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Cuadernos del Cendes
versión impresa ISSN 1012-2508versión On-line ISSN 2443-468X
CDC v.26 n.70 Caracas abr. 2009
Significados de la política en mundos barriales populares en Bogotá*
Angélica María Ocampo Talero**, Ángela María Robledo Gómez***
* Artículo derivado del proyecto de investigación «Prácticas juveniles como expresiones ciudadanas», adelantado entre los años 2007-2008 desde la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, la Universidad de Manizales y el Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde), con el apoyo del Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (Colciencias) (código de registro 1203-331-18573).
** Profesora del Departamento de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Correo-e: amocampo@javeriana.edu.co
*** Decana Académica de la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Correo-e: amrobledo@javeriana.edu.co
Resumen
El artículo presenta algunos de los resultados del proyecto de investigación sobre «Prácticas juveniles como expresiones ciudadanas», adelantado con dieciocho agrupaciones juveniles en tres ciudades colombianas. A partir del análisis de las prácticas y trayectorias vitales de dos de estas agrupaciones, cuyo contexto de emergencia es lo barrial, se estudian algunos de los significados que los y las jóvenes atribuyen a la política, lo político y lo público. El artículo documenta también los desplazamientos que se producen cuando las expresiones y experiencias culturales y sociales hacen su tránsito a prácticas políticas, en el marco de una ciudadanía subjetivada, analizando sus límites y posibilidades.
Palabras clave: Experiencias y expresiones políticas juveniles / Ciudadanías subjetivadas / Territorios barriales / Prácticas políticas juveniles
Abstract
The article presents some advances of the research project on «Practices of the Youth as Citizen Expressions» developed with eighteen youth groups in three Colombian cities. Starting with the analysis of the practices and vital trajectories of the young in two of these groups, and with the neighborhood as context, some of the meanings they attribute to policies, politics and public affairs are studied. The article also documents the displacements brought about when cultural and social expressions and experiences change into political practices, in the framework of a subjectivized citizenship, analyzing their limits and possibilities.
Key words: Youth political experiences and expressions / Subjectivised citizenships / Neighborhood territories / Youth political practices
RECIBIDO: MARZO 2009 ACEPTADO: ABRIL 2009
Introducción
El presente artículo centra su propósito en dar cuenta y comprender algunos de los significados que tiene la política para jóvenes de una ciudad latinoamericana como Bogotá, en el contexto de sus mundos barriales populares; asimismo interesa vislumbrar los límites y las posibilidades de las prácticas políticas emprendidas por las agrupaciones de jóvenes en diálogo con diferentes actores de la ciudad.
Dado que la relación juventud y política es un campo que amerita mayor análisis y profundidad, se hace necesario aportar a la construcción de comprensiones teóricas y conceptuales que sean enriquecidas por experiencias concretas, derivadas de prácticas de acción colectiva desarrolladas en los variados sistemas democráticos instaurados en la región latinoamericana. Lo anterior permite aproximarse a las maneras como en la actualidad se configura y se le atribuyen significados a la política, desde las particularidades de sus actores sociales, en este caso las y los jóvenes.
Dentro de este contexto de interés por la construcción de la democracia en las sociedades latinoamericanas, en la última década se han producido variados estudios en los distintos países de la región, que intentan hacer visibles las condiciones desde las cuales los jóvenes participan en la vida social y política de las sociedades en el continente, y que han documentado de manera amplia las diversas formas como son marginados, excluidos, victimizados o estigmatizados como actores violentos, inmaduros, vulnerables, peligrosos, en riesgo, drogadictos, etc.1 En tales estudios también se reconoce el papel de los jóvenes como constructores de sociedad, y en algunos de ellos se plantea la necesidad de comprender sus nuevas prácticas políticas y ciudadanas, desde las variadas expresiones, en el marco de los actuales procesos de globalización.2
En el caso particular de Colombia, el «estado del arte del conocimiento producido sobre jóvenes en el país entre 1985-2003» (Escobar y otros, 2004) y una reciente y preliminar actualización del mismo para los años 2004-2007 (Quintero y Tatis, 2008) evidencian la existencia de un creciente número de investigaciones relacionadas con la participación social y política juvenil, y los desplazamientos de mediaciones tradicionales a reconfiguraciones de lo público y de la ciudadanía en escenarios urbanos, específicamente en grandes y medianas ciudades del país. Los resultados derivados de estas investigaciones señalan la importancia de reconocer la existencia de expresiones y prácticas políticas por parte de las y los jóvenes, que dan cuenta de transformaciones en los sentidos y significados de la política; al mismo tiempo abren horizontes para preguntarse por las configuraciones actuales de las ciudadanías en la experiencia de las y los jóvenes contemporáneos que viven las posibilidades y limitaciones de las democracias latinoamericanas.
Ahora bien, existe una marcada tendencia a referir que las nuevas formas de acción política juvenil se encuentran al margen de la institucionalidad, y en particular de aquella que implica relaciones con el Estado. Ello se expresa en algunas de las investigaciones citadas o en escenarios académicos donde se socializan resultados de trabajos investigativos o revisiones de acciones sociales de jóvenes. Lo anterior obliga a volver sobre interrogantes tales como: ¿de qué política se está hablando? ¿De qué política hablan las y los jóvenes? ¿De qué manera configuran sus prácticas de relación acercamiento/distanciamiento con el Estado? ¿Qué papel juega el territorio, en particular las ciudades, en el despliegue de las prácticas políticas y ciudadanas de las y los jóvenes?
Este último interrogante cobra especial relevancia en tanto las ciudades producen «topos diferenciales y construyen posiciones de sujeto, en el entrecruzamiento de micro y macro poderes que coexisten, y al mismo tiempo luchan por el predominio de unos sobre los otros» (Robledo y Rodríguez, 2008:11). En este sentido, lo barrial como territorio se constituye en una geografía humana que posibilita o restringe la emergencia de expresiones y prácticas políticas que hacen de la ciudadanía una experiencia subjetivada en los jóvenes.
Teniendo como referente las anteriores consideraciones, y en el interés de aproximarse a los interrogantes planteados, el presente artículo hace una lectura de algunos de los resultados obtenidos en la investigación «Prácticas juveniles como expresiones ciudadanas», adelantada en las ciudades de Bogotá, Manizales y Pereira, por parte de investigadores de la Universidad Javeriana de Bogotá, la Universidad de Manizales y el Cinde, con el apoyo de Colciencias. Dicho estudio se propuso identificar en las prácticas juveniles las dimensiones ciudadanas y políticas a partir de sus narrativas y acciones; comprender los referentes orientadores de dichas prácticas en el marco de las trayectorias individuales y colectivas; e identificar, en las interacciones políticas de las y los jóvenes, las mediaciones intergeneracionales y de género en un país que vive un conflicto armado desde décadas atrás y que ha empezado a experimentarlo con mayor intensidad en algunas de sus ciudades, donde los jóvenes son en muchas ocasiones sus principales víctimas. Por ello acudir a sus narraciones en tiempos de oscuridad como la guerra, permite que «desde el frágil hilo de sus vidas aporten luz a lo público y nos permitan también acceder a la pluralidad de sus experiencias, expresiones como gestos singulares que irrumpen el movimiento circular de la vida cotidiana» (Hannah Arendt, cit. en Sánchez, 2008).
Para tal fin se vincularon al proceso investigativo dieciocho agrupaciones de jóvenes que adelantan acciones colectivas en diversos ámbitos de la vida social y cultural de las ciudades en mención. El presente artículo recoge los resultados de dos de estas agrupaciones en Bogotá, cuyo ámbito de emergencia es lo barrial. Estas son: Horda Esea3 y Casita Bíblica Juvenil.4
Con estas agrupaciones se llevaron a cabo entrevistas individuales, grupales, conversaciones informales y acompañamiento a algunas de sus actividades, donde se realizaron observaciones participantes. Las preguntas orientadoras de estos encuentros con los jóvenes se establecieron a la luz de las categorías analíticas de indagación construidas al interior del equipo de investigación, a saber: contexto de emergencia y antecedentes de las prácticas; intenciones y horizontes de sentidos; acciones emprendidas; formas de organización y gestión; formas de comunicación de su quehacer; modos de estar juntos; modos de estar con otros; aprendizajes derivados de la experiencia.5
A continuación se presentan, en primera instancia, algunas consideraciones conceptuales que servirán de referente para, en segunda instancia, desarrollar el análisis de los resultados obtenidos en torno a las preguntas formuladas anteriormente y finalizar con la formulación de algunas reflexiones.
Consideraciones conceptuales: la política y lo político
Los y las jóvenes como sujetos políticos se debaten entre la administración de la vida y el juego de la vida (Lazzarato, 2000). Ello implica que asumen distintas posiciones de sujeto, donde una de estas es su condición de ser ciudadanos. Se habla aquí de una ciudadanía subjetivada en dos sentidos: en primer lugar, una ciudadanía que remite a una experiencia6 que cobra sentido y significado en la relación con el otro, que despliega múltiples formas de expresión7; experiencias y expresiones que configuran sus prácticas políticas. La segunda acepción connota una ciudadanía cuyas mallas de poder se capilarizan, se meten en sus cuerpos y afectan las formas de relación con los dispositivos que regulan la vida (dispositivos de carácter económico, cultural, social, religioso, jurídico); con los mecanismos de gobierno y con las geografías humanas que constituyen sus territorios: la familia, la escuela, el barrio, la ciudad, el mundo.
Por ello no es posible restringir la comprensión de la ciudadanía a un atributo de estatus jurídico otorgado «por naturaleza» a quienes nacen en un determinado territorio. En tanto condición construida social y culturalmente, resulta necesario considerar la multiplicidad y la diversidad como expresiones propias de dicha condición; encarnadas en prácticas que son significadas subjetivamente en el marco de los límites y posibilidades económicas, políticas, jurídicas, sociales, culturales, que ofrecen los contextos particulares donde la condición de ciudadanía es desplegada. Es en este marco desde donde deben ser analizados y contextualizados críticamente los postulados de los liberales como Rawls (1971) y Marshall (1997); de los comunitaristas como Taylor (1994) y Walzer (1993); de los republicanos como Arendt (2003); y análisis más recientes como los de Nussbaum (2007), Kymlicka (1996, 2001) y Cortina (1997).
Afirmar que la ciudadanía es una condición que se subjetiva también implica asumir que se complejiza cuando se amplían los círculos de intersubjetividad que van constituyendo las prácticas políticas; es decir cuando se expanden los ámbitos de relación con otros actores, instituciones y territorios, tensionando las relaciones entre lo privado y lo público, en la construcción de capas cada vez más complejas del «nosotros». Esto supone que las experiencias políticas fruto de la relación con otros pueden llegar, tanto a adquirir sentido y significado para la vida personal y colectiva, como a convertirse en experiencias que lanzan al escenario de lo posible a aquello no realizado aún, a lo no experimentado. De esta manera, se constituyen en referentes relevantes para la configuración de identidades8 individuales y sociales, para la construcción de esquemas interpretativos sobre la realidad y para la orientación ético-política de las acciones.
Las posiciones subjetivas de los agentes ciudadanos (Mouffe, 1999) se mueven en las tensiones propias de lo político, entre la singularidad y la pluralidad, lo individual y lo colectivo, entre lo secreto y lo accesible. Para el caso de los jóvenes, las posiciones subjetivas que se hacen explícitas en sus prácticas políticas ponen de relieve una combinación de expresiones atravesadas por emociones que, como lo señala Bolívar (2006 a), lejos de ser características individuales, hacen referencia a maneras particulares de relación entre los actores que integran lo político. Según la autora, la configuración de las emociones por parte de un agente social se sostiene sobre la base de antecedentes cognitivos (las creencias acerca de las motivaciones y comportamientos del otro, sobre sí mismo y sobre la situación), de objetos intencionales (el Estado, los partidos políticos) y de tendencias de acción, que para Ignacio Martín-Baró (1988) son las actitudes. Para este autor, las actitudes suponen una preparación de la persona para actuar de una u otra manera ante cada objeto y surgen como producto de los intereses generados por la praxis humana.
Ahora bien, un elemento central en la comprensión de la dimensión política presente en las relaciones intersubjetivas hace referencia a la posibilidad de que las acciones colectivas influyan y transformen el orden establecido o los procesos que se dan entre las fuerzas sociales existentes. Este planteamiento, desarrollado en extenso por Martín-Baró (1995), le da un papel importante a la confrontación social de intereses de clase y grupales en un momento histórico particular; a la articulación de procesos subjetivos que permiten traducir los intereses sociales en sistemas de creencias, en valoraciones, formas afectivas, actitudes, maneras particulares de hablar y decidir.
Así como para Chantal Mouffe (1999) el poder es fundamental en la comprensión de las dinámicas agonísticas, para Martín-Baró (1995) la viabilidad de la transformación de los ordenamientos sociales por cuenta de las acciones políticas fruto de la relación entre diferentes actores está condicionada por el problema del poder de los sujetos en una determinada formación social, es decir, por su capacidad para afirmarse y avanzar históricamente unos intereses, propios o de otros, conforme al diferencial de recursos materiales y simbólicos de que disponen. En este sentido, la dimensión subjetiva juega en ello un papel importante, pues los repertorios emocionales, los valores, las actitudes y las formas preferidas de comportamiento, pueden influir en la lucha de poder; se convierten en experiencias relacionales que dan o quitan poder a la hora de articular los intereses sociales. Es desde esta perspectiva que se plantea que las mallas de poder que atraviesan las prácticas políticas de los y las jóvenes se capilarizan, se corporizan, se encarnan en experiencias y expresiones diversas que configuran dichas prácticas.
Dentro de este contexto relacional en el que emergen las prácticas políticas, las interdependencias de las lógicas de poder con las condiciones estructurales de las sociedades (afectadas por las condiciones de clase social, edad, etnia, raza, género) conllevan el establecimiento de relaciones asimétricas o simétricas, bien sea de colaboración, de imposición, de pluralismo, de dominio, de libertad, de opresión o de resistencia.9 Para analizar y comprender los procesos de configuración de este tipo de relaciones en las que se juega el poder político, Martín-Baró (1995) considera necesario examinar los intereses que movilizan la relación entre los actores, los recursos con los que cuenta cada uno recursos que en este trabajo se reconocen desde las expresiones juveniles, y el efecto histórico que producen las acciones emprendidas tanto en los actores como en la relación, planteadas aquí como las experiencias políticas de las y los jóvenes.
Resultados del proceso investigativo
El reciente informe sobre desarrollo humano de Bogotá, adelantado por un grupo de académicos con el apoyo de PNUD, señala que Bogotá es la ciudad que cuenta hoy con los mejores indicadores de desarrollo humano de Colombia (PNUD, 2008). Entre los años 2003 y 2007 mejoraron todos los indicadores del índice de desarrollo humano (IDH), del índice de desarrollo humano relativo al género (IDG) y del índice de desarrollo humano urbano (IDHU). Esta ciudad, que ha sido premiada en muchas ocasiones por su manejo tributario, por sus logros culturales, sociales y arquitectónicos, no ha creado condiciones suficientes para reducir su enorme fragmentación y la gran segregación socioeconómica en el espacio urbano, lo cual a su vez ha impactado los procesos de convivencia y la construcción de ciudadanía. «El crecimiento de la ciudad ha incentivado una separación entre el norte rico y el sur pobre. Sobre todo después de la inmigración que resultó de la violencia de los años cincuenta, la ciudad consolidó un modelo urbanístico que estimuló la segregación y los pobres se fueron ubicando en la periferia» (ibíd, pp. 33-34). Situación que se ha visto a su vez reforzada por los procesos de estratificación vigentes, que se han convertido en un mecanismo más de segregación en Bogotá.
Es en este territorio urbano de grandes contrastes sociales, culturales, económicos donde emergen las dos agrupaciones estudiadas. La presentación de los resultados se hará desde tres aspectos: sus relaciones con el territorio; las relaciones con lo público, la política y el Estado y sus relaciones intergeneracionales.
Relaciones con el territorio
Las dos agrupaciones, Horda Esea y Casita Bíblica Juvenil, habitan la ciudad de Bogotá de manera muy diferente. La primera surge en el vecino municipio de Soacha, el cual durante los últimos años ha experimentado profundos cambios sociales, económicos y culturales, debido a que se ha convertido en refugio para miles de familias en situación de desplazamiento que se han instalado allí en condiciones de absoluta pobreza. En el documento del Plan de Ordenamiento Territorial del 2001 se afirma que «el gobierno central transfiere recursos para 350.000 habitantes, los cuales figuran en el censo oficial, cuando se calcula que existen aproximadamente cerca de 1.000.000». Dos problemáticas emergen constantemente en Soacha, el poder establecer el número real de habitantes, para lograr una mayor transferencia de recursos de la nación, y el establecimiento de sus límites con la ciudad de Bogotá. Algunos de los gobernantes han considerado la vecindad con Soacha como una amenaza para el desarrollo de la ciudad.
Horda Esea emerge como posibilidad de existencia y de vida para Viviana, Juan y Franco, así como para muchos jóvenes que, en la ciudad de Bogotá y en Soacha, encuentran en el grafiti una alternativa a múltiples vivencias de tipo cultural, político, estético y económico. Los escenarios que anteceden y que albergan las condiciones para la gestación de Horda Esea están vinculados al entramado relacional que se teje a propósito del diálogo entre las condiciones culturales de la gran ciudad y de su contexto local, Soacha, donde se produce el encuentro entre los protagonistas; las trayectorias, necesidades y búsquedas vitales de cada uno; y los vínculos entre ellos, que van configurando una forma particular de estar juntos y de relacionarse con otros. Surge como una de las expresiones del movimiento hip-hop,10 desde donde consideran es necesario aportar una expresión crítica en torno a los estereotipos y estigmas sobre los jóvenes.
Para ellos, su lucha por la reivindicación del movimiento tiene sentido en tanto implica afectar y transformar sus propias condiciones de vida y las de otros jóvenes, en especial de su municipio. A través del grafiti, desde el año 2001 dejan sus huellas a lo largo de la ciudad, «bombardean» sus muros y escombros, integran espacios desafiando la segregación económica y social al recorrer la ciudad de Bogotá de sur a norte, dejando sus mensajes y tejiendo relaciones.
Salíamos todas las noches a pintar, como teníamos el colectivo [medio de transporte] eso le hacíamos por donde fuera. Nos pegamos una pintada por todo lado y ya nos empezaron a conocer. Empezamos a caminar de aquí para allá por toda la autopista, en una semana llegábamos hasta el Perdomo, en la siguiente semana íbamos hasta Venecia, después más allá, y así hasta donde alcanzáramos a llegar Las rutas de Soacha son hasta la ochenta y yo me iba hasta la ochenta y cinco, centro Andino, o me iba para Usme, hasta las tres de la mañana. Con un equipo de sonido que yo tenía en esa cabina, yo prefería estarme en el colectivo que en la casa, por lo que ahí tenía buena música. Ya después fue como más organizados, íbamos haciendo rutas y eso, nos íbamos en escombros y bombardeábamos seguido, seguidísimo, entonces nos empezaron a tener como referente rapidísimo. Nosotros fuimos como los que dimos el inicio a lo que es ahorita acá en Soacha, y no era tan fuerte, ahorita ya hay mucho grafiti. (Fragmento entrevista individual hombre joven perteneciente a la agrupación juvenil Horda Esea).
Atraviesan la ciudad con el grafiti, con él se comunican, se apropian de la calle como su escenario público, como territorio de exposición, de interacción y reconocimiento. En este sentido afirman que «... lo público es el espacio de todos... ese es... la calle... nuestra galería por decirlo así... nosotros siempre estamos pendientes de lo que pasa, de los cambios de las paredes» (fragmento entrevista individual mujer joven perteneciente a la agrupación juvenil Horda Esea). Con el grafiti se salen de los escenarios formales de la política, para enriquecerla con sus expresiones artísticas (Martín-Barbero, 1998). Su participación en festivales, galerías, exposiciones, conciertos, ferias internacionales y proyectos con financiación gubernamental e internacional les ha permitido, desde sus prácticas políticas, transformar el límite con Bogotá en vecindad. «Para darnos a conocer también, es que ya queríamos salir de que pintábamos por pintar, sino también que estábamos aportando algo», es decir hacer explícita la intención de que sus expresiones artísticas transiten de lo cultural a lo político. Ello ha implicado una significativa gestión tanto en Soacha y como en Bogotá, para darle fuerza y materialidad al movimiento desde sus iniciativas y las de otros grupos de jóvenes:
Para los pelados de Soacha fue un aporte porque muchos pudieron salir a conocer trabajos de otras personas. Nosotros lo que hacemos es llevar a Soacha, y mostrar que el grafiti es algo fuerte, porque es algo que de una u otra forma se ve opacado, y nos pusimos pues en la tarea es de eso, de hacer ver no sólo lo de nosotros, sino lo de otros. (Fragmento entrevista grupal con los miembros de Horda Esea).
Al descentrarse de sus propias acciones, sus interacciones se mueven hacia otros planos de intersubjetividad que implican para ellos tensionar las relaciones con sus familias, con otros jóvenes, con el Estado, y con múltiples instituciones que condicionan, posibilitan o limitan la expresión y el ejercicio de su ciudadanía.
Por su parte, la agrupación Casita Bíblica Juvenil (CBJ) participa del proceso vivido en el marco de Casitas Bíblicas, una experiencia de base ecuménica laical desarrollada en el barrio Diana Turbay, de la localidad Rafael Uribe, en el sur de Bogotá. Esta localidad, una de las veinte de la ciudad, cuenta con cerca de 112.300 habitantes. Se encuentra entre las cinco localidades más pobres de la ciudad y presenta un índice de pobreza del 67,7 por ciento.11 Durante los últimos gobiernos distritales, ha sido considerada como prioritaria para la inversión en programas y proyectos sociales.
Para Casita Bíblica Juvenil el territorio de referencia no es tanto el barrio, ni la localidad, sino el movimiento laical, que se enriquece en la dinámica de la casa. La casa como territorio de ejercicio de la ciudadanía, donde se expanden los ámbitos de relación con otros actores e instituciones, en especial con la Iglesia católica, al tensionar las relaciones entre lo privado y lo público en la construcción de capas cada vez más complejas del «nosotros». Dicha circunstancia hace que la comprensión sobre lo que acontece en esta agrupación juvenil tenga como referente primordial lo que han sido su historia y las acciones desarrolladas desde el movimiento Casitas Bíblicas.
En el año 1989, con la creación de la parroquia en el barrio y con la llegada de un sacerdote a este sector de Bogotá, se fortalece todo un proceso pastoral que pone en marcha, primero las «asambleas bíblicas», y luego las «casitas bíblicas», como territorio de relaciones y trabajo. Diversos jóvenes venían haciendo parte de las dinámicas de las casitas bíblicas desde que eran pequeños; sin embargo, empezaban a sentir la necesidad de tener espacios más acordes con la experiencia de su condición juvenil.
Hay muchos de los jóvenes que están ahorita en Casita Bíblica Juvenil que venimos desde muy chiquitos acompañando el proceso de los adultos, porque como tal, Casita Bíblica Juvenil nace muchísimo después pensado en que nosotros somos jóvenes, vemos, sentimos la palabra desde una forma totalmente diferente, entonces qué importante, qué chévere, qué interesante sería una mirada juvenil de la Biblia. (Fragmento entrevista individual joven miembro de Casita Bíblica Juvenil).
Como se ha señalado, su relación con la ciudad es bien distinta, dado que el propósito fundamental para la agrupación, más que su intervención en el territorio material y su comunicación con la ciudad, es contribuir a la tarea de hacer teología urbana, en particular «teología juvenil», formar parte de un movimiento más amplio a nivel regional, lo cual expresan como:
Casita Bíblica Juvenil se creó con ese fin de hacer parte dentro de Latinoamérica de los muy poquitos grupos netamente juveniles que quieren interpretar la Biblia desde la lectura popular de la Biblia, y rápidamente lo logró, en un año hicimos el encuentro nacional de teología juvenil, en un año ni siquiera con toda la experiencia del mundo, ni siquiera con haber conocido otros grupos que son más desarrollados, los mismos Jesuitas, pero así lo hicimos, dijimos, oiga, bueno, cuántos grupos juveniles están leyendo de esta y esta manera la Biblia, haciendo lo que nosotros hacemos, contemos: en Cartagena hay otro, en Ciudad Bolívar hay otro aparentemente independientemente pero con auspicio de los salesianos, está este grupito de León XIII, los vamos a invitar, y sí lo hicimos, hicimos un encuentro nacional. (Fragmento entrevista individual joven miembro de Casita Bíblica Juvenil).
Para el caso de Casita Bíblica Juvenil, su experiencia de leer la Biblia recogiendo las vivencias de los jóvenes y sus formas de expresión se plantea como práctica de resistencia para enfrentar a los dispositivos dominantes de la jerarquía eclesiástica que terminan, según ellos, por reprimir las acciones de los jóvenes. Sus acciones son más una expresión de trabajo comunitario que en una tarea institucional. Acciones que en su despliegue responden tanto a sus necesidades de personalización como al enraizamiento, en tanto tejen redes relacionales que les permiten despolarizar la clásica tensión entre lo privado y lo público (Perea, 2008).12
Transformar el territorio de la casa en espacio público, en un registro que, según Laura Kropff (2004), no por íntimo deja de ser colectivo. La lectura de la Biblia deja de ser una práctica individual para convertirse en una práctica que les permite formar parte de un movimiento más amplio: «la teología juvenil». Experiencia en que se dirime el encuentro entre lo religioso y lo político: «... la experiencia ha producido rupturas, rupturas que tienen que ver con la mentalidad tradicional de la pastoral (...). Y agregan: «... es un espacio donde diversos jóvenes, de diversas experiencias van creando y participando, van compartiendo su dimensión de fe...» (fragmento entrevista individual con adulto del programa de Casitas Bíblicas en Bogotá).
Buscan eliminar las mediaciones jerárquicas, al valorar su experiencia religiosa compartida con otros y permitir el acceso directo de cualquier persona, en especial de los jóvenes, a la Biblia, para de esta manera acercarse a Dios como parte activa de su vida.
Podría decirse que las dos agrupaciones, desde su singularidad, exploran otros territorios materiales y simbólicos, a partir de sus territorios barriales, acudiendo a prácticas que amplían su escenario político.
Relaciones con lo público, la política y el Estado
Los hallazgos de la investigación permiten afirmar con Boaventura de Souza Santos (2005) que las relaciones entre lo público, la política y el Estado se encuentran sustentadas sobre la base de lo que él llama el «pluralismo despolarizado», y que para el caso del presente estudio permite visualizar las formas de politización constituyentes y configuradoras de diversas maneras de ser, estar y hacer con otros en el ámbito de lo público, que a su vez está siendo construido en dichas interacciones.
Decir que las prácticas ciudadanas de estos jóvenes ponen en evidencia formas de politización plurales y despolarizadas, significa varias cosas: en primera instancia, que son formas de politización porque las relaciones que están construyendo, y las maneras como las asumen, les permiten constituirse en sujetos colectivos con poder; construir alianzas con otros actores diferentes a ellos, en medio de las tensiones y conflictos propios de su movilidad entre las mallas de poder que circunscriben su campo de acción; y sentirse agentes de transformación de las condiciones que consideran problemáticas para la vida digna. Las palabras de uno de los integrantes de Horda Esea permiten ilustrar lo anterior:
Entonces yo creo que sacando una idea así, porque ya somos muchísimos acá, ya hay hartísimo gente que está en el movimiento, entonces donde lográramos unificar esa fuerza podríamos sacar cosas muchísimo mejores para los jóvenes, pienso yo. No es un futuro ya, sino a muchísimos años, que mientras nosotros vayamos creciendo, pues haya gente detrás, igual que la política, igual que la política, pero entonces que cuando logremos estar dentro del establecimiento con algún poder ahí, que haya gente abajo que pueda respaldar a esa gente que está ahí, ¿ven? Que ya se haya consolidado un movimiento fuerte, que el hecho de que uno esté canoso y eso, no quiera decir que uno no trabaje por los jóvenes, pero por los jóvenes en la buena, no por atraparlos por un voto y eso. Sino tratar de consolidar algo que sea una red brutal, no sé. Pues en eso sí hemos estado hablando. Acá en Bogotá se mueve hartísimo, en Soacha también ya lo estamos intentando hacer, pero pues eso es de años. (Fragmento entrevista individual hombre joven perteneciente a la agrupación juvenil Horda Esea).
En segunda instancia, son plurales porque son diversas las maneras como se viven y se expresan esas formas de politización. Casita Bíblica Juvenil sigue la inspiración del programa general de Casitas Bíblicas. Para ellos, sus relaciones con la política significan ir más allá de la acción religiosa, pastoral, no ser indiferentes a un proyecto de sociedad.
Es que hacemos parte de la política, hacemos parte de la sociedad, de esta manera tenemos voz, voto, tenemos ideas, y tenemos que empezar a construir entre todos el desarrollo de esas ideas, y para eso pues hay que tener participación política. No lo vemos tampoco en el sentido de que de ahí va a salir un partido o un candidato, pero sí tienen que salir líderes, voceros por lo menos que tengan criterio y que defiendan nuestras ideas. Más o menos como en esa etapa es que queremos que Casitas Bíblicas haga parte, pero sí mucha información, porque muchas veces estos grupos, no solo nosotros sino los grupos bíblicos parroquiales, religiosos, comunidades religiosas, se sienten muy indiferentes a esto, pero realmente cuando hablamos de social tenemos que hablar de algo político, y hacer parte de eso. (Fragmento entrevista individual con adulto del programa de Casitas Bíblicas en Bogotá).
Para Horda Esea la política tiene que ver con la libre expresión a través del grafiti, que es su grito de rebeldía, su comunicación con otros actores sociales y políticos, y con sus territorios.
Siempre hemos hecho libre expresión, eso sí lo tenemos súper claro, pero desde nuestra «rebeldía», como jóvenes, digo: no es decir que no me dejan. Es decir, quiero hacerlo y tenemos derecho a la libre expresión. Yo considero que es nuestra política, o sea, nuestra libre expresión. Estamos ejerciendo un derecho que casi nadie lo hace por miedo; nosotros simplemente nos expresamos y ya (Fragmento entrevista mujer joven miembro de la agrupación Horda Esea).
Frente a la relación entre política y violencia, se expresan así:
Lo que hacemos es como nuestra propia política, nuestra forma de hablar sin estar pendiente de cómo hay que actuar, sino es la forma de cómo hacer lo correcto, y es una forma pacífica de hacer las cosas. Somos nosotros mismos dando otro mensaje nuevo, no como toda la gente yendo en contra, y quizá si no la tienen clara, no sé, estoy inconforme con eso, es algo que me confunde mucho. (Fragmento entrevista mujer joven miembro de la agrupación Horda Esea).
Con sus grafitis desean decir «no más» a la violencia: «... es una guerra pacífica lo que hago con mis dibujos, es como mi forma de decirles no más, mi forma de gritar es esa, quizá por mi personalidad...» (fragmento entrevista mujer joven miembro de la agrupación Horda Esea). De esta manera ratifican uno de los lemas del movimiento hip-hop: «luchar con creatividad, no con armas», y aún cuando su discurso no hace referencia explícita a otras agrupaciones juveniles cuando hablan de política y violencia, sus grafitis plasmados en múltiples lugares de la ciudad, que protestan por la estigmatización de los jóvenes, expresan su resistencia frente a sus pares, a grupos juveniles que ratifican la violencia, como expresiones legítimas de su lucha.
Se muestran como una alternativa creativa, política, frente a la protesta muda13 de las pandillas juveniles (Perea, 2008:70). Se reconocen como parte de un movimiento, el hip-hop, que perciben como fuerte, contestatario, pero con capacidad para la acción:
La cosa también viene más como del movimiento, porque el movimiento yo creo que es súper contestatario, es de los movimientos juveniles más contestatarios que hay entre nosotros los jóvenes, y pues sí, lo tomamos de ahí, igual a nosotros también como que nos gusta como esa fuerza que tiene el hip hop, o personalmente a mí me gusta muchísimo esa fuerza que se maneja, no la mirada mala, sino lo que hay a través de eso, sino más bien el sentido contestatario, y hacer protesta a través de lo que uno puede hacer.... (Fragmento entrevista hombre joven miembro Horda Esea).
En tercera instancia, son relaciones despolarizadas porque indican la coexistencia muchas veces en tensión de emociones, posicionamientos y acciones que podrían concebirse como contradictorias, pero que dan cuenta de los flujos intersubjetivos por los que transitan las relaciones de estos sujetos colectivos con otros actores sociales, en el proceso de configurar sus prácticas políticas.
Desconfían de los partidos políticos, de los medios de comunicación, de algunos de los gobernantes. Cuando se expresan sobre los actores políticos concretos o sobre los dispositivos de poder, dicen sentir desconfianza, rabia y muchas veces una gran confusión por el antagonismo y la polarización que caracteriza muchas de estas relaciones. No obstante lo anterior, resulta interesante constatar que las confusiones producidas por la crisis política que vive el país, en el ámbito macro, parece desvanecerse en lo micro, en sus territorios más cercanos, donde podría decirse se capilarizan las distintas mediaciones con los dispositivos de poder, a partir de sus experiencias directas con el Estado, algunos políticos y medios de comunicación. Esto es particularmente significativo para Horda Esea, cuyos miembros han construido un conocimiento sobre las dinámicas locales que les permite identificar las lógicas sobre el manejo del poder, sobre la política en su mundo más cercano y cotidiano. Así lo expresa Hera, una de sus integrantes: «... A nivel nacional me confundo, a nivel de Alcaldía tengo como más claro...» (fragmento entrevista mujer joven miembro de la agrupación Horda Esea).
Por su parte, los integrantes de Casita Bíblica Juvenil temen ser utilizados por los políticos tradicionales, del «establecimiento». Pero igual reconocen su capacidad de actuar como sujetos políticos y adelantar acciones colectivas en el ámbito público.
Sí, lógico, tú no puedes criticar si no participas, tú no puedes criticar si no tienes conocimiento de lo que estás hablando, así que si tú vas a criticar la política juvenil dentro de unos años, qué tuviste qué hacer, participar dentro de la política juvenil, entonces con Andrés participamos en la presentación de Casita Bíblica Juvenil como organización juvenil, y bueno, yo también iba representando dentro de los clubes juveniles de San Agustín, y bueno, ese ha sido uno de los procesos como ciudadano en los que hemos participado, aunque ahorita hay jóvenes de Casitas Bíblicas que participan dentro de los procesos de iniciativas juveniles, entonces se tienen varios procesos como el de Luna , que participan muchachos del proceso. También hay otro proceso que se llama Contravía, en el que también son los mismos muchachos. Contravía es un grupo de música y de formación en guitarra, batería, bajo, técnica vocal, eso es muy interesante con este nuevo proyecto de iniciativas juveniles, se ha aportado a la formación y al cambio de la calidad de vida de los jóvenes y el aprovechamiento del tiempo. (Fragmento entrevista hombre joven miembro de Casita Bíblica Juvenil).
Sus relaciones con el Estado, a la luz de la recuperación de las expresiones y experiencias, ponen en evidencia que dicha vinculación se encuentra atravesada de manera compleja14 por una dimensión emocional que dialoga con unas determinadas actitudes y posicionamientos que abren paso al despliegue de acciones concretas, en contextos particulares.
Estas creencias favorecen la emergencia de emociones en las y los jóvenes pertenecientes a las agrupaciones, quienes convierten en experiencia la frustración, la pena, la rabia y la indignación. Tales emociones, alimentadas por las ideas compartidas y las valoraciones que la mayoría de los jóvenes hacen de ese objeto intencional llamado Estado, responden a la vivencia colectiva, en un país como Colombia, donde el Estado ha sido duramente cuestionado por sus prácticas de corrupción, clientelismo, pero al mismo tiempo es percibido por los jóvenes como un dispositivo que brinda oportunidades de gestionar recursos para el desarrollo de algunos de sus proyectos.
En particular para Horda Esea , la elaboración y el desarrollo de proyectos se constituye en la práctica que les permite entrar en relación con el Estado desde una condición más subjetiva , es decir desde su contacto ya no abstracto y general con este, sino a través de establecer relaciones con funcionarios particulares que «en-carnan» requisitos, exigencias, normatividades pero al mismo tiempo presentan oportunidades para que la agrupación pueda ampliar los territorios de sus prácticas políticas.
De esta manera mantienen actitudes de progresivo reconocimiento de la potencialidad que tiene su interacción con el Estado, desarrollando incluso acciones en el marco de la institucionalidad estatal, pero desplegando también acciones directas de resistencia que los pone a jugar su poder colectivo en institucionalidades paralelas, acudiendo a diversas expresiones de protesta y movilidad social. Sobre su trabajo con jóvenes considerados en situación de riesgo, que son atendidos por una institución gubernamental en Bogotá, dicen lo siguiente:
Como que esa es la idea básica del enamoramiento para que hagan política. Desde el movimiento del hip-hop como revolución, mostrándoselos a ellos como revolución. Entonces digamos en las líricas, cuando hablan sobre la policía, que por qué no sé, que sobre el consumo... Entonces como tratando de explicarles el tema para que no lo vayan a coger sobre la calle, de que esa es la vivencia de la calle y qué bacano, sigamos la onda de eso, sino más allá: ¿qué es lo que dice la lírica cuando están hablando de que el policía le pega a ese tipo? Entonces ahí qué vemos, pues qué es represión, ¿y represión hacia qué? cosas así. (Fragmento entrevista grupal Horda Esea).
Sus relaciones con el Estado se configuran entonces en medio de tensiones y conflictos que hacen posible la coexistencia despolarizadora de poderes sustentados en el reconocimiento y al mismo tiempo en la resistencia implicada en las acciones de demanda y exigibilidad de derechos al Estado. Dado que para Horda Esea la relación con la ciudad es más explícita, podría decirse que igualmente el Estado deja de ser «ente», instancia abstracta, lejana, externa, en la medida en que a través del desarrollo de sus proyectos pueden explorar formas de interacción con funcionarios públicos. La percepción de la externalidad hacia el Estado se desdibuja, abriendo paso a la existencia de un ámbito de mayor intersubjetividad el estatal, constituyente de una identidad del «nosotros» que se teje en la acción política que realizan las y los jóvenes y desde donde hacen su aporte a la construcción de lo público y, por ende, al ejercicio de sus ciudadanías. En palabras de Ingrid Bolívar (2006b), estas relaciones entre los ciudadanos y el Estado adquieren un carácter de práctica cultural, en tanto modelan las prácticas sociales y los tipos de experiencia que es posible tener.
Por su parte, para Casita Bíblica Juvenil, donde el referente, como se ha señalado, es un propósito más religioso y universal, la relación con el Estado y con sus dinámicas es más abstracta, más lejana, parecería que se refieren a lo político en ocasiones como algo ajeno a ellos, como una práctica externa a la cual se debe ingresar «... porque muchas veces estos grupos se refieren a Casitas Bíblicas, no sólo nosotros sino los grupos bíblicos parroquiales, religiosos, comunidades religiosas, se sienten muy indiferentes a esto, pero realmente cuando hablamos de lo social tenemos que hablar de algo político y hacer parte de eso...» (fragmento entrevista joven miembro Casita Bíblica Juvenil).
Las formas como ejercen el poder estas dos agrupaciones juveniles podrían comprenderse mejor si se miran desde lo que Foucault (1990) ha denominado «poder pastoral» y «poder gubernamental». El poder pastoral es aquel que se ejerce de individuo a individuo, desde una relación de dependencia del pastor al rebaño, lo cual exige no perder a nadie de vista y conocer el rebaño en su conjunto y en sus detalles. Estas prácticas de poder pastoral se insinúan en el funcionamiento del programa general de Casitas Bíblicas y alcanzan a permear algunos de los discursos de los y las jóvenes. No obstante, entran en tensión con formas alternativas de poder agenciadas por los jóvenes, quienes intentan suprimir mediaciones jerárquicas en su relación con Jesucristo. Poder que busca ir ampliándose para formar un gran movimiento de «teología juvenil, en la ciudad, el país y Latinoamérica» y que en sus expresiones y experiencias retoma muchos de los principios de la educación liberadora de Paulo Freire, para hacer su trabajo. Poder que, a su vez, los pone en una relación más distante con el Estado.
Yo creo que ese era el principal objetivo, en algunos, y el acercarnos a nosotros mismos, llegar a tener amigos fraternos, el tener un grupo de amigos que no fuera común, sino que tú llegas y como que sientes ese calor, y no siempre es un calor de tú y yo, sino también de alguien que te está mirando que es el de arriba, algo así, como llegar a ser un núcleo de amigos muy fraternal, y se logró, y se está logrando todavía porque viene gente y renueva el grupo, entonces ha sido muy interesante el hecho de conocer personas nuevas, de estar en ese evaluar para cambiar. (Fragmento entrevista joven miembro Casita Bíblica Juvenil).
... el primer objetivo era la creación y el mantenernos como grupo base; segundo, ya era la motivación y el estudiar la Biblia y el conocer el aprender, porque uno muy poco tiene conocimiento de la Biblia ni de teología, y además de que a un joven cómo le va a llamar la atención la Biblia, entonces era muy difícil, pero en cierto sentido sí era como la motivación de más jóvenes para que vinieran a conocer de Dios, para que vinieran a conocer sobre Jesús, para que mostraran en sus acciones un cambio de vida, y mostraran un Jesús vivo dentro de ellos. (Fragmento entrevista joven miembro Casita Bíblica Juvenil).
Por su parte Horda Esea ejerce su poder desde un ejercicio más secular y en relación con dispositivos de biopoder, lo cual se materializa en algunas de las acciones ya enunciadas: realización de exposiciones, galerías, desarrollo de proyectos. Su pretensión de ampliar la «horda», de incidir en la «multitud», creando dispositivos institucionales de formación de otros jóvenes como la Casa Sha,15 permite ilustrar algunas de las diferencias entre estas dos agrupaciones en las formas como despliegan su poder y como se relacionan con lo público, la política y el Estado.
Aquí resultan pertinentes las reflexiones De Sousa Santos sobre la función que tiene el Estado como referente en la construcción del orden social y político, desde los dos ejes que plantea: el vertical, en el cual se mueven las relaciones Estado-ciudadanos, y el horizontal, que hace referencia a la obligación política propia del principio de comunidad que rige la relación entre ciudadanos. De esta manera, las formas de ejercer la ciudadanía y de desplegar sus prácticas políticas en las agrupaciones estudiadas pueden entenderse como un ejercicio de reciprocidad que se mueve entre los dos ejes, vertical y horizontal, de manera diferencial para las dos agrupaciones estudiadas.
Las relaciones intergeneracionales de los jóvenes: un camino para articular las luchas locales, nacionales y globales
Si bien en la configuración de la condición de ciudadanía, la relación de las y los ciudadanos con el Estado cobra un papel significativo, esta no es la única, y ni siquiera puede pensarse como posible al margen de las relaciones que tejen los ciudadanos entre sí, y de las acciones colectivas que despliegan en la búsqueda de las condiciones que permitan una vida digna.
Esto lo muestran de manera clara los resultados de la investigación. En el proceso de darle salida a sus motivaciones, necesidades e intereses particulares, las agrupaciones estudiadas van ampliando como ya se ha presentado sus círculos de intersubjetividad, lo cual les permite redimensionar e incluso reconfigurar los propios intereses, hacia propósitos más incluyentes e incluso más públicos; asimismo, esas relaciones con los otros condicionan las posibilidades y limitaciones de sus acciones.
En esa ampliación de sus círculos de intersubjetividad, llama la atención cómo las agrupaciones estudiadas encuentran en la interacción con otros una necesaria mediación para el despliegue de sus prácticas; ello ocurre en el marco de situaciones conflictivas que ponen en juego las fuerzas y luchas del poder emergentes, a la luz de los recursos que cada uno de los actores tiene y pone en acción frente a situaciones y en contextos específicos.
Lo común en estas formas de relacionarse con los otros que habitan las diversas lógicas de la institucionalidad con la que entran en interacción es la búsqueda de autonomía por parte de las agrupaciones de jóvenes. Dentro de este contexto aparece una nueva dinámica de despolarización de la acción política, las plurales luchas que Perea (2008) denomina la autonomía dependiente y que Casita Bíblica Juvenil enuncia así:
Entonces diríamos que cuando sucede esta experiencia, esta iniciativa de los jóvenes, ya hay esa conciencia en el grupo, y obvio que se entendió como una experiencia que estaba haciendo también el mismo proceso de ruptura con la parroquia, que estaba necesitando ganar la autonomía laica, y que necesitaban nuestra solidaridad, eso fue inmediato, se entendió como laicos jóvenes que comenzaron a abrir los ojos con relación a la estructura supremamente subyugante clerical, y que requerían nuestra ayuda, nuestra acogida, nuestro apoyo, eso se les dio de inmediato, dijimos, esta gente está viviendo una situación que nosotros también vivimos después de que se fue Alberto Camargo con algunos párrocos, nosotros también hicimos esa ruptura, esa distanciación (sic), y al hacer esa distanciación (sic) se encontró como lugar propio del laicado su ámbito familiar, ese es nuestro lugar, ese es nuestro espacio, ese es nuestro poder, esa es nuestra manera de vivir, nuestra fe en el mundo, en nuestra experiencia familiar, en nuestra experiencia vecinal, en nuestra vida laica, y ahí no tiene por qué entrar a controlar y a interferir una estructura jerárquica, nosotros no entendemos la Iglesia como estructura jerárquica, entendemos la Iglesia como una experiencia comunitaria de iguales, esa es nuestra perspectiva de Iglesia. (Fragmento entrevista adulto miembro del programa Casitas Bíblicas).
Estas agrupaciones de jóvenes luchan por defender sus propios intereses aquello por lo cual dotan de sentido su existencia como colectividad de los intereses de otros actores como el Estado, de otras agrupaciones de jóvenes y en general de otras instituciones y organizaciones con quienes se vinculan. No obstante, sus trayectorias y prácticas de acción colectiva dan cuenta de la necesidad que tienen, al mismo tiempo, de establecer fuertes vínculos con estos actores, que en su gran mayoría son adultos, y con quienes entran a agenciar y a tensionar poderes para el logro de objetivos comunes en diferentes espacios de la vida cotidiana. Lo intergeneracional emerge, entonces, como un criterio de configuración de la condición de ciudadanía y de las prácticas políticas que implica asumir los conflictos generados en esas interacciones, a partir de estrategias sobre las cuales vale la pena profundizar en posteriores ejercicios investigativos. Tales espacios son fundamentales en los análisis de la experiencia de la autonomía dependiente en las prácticas ciudadanas de estas agrupaciones, en donde se gestan diferentes escalas de acción desplegadas en esas geografías humanas como son el barrio, la ciudad, la nación y el mundo.
Lo anterior nos permite afirmar con De Sousa Santos (2005) que en este dominio aparecen las pluralidades despolarizadas, lo cual hace necesario valorar la coexistencia de luchas sociales en distintas escalas, enmarcadas en diferentes tipos de relación, lo que minimiza la necesidad de priorizar de manera absoluta cualquiera de las escalas de acción. Ya sea macro, meso o micro. Así, si bien Horda Esea y Casita Bíblica Juvenil inicialmente concentran sus acciones en la escala micro referida a sus geografías barriales, como se ha señalado, gradualmente la potencia de sus iniciativas los conecta con dinámicas más amplias que al tiempo que nutren sus intereses barriales, los proyectan hacia otros escenarios de la ciudad y del país. De esta manera entran a relacionarse, no sólo con distintas instancias estatales como se mencionó en la sección anterior, sino también con distintas redes, organizaciones sociales, agencias de cooperación internacional y organismos gubernamentales.
Ello ha implicado establecer vínculos y alianzas de cooperación con grupos focalizados de sectores sociales, barriales y educativos, con el propósito de desarrollar actividades puntuales para la consecución de sus objetivos. En este sentido, la escala de acción local hace referencia al tejido de interacciones con comunidades particulares que ponen en juego la interdependencia cooperativa y el compartir de experiencias, que resulta formativo para todos los participantes.
Por otro lado, en la escala de acción distrital, nacional e internacional han tenido que fortalecer el trabajo en red con los movimientos locales, nacionales e internacionales, con universidades y diversas fundaciones, y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. La acción con estos otros significativos les ha permitido participar activamente y ganarse un espacio de poder en los escenarios de discusión pública. En algunos casos este poder ha sido ganado en la coexistencia de acciones de diálogo y concertaciones con los diferentes actores, así como de resistencia y protesta. Este escenario no ha sido ajeno a la subestimación de su participación desde la condición juvenil, y a la consideración del lugar central e indiscutible del adulto en la transmisión de la tradición de los grandes movimientos.
El criterio generacional resulta, pues, de particular interés en el caso de la presente investigación, pues no parece conveniente desestimar el impacto de los dispositivos de poder que se juegan en el marco de las relaciones políticas entre jóvenes y adultos, que condicionan de alguna manera las prácticas ciudadanas de los primeros, y que cobran sentido en el marco de los conflictos y las prácticas de una sociedad determinada. Desde el punto de vista de Norbert Elias (1999), los conflictos intergeneracionales figuran entre las fuerzas impulsoras más poderosas de la dinámica social, en donde se producen relaciones de dominación caracterizadas por una distribución desigual del poder. Para el autor, en el proceso de evolución de las sociedades complejas se distinguen periodos durante los cuales las vías de ascenso para las generaciones jóvenes se encuentran más o menos abiertas, en comparación con otras épocas en que se estrechan cada vez más e incluso llegan a cerrarse. En estas sociedades llega a ocurrir que el estrechamiento de vías de ascenso va de la mano con el ensanchamiento de otras vías o con la creación de nuevas vías abiertas; y cuando las opciones de vida se estrechan o ensanchan, el equilibrio de poder intergeneracional es afectado profundamente.
A manera de reflexiones finales
Los resultados obtenidos en la investigación adelantada con las dieciocho agrupaciones juveniles, y en particular con Horda Esea y Casita Bíblica Juvenil, se constituyen en una luz de esperanza sobre procesos germinales que en el orden de lo político pueden arrojar pistas sobre las pequeñas-grandes movilidades y transformaciones que se están gestando en el país y en el continente.
El tipo de relaciones que las agrupaciones de jóvenes ponen en evidencia se constituyen en importantes lugares para analizar las formas como en la actualidad se configuran las prácticas políticas que sostienen la multiplicidad de ejercicios ciudadanos en las sociedades latinoamericanas. Lo anterior quiere decir que lo que, políticamente, pasa con las prácticas de las y los jóvenes se encuentra en estrecha relación con los procesos macrosociales, dentro de los cuales los jóvenes, desde sus particulares expresiones y experiencias, configuran posicionamientos que jalonan, enriquecen y plantean exigencias al ritmo y carácter de las transformaciones sociopolíticas.
En la medida en que se amplían los círculos de intersubjetividad en los cuales participan las agrupaciones de jóvenes, se configuran capas del «nosotros» de mayor complejidad, en las cuales se juegan relaciones políticas que dan forma a los diversos ejercicios ciudadanos, a partir de la interacción de las agrupaciones de jóvenes con el Estado relación privilegiada por las teorías normativas liberales, así como entre estas y diferentes actores de la sociedad civil relación privilegiada por los comunitaristas.
Es de resaltar que los resultados permiten dar cuenta de la estrecha relación entre el ejercicio político de la ciudadanía y la experiencia subjetiva de estos actores sociales, lo que se ha denominado ciudadanía subjetivada. De hecho, el ejercicio de la política por parte de estas agrupaciones de jóvenes reposa en el amplio repertorio de sus vinculaciones emocionales. Estas se sostienen sobre una serie de creencias construidas a la luz de la experiencia directa e indirecta con sus pares en los ámbitos más cercanos, con el Estado y con otros ciudadanos, y orientan posicionamientos, actitudes y tendencias de acción que concretan y dan sentido a sus prácticas ciudadanas.
La participación de estos jóvenes en la configuración de nuevos órdenes sociales y políticos que reconozcan sus derechos y virtudes, que posibiliten el despliegue de sus capacidades,16 que legitimen la expresión de sus diferencias y diversidad de mundos culturales, en medio de la lucha por el reconocimiento de la igualdad en su condición de ciudadanos, se constituye en una apuesta alentadora en la reivindicación de la ciudadanía como condición socioculturalmente configurada a partir de los vínculos políticos entre aquellos que se sienten parte de eso que en nuestra Carta Constitucional de 1991 se denomina el Estado Social de Derecho.
Ahora bien, las formas variadas en que los colectivos de jóvenes estudiados viven y expresan su condición de ciudadanos nos permite afirmar con De Sousa Santos (2005) que asistimos a la emergencia de prácticas caracterizadas por una politización despolarizada que permite la coexistencia de plurales ritmos, estilos, espacios, escalas de acción y tipos de relación entre los ciudadanos, y entre estos y el Estado. Dentro de este contexto, en una visión general de los resultados obtenidos se destaca una despolarización interesante de analizar por las implicaciones que supone en la comprensión de las prácticas ciudadanas de los jóvenes en particular, y de nuestras sociedades latinoamericanas en general: la despolarización entre sociedad civil y Estado.
En términos generales, las evidencias dan cuenta de procesos de movilidad de los jóvenes, quienes a través de su acción colectiva participan en la reconfiguración social del Estado. Esto lo hacen a partir de sus propias prácticas, convertidas en artificios políticos localizados en espacios y circunstancias específicas, en las cuales se combinan e interpenetran acciones e interacciones derivadas de elementos estatales y no estatales; elementos que articulan el ámbito de lo privado y de lo público, dando vida a formas plurales de democracia participativa, e instalando la ciudadanía como ejercicio de reciprocidad en el marco de interdependencias con la institucionalidad, con el mundo adulto y con aquellos de generaciones similares.
De esta manera aparecen indicios de un Estado que se ve exigido a reconocer y a asumir en sí mismo el poder de los jóvenes, quienes hacen esfuerzos y proponen luchas tendientes a equilibrar la distancia entre los poderes establecidos del mundo adulto y aquellos de los propios jóvenes que intentan dejar de ser marginales.
Sus prácticas políticas juveniles combinan experiencias y expresiones que aparecen como constelaciones de acción que les permiten ocupar distintos lugares de sujeto, con una intención política clara de movilizar, de transformar, de formar a otros. Mediante el encadenamiento de sus acciones, y la potencia de las mismas, acceden a círculos de intersubjetividad cada vez más amplios, lo cual reconfigura constantemente las relaciones entre lo privado y lo público y, por lo tanto, sus formas de ser y estar en el mundo.
Notas
1 Véase Balardini, 2000; Cerbino, 2006; Margulis y Urresti, 1998; Martín-Barbero, 1998; Muñoz y Marín, 2002; Reguillo, 2000; Serrano, 2004.
2 Véase Escobar y Mendoza, 2003; Muñoz, 2006; Perea, 2008; Reguillo, 2003.
3 Agrupación de jóvenes grafiteros del sector de Soacha, municipio aledaño a Bogotá.
4 Agrupación de jóvenes del barrio Diana Turbay de Bogotá, quienes forman parte de la experiencia de base ecuménica laical denominada Casitas Bíblicas.
5 Para mayor información sobre la propuesta conceptual metodológica véase Delgado y otros, 2008.
6 Inspiradas en los planteamientos de Agamben (2004), la experiencia hace alusión a aquello que conmueve al sujeto y opaca los límites entre lo subjetivo y lo objetivo, lo real y lo imaginario, lo corpóreo y lo incorpóreo, lo racional y lo irracional, la certeza y la incertidumbre, entre otros. En este sentido, la experiencia aquí se distancia de aquella concepción de la ciencia moderna que la relaciona con lo experimentable en términos de poder establecer regularidades para medir y predecir situaciones futuras. La experiencia se mueve en distintos campos y órdenes de la vida. Interesa para este trabajo comprender los sentidos que acompañan las experiencias políticas de las agrupaciones ya citadas.
7 Concebimos la expresión política como la alquimia singular de gestos, paisajes, emociones, sentimientos, actitudes, pensamientos, conocimientos, talentos que puestos bajo la luz de lo público ponen en escena a los sujetos, con sus referentes identitarios, marcando improntas para su reconocimiento.
8 Ingrid Bolívar (2006b), recogiendo los aportes de Norbert Elias, considera que la identidad se produce en el marco de las interdependencias, es una forma de organizar la interacción social, y de enfrentar las condiciones materiales en que tal interacción tiene lugar, lo que demanda desplazar la mirada sobre la identidad fundamentada en una lógica del ser a partir de lo vivido en el pasado, hacia la identidad vista como una apuesta por redefinir y/o actualizar las condiciones de la jerarquizada y estructurada interacción social. En esto, la autora encuentra sintonía con el planteamiento que hace Bauman (1997) al considerar que toda identidad es una proyección de lo que se demanda o se busca sobre la base de lo que se es.
9 Para Foucault en las relaciones de poder siempre aparecen fuerzas de oposición a la acción de una fuerza que es lo que se llama resistencia. Define la resistencia como un efecto del mismo poder al que se opone, es la capacidad de todo sujeto de reaccionar, de manera presente o virtual, de oponer una fuerza en sentido contrario a la acción que se ejerce sobre él. Para Foucault, la resistencia es parte constitutiva de las relaciones de poder, es el ejercicio de la libertad (Foucault cit. en García, 2001).
10 Según Muñoz y Marín (2002:218-227) el hip-hop se alimenta de diversas tradiciones musicales africoamericanas, afrocaribeñas, latinoamericanas, y sus raíces pueden rastrearse hasta el continente africano .A través de expresiones como el grafiti y el breakdance convierten las calles y los parques en escenarios, privilegiando las memorias corporales, visuales y sónicas.
11 Datos tomados de los cálculos del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) con base en los resultados de la Encuestad Nacional de Hogares. Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE), 2003.
12 Estos conceptos, personalización y enraizamiento, son propuestos por C.M. Perea. Personalización lo acuña para rescatar aquella dimensión donde «el individuo y sus resortes interiores son el núcleo del sentido». Enraizamiento hace referencia a «una búsqueda de pertenencias donde hallar vínculo y fundamento».
13 Según Perea (2008), la pandilla carece de cualquier enunciado sobre la fractura sobre la que se instaura, es una protesta muda. Su lenguaje es cíclico, monotemático, repetitivo: la cuchillada, el asalto, la fuga.
14 El carácter complejo de esta mirada a los vínculos entre ciudadanos y el Estado radica en la imposibilidad de separar la mutua afectación que estas diversas dimensiones tienen sobre la experiencia subjetivada por los colectivos de jóvenes. Aquí resulta fundamental la inspiración del planteamiento de Edgar Morin (1998) respecto a lo que considera implica un apuesta por leer la realidad en clave de la complejidad como horizonte para el desarrollo de los procesos de construcción de conocimiento.
15 El propósito de Casa Sha (que toma su nombre del Sha de Irán) ha sido, a través de acciones formativas, promover cambios y toma de conciencia, brindar oportunidades para que otros jóvenes y niños configuren sus propios proyectos de vida y sentir con este trabajo que se aporta al movimiento hip-hop, y al grafiti en particular como una de sus expresiones.
16 Que en los términos de Martha Nussbaum (2007:83) hace referencia a «aquello que las personas son capaces de hacer y ser, según una idea intuitiva de lo que es una vida acorde con la dignidad del ser humano». Desde su perspectiva, el despliegue de tales capacidades necesita de la interdependencia de acciones tanto del Estado (en un nivel material e institucional), como de los ciudadanos (en el nivel del agenciamiento que puedan realizar).
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