, puedo mencionar que el Dr. Padrón, al entrar a la institución al primer sitio que se dirigía era al De canato con el fin de hablar conmigo temas personales, farmacéuticos y universitarios. Puedo indicar también que aprendí mucho de él sobre historia de la Univer sidad, de la Facultad y del gremio, tuvimos grandes conversaciones sobre estos aspectos.

Como algo anecdótico puedo indicar que lo primero que siempre me preguntaba al llegar al Decanato era en qué condiciones estaba el piano que se encontraba en el Auditorium “Dr. Rafael Ángel Martínez”. Después de suministrarle la información, en algunas de estas visitas se trasladaba al sitio y comprobaba la afinación del piano. Recordemos que este instrumento se compró hace años con la asesoría de él.

Debemos expresar igualmente que el Dr. Padrón fue uno de los pioneros de la microbiología en Venezuela y todos los trabajos que desempeñó en esta área los hizo con profesionalismo, alta calidad y mucha dedicación. Fue maestro de maestros, pero además creó una escuela de microbiología donde él fue ductor principal, en la cual sus conocimientos fueron irradiados a todos los docentes que hicieron vida en esta área profesional en nuestra Facultad. Puedo decir que en el ocaso de su vida me consideró su amigo y durante este tiempo fue invitado permanente a conversar conmigo en el Decanato, nunca me sentí mal con sus apreciaciones y observaciones, pues logré entenderlas. Siempre las acepté con mucho respeto y consideración. Puedo igualmente referir que le tomé mucho cariño a su esposa e hija, que siempre lo acompañaron cuando llegaba a la Facultad. Estoy seguro que el Dr. Padrón está a la diestra del Señor. Tengo la seguridad de que no le hizo daño a nadie y le tendió la mano al que necesitaba de sus servicios profesionales. Honrar honra. Mi consideración y amistad eterna para él.

JUAN PADRÓN EL MICROBIÓLOGO

Además de lo referido en párrafos anteriores es importante destacar que el Dr. Padrón figura entre los profesionales que el 14 de abril de 1953, en el Instituto Nacional de Higiene, fundaron la Sociedad Venezolana de Microbiología.

También dirigió 15 tesis de Doctor en Farmacia, todas relacionadas con el campo de la Microbiología Aplicada.

JUAN PADRÓN EL GREMIALISTA

El Dr. Padrón se destacó como un activo luchador gremial, tanto en el gremio docente como en el gremio farmacéutico. Fue fundador de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (APUCV) y fue secretario de la Unión Farmacéutica Venezolana, en la cual formó parte de varias de sus directivas.

En 1950, la Revista Científica de la Industria Farmacéutica Venezolana (Vol. 7, # 32-34, mayo-julio 1950), le dedica su portada y en sus páginas interiores además de hacer un resumen de su hoja de vida resalta su actuación gremial señalando lo siguiente: “El Dr. Padrón ha sido en su corta vida profesional uno de los más activos y denodados luchadores en bien del mejoramiento de la clase farmacéutica. Ha desempeñado el cargo de Secretario de la Unión Farmacéutica Venezolana y formando parte de varias directivas de esta recordada insti tución. Su nombre ha estado incluido en diversas comisiones de importancia, y a él le toco el honor de formar parte, como Presidente de la misma, de la comisión que elaboró el Proyecto de Ley del Colegio Farmacéutico”.

En el discurso pronunciado por el Dr. Carlos Felipe Picón con motivo de la celebración de los XXV años del Co legio de Farmacéuticos del Distrito Federal y Estado Miranda (1974), incluye a Juan Padrón entre “los que se reunían para planificar y dirigir nuestros programas de luchas, por una mejor posición científica y profesional, gremial y familiar que nos reclamaba a gritos la profesión”

Así mismo el Dr. Néstor Oropeza en su libro Historia de la Farmacia Venezolana hace referencia a la participación de Juan Padrón en diversas luchas gremiales. Para citar sólo algunas, en la página 205 refiere la participación del Dr. Padrón, en representación del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, en la polémica con el gremio de los médicos veterinarios en un intento de sacar los productos farmacéuticos veterinarios del ámbito del ejercicio profesional farmacéutico. En la página 227 de la misma publicación refiere a una comunicación enviada en el año 1943 a ambas cámaras del Congreso Nacional, por el cuerpo de profesores de la Facultad de Farmacia, oponiéndose a una reforma de ley que proponía eliminar la semi-autonomía de que gozaban las universidades, entre los firmantes de la comunicación apa rece citado Juan Padrón. En las páginas 182 a 184 relata con detalle las luchas de los farmacéuticos para lograr una ley de colegiación, que llegó a ser aprobada por ambas cámaras del Congreso y fue posteriormente negada debido a que el Presidente de la República, Rómulo Gallegos, hace uso de su derecho al veto. De la lectura de esas páginas resalta la participación del Dr. Juan Padrón, junto con otros distinguidos colegas, en tales actividades gremiales.

JUAN PADRÓN Y LA MÚSICA

En una de la visitas que hice a la casa del Dr. Padrón, en el año 1990, su pasión musical fue el tema de conversación, en esa oportunidad él mismo me contó que había estudiado música en la Escuela Superior de Música y que tocaba guitarra y violín. En esa misma visita me enteré que tenía en su casa un taller donde construía y reparaba instrumentos musicales, y gentilmente me mostró algunos de los fabricados por él, entre los que puedo recordar en la sala de su residencia un clavicordio, un clavecín y un virginal, que es un instrumento parecido a un piano que, según me explicó, debe su nombre a que “era tocado por las vírgenes necias”.

El Dr. Padrón trabajó en la Dirección de Cultura de la UCV desde 1958 hasta 1965, llegando a ser el Jefe del Departamento de Música, en cuya posición jugó un papel descollante en la creación de la Orquesta de Cámara de la UCV, del Orfeón Universitario y de la Estudiantina Universitaria y fue el promotor de eventos culturales de relevancia nacional e internacional. En su expediente hay constancia de un permiso solicitado en 1962 para un viaje a Europa en gestiones de la Dirección de Cultura de la UCV.

Daniela Padrón me refirió que fue el Dr. Padrón quien le entregó la batuta al Maestro José Antonio Abreu como Director de la Orquesta de Cámara de la UCV, y que esta orquesta de estudiantes universitarios pudo ser la semilla que años después desencadenó el Movimiento de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

De la revisión del catálogo de eventos realizados en el Aula Magna, pude constatar su fructífera gestión, donde vale la pena destacar, entre muchos otros, los siguientes eventos:

Serie de conciertos de Pablo Casals (mayo 1959). Es interesante comentar que el Dr. Padrón tenía una foto del maestro Casals con una hermosa dedicatoria y que en el Festival Casals, realizado en Puerto Rico en 1959, recibió el pergamino de reconocimiento de parte del maestro Casals.

Concierto de la Orquesta Sinfónica de Washington (Julio 1959); concierto de la Orquesta de Praga, solista Julian Karolyi (Pianista) (Agosto 1959); concierto de la Orquesta de Cámara de Munich (noviembre 1960); concierto de la Orquesta de Cámara de la UCV, bajo la dirección de José Antonio Abreu (noviembre 1960); concierto de guitarra de Alirio Díaz y Rodrigo Riera (abril 1961); concierto de los Niños Cantores de Viena (noviembre 1961); recital de la Mezzosoprano Morella Muñoz (marzo 1962); recital de la mezzosoprano Aída Navarro (abril 1962); recital de la mezzosoprano Lucía Guitliz (abril 1962); concurso Internacional de Guitarra (agosto 1962).

Recuerdan los estudiantes de la época que cuando habían conciertos en el Aula Magna de la UCV, el Dr. Padrón, en su condición de jefe del Departamento de Música de la Dirección de Cultura, se paraba en la puerta y cuando ya todas las personas que habían adquirido boletos habían entrado y el concierto iba a empezar, le permitía a los estudiantes ocupar los puestos vacíos sin tener que pagar.

También en la Facultad de Farmacia quedan testimonios de la relación del Dr. Padrón con la música. En enero de 1963 solicita al Consejo de la Facultad la creación de una comisión de música, petición a la cual el Consejo accede y lo nombra presidente de dicha comisión, siendo los otros miembros de la misma: Dr. Roger Vivas, Dr. Humberto Ceballos, Dra. Anita Chuchani y la Br. Gina Balbi.

Es de resaltar en sus gestiones la recomendación de la adquisición del piano “Grotrian-Steinweg” el cual se encuentra todavía en el Auditorium de la Facultad de Farmacia. Como dato curioso, el piano tenía un valor en el mercado de 23.500 bolívares y que fue adquirido de su anterior dueño el Dr. Víctor Mantellini, gracias a las gestiones realizadas por el Dr. Padrón, por 11.000 bolívares.

El cariño que sentía el Dr. Padrón por ese instrumento lo demostró en múltiples oportunidades en que luego de jubilado visitaba la Facultad, se dirigía al auditorium, revisaba el piano y recomendaba su afinación si lo consideraba necesario.

Relata Alejandro Bruzual en su libro sobre la vida del Maestro Raúl Borges, que en 1969, con el patrocinio de la UCV se conforma el Trío de Guitarras con Antonio Lauro, Antonio Ochoa y Flaminia Montenegro, cuyo primer concierto público tuvo lugar el 25 de agosto de 1969, en el Auditorio de la Facultad de Farmacia como acto de clausura de IV Curso y Concurso Internacional de Guitarra, dictado y presidido por Alirio Díaz.

LEGADO ARTÍSTICO EN EL INHRR

Gina Balbi Burguillos

En el año 1976, con motivo de la Primera Semana Científico-Cultural y Deportiva del INHRR, celebrada en el marco de su aniversario número 38, la comunidad rangeliana quedó gratamente sorprendida al oír un recital para piano a cuatro manos, con obras de J. Brahms, A. Dvörak y F. Villena. Sus intérpretes fueron dos profesionales al servicio de la Institución: Elly Holz, Médico-cirujano y Doctor en ciencias médicas, Jefe de la Sección Asesoría Farmacológica y la Farmacéutica Gina Balbi B., Jefe la Sección de Medicamentos y Cosméticos del Departamento de Microbiología. La iniciativa para la creación de este dúo pianístico posiblemente se debió al Dr. Juan Padrón, por cuanto su hijo Raúl era ahijado del Dr. Siegbert Holz, esposo de Elly y fue vinculante que él conociera la labor pianística desarrollada por la profesora Balbi en la Escuela de Música J.M. Olivares, para sugerir a la doctora Holz que la invitara a preparar un repertorio de obras originales para piano a cuatro manos. De hecho, la ÚNICA grabación existente de un programa completo a cargo de las citadas intérpretes la realizó el Dr. Padrón en la magnífica sala de música de su residencia, en la urbanización Los Chorros, durante una velada musical que sirvió de ensayo para el concierto que el dúo Holz-Balbi debía presentar en el Instituto, el 23 de julio de 1980, siendo pertinente señalar que esta excelente grabación se desconoció hasta el año 2005, después de la muerte del Dr. Padrón, cuando fue encontrada por su esposa.

Pues bien, fue tal el éxito obtenido por estas embajadoras culturales del Instituto, desde su primera aparición, que en febrero de 1977 fueron invitadas por la Fundación Diálogo Musical del Colegio de Farmacéu - ticos del Distrito Federal y Estado Miranda para tocar en su sede y durante el año 1980, dieron sendos recitales en la Facultad de Farmacia de la UCV y en el INHRR. En el 2000 reanudaron actividades y en octubre de ese año participaron en la conmemoración del décimo aniversario del Posgrado de Farmacología Sanitaria y posteriormente en noviembre de 2001, intervinieron en los festejos para celebrar el XXV aniversario de la sociedad científica del INHRR. La última actuación de este dúo fue en septiembre de 2004, al participar en la grabación del disco compacto en conmemoración del 66 aniversario de la institución, en el que también intervinieron otros grupos musicales, como la Coral Enrique Tejera y la Estudiantina. Es importante destacar que la Dra. Holz, cercana a los 95 años, hizo un esfuerzo extraordinario para cumplir con este compromiso, ya que estaba gravemente enferma y de hecho falleció seis meses después.

Buscando huellas de su relación con la música, conver sé con la profesora María Antonia Palacios. Ella gentilmente accedió a reenviar a sus contactos una pequeña nota explicando mi proyecto de investigación acerca de la faceta musical de Juan Padrón y quiso la Providencia que esa nota le llegara a Alejandro Bruzual, quien gustosamente accedió a relatar su recuerdo sobre el Dr. Padrón y el cual transcribo a continuación.

Recuerdo del Dr. Juan Padrón Alejandro Bruzual 2008

Conocí al Dr. Juan Padrón cuando comenzaba mis primeros estudios sobre la guitarra venezolana, hacia principios de 1990. Aunque ya tenía noticias de él, por su amistad con el maestro José Rafael Cisneros y por mi propio maestro, Leopoldo Igarza, fui a su casa con la intención de hablar con él sobre el maestro Antonio Lauro, que fue la primera biografía que escribí. Lo llamé e, inmediatamente, aceptó entrevistarse conmigo. Me encontré, inicialmente, con un señor de apariencia adusta, sumamente seco y parco en el hablar, y hasta desconfiado. Creo que su mirada evidenciaba siempre una suer te de constante valoración de la persona que confrontaba. Inicialmente, respondió a mis primeras preguntas con cierta brevedad. Sin embargo, luego de superado el primer contacto, que seguramente estaba condicionado por mi propia apariencia, un tanto heterodoxa para sus parámetros generacionales (lo que nunca en realidad fue óbice para nuestra amistad), Padrón se abrió a recordar anécdotas sobre la vida musical venezolana, en muchas de las cuales había estado involucrado. Me contó sobre su larga amistad con figuras importantes de la música en Venezuela en el siglo XX, quizás las más importantes, y poco a poco me fue hablando de los personajes que más me interesaban para mis trabajos, con muchos de los cuales había compartido muy de cerca, y de quienes, como supe más tarde, guardaba también algunos documentos, invalorables para el trabajo que yo apenas emprendía sobre la guitarra. Me habló de Vicente Emilio Sojo, de Raúl Borges, de Manuel Enrique Pérez Díaz, de “Manuelito” Porras y, claro, de Lauro, entre muchos otros. Había sido compadre de Borges y una suerte de confidente, y de hecho, había heredado de él el magnífico cuadro que Tito Salas pintara de Agustín Barrios Mangoré, en El Toboso (Petare), durante la primera visita a Caracas del guitarrista paraguayo, en 1932, y que éste a su vez había regalado a Borges. Desde entonces, nuestros muchos encuentros estarían presididos por el retrato de Mangoré.

Fui desde entonces visitante, si bien no asiduo, constante, hasta el 2001 (cuando vine a Pittsburgh a rea lizar mi doctorado), tanto de su casa como de su sabiduría de hombre vivido. Con el recelo con el cual cuidaba su casa, como si cada espacio tuviera un sentido y un ritual diferente, y como si la casa fuera su propia vida materializada en espacio, en cada una de mis visitas Padrón iba sacando de un depósito que desconocí siempre, alguna de sus guitarras, incluso valiosas, que había ordenado junto con Pérez Díaz a España, en particular una Aguado y Hernández; algunas fotos de guitarristas, incluso tomadas por él mismo o dedicadas a él, partituras, documentos legales, muchos de los cuales fueron de importancia en mis libros, ediciones y conferencias. Con una generosidad progresiva y dosificada, que parecía ocultar tras su lento caminar, y que no detenía, a lo largo de los años, Padrón me regaló unos po cos de estos documentos, y siempre me permitió consultarlos y publicarlos. En realidad, luego de editado mi primer libro, la biografía de Lauro, lo que fue una suerte de prueba de mi seriedad intelectual, él fue el primer entusiasta de mi trabajo, y así fui entregándole algunos de los primeros ejemplares para su biblioteca, lo que recibía con un entusiasmo de librero apasionado, sabiéndose involucrado. Sé que el que yo llegara a cumplir mis propuestas de trabajo, progresivamente, le daba mas confianza, y lo iba abriendo para decirme cada vez más cosas que iba recordando, corrigiéndome algún error en el que hubiera caído, o sacando nuevos materiales de sus depósitos secretos, pero ya plenamente en mi ayuda. De hecho, le dediqué (junto a Mercedes Rivas) mi segundo libro, la biografía de Raúl Borges, pensando que con mi gesto reactivaba un lazo que los unía a ellos tres. Allí escribí: “a Juan Padrón, promotor y amigo de cuatro generaciones de guitarristas venezolanos. En nombre del maestro…

” Como dije, tuve el privilegio de contar con el Dr. Padrón como parte del público de algunas de mis conferencias, en las cuales aprovechaba para hacer mención a él, considerándolo parte viviente de una historia a la que había contribuido, calladamente. En su momento, Padrón había sido igualmente solidario con muchos guitarristas anteriores, todos los cuales visitaban su casa, por la cual habían pasado, en cuanto guitarristas, nada menos que visitantes eminentes, agasajados en su casa, como Andrés Segovia y John Williams; y tocaban en esa misma sala donde nos reuníamos, por no decir todos nuestros maestros, Antonio Lauro, Alirio Díaz, Rodrigo Riera, etcétera. En efecto, había ayudado a mu chos, cuando no era con dinero, con diligencias, reparaciones de sus instrumentos e, incluso, recomendaciones. A él, entre otras cosas, se le debe que no se perdieran algunos dibujos de Sojo, al que supo interpelar al final de su vida para que no los destruyera. Él intervino, efectivamente, para que se pudiera estrenar en 1952 el Concierto de Aranjuez, en Venezuela (ya que Lauro, el proponente inicial, estaba preso por razones políticas), con la Orquesta Sinfónica Venezuela y Regino Sáinz de la Maza como solista. Había ayudado tanto a intérpretes como a constructores de instrumentos, hecho éste interesante, pues él mismo había tenido parte en la evolución de la construcción de guitarras en el país, si bien como aficionado, aunque su preferencia iba por el lado de los arcos, para lo cual tenía un taller especializado, con máquinas preparadas, o mejoradas, y hasta inventadas por él mismo.

Esto último da un poco la medida de su inteligencia y la amplitud de sus intereses. Padrón era capaz de emprender cosas muy diversas, si bien profesionalmente siempre fue lo que fue, doctor en Farmacia, y no pretendía más. En su taller, reparaba instrumentos y podía construir una guitarra (de hecho, me regaló una de ellas). Ya con más de 70 años, él mismo seguía reparando muebles, atendía su jardín lleno de frutas, y era ca paz de definir los problemas mecánicos de un automóvil. Por esto, para mí como seguramente para muchos de los que lo conocimos en sus últimos años de vida, era difícil pensar en Padrón como farmaceuta. Su sensibilidad artística era evidente y su juicio estético, acertado. Capaz más que de criticar una interpretación (a lo que no le tenía miedo en ninguna circunstancia de su vida, aveces, incluso con bastante mordacidad), de oír la con un cuidado y una pasión que motivaba a cualquier ejecutante, por modesto que fuera. Si en algo puede ser calificado con toda justicia, es que Padrón era un oyente atento y respetuoso, como pocos he conocido en mi vida. Puedo recordarlo con detalle, sentado en su silla, a la altura de la entrada de la sala, delante del cuadro de Mangoré, con su bastón sobre las piernas, pidiéndonos que le tocáramos algo, a unos 10 metros de distancia, sobre una plataforma de la misma sala, construida especialmente para ello, y donde tenía sus dos pianos (los cuales afinaba él mismo). Una velada con Padrón era en sí, una velada de concierto privado, así fuera de una sola pieza interpretada, pues el ritual que él mismo propiciaba era suficiente para darle rango. Era una pasión musical sincera y profunda, que no se satisfacía con el disco o la grabación, ni les daba prioridad, sino que vivía la realización misma de la música, como magia de las capacidades humanas que admiraba sinceramente, el evento frente a sí. Su placer aumentaba con cierta travesura, si se utilizaba uno de los instrumentos de su colección, que sacaba de a uno de sus depósitos. Pero no pedía halagos, pues su seriedad y firmeza, en lo que me recuerda mucho a mi propio abuelo, creo que era también una forma de autocrítica. Era capaz de oír una opinión contraria, si bien su austeridad no provocaba discusión.

Percibí, sin embargo, que en esa casa, que parecía más grande de lo que era, más sola quizás que lo que estaba, Padrón durante esos años sufría de la ausencia de sus amigos. Quizás la avanzada edad, sus quejas de salud, su paso lento al ritmo del bastón pintaban un tiempo pasado, que su amor por la vida no le permitía año rarlo públicamente. De algún modo, el que fuera a visitarlo, a veces acompañado de otros amigos músicos, llenábamos no un tiempo que hubiera estado pleno de lecturas y meditaciones propias, sino una renovación de muchos recuerdos. Por instantes, éramos la extensión (y en muchos sentidos era efectivamente así) de sus viejos amigos, de los creadores de la escuela guitarrística venezolana, de los otros que habían pasado por su vida y por su casa.

Habría que decir que en casi todos los encuentros con él, participaba su esposa, Isabella Crema de Padrón, pianista de talento, que siempre estaba dispuesta y disponible para ayudarnos a montar obras de guitarra y orquesta, y que con mi primo violenchelista, Néstor Bruzual, ha tocado a dúo desde hace ya años, para su propio regocijo. Allí, como décadas antes se había presentado y ensayado el Trío Raúl Borges (Lauro, Flaminia Montenegro y Antonio Ochoa), con ella acompañándonos, también ensayó el Cuarteto José Reyna, que creamos tres discípulos de Igarza, junto con él, para un homenaje que se le brindó a este maestro, con la Orquesta Filarmónica de Caracas en 1993. Allí fueron alumnos de Igarza a practicar antes de presentarse en algunos concursos nacionales. Allí, algunos de nosotros practicamos conciertos independientes para guitarra y orquesta. Y siempre Isabella al piano, con su paciencia y generosidad, y Padrón como oyente privilegiado, que no se perdía sesión alguna, y que resumía con su mirada siempre entusiasta el mejor público que pudiera esperar fuera de su salón. Siempre he pensado que el intérprete siente a través de su instrumento el alma de su público, logra entender mucho del otro, en un sentido literal, conocer de su oyente, cuando se abre a darle algo de sí en su música. Puedo decir que así encontré a un Padrón lleno de nobles sentimientos por la vida y por el arte.

Creo que he dado la medida de nuestros encuentros, que fueron muchos durante estos años. Exigía puntualidad, sin tapujos, y de alguna manera ponía él mismo punto final a las visitas. Su edad, y el respeto que inspiraba, hacían que esto no fuera percibido como algo descortés sino, por el contrario, como lo que era, un ritual amistoso y musical, que llegaba también a su fin, con intención de que fuera renovado muchas otras veces. Casi siempre las veladas terminaban con una bandejita en la cual se ofrecían galletas y una bebida, jugo de mango o de otras frutas de sus propia cosecha, e incluso una que otra bebida alcohólica, que él prácticamente no tocaba, y que también parecían venir de sus depósitos y de un tiempo ya pasado.

Ahora, recordándolo, estoy seguro de que él, como lo dije en mi libro sobre Lauro y lo siento sobre mi abuelo, estaba hecho de un material que ya no se encuentra en los venezolanos de hoy. Un sentido de amistad muy estricto, hasta sagrado. Una seriedad extrema, que no obviaba algún gesto humorístico y sencillo. Una sequedad aparente, que no impedía una callada expresión afectuosa, y una generosidad de sentido particular, como he venido diciendo, del que provee lo justo cuando es justo. Y esto último, porque las cosas para Padrón no tenían un trasunto económico sino emotivo, vital, biográfico. Era como un custodio de evidencias del pasado. Padrón tenía como una necesidad de estar seguro de que las cosas que había coleccionado y obtenido con esfuerzo–pues tenía fundamentalmente la personalidad del coleccionista–, no por su costo, sino por su valor histórico y personal, estarían en buenas manos, en personas que le darían a ese objeto el sentido que él mismo le había dado. Y esto lo radicalizó hacia el final de su vida. Era también la conciencia de que allí había una forma de permanencia. De manera evidente, su actitud era la de un historiador de lo cotidiano trascendente. En cierto sentido no materialista, convirtió sus cosas en su propia vida, trasunto de decisiones tomadas en el momento correcto, meditado, y también en el momento correcto, meditaba y buscaba más que desprenderse, dejarlas en una suerte de comodato espiritual. Y de esto soy testigo privilegiado.

Padrón era un verdadero amateur del arte, en su sentido estricto, que expresaba un amor constante por las cosas artísticas, en particular por la música. Un amor que no quiso convertir en medio de vida, como si con esto pudiera profanarlo. Y quizás fuera la causa real por la cual no fue artista de profesión, y sí ese extraño farmaceuta, promotor del arte musical venezolano.

JUAN PADRÓN EL LUTHIER

Como ya lo señalaron Luis Clavell y Alejandro Bruzual en sus correspondientes escritos, el doctor Padrón tenía una gran habilidad para la construcción y reparación de instrumentos. A tal respecto Daniela me relató que su padre siempre cooperó con la orquesta en la que ella trabajaba en la reparación de los instrumentos.

Carmen Alicia de Beaujon recuerda que en una ocasión ella fue a visitar a la familia de Pedro Elías Gutiérrez, quienes eran sus parientes, y la sala a donde pasó estaba un poco oscura y ella no se dio cuenta y se sentó sobre una guitarra. Muy atribulada ella llamó al Dr. Pa drón para preguntarle a dónde podía llevarla a reparar, y le dijo que él lo podía hacer y la guitarra fue reparada y barnizada, quedando en mejores condiciones que antes del accidente. Otra colega, Iraida Carroz, también recordó que el Dr. Padrón le había reparado un cuatro de su sobrina.

EL HUMOR DE JUAN PADRÓN

Entre sus conocidos Juan Padrón es recordado por un humor sarcástico, algunos lo calificaron de ácido, que a veces pretendía hacer un chiste pero el afectado no lo tomaba como tal. Recuerdo un día en que él estaba haciendo la cola para sacarse el carnet en la Facultad de Farmacia, y yo como solía hacer me acerqué a saludarle con un beso en la mejilla y él me dijo, delante de todas las personas que estaban esperando en la cola: “yo no beso viejas”, a lo que le respondí: “pues… usted se lo pierde, y nunca más le daré un beso”. Así fue, y en las ocasiones en que lo vi después de ese día, si estaba con un grupo de conocidos los saludaba afectuosamente con un beso, pero a él me lo saltaba, y no solamente no le daba el beso, sino que le recordaba que a él no lo besaba porque “él no besaba viejas”. Inme- diatamente esbozaba su pícara sonrisa y terminábamos riendo los dos, recordando el episodio.

ALGUNAS DE SUS PUBLICACIONES

• Holz S., Padrón J. y Beaujon F. (1970). Consideraciones sobre el problema de la farmacopea de los Estados Unidos de Venezuela (1ra. ed. 1942). Revista del Instituto Nacional de Higiene, Vol. V, N° 4, p. 193.

• Padrón J. y Ferraz De Meneses J.B. (s/f). “Con tribuçao ao estudio e aplicaçao de metodo de Howard mas contagenos de cogumelos dos productos de tomate”. Separata da Revista do Instituto Adolfo Lutz. Vol 8, número único, pp. 99-136.

• “Comparación inmunológica y electroforética por papel de un antígeno estafilocócico”. Revista Medicina Veterinaria y Parasitología, Maracay, Vol. XVIII.

RECONOCIMIENTOS RECIBIDOS

A lo largo de su trayectoria el Dr. Padrón fue objeto de varios reconocimientos, entre los que podemos resaltar la Orden Francisco de Miranda, la Orden José Ma ría Vargas, la Orden José Luis Andrade y una distinción como Profesor Honorario de la Facultad de Farmacia desde 1969.

AGRADECIMIENTOS

A la Dra. Gina Balbi, por su gran colaboración y apoyo constante durante el desarrollo de este trabajo, y por la minuciosa revisión del manuscrito final.

Al Lic. Luis Márquez por haberme inducido a escribirlo.

A los amigos y ex compañeros de trabajo de Juan Pa drón, por los aportes que contribuyeron a enriquecerlo.

A los miembros de la familia Padrón-Crema, por el suministro de testimonios y fotografías.

A la Gerencia de Recursos Humanos del INHRR, por facilitar a través de la Dra. Gina Balbi, el expediente personal del Dr. Juan Padrón.

Al área de Informática, en especial al señor Pavel Antonio Obregón Pérez, por el procesamiento del material fotográfico.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

1. Bruzual, Alejandro (1996). Raúl Borges, publicado por Deltaven.        [ Links ]

2. Cardona, Raúl y Polanco Villegas, Milagros. Registro y control de los medicamentos en Venezuela: Una visión histórica. Rev. Inst. Nac. de Higiene. 2005; 36(1): 43-56.        [ Links ]

3. Catálogo de eventos realizados en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela (documento interno de la Dirección de Cultura de la UCV, consultado con la anuencia del Prof. Rafael Mucci, subdirector de la Dirección de Cultura, (marzo, 2008).        [ Links ]

4. Expediente personal de Juan Padrón Galíndez. Caracas: Instituto Nacional de Higiene "Rafael Rangel". Unidad de Registro y Control, Gerencia de Recursos Humanos.        [ Links ]

5. Expediente personal de Juan Padrón Galíndez. Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela. In Memoria Dr. Juan Padrón Galíndez http://www.cvm.org.ve/Juan_Padron_Galindez/        [ Links ]

6. Oropeza, Néstor (1968) Historia de la Farmacia Venezolana. Ediciones de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela.        [ Links ]

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10. Revista del Instituto Nacional de Higiene (1970), Vol III N° 3 y 4, pp. 115-116.        [ Links ]

11. Revista del Instituto Nacional de Higiene (1972), Vol V N° 2 y 3.        [ Links ]

12. Revista del Instituto Nacional de Higiene (1972), Vol V N° 4.        [ Links ]

13. Revista del Instituto Nacional de Higiene (1973), Vol VI N° 3 y 4.        [ Links ]