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EPISTEME
versión impresa ISSN 0798-4324
EPISTEME vol.32 no.1-2 caracas dic. 2012
SEMBLANZAS. EL PODER DEL TALENTO
Jesús F. Baceta V.1
1 Instituto de Filosofía Universidad Central de Venezuela. E-mail del autor: jesus.baceta@ucv.ve
Me toca aquí, como actual Director del Instituto de Filosofía, dar cuenta, brevemente, de la obra filosófica de Juan Nuño y el desarrollo institucional que debemos a su trabajo.
Voy a dar algunas coordenadas que permitan evidenciar la dimensión de la obra de Juan Nuño. En su producción se distinguen, a mi parecer, tres tipos de obras. Unas que en parte coinciden con una primera fase platónica que gira en torno a problemas helenistas, fenomenológicos (Husserl, Hartmann), existencialistas (Jaspers, Unamuno, Heidegger, Sartre), y marxistas y las lecturas hegelianas de Marx (Lukacs, Althusser). En esta etapa sus intereses coinciden con los de cualquier joven que estudiara en la Escuela de Filosofía de la UCV de finales de los 40 e inicio de los 50. Se destaca un empeño didáctico, con un profundo acento crítico en libros sobre Heidegger, Sartre y el marxismo en general.
Otro grupo de obras pertenece a un complejo período analítico que fue descrito con especial atención por Fernando Salmerón en una nota sobre la recepción del análisis filosófico en América Latina. En el año 1965 [al decir de Salmerón], Juan Nuño publicó un libro titulado Sentido de la filosofía contemporánea, que es el primer panorama sobre el empirismo y la filosofía analítica escrito en un país latinoamericano y en 1973 publicó un libro de lógica formal. Los artículos de Nuño que discuten los temas y autores propios del furor analítico, escritos en los años 70, aparecieron como libro en 1982 con el nombre de Compromisos y desviaciones.
El último grupo de sus obras es de variados intereses desde el punto de vista de la filosofía. Fue una búsqueda de mejores mundos; era tiempo nuevamente de Platón, de Borges, de la filosofía en Borges, de la ética y la cibernética.
No recordaré aquí toda su obra; sin embargo, me permito enumerar las principales características de su filosofía. Uno de sus alumnos, el profesor Piero Lo Monaco, destaca que Juan Nuño:
1) Estaba convencido, “de que el sesgo de la vida social y de la acción humana es el impreso al trasluz, grueso, simplificado y difuminado, de abstractas ideas filosóficas”, que clasificó en su libro Los mitos filosóficos. Según Lo Monaco “Nuño “Creía firmemente que la tarea del intelectual era la de rastrear, interpretar y hacer manifiestos tales ocultos esquemas”.
2) Nuño enfrentó “la difusión del marxismo escolástico –en especial en Latinoamérica, evidenciando entre otras cosas las limitaciones en sus aplicaciones a las sociedades del Nuevo Mundo”.
3) Juan Nuño hizo uso preciso del espíritu analítico y de los usos del lenguaje de la nueva filosofía de la ciencia y del lenguaje, tal como nos fueran enseñados por Wittgenstein, Russell y Quine.
4) Creía, como Wittgenstein, que la filosofía era una actividad y sus ensayos son una gran labor terapéutica con profundas preocupaciones morales, particularmente en lo que atañe a la discriminación del ser humano
5) Abarcó la filosofía en todo su espectro ontológico, con una honda preocupación ética y estética
6) Fue un crítico amargo de temperamento con las filosofías etéreas, chirles y hebenes.
Desde el punto de vista institucional Juan Nuño organizó, en su periodo como director del instituto de filosofía 1975-79, el Seminario del Instituto de Filosofía con el objeto de dar a conocer los resultados o avances obtenidos por los investigadores adscritos a este centro y someterlos internamente a discusión. Esto fomentó la creación de la revista Episteme, órgano de difusión del Instituto, y la promoción inter- nacional de nuestra institución. Además, creó el diseño curricular de la Maestría en Lógica y metodología y, con ello, cimentó los estudios de filosofía analítica en Venezuela.
Nuño fue profesor de Filosofía griega, lógica-matemática, filoso- fía de la ciencia y filosofía contemporánea; además, fue traductor (Icaro el futuro de la ciencia de Bertrand Russell, Matemática sin metafísica de Wittgenstein entre otros) e incursionó en el mundo de la literatura con un cuento llamado 2048, cuento celebrado por muchos.
En la plétora de intereses de Juan Nuño el profesor Salmerón “descubre una amplia perspectiva temática, que deja ver una línea de evolución del autor unida a los cambios en el ambiente filosófico de su país: es el tránsito gradual a un clima que permite el libre curso del análisis filosófico como moneda académica corriente -pero revela también el paso de los descubrimientos y del entusiasmo combativo, a un cierto desencanto”.
Ciertamente, Venezuela devino en un terrible ácido que disuelve a unos, los corroe, los elimina, los anula, lo cual produce cierto desencanto. No obstante, Venezuela, a otros, los cristaliza, los endurece, los petrifica. En el proceso se forman nuevos complejos, nuevas instituciones. Una de ellas, la maestría en filosofía, reflejo de los pensamientos de Nuño, aglutina los posibles procesos de cambio que forman nuevos elementos. Y el único catalizador que usó el profesor Nuño, la única fuerza soberana que nos reunió aquí, es el poder del talento crí- tico. Y aquí en Venezuela, gracias a maestros como Juan Nuño, lo que nunca falta es talento. Eso era todo lo que quería decir.












