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Revista de Pedagogía

versión impresa ISSN 0798-9792

Rev. Ped v.29 n.84 Caracas jun. 2008

 

Varios autores (2006). La aventura de investigar: experiencias metodológicas en Educación. Caracas: serie aula XXI, editorial santillana, 20 x 14 cm. pp. 388.

Ya era hora de que los investigadores que producen la literatura especializada hiciesen públicos sus desvelos por resolver problemas de conocimiento que siempre son susceptibles de ser atacados por infinitas mediaciones metodológicas. Esa es la grandeza del texto que reseñamos, en el cual siete académicos probados muestran honestamente las fórmulas metódicas que manejan para contribuir a la lucha contra la ignorancia que tenemos respecto al significado y forma de la educación. Ellos y ellas se atreven a descubrir sus intimidades metodológicas al decir de qué esta hecha su materia epistemológica y procedimental, cuando se ocupan de lo que deben ocuparse, de escribir los resultados de su actividad académica habitual. Cada uno de los autores lo dice a su manera, y saca a la luz del día o de la noche, según se vea, las costuras mismas de lo que hacen, cuando tienen que decirle a sus pares de faena cómo resolvieron la necesidad de construir un marco metodológico para los documentos que testimonian su capacidad productiva en términos de los usos y costumbres científicas, dependiendo de sus propias inclinaciones y de sus particulares interpretaciones de lo que debe ser el rigor científico.

Alejandra Fernández lo hace en términos de lo que siempre ha hecho, es decir, desde la búsqueda de soluciones prácticas para el quehacer curricular cuando se quiere explotar todo el potencial que ofrecen las nuevas tecnologías, minimizando los efectos perversos que puedan comportar. Escribe como ella suele hacer en los ámbitos dentro de los cuales se desempeña, apasionadamente dentro de un ámbito particularmente frío como lo es la investigación sobre productos tecnológicos aplicables a la educación escolar. Y lo hace tan bien que es posible, a partir de lo que ella nos dice, que otros lo hagan también. Estimamos que desde el trabajo de Alejandra mucha gente va a mejorar la manera como resuelve los problemas metodológicos de eso que llaman proyectos factibles, que es un tipo de trabajo académico ampliamente generalizado en los pedagógicos y universidades del país.

Sary Calonge, en su muy enterada aproximación a la comprensión de la manera como la prensa escrita refleja los avatares de la institucionalidad educativa, nos informa a quienes, como quien esto escribe, están interesados en la investigación sobre fuentes cotidianas, respecto a la evolución metodológica que experimenta un proyecto de investigación. Poco a poco, teje las soluciones prácticas sobre el cómo hacer las cosas, esas que tuvo que producir para llevar adelante su trabajo doctoral en Francia sobre la Representación Mediática de la Escuela.

Sary muestra el marco epistemológico sustancial y la forma en que lo administró para generar un documento que puso en evidencia la lamentable imagen que se construye en la prensa nacional respecto a la mejor opción civilizatoria que ofrece la sociedad de masas venezolana, la Escuela.

Tulio Ramírez es un aventajado egresado de la Escuela de Sociología de nuestra universidad, ducho en materia de creación canónica para la formalización de investigaciones. En su contribución deja de lado el hagan como digo, para experimentar el hagan como hago. La producción de Tulio en materia de metodología de la investigación es probada, son varios los libros de éxito editorial con que cuenta en su ya dilatada carrera de metodólogo serio. En nuestro medio, fue de los primeros en introducir los instrumentos computarizados de análisis multifactorial para la interpretación de los resultados de indagación empírica.

Ahora, en el capítulo que desarrolla, nos introduce a las formas de construcción de representaciones sociales, vale decir, nos habla de las maneras de estudiar lo que tienen en la cabeza los maestros cuando valoran sus propias condiciones laborales de desempeño profesional, cosa que le hace la vida más fácil a quien ahora quiera estudiar seriamente lo que siente la fuerza laboral escolar en ocasión de mentalizar («concienciar» dirían los freireanos) su actuación cotidiana.

Gilberto Graffe es un investigador de la gestión y política asociada al funcionamiento de la educación venezolana durante el período histórico que se inaugura con el arribo del proyecto democrático en 1958. Expone su particular versión de lo que debe hacerse para que una investigación histórica pueda interpretar el espíritu de los tiempos pedagógicos de un país como el nuestro. Su contribución es un paseo por las intrincadas implicaciones metodológicas que tiene la comprensión del modo de gobernar la educación que han exhibido los gobiernos que hemos tenido, desde principios de la década de los sesenta del siglo pasado, hasta el tiempo histórico que define al denominado Proyecto Bolivariano que se impone desde el año 1999. Gilberto le dice al principiante cómo hizo para no dejarse abrumar por lo largo del recorrido histórico que supone su investigación sobre «Políticas Públicas en la Educación Venezolana a partir de 1958» y, muy principalmente, lo que puede y debe hacerse para separar lo principal de lo accesorio, en ocasión de la evaluación racional del tempo histórico que implica el tratamiento político que recibe la educación escolar en cada gobierno.

Carlos Eduardo Blanco, compañero de ruta en la recuperación de la Revista de Pedagogía a finales de los ochenta y luego su Director por más de cinco años, responsabilidad que de nuevo asume a partir de 2006. Es un apasionado de los estudios lingüísticos de implicación pedagógica. Pone al sol su manera neoclásica de estudiar los fenómenos de la lengua en la comunicación académica como un medio para estimar la relativa calidad de la ciencia que los venezolanos preocupados por la educación somos capaces de hacer. Descubriendo las limitaciones prácticas que supone el talante de investigación, se presenta más ocupado que preocupado en seleccionar los medios, métodos y procedimientos que harían más útiles nuestros resultados de investigación. Muestra un camino, que quizá no sea necesariamente el mejor, pero sí el más honesto, para escribir mejor nuestros artículos y reportes de investigación. Esto también es para agradecer en los tiempos de publicar o perecer que padecemos quienes nos resistimos a utilizar la adulancia frente al poder como método actual de publicación y de subsistencia.

También está Carlos Manterola, quien junto con Aurora Lacueva fue pionero de la indagación pedagógica paciente y sistemática del universo de la escritura para la enseñanza. Durante muchos años esa pareja fue clave en la crítica y producción de textos para la enseñanza de la ciencia. Carlos se hizo, con el tiempo, fuerte en la promoción de una pedagogía nacional, centrada en el oficio de enseñar, no sólo con una generosa producción de investigaciones y libros, sino con la promoción del fenómeno de masas más importante que ha conocido la pedagogía nuestra, al organizar los Encuentros Nacionales y Regionales de Educadores.

Hablamos de más de veinte nacionales y una infinidad de regionales, eventos que reunían y todavía reúnen a una inmensa cantidad de educadores de todo tipo y nivel, en una sana disputa por el hacer mejor de la enseñanza. Fue así como se maceró su teoría pedagógica y como fue, paso a paso, madurando una fórmula metodológica para conocer lo que sucede realmente en la Escuela y lo que viven y padecen los maestros. Ello es, en modo aproximado, lo que nos dice cuando propone que para saber qué debe hacerse para mejorar la escuela es preciso decidir que todo debe comenzar por otorgarle confianza a los maestros, para que ellos mismos decidan y encuentren las salidas, si las hay. El investigador es apenas un animador, que acompaña el crecimiento cognitivo de los docentes. Esa es la clave metodológica del tipo de investigación que hace Carlos Manterola, y que bien pudieran hacer muchas otras personas más, interesadas en mejorar la didáctica de las instituciones reales que existen más allá de nuestra particular conciencia e intereses.

Todas estas palabras que hemos apretado para resaltar las virtudes y alguna que otra limitación de los discursos metodológicos que componen este tan necesario libro para la Pedagogía de la Venezuela y América, que duele y reconforta, son una muestra de lo que hace una generación de la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela aquí en Caracas. La generación postrenovación universitaria de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX, cuando estudiantes y profesores impusieron sus sueños y modos de conversión de la Escuela de Educación en el centro de producción fundamental de la creación pedagógica. Fue esta generación, de la que los autores nacionales de esta aportación son, por lo menos en parte, una representación muy genuina, la que fue capaz de pasar de la ensoñación a los hechos, para el desarrollo de una ciencia que interpreta tanto los requerimientos de las grandes tendencias internacionales como la necesidad de quitarnos de encima el neocolonialismo cultural que suele acompañar a cierto quehacer científico nacional. Gentes, Profesores, como Alejandra, Sary, Tulio, Gilberto, Carlos Blanco y Carlos Manterola, han sido capaces de mostrar por escrito lo que hacen para superar su propia ignorancia. Y no les ha ido mal, sin necesidad de traicionar sus convicciones, ni postrándose ante la prepotencia oficial, pues con el tiempo han devenido en referencias de la academia nacional y han podido llamar la atención de un prestigioso grupo editorial para dar el salto cualitativo que ellos protagonizan, cuando le dicen a las nuevas generaciones de investigadores lo que hacen y el modo en que lo realizan, a cara descubierta, y sin los remilgos de la escritura canónica de frecuente uso en nuestro medio, abarrotado de manuales y sentencias metodológicas, vacías de hacer.

Pero falta todavía dar cuenta de que ésta es una obra internacional, y en el más estricto de los sentidos, pues en ella participa Ángel Pérez Gómez, y porque el contenido no sólo apunta a lectores de Venezuela, como lo hemos resaltado en lo que antecede, sino que su escritura final tuvo en la mira a los investigadores y pedagogos hechos y derechos, así como a los aprendices de la Latinoamérica de nuestros tormentos, de la Iberoamérica de nuestras esperanzas, incluida la franja hispanohablante de la América del Norte. Es un lujo contar con una contribución de Ángel Pérez Gómez. Es un mérito de nuestros compañeros de trabajo el publicar al lado de alguien de esa estatura internacional como lo es este catedrático de la Universidad de Málaga, España, quien al lado de José Gimeno Sacristán, Jurjo Torres y otros más, han logrado sacudir la pereza de la pedagogía española atrapada entre la modorra del pensamiento conservador franquista y post franquista, y la excesiva e irresponsable templanza del anarcosindicalismo pedagógico, que cual tenaza ahogaban la creatividad intelectual del magisterio español. Refrescado por pasantías de estudios de postgrado en el mundo desarrollado del norte Europeo y Americano, y en una lectura voraz de sus revistas académicas, ha podido Ángel crear una cultura pedagógica llena de crítica a la Escuela española, pero a la vez, preñada de esperanza y logros cumplidos respecto al potencial que tiene esa Escuela para convertirse en el instrumento de promoción social que aspira el proyecto civilizatorio occidental, interpretado desde una mentalidad de izquierda, eso sí, democrática.

Pérez Gómez también describe lo que hace y cómo lo hace en materia de investigación, avanzando desde un artículo anterior (Pérez Gómez, 1999) El practicum de enseñanza y la socialización profesional de los futuros docentes. Aprovecha la ocasión para decirnos a los latinoamericanos que hay que seguir produciendo libros como éste:

…porque permiten estimular el debate y animar el deseo de producir conocimiento riguroso en nuestro campo de trabajo, mediante el análisis de nuestras prácticas, el estudio crítico de las políticas educativas, la indagación de las dinámicas y escurridizas variables que componen la complejidad de la realidad educativa… (p. 25).

Entonces casi todo está dicho, casi todo, porque en una reseña no puede decirse todo, pues estaríamos no escribiendo una, sino un artículo más. Le toca ahora al lector producir una lectura crítica y producir sus propias impresiones y escribir, no una reseña, sino una síntesis que le permita aprovechar en toda su riqueza plural lo que se le está diciendo respecto al hacer del cómo hacer, cuando se trata de producir trabajos académicos orientados por los ideales y prácticas de la ciencia que tenemos o queremos tener.

Luis Bravo Jáuregui

Escuela de Educación Universidad Central de Venezuela. Venezuela. luisbravoj@hotmail.com