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Revista de Pedagogía

Print version ISSN 0798-9792

Rev. Ped vol.28 no.82 Caracas  2007

 

Percepciones y significados sobre la convivencia y violencia escolar de estudiantes de cuarto medio de un liceo municipal de Chile

Perceptions and meanings given to co-existence and violence in schools by fourth year Chilean high school students

María Teresa MUÑOZ QUEZADA 1 Universidad Católica del Maule, Talca, Chile mtmunoz@ucm.cl

Eugenio SAAVEDRA G. 2 Universidad Católica del Maule, Talca, Chile esaavedr@ucm.cl

Marco VILLALTA P.  3 Universidad Católica del Maule, Talca, Chile mvillalt@ucm.cl

1 Licenciada en Psicología por la Universidad de La Serena, Chile. Magíster en Psicología, mención Psicología Educacional, por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Académica del Departamento de Psicología de la Universidad Católica del Maule, realizando docencia, investigación, selección de personal y extensión. Psicóloga en la Unión de Padres y Amigos de Personas con Deficiencia Mental (UNPADE) y en el Centro de Protección para Niños con Discapacidad Intelectual «Hogar Belén» en Talca, Chile. Líneas de investigación: procesos de aprendizaje y socio afectivos en contextos educativos; discapacidad e integración escolar; estrés y auto-cuidado en profesionales de la educación.

2 Psicólogo por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Investigación por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile. Doctor en Educación por la Universidad de Valladolid, España. Post Título en Terapia Cognitiva Procesal Sistémica, Inteco, Chile. Director de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica del Maule, Chile. Autor de 15 artículos en el área de educación y resiliencia. Autor de dos libros y participación con capítulos en otros tres libros. Línea de investigación: resiliencia y caracterización juvenil.

3 Psicólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú. Doctor en Ciencias de la Educación por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Postgrado en Neurociencia por la Universitat Oberta de Catalunya e Instituto de Neurociencia y Salud Mental de Barcelona, España. Académico del Departamento de Psicología, Universidad Católica del Maule, Chile. Docencia e Investigación. Jefe de la Unidad de Apoyo a la Innovación de la Universidad Católica del Maule. Líneas de investigación: prácticas pedagógicas, cultura escolar, interacción didáctica.

RESUMEN

Esta investigación fue realizada en un liceo de la comuna de Talca, Chile, con estudiantes de cuarto medio. El objetivo general consistió en conocer los significados que otorgan los jóvenes a la convivencia, el conflicto y la violencia entre pares dentro del establecimiento escolar. La metodología utilizada fue cuantitativa y cualitativa con una muestra de 140 estudiantes. Como resultados principales se observa que los jóvenes perciben que el liceo es altamente vulnerable a la violencia escolar; los varones la definen como normal y las damas la representan como negativa. Atribuyen como causa de la intimidación entre pares a la presión por los estudios por parte de sus profesores y de sus familias, al entorno de donde provienen los jóvenes, a la jornada escolar y al estrés de los profesores. Se concluye que el fenómeno de la violencia entre pares tiene una connotación cultural y se perciben ausentes las estrategias para prevenir e intervenir en las situaciones de agresión en el liceo.

Palabras clave: Violencia escolar, convivencia escolar, intimidación entre pares, educación chilena.

ABSTRACT

This study was carried out in a high school in the community of Talca, Chile, with fourth year students. The general aim was to learn the views that such students have on topics such as co-existence, conflict and violence among peers within school precincts. The methodology used was quantitative and qualitative, using a sample of 140 students. The main results were the following: that these young studentsperceive that the school is highly vulnerable to violence, something which boys find normal and girls react to negatively. The causes of such violence are seen as intimidation between peers and the pressure put on students by their teachers and parents, the environments from which the students come, the length of the school day and stress felt by the teaching staff. It is concluded that the phenomenon of violence among peers has a cultural connotation and that strategies to prevent and/ or intervene in situations that produce aggression in schools are felt to be absent.

Keywords: Violence in schools, school co-existence, intimidation among peers, Chilean education

Recibido: 04/10/2006   Aprobado: 29/3/2007

INTRODUCCIÓN

El tema de la convivencia escolar cada vez toma más relevancia en las comunidades educativas, enfocadas no sólo en intervenir, sino también a prevenir las situaciones de violencia escolar. Los medios de comunicación y las investigaciones nos muestran día a día la situación de tensión cotidiana que emerge en los contextos educativos de diversas culturas a nivel mundial, los cuales indican la complejidad cada vez mayor de las escuelas, las cuales se transforman en espacios representativos de los modelossociales que influyen tanto de manera positiva como de forma negativa en el desarrollo y aprendizaje de los estudiantes. Con respecto a la convivencia escolar, las situaciones que más preocupan están vinculadas con el uso deestrategias inadecuadas en la resolución de conflictos de parte de los educadores y de los estudiantes, con los climas sociales escolares «tóxicos» (Arón & Milici,1999), la salud mental de la comunidad educativa, y la cultura escolar en general (Díaz-Aguado, 2005; Brown, Birch y Kancherla, 2005; Tamar, 2005; Morrison y Skiba, 2001; Furlong y Morrison, 2000).

En Chile, si bien no existen datos estadísticos que muestren una clara prevalencia del nivel de violencia en los establecimientos escolares, diversos programas derivados del Ministerio de Educación y de Estudios del Instituto Nacional de la Juventud (MINEDUC, 2004; INJUV y CIDE, 1999; Ávalos, 2003; PREAL, 2003) han aportado antecedentes y experiencias para poder conocer dichos conflictos, saber cómo son vivenciados e interpretados por los diversos actores del entorno escolar, y saber cómo intervenir y enfrentar el conflicto en la escuela, que en los casos más dramáticos derivan en violencia irreparable.

A partir de lo anterior, se considera relevante estudiar dichas situaciones y buscar las alternativas de solución en conjunto con toda la comunidad escolar para mediar en las situaciones de conflicto. En este sentido, el presente estudio tuvo como objetivo general mostrar las percepciones y significados que otorgan jóvenes de cuarto medio a la convivencia, conflicto y violencia entre pares dentro del establecimiento escolar al cual asisten. Es importante señalar que el recinto escolar pertenece al programa «Liceo para Todos», programa que 200 Revista de Pedagogía MARÍA TERESA MUÑOZ QUEZADA; EUGENIO SAAVEDRA G. Y MARCO VILLALTA P. está inmerso en la problemática de población en riesgo psicosocial, donde el Ministerio de Educación (MINEDUC, 2006) entrega recursos materiales y humanos para potenciar los aprendizajes de los alumnos y su formación, evitando así la deserción escolar, el bajo rendimiento y las situaciones de riesgo, tales como la violencia en los liceos.

1. ANTECEDENTES DEL PROBLEMA

1.1. Definición de violencia escolar

El tema de la violencia en las escuelas está relacionado con la cultura escolar y con la convivencia escolar. La cultura escolar se refiere a un conjunto de conocimientos, estados anímicos, acciones y nivel de desarrollo alcanzado por una comunidad educativa (MINEDUC, 2004). Por otro lado, la convivencia escolar alude a la interrelación que se da entre docentes, alumnos, directivos, para-docentes, padres y apoderados de cada establecimiento educacional. Tanto la cultura como la convivencia escolar son una construcción colectiva y, por lo tanto, es de responsabilidad social. Por otro lado, el conflicto se refiere a diferencias de criterio, de intereses o de posición personal frente a temas, situaciones o puntos de vista. Los conflictos son inherentes a la sociabilidad humana y son esperables en toda comunidad educativa (MINEDUC, 2004).

Según algunos autores (Magendzo, Toledo y Rosenfeld, 2004; Fernández, 2003; Magendzo y Donoso, 2000), la violencia escolar se refiere a toda situación de agresión, abuso o maltrato que realiza una persona o grupo. Pueden ser discursos sobre otra persona o grupo de personas que se expresan tantoentre adultos, entre pares y entre adultos, jóvenes y niños. Es importantetener presente que si bien las conductas agresivas son propias de toda especie animal, la violencia no es natural, sino que emerge desde un contexto social y es aprendida. Es así como se pueden reconocer dentro de los hechos violentos: las bromas, los juegos rudos, el autoritarismo, la discriminación, la intimidación o bullying en la escuela. Por otro lado, podemos ver que las causas o procesos relacionados con la convivencia en la escuela van más allá del problema vivenciado por el o los alumnos o la comunidad educativa, sino que comprometen los valores, costumbres e interacciones de una cultura.

Por ende, para disminuir la violencia escolar es importante intervenir con toda la comunidad escolar, incluyendo a los apoderados y los sectores aledaños a la escuela, y promover desde este contexto una convivencia escolar que genere una interrelación positiva y constructiva entre todos los participantes, promoviendo el ethos o cultura escolar y generando espacios de discusión y construcción de soluciones que permitan aprender de los conflictos, superándolos en conjunto como un desafío más del proceso de enseñar y aprender.

1.2. El contexto: La violencia en las escuelas

Para comprender la situación de la violencia en las escuelas, se revisaron investigaciones que apuntan a diversas variables que serían significativas y que estarían vinculadas a los conflictos que surgen principalmente entre pares. Por ejemplo, según Ruiz (2005), la violencia en la escuela emerge más allá del contexto educativo, y es parte y consecuencia de un contexto global tanto a nivel político como cultural. Por ejemplo, se promueve de parte de los medios de comunicación la ventaja del control de las instituciones privadas y elconsumo de elementos que generen una sensación de seguridad frente a unpeligro, que la mayoría de las veces se crea desde estos mismos medios, generando estados psicológicos colectivos de inseguridad que pueden activar el uso y justificación de la violencia como modo de defensa de ciertos individuos ante situaciones que se ven como nocivas para el bienestar individual. Además, la sociedad se ve más expuesta a estrategias y modelos políticos que cada vez justifican la violencia como el modo necesario para conseguir sus fines, incluyendo la paz mundial.

Según un estudio (Brown, Birch y Kancherla, 2005) realizado en Estados Unidos con 1.229 estudiantes con edades de 9 a 13 años, más de la mitad de los alumnos han sufrido intimidación de parte de sus compañeros. En esemismo estudio, se hace alusión a que uno de cada cinco estudiantes de primaria y uno de diez estudiantes de liceo en dicho país ha vivenciado intimidación o bullying de parte de sus compañeros. En Chile no existen muchos datos empíricos sobre la situación de la violencia escolar. Estudios de maltrato infantil han relacionado que el niño violento generalmente se relaciona con situaciones de violencia intrafamiliar. Una encuesta realizada por la consultora World Vision (EducarChile, 2003) arrojó en las regiones Metropolitana VIII y IX, que cerca de 60 por ciento de niños entre 7 a 16 años que presentan conductas agresivas, han sido maltratados por sus padres físicamente. Por otro lado, se ha visto que existe relación entre el consumo de drogas y la violencia en la escuela. Según un estudio de CONACE (CONACE, 2004), cerca del 32 por ciento de los escolares que consumen drogas han robado o han participado en peleas dentro del establecimiento educacional al que asisten. A la vez, el 30 por ciento de ellos han participado en agresiones contra un compañero y el 27 por ciento inicia una pelea.

Contador (2001), en un estudio sobre la percepción de la violencia en la escuela en jóvenes de enseñanza media, plantea que, según los estudiantes, la causa de la violencia escolar es producto de que otros compañeros la generan, provocando rabia, derivando en respuesta una nueva conducta violenta. En este mismo estudio, se encontró que los varones son los que más justifican el uso de la violencia como válido para solucionar los conflictos en la escuela.

Araos y Correa (2004) muestran que existen factores de riesgo y factores protectores que promueven o impiden las situaciones violentas en los establecimientos escolares. Dentro de los factores de riesgo se reconocen las dinámicas internas de la escuela que aumentan y reproducen procesos de victimización y, por otro lado, se reconocen como factores protectores las dinámicas internas de la escuela que disminuyen la reproducción de comportamientos violentos. En este mismo sentido, Ramírez y Justicia (2006) estudiaron a 527 estudiantes de dos centros educativos de la ciudad de Ceuta, España, y comprobaron que tanto víctimas como victimarios de violencia escolar entre pares presentaban comportamientos problemáticos y desadaptativos en la convivencia escolar, en los cuales sobresalen en primera instancia el bajo rendimiento académico y la falta de disciplina en la sala de clases y, en segundo lugar, las conductas agresivas hacia los pares y la falta de habilidades de comunicación en el grupo. Aquí también se destaca que los varones presentan más conductas desadaptativas y de agresión que las hembras. Además, se menciona que las situaciones de disrupción, agresión y maltrato están vinculadas al clima de convivencia escolar negativo que se presenta en los centros escolares.

Con respecto a las estrategias de intervención de las situaciones violentas en las escuelas, en un estudio realizado en dos establecimientos escolares de Santiago con profesores y alumnos de sexto, séptimo y octavo básico (Tamar, 2005), se manifiesta la importancia de implementar estrategias de resolución de conflictos de parte del profesorado, las cuales deben tener un componente más controlado, educativo y efectivo. Aquí se plantea que no se puede intervenir con la misma estrategia para todos los alumnos, remarcando la importancia de que el profesor, antes de mediar o intervenir, debe conocer y comprender el perfil de los alumnos victimarios o víctimas de violencia escolar. Además, se plantea que a los estudiantes víctimas de violencia les provoca temor denunciar las situaciones de intimidación pensando en que ello puede aumentar la situación de maltrato y, por otro lado, debido a la poca efectividad, en algunos casos, de la intervención de los maestros.

Por otro lado, García y Madriaza (2005), en un estudio cualitativo con jóvenes de enseñanza media plantean que las conductas violentas de los estudiantes comienzan a disminuir en la medida que emerge un proyecto de vida personal que modifica la percepción que poseen de sus pares. Así, la búsqueda de reconocimiento y de hacerse valer dentro del medio adolescente a través de la violencia, comienza a perder fuerza dando paso a un interés de realización de sí mismos.

Los antecedentes presentados permiten comprender en cierta medida el fenómeno de la violencia escolar, su complejidad, los factores o situaciones relacionadas, sus consecuencias y estrategias de intervención. El siguiente estudio permitió conocer, desde su vínculo histórico con el liceo, las percepciones y significados que jóvenes de cuarto medio poseen acerca de la convivencia y violencia escolar de su propio liceo. Esta experiencia permite no sólo conocer, desde la mirada de estos jóvenes, cómo en el contexto educativo se vivencian y solucionan los conflictos, sino también generar posibles líneas de acción desde los actores que vivencian la problemática en el día a día y, a la vez, aportar antecedentes sobre la convivencia escolar de estudiantes de último grado de un liceo.

2. MÉTODO

El estudio realizado fue de carácter exploratorio, por un lado descriptivointerpretativo de los discursos de los estudiantes acerca de la relación con sus compañeros y, por otro lado, descriptivo-analítico de las respuestas de una encuesta estructurada, basada en el cuestionario sobre «Abuso de Compañeros» de Fernández y Ortega (Fernández, 2003). Este cuestionario tiene comocaracterística que no sólo recopila antecedentes generales sobre la percepción de violencia entre pares, sino que también permite recopilar información sobrela percepción de las víctimas de intimidación y los victimarios. Al final, se agregó un tópico que indagaba sobre la presencia o ausencia de ciertas situaciones de riesgo psicosocial que podrían estar presentes en el establecimiento escolar.

La muestra estuvo compuesta por la totalidad de los estudiantes de cuarto medio de un liceo municipalizado perteneciente al programa «Liceo para Todos», un total de 140 estudiantes de cuarto medio cuya edad promedio era de 17 años, siendo 58 hembras y 82 varones. Se eligió este grupo por su relación histórica con el establecimiento escolar. De esta misma muestra se realizaron, para profundizar en los aspectos descriptivo-interpretativos, dos entrevistas individuales en profundidad a dos estudiantes, uno de sexo masculino y otro de sexo femenino, además de escoger del mismo nivel a cuatro mujeres y cuatro varones para realizar un grupo de discusión. Como se mencionó anteriormente, el liceo donde fue aplicado el estudio es un establecimiento escolar en riesgo psicosocial, que actualmente pertenece al programa del Ministerio de Educación «Liceo para Todos», el cual tiene como finalidad apoyar en el proceso de aprendizaje a los estudiantes provenientes de establecimientos escolares de escasos recursos, con problemas psicosociales y vulnerables a la deserción escolar.

La recolección de información fue realizada por los investigadores. En una primera fase se realizó el contacto con la institución y se logró la respectiva autorización de participar en el estudio. En una segunda fase se realizó la aplicación de la encuesta a la totalidad de los cuartos medios del liceo. En la tercera fase se escogieron, en conjunto con el jefe de unidad técnica del establecimiento escolar, los estudiantes que participarían en las entrevistas en profundidad y grupo de discusión. Aquí se consideró que los estudiantes hubieran cursado los cuatro años en el señalado establecimiento escolar. En la cuarta fase se realizó el grupo de discusión, donde uno de los investigadores fue el moderador y la pregunta a discutir era: «Cómo es un día en el colegio». Esto fue registrado con un libro de notas y una grabadora. En la quinta fase se realizaron las entrevistas en profundidad en dos momentos respectivamente, registrándolas con los mismos medios que el grupo de discusión. Las entrevistas posteriormente fueron transcritas en computador para el análisis.

Finalmente, en el análisis de los resultados se utilizaron estadísticos descriptivos, análisis de tablas de frecuencia y estrategias interpretativas del análisis de contenido, elaborando en un análisis durante y después de la información, las categorías que permitieron comprender el fenómeno de la convivencia y violencia escolar desde el discurso de los estudiantes. Este análisis fue sometido a triangulación, donde el porcentaje de acuerdo entre los tres investigadores que fueron jueces en la codificación de los datos fue de un 98 por ciento. Las categorías que emergieron del estudio serán descritas a continuación en la presentación de los resultados.

3. RESULTADOS

Los resultados serán presentados considerando las categorías emergentes de la descripción que realizaron los estudiantes encuestados sobre su percepción de la violencia, los relatos de los grupos de discusión y las entrevistas para profundizar en la comprensión de los datos.

3.1. Sentimientos hacia el establecimiento escolar

Al revisar los estadísticos descriptivos (ver Tabla Nº 1) se percibe que en el establecimiento escolar, un 64 por ciento de los estudiantes se sentiría bien en el colegio y un 36 por ciento no se sentiría tan bien.

TABLA Nº 1

PORCENTAJE PARA LA PREGUNTA

¿CÓMO TE SIENTES EN EL COLEGIO?

Ahora, si se vincula con las entrevistas y los grupos de discusión, los jóvenes presentan sentimientos ambiguos con respecto al liceo. Por un lado mencionan que lo encuentran aburrido, rutinario, percibiendo que todos los días se realiza lo mismo, que no hay espacios de recreación ni tiempo para poder relajarse. Mencionan también que los profesores son poco tolerantes, tienden a estresarse fácilmente y gritan cuando los alumnos no realizan lo que ellos quieren. También plantean que falta diálogo y espacio para poder compartir, fuera de lo que implica copiar lo que los profesores dictan o exigen. Perciben al liceo como poco saludable, y como un ambiente que genera estrés.

Uno no alcanza a salir y ya están tocando el timbre (…) apenas se va al baño y no alcanza a compartir un rato en el recreo, es muy rutinario (…) todo el rato los profesores dictando y uno que escribe y escribe…

Pero, por otro lado, mencionan que sienten simpatía por la dedicación de los profesores en situaciones problemáticas, perciben que sus amigos están en el liceo y sienten que en el establecimiento educacional han tenido más oportunidades para desarrollarse como personas. Por ende, a los estudiantes, pese a los conflictos y situaciones poco saludables, les gusta el liceo, aunque no se debe olvidar que existe sobre un 30 por ciento de los estudiantes para quienes la experiencia escolar no es tan grata. En este último punto, al revisar el sentimiento de miedo en el colegio, un 62 por ciento responde que no ha sentido miedo y un 36,4 por ciento menciona que ha sentido miedo alguna vez, porcentajes que coinciden con la sensación de bienestar y malestar en el liceo. La siguiente tabla (Tabla Nº 2) muestra las causas de estos miedos:

TABLA Nº 2

PORCENTAJES DE LA PREGUNTA ¿CUÁL ES LA CAUSA PRINCIPAL DE TU MIEDO?

Se puede apreciar que los miedos más frecuentes están vinculados al trabajo en clase y a otros donde destaca el ambiente o clima social del liceo. Estos resultados nos indican que el sentimiento de miedo no se relaciona con la intimidación entre pares y se asociaría más a situaciones del contexto escolar. Por lo tanto, se aprecia una representación positiva hacia los eventos estresantes y de conflicto. Los estudiantes consideran que las dificultades presentadas enel liceo los están preparando para la vida, perciben que los hace más fuertes y les permite aprender a enfrentar los problemas. Tal como ellos mencionan, les permite tener «una coraza más dura». Sin embargo, más de 35 por ciento de los jóvenes percibe una sensación de conflicto y malestar.

3.2. Relación con los profesores

Los estudiantes no presentan grandes conflictos con los docentes. En el tópico de «¿Cómo te sientes tratado por tus profesores?» se observa que un 13,6 por ciento se siente muy bien, un 65,7 por ciento se siente bien, un 18,6 208 Revista de Pedagogía por ciento se siente regular. Este aspecto se relaciona con los resultados de las entrevistas. Aquí se logra percibir que los estudiantes atribuyen al estrés que produce el proceso de enseñanza-aprendizaje (debido a la jornada escolar completa) como un aspecto conflictivo, pues no les permite descansar y recrearse, sometiéndose constantemente al trabajo intelectual. A partir de esto, explican que la relación con los profesores se deteriora, bloqueando la posibilidad de que emerjan espacios para comunicar o recrearse:

Más encima mandan tareas, se supone que la jornada completa es para hacer las tareas en el mismo colegio, pero dan para la casa, y uno llega y quiere puro descansar, pero tiene que hacer las tareas.

Sin embargo, los estudiantes concuerdan con que los profesores, pese a sus características o conductas a veces restrictivas, son buenas personas y tratan de hacer lo posible para apoyarlos.

3.3. Relación entre pares

La relación entre los compañeros presenta un matiz distinto. La siguiente tabla (Tabla Nº 3) muestra el vínculo entre pares:

TABLA Nº 3

PORCENTAJE FRENTE A LA PREGUNTA

¿CÓMO TE LLEVAS CON TUS COMPAÑEROS?

Aquí se observa que la relación de amistad entre compañeros no tiene una connotación muy significativa y especial dentro del establecimiento escolar. Es decir, si bien no se llevan mal con ellos, en su mayoría no lo presentan como tan importante.

Ahora, al analizar la pregunta «¿Te sientes aislado o rechazado por tus compañeros?», un 63,6 por ciento menciona que nunca, un 30,7 por ciento dice que alguna vez, y un 4,8 por ciento menciona que más de tres veces. Profundizando en esta temática, al preguntar de manera más específica sobre si algún compañero les ha molestado, amenazado o tratado mal, se observa lo siguiente (Ver Tabla Nº 4):

TABLA Nº 4

PORCENTAJE DE ESTUDIANTES QUE SE HAN SENTIDO MOLESTADOS O AMENAZADOS POR SUS COMPAÑEROS

Estos resultados nos indican que cerca de un 36 por ciento se ha sentido en algún momento rechazado o amenazado por sus compañeros, es decir, es o ha sido víctima de violencia entre pares en el establecimiento escolar. Ahora bien, si revisamos estas temáticas en los discursos de los estudiantes, se manifiesta que la relación entre pares no es muy constructiva. Plantean que tienden a no compartir, a separarse en grupos, a agredirse, donde lo más frecuente es burlarse y molestar al otro, es decir, hacer bromas, trasgrediendo la integridad física y psicológica entre compañeros. Pero a la vez, este aspecto lo consideran normal, pues creen que las burlas y bromas son parte de lo cotidiano y de lo entretenido del colegio, mencionando que es algo frecuente y constante, además de aparecer esto en todos los niveles de formación.

Sostienen que la relación con los otros es de molestarse, donde lo negativo está más bien vinculado a la segregación que se da entre los propios estudiantes, más que a la violencia.

La relación entre los compañeros es mala (…) Porque los cursos se separan en grupitos, nunca está el curso unido, no comparten» (…). «O sea, en todos los cursos se da que te molesten, es como normal.

Ahora, si se relaciona la variable sexo con sentirse rechazado, se observa lo siguiente (Tabla Nº 5):

TABLA Nº 5

PORCENTAJE SEGÚN SEXO DE SENTIMIENTO DE RECHAZO EN EL LICEO

Con respecto a las amenazas de algún compañero, se observa que un 34 por ciento de las mujeres y un 38,5 por ciento de los varones mencionan que más de alguna vez se ha sentido amenazado. Por lo tanto, las mujeres tienden a vivenciar más la experiencia de rechazo, mientras que los varones vivencian más la experiencia de amenaza. Este aspecto también se manifiesta en las entrevistas, donde las mujeres son más aisladas o se les aplica «la ley del hielo», es decir, no le hablan, la dejan fuera de los trabajos escolares grupales o se burlan de ella, y en los varones se da más la amenaza tanto física como psicológica.

3.4. Causas del conflicto entre pares

Esta categoría se relaciona mucho con la anterior. Las explicaciones que los estudiantes dan acerca de las causas del conflicto entre compañeros son diversas. Por un lado refieren que son producto de que otros molestan y se mantiene un círculo vicioso de molestarse de manera recíproca. También aluden a ciertos estilos personales, donde existen jóvenes a quienes les gusta molestar y ser molestados. Por otro lado, mencionan la discriminación como causa cuando la persona discriminada es muy diferente de lo esperado.

Empiezan a molestar y a molestar y a uno le incomoda, y dice ya empezó de nuevo y ahí uno tiene que pararse y pegarle (…) si le he pegado (…) a un compañero una cachetada (…) y se queda callado, no tiene otra cosa que hacer y no me habla en todo el año.

Te discriminan, se da harta discriminación en los cursos, o sea uno dice ¡Ah, este es cabezón! y ahí empiezan todos ¡Guaaa cabezón, cabezón!

Otra de las explicaciones de los estudiantes con respecto a las causas del conflicto y violencia entre pares se refiere a la atribución que realizan como producto del conflicto entre profesores y alumnos. En este sentido perciben que la causa por la que se molestan unos con otros es por el estrés del profesor, por sus exigencias, por lo rutinario de las clases y por la falta de aspectos más aplicados. Esta situación provoca que en los estudiantes aumente la tensión, y para poder liberarse de ésta acuden al uso de la agresión psicológica a partir de las burlas, las bromas y la intimidación. Reconocen que la estigmatización y atribución negativa de parte de los profesores hacia el alumno que alguna vez molestó o desordenó, no permite el cambio conductual del alumno y éste genera una especie de profecía auto-cumplida al ver que los demás ya lo estigmatizan, respondiendo según lo que los profesores ya esperan que haga.

El hecho de que se molesten no es por algo dañino, no es en malo en sí, sino para matar el tiempo (…) Igual se siente mal, pero no es tanto discriminación, sino para andar mejor, para matar el tiempo, porque igual las clases son demasiado lateras, dictan todo el día, no hacen cosas didácticas, nada, y si uno va a la oficina a alegar así se pasan la pelota entre ellos y no, que vaya a decirle a tal, al otro.

Después te dicen, no si el alumno tuvo la culpa, dicen que yo lo conozco, usted es desordenado, porque si uno alguna vez se mandó la embarrá, no usted es desordenado pa’siempre, como que uno nunca cambia, como que uno fuera más desordenado cada día, como que aquí en este liceo uno se manda una embarrá, es más malo cada día.

Ahora, los sentimientos que poseen los jóvenes víctimas de intimidación con respecto a dichas prácticas violentas, son diversos. En la siguiente tabla (Tabla Nº 6) se puede observar que en las mujeres un 10,3 por ciento les da lo mismo; en cambio, en los varones se observa un 26,8 por ciento que se mantiene indiferente. Por lo tanto, son las mujeres las que se sienten más incómodas frente a la intimidación.

TABLA Nº 6

SENTIMIENTOS FRENTE A LA INTIMIDACIÓN SEGÚN SEXO:

¿CÓMO TE SIENTES ANTE ESA SITUACIÓN?

Relacionando este punto con las prácticas de intimidación más utilizadas, se reconocen para las mujeres, principalmente, la categoría «Hablan de mí» como la más frecuente (25%) y en los varones, «Me insultan, se ríen de mí» (20%), como las más frecuentes.

3.5. Significado de la violencia entre pares

Se observa que el concepto de violencia de los alumnos no está muy claro. Manifiestan que las burlas y las bromas serían violencia psicológica, pero reconocen como normal y hasta amistosa dicha violencia. En cambio la violencia física la consideran como problema, aunque reconocen que también los golpes son por aburrimiento, aunque el límite está cuando se violenta en exceso la integridad física del compañero. Reconocen que las situaciones de violencia están vinculadas con el liceo, con su entorno familiar y la sociedad, explícitamente con situaciones de presión por el rendimiento escolar y por su inserción en el mundo profesional o laboral posterior al término de la enseñanza secundaria. Sin embargo, observan que estas conductas se presentan principalmente cuando son adolescentes, pues perciben que ya en cuarto medio van disminuyendo, para finalmente desaparecer cuando salen del liceo.

No es bueno que ocurra la violencia, pero es normal que ocurran las burlas y golpes por aburrimiento (…) antes era peor, se agarraban a cuchillazos, incluso a balazos, una vez, eso pasó el año pasado… O sea aquí se da la situación de presión por lo que viene, porque estay presionado (…) estás presionado por los profesores, por la directora, por tus padres, por tus hermanos, por tu pololo que lo único que quiere es que termines tu carrera (…) por lo que viene después del liceo, igual es un cuento dramático, eso te pone nervioso, no con miedo, pero igual es la realidad de uno… Igual hay algunos que tienen problemas en la casa y llegan aquí como para despejarse de los problemas y los profesores como que los atacan más y más (…) como que uno evita la pelea de la casa y la continúa acá.

Por otro lado, al analizar las frecuencias que distinguen el ejercer intimidación entre pares, se observa que los varones tienden a intimidar más que las damas, donde un 73 por ciento de los varones reconocen haber molestado o maltratado a un compañero, a diferencia del 43,1 por ciento de las mujeres que han molestado a algún par. Además, se percibe que los demás compañeros que observan no se involucran principalmente, reconociendo tanto en hombres como en mujeres que los demás no hacen nada cuando ellos molestan a los compañeros (34,5 por ciento mujeres y 42,7 por ciento varones).

Ahora, al consultar en general qué opinan de los compañeros que molestan a otros, se presentan diferencias entre lo que piensan las mujeres y los varones, donde para los varones pareciera más normal que se moleste a un compañero (41,5 por ciento). En cambio, a las mujeres les parece muy mal (56,9 por ciento).

Las diferencias entre hombres y mujeres se siguen presentando al analizar, en el caso de los alumnos que molestan o maltratan a un compañero, una autoexplicación de su conducta. Cerca de un 63,8 por ciento de las mujeres menciona que no molesta a sus compañeros, y sólo un 30 por ciento de los varones reconoce que no molesta. A partir de este último punto se reconoce que los varones tienden a molestar más, donde las causas más frecuentes que ellos se auto-atribuyen serían por hacerle una broma (35,4%) y porque se lo han provocado (23,2%). En el mismo sentido, cuando se les pregunta a los victimarios cómo se sienten cuando amenazan o molestan a otro compañero, un 19,5 por ciento de los varones reconoce que se siente bien consigo mismo, y un 11 por ciento refiere que se sienten más fuertes que el compañero. Al manifestar en qué circunstancias maltratarían a un compañero, tanto damas (55,2%) como varones (59,8%) mencionaron que tratarían mal a alguien o lo amenazarían si dicha persona les molesta o provoca.

3.6. Lugares donde se produce violencia

Los lugares más frecuentes donde ocurren las peleas son a la salida del establecimiento escolar o los baños, presentándose diferencias entre hombres y mujeres, donde las mujeres escogen más el baño y los varones el término de jornada, en el exterior del liceo.

Las peleas de mujeres ocurren con mayor frecuencia en el baño, también en la salida pero con estudiantes de otros liceos.

Aquí las peleas de los hombres ocurren en la salida y son fuertes y menos chillonas, las mujeres son más escandalosas, pero también se agarran a combo, se mechonean, se rasguñan, es fuerte una pelea de mujeres.

Ahora, con respecto a los jóvenes que vivencian intimidación, tanto hombres como mujeres reconocen que el lugar más frecuente sería la sala de clases (55%).

3.7. Características de víctimas y victimarios

Al revisar los estadísticos descriptivos, las víctimas de violencia entre pares mencionan que la persona que molesta es del propio curso (90 por ciento). Al analizar el sexo de la persona que intimida, se observa que en las mujeres se da tanto la intimidación por hombres (51 por ciento) como por mujeres (49 por ciento). En cambio, en los varones es más frecuente que la persona que moleste sea del mismo sexo (68 por ciento). En este punto, los estudiantes entrevistados mencionan que, con respecto a la presencia y frecuencia de agresión y violencia física entre pares, ocurren rara vez, pero son intensas, consideran que generalmente se dan por desencuentros de personalidad o de formas de ser. Manifiestan que el año pasado, en 2005, eran más intensas y que ocurren principalmente en primavera, que en la época de invierno y otoño son menos frecuentes. Aluden que en invierno están más tranquilos por el frío y no hay mucho que hacer. En cambio, cuando es primavera se auto-perciben como más activos, con deseos de realizar acciones fuera del colegio y no pueden, por la obligatoriedad de la jornada completa. Por lo tanto, se aburren y los métodos que buscan para entretenerse son por lo general de intimidación:

Igual aparecen más en la primavera, es que ahora no hay mucho que hacer afuera, hace frío y mejor uno se queda en el liceo, no dan muchas ganas de molestar, pero en la primavera uno como que quiere hacer más cosas y acá te restringen, entonces aparece la pelea, el conflicto con más frecuencia, de puro aburridos, si tuviéramos más tiempo para hacer otras cosas no ocurrirían tanto.

Los estudiantes perciben las situaciones de conflicto, tales como bromas y burlas, como muy frecuentes, no distinguen si se es hombre o mujer, lo importante es divertirse, aunque reconocen que no es correcto, pero mencionan que hay situaciones que se justifican y no es sólo por aburrimiento, sino que se molesta a otro producto de que te molestan o molestan a un amigo y salen en su defensa, o si se presentan características físicas o de personalidad muy idiosincrásicas que incitan a la burla. Por otro lado, se percibe, además de la burla, la traición como un elemento importante de agresión psicológica.

El año pasado molestábamos todo el día a una compañera, igual pobrecita, pero se creía superior a los demás, entonces nos molestaba eso y ahí uno le agarra mala. Ella se sentía superior a los demás y eso molesta. Igual no puede pasar desapercibida.

O sea la violencia se da si te molestan, o sea tu molestas o pegas y yo te pego o molesto. Devolviendo la mano.

3.8. Estrategias de resolución de conflictos

Siguiendo con la misma construcción, los jóvenes entrevistados aluden a que existen diferentes tipos de conflictos y peleas, y los significan según la intensidad de la agresión, y si es consensuado su uso o no en la cotidianidad de las relaciones entre pares de la escuela. Mencionan que los conflictos generalmente los solucionan entre ellos, donde las mujeres tienden a ser tan violentas como los varones. Consideran que los varones tienden a ejercer intimidación de manera más frecuente y violenta que las mujeres. Reconocen que no es correcto este tipo de conflicto y validan el diálogo como la mejor alternativa de solución, pero sienten que no pueden hacer mucho, que es una práctica normal. Además, se agrega que los profesores no tienden a intervenir demasiado. Perciben cierto favoritismo de parte de los profesores por los alumnos menos conflictivos.

Las mujeres son violentas y gritonas pero con menos frecuencia aparecen sus peleas, en cambio los hombres son más frecuentes, viven molestándose o molestando, haciendo bromas, pero se agarran a combos de manera muy fuerte en su momento.

Los profes no se meten, sólo cuando la cosa es muy grave, si no, no se meten, y si uno tiene problemas te estigmatizan y no te ayudan, ayudan más al que es mejor alumno, a uno no le creen, entonces el que es mejor alumno a veces se aprovecha y te molesta psicológicamente, pero cuando uno le para los carros se esconde detrás del profe.

Por otro lado, se observa en los discursos de los estudiantes un autocuestionamiento de las conductas agresivas y violentas entre pares. Emergen temáticas como cambiar la conducta violenta y derivarla a una conducta propositiva para los demás. Reconocen entornos que propician las conductas violentas tales como el liceo, la casa de los jóvenes y sus barrios. En este sentido, observan al liceo como uno de los espacios donde más se controlan las conductas agresivas.

Afuera también se da violencia, donde yo vivo hay cualquier patota, igual se da cualquier delincuencia allá.

Es que es distinto porque afuera tienes otro trato y no los ves todos los día a cada rato.

Igual cuando uno llega aquí uno viene con más ganas de estudiar, aquí es más tranquilo que el barrio.

Por otro lado, manifiestan diversas estrategias para solucionar los conflictos violentos. Emerge como significativa la solución de problemas a través del diálogo, también el no tomar en cuenta al que molesta como una buena estrategia para disminuir las burlas y amenazas:

Lo ideal es conversar, debieran hacernos un taller o algo para poder mejorar la forma en que nos comunicamos sobre todo entre los profesores y alumnos.

Dejando de lado al que molesta, tolerándolo (…) No tomarlo en cuenta.

Se da mucho que se agarren a patadas, peleen a combo y después se hacen amigos.

Es raro porque uno recuerda cuando le pegué y dice chuta, recuerda cuando me agarré lo agarré, a disparate y ahora somos amigos.

Los resultados estadísticos nos entregan más referentes con respecto a esta categoría. Con respecto a la búsqueda de ayuda, se observa que las mujeres tienden a hablar los problemas de intimidación de pares con su pareja (40 por ciento) o con algún amigo o amiga (34 por ciento). En cambio, los varones principalmente comentan dichos problemas con un amigo (40 por ciento). Al revisar el tópico «¿Interviene alguien para ayudarte cuando ocurre la intimidación?», en las mujeres un 60 por ciento reconoce que interviene algún amigo o amiga, un 11 por ciento menciona que interviene algún profesor y un 22 por ciento que no interviene nadie. En los varones, un 55 por ciento menciona que interviene algún amigo, un 6 por ciento reconoce la ayuda de un profesor, y un 30 por ciento reconoce que nadie interviene.

Finalmente, al mencionar las estrategias de acción cuando perciben que molestan mucho a un compañero, se percibe que en el total de la muestra, un 65,5 por ciento de las mujeres y un 51,2 por ciento de los varones intervienen para frenar la situación agresiva. Por otro lado, un 20,7 por ciento de las damas y un 25,6 por ciento de los varones no hacen nada. Ahora, quienes informan a un profesor sólo corresponden a un 8,6 por ciento de las damas y un 4 por ciento de los varones.

3.9. Percepción de riesgo en el establecimiento escolar

Por último, es importante mencionar que el total de la muestra percibe situaciones de riesgo en el liceo que trascienden la relación entre pares, donde las situaciones con mayor consenso de parte de los estudiantes de cuarto medio, serían las siguientes (ver Tabla Nº 7):

TABLA Nº 7

SITUACIONES DE RIESGO PERCIBIDAS POR LOS ESTUDIANTES DE CUARTO MEDIO EN EL ESTABLECIMIENTO ESCOLAR

Ahora, las situaciones de riesgo que los alumnos consideran en menor porcentaje son el acoso sexual de parte de profesores (15 por ciento), acoso sexual de parte de los alumnos (10 por ciento) y consumo de alcohol o drogas en profesores (8 por ciento). Este último aspecto emergió en algunos relatos de las entrevistas, donde se mencionaban algunas situaciones específicas de profesores que habían acosado a estudiantes, específicamente entre varones, pero eran dos casos particulares donde se aplicaron las sanciones a los profesores y las medidas reparatorias correspondientes.

4. DISCUSIÓN

Los resultados nos indican que la percepción de la convivencia escolar de parte de los estudiantes de cuarto medio del liceo descrito es representada como compleja y diversa. Si bien los estudiantes en su mayoría se siente bien en el colegio y mencionan llevarse relativamente bien entre ellos, se aprecia alestablecimiento escolar como un espacio donde se generan problemas, principalmente relacionados con la burla, el rechazo y la discriminación. Reconocen que estos conflictos son negativos para la convivencia, y que es necesario intervenir asertivamente frente a ellos, pero son asumidos como parte normal e inclusive como espacios de recreación en la interacción cotidiana del contexto escolar. Aspectos como el aburrimiento, la jornada escolar completa, el estrés de los profesores, las metodologías de enseñanza, los conflictos familiares de los estudiantes, el escaso diálogo y comunicación entre alumnos y profesores, el escaso tiempo para que se den dichas instancias de diálogo, la discriminación y estigmatización, la falta de conocimiento de estrategias adecuadas para resolver los conflictos, son algunas de las temáticas que surgen de las explicaciones que los jóvenes realizan sobre la dinámica de la violencia entre pares que ocurre en el liceo.

Ahora, quizás más relevante que los resultados sobre la intimidación, es importante señalar que existe una alta percepción de parte de los estudiantes sobre situaciones de riesgo en el establecimiento escolar, donde prácticamente la mayoría menciona que el liceo es un espacio conflictivo donde ocurren conductas desadaptativas principalmente de parte de los alumnos, es decir, se reconoce a dicho contexto escolar como sujeto a dificultades, donde la violencia se percibe como normal, pero al interior del liceo, lo que significa que no es percibida como común en la vida cotidiana o cuando uno egresa del cuarto medio.

Lo anterior se relaciona con la propuesta de García y Madriaza (2005), quienes argumentan que tal problemática es propia del desarrollo de los adolescentes. Esta es una etapa en que requieren validarse y mostrarse frente a los otros. De hecho, los mismos estudiantes mencionan que antes era peor, que ahora se perciben diferentes, que han cambiado; sin embargo, la sensación de no manejar buenas estrategias en la resolución de los conflictos está presente, percibiéndose solos en la búsqueda de soluciones. También se percibe que los comportamientos violentos se explican no sólo por ser representativos de la etapa evolutiva que vivencian, sino también se percibe que las condiciones de riesgo psicosocial que emergen desde sus hogares y barrios están ligadas a la conducta agresiva en la escuela.

Otro elemento importante que surge principalmente del dato más cualitativo es la sensación de presión y aburrimiento. Los jóvenes logran percibir la presión y darse cuenta de la competitividad en la cual están inmersos. Descubren que el estilo de solución de conflictos que acostumbran en el liceo no se manifiesta fuera de dicho contexto, pero perciben que su emergencia está vinculada con las exigencias, el estrés, el tener que demostrar eficiencia no sólo entre sus pares, sino también entre sus padres y profesores. El cuarto medio es un año decisivo para dichos jóvenes, porque sienten el término de una etapa relativamente protegida para sumergirse en otra, donde la defensa ya no es con puños ni palabras sino más bien tiene que ver con sus conocimientos y asertividad en una sociedad que exige competencia, pero también dominio de sus propias conductas y emociones. Por lo tanto, los elementos culturales del liceo, las situaciones personales, las exigencias sociales y las propias características del desarrollo adolescente se conjugarían en la presión ejercida hacia los jóvenes por validarse, lo que deriva en algunos en buscar elementos de evasión como la intimidación o comportamientos agresivos, o provocando una sensación de desamparo, como sería la automarginación o racionalización de las situaciones conflictivas como normales.

En este sentido, cobra valor lo que manifiestan Zarzuri y Ganter (2002) sobre el poco protagonismo que actualmente poseen los jóvenes provenientes de sectores más vulnerables en los espacios tradicionales de participación, donde no se sienten representados ni comprendidos por las generaciones de adultos que los forman y educan, principalmente debido a que los intereses son totalmente dispares. Los adolescentes del estudio buscan relacionarse con otros, tener espacios para promover sus intereses e ideales con respecto a la educación que desean, por lo tanto crean sus propios medios de expresión.

Sin embargo, la complejidad del contexto escolar en el cual están inmersos limita la posibilidad de generar instancias creativas en sus aprendizajes y en su desarrollo, ampliando la manifestación de la agresión como conducta normada de comunicación y recreación.

Otro aspecto que es relevante mencionar se refiere a la diferencia que se da entre hombres y mujeres sobre la percepción de intimidación entre pares. La violencia se presenta en ambos sexos, donde las mujeres tienden a dar una visión más negativa de ésta. En cambio, los varones la perciben como más cotidiana o normal. A la vez, son las hembras las que proponen una solución diferente, buscan alternativas para disminuirla y hacerle frente de una manera más asertiva. En cambio los varones tienden a buscar más elementos agresivos para hacer frente a las situaciones conflictivas. En este sentido, Brown, Birch y Kancherla (2005), Flannery, Wester y Singer (2004), Araos y Correa (2004), Morrison y Skiba (2001), Contador (2001), plantean que el género es un elemento distintivo en la forma que se manifiesta y siente la intimidaciónentre pares. En este sentido, se relaciona no sólo con lo que ya García y Madriaza (2005) plantean como distintivo de la etapa juvenil, es decir, el hecho de que las mujeres desarrollen un proyecto de vida personal más tempranoque los jóvenes, sino que también existen elementos culturales en el discurso de nuestra sociedad que validan el uso de la violencia en el género masculino(Ramírez y Justicia, 2006; Díaz-Aguado, 2005; Tamar, 2005; Torres, 2005; García y Madriaza, 2005; Magendzo, Toledo y Rosenfeld, 2004; Fernández, 2003; Contador, 2001). Es así como se promueve la violencia como un elemento de validación y justificación frente al conflicto entre varones, aspecto que históricamente no se considera dentro del contexto educativo como un elemento clave de intervención, tanto en la práctica psicológica como la del docente, para poder modificar la raíz de los comportamientos intimidatorios.

Un aspecto que emerge como significativo de mencionar es el que refiere a la labor de los docentes. A partir de las representaciones de los estudiantes, se argumenta como una de las causas de la intimidación el hecho de que los profesores griten, discriminen, utilicen prácticas docentes rígidas y muy teóricas, que no participen frente a las situaciones de conflicto cotidiano a las que se ven sujetos los estudiantes. Si además sumamos la percepción de los estudiantes sobre el alto nivel de riesgo psicosocial en el que está inmerso el establecimiento escolar, podemos explicar en parte este fenómeno a partir de la gran sobrecarga emocional que deben llevar los profesores para intervenir con jóvenes que de por sí presentan dificultades en su conducta y provienen de un entorno sociocultural restringido y de alta vulnerabilidad.

De hecho, los profesores que ejercen sus funciones en liceos de niveles socioeconómicos más bajos tienden a presentar un mayor índice de estrés y de conductas desadaptativas, generando una mayor despersonalización de parte del docente no sólo por su condición laboral, sino principalmente producto del enfrentamiento de un contexto más complejo a intervenir, donde el proceso de enseñanza-aprendizaje prácticamente depende de lo que el profesor maneje y modere, agotando en gran parte sus estrategias en lograr que el grupo de estudiantes regule los conflictos y que disminuyan las agresiones (Van Dick y Wagner, 2001; Moriana y Herruzo, 2004; Montgomery y Rupp, 2005). Considerando lo anterior, más lo que argumentan los estudiantes sobre la necesidad de aprender y generar estrategias alternativas de intervención, se plantea como necesario no sólo el conocimiento de la realidad vivenciada por lo estudiantes, sino también la búsqueda de alternativas de intervención que permitan mediar en la resolución de conflictos y que promuevan un espacio de convivencia saludable entre profesores y alumnos y toda la comunidad educativa.

Al parecer, la instancia del diálogo y la posibilidad de proponerse metas y aprender estrategias de resolución de conflictos son prioritarias en este contexto escolar. Sin embargo, antes de intervenir, se hace necesario indagar en otros aspectos que emergen como transversales en el estudio y al parecer estarían asociados a la convivencia y violencia escolar, tal como serían las situaciones de violencia a nivel familiar y de la comunidad en la cual viven los jóvenes, las presiones sociales a que se ven expuestos los estudiantes que egresan del liceo, las diferencias individuales y evolutivas, las características del clima y cultura escolar, y la relación maestro-estudiante, teniendo presente que estas representaciones se construyeron en un momento histórico propio del grupo de adolescentes consultados, pero que de todas maneras nos entregan elementos significativos que permitirán indagar con mayor profundidad las interacciones cotidianas que emergen en la convivencia de las comunidades educativas.

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