Introducción
El Apu Razuhuillca, un imponente cerro nevado de 4,800 metros de altitud se encuentra en la sierra del Perú, en la provincia de Huanta. Escalarlo requiere la compañía de guías especializados, ya que la falta de experiencia puede resultar en tragedias, como el trágico caso de un joven alpinista que falleció durante la ascensión. Según Hualverde (2022b), su cuerpo fue recuperado tras más de siete horas de búsqueda por parte de la Compañía de Bomberos Bella Esmeralda Huanta. A sus pies se hallan siete lagunas, cada una con características rituales particulares, que además abastecen de agua a las comunidades de los valles de Huanta. Históricamente, como señala Janusek (2005), las relaciones de poder se han manifestado a través de rituales que incluyen comidas y bebidas abundantes. Estas festividades son actos de consumo con significados políticos, resaltando la importancia del compartir en las ceremonias.
Durante las décadas de 1980 y 1990, en el contexto de la guerra interna entre el movimiento subversivo Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas del Perú, se estableció un cuartel en la entrada del Apu Razuhuillca, un acceso natural a la ciudad de Huanta. Investigaciones exhaustivas indican que, según Fowks (2022), el conflicto armado resultó en aproximadamente 70,000 muertes, de las cuales el 70% correspondía a hablantes de quechua, según la Comisión de la Verdad. Además, se registraron 21,000 personas desaparecidas, según la Dirección de Búsqueda de Personas Desaparecidas del Ministerio de Justicia. También se apoya en testimonios de campesinos, pequeños comerciantes, docentes y jóvenes de secundaria que vivieron esta experiencia en cerca de diez comunidades de las provincias de Ayacucho, incluyendo Cangallo, Vilcashuamán, Sucre, Huancasancos, Huanta y La Mar (Degregori, 1991).
El Pagapu, que significa “ofrenda” en quechua, es un ritual ancestral dedicado al Apu Razuhuillca, celebrado el 24 de junio en el Día del Campesino. Según Ávalo, Yagüe y Cangahuala (2016), este evento refleja, por un lado, la profunda fragmentación de las propiedades que se remonta a la época colonial, lo que ha dificultado que los campesinos alcancen rendimientos competitivos a gran escala. Las ofrendas, o «pagos», son prácticas comunes en las zonas andinas del Perú y funcionan como una protección política de sentido místico, especialmente en las montañas cubiertas de nieve.
La provincia de Huanta se encuentra en la Región de Ayacucho, Perú, a una altitud de 2,627 metros. A lo largo de su historia, Huanta ha desempeñado un papel significativo en el contexto social peruano, especialmente en su lucha por la gratuidad de la educación. Este movimiento surgió como respuesta a la derogación del Decreto Supremo 006 de 1969, emitido durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, lo cual fue considerado un hecho lamentable. En esta lucha, los estudiantes de secundaria, los campesinos y la población en general jugaron un papel activo (Gutiérrez, 2019). Por otro lado, es importante mencionar que la guerra interna en Perú, protagonizada por Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas, tuvo un impacto devastador en la región de Ayacucho y, en particular, en la provincia de Huanta.
Los habitantes de la provincia de Huanta y los campesinos de los alrededores del Apu Razuhuillca enfrentan constantemente los embates de narcoterroristas en la zona limítrofe del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM). Esta situación ha llevado a que los campesinos eviten visitar el Apu en caravana. Además, un aporte relevante a la investigación es la proyección de películas que evocan el conflicto armado; por ejemplo, en mayo de 2024 se estrenó «Killapa Wawan», una película completamente rodada en quechua.
El objetivo de esta investigación es analizar el efecto positivo del Pagapu al Apu Razuhuillca, venerado por los campesinos que le mantienen devoción y fe hasta la actualidad. En la sierra peruana y en otras partes del mundo, existe la creencia de que los cerros más altos, como los de los Andes, están imbuidos de efectos sobrenaturales. Además, en el contexto andino, el campesino peruano ha sido históricamente considerado un «ciudadano indio». Como señala Eguren (2015), el cambio de «indio» a «campesino» implica una transformación en la percepción, pasando de ser visto como un objeto a ser reconocido como un sujeto, lo que representa el reconocimiento de este vasto sector de la población como productores con derecho a una ciudadanía plena.
Nuestro estudio se centra en la naturaleza divina del Apu Razuhuillca, quien vigila y guía a los campesinos en sus labores agrícolas. Este majestuoso nevado no solo les proporciona agua, sino que también garantiza buenas cosechas durante las épocas de siembra, tal como indica Rasmussen (2018). Resulta fascinante observar la relación, a menudo contradictoria, entre las comunidades campesinas de la sierra y el gobierno central en Perú. Las alianzas estratégicas y los intereses cambian con el tiempo, reflejando la complejidad de esta interacción.
La investigación se basa en la práctica de la cultura ancestral de un ritual que sigue vigente, adaptándose a diferentes matices de ofrendas modernas. Estas ofrendas incluyen productos actuales del mercado internacional, que son colocados en lugares especiales acompañados de oraciones en quechua y español. Las formas de veneración consisten en ofrecer al cerro (Apu) productos cuidadosamente preparados, como flores, velas, golosinas, cigarrillos, coca y oraciones escritas, que se depositan en zonas empinadas de la montaña. Esta actividad se lleva a cabo en grupos familiares que comparten intereses comunes en sus plegarias y rituales durante el Día del Campesino. Además, existe un mercado de especias preparadas para la ocasión.
1. Metodología
La metodología empleada en esta investigación consistió en entrevistas a grupos focales dentro de la comunidad, priorizando a los ancianos considerados sabios, quienes participan en el peregrinaje por el Día del Campesino. Se trata de una investigación etnográfica que recopila las experiencias de los campesinos peregrinos en el cerro. Además, se trianguló la información con fuentes de literatura científica sobre rituales culturales ancestrales a nivel mundial, con un enfoque particular en la zona andina quechua hablante, específicamente en Huanta y el Apu Razuhuillca. El proceso de reconocimiento del campesinado ha sido tardío y polémico:
El término campesino, adoptado en adelante, sería más incluyente que el de indio, al abarcar también a las numerosas familias pobres -rasgo, este, casi generalizado en el campo- que no eran descendientes de las poblaciones originarias, pero sí eran rurales, dedicadas a la agricultura y explotadas por terratenientes o por intermediarios (Eguren, 2015: 8).
Cada año, el 24 de junio, los campesinos organizados en grupos familiares recorren el santuario del Apu Razuhuillca para conmemorar el Día del Campesino, una fecha oficial establecida por el gobierno del General Juan Velasco Alvarado mediante la Ley de la Reforma Agraria en 1969. Esta celebración está íntimamente ligada al calendario andino y a la astronomía, enraizada en la concepción filosófica que se originó en la antigua Grecia.
2. Día del Campesino y su relación política con el Apu
El problema central de esta investigación se centra en el ritual cultural ancestral al Apu Razuhuillca, que tiene un impacto positivo en quienes participan en su peregrinaje. Los antecedentes de la investigación coinciden con otros estudios a nivel nacional e internacional, como los de Varas y Valcuende (2021a) y Viadas (2013). Los campesinos siguen las normas de su contexto sociocultural y se sienten satisfechos al cultivar su tierra según su propia visión y en el momento que eligen. Los mitos y rituales analizados revelan un mundo bio-socio-sobrenatural, donde se destacan los elementos clave para la supervivencia, manifestándose cada uno de manera individual.
La relación e interdependencia bio-social-sobrenatural con el Apu Razuhuillca es profundamente vivencial, reflejando una identificación de fe en su poder divinizado. Según Martín (2009), la ceremonia se realiza con hojas de coca y es guiada por un sacerdote o sacerdotisa, quienes invocan protección para el nuevo trabajo o negocio, así como para la persona que lo emprende. Los resultados de esta práctica se traducen en recompensas agrícolas, sociales, económicas y familiares, además de generar una satisfacción que se manifiesta en ciertas coincidencias en la vida cotidiana de quienes participan en el ritual con fe y devoción, en busca de beneficios concretos.
La filosofía andina, aunque no sistematizada en los Andes del Perú, se manifiesta en la interdependencia entre la naturaleza y el ser humano andino, tal como complementa la investigación de Gutiérrez (2021). Esta práctica ancestral, que renueva la filosofía intercultural, se basa en los principios de la antigua tradición andina. La veneración a los cerros es una costumbre milenaria que se mantiene viva en los Andes peruanos, especialmente durante el Día del Campesino, cuando se lleva a cabo el peregrinaje hacia el Apu Razuhuillca. Según Peña (2013), los conocimientos tradicionales constituyen un conjunto dinámico que se enriquece con cada generación. Es fundamental proteger y fomentar su preservación mediante políticas nacionales, ya que poseen un valor cultural y económico significativo, además de contribuir a la investigación y al desarrollo de nuevos productos patentables.
La interdependencia del ser humano con la naturaleza es fundamental para su existencia, una realidad vivencial que existía antes de la llegada de la escritura y la ciencia occidental, particularmente durante la conquista española (Varas y Valcuende, 2021b). En estas comunidades, el individuo no solo era un miembro activo, sino que también desempeñaba el papel de intermediario entre los dioses y los apus. De manera similar, la comunidad honra y demanda la protección de La Viuda a través de una serie de rituales, como lo reflejan sus mitos.
En las comunidades andinas, se manifiesta un profundo respeto hacia los apus, considerados dioses y guardianes de los cerros. Estos apus son imaginados como protectores de las lagunas, que actúan como diques naturales, impidiendo que se rompan a lo largo de la eternidad (Gutiérrez y Arones, 2022a). No existe un razonamiento que sustente la idea de que los seres humanos y sus relaciones son desiguales; en esencia, todos compartimos una igualdad fundamental. Es esencial adoptar un respeto incondicional hacia los demás. Los fenómenos naturales no destruyen el equilibrio de las lagunas formadas en los Andes, porque han sido veneradas y protegidas por generaciones de dioses andinos. Sin embargo, la imposición de la religión occidental ha fusionado las ceremonias campesinas con oraciones, ofrendas y bienes que incluyen hoja de coca, cigarros, destilados de caña, velas y la Biblia.
2.1. Política de peregrinación al Apu Razuhuillca
Desde tiempos remotos en la historia andina de Huanta, el Apu Razuhuillca ha sido un lugar de peregrinación y veneración para la cultura ancestral. Este sitio sagrado es valorado por brindar seguridad divina y agua a la población huantina, así como al valle que sustenta su producción agrícola. Antes de la construcción de una trocha carrozable que condujera hasta la laguna de Razuhuillca, los fieles y campesinos organizaban peregrinaciones a pie, ascendiendo hacia la cima del Apu. En la cosmovisión andina, las lagunas, cerros, ríos y otros elementos naturales del territorio que rodea a un pueblo poseen una divinidad que los representa. Como argumentan Otero et al. (2021a), estos elementos son considerados entidades con poderes activos en el inframundo, capaces de detectar cambios climáticos, intervenir en asuntos relacionados con otros ancestros y divinidades, y manejar fenómenos catastróficos.
La sequía y el crecimiento del caudal del río que fluye desde el Apu Razuhuillca están directamente relacionados con el ritual del Pagapu, el cual busca apaciguar el poder misterioso del Apu, que los vigila diligentemente desde la eternidad. En las inmediaciones de la laguna, se encuentran dos pequeñas comunidades, compuestas por aproximadamente quince familias, que ejercen control administrativo sobre el acceso a la laguna y al Apu Razuhuillca. Los visitantes, tanto fieles como turistas nacionales e internacionales, deben contribuir con una tarifa de tres soles peruanos por visita y cinco soles para participar en rituales en la laguna o en honor al Apu. Existen tarifas diferenciadas para aquellos que deseen asistir a la “misa” o a la ceremonia del Día del Campesino de la cultura ancestral Pagapu, que se celebra en las empinadas zonas del Apu. La falta de aporte económico podría poner en riesgo el cumplimiento del poder benevolente del Apu, ya que su influencia es directamente proporcional al ritual del Pagapu.
Al ingresar a la laguna, se erige la imponente construcción de un fortín militar, vestigio del conflicto armado entre Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas. Aunque el edificio aún se encuentra en pie, permanece desocupado. Según los relatos de los pobladores, este lugar fue utilizado como centro de ajusticiamiento militar para quienes eran capturados y acusados de ser terroristas. La investigación de Taipe (2014) señala que no todo el reclutamiento fue forzado, ya que también hubo personas detenidas en las bases militares. Esto se puede corroborar con el testimonio de Lurgio Gavilán, quien narra que, en marzo de 1985, las Fuerzas Armadas emboscaron a los senderistas en las laderas del Razuhuillca. Este fortín, erigido por campesinos obligados por las Fuerzas Armadas, se sitúa a los pies del cerro Razuhuillca, que, cubierto de nieve de manera permanente, provee agua a las lagunas que se encuentran a su alrededor.
La mayoría de los campesinos actuales realizan un peregrinaje modernizado en lujosas camionetas, un símbolo del poder otorgado por el Apu en reconocimiento a su devoción durante el Día del Campesino. Los filósofos presocráticos, al abordar la naturaleza desde una perspectiva realista, plantearon principios fundamentales. Tal es el caso de Tales, quien identificó el Arché con el agua, afirmando que “la tierra se sostiene sobre el agua, como si fuera una isla” (Villegas, 2021). Esta veneración milenaria del agua como origen de todas las cosas se refleja en el ritual andino del Día del Campesino, que no es ajeno al principio de la filosofía natural griega.
En las zonas altoandinas del Perú, los conflictos por la preservación de los nevados frente a la actividad minera son constantes, lo que se traduce en paralizaciones y protestas por parte de los pobladores. Investigadores como Ampudia (2015), Tacuri (2021) y Viadas (2013) subrayan que, con esta declaración, manifestamos de manera clara nuestro rechazo a las empresas mineras que cuentan con concesiones en la zona del Apu Razuhuillca, un área que alberga cinco lagunas esenciales para la vida de la población de Huanta. La principal fuente de agua de la provincia de Huanta se encuentra en grave riesgo de extinción debido a la minería informal que opera cerca del cerro Razuhuillca. El compromiso de los campesinos se manifiesta de manera integral, mostrando que se sienten con la libertad suficiente para bloquear investigaciones que amenacen sus principios y valores. De este modo, el Estado peruano y las empresas mineras ven frustradas sus intenciones de explorar los nevados, priorizando la extracción mineral sobre el agua.
La cultura ancestral se enfrenta a la modernidad con la llegada de la exploración minera al Apu Razuhuillca, mientras los pobladores defienden su única fuente de agua, la cual es vital para una provincia de Huanta que experimenta un crecimiento demográfico acelerado.
2.2. Dimensión política del Pagapu al Apu Razuhuillca
La palabra “Pagapu” proviene del quechua y se refiere, como mencionamos anteriormente, a un ritual andino que utiliza productos naturales para rendir homenaje a los cerros y lagunas, en agradecimiento por el cuidado de los animales y el suministro de agua para la agricultura. En la concepción filosófica del campesino quechua hablante, la tierra, los cerros y el agua son humanizados en la interrelación cotidiana (Otero, Akmentins and Quinteros, 2021) y (Gonzales, 2021). La diferencia entre el Dios cristiano, que otorga favores, y las deidades andinas, que solo responden a las ofrendas, radica en que las divinidades andinas requieren un intercambio específico de tributos para conceder su favor, mientras que el Dios cristiano ofrece su gracia de manera más desinteresada.
Los ritos y tradiciones orales, junto con las narrativas cristianas, se entrelazan en la obra de Garcilaso, quien presenta una perspectiva hispanista sobre el concepto de “amaru”. Según él, el amaru es descrito como una “figura imponente y monstruosa” venerada por los indígenas. La colonización española dio lugar a una fusión e interdependencia de rituales, como el Pagapu, que entrelazan el uso del quechua y el español en sus oraciones y prácticas, combinando costumbres andinas y occidentales. En otras regiones del territorio andino, los campesinos que ascienden al Apu Razuhuillca también identifican la laguna como custodiada por el amaru (que significa serpiente en quechua), representando el Hanan Pacha (el mundo de arriba) en la cosmovisión andina que aún perdura.
Los rituales en el interior del Perú varían según la cultura local, pero un común denominador son las bebidas alcohólicas, fundamentales en el Pagapu al Apu Razuhuillca. Esto se relaciona con los discursos de Collier, quien describe el Día del Indio como “el día hemisférico del Hombre Cobrizo”, en honor a los indígenas contemporáneos y a sus antepasados, que sufrieron opresión similar a la impuesta por las victorias nazi y japonesa en la humanidad (Giraudo, 2017). En los Andes peruanos, los campesinos siempre comparten hoja de coca y bebidas a base de maíz, molle y destilado de caña en actividades sociales como faenas comunales. Esta misma tradición se observa en el Pagapu al Apu Razuhuillca, donde la hoja de coca y el destilado de caña son imprescindibles.
Los primeros sorbos que los campesinos toman de la bebida son para brindar y rociar la tierra y los cerros. Según Torres (2020) y Salas Carreño (2014), esta práctica no solo responde a las necesidades humanas, sino también a las de entidades no humanas como la Pachamama y los Apu. Por ello, se ofrece el k’intu de coca y se comparte el primer sorbo de chicha o de cualquier bebida con ellos. En contraste, un hablante monolingüe de quechua en una comunidad rural de las tierras altas probablemente use “apu” como un término honorífico, similar a “señor”, al saludar a las poderosas montañas que poseen personalidad.
Esta relación humanizada entre el hombre y la naturaleza también se refleja en la coca, donde la mejor hoja, el k’intu (hoja sagrada), se destina a la tierra y al Apu. La veneración a los apus es una constante en todo el Andes peruano; a las faldas de estos dioses cerros siempre hay lagunas o manantiales que fluyen hacia los valles interandinos. Así, la interrelación del hombre andino con la naturaleza se basa en el cuidado y una veneración permanente hacia el Pagapu:
El agua, junto con el sol, fue otra de las entidades ordenadoras del esquema centrado en el culto a la fertilidad, por ser ambos dadores de vida. Es por ello por lo que el aguacero fértil, las vertientes, las nieves en las cumbres y las qochas, al igual que los ancestros, merecían su adoración continua (Otero, Akmentins y Quinteros, 2021: 22).
Sin los elementos esenciales del agua, el campo carece de vida. Por ello, las nieves en las cumbres andinas, que dan origen a las qochas (lagunas), requieren una adoración especial y un reconocimiento que se expresa a través de “pagos” o misas de oración. La relación del ser humano con la naturaleza no se limita a la veneración de las lagunas y el Apu; también abarca la necesidad de rendir tributo para el cuidado del ganado, reconociendo diferentes matices de fe hacia otras entidades. Como indican Otero et al. (2021), Illapa, el rayo, es una de las deidades más veneradas en los Andes. Aunque el trueno anticipa y trae lluvias, también puede causar devastación a través del granizo y las inundaciones.
Esta veneración cultural, rica en rituales impregnados de fe y devoción, se manifiesta de manera masiva en el Día del Campesino, celebrado cada 24 de junio. El Pagapu al Apu Razuhuillca destaca por cumplir con rituales ancestrales que han perdurado a lo largo del tiempo. Según relatos de tradición oral de lugareños y otros practicantes, el Apu Razuhuillca es considerado el proveedor de agua y salud para los campesinos, así como para aquellos que, sin fe, eligen no realizar el peregrinaje, en contraste con quienes cumplen con el Pagapu.
2.3. El Pagapu como política turística
En la constante dinamización de la economía, el Pagapu está estrechamente vinculado al turismo local e internacional. Según Varas & Valcuende (2021b), la promoción del turismo a través de los rituales ancestrales de los Andes peruanos es alentadora. Sin embargo, las nuevas generaciones ya no sienten la necesidad de conectar con los elementos no humanos, y los aspectos míticos se han convertido en meros recuerdos para los jóvenes, al igual que las procesiones que sus padres realizaban para invocar la lluvia. Las creencias de los pobladores andinos sobre la escasez de lluvias están directamente relacionadas con la falta del Pagapu al Apu Razuhuillca, reconocido como el más milagroso del sur andino. En este contexto, la celebración del Día del Campesino, que se relaciona con el Inti Raymi (Fiesta del Sol), se convierte en un evento fundamental. Las manifestaciones de expresión divina en el Pagapu al Apu Razuhuillca están íntimamente conectadas con otras tradiciones culturales:
La prolongada sequía que afectó a Socoroma, Belén y otras comunidades de la región entre los años 2003 y 2010, obligó a sus habitantes a retomar las ceremonias de súplica por el agua a los cerros sagrados de cada comunidad, intentando con ello restablecer los viejos vínculos y costumbres con el espacio sagrado, pues la inexistencia de lluvias en esos años fue visto como un castigo por haber dejado las antiguas “costumbres” y reciprocidades (Choque y Pizarro, 2013: 69).
Retomar las tradiciones ancestrales en respuesta a la escasez de agua en las comunidades andinas ha impulsado el interés en organizar rituales de Pagapu, vinculados al calendario andino. Estas actividades fomentan tanto el turismo interno como el internacional, destacando las peculiaridades de cada pueblo y su Apu. Según Choque y Pizarro (2013), los cultos a los cerros y los amtañ thakhi (caminos de memoria) son esenciales para la vida comunitaria, facilitando la reinterpretación de mitos de origen y tradiciones que fortalecen las identidades colectivas y familiares en el siglo XXI. La promoción del turismo por parte de las autoridades locales dinamiza la economía de los pobladores cercanos al Apu Razuhuillca, quienes practican la piscicultura de trucha (Oncorhynchus mykiss) y ofrecen su gastronomía andina a los visitantes.
En Huanta, el consumo de trucha es significativo; en Razuhuillca, los campesinos preparan platos de trucha frita, a la parrilla o ahumada, acompañados de papas nativas y bebidas como infusiones de muña (Minthostachys mollis) y coca (Erythroxylum coca) para mitigar el mal de altura (soroche). La práctica del Pagapu está íntimamente relacionada con el Día del Campesino; según Pinasco (2018), manantiales y lagunas se conectan con lo femenino, particularmente con las Collas y la diosa Luna, y el agua de puquios, lagos y ríos se asocia con el mar, la sagrada Mamacocha, madre de las aguas. En la filosofía andina, la fecundidad de la naturaleza se relaciona con lo femenino, enfatizando la veneración y el respeto hacia este principio.
En el calendario andino de las comunidades quechua-hablantes, se llevan a cabo diversas actividades relacionadas con el culto a los Apus y otras deidades, que aseguran una convivencia armoniosa entre los pobladores y la naturaleza. Cualquier indicio de desacato hacia el entorno natural puede acarrear consecuencias desastrosas para los campesinos. El turismo desempeña un papel crucial en las zonas donde se rinde culto a la naturaleza, promoviendo la conexión entre campesinos y habitantes urbanos, así como el intercambio con otras ciudades.
Según Villalpando (2014), el número de visitantes al Cerro de Trincheras ha aumentado gradualmente, atrayendo tanto a locales como a turistas internacionales. A lo largo del año, este lugar sigue recibiendo visitantes, con más de 5,000 registrados en los últimos dos años. Un fenómeno similar se observa durante el Día del Campesino y otras festividades en honor al Apu Razuhuillca. Actualmente, el turismo está en auge gracias a la revalorización del ritual Pagapu y a la difusión de estos espacios geográficos por parte de cineastas y escritores peruanos que promocionan el Apu Razuhuillca.
Existen empresas de turismo que ofrecen trekking en este majestuoso destino. El nevado de Razuhuillca, un imponente glaciar rocoso que se eleva casi 4,100 metros sobre el nivel del mar se presenta como un lugar ideal para los amantes de la aventura, como indica Carlos (2022). Las prácticas de deportes de aventura y las tradiciones ancestrales del Pagapu, que se vinculan con la mitología popular de la naturaleza encantada, generan importantes ingresos económicos para la provincia de Huanta y la región de Ayacucho.
En las observaciones de campo realizadas, se evidenció la constante afluencia de visitas guiadas, tanto familiares como individuales, cada una con intereses particulares en la realización de ofrendas de Pagapu al Apu Razuhuillca, buscando así la gracia andina. Los comuneros de Kurpakancha y Rumisumasqa, organizados en turnos, se encargan de la atención y control de los visitantes. Un dato adicional menciona a una pareja que vive al estilo de la película Wiñaypacha (Mundo eterno), ubicada al pie del Apu Razuhuillca. Según Blasco (2021), en este impresionante entorno, a más de 5,000 metros sobre el nivel del mar, los personajes de la película- la primera filmada completamente en aimara-enfrentan adversidades climáticas y económicas, anhelando el regreso de su hijo emigrante.
A diferencia de ellos, Luz Mery Anccasi Mendoza y Agustín Huamán Araujo, una pareja relativamente joven y sin hijos, se dedican a la piscicultura de trucha y reciben a los visitantes en una vivienda rústica, junto a otra construida por los cineastas de Killapa wawan (Hijo de la luna), que se estrenará en 2024, íntegramente en quechua. Estas actividades contribuyen a revalorizar y reactivar el turismo local, nacional e internacional, como se indica en la hoja de visitas al pie del majestuoso Apu Razuhuillca.
Durante julio y agosto, las visitas provienen de los pobladores de la cadena montañosa de los Andes del Perú, coincidiendo con la celebración de la Fiesta del Santiago. Según García (2011), Santiago Apóstol llegó al Abya-Yala junto a los españoles en 1492 y a Perú en 1532, asumiendo el papel de protector de los soldados y actuando como ‘mataindios’. Esta festividad está relacionada con las ferias ganaderas y las ceremonias andinas del primero de agosto, donde se rinde homenaje a la Pachamama (Madre Tierra), especialmente en las apachetas, como señala Seibold (2021). En la primera semana de agosto, los Runakuna se dirigen a sus piedras sagradas en los chacras para realizar un despacho, una ofrenda familiar a la Pachamama mediante la quema de materiales. Estas actividades, que incluyen la celebración del Día del Campesino el 24 de junio con el ritual del Pagapu, fomentan el interés en el turismo local, nacional e internacional, llevando a cabo diversas ceremonias de Pagapu al Apu Razuhuillca.
3. Política de recompensa por el Pagapu
Los testimonios de campesinos, lugareños, visitantes, feligreses y turistas sobre el poder del Pagapu al Apu Razuhuillca en la vida cotidiana de los creyentes son variados. Los beneficios que se derivan de este ritual se reflejan en las cosechas, negocios, empresas, ganadería, relaciones amorosas y oportunidades laborales. Además, se apoya en el trabajo de Stensrud (2010), quien señala que las creencias y prácticas religiosas indígenas no son simples vestigios del pasado precolombino, sino procesos culturales que se renuevan continuamente en un entorno donde lo rural y lo urbano están interconectados a través de relaciones, prácticas y valores. Sin embargo, el Pagapu también se ve afectado por las actividades ilícitas de los narcotraficantes, dado que la zona VRAEM y la ceja de la selva son áreas donde se desarrollan estos comercios.
Esto se corrobora con los testimonios de los pobladores sobre los rituales de peregrinos involucrados en el narcotráfico, quienes son generosos tanto con el ritual como con los comuneros. En sus ceremonias, emplean billetes de alto valor en soles y dólares. La vestimenta que portan, los idiomas que hablan y los roles que desempeñan durante la fiesta-peregrinación son fácilmente identificables. Su estilo de peregrinación, así como su posición social y económica en la estructura agraria de la región, los distinguen de manera clara (Flores, 1987). Esta práctica se alinea con las creencias de los campesinos; aunque el pago se realiza con fines negativos, su trabajo ilícito busca cumplir con la protección del Apu.
Desde la ribera de la laguna y los pueblos de Kurpakancha y Rumisumasqa, se pueden ver a los peregrinos campesinos que se aventuran a subir a la cima del Apu Razuhuillca, en busca de un lugar adecuado para depositar el Pagapu. Este ritual es esencial para que el Apu pueda atender sus pedidos y plegarias, que abarcan temas como el campo, los negocios, el trabajo, la salud, el estudio y el progreso económico.
El Apu Razuhuillca, con su vasta extensión geográfica, recibe a los peregrinos sin temor a la saturación; existen zonas específicas en su montaña destinadas para la realización del ritual. Cada campesino prepara un espacio para llevar a cabo el Pagapu, como señala Stensrud Stensrud (2010). Las interacciones entre las personas, su entorno y los objetos son palpables y significativas; los peregrinos ofrecen alimentos, bebidas, hojas de coca y humo de cigarrillo a la tierra y a las montañas, buscando fertilidad, bienestar, protección, salud y prosperidad.
En las áreas acondicionadas para el Pagapu, se pueden observar restos de cigarrillos, botellas de diversas marcas, flores de variadas especies, caramelos, velas, coca y agua de siete espíritus en botellas miniatura. Durante las festividades del 24 de junio (Día del Campesino), 26 de julio (Fiesta de Santiago) y 1 de agosto (Pago a la Tierra), la afluencia de visitantes aumenta, todos buscando el lugar perfecto para realizar sus ofrendas.
Los campesinos afirman que, a las cuatro y cinco de la mañana, los peregrinos comienzan su ascenso hacia la cima del Apu Razuhuillca. Según la creencia, el Apu les recibe a primeras horas del día en el Pagapu. La carretera en trocha llega hasta el borde de la laguna, donde un conglomerado de vehículos espera el retorno de los peregrinos desde la cima. Este flujo de personas incluye a individuos provenientes de diversos lugares del Perú (Pinasco, 2018). Los peregrinos, que pertenecen a distintos grupos étnicos, llegan al Santuario con intereses tanto comunitarios como individuales.
La práctica de rituales es común en los Andes peruanos, donde se establecen santuarios de peregrinación que poseen una tradición milenaria inherente al hombre andino quechua hablante. Durante los días festivos del calendario andino, la comunicación entre comuneros y visitantes se lleva a cabo, en su mayor parte, en quechua, el idioma oficial del Pagapu al Apu Razuhuillca.
Conclusión
El ser humano ha mantenido una estrecha relación con la vida y la muerte desde sus inicios, un tema central en su filosofía (Rivera, 2010). Un aspecto crucial en este contexto es el concepto de ‘ser para la muerte’, que fundamenta la visión sobre la propiedad y la totalidad. Esta idea impulsa al campesino a entregar su vida y destino a los seres naturales a través de rituales como el Pagapu al Apu Razuhuillca: “el nuevo planteamiento consiste en buscar el problema indígena en el problema de la tierra” (Jones y Manzoni, 1950). La filosofía andina, vinculada al pensamiento naturalista griego, refleja cómo el hombre andino busca la seguridad en la naturaleza, que le proporciona agua y sentido a su existencia. La inseguridad, el temor a la soledad y los fenómenos naturales inexplicables llevan al campesino quechua hablante a participar en el peregrinaje del Pagapu al Apu Razuhuillca durante el Día del Campesino, reconocido oficialmente por el Estado peruano en honor a su labor agrícola.
El diálogo con el Apu se lleva a cabo de manera individual o a través de un sabio que lo invoca para el bienestar de quienes participan en el ritual. Para el hombre andino quechua hablante, el Pagapu se justifica también por el intercambio de los mejores productos de su cultivo con el Apu de Razuhuillca, quien otorga bendiciones sobrenaturales. La fe y la veneración son fundamentales; solo con una entrega sincera, sin dudas ni malos pensamientos, el Apu brindará salud, trabajo, cultivo y bienestar familiar. Este ritual, que debe realizarse anualmente en fechas del calendario andino y el Día del Campesino, garantiza el buen desarrollo del campo. Finalmente, los beneficios de la peregrinación y el Pagapu se comparten con la familia y la comunidad, promoviendo además el turismo nacional e internacional.
La práctica de rituales en los Andes peruanos constituye una forma de protección mística frente a las amenazas que representan las empresas mineras y resalta la importancia del agua como elemento vital en esta región. El misticismo incluye un conjunto de normas sociales que regulan la conducta de los visitantes, previniendo así la profanación de lo sagrado, tal como lo han considerado históricamente los pueblos andinos. Según Peña (2013), el artículo 89 de la Constitución Política del Perú es esencial, ya que se enfoca en las Comunidades Campesinas y Nativas, recopilando una serie de derechos que las definen y protegen. Gutiérrez y Aronés (2022a) destacan que los beneficios de la peregrinación y su correspondiente Samikuy se comparten tanto con la familia como con la comunidad, además de promover el turismo en la región.
La práctica de rituales en los Andes peruanos representa una forma de protección mística frente a la amenaza de las empresas mineras y subraya la importancia del agua como elemento esencial para la vida en esta región. El misticismo abarca un conjunto de normas sociales que regulan la conducta de los visitantes, evitando así la profanación de lo sagrado, tal como lo han considerado ancestralmente los pueblos andinos. Según Peña (2013), el artículo 89 de la Constitución Política del Perú es fundamental, ya que se centra en las Comunidades Campesinas y Nativas del país, recopilando una serie de derechos que definen y protegen a estas comunidades. Finaliza (Gutiérrez and Aronés, 2022b) Los beneficios de la peregrinación y su correspondiente Samikuy se comparten con la familia y la comunidad, y también fomentan el turismo.