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Revista de Pedagogía

versión impresa ISSN 0798-9792

Rev. Ped v.25 n.74 Caracas set. 2004

 

La ideología y su inserción / proyección en el discurso pedagógico no teórico

Ideology and its insertion / projection in non-theoretical pedagogical discourses

Eyra VALDIVIESO ARCAY

Escuela de Educación Universidad Central de Venezuela. eyrav@cantv.net

RESUMEN

El artículo presenta un trabajo de investigación en el que se plantea la relación de interdependencia o la relación dialéctica entre Ideología y el Discurso Pedagógico No Teórico. El objetivo de esta investigación tiene una doble vertiente. Por un lado está la exploración y aproximación a un concepto de Ideología, mediante la revisión de algunos autores clásicos y actuales que tratan este concepto. Por el otro lado, observar cómo lo ideológico se proyecta en el campo particular del discurso pedagógico, es decir, corroborar cómo la ideología moldea y orienta el discurso. Solamente un análisis crítico y detallado fundamentado en categorías de análisis y en criterios previos establecidos pone al descubierto la Ideología que subyace en los discursos pedagógicos. Sobre todo, es interesante percibir cómo la Ideología del autor del discurso se hace presente en los enunciados que él plantea, bien sea para criticar, para argumentar o para hacer propuestas. Es necesario aclarar que la aceptación de un enfoque, de una perspectiva, de una postura, significa una opción y un compromiso que es ideológico en sí mismo. Se examina un grupo de autores reconocidos en el área del lenguaje como vehículo social y también en el campo de la ideología; todo lo cual apoya el estudio que nos guía.

Entendemos por Discurso Pedagógico No–Teórico aquel tipo de pensamiento del ser humano, proveniente del sentido común, de su práctica cotidiana, de su experiencia viva con el campo pedagógico. Es un discurso de opinión, utilitario, que valora e interpreta le educación y que expresa la gran preocupación que siente el ser humano sobre la problemática educativa. Es ese discurso que proviene de los individuos comunes y corrientes y también de los educadores, quienes realizan su práctica pedagógica cotidiana y que observan o se plantean problemas concretos que necesitan ser resueltos en un período de corto plazo.

Palabras clave: Discurso Pedagógico No-Teórico, ideología, legitimación, clase social dominante, relaciones sociales.

ABSTRACT

The article presents a research in which the interdependent relationship or dialectical relationship between Ideology and Non-Theoretical Pedagogical Discourses is established. This research has two main objectives; the first one is to explore and to approach as close as possible the concept of Ideology; by studying certain classical and current authors who address this issue. The second objective is to observe how ideology projects itself into the field of pedagogical discourses, that is to say, to corroborate how ideology molds and orientates this kind of discourse. Only a detailed and critical analysis based on previously established criteria can unveil the ideology underlying pedagogical discourses. Especially, it is interesting to perceive how the author’s ideology is present in each of the enunciated statements, whether they intend to criticize or to make proposals. It is necessary to highlight that the acceptance of any given approach, perspective or position, implies a choice and a commitment which is ideological itself. A group of well-known authors in the field of language as a social vehicle and in the field of ideology are studied, all of which support our guiding study.

A Non-Theoretical Pedagogical Discourse is understood as a type of human thought, coming from common sense, from live experience within the pedagogical field. It is a discourse of opinion, utilitarian, which values and interprets education and which expresses the great human concerns over the issues of education. It is the discourse originated in ordinary citizens and also in educators, who carry out their everyday pedagogical tasks and who observe or come up with concrete issues that need to be solved in the short term.

Key words: Non-Theoretical Pedagogical Discourse, ideology, legitimization, dominant social class, socio-historic context, social relations.

1. Aproximación al concepto de ideología

La Ideología, en la concepción de la Cátedra de Teorías Pedagógicas Contemporáneas de la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela, conforma una categoría de análisis de orden medular. Se estudia en todos los programas de los cursos ofrecidos por la Cátedra y, como categoría de análisis, se inserta generalmente en el marco de los criterios metodológicos que luego son empleados para realizar los análisis epistemológicos de las diferentes corrientes del pensamiento pedagógico. Vale decir, entonces, que el estudio de la Ideología forma parte de nuestro arsenal teórico – metodológico.

En lo relativo al estudio y análisis de los Discursos Pedagógicos No – Teóricos, la Ideología adquiere una dimensión sobresaliente, porque precisamente el análisis que se realiza con este tipo de discursos es de carácter ideológico. Se trata de observar cuál es la relación entre Ideología y Discurso Pedagógico No – Teórico, su importancia y la influencia que ella ejerce sobre el discurso y viceversa. Es en este contexto que se va a examinar lo ideológico. Nuestro objetivo en esta investigación es dual: por un lado está la revisión de algunos autores y el acercarnos a un concepto de Ideología; por el otro, observar cómo se manifiesta la Ideología en el campo particular del discurso pedagógico. Es apreciar cómo la Ideología moldea, orienta, el discurso y cómo un análisis crítico y detallado, fundamentado en criterios previos establecidos, pone al descubierto la Ideología que subyace en los discursos pedagógicos. Sobre todo, percibir cómo la Ideología del autor del discurso se hace presente en los enunciados que él plantea, bien sea para criticar, bien sea para hacer propuestas. Para lograr esto, nos proponemos examinar tanto autores clásicos y tradicionales como actuales, entre los que mencionamos: Marx y Engels (1846/1973), Gramsci (1929–1935/1978), Ricoeur (1997), Geertz (1973), Eagleton (1979), van Dijk (1999), Sánchez Vásquez (1975) y Fairclough (1989).

Entendemos como Discurso Pedagógico No - Teórico, la expresión viva de la persona corriente, que representa su conocimiento práctico y del sentido común sobre lo educativo. Básicamente, es un discurso práctico, utilitario, que valora, que piensa, que interpreta y que opina sobre la educación y que como tal, responde a un contexto social y a un momento histórico determinado. Claro está que es necesario advertir que el discurso en general se manifiesta en diversos niveles. Está el nivel del sentido común, propio del vulgo, de la gente ordinaria y corriente, que expresa sus opiniones sobre la educación, sobre lo que percibe de la problemática educativa. Hay un siguiente nivel de reflexión más profunda proveniente de personas preparadas académicamente, de profesionales que valoran y expresan sus opiniones fundamentadas en sus lecturas y estudios, pero que cuando opinan sobre la educación, no están haciendo teoría educativa como tal. Ambos grupos cuando exponen sus ideas sobre la educación, cuando la valoran, la juzgan, están expresando un discurso pedagógico de carácter no teórico. Un tercer nivel del discurso está conformado por las teorías educativas. Es el tipo de discurso, sistemático y ajustado al rigor científico que se puede encontrar en las exposiciones filosóficas y científicas reconocidas universalmente, como los textos de Durkheim, Dewey o Marx, entre otros. Nuestro trabajo de investigación se enfoca en aquellas opiniones provenientes de autores que manifiestan sus ideas y apreciaciones sobre lo educativo en artículos de opinión que generalmente son publicados en los diarios de circulación nacional. Es ese discurso que proviene de los educadores, de su práctica cotidiana, que observan o se plantean problemas concretos que necesitan ser resueltos en un período de corto plazo. Es el problema de los maestros o profesores universitarios que luchan por reivindicaciones gremiales o el de la iglesia que también observa su problema en cuanto a recuperar el control de la educación. Entonces vemos allí discursos diversos de educadores planteando sus luchas e intereses y también el de la iglesia planteando la necesidad de formar un sujeto íntegro, con la promoción de valores. En este renglón también se puede incluir a aquellos autores que representan a instituciones, tales como el Ministerio de Educación, las universidades, organismos internacionales, que plantean la posición institucional en relación con una problemática educacional, pero que insistimos no están creando teoría educativa. Es mediante la amplia divulgación de discursos pedagógicos no teóricos que conocemos los diferentes puntos de vista, las diferentes opiniones y las preocupaciones que sobre la problemática educativa se despliegan en periódicos, revistas y otros medios de comunicación en una sociedad.

Este tipo de discurso pedagógico no teórico, práctico, normativo, de aplicación inmediata en el contexto educativo, representa una forma particular de interpretar la educación, que se traduce en una multiplicidad y diversidad de ideas inscritas en diferentes opciones ideológicas. Se puede afirmar que el propósito focal de este tipo de discurso es ofrecer la norma, la regla que orienta el deber ser de la educación. En ningún momento se plantea conceptuar, ni teorizar acerca de lo que es la educación, pues ese no es su objetivo. En contraste, el discurso pedagógico de carácter teórico representa un discurso sistematizado que se traduce en un modelo conceptual que plantea, que explica, que teoriza sobre un determinado objeto de estudio, dando cuenta de su naturaleza, su esencia, su dinámica y que además determina procedimientos y dispositivos metodológicos para abordar dicho objeto de estudio. En este sentido, consideramos que son Discursos Pedagógicos No – Teóricos los proyectos educativos, regulaciones, procedimientos, nuevas metodologías, programas emanados del Ministerio de Educación, documentos provenientes de las universidades o de organismos nacionales e internacionales. De igual manera, consideramos como Discursos Pedagógicos No – Teóricos los artículos de opinión que se publican en la prensa diaria, tanto nacional como regional, en los que encontramos con mucha frecuencia un número significativo de autores habituales y otros tantos eventuales que valoran, aprecian, opinan y expresan su preocupación por el fenómeno educativo. Lo que sí podemos afirmar es que mediante Discursos Pedagógicos No Teóricos se expresa la política educativa que guía y orienta el destino del país por un período de tiempo. Decir sólo eso lo coloca en su dimensión real.

Empezaremos por examinar la conceptualización en torno a la Ideología y aproximarnos a un concepto que nos permita ver cómo se inserta esto en el discurso. La Ideología ha sido tratada en numerosas obras y artículos, así como desde diferentes posiciones y perspectivas. La Ideología es siempre un concepto polémico. Lo ideológico nunca es la posición de uno mismo; es siempre la postura de algún otro, de los demás, es siempre la Ideología de ellos. Inclusive, cuando a veces se la caracteriza con poco rigor, hasta se llega a afirmar que la Ideología es problema de los demás. En este sentido, la gente nunca admite que es ideológica ella misma; el término siempre está dirigido contra los demás. La Ideología señala, de manera inicial, ciertos procesos de deformación, de disimulo, por medio de los cuales un individuo o grupo de personas expresa su situación sin ni siquiera saberlo o sin reconocerlo. Una Ideología puede expresar, por ejemplo, la situación de clase de un sujeto sin que por esto él tenga conciencia de ello. Con todo ello se quiere decir que cuando nos referimos a nuestras creencias, éstas son principios verdaderos e incuestionables; mientras que cuando concierne a otros, la Ideología se valora como dogmática.

Ciertamente, el problema de la Ideología ha sido planteado de diversas maneras y desde posiciones antagónicas y/o convergentes por diferentes autores; lo único concluyente hasta ahora es que no hay consenso entre los que la discuten. Estas divisiones y divergencias son ideológicas en sí mismas. Numerosas son las definiciones ofrecidas por los autores que la han tratado, la falta de consenso no está en la definición, sino en la función que ella cumple en las actitudes, en las posiciones que asume y en las acciones que realizan las personas desde su perspectiva ideológica.

Antes de comenzar a revisar el concepto de Ideología desde las diversas perspectivas de algunos autores, un par de aspectos son aclarados a los estudiantes de nuestros cursos regulares. El primero es que, ante tantas divergencias, variadas cuestiones, conceptos y disciplinas involucradas en el análisis de la Ideología, se hace necesario asumir un concepto, una posición y una perspectiva. El segundo, que es consecuencia de este primero es que la aceptación de un enfoque, de una perspectiva, de una postura, significa una opción y un compromiso que es ideológico en sí mismo. Esto es necesario decirlo y aclararlo en nuestra condición de formadores de docentes.

Al revisar este concepto desde la posición asumida por varios autores, se aprecia que en la tradición occidental la conceptualización predominante de Ideología proviene de los textos de Marx. Estamos convencidos de que al revisar lo relativo a lo ideológico, es imperioso revisar y partir del aporte y perspectiva de Marx. En La Ideología Alemana (Marx y Engels, 1846/1973), el punto de partida de la Ideología se inicia con el concepto de la base real. La llamada base real se refiere a la infraestructura y la Ideología se relaciona con esta base en la llamada superestructura. Esta es la forma en que aparece en la literatura marxista desde fines del siglo XIX. Desde este enfoque marxista se coloca una base material de entidades anónimas, de carácter económico. Es la conocida «metáfora del edificio», constituida por la infraestructura y la superestructura. En esa infraestructura o base real o material como tal, no hay ninguna implicación de la conciencia, pero la Ideología se relaciona con esa base en la llamada superestructura. Esta idea de la infraestructura y de la superestructura está expuesta con mucha claridad en el "Prólogo" de la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Esto es lo que dice Marx (1858/1973: 517-518):

...en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción... El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.

Luego, más adelante afirma que el cambio de un tipo de sociedad a otra se da cuando ya las relaciones de producción han devenido en obstáculos para el desarrollo de las fuerzas productivas y se establece una ruptura, sucede un cambio, una transformación en el nuevo modo de producir, que Marx (1858/1973) denomina «revolución social».

Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción... y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia y luchan por resolverlo. (ob. cit., p. 518).

La producción proveniente de la mano del hombre se convierte en la materia de intercambio, en objetos valiosos, en cosas anónimas que parecen tener independencia propia y ajena a la actividad del hombre. En la medida en que el hombre produce más, se pertenece menos a sí mismo. Su dependencia aumenta en la medida en que el capital crece y se multiplica. De acuerdo con esta teoría marxista, el criterio fundamental que decide la pertenencia a una determinada clase social es la posición que ocupa el hombre en el proceso de producción.

En este enfoque marxista, desde el texto de La Ideología Alemana, el concepto de vida real, como la que viven los individuos reales, ocupa aquí una posición central. En la obra, el término material es opuesto al vocablo ideal; mientras que lo material y real son sinónimos. La cita confirma el planteamiento expuesto:

Las premisas de que partimos no tienen nada arbitrario, no son ninguna clase de dogma, sino premisas reales, de las que sólo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica. (Marx y Engels, 1846/1973: 19).

Muchos son los autores que coinciden en señalar que Marx concibe la Ideología como falsa conciencia cuando se parte de la conciencia y no de su vida real y material. En armonía con esta cita, se puede apreciar que Marx articula el pensamiento del hombre con su contexto de vida real y material, tal como el autor lo refiere en La Ideología Alemana. Marx piensa que se debe partir del hombre real y viviente, mas no de su conciencia. En cualquier caso, las condiciones materiales y los individuos reales son los conceptos fundamentales en el texto citado. Es decir, que según Marx los hombres productivamente activos realizan acciones de determinada manera y entran en determinadas relaciones sociales y políticas. Si bien es cierto que los seres humanos son los que producen sus ideas y representaciones, aquí el punto de partida no es lo que la persona piensa, imagina o se representa, sino que se parte del sujeto que realmente actúa en su proceso de vida real – material y que al cambiarle esa vida material, cambia también su forma de pensar e imaginar. "No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia" (Marx y Engels, 1846/1973: 26). Por lo que puede decirse que la estructura de clase corresponde exactamente a lo que la gente «es» y no a lo que los individuos piensan o imaginan que «son».

Podemos ya entrever que la Ideología para Marx no tiene necesariamente una connotación peyorativa, sino que él percibe la Ideología como opuesta a lo real. Lo ideológico es lo que está representado por la imaginación, lo que se refleja en la conciencia. Las ideas, las concepciones del hombre, sus pensamientos emanan y son el reflejo de su comportamiento material. Como señala Paul Ricouer "...la conciencia no es autónoma sino que está relacionada con el «proceso vital» real de los seres humanos" (Ricouer, 1997: 117). Por lo que los seres humanos, al realizar su vida material y su producción material, adaptan su modo de pensar, de imaginar, al ritmo de su condición de vida real. El producto de pensar del ser humano deviene de su producción material. En este sentido, en una sociedad dividida en clases se encuentra la presencia de las ideologías articuladas con las clases sociales que se entretejen en ese tipo de sociedad.

La estratificación social permite observar la existencia de, básicamente, dos clases sociales con intereses antagónicos y contradictorios que expresan también una visión del mundo y del ser humano, la cual lleva implícita concepciones opuestas, divergentes. A partir de allí se puede considerar una Ideología dominante, que se vincula con los intereses de una clase dominante y cuyo objetivo es la transmisión, internalización, difusión e imposición de los valores de esta clase que se distingue por ser propietaria de los medios de producción.

Por su parte, la Ideología dominada se vincula con las clases explotadas, con la clase de oposición y resistencia que tiene por objetivo la utilización de su Ideología como un medio para revertir las relaciones dominio / subordinación, en las cuales se encuentra inmersa.

La clase propietaria de los medios de producción material es una clase hegemónica por cuanto, además del dominio económico, también ejerce el poder espiritual de la sociedad. Sobre la base de ese planteamiento se puede decir que desenmascarar una Ideología es poner al descubierto la estructura de poder que está detrás de ella. Es decir, que lo que está en el reverso de una Ideología no es un individuo o colectivo, sino una estructura de la sociedad. En el siguiente texto, tomado de La Ideología Alemana, se puede observar la vinculación entre la clase gobernante y las ideas rectoras de una sociedad.

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad, es al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se les sometan, al propio tiempo, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes... (Marx y Engels, 1846/1973: 50).

De la cita anterior se pueden extraer un par de conclusiones; por un lado se observa la condicionalidad histórica de la Ideología, en tanto que la clase dominante como productora de ese pensamiento dominante es la que va a dirigir y orientar el pensamiento de una sociedad en un período histórico determinado. Por otro lado, está lo relacionado con la función que cumple la Ideología en una sociedad estratificada. En este sentido se puede afirmar que la función de la Ideología dominante es internalizar en los seres humanos las ideas que les permiten adaptarse a la sociedad, y en particular a las relaciones dominio / subordinación, de una manera natural. Otra función es ofrecerle a la sociedad una imagen de cohesión y de armonía, ocultando los conflictos y antagonismos que ella presenta y, también, justificar y legitimar las relaciones de producción que le van a permitir su reproducción desde el punto de vista económico, reproduciendo las ideas y los valores de la clase dominante. En síntesis, es por medio de esta Ideología que la clase dominante reproduce su condición de dominio económico y político de la sociedad.

Sólo una última acotación de Marx y es lo relativo al lenguaje y su articulación con la conciencia. Para el autor, la conciencia no es algo de lo cual se debe partir, sino que es un concepto al cual se debe llegar. Se observa entonces que la conciencia no es la causa sino el efecto. Al respecto, Marx dice:

Solamente ahora, después de haber considerado ya cuatro momentos de las relaciones históricas originadas, caemos en la cuenta de que el hombre tiene también "conciencia". Pero, tampoco ésta es…«conciencia pura».El «espíritu» nace ya tarado con la maldición de estar «preñado» de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que por tanto también, comienza a existir para sí mismo; y el lenguaje nace, como la conciencia, de la necesidad, de los apremios del intercambio con los demás hombres (Marx y Engels, 1846/1973: 31).

Según esta cita, Marx está estableciendo el lenguaje como discurso. El hombre expresa la relación con el proceso real de su vida material mediante el lenguaje, mediante el discurso. En este sentido, se podría argumentar que aquí el autor no está haciendo una teoría sobre las clases sociales, sino más bien es un estudio del hombre, porque todos los hombres hablan y todos ellos tienen lenguaje para expresar su pensamiento. Esto hace pensar que el concepto se corresponde con un enfoque de carácter antropológico, no ya refiriéndose a la conciencia, pero más bien en el sentido de la vida, de los hombres vivos.

Ricoeur (1997) aporta un concepto de Ideología y comienza estableciendo que no es posible una postura neutral, no ideológica. El modelo que propone el autor se fundamenta en la correlación de Ideología y praxis, el cual se completa cuando el autor señala a la Ideología como integración. Aquí el énfasis es en la estructura simbólica de la acción. Según Ricoeur, las acciones sociales tienen su mediación simbólica y la Ideología es la que desempeña el papel de mediación en el campo social. En este proceso, la Ideología, como se dijo antes, es integradora, puesto que preserva la identidad social. La línea de análisis de Ricoeur se concentra en contrastar Ideología y vida social, o lo que es lo mismo, la relación entre Ideología y praxis. Para Ricoeur, la dimensión simbólica es constitutiva de la vida social, es decir, los conflictos relacionados con el trabajo, con el dinero, con la propiedad, poseen sistemas simbólicos que ayudan a los hombres a resolver, encarar e interpretar estos conflictos. Por lo que el proceso de deformación está injertado, enquistado, en el sistema simbólico. Así, Ricoeur aclara:

Sólo porque la estructura de la vida social humana es ya simbólica puede deformarse. Si no fuera simbólica desde el comienzo, no podría ser deformada. La posibilidad de deformación es una posibilidad abierta únicamente por esta función (Ricouer, 1997: 53).

Básicamente, para Ricoeur el problema de muchos sociólogos es determinar cómo opera la Ideología, pero no llegan a preguntarse cómo un interés social puede ser expresado en un pensamiento, en una imagen e inclusive en una concepción de la vida. Para el autor la respuesta es que los sociólogos pasan por alto los sistemas simbólicos ya existentes.

Sobre la base de este planteamiento de Ricoeur, el autor plantea que la Ideología puede compararse, conectarse, con los recursos retóricos del discurso. De la misma forma que los modelos en el lenguaje científico nos permiten ver y estudiar cómo son las cosas, los modelos sociales sirven para vincular nuestra posición en la sociedad y permiten apreciar acerca de cómo es esto o aquello. En consecuencia con este planteamiento de Ricoeur, él fundamenta su hipótesis en que cuando se trata de sujetos humanos no es posible un modo de existencia no simbólica y menos aún un tipo no simbólico de acción. Según esto, el autor señala: "...una situación positiva de la retórica se une a la significación integradora de la ideología, porque la ideología es la «retórica» de la comunicación básica" (Ricouer, 1997: 20). Por retórica de la comunicación básica, o retórica del discurso, se entiende lo que usualmente se conoce como estilo del discurso, es decir, las metáforas, las analogías, las ironías, la hipérbole, la ambigüedad, la paradoja, entre otros. Sobre la base de estos últimos planteamientos, el autor concluye que la Ideología está en la retórica del discurso porque el lenguaje de los hombres en su relación con los otros hombres no se desprende de los recursos retóricos, en razón de que ellos constituyen una parte inseparable del lenguaje. Una comunidad comparte una cultura común, una nación común, una lengua común; el lenguaje se sitúa entonces en el marco de una estructura social. El lenguaje llega a ser una acción simbólica, en otras palabras, la acción es simbólica, lo mismo que el lenguaje. Todo conduce al autor a ver en la Ideología esa función macro que es la integración.

Geertz (1973), por su parte, amplía la visión de la Ideología, estableciendo que en última instancia la Ideología siempre se refiere a poder. No es fortuito el hecho de que un lugar específico de la Ideología sea la política, pues ésta se constituye en un campo específico en que las «imágenes básicas» de un grupo proporcionan reglas definitivas para ejercer el poder. «En virtud de la construcción de ideologías, de imágenes esquemáticas del orden social, el hombre puede convertirse en animal político» (Geertz, 1973: 280).

Sobre la base de este planteamiento de Geertz (1973) se puede argumentar que es obvio que en una sociedad estratificada, cualquiera que ella sea, una vez que se ha establecido la diferencia entre el grupo gobernante y el resto de la sociedad, el cuerpo dominante tiene el poder de conducción y el poder de imponer el orden mediante la fuerza si esto fuera necesario. Ahora bien, ningún grupo gobernante, por más brutal que sea, puede valerse sólo de la fuerza para dominar e imponer el orden. Es aquí entonces donde entra en juego la Ideología. Todo poder dominante necesita no solamente sumisión de carácter físico, sino que también requiere de consenso de cooperación, de consentimiento. Pues bien, la función y el papel de la Ideología en este sentido es el de dar legitimación a esa autoridad que tiene el cuerpo gobernante; lo que en definitiva está en juego en toda Ideología es la legitimación de un sistema de autoridad. La función de la Ideología consiste, básicamente, en legitimar el sistema de gobierno dado o la autoridad dada. Una de las estrategias por medio de las cuales se obtiene esa sumisión y aceptación de la autoridad es la motivación, el interés, la persuasión y también la educación. Aquí es necesario volver a oír a Marx, en el texto de La Ideología Alemana, quien dice:

En efecto, cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta (Marx y Engels, 1846/1973: 52).

En una sociedad dividida en clases, la función de la ideología es ofrecerle a la sociedad un perfil de cohesión y de armonía. Es decir, la Ideología no tiene como función proporcionar al ser humano un conocimiento verdadero, sino que por el contrario, busca insertarlo en las actividades prácticas que sostienen a la sociedad. Mediante un discurso relativamente coherente, logra ocultar las diferencias de clase en la vida práctica. Esto es lo que Gramsci (1978/1929–1935) maneja como «la metáfora cemento» que se desliza a través de toda la superestructura social y busca nivelar las paredes del edificio, mediante una significación de armonía y equilibrio. Esto sirve para ocultar los conflictos y antagonismos que la sociedad presenta y, también, para justificar y legitimar las relaciones de producción desde el punto de vista económico, reproduciendo consecuentemente las ideas y los valores de la clase dominante.

Todos estos planteamientos conducen a argumentar que lo ideológico como obra social es una realidad completa, compleja, diversa e históricamente determinada y, como tal, sujeta a una dinámica que está en constante proceso de transformación y cambio, cuya función se explica en el contexto histórico social y que no ha sido la misma a través de la historia. Dentro de las relaciones sociales de clase surge como un pensamiento con la necesidad de justificar y legitimar los intereses de la clase social dominante. Lo ideológico surge en el tejido dinámico y cambiante de las relaciones sociales, de la lucha de clases; en los momentos de crisis emergen ideologías enfrentadas. De allí que haya ideologías dominantes y dominadas y que la clase propietaria del poder político y del económico se trace como propósito la imposición de su Ideología, penetrando de esta forma todas las instituciones y los momentos de la vida social.

Otro autor que estudia la Ideología es Eagleton (1979), quien también establece que lo ideológico pareciera hacer referencia no sólo a sistema de creencias sino a cuestiones relacionadas con el poder. Para el autor, el análisis de la Ideología es el estudio de las formas en las que el «significado» sirve para fundamentar relaciones de dominio. De manera general, esta es la definición más ampliamente aceptada. Para el logro de estas relaciones de dominio, el cuerpo gobernante se puede valer al menos de seis estrategias diferentes. En la cita que sigue puede observarse cómo lo explica el autor:

Un poder dominante se puede legitimar por sí mismo promocionando creencias y valores afines a él; naturalizando y universalizando tales creencias para hacerlas evidentes y aparentemente inevitables; denigrando ideas que pueden desafiarlo; excluyendo formas contrarias de pensamiento, quizás por una lógica tácita y sistemática; y oscureciendo la realidad social de modo conveniente a sí misma (Eagleton, 1997: 24).

Esa valoración del poder mediante el discurso que se infiere de este autor se refiere a la interdependencia que se establece entre ideología, discurso, contexto y lenguaje. Para el autor, «… la ideología es un asunto de <discurso> más que de < lenguaje>» (Eagleton, 1997: 28). Esto se relaciona mucho con el uso del lenguaje actual entre los seres humanos, que los conduce a producir efectos específicos. No se puede tomar una decisión en cuanto a establecer que una declaración es ideológica o no separándola de su contexto discursivo. Aunque Eagleton reconoce la existencia de jergas ideológicas (por ejemplo, la fascista), los intereses que están subyacentes en la Ideología son de poder y se subordinan a unos efectos políticos que generan. Como consecuencia de todo esto, un discurso puede ser ideológico en un contexto social y en otro no. Esta reflexión por parte del autor es importante traerla a la discusión debido a la estrecha relación que tiene con el objeto de estudio de este trabajo.

Para el autor holandés Teun van Dijk, la Ideología es definida «como la base de las interpretaciones sociales compartidas por los miembros de un grupo» (1999: 21). Para el autor, las ideologías son convicciones sociales compartidas por un grupo y se expresan o realizan mediante símbolos, rituales, discursos y otras clases de prácticas sociales y culturales. Las ideologías son fundamentalmente sociales y compartidas grupalmente, aunque pueden ser individualmente empleadas. Para van Dijk (1999) la Ideología no es sólo una visión del mundo, sino que los principios son los que conforman la base de tales creencias.

La posición de este autor se centra en que las formaciones ideológicas tienen un componente social. Los actores sociales construyen, utilizan, modifican y cambian sus ideologías en prácticas sociales cotidianas en sus intercambios con otros actores sociales y muy a menudo por medio de prácticas discursivas. El otro componente que conforma las ideologías es el cognitivo. Para van Dijk, entonces, las representaciones ideológicas son tanto sociales como mentales. Las ideologías son justamente eso: «Conjunto de creencias en nuestra mente» (1999: 44). En pocas palabras, para este autor, una investigación seria sobre la Ideología tiene que abordar un estudio de las mentes de los usuarios y sobre todo cómo las mentes de los individuos adquieren y son moldeadas por prácticas sociales con dispositivos ideológicos; así como también los discursos, con características ideológicas, influyen en ellos. El autor llega a la conclusión de que teóricamente no hay otra opción sino integrar un análisis social y un análisis cognitivo en el estudio de la Ideología.

Esta visión general y funciones de la Ideología es necesario concretarla con la inevitable tarea de asumir un enfoque acerca de lo ideológico, de manera que éste sirva de hilo conductor, que proporcione direccionalidad a lo largo de todo este trabajo de investigación. En este sentido, la Cátedra de Teorías Pedagógicas Contemporáneas de la Escuela de Educación, UCV, se suma a la definición ofrecida por Sánchez Vásquez, quien en un artículo titulado "La Ideología de la Neutralidad Ideológica en las Ciencias Sociales", define a la Ideología como:

… a) un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que b) responde a intereses, aspiraciones o ideales de una clase social en un contexto social dado y que c) guía y justifica un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos intereses, aspiraciones e ideales (Sánchez Vásquez, 1975: 136).

Este enfoque de la Ideología, bastante amplio por cierto, recoge en cierta medida aspectos mencionados y analizados de varias de las definiciones arriba citadas. En su primera parte, la definición se refiere a esa percepción de cosmovisión del mundo y de la sociedad; luego, conecta los intereses e ideales con las relaciones de dominio / subordinación, para finalmente justificar dichos intereses con los sujetos actores de una determinada sociedad. Esta definición está bastante apegada a la concepción marxista acerca de lo ideológico, pues parte de ese ser humano real inserto en el proceso de producción de la vida material y lo realiza por medio de su trabajo. Es en este proceso real de la materialización de su vida material que el ser humano produce sus imágenes, sus representaciones, sus ideas, es decir, el desarrollo de sus reflejos ideológicos.

La Ideología de la clase dominante se va a convertir en una matriz productora de ideas, pensamientos y conceptos que van a ser proyectados a toda la sociedad y esto se logra por medio de un eje conductor que cubre al grupo social con un matiz de armonía, unión, equilibrio y cohesión. En este sentido, las ideas sobre la educación y todo lo que de ella se opine provienen de esa matriz generadora de ideas y conceptos, cuyo trasfondo es, básicamente, ideológico y político. En otras palabras, la ideología viene a constituirse en la fuente generadora de ideas educativas de una sociedad determinada, en un momento histórico determinado.

2. La ideología en el discurso

El análisis ideológico del discurso es una postura crítica ejercida ampliamente por los estudiosos de las ciencias humanas y sociales. El análisis supone que es posible poner al descubierto la Ideología que subyace en los discursos provenientes de hablantes y escritores, mediante una lectura detallada y la fijación de una serie de criterios que permiten la evaluación y el análisis de dichos discursos.

Para empezar, partimos de la premisa de que el lenguaje es un acto social, es el vehículo más común de interacción humana. El lenguaje como discurso y el uso cotidiano del lenguaje es fundamentalmente una actividad que está invariablemente vinculada con las funciones de reciprocidad y con los contextos sociales de comunicación orales y escritos. Las formas del lenguaje y del discurso establecen marcos de referencia social y son manejados como expresiones de actuaciones sociales. Los seres humanos utilizan el discurso con diversos propósitos en la interacción social, por lo que el análisis de discursos ofrece una nueva manera de entender y explicar la interacción humana. Es nuestra creencia que un entendimiento del orden social también se logra de una forma natural, mediante la toma de conciencia crítica acerca del poder del lenguaje.

El ser humano, actor principal de la práctica social, está ideológicamente formado por relaciones sociales, producto de una sociedad estratificada, dinámica, de relaciones y prácticas constituidas en gran medida por luchas de poder, con antagonismos y conflictos entre los diversos actores que conforman el tejido social. Como tal, su discurso evidencia mucho acerca de su posición social, su estatus, el nivel económico al cual pertenece, la inclinación política, los valores que maneja e inclusive la religión que practica. En otras palabras, el manejo del lenguaje por parte del individuo en una práctica discursiva revela que sus opiniones tan aparentemente neutrales y objetivas guardan en su seno matices ideológicos desde donde él, como autor de lo que dice o escribe, critica o propone, converge o diverge sobre materias y situaciones que le interesan. Estos matices ideológicos estarán más o menos encubiertos, de acuerdo con el nivel del lenguaje empleado. En este sentido, el lenguaje del vulgo, del sentido común, contiene una carga ideológica mayor que el lenguaje empleado en el discurso utilizado de una manera más formal y, este revestimiento ideológico es aún menos visible en el discurso de carácter teórico. Sin embargo, todos los discursos tienen en mayor o en menor medida este matiz ideológico que guía los intereses y objetivos del autor del discurso.

El uso del lenguaje por parte de los miembros de un grupo les sirve para dar cuenta de la forma específica en que las ideologías se manifiestan, se construyen, se modifican y se reproducen en el tejido social.

En esta parte de la exposición se tratará de explicar de qué manera la Ideología moldea y sirve de base para orientar el discurso, bien sea hablado o escrito, y de manera invertida se tratará también de explicar cómo las ideologías se forman, se obtienen o varían por medio del discurso y la comunicación en general. Dicho en otras palabras, que hay una interdependencia, una relación bidireccional entre el discurso y lo ideológico. Con esto no se quiere decir que las ideologías se manifiestan solamente mediante la utilización de discursos, pero lo que sí se puede afirmar es que el discurso, entre otras funciones, tiene el papel de reproducir la Ideología. Hay que tener presente que los discursos son formas de acción e interacción social, que se producen en contextos sociales en donde los participantes no son solamente hablantes, escribientes, oyentes y lectores, sino que también son actores, protagonistas sociales que son miembros de un grupo y de una cultura con raíces históricas.

Para explicar esta influencia bidireccional entre discurso e Ideología, el enfoque que ofrece Teun van Dijk en su obra Ideología (1999) es oportuno e interesante. Para el autor es necesario «ver» cómo las ideologías son manifestadas o vividas por los individuos y también es necesario observar cómo «funcionan» en prácticas sociales usuales o cotidianas.

El autor comienza por argumentar que los discursos no son las únicas prácticas sustentadas en la Ideología, pero sí son fundamentales en su formulación y en su reproducción. El ser humano, como ser eminentemente social, necesita del lenguaje, del texto, de la conversación y de la comunicación en general para aprender, para adquirir, modificar, confirmar y también para transmitir de manera persuasiva las ideologías. Estas ideologías son comunicadas y transmitidas a otros miembros del grupo, inculcadas a principiantes, defendidas u ocultadas a miembros ajenos al grupo, que pudieran considerarse enemigos, e inclusive diseminadas entre los escépticos. Con esto el autor quiere decir que si se quiere saber qué apariencia tiene(n) las(s) Ideología(s), cómo funciona(n), es determinante observar las manifestaciones discursivas de los actores sociales.

Las creencias ideológicas no son sólo personales ni siempre «emergen» de manera espontánea como producto de la mente individual. Más bien ellas se adquieren, se construyen y se modifican socialmente por medio de prácticas sociales y la interacción entre los individuos, y también por medio del discurso y la comunicación en particular. Una vez que las ideologías se insertan al campo de las creencias sociales en un grupo cualquiera, éstas dejan de ser ideológicas y se convierten en convicciones, en creencias básicas, en conocimiento compartido por todos, que se da por sentado, que no se discute y es incuestionable. Vale decir, pasan a ser del sentido común.

En cuanto a una estructura o a un formato que asumen las ideologías, van Dijk (1999) dice que las ideologías son representaciones de carácter general y abstracto y no se aplican a todos los acontecimientos culturales. Por ejemplo, lo ideológico no aplica a la acción de ir de compras o ir al cine. Más bien, las ideologías se aplican a situaciones en las cuales los grupos se relacionan o interactúan. En este sentido, las ideologías reflejan cómo ven los grupos y sus miembros una situación o un área específica de la sociedad. Las ideologías controlan las opiniones sobre los acontecimientos y estas opiniones guían y orientan la conducta y la percepción de los seres humanos, pero no representan estructuras de conocimiento.

Las ideologías representan la lucha social y se utilizan como base para la dominación y la resistencia. Funcionan de una manera intuitiva como principio para explicar el mundo en general. También las ideologías se ubican en una dimensión normativa y de alguna manera establecen lo que los miembros del grupo deben hacer o no deben hacer, por ejemplo; resistir la opresión, asumir una posición contestataria, levantar su voz para criticar una propuesta o política educativa, impedir con su voto la aprobación de una Ley.

Las ideologías son representaciones de lo que somos, de lo que sostenemos, de cuáles son nuestros valores y cuáles son nuestras relaciones con otros grupos, de manera particular de cómo será nuestro trato con nuestros adversarios o contrarios. Vale decir, aquellos que se nos oponen a lo que nosotros afirmamos; a los que amenazan nuestros intereses y nos impiden el acceso igualitario a los recursos sociales y a los derechos humanos. Todas estas ideas de van Dijk son corroboradas en la siguiente cita:

Nosotros estamos representados positivamente y Ellos negativamente. La autorrepresentación positiva y la representación negativa de los otros parecen ser una propiedad fundamental de las ideologías (1999 : 95).

Todo esto le sirve de base al autor para argumentar que las ideologías pueden ser utilizadas para legitimar o velar el abuso de poder o, por el contrario, para resistir, asumir posiciones contestatarias o denunciar la dominación o la desigualdad. En tal sentido, la Ideología es necesaria para organizar nuestras prácticas sociales, de manera que ella sirva de aliada a nuestros mejores objetivos e intereses y también sirva para impedir que los otros dañen nuestros intereses.

En cuanto al contenido de las ideologías, van Dijk (1999) dice que, en un nivel elemental y sencillo, las ideologías están conformadas por conjuntos de creencias sociales básicas organizadas en categorías esquemáticas. En principio, estas creencias están asociadas con nuestras experiencias y prácticas sociales, con nuestros objetivos y nuestras necesidades, pero sobre todo se relacionan con los conflictos de intereses entre los grupos; también están conformadas por relaciones de competencia, dominación y resistencia. Las ideologías, generalmente, organizan las actitudes que los actores sociales asumen y controlan las diferentes prácticas sociales entre los diferentes grupos.

El discurso como vehículo de comunicación entre la gente proporciona y promueve las experiencias, las evidencias, los argumentos, las situaciones, entre otras, que son necesarias para que el conglomerado entero desarrolle su Ideología de grupo. Podría decirse que el discurso tiene un papel sobresaliente en la reproducción de las ideologías. Mediante el lenguaje hablado o escrito el individuo es capaz de expresar o manifestar de manera concreta sus pensamientos, sus opiniones y también sus creencias ideológicas.

El discurso hablado o escrito le permite al individuo expresar conclusiones generales sustentadas en sus observaciones y en sus experiencias vividas; puede hablar o escribir sobre acontecimientos pasados, presentes y futuros. Puede describir acciones, hechos y creencias en cualquier nivel de generalidad. Cuando se relaciona todo este planteamiento con el objeto de estudio de este trabajo, se puede argumentar que el discurso del sujeto exhibe de manera indirecta o velada su Ideología; y aún más, también puede expresarla de manera explícita. Es por esto que van Dijk dice: «La socialización ideológica, por lo tanto, tiene lugar principalmente por medio del discurso» (1999: 245). Es importante acotar, sin embargo, que aún cuando el discurso tiene un papel fundamental en la expresión y reproducción de las ideologías, éstas no pueden ser reducidas al discurso. Hay otras prácticas sociales, acciones sociales que también tienen como objetivo expresar e inculcar representaciones ideológicas.

Al establecer la relación del lenguaje con la Ideología en el campo educativo, ésta es fácil de entender, desde el mismo momento en que se asume que el vínculo entre educación y pensamiento pedagógico o discurso pedagógico es una forma de legitimar, de justificar, de darle sentido y una orientación desde donde el sujeto/docente comprometido asume una práctica educativa por medio de proyectos que tienen una intencionalidad, una carga valorativa, que le imprimen un sello histórico, propio de una época determinada. Más evidente aún es esta relación cuando las políticas educativas, que son las que orientan, norman y reglamentan la materia educacional, provienen de la institución gubernamental en funciones de poder.

Otro autor consultado es el lingüista Norman Fairclough (1989) de la Universidad de Lancaster, Inglaterra, y quien ha hecho planteamientos en referencia al lenguaje y la Ideología. Para este autor el uso del lenguaje está imbricado en los procesos de las relaciones sociales, cuando dice que el lenguaje está investido de ideología; el lenguaje es una forma material de la Ideología y lo social es inherente a la noción de discurso.

En lo relativo al discurso, para este autor hay una relación dialéctica entre las estructuras del lenguaje y los eventos o acontecimientos; en donde si bien es cierto, que el discurso está moldeado por las estructuras del lenguaje, éstas últimas también inciden sobre los eventos y nosotros agregamos que también sobre las Instituciones. El ejemplo para ilustrar esta idea la ofrece el autor cuando dice que el tipo de discurso empleado en un salón de clases ya revela la posición del profesor y del alumno; establece además derechos y obligaciones tanto en el discurso del profesor como en el discurso de los estudiantes. El discurso educativo que emplea un funcionario del Ministerio de Educación, por ejemplo, representa la posición oficial de la administración gubernamental del momento. Ese mismo funcionario pudiera usar otro discurso, con una orientación diferente, en otro contexto. Es decir, la Institución moldea, ajusta el tipo de discurso que se ofrece a la sociedad, de acuerdo con una perspectiva, unos objetivos y unos intereses bien definidos. La gente realiza prácticas y convencionalismos que contribuyen de manera indirecta a la reproducción de desigualdades sociales, mediante un proceso natural del respeto a las jerarquías sin estar conscientes de los efectos reproductores.

Otro elemento asomado por este autor acerca de la Ideología y su relación con el lenguaje es que el significado de las palabras es ideológico. Para el autor, los significados del texto son importantes, pero también lo son las suposiciones previas, las implicaciones, las metáforas, la coherencia; todos estos elementos conforman aspectos del significado. En realidad las características formales de los textos en variados niveles podrían estar teñidas ideológicamente.

En las sociedades estratificadas y de corte capitalista, el poder del Estado es incuestionable en momentos críticos. En períodos de normalidad, todo un cúmulo de instituciones sociales como la educación, la familia, la religión, los medios de comunicación (éstos por excelencia), aseguran la dominación de la clase dominante. El reconocimiento y la aceptación de un orden social en el sistema se realiza en forma persuasiva; el vehículo para lograr esto es la Ideología. En este contexto, las prácticas institucionales se realizan de manera natural y sin que los individuos se den cuenta de que encierran asunciones que legitiman, directa o indirectamente, relaciones de poder ya existentes. Prácticas institucionales que aparentan ser sensatas, pero sobre todo universales, en forma tal que son consideradas como naturales. Este poder ideológico, persuasivo, casi natural es ejercido mediante el discurso.

En las sociedades estratificadas, los conflictos sociales son prácticamente inherentes al sistema social, en donde los máximos beneficios y el poder de una clase social dependen de la dominación y la explotación de la otra. Una manera de obtener este poder de dominación es mediante el lenguaje. El lenguaje está siempre presente en los conflictos de clase y los que tienen poder y quieren seguir ejerciéndolo se involucran en los conflictos, bien sea para defender o perder su posición.

La Ideología de la clase dominante se va a convertir en una matriz productora de ideas, pensamientos y conceptos que van a ser proyectados a toda la sociedad y esto se logra por medio de un eje conductor que cubre al grupo social con un matiz y un velo de armonía, unión, equilibrio y cohesión. En este contexto, las ideas sobre la educación, la cultura, lo jurídico entre otras, provienen de esa matriz generadora de ideas y conceptos, cuyo trasfondo es básicamente ideológico y también político, pues esto lleva implícito las relaciones de poder. El discurso es el vehículo favorito de la Ideología para ejercer el control por medio del consentimiento y de la persuasión. En relación con el control social, el papel del discurso es el de introducir un simulado igualitarismo donde todas las huellas de autoridad y poder son removidas de su superficie. Vista así, la Ideología es un perfecto caldo de cultivo donde germinan las ideas económicas, religiosas, éticas, jurídicas y también educativas de una sociedad determinada, en un momento histórico determinado.

En las sociedades estratificadas no es difícil acertar que el discurso ideológico jurídico, el económico y el educativo son impuestos por el grupo que detenta el poder. En este sentido, los discursos que ofrecen los medios de comunicación de masas son interesantes por la naturaleza del poder que ellos tienen y porque sus planteamientos ideológicos no son tan claros y evidentes, sino que por el contrario, hay relaciones de poder escondidas en los textos que ellos transmiten, dicen o publican. Los medios de comunicación de masas sirven de vehículos diseminadores de la fuerza dominante de una sociedad cualquiera.

Cuando el discurso se realiza de persona a persona, es decir, cuando el discurso es oral, la relación que se establece entre el que habla y quien escucha es directa; en este caso, el que habla adapta su lenguaje y su discurso al oyente. Otra cosa distinta es el discurso proveniente de los medios de comunicación de masas, cuya audiencia no tiene rostro y es completamente desconocida para el autor del discurso. Esto para Fairclough (1989) es una relación entre productor y consumidor o cliente. En este contexto, el que elabora el discurso lo hace para un tipo de audiencia determinada, bien sea televidente, oyente o lector, por ejemplo. También es necesario acotar que esta situación le brinda al autor del discurso el poder de incluir y excluir ideas que favorezcan el mismo. El discurso escrito, por ejemplo, exige más formalidad, pero también ofrece más tiempo al productor para su elaboración. Allí las ideas se crean y se recrean, se pulen y se afinan los planteamientos que se desean manifestar, pero también sirve para enmascarar más fácilmente los auténticos propósitos que promocionan la idea de dar a conocer un texto escrito publicado, leído o televisado. Podría afirmarse sin estar muy lejos de lo cierto que las perspectivas y las posturas e ideologías que se leen prácticamente a diario están a favor de las clases dominantes, del poder económico y del poder político; de todo esto se puede inferir que las relaciones de poder proveniente de los medios de comunicación de masas son mediadas, filtradas entre los que detentan el poder y el de las clases populares y trabajadoras. En este sentido, los medios de comunicación funcionan según nuestra perspectiva como aparatos ideológicos del Estado, como vasos comunicantes para la expresión y reproducción del poder de la clase hegemónica.

Todos estos planteamientos arriba esbozados sobre la Ideología dan buena cuenta de cómo trabaja y funciona ésta en el discurso tanto oral como escrito. A nuestra manera de ver, lo ideológico se observa al propio interior de los discursos en general y a esto no escapa el discurso pedagógico no teórico. En este tipo de discurso, que puede considerarse como una vía de aproximación a una realidad que es lo educativo, la connotación valorativa e ideológica se revierte a sus propios cimientos. Todos los rasgos anteriormente descritos revelan la estrecha vinculación del problema pedagógico y de la educación como un todo, con los intereses diversos y antagónicos de una sociedad estructuralmente diferenciada. Mediante el mecanismo de inculcación, pero sobre todo mediante la utilización de un «sentido común» ligado a una práctica social, a una cultura práctica, la clase dominante de una sociedad cualquiera crea y recrea la universalidad, la naturalidad de las ideas pedagógicas, de manera que se sientan que son para el beneficio de toda la población estudiantil y el sistema educacional todo. No puede olvidarse que la Ideología está ligada esencialmente a las relaciones de poder; por lo que la aspiración es que se vea y se sienta de manera natural que las ideas educativas plasmadas en proyectos, en programas y en líneas de acción se extienden de manera homogénea en el conglomerado educacional y se oculta siempre que estos proyectos pueden ser un mecanismo que el sector poderoso emplea para preservar el poder.

Las distintas instituciones educativas, tales como el Ministerio de Educación, las universidades, los organismos internacionales, los articulistas eventuales o regulares que escriben en los diarios de circulación nacional o regional, o bien los artículos de opinión sobre la educación provenientes de las revistas periódicas, publican sus textos escritos con argumentos y planteamientos educativos desde una perspectiva aparentemente bien neutral. Se trata lo educativo como un problema social que a todos preocupa y concierne. La problemática educativa se plantea fundamentada en conocidas teorías, lo que le otorga un sólido sustento, pero sobre todo sus planteamientos descansan en un «sentido común» que guía y orienta la práctica educativa. Tal como se plantea un proyecto, éste sugiere alcanzar beneficios para una buena parte de la población escolar (alumnos – docentes), un plan para abordar el problema de la organización administrativa del plantel o de la universidad, alguna política educativa que afecta el sistema. En fin, se trata de buscar la solución a un problema que redundará en provecho de una gran mayoría; es decir, se pretende que el público en general perciba un bienestar general para la mayor parte de la población involucrada. En ningún momento se piensa que el nuevo cambio propuesto va a contribuir con el sostenimiento de relaciones desiguales de poder, o que detrás del discurso lo que hay es un interés de tipo político o económico. Llegado a este punto es importante recordar que la educación ha sido históricamente el vehículo idóneo para la transformación de la sociedad y también que las luchas de clases por ejercer el control educativo no son casuales. Mediante proyectos, planes y programas educativos se aspira a la consecución de objetivos políticos con propósitos ideológicos muy bien definidos. En el caso de los discursos pedagógicos no teóricos, el alcance y la magnitud de los proyectos presentados por la clase política dominante son de tal importancia, que se convierten en el motor impulsador y en el hilo conductor que conduce a la sociedad en materia educacional por largos períodos.

3. Conclusión

A manera de conclusión podemos plantear que la Ideología es mucho más eficiente cuando su trabajo es menos visible, porque si uno se da cuenta de que un aspecto en particular de lo que aparenta ser del sentido común y que se da por sentado, sirve para sostener desigualdades, entonces pierde su capacidad de ejercer control y ya no tiene el mismo efecto. Por el contrario, podría suscitar suspicacias y levantar la desobediencia e ir en contra de la norma. En la obra de Fairclough (1989), el autor recalca que la invisibilidad de la Ideología es lograda cuando ésta es traída al discurso sin ser explicitada en el texto, pero las asunciones están en el fondo mismo del discurso y esto le permite al autor del discurso «textualizar el mundo» de una forma particular. De manera general, los discursos pedagógicos y prácticamente todos los textos no manifiestan la Ideología de manera explícita. Lo que el autor hace es poner en posición al lector para que interprete el texto mediante las claves que él (autor) suministra y así pueda reproducir la Ideología en el proceso, haciéndola suya.

Como punto de cierre en lo relativo a lo ideológico es necesario tener presente entonces, que tanto la educación como el discurso que de ella proviene no son procesos neutros, puros, inocentes e imparciales; sino que, por el contrario, son expresión de un proceso político comprometido y por tanto con una gran carga ideológica. Esto conduce a evidenciar también que la educación y el discurso pedagógico no teórico se insertan en unos principios éticos y morales, porque ambos orientan sus propósitos a la formación de un tipo de individuo para una sociedad históricamente determinada.

Los autores examinados en la elaboración de esta investigación sin duda ofrecen un aporte invalorable para establecer una innegable relación y una marcada influencia ejercida por la Ideología sobre los Discursos Pedagógicos No-Teóricos. Todo esto explica y proporciona un arsenal teórico y metodológico para abordar el análisis de este tipo de discurso.

Los Discursos Pedagógicos No-Teóricos son piezas textuales comprometidas o identificadas con proyectos políticos o líneas ideológicas provenientes de grupos sociales determinados. La Ideología se convierte así en el elemento con capacidad para legitimar un orden establecido o también para subvertirlo y el vehículo idóneo y favorito para lograr esto es mediante el empleo del discurso.

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