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EPISTEME
versión impresa ISSN 0798-4324
EPISTEME vol.32 no.1-2 caracas dic. 2012
JUAN NUÑO Y SU FILOSOFÍA DE WITTGENSTEIN
Vanessa Alcaíno1
1Universidad Central de Venezuela. E-mail del autor: vanepizani@gmail.com
Resumen: Juan Nuño fue un pensador innovador de nuestro país al que se le debe mucho del crecimiento de nuestra filosofía. Entre sus logros encontramos su apropiación de las teorías de Ludwig Wittgenstein y su interpretación de ellas. Logró comprenderlas, asimilarlas, criticarlas y transformarlas en lo que se convertiría en parte de su aporte filosófico. Por eso defendemos aquí que Nuño fue empáticamente wittgenstaniano, ambos coincidían en sus ideas sobre lo que debía ser la filosofía, la importante relación con el lenguaje y la manera de presentar sus ideas. Sin embargo, Nuño fue más allá planteando un pensamiento propio, sólido y adecuado a su realidad y necesidades, invitándonos con sus disertaciones a descubrir que la filosofía como actividad critica y reflexiva, basada en el buen uso del lenguaje, es una disciplina fascinante y vivaz.
Palabras claves: Nuño, Wittgenstein, Filosofía.
Juan Nuño and his Wittgenstein philosophy
Abstract: Juan Nuño was an innovative thinker of our country to whom we owe much of the growth of our philosophy. Among his achievements we find his appropriation of the theories of Ludwig Wittgenstein and his interpretation of them. He managed to understand, assimilate, criticize and transform them into what would become part of his philosophical contribution. This is why we here defend that Nuño was empathically wittgenstarian, both of them agree in their ideas about what philosophy should be, its relation with language and manner of submitting the ideas. However, Nuño went far beyond his own thinking, solid and suitable to its reality and needs, inviting us with his dissertations to discover philosophy as a critical and reflective activity, based on the proper use of language, it is a fascinating and lively discipline.
Key words: Nuño, Wittgenstein, Filosofía.
Recibido: 14-01-11. Aceptado: 27-01-11
El pensamiento iberoamericano se identifica por ser mezcla de distintas culturas, por lo que a veces se problematiza determinar características o líneas de trabajo propias de estas tierras. No obstante contamos con pensadores que lograron traspasar estas dificultades, convirtiendo lo que a primera vista sería un obstáculo o una negativa en nuevas y diferentes formas de pensar, propias y representativas de nuestra civilización. Es el caso de Juan Nuño, quien de modo original y novedoso asumió, integró y avanzó (poniendo en práctica) la filosofía de Ludwig Wittgenstein.
Comparándolos, y aunque a primera vista estos autores nos parezcan disímiles tanto en sus propuestas como en la manera de plantearlas, sin contar con las obvias diferencias de tiempos, contextos y personalidades, encontramos en ellos gran similitud en lo que consideraban es y debería ser la filosofía, en la importancia que le otorgaron al lenguaje dentro de sus propuestas filosóficas y en la manera de presentar sus ideas. Todo esto confluye en lo que consideramos la principal inquietud de ambos y en lo que aquí respecta, el tema de la concepción de la filosofía.
Aparte de lo dicho, hay una idea de Nuño expresada en uno de sus artículos que reza sobre el valor de poder acoplar las filosofías a nuestras necesidades o culturas, comprendiendo y sustrayendo de ellas lo que nos parezca meritorio y en esa condición no trabajar con doctrinas secas1, más bien que las ideas importadas se conviertan en fértiles2 para poder erigir y desarrollar un pensamiento filosófico ajustado, contemporáneo y fresco.
Defendemos que él siguió su propio precepto, en su obra encontramos rasgos wittgensteinianos que una vez estudiados, pensados y digeridos logró adaptar a su realidad y a su interés, invitándonos con sus trabajos a transitar por vastas interpretaciones y confrontaciones. Hizo de la obra de Wittgenstein sumado a todo su bagaje filosófico, un pensamiento propio, oportuno e innovador.
Wittgenstein despliega una teoría filosófica exhaustiva y explícita en sus textos, mientras Nuño por su parte esboza conjeturas a partir de las reflexiones discernidas en sus artículos. De igual forma ambos auto- res pusieron en práctica sus doctrinas ejerciendo actividades docentes.
En esta medida la obra de Wittgenstein nos asiste al intentar trazar una línea de pensamiento en Nuño y la labor de Nuño nos acerca a Wittgenstein con el matiz del trópico incorporado.
El quehacer de Nuño está edificado en gran parte en sus artículos de prensa en los que engloba un sinfín de contenidos. Formula su pensamiento a partir de las críticas que realiza, lo que supone una cierta dificultad al intentar entresacar sus ideas generales. Para deducir sus opiniones y propuestas hay entonces que discernirlas en muchos casos de las apreciaciones hechas a otros filósofos o corrientes filosóficas.
En las reflexiones de Nuño hay ideas que se repiten continuamente que son las que conforman el hilo y la esencia de su pensamiento filosófico o de su pensar sobre la filosofía. Tras la variedad de sus temas hay una reflexión unificada que puede a veces entre-leerse y otras se encuentra manifiestamente expresada con humor e ironía.
Rara vez se observa en alguna de las publicaciones de Nuño que concuerde con otras propuestas o pensamientos de manera fácil y positiva, y entre esas pocas excepciones se encuentran algunas de las tesis de Wittgenstein. Por otro lado, de los libros publicados por Nuño encontramos Matemática sin metafísica3, recopilación de las ideas matemáticas del filósofo vienés (transmitidas por él en distintas publicaciones) y en el que encontramos acotaciones y opiniones de Nuño a pie de página.
Pareciera que Nuño se relaciona con la filosofía de Wittgenstein desde varios estratos, de modo directo cuando lo nombra explícita- mente o realiza trabajos dedicados a él, y de manera indirecta, cuando lo suma en su pensamiento como algo propio y asumido.
A lo largo de su carrera como filósofo, Wittgenstein publicó dos libros (el segundo de ellos publicado luego de su muerte, si bien él tenía dispuesta su publicación) que fueron significativos por sus innovadoras visiones y planteamientos. En el primero de ellos, el Tractatus logico- -philosophicus, expone la filosofía del atomismo lógico. Allí se estudia la estructura del lenguaje para limitarlo y así evitar las confusiones que éste pudiere provocar. Alega que hay cosas que no pueden ser dichas sino sólo mostradas; y una vez revelada la estructura del lenguaje se nos muestra la estructura del mundo. El mundo resulta ser la ética, la estética y la religión. Es esencialmente un estudio del lenguaje para limitarlo y usarlo correctamente y no permitir que sucumbamos a los malentendidos producto del desconocimiento de su lógica.
En el segundo texto, Las Investigaciones Filosóficas, se despliega un estudio extenso del lenguaje cotidiano. Ahora ya no se busca establecer un orden ideal para el lenguaje sino más bien estudiarlo en sus diferentes contextos, con sus parecidos de familia y sus significados basados en los distintos usos.
Por su parte, el tema más recurrente en los escritos de Nuño es el de la Filosofía, por lo que se debe considerar como una de sus principales inquietudes. No sólo criticó aquello con lo que no estaba de acuerdo de las tesis filosóficas, sino que escribió diversos ensayos so- bre la historia de la filosofía universal y latinoamericana, sugiriendo en varios de ellos lo que a su parecer son las herramientas necesarias para desarrollar o mejorar las mismas.
La noción de filosofía desarrollada por Wittgenstein está definitiva- mente ligada al lenguaje. La filosofía (en cualquiera de sus obras o etapas, como suelen separarlas) es una actividad encargada del esclarecimiento del lenguaje y nada más, no aporta nada nuevo sino ayuda a las ciencias naturales clarificando las expresiones utilizadas por éstas. Desconfía del lenguaje y partiendo de esta premisa fundamental en su pensamiento, lleva a cabo la tarea de estudiarlo.
Creyó que trazando límites al lenguaje eliminaría los problemas de la metafísica que se resumen en los sinsentidos en los que incurre; ante lo cual Nuño señala:
Aquella corriente filosófica que acepte, por principio, un papel de subordinación metodológica para la filosofía, será necesariamente una corriente antifilosófica, es decir, negadora de la mayor parte de las pretensiones filosóficas supracientíficas o paracientíficas4.
Nuño defiende con Wittgenstein que no puede formularse en el mismo lenguaje la pregunta que cuestiona la totalidad de lo cubierto por ese lenguaje5, ni formularse la pregunta ni responderla ya que significaría salirse de los límites de mi mundo6 y verlo desde afuera de esta demarcación, sería, -sostiene Nuño-, como la mirada de Dios, no es cosa de aceptar con humildad el puesto del hombre en el cosmos ante la omnisciencia divina, sino de desarmar tales bombas metafísicas (realidad, mundo, Dios) traduciéndolas a un lenguaje significativo7.
En el artículo Crítica a la metafísica contemporánea8 concluye Nuño:
Sólo por ello convendría seguir considerando a la filosofía, en tanto simple expresión de un pensamiento crítico y aclaratorio, como una vigilante actividad; para decirlo finalmente con palabras de Wittgenstein, contra el embrujamiento de nuestra inteligencia por medio del lenguaje9.
Nuño defiende a la par que no existen dos Wittgenstein sino que su interés es la cuestión filosófica a partir del lenguaje que plantea primero depurándolo y limitándolo (Tractatus) y luego trabajando con las expresiones del lenguaje cotidiano (Investigaciones).
Por lo mismo el Tractatus comienza cosmogónicamente diciendo, en análisis lingüístico, de qué se compone el mundo y siguiendo con la depuración total de sus componentes. Las Investigaciones son la consecuencia radial de la tarea emprendida en el Tractatus: llegar hasta la forma lingüística más aparentemente normal y cotidiana para probar la misma tesis que en el Tractatus, es el lenguaje el que forma los falsos problemas de que se nutre la filosofía10.
Nuño propone que se use al lenguaje como una de las principales herramientas en filosofía, criticando severa y a veces despiadadamente aquellas corrientes filosóficas que no hacían un correcto uso de él. Parece así usar a la filosofía como una disciplina secundaria ya que para empezar no considera que hace estrictamente filosofía, su labor es la crítica, y reprocha en los filósofos sus sinsentidos o contradicciones disponiendo del lenguaje como vital instrumento. El marxismo y el empirismo lógico son las corrientes filosóficas que reprende con mas vigor, cómo la primera no debe abusar del lenguaje, o cómo la segunda debe tratar de ser una corriente más práctica.
Desde una visión general, Nuño cataloga a la filosofía de tres modos:
1. Como concepción del mundo que abarca y sintetiza todo conocimiento.
2. Como guía del hombre.
3. Como actividad reflexiva y crítica.
Se inclina por la tercera solución, filosofía de la ciencia, del lenguaje o, perversamente de la filosofía misma. Por aquí es por donde se abren posibilidades al pensamiento filosófico latinoamericano11. En su opinión en Latinoamérica no se ha avanzado en una filosofía que la caracterice pero alega que tampoco ha ocurrido en otros muchos países. A pesar de lo dicho, podría pensarse que se halla un pensamiento filosófico importante en estas tierras, más no ha habido cómo contarlo ni recopilarlo; como paradoja, Nuño ha sido justamente uno de los grandes precursores.
Esta civilización se revela establecida en la búsqueda de la eficacia y del éxito y no es extraño que se le pidan cuentas a la filosofía, y se le pregunte insolentemente, siguiendo la idea de Nuño, para qué sirve: asumir y reconocer que justamente servir, como los sirvientes, los paraguas o los ministros, no sirve para nada12, pero alguna importancia ha de tener, aunque no sea en calidad de productividad, porque si realmente la filosofía fuera tan inútil como pretenden, no sólo no se atentaría contra ella, sino que se procuraría ensalzarla y protegerla, ya que sería entonces, nada paradójicamente, perfectamente útil a fines poco ocultos de uniformidad y domesticación13.
El mundo filosófico se divide para este autor en filósofos de cabeza dura frente a los de corazón templado, para enfatizar, a pesar de la vaguedad y simplicidad de la clasificación, a los críticos y a los confiados. Dentro del primer grupo se encuentran Kant y Marx y en el segundo Hegel y Engels. Lo que propone en el fondo es intentar la salvación de la filosofía a partir de la desconfianza, sobre todo de los productos de ella misma. De su fruto se han construido dos fracciones en los filósofos: la de los recelosos o críticos y la de los temerarios o metafísicos.
La duda es un elemento crucial para el pensamiento, lo activa, lo estimula y convoca a la reflexión mientras que solemos conformarnos ante lo que consideramos certero. Así que, siendo la desconfianza su punto de partida, nos pone en reto y en una situación poco cómoda en la que cada quien tiene que reflexionar por sí mismo aspirando a cimentar un saber más fuerte y mejor fundamentado.
De hecho en el tema de la desconfianza, Nuño hace referencia a los filósofos del lenguaje, pero él mismo la aplica cada vez que apunta una detracción; la crítica es una consecuencia constructiva de la desconfianza.
Otro tema recurrente en este autor es el de la liquidación de la filosofía. En La superación de la filosofía, por ejemplo, sostiene que toda doctrina que se respete en algún momento tiene que emprender la tarea de descartar las otras propuestas para que ésta nueva quede como la única posible. En ese orden de ideas, Wittgenstein no es la excepción: con el Tractatus propone la supresión de la filosofía una vez solucionadas las dificultades que conforman los problemas filosóficos. Así, obteniendo lo opuesto a lo que piensa, propone una nueva filosofía que trata de ser la única posible y la última, en vista que después de ella no podrían seguir existiendo las cuestiones filosóficas tal como eran concebidas hasta entonces.
Para Nuño, las proposiciones del Tractatus son tan ambiguas que permiten cualquier interpretación, quizás por eso, en vez de encontrar en Wittgenstein un doble cierre de su pensamiento y de su filosofía, correspondientes a sus dos principales libros, consigue una inagotable fuente filosófica14.
En Wittgenstein: silencios y traiciones sostiene que el filósofo que llevó al máximo esta tarea fue Wittgenstein en el Tractatus. Sin embargo y como afirmáramos, concluye que ésta es una labor netamente filosófica y el resultado es agregarle más capas a la misma: En definitiva: la faena altamente filosófica de liquidar la filosofía sigue siendo un desideratum más que una cierta realidad. Para unos, se tratará de batallar sin tregua el encantamiento de la razón por el lenguaje15. Y así, toda filosofía tiene por objetivo eliminar la filosofía por paradójico que parezca, para que reine una filosofía, única.
El pensamiento contemporáneo también sigue esta tradición. ¿Quiénes, en nuestro horizonte filosófico, son auténticos filósofos precisamente por haber propuesto la liquidación de la filosofía?16, pregunta Nuño. Los liquidadores de la filosofía serán aquellos que quieran persistir como filósofos. En la contemporaneidad son aquellas corrientes que luchan por conseguir un predominio ideológico efectivo a través de medios culturales distintos, que varían desde los centros académicos hasta los partidos políticos.
Nuño propone que para conservar el aporte técnico positivo del análisis logicista y superar al mismo tiempo su limitación filosófica, se impone la incorporación de una interpretación histórica integral ya que no busca la supresión de la filosofía, sino procurarle un papel secundario. Y así, parece estar de acuerdo con ello: La filosofía es autofágica: se nutre de sí misma, sin dejar de ser secundaria: sirve a las otras ciencias en tanto gramática posterior. Lo demás son visiones de soñador, fuera de los límites no sólo de la razón, sino del significado17.
En el Tractatus Wittgenstein hace uso de una imagen a la que recurre Nuño en diversas ocasiones, la escalera. Una vez que se conoce el aparato lógico y la estructura del lenguaje hay que lanzarla para poder ver el mundo, para que se muestre y así comprenderlo, hay entonces que olvidar lo que se aprendió en el trayecto como si fuera menester desandar el camino.
Pareciera repetirse esta idea con la imagen que propone Nuño cuando define la filosofía como autofágica. El avance de la filosofía no es lineal e ininterrumpido sino que hay un constante retroceder para retomar el paso y poder andar por los mismos pasajes, quizás para llegar a diferentes abordajes o para uso de otras disciplinas. Es probable que cuando la filosofía cumple con su papel secundario nos toque lanzar la escalera desandando lo que hemos recorrido cuando la filosofía juega su papel autofágico para poder llegar a tener una visión más amplia y esclarecedora de lo que se busca: conocer el mundo. Para Nuño pareciera que el mundo en esencia es la historia y ésta es una manera de hacer caminos, mientras que para Wittgenstein el mundo (en el Tractatus) luego que logramos tirar la escalera, es la religión, la estética y la ética, que son maneras de hacer historia.
Lo que Nuño propone entonces es que no se ignoren las distin- tas tendencias, que con los logros de una y otra podría construirse algo mucho más sólido. Hay que aprovechar los avances y aprobaciones de ciertas materias de las otras corrientes para progresar en la filosofía y que no se comience siempre de cero. La esperanza de Nuño es que esto ocurra en alguna de ambas partes: O, a lo mejor, se alcanza el doble resultado esbozado: que el marxismo elimine a la filosofía con armas logicistas y que el empirismo lógico supere la ideología con recursos prácticos18.
Nuño comenta un artículo de Ferrater Mora llamado: Witt- genstein o la destrucción, dice: suficiente para que Ferrater M. sepa que ese libro (el Tractatus) le ha servido como trampolín para dar el mayor salto que pueda darse en el camino hacia el abismo19.
Nuño se pregunta cuál sería ese abismo y la respuesta es la liquidación de la filosofía. Ferrater M. afirma que Wittgenstein es el genio de la destrucción y desintegración del quehacer filosófico, que es el fin último y primero de su tarea:
A medida que transmite su pensamiento, Wittgenstein se ve obligado a eliminarlo
por una razón absolutamente radical: porque la tendencia última e inevitable de tal modo de pensar es la supresión del pensamiento
el término final de desenvolvimiento de este pensar que se aniquila a sí mismo sería la absoluta y radical mudez [
]20.
A lo que Nuño cuestiona: ¿Acaso no hemos sido demasiado complacientes en dar el salto alegremente y caer en el abismo sin fondo de su pensamiento indescifrable?21, ya que esta labor, aún cuando parezca paradójico y Wittgenstein no se percate todavía de ello en el Tractatus, sigue siendo una tarea filosófica. Nuño propone que hay que subir las escaleras con un poco más de cautela y detenerse a pensar antes de saltar.
En Wittgenstein: silencios y traiciones Nuño sugiere que la vida y obra de este autor tienen un paralelismo particular. Por ejemplo, cuando planteó en el Tractatus la solución definitiva a los problemas filosóficos se retiró por completo del quehacer filosófico reafirmando en su vida personal lo que exponía en sus planteamientos teóricos. Nuño presenta entonces los silencios en la vida y obra de Wittgenstein que en cierta medida han sido traicionados por sus discípulos al publicar sus obras, cuando él en vida sólo publicó el Tractatus y un artículo: Some remarks on logical forms. De los silencios más importantes está el explícito del Tractatus, los sugeridos como el referente a la ética y el de las Investigaciones.
El silencio propuesto por Wittgenstein referido a su filosofía es auxiliar a su pensamiento: Lo inefable, lo que me aparece pleno de misterio, de secreto y no soy capaz de expresar, quizá proporciona el trasfondo sobre el cual recibe significado lo que puedo expresar22.
Existe un paralelismo entre lo que Nuño llamó las estructuras ausentes cuando se refería a las carencias filosóficas en los estudios del ente latinoamericano y los silencios que él mismo menciona en Wittgenstein. Las estructuras ausentes las nombra como defecto de selección al momento de importar ideas, sin embargo eso mismo lo obliga a reflexionar sobre el tema. De la misma manera, los silencios de Wittgenstein, que pueden entenderse como ausencias, parecen interesarle particularmente.
La principal inquietud de estos autores es la filosofía, qué es, para qué sirve y hacia dónde se dirige, y es indudable que para ambos está estrechamente relacionada con el lenguaje. Es a fin de cuentas análisis lingüístico entendido de distintas maneras. La filosofía advertida como encargada de esclarecer el lenguaje se transforma en una disciplina de papel secundario que busca primordialmente su autoliquidación, pues una vez resueltos los malentendidos producidos por el lenguaje deja de existir. Esta idea la pone en práctica Wittgenstein en sus dos obras, principalmente en el Tractatus. Nuño está totalmente de acuerdo con este enfoque, al punto que nunca presentó propuestas filosóficas sistemáticas, sino que por el contrario de forma magistral hizo uso de sus artículos de prensa como canal de expresión.
Tenemos entonces que para ambos autores la filosofía está encargada de esclarecer el lenguaje. Aunque tengan diferencias en la manera de abordar el tema obtienen el mismo resultado. Nuño agrega y puntualiza una sugerencia a las metafísicas (sobre todo al marxismo) que procuren analizar y aclarar su lenguaje para que no sigan produciendo tantos sinsentidos, que aunque todavía posean una cierta atracción ya no tienen la importancia que una vez tuvieron.
La filosofía latinoamericana es una preocupación propia y manifiesta de Nuño, él sugiere que existe la posibilidad de trabajar por vía del análisis lingüístico para examinar y criticar el lenguaje tan ampuloso y vacío de significación que nos caracteriza, antes que formar grandes sistemas que expliquen el mundo o tesis que nos guíen en la vida. Probablemente Wittgenstein hubiera estado de acuerdo a este respecto, sobretodo si hubiera conocido nuestro idioma y la manera en que lo utilizamos.
Nuño basa su propuesta en la crítica y por lo tanto en la desconfianza, tal y como lo propuso Wittgenstein; la diferencia es que éste se cercó en el asunto del lenguaje (criticar el lenguaje porque se recela de él), mientras que Nuño criticó todo lo que a su parecer lo admitía, desde las grandes filosofías sistemáticas, pasando sin desvíos por las metafísicas, hasta llegar al lenguaje latinoamericano. Se tomó en serio el consejo y la guía de Wittgenstein y los adaptó a su interés y labor. Esta diatriba, característica en ambos autores, puede ser considerada como sistemática: criticar a partir de la desconfianza para, con base en ella, construir algo sólido y claro. Entonces aunque ninguno edificó un sistema como habitualmente se concebía, pareciera que su método personal fuera la crítica, que es por lo demás, más representativa de su pensamiento.
Encontramos así que la manera en que Nuño presenta sus trabajos coincide con lo que Wittgenstein considera debe ser el quehacer de la filosofía, actividad fundamentalmente encargada de la crítica del lenguaje, sin desarrollar con ella sistemas completos.
Se podría plantear en base a estas comparaciones generales que Nuño es empáticamente wittgensteiniano. Se nos despliega un Wittgenstein que es de Nuño, es decir, no se trata sólo de plantear que Nuño es wittgensteiniano por repetir y seguir estas doctrinas, sino de algo más interesante, que es tomar del filósofo vienés aquello que le pareció más relevante y con mayores posibilidades de aplicarlo a su propósito y así adaptarlas (y/o adoptarlas) para conseguir y reafirmar lo que plantea de por sí en su pensamiento filosófico creando un saber más sólido y fértil para nuestras tierras, una propuesta original y adecuada a nuestros requerimientos.
Su planteamiento se funda en la ironía y en el sarcasmo como columnas de su pensar. Puso bajo la lupa todo cuanto pudo y estuvo a su alcance, y de estas críticas surgen las reflexiones que casi siempre quedan abiertas invitando al lector a sumarse a ellas.
Con sus continuos viajes intelectuales nos invitó a pasear de su mano y a descubrir que la filosofía como actividad critica y reflexiva, basada en el buen uso del lenguaje, es una disciplina fascinante que está al alcance de todos y que es un sistema vivaz y dinámico que se alimenta con el diálogo y la comunicación.
Notas
1. Nuño, J.: La importancia de tener ideas en Compromisos y desviaciones, Ediciones de la Biblioteca UCV, Caracas, 1982, pág.11.
2. Ídem.
3. Nuño, J.: Matemáticas sin metafísica, Ediciones de la Biblioteca de la UCV, Caracas, 1981.
4. Nuño, J.: La superación de la filosofía en La superación de la filosofía y otros ensayos, Ediciones de la Biblioteca de la UCV, Caracas, 1972, pág.13.
5. Nuño, J.: Compromisos y desviaciones en Compromisos y desviaciones, op.cit., pág.144.
6. Cfr. Wittgenstein, L.: Tractatus logico-philosophicus, Editorial Tecnos, Madrid, 2003.
7. Nuño, J.: Compromisos y desviaciones en Compromisos y desviaciones, op.cit., pág.144.
8. Nuño, J.: Crítica de la metafísica contemporánea en La superación de la filosofía, op.cit.
9. Ibíd., pág.43.
10. Nuño, J.: Wittgenstein: silencios y traiciones, Episteme NS Nº16, Revista del Instituto de Filosofía, UCV, 1996, pág.93.
11. Nuño, J.: Tres visiones de la filosofía en Compromisos y desviaciones, op.cit., pág.86.
12. Nuño, J.: El desconfiado y la Piara de Circe en Compromisos y desviaciones, op.cit., pág.88.
13. Ibíd., pág.88.
14. Nuño, J.: La superación de la filosofía en La superación de la filosofía, op.cit., pág.94.
15. Nuño, J.: Wittgenstein: silencios y traiciones, op.cit., pág.21.
16. Nuño, J.: La superación de la filosofía en La superación de la filosofía y otros ensayos, op.cit., pág.10
17. Nuño, J.: Tres visiones de la filosofía en Compromisos y desviaciones, op.cit., pág. 86.
18. Nuño, J.: La superación de la filosofía en La superación de la filosofía, op.cit., pág.16
19. Nuño, J.: Wittgenstein: silencios y traiciones, op.cit., pág.91
20. Ídem., Extraído de Ferrater, Mora: Wittgenstein o la destrucción.
21. Ídem.
22. Nuño, J.: Wittgenstein: silencios y traiciones, op.cit., pág. 88, extraído de Witt- genstein, L.: Vermischte Bemerkungen.
Referencias bibliográficas
1. NUÑO, JUAN: Matemáticas sin metafísica, Ediciones de la Biblioteca de la UCV, Caracas, 1981, 1ra.Edición.
2. NUÑO, JUAN: Compromisos y desviaciones, Ediciones de la Biblioteca UCV, Caracas, 1982, 1ra.Edición.
3. NUÑO, JUAN: La superación de la filosofía y otros ensayos, Ediciones de la Biblioteca de la UCV, Caracas, 1972, 1ra.Edición.
4. NUÑO, JUAN, La veneración de las astucias. Ensayos polémicos, Monte Ávila Editores, Caracas, 1989, 1ra.Edición.
5. NUÑO, JUAN, Sentido de la filosofía contemporánea, Ediciones de la Biblioteca de la UCV, Caracas, 1965, 1ra.Edición.
6. NUÑO, JUAN, Escuchar con los ojos, Monte Ávila Editores, Caracas, 1993, 1ra.Edición.
7. NUÑO, JUAN, Los mitos filosóficos. Exposición atemporal de la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1985, 1ra.Edición.
8. NUÑO, JUAN, La escuela de la sospecha. Nuevos ensayos polémicos, Monte Ávila Editores, Caracas, 1990, 1ra.Edición.
9. NUÑO, JUAN, Ética y cibernética, Monte Ávila Editores, Caracas, 1994, 1ra.Edición.
10. NUÑO JUAN: Wittgenstein: silencios y traiciones, Episteme NS Nº16, Revista del Instituto de Filosofía, UCV, Caracas, 1996.
11. WITTGENSTEIN LUDWIG: Tractatus logico-philosophicus, Editorial Tecnos, Madrid, 2003.
12. WITTGENSTEIN LUDWIG: Investigaciones filosóficas, Editorial Crítica, Barcelona, 2002.