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EPISTEME
versión impresa ISSN 0798-4324
EPISTEME vol.31 no.2 caracas dic. 2011
González, Ángel Luis, G.W. Leibniz: Obras filosóficas y científicas, Metafísica, Vol. 2, Granada, Ed. Comares, 2010.
Sergio Rodero Cilleros
Universidad de Granada. E-mail del autor: src@ugr.es
Es el tercer volumen de la serie: Obras filosóficas y científicas de G.W. Leibniz, que dirige el Profesor Juan Antonio Nicolás (Universidad de Granada). La serie está compuesta de 19 volúmenes y se enmarca dentro del Proyecto de Investigación del MICINN y Proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía: Leibniz en español (www.leibniz.es).
Gottfried Wilhelm Leibniz tenía devoción a la ciencia metafísica. Por esto, ocupa la metafísica un lugar central y extensísimo en toda su obra. En el presente volumen que edita el Profesor Ángel Luis González (Universidad de Navarra) se recogen 51 trabajos metafísicos de toda su producción filosófica, desde El principio de individuación hasta La última respuesta. Están incluidos en este volumen algunos de los textos más conocidos del pensador alemán, tales como La profesión de fe del filósofo, el Discurso de metafísica, Los principios de la naturaleza y de la gracia, la Monadología y La originación radical de las cosas. Otros textos menos conocidos que se incluyen son: Sobre la libertad y la necesidad, La necesidad y la contingencia, La necesidad de elegir lo mejor, Resumen de metafísica, entre otros. Ciertos escritos de índole metafísica pueden ser echados de menos en este volumen, pero aparecerán en sucesivos volúmenes de Correspondencias, al tener también implicaciones gnoseológicas, religiosas o de otra temática, aunque siempre estos escritos estén preñados de metafísica.
Las problemáticas de las que Leibniz se hace eco y que se manifiestan en este volumen de Metafísica, son los eternos problemas de esa ciencia, tanto de la ontología como de la teodicea, porque ésta, que el filósofo de Hannover bautizó y tantos éxitos ha traído en el decurso de la historia del pensamiento, está llena en Leibniz de ontología.
Conforme G.W. Leibniz, la metafísica no es sino una ciencia de lo real. Entendiendo por real la esencia, no lo actual o existencial; es la esencia lo verdaderamente real. Es la esencia la que proporciona razón a las entidades. Leibniz cultiva una metafísica esencialista, la que, entre otras cosas, se forja con el predominio de la esencia sobre la existencia. En el racionalismo de Leibniz la realidad actual depende de su realidad posible: para la realitas siempre se necesita de la posibilidad (aunque no únicamente la posibilidad, como refleja el texto de las Notas de metafísica en su mayor parte). Como la esencia se ve definida por la posibilidad, en definitiva según el de Leipzig, la verdadera realidad es la posibilidad. Para Leibniz es posible todo lo que es perfectamente concebible, y que consecuentemente tiene una esencia, una idea: no considera si el resto de las cosas le posibilitan llegar a ser existente. Vemos en dos textos recapitulados en este volumen de metafísica cómo la esencia o posibilidad es la génesis de la existencia (Discusión con G. Wagner y Esencia y existencia según Weigel).
Otro rasgo básico de la metafísica leibniziana es la perfecta correspondencia entre posible y existente creado. Al establecer la primacía de la esencia, se subordina, se condiciona, se explica, se deriva el resto de las cosas. Para el de Hannover, hay una correspondencia absoluta entre la realidad posible y la realidad actual; sólo existe una distinción y es que la realidad actual ha recibido la existencia; con todo, la existencia no es más que efectividad o facticidad. El pensador germano insiste en que su doctrina es una doctrina de la existencia donde ésta es una exigencia de la esencia: corresponde a la naturaleza de la esencia o posibilidad exigir la existencia. No existe definición de la existencia, se ha de entender solamente en función de esa inclinación o exigencia de la esencia. Vemos esta doctrina leibniziana manifiesta en varios textos aquí recogidos por el catedrático Ángel Luis González: Sobre la existencia y existencia. Sobre si es una perfección, No todos los posibles llegan a la existencia (a más de los escritos más conocidos que se incluyen en el Discurso de Metafísica o en la Monadología).
Encontramos además en este vol. 2 el texto: Mi principio es que cualquier cosa que puede existir, y es compatible con otras, existe. Pertenece al tema de la posibilidad y composibilidad leibniziana. Si todos los posibles existieran, no habría ninguna razón para existir, y sería suficiente la sola posibilidad. Todo posible es existidero, como con expresión gráfica apunta en el Resumen de metafísica. En otro trabajo breve, contenido en el presente volumen, La razón por la que existen estas cosas más bien que otras, el filósofo de Hannover refleja que esa razón es la misma que explica que exista algo mejor que nada, pues si se da la razón de por qué existen estas cosas, también se da la razón de por qué existe algo; y esa razón se basa en la prevalencia de las razones para existir por encima de las razones para no hacerlo, es decir, en la exigencia de existir interior a las esencias, de tal modo que existen ésas que no hallan impedimento. Esto también aparece en otros trabajos enjundiosos de esta edición, tales como por ejemplo, No todos los posibles llegan a la existencia; Mi principio es que cualquier cosa que puede existir, y es compatible con otras, existe; asimismo, esta doctrina se ve en los textos más emblemáticos de Leibniz: Discurso de metafísica, Monadología y Resumen de metafísica.
En todos estos escritos citados arriba está igualmente contenida la tª. de la incomposibilidad de los posibles, con la noción nuclear mediadora entre la voluntad del Absoluto creador y las cosas actuales contingentes; y así la composibilidad se implica en la noción de contingencia. En efecto, en el opúsculo llamado Sobre la contingencia, apunta el de Leipzig que el principio de las cosas es el siguiente: existe lo que puede existir y es compatible con otros, ya que la razón de existir de todos los posibles no debe ser limitada por otra razón que ésta: no todos son compatibles.
El posible composible que arriba a la existencia actual es contingente. Esta doctrina de la composibilidad es la pieza fundamental en Leibniz entre posibilidad y necesidad. Con tal doctrina el pensador alemán quiere evitar el necesitarismo spinozista; en Leibniz la composibilidad se suma al Dios que existentifica trasladando posibilidades, en particular trasladando el composible más apropiado, el mejor o el más óptimo. De esta manera, se salva, conforme Leibniz, la contingencia de las cosas actuales. Así, la posibilidad, al devenir existente, asume la modalidad de la contingencia.
Según Leibniz, el mecanismo metafísico de la creación arrastra consigo, en primer término, la existencia de un Absoluto, una Monas monadum (refiriéndose a Dios). Existe creación y criaturas, cosas y no nada, puesto que existe un infinito creador. Si se suprime el Absoluto, ya no habría mundo: si se suprime Dios, queda abolida la serie íntegra de las cosas, y una vez establecido Dios, queda establecida la serie de las cosas, como se apunta en La profesión de fe del filósofo y en el texto de La originación radical de las cosas, dos de los trabajos más fundamentales de Leibniz, traducidos y presentados en este volumen.
Leibniz propone el argumento ontológico que sigue: el Ser Necesario existe con tal que sea posible; esa aseguración conlleva la coincidencia o la con versión, en el Absoluto, de posibilidad y necesidad. Su prueba ontológica se ejecuta sobre la base de la noción de posibilidad total u omniposibilidad: Dios es una existencia necesaria, o dicho de otro modo, es el único Necesario. A esta temática corresponden algunos de los escritos explayados en este volumen de la serie Obras filosóficas y científicas de G.W. Leibniz; entre ellos destacan: El ente perfectísimo es posible, El ente perfectísimo existe, Que el ente perfectísimo existe, Cómo debe probarse la existencia de Dios, Si el ser necesario es posible, existe, Definición de Dios, es decir, del Ente por sí.
El asunto de la creación es esencial en la metafísica de Leibniz. Está presente en varios de los textos aquí expuestos, por ejemplo, en el Discurso de Metafísica, Resumen de metafísica, Principios de la naturaleza y de la gracia, pero especialmente en el escrito sobre El origen radical de las cosas. La creación o como Leibniz la llama, el origen radical de las cosas, estriba en un traslado de las esencias o posibilidades desde la mente divina a la realidad mundanal actual.
En cuanto al Principio de razón suficiente (PRS) y la creación, diremos que Dios produce la existencia de las cosas, mas no su posibilidad; las posibilidades o ideas de las cosas, aunque no son Dios, coinciden con Él, y tienen su ubicación metafísica en el entendimiento divino. Es Dios el que traslada las esencias desde su mente divina hasta la realidad actual. Para esto el de Hannover introduce un principio metafísico: el principio de razón suficiente, motor de la metafísica leibniziana, ya que supone la búsqueda del fundamento. En el presente volumen se recogen las formulaciones del gran principio leibniziano desde un punto de vista ontológico, aunque también existen otras formulaciones de contenido epistemológico-lógico, que aparecerán recogidas en otros volúmenes de la edición. La formulación lógica-epistemológica-ontológica más concentrada es tal vez la que aparece en el par. 32 de la Monadología. El principio de razón suficiente comprende tanto a seres posibles como a seres actuales, y además el propio Dios está sujeto a este principio. Cuando Dios establece el decreto de la creación ha tenido una razón para decidir.
Leibniz siempre apuntará que ya que no todos los posibles existen, el principio de las existencias contingentes consiste en que el Absoluto desea escoger lo más perfecto. Son muchos los escritos de esta edición que señalan esa doctrina. Uno de los que mejor la recogen es Sobre el origen radical de las cosas, un texto preámbulo de los temas que recogerá la Teodicea. La sabiduría divina aplicada a la creación implica la necesidad que, para Leibniz, es libertad de escoger lo mejor. Podemos ver esto en el escrito de este volumen: Acerca de la necesidad de elegir lo mejor. Ahora bien, los componentes necesarios para, bien combinados, explicar la doctrina acerca de la creación libre de las cosas por parte del Absoluto creador, los expresa Leibniz en diferentes parágrafos de la Monadología (48, 53, 54 y 55). El bsoluto ha de seguir la ley mejor. Parecería, entonces, que habría de señalarse que el mejor de los mundos posibles deviene necesario, dejando de ser posible, o mejor no era posible verdaderamente. Se produce, según Leibniz, una genuina elección: es la elección justamente que hace que el mundo no sea necesario, sino contingente. La elección implica contingencia y desorganiza la necesidad.
Únicamente tiene existencia lo que Dios desea que exista, asevera Leibniz, y eso no implica determinismo o necesitarismo. La inteligencia, como la libertad, no excluye un cierto determinismo; el filósofo alemán considera que una substancia libre, Dios el primero, se determina a sí misma guiada por el bien que le ofrece el entendimiento. Éste se inclina, sin forzar, al bien presentado. En eso consiste justamente la libertad, para el de Hannover, y de ese modo se salvaría la contingencia.
En el texto, Sobre la contingencia, Leibniz establece la tª. del primer decreto libre. Si lo primero es un primer decreto libre queda la sabiduría comprometida, pasando a un segundo nivel, ya que toda voluntad supone una ratio de querer y esa ratio es lógicamente previa a la voluntad. En el escrito, Acerca de la libertad exenta de necesidad en la elección (texto ontológico recogido en este volumen 2), destaca Leibniz que el primero de los decretos es escoger lo más perfecto. Pero en Acerca de la libertad y la necesidad, no obstante, expone Leibniz que no se puede conducir al infinito el querer voluntario del Absoluto; por eso, si quiere, y quiere lo mejor, ha de quererlo por su naturaleza propia, y si eso es querer necesariamente, esa necesidad para Leibniz debe ser declarada, al modo agustiniano, como una feliz necesidad; con todo, insiste el pensador germano, de ahí no se infiere que los posibles sean necesarios, o que no haya posibles, o que lo que Dios no escoge no sea posible.
En el texto, Sobre la naturaleza de la verdad, la contingencia y la indiferencia y sobre la libertad y la predeterminación (recogido también en el presente volumen) se trata la doble consideración o deliberación divina en la elección; habría una duplicidad decretal, o reflexión de un decreto sobre otro. La predeterminación posible implicaría sólo un decreto de predeterminar solamente posible; por lo que apunta que uno es el decreto que Dios considera al decretar, y otro es el decreto mediante el cual Dios decreta convertir en actual a aquél mediante el cual elige para la existencia esta serie de cosas.
En cuanto a la doctrina de la armonía, queda expuesta en el Discurso de metafísica. Son muy interesantes sobre esta doctrina las expresiones que Leibniz formula en un escrito anterior al Discurso: el texto de Sobre el secreto de lo sublime o acerca de lo más elevado de todas las cosas, presentado también en este volumen, dentro del trabajo más amplio denominado De summa rerum. Ahí Leibniz expone la armonía como un principio entendido así: cuanto más esencia pueda, exista. La armonía tiene una especial importancia en el pensamiento metafísico leibniziano; consideraba a la existencia como ser armónico; por esto para el pensador de Hannover existe una fusión de armonía y existencia. La armonía es en Leibniz unidad en la pluralidad, variedad y unidad en la variedad; es universal y además preestablecida (previa al proceso creador, pues el PRS ordena previamente todo proceso); es efecto o consecuencia del principio de la incomunicabilidad de las mónadas.
Por lo que concierne a la tª. de la notio completa y los tipos de necesidad, para Leibniz no hay determinismo en lo existente escogido, ni la elección está, pues, determinada. Esta teoría leibniziana se recoge muy bien en el nº. XIII del Discurso de metafísica, donde aparece la noción de una substancia individual que encierra de una vez para siempre todo lo que le puede suceder, y ciñéndonos a su noción puede verse en ella todo lo que es posible enunciar verdaderamente de ésa.
En el escrito, Sobre la contingencia, se tratan los distintos tipos de necesidad y contingencia; diferente es que el Absoluto escoja el mejor de los mundos posibles, y que necesariamente deba elegir el óptimo, y otra cosa es que lo quiera elegir necesariamente. Al querer salvar la libertad del Absoluto cuando crea le llevará a Leibniz a profundizar en el concepto de necesidad, y en los dos grandes tipos o clases: la necesidad metafísica y la moral. Aparece esto en De rerum originatione radicali. Habla Leibniz de la necesidad moral para rendir cuenta de la libertad del Absoluto. La elección del mejor de los mundos posibles no implica una necesidad metafísica, sino moral.
Ángel Luis González recoge en este volumen varios textos nucleares del pensamiento de Leibniz, sobre la noción de substancia y la problematicidad que ella conlleva y se ve implicada. Es esencial el descubrimiento de la mónada; con ésta se inicia la ontología. Escritos destacados son a este respecto: la Monadología, obviamente, Los principios de la naturaleza y de la gracia, Sobre el mundo presente y Sobre la noción perfecta de las sustancias, y además de especial relevancia es el texto Sobre la reforma de la filosofía primera y sobre la noción de sustancia. Es precisamente en este escrito donde el filósofo de Hannover considera que el verdadero y primer fundamento de la metafísica es entender la substancia como ser capaz de acción, o un centro de actividad.
Hay otros muchos temas metafísicos presentes y evidentes en los textos que el editor recoge aquí. Pese a las consideraciones que hace Leibniz sobre el mal en La profesión de fe del filósofo o en la minúscula misiva a Magnus Wedderkopft; otro tema relevante es el de la teodicea, tanto formulaciones de argumentos para probar la existencia divina como algunos de los atributos del Absoluto. Lo vemos en los escritos recapitulados aquí: Acerca de las formas y atributos de Dios, El ente perfectísimo existe, Definición de Dios, es decir, del Ente por sí. Los primeros principios y transcendentales se exponen en Comentarios a la metafísica de los unitarianos de Cristóbal Stegmann; la unidad y el principio de individuación, sobre el que trata, entre otros, el primer texto traducido aquí: Disertación metafísica sobre el principio de individuación.
Los trabajos que aquí se presentan, 51, de índole metafísica, se acompañan de una breve ficha técnica, donde aparece el contexto y relevancia del texto traducido. Ese contexto y relevancia indicados en la ficha técnica son una pequeña presentación del texto, no se trata de una introducción al trabajo traducido. Esto facilita mucho la lectura y análisis de los diferentes escritos metafísicos. Para terminar, el lector se va a encontrar con un entramado metafísico apasionante y con muy diversos problemas de filosofía primera en Leibniz.












