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Cuadernos del Cendes

versión impresa ISSN 1012-2508versión On-line ISSN 2443-468X

CDC v.26 n.70 Caracas abr. 2009

 

Sara Victoria Alvarado*. La producción de conocimientos sobre subjetividad política desde los jóvenes: aportes conceptuales y metodológicos

 

Álvaro Díaz Gómez**

* Directora del Doctorado en Ciencias Sociales «Niñez y Juventud» del Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde) y la Universidad de Manizales. Coordinadora del Grupo de Trabajo Clacso «Juventud y nuevas prácticas políticas en América Latina». Investigadora principal del proyecto «Experiencias alternativas de acción política con participación de jóvenes» financiado por Colciencias. Diversas publicaciones en el campo de la socialización política, la subjetividad política y procesos de construcción de paz. Correo-e: doctoradocinde@umanizales.edu.co 

** Psicólogo. Profesor del Departamento de Humanidades e Idiomas de la Universidad Tecnológica de Pereira, Colombia, y de la Facultad de Psicología de la Universidad de Manizales. Integrante del Grupo de Trabajo Clacso «Juventud y nuevas prácticas políticas en América Latina». Correo-e: adiaz@utp.edu.co 

La presente entrevista se realiza con la directora del Doctorado en Ciencias Sociales «Niñez y Juventud», que se ofrece desde Colombia a través del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud, Educación y Desarrollo de la Universidad de Manizales y el Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde). Se conversa sobre el espacio académico doctoral a partir del cual se hacen investigaciones sobre niñez y juventud, mostrando los horizontes teóricos desde los cuales investigan en subjetividad política, así como las opciones conceptuales y metodológicas que derivan de los procesos investigativos que han realizado, complementando con algunas tensiones teóricas que demarcan la reflexión sobre subjetividad política.

El lugar académico desde el cual se produce conocimiento

Álvaro Díaz Gómez: Sara Victoria, vamos a conversar sobre un tema que en este momento interesa a algunas comunidades académicas, instituciones gubernamentales y organizaciones no gubernamentales en América Latina, como es el tema de la política, reconociendo la manera en que esta se expresa a través de los jóvenes; lo anterior desde un ámbito de reflexión doctoral único en este campo en la región: ¿por qué un Doctorado en Ciencias Sociales «Niñez y Juventud»?

Sara Victoria Alvarado: Álvaro, gracias por generar este espacio para poner a circular en público algunas reflexiones que se han venido construyendo en el marco de este programa doctoral. Hace nueve años nos planteábamos el problema de cómo enfrentar la niñez y la juventud en tanto objetos transdisciplinares de conocimiento y cómo generar, a partir de esas categorías, teorías que fuesen más allá de lo que en este momento estaban haciendo los pregrados y las maestrías que existían en campos no específicos de la niñez y la juventud, en disciplinas asociadas a estos fenómenos, como es el caso de la psicología con un amplio influjo teórico, sobre todo respecto de la niñez en sus aspectos de la salud y de las neurociencias; la educación con su mirada desde los procesos de formación; la antropología, la sociológica, la economía, el derecho, la filosofía y recientemente la perspectiva cultural. Todas ellas habían actuado –en general– como saberes distintos, hegemónicos en diferentes momentos de la historia y con variadas miradas a la niñez y la juventud.

Ante la disyunción de esas dos categorías, entendimos que había que generar un espacio doctoral que no podía agotarse en el objeto mismo de conocimiento de niñez y juventud, sino que debía tomar una decisión desde donde pensar la conjunción de las categorías. Encontramos una opción que emerge como completa y compleja. Esta es el diálogo de distintas ciencias sociales que configuran un nuevo campo reflexivo en el que se crean lazos sin pretensión de exclusividad de ninguna de ellas, sino confluyentes en las categorías centrales de niñez y juventud. Esta es la razón por la que se crea un Doctorado en Ciencias Sociales «Niñez y Juventud».1

ADG: Como usted lo plantea, abordar un campo de estudio como el de la niñez y la juventud implica tener un objeto transdiciplinario. En el doctorado que usted dirige ¿de qué manera tienen estructurada la administración de la investigación para indagar tal perspectiva?

SVA: Sí, como tú lo estás afirmando, un doctorado tiene sentido en la medida en que se produce conocimiento lo suficientemente potente, eficiente, flexible y abierto para que se vaya pensando y reconfigurando en el proceso. Desde este referente, el doctorado se ha ido transformando a lo largo de estos nueve años de la siguiente manera: cuando el programa empieza en el año 2000, lo hace con dos grupos de investigación y con líneas que en su momento se identificaban lo mismo, aunque una más centrada en el sujeto que la otra. La primera se llamó «Actores, procesos y escenarios del desarrollo humano de la niñez y la juventud» y tenía la pretensión de pensar los niños y los jóvenes como sujetos. La segunda, más centrada en los procesos políticos y sociales que involucraban a esos niños y jóvenes, llamada «Políticas y programas en niñez y juventud».

Ese es el punto de entrada. Sin embargo, se ha ido reconceptualizando con la dinámica del doctorado, por lo que hoy se organiza en cinco grupos diferentes de investigación. 1) «Actores, procesos y escenarios del desarrollo humano», en el cual se están desarrollando las líneas de investigación relacionadas con cognición, desarrollo emocional, desarrollo infantil y juvenil, pautas de crianza. 2) «Educación y pedagogía: saberes, imaginarios e intersubjetividades», en el que se aborda el campo de la educación como escenario para pensar a los niños, las niñas y los jóvenes. 3) «Jóvenes, culturas y poderes». 4) «Políticas y programas de niñez y juventud», desde el que se hace toda la reflexión de la política pública. El quinto grupo –que enmarca más la reflexión que nos convoca– es el de «Perspectivas políticas, éticas y morales de la niñez y la juventud», en el interior del cual se están desarrollando dos líneas de investigación: ética, moral y ciudadanía, y socialización política y construcción de subjetividades. Las maneras de nombrar estas líneas van mostrando los tránsitos conceptuales que ha ido haciendo el programa.

Dentro de estas líneas de investigación participan profesores del doctorado, quienes dirigen las distintas tesis que se desarrollan por parte de los doctorandos. Además, se desarrolla investigación propia y amplia por parte de los docentes/investigadores de cada una de ellas. Estas líneas, en su desarrollo, se han ido relacionando entre sí y con grupos académicos de otros contextos. Así, por ejemplo, la línea de investigación «socialización política y construcción de subjetividades» se integra con una comunidad académica latinoamericana, como lo es el Grupo de Trabajo «Juventud y Nuevas Prácticas Políticas en América Latina», en la que participan 53 investigadores de 27 centros de investigación en 11 países. El diálogo con una comunidad académica como esta permite que el conocimiento no se quede encerrado en una línea del doctorado, sino que se pone en escena para circular y visibilizarse.2

ADG: ¿Hace referencia al grupo de trabajo auspiciado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Clacso?

SVA: Sí, a este grupo específicamente.

ADG: ¿Cuál es el objeto de estudio y cuál la perspectiva teórica de la línea de investigación en socialización política y construcción de subjetividades?

SVA: El objeto de estudio de la línea se ha ido transformando por el carácter abierto y flexible que se le quiera dar a este proceso de construcción de conocimiento. En un primer momento nos preocupamos por la socialización política, desde donde hicimos distintos tránsitos. El primero fue mirar las disciplinas relacionadas y precisar cómo conversaban con esta categoría de conocimiento. Así indagamos qué decía y cómo entendía la filosofía política el proceso de socialización política, cómo conceptualizaban la socialización, qué decían respecto de la configuración de los sujetos políticos. Para esto se hizo un rastreo interesante estudiando autores como Habermas (1999), Rawls (1996), Arendt (1997) y Heller (1990), entre otros.

El segundo tránsito será por la psicología social y la psicología política, haciendo una mirada histórica que nos permite reconocer cómo se llega a la socialización política desde estudios centrados en los individuos, en las características de la personalidad, en rasgos del sujeto tales como el del autoritarismo, en actitudes particulares, o en procesos, siendo muy importante el de la participación ciudadana. Desde allí se hace un rastreo amplio de los aportes de Sabucedo (1996), quien nos abre el camino para relacionar el problema del sujeto político con el campo específico de los movimientos sociales, de la acción política.

Un tercer tránsito se hace alrededor de los planteamientos de la educación y formación política, tratando de entender cómo se ha configurado este campo. Encontramos dos grandes tendencias: la llamada formación en competencias ciudadanas y la educación ciudadana. Esta es una perspectiva –diría yo– basada en el sujeto individual, en la moral del sujeto y en su responsabilidad para la convivencia. Por ende, la propuesta se agota en la civilidad y en formas de convivencia ciudadana que nos permiten como seres humanos «vivir armónicamente en distintos contextos». Ante esta posición, emerge la tendencia de la educación política, que trata de trascender la civilidad, la convivencia, como condición de ciudadanía, rescatando la dimensión política de la ciudadanía.

Estas búsquedas disciplinares de la primera época de la línea de investigación nos llevaron a entender que para poder comprender los procesos de la socialización política tenemos que mirar cómo se configura el sujeto político. En este debate nos encontramos con la necesidad de construir esa categoría que hoy llamamos «subjetividad política». Entonces, en este contexto, el objeto de estudio de la línea es la configuración de las subjetividades políticas de niños y jóvenes en procesos de socialización.

ADG: Sintetizando podemos decir que en el trayecto de la línea de investigación ha habido dos objetos generales de investigación: uno, la socialización política y la construcción del sujeto político a través de acciones educativas; y otro, la configuración de la subjetividad política. En ese trecho y giro reflexivo hay una serie de transformaciones de orden conceptual y metodológico.

SVA: De acuerdo.

Algunos horizontes teóricos para pensar la subjetividad política y la juventud

ADG: Cuando uno lee las investigaciones sobre niñez y juventud que usted ha realizado, o sus publicaciones, nota una presencia de la fenomenología, de la sociología fenomenológica, en particular la obra de Berger y Luckman (1983; 1995). ¿Por qué esta huella teórica?

SVA: La entrada de Berger y Luckman desde la sociología del conocimiento, desde la fenomenología, tiene que ver con un momento inicial de desarrollo de la línea dedicado a tratar de comprender la categoría socialización como configuración del sujeto y los órdenes sociales en los que este sujeto habita y se significa. En este aspecto, ellos son los autores que más pistas dan para superar esa visión transmisionista de la socialización entendida en cuanto modelación del sujeto a unas condiciones sociales.

Este abordaje inicial tiene que ver con dos tendencias a las que nos enfrentamos cuando indagamos la socialización: la tradición durkheniana, y con ella el aporte del influjo de la sociología, desde la cual se asume la socialización como la apropiación de un mundo hecho de valores, un mundo moral, que tiene que ser transmitido al sujeto para crear unas predisposiciones al bien común, a la vida útil, conjunta, por los cuales el sujeto pueda absorber este mundo ya constituido. Así se pone el acento en una sociedad que tiene que ser incorporada por el sujeto.

La segunda tendencia está enmarcada en el interaccionismo simbólico, con los aportes de Chutz y Mead, quienes ponen todo el peso de la construcción del mundo social y de las formas de acción humana en el sujeto. Este es asumido como un actor casi autónomo e independiente de múltiples determinaciones, capaz de vivir y construir su propia vida.

En este diálogo entre las corrientes del subjetivismo y objetivismo es que aparecen claramente los aportes de Berger y Luckman, quienes ayudan a entender que la socialización sólo puede darse en una relación dialéctica entre el sujeto y el objeto, en donde al mismo tiempo que el sujeto es configurado, mediado, determinado por una serie de condiciones históricas, tiene la capacidad, el potencial, la posibilidad de resignificar, reconstruir y transformar esas condiciones que a su vez lo producen a él. Es decir, el sujeto se autoproduce, pero produce un mundo donde él está interviniendo. Por eso es que Berger y Luckman han tenido un influjo tan fuerte en nuestra línea de investigación. Además, nos permitieron entender la socialización como una forma de autoconstitución del sujeto y de las sociedades en una perspectiva dialéctica. Ahora los conservamos como referentes dentro de la línea, porque ellos van evolucionando el pensamiento y nos aportan la idea de la relación intersubjetiva del sujeto mediante la cual se concreta la autoconstitución de él y su subjetividad. Con ello nos muestran la categoría de los sentidos humanos en los procesos de configuración de lo humano. La posibilidad de indagar los sentidos nos ha permitido reconfigurar esta categoría, hacer el tránsito de la categoría de sujeto político a la de subjetividad política.

ADG: En sus últimas investigaciones (Botero, Alvarado y Luna, 2008), se reconoce una huella emergente, complementaria a la perspectiva moderna. Tal perspectiva emergente se ve en textos recientes (Alvarado, Ospina, Botero, Muñoz, 2008). En ellas aparecen autores como Maffesoli, Zemelman, González Rey, Castoriadis, quienes nos ubican en una opción contemporánea. Me parece interesante reconocer cómo desde la configuración de la línea se retoman las tradiciones, se mira lo emergente y se aporta a esta mirada. ¿Es pertinente esta manera de visualizar la dirección del trabajo investigativo?

SVA: Sí. No sólo es pertinente sino que creo que es una buena lectura de lo que ha pasado. Cuando empezamos a investigar en esta línea, lo hicimos con autores que, como tú dices, se pueden denominar modernos. Eso muestra cuál fue el punto de entrada a la discusión: un punto moderno. Estábamos cuestionando todo lo relacionado con la socialización política, pero atrapados en este pensamiento. Sin embargo, nos fuimos encontrando con autores que hacen la crítica desde la modernidad al conocimiento generado en ella, a los límites del pensamiento que desde allí circula, por ejemplo, la teoría crítica con autores importantes: Horkheimer o Adorno. Esto empieza a mover los límites de la línea, a abrirla a otras miradas del pensamiento contemporáneo y del pensamiento latinoamericano.

Estos referentes nos muestran los giros que hemos tenido y que demarcan ciertas fases de desarrollo de la línea. Hoy estamos con una apertura muy grande a lo que dice el pensamiento contemporáneo, a estas maneras de pensar. Cuando te digo que hubo un tránsito importante en la línea, entre pensar desde la socialización a la configuración del sujeto político, y de allí a hablar de subjetividades políticas, lo que hay de trasfondo es un movimiento del pensamiento moderno al pensamiento posmoderno.

De manera específica, tal tránsito puede ser el siguiente: cuando tratamos de dar cuenta de los procesos de socialización, acudimos a los conceptos de sujeto cartesiano, rousseauniano, kantiano, que están en el corazón mismo de la modernidad; pero ellos empiezan a ser insuficientes para dar cuenta de cómo se configuran los sujetos de carne y hueso que se juegan en la acción política. Tales nociones modernas son categorías que niegan la historicidad, la conflictividad, las múltiples determinaciones y expresiones del sujeto. Lo que presentan son pretensiones del sujeto unificado que no existe en la vida real y concreta. En este intento de romper tal sujeto homogéneo, que no nos permite entender cómo se dan los rostros reales de la niñez, de la juventud, nos obliga a hacer replanteamientos paradigmáticos y permitir que emerjan otras visiones en las que están presentes los autores que tú has mencionando, sigue el diálogo entre las categorías modernas y las no modernas para pensar esta relación. La línea no ha renunciado a eso. Creo que ahí hay un valor muy importante. Por ejemplo, ahora se ve a Arendt en diálogo con Lazzarato (2006) y se puede decir que ella es heredera del pensamiento moderno y que él es un autor contemporáneo. Pero es en el diálogo de estos dos autores en donde se alcanza a entender la complejidad de esto que estamos llamando subjetividad política.

Para nosotros, como investigadores de la línea de investigación en subjetividad política, ha sido muy interesante abrir las perspectivas teóricas y permitir que emerjan miradas nuevas que cuestionen fundamentalmente las pretensiones de homogeneidad, de conceptos acabados sobre el sujeto, de querer dar cuenta de un sujeto enmarcado en categorías muy precisas. Si cogemos autores como Baumann, quien empieza a estar presente en algunas de las tesis del Doctorado en Ciencias Sociales «Niñez y Juventud» se ve que en él los marcos para ubicar el sujeto son más difusos. Igual entre lo público, lo privado, lo íntimo, la inclusión, la exclusión. Lo que uno encuentra en estas miradas emergentes es que la pretensión de ponerle límites a las categorías que intentan dar cuenta de la niñez y la juventud, en su ser político en el mundo, son cada día más débiles, más complejas, más difíciles. Uno diría más líquidas, en términos de Baumann (2002). Creo que sí hay un diálogo de miradas modernas y contemporáneas, pero no de forma ecléctica, en la cual todo cabe, sino una construcción compleja del objeto.

Una propuesta para investigar la subjetividad política en los jóvenes

ADG: Cuando se hace una revisión de los archivos del doctorado, en particular de la línea de subjetividad política, se reconoce este diálogo al abordar categorías particulares e importantes, por ejemplo, la política y lo político (Díaz, 2003, 2007, 2008). Se invita a pensar a Arendt (1997) con el texto sobre qué es la política, a Lazzarato (2006) en términos de política del acontecimiento, a Chantal Mouffe (2002) con su propuesta de democracia radical, relacionándolos con un autor clásico, quien trabaja el concepto de la política, como es Aristóteles (2000). Sin embargo, esos enfoques teóricos, en cuanto diferentes, conllevan maneras particulares de investigar ese fenómeno particular. Por eso es diferente investigar la subjetividad política o la socialización política. ¿Cómo se construye conocimiento sobre los y las jóvenes en la dimensión de la subjetividad política en la línea que usted dirige?

SVA: En términos de producción de conocimiento sobre las subjetividades políticas se han dado tránsitos muy interesantes. El principal anclaje de este proceso epistemológico y metodológico lo hemos encontrado en el campo de la hermenéutica. Recordemos que desde la búsqueda con Berger y Luckman comprendimos que el problema de la subjetividad política tenía que romper con las maneras como se había abordado esta categoría, y que se hacía explicándola desde los efectos y prácticas externos del proceso, desde los comportamientos del sujeto, desde las actitudes con pretensiones de medición. Nuestra línea lo hizo así en un comienzo, pero empezamos a entender que para dar cuenta de los procesos de la subjetividad política hay que trascender a lo que llamamos los sentidos. Eso lo aprendimos de Berger y Luckman, empezamos a entender que aprehender un sentido, comprenderlo, era un problema fundamental de la hermenéutica. Para nosotros lo único de lo que se puede hacer hermenéutica es de lo que estamos llamando los textos sociales. Es decir, las objetivaciones simbólicas de las vivencias de las distintas personas (los niños, las niñas, los jóvenes) en diferentes contextos, prácticas, y maneras de ser en el mundo. Esos textos sociales, en tanto objetivaciones, no son transparentes, tienen sentidos ocultos que se van configurando históricamente desde una génesis en un momento determinado de la historia y van tomando vida simbólicamente de forma procesual. Aquí el lenguaje juega un papel muy importante en cuanto es la principal expresión del texto social. Por eso decimos: la única opción para desentrañar los sentidos ocultos en el texto social es la hermenéutica, con las implicaciones metodológicas que de ello se derivan.

ADG: En esta dimensión metodológica, ¿qué experiencias han tenido que nos indiquen cómo recogen esos textos?

SVA: En primer lugar debemos entender que no hay una hermenéutica, sino múltiples maneras de entenderla. Segundo, que estas se han ido traduciendo metodológicamente en formas nuevas y distintas para acceder a los objetos de investigación. Tercero, que ante esta diversidad, hemos hecho tránsitos por diferentes acepciones de la hermenéutica y que al día de hoy hemos asumido lo que llamamos la hermenéutica ontológica y performativa. Esta la entendemos como una hermenéutica que nos permite la interpretación de sentidos, que acepta y que entiende al sujeto en devenir en la vida misma. Por eso en las investigaciones trabajamos mucho y directamente con los jóvenes en sus contextos cotidianos, con sus formas de expresión, porque se asume desde la fenomenología que sólo allí se configuran los sentidos de vida que están ocultos en esos textos sociales.

Por lo tanto, en el texto social, objetivado el sujeto no se queda suspendido en la historia, sino que es un sujeto que aún en el propio texto sigue pensando, reflexionando, haciendo y deviniendo. A través de esta posibilidad nos hemos encontrado con Paul Ricoeur (1987) y sus aportes sobre el papel de la narrativa, pues es desde ella como el investigador puede aprehender los textos sociales, que están en movimiento, se rehacen y resignifican en el mismo proceso en que los sujetos se van relatando. Por esto es una narrativa viva, vital, histórica. Se puede ampliar esta propuesta en Botero, Alvarado y Luna (2008), donde argumentamos las consecuencias epistemológicas que esto tiene a la hora de traducirla en metodologías.

ADG: Bueno, pero operativamente, ¿cómo captan y trabajan esas narrativas?

SVA: Cuando tú asumes la narrativa, el uso investigativo de la narrativa como texto social objetivado, móvil, en devenir histórico que puede ser interpretado, te surgen distintas formas metodológicas de aprehensión del fenómeno. Ahora, para nosotros la narrativa no es una metodología, sino una concepción epistemológica que te permite darle forma a distintas maneras de hacer investigación. Por eso la narrativa puedes usarla desde distintas aproximaciones metodológicas: en estudios de caso, en biografías, en grupos de discusión, en el abordaje de experiencias límite (esto es algo que se está usando mucho en la línea) entendidas como la posibilidad de generar y exteriorizar sentidos que en circunstancias comunes no emergen. Desde este abanico de opciones lo importante es que, con cualquier experiencia de aproximación metodológica, lo que resulta es lenguaje narrado.

En la actualidad estamos iniciando un proceso investigativo para aplicar el análisis hermenéutico desde las expresiones simbólicas de la imagen, en tanto entender la imagen en estudios de jóvenes es importante. No tenemos muy claro aún, metodológicamente, cómo hacerlo. En las indagaciones nos hemos encontrando con dos corrientes: la semiótica y el análisis iconológico. Pero esto es algo en construcción dentro de la línea.

Tensiones teóricas al abordar la reflexión y la investigación de la subjetividad política en jóvenes

ADG: Sintetizando, las alternativas metodológicas asumidas desde la línea de investigación no pretenden indagar el comportamiento político, no buscan describir el sujeto moderno, sino que por vía del análisis de la narrativa, expresada en el texto social, indagan la subjetividad. Si lo anterior es correcto, ¿cómo adjetivar esa subjetividad en cuanto subjetividad política?

SVA: Esa es la pregunta que más me gusta que me hagan. Creo que adjetivar la subjetividad como subjetividad política tiene que ver con poderla nombrar como política. Es decir, que tiene un contenido. Nosotros lo hemos nombrado como las tramas de la subjetividad política, y hemos avanzado en aproximaciones a preguntas tales como: ¿de qué está hecha la subjetividad política?, ¿qué procesos la atraviesan?, ¿cuáles son las mediaciones presentes en esta manera reflexiva de nombrarse, hacerse y explicitarse el sujeto?

En las aproximaciones alcanzadas hemos encontrado unas tensiones que me gustaría puntualizar. La primera tensión tiene que ver con lo que estamos llamando la posibilidad del sujeto de ser en el mundo de una manera autónoma. Si el sujeto es autónomo, puede nombrarse como un sujeto político capaz de explicitar reflexivamente su subjetividad. Para algunos esta apreciación tiene un fuerte influjo del pensamiento moderno cuando desde él se trabaja la categoría autonomía, pero nosotros lo asumimos como una trama de la subjetividad política. Ahora, la tensión se presenta cuando nos encontramos con un autor como Levinas (2002), quien empieza a poner en cuestión el problema de la autonomía mostrando cómo éticamente ella hace que tú puedas y tengas legítimamente el derecho de olvidarte o no mirarle el rostro al otro, y cómo cuando tú le miras el rostro al otro te haces profundamente heterónomo. Así estamos frente a una tensión y un diálogo muy interesante, del que derivamos el siguiente planteamiento: en la constitución de la subjetividad política requerimos de una trama que articule la autonomía del pensamiento –en cuanto pensar por sí mismo independiente de todos estos marcos ideológicos y valorativos de las sociedades y de las culturas– con una profunda heteronomía ética. Donde pensarme sólo es posible si al mismo tiempo estoy pensando en y al otro como alguien distinto a mí. Otro que tiene una historia, una biografía y unos intereses que incluso pueden estar en contradicción con los míos.

ADG: ¿Pero sólo heteronomía ética o heteronomía vivencial, existencial?

SVA: Para mí sería heteronomía ética en cuanto es la heteronomía que me pone en relación con otros en el mundo de la vida y que hace que yo no pueda ser sin los otros, «determinada» por los otros, pero no determinada en mi pensamiento.

ADG: En cualquier dimensión de relación humana y no solamente en la dimensión ética.

SVA: Me estoy refiriendo a la ética, no como una dimensión humana, sino como aquellos principios con los que me ubico en el mundo, frente al otro, en una forma determinada, en cualquier momento de mi vida, en todos mis contextos, en todas mis posibilidades de intersubjetividad, de relación.

La segunda tensión se da en lo que nosotros denominamos la ampliación del círculo ético. Tiene que ver con entender que los seres humanos socialmente nos vamos configurando en una red de relaciones que tiene límites muy estrechos y en donde muchas veces solo caben los cercanos, o los nacionales, o los de mi etnia; es decir, ponemos unos límites identitarios, de clase o institucionales. A estos límites lo llamamos círculos éticos en cuanto demarcan: ¿quién cabe en mi campo de importancia?, ¿por quién me juego la vida?, ¿quién me importa?, ¿tú cabes dentro de mi círculo o no? Nosotros estamos viendo cómo configurar las subjetividades políticas pasa por romper esos círculos, por ampliar los círculos éticos para que quepa el mundo entero, el otro visible, pero también el que no está; el cercano, pero también el lejano. Donde no me importe sólo aquello que toca directamente mis intereses. Sin embargo, aquí está la paradoja, ¿cómo pensar en romper este círculo ético sin volver a caer en el idealismo de la modernidad, de lo universal, del metarrelato? ¿Cómo no continuar con los metarrelatos y que te quepa el mundo en el alma? No queremos configurar metarrelatos. No nos interesa la especie como categoría moderna, pero sí que a un sujeto humano le importe lo que está pasando en cualquier lugar del mundo.

La tercera tensión a la que quisiera hacer alusión es a la conciencia histórica, que tiene que ver con el sujeto, pero que nosotros lo relacionamos con la subjetividad política, con la reflexividad que se constituye históricamente en devenir y que es por lo tanto una conciencia clara del sujeto, de su génesis, su configuración, su biografía. Asumimos que no es posible pensarnos sin biografía, sin un presente complejo que articula lo que soy, y que, además, lo articula con todas las mediaciones del mundo que nos corresponde vivir. Desde esta tensión surgen preguntas tales como: ¿es posible pensar el sujeto sin utopía, sin nortes, sin sueños, sin anhelos, sin deseos de configurar cosas distintas?

ADG: Con esta tensión se hace un quiebre a la noción moderna de conciencia de clase, porque están planteando unos elementos que la trascienden.

SVA: Correcto.

ADG: A la reflexión moderna le corresponde la categoría conciencia de clase, mientras que la discusión y construcción contemporánea asume el tópico de la conciencia histórica.

SVA: De acuerdo. Para nosotros esto es muy importante. Fíjate que en el pensamiento más contemporáneo, desde algunas posiciones radicales de la posmodernidad que vienen enfrentando el análisis de la juventud, se le da mucho énfasis al presente, al hoy, a la posibilidad de pensar el sujeto en sus condiciones vitales actuales. En él, la historia juega poco y las utopías se siguen pensando como metarrelatos de la modernidad. Allí está la paradoja. Claro que el hoy es fundamental, pero es el hoy, diría Zemelman (2007), como expresión de una biografía y como una mixtura de utopías. Es una mixtura que se expresa en lo que soy hoy, lo que es mi pasado, mi presente y mi futuro.

ADG: En términos de Zemelman es la coyuntura.

SVA: Cuando él lo está pensando lo propone como coyuntura. El sujeto no puede ser sin su biografía, sin sus sueños, sin sus ideales, pues si carece de ellos no puedo explicitar su potencia política para actuar en el mundo, en su mundo y en el mundo de los otros.

ADG: Es una procesualidad que no se agota en el presente sino que se desdobla, desde él, en proyección.

SVA: Exactamente. Pero no en esa visión moderna de la historia. No es una visión determinista, ni es una visión del futuro como destino. ¡No!, para nada. Es una conciencia histórica, profunda, que me dice quién soy, de dónde vengo y qué quiero construir. No como sujeto individual, sino como sujetos en relación, intersubjetivos.

La cuarta tensión tiene que ver con asumir la subjetividad política, y al mismo tiempo reflexionar sobre el poder, sobre las formas como el poder circula. Cuando uno se pregunta ¿de qué está hecho lo político?, se puede responder: está hecho de poder. Este se juega totalmente en lo político. Entonces, creemos que la discusión sobre la subjetividad política pasa por una reflexión importante sobre el poder. Nosotros lo asumimos retomando el planteamiento de Humberto Cubides, quien propone «pasar del poder sobre» al «poder entre», indagarlo como potencia intersubjetiva que viabiliza la configuración de nuevas realidades.

ADG: Es decir, ir de Foucault a Espinosa.

SVA: Más o menos. Creemos que la potencia de la subjetividad política tiene que estar muy anclada con las trama del poder.

La quinta tensión tiene que ver con el hecho de que el despliegue de la subjetividad política sólo puede hacerse en el terreno de la acción con otros. Acción como creación de nuevas realidades con otros. Al respecto somos profundamente arendtianos. Esta tensión ha generado una fuerte discusión en la línea de investigación, pues cuando se piensa la acción con otros inmediatamente surgen conceptos muy fuertes de la política como el partido, el movimiento, la organización, el grupo. Es decir, toda la mediación colectiva está estructurada alrededor de unas posibilidades formales, históricas, que se han venido dando. Lo que empezamos a encontrar en los niños y en los jóvenes es que estas formas de la colectividad son formas gastadas. Pero esto no quiere decir que se pueda pensar la política en una relación y acción de «yo con yo». Eso lo tenemos muy claro.

ADG: La política se expresa entonces en la acción procesual colectiva.

SVA: Exactamente. Lo que pasa es que las formas de expresión de la colectividad están siendo resignificadas en la contemporaneidad.

ADG: Desde los jóvenes, por ejemplo, la plaza pública se reemplaza por el espacio virtual del Facebook.

SVA: Correcto. Es un espacio en el cual pueden surgir formas organizativas. O pasar de las formas en donde el colectivo se expresa como multitud a formas donde el colectivo está expresado mediante la voz de un sujeto. Pero, ¿cómo entender que no es el sujeto individual el que se juega, a pesar de que pueda explicitarse políticamente en un momento como tal? Allí hay un diálogo respecto de si esta es la expresión de un sujeto o de una masa, del grupo. Creemos que lo fundamental es que la acción es entre nos. Es acción como creación; como natalidad, diría Arendt. Nosotros queremos reconceptualizar la acción como creación de un colectivo, expresado y resignificado de maneras muy distintas, creando órdenes, creando realidades en el lenguaje, en el discurso, en la práctica, que posibiliten «construir nuevas maneras de vivir la vida en común».

Aplicaciones de la investigación sobre la subjetividad políticaen los jóvenes

ADG: En la última década, desde el ámbito de la educación, hemos sido protagonistas en Colombia, según Pinilla y Torres (2006), de dos giros en la reflexión. En un primer momento se abordó la educación para la democracia y luego se pasa a la formación ciudadana, que tiene como elemento práctico la formación en competencias ciudadanas. Parece que ahora viene el tiempo para la reflexión sobre la subjetividad y la subjetividad política. ¿Cuál es el elemento práctico que se puede derivar de esta reflexión?

SVA: Estoy de acuerdo contigo en que ese es el tránsito, sólo tendría como diferencia que en el último momento que mencionas no es la subjetividad política la que interesa, sino también la formación política para la explicación de esta subjetividad. En el sentido de las consecuencias prácticas pienso que hay que hacer varios tránsitos. El primero es reconocer que de la formación para la democracia y la formación ciudadana derivan unos estándares asumidos como modelos que configuran instrumentalmente las maneras de actuar de los jóvenes en la escuela. Segundo, que este proceso va mostrando que necesitamos experiencias que rompan con la institucionalización predominante. Por lo tanto, la formación de la subjetividad política no puede estar atrapada en las instituciones en cuanto tú no te haces, no despliegas la subjetividad política de manera institucional. Hacerlo implica romper poderes, órdenes. La institución tiene la pretensión de mantener el orden y la tradición, no que los pongas en negociación.

En ese sentido pienso que la formación de las subjetividades políticas tiene que partir de un proceso amplio en el que se recuperen y legitimen la voz y las prácticas propias de los y las jóvenes desde los espacios en los que ellos puedan configurar lo que llamo el potencial de la subjetividad política, expresado en hacerte autónomo de pensamiento y heterónomo en tus relaciones. Ser receptivo, recuperar y potencializar tu conciencia histórica, hacerte sujeto colectivo con otros para crear órdenes y mundos. Todo eso pasa porque los sujetos tengan la posibilidad de pensarse y reconstruirse a sí mismos, de autorreconocerse, aceptarse y legitimarse en el mundo para desde esto poder querer, reconocer, aceptar a los otros como distintos y así configurar una posición de equidad mínima donde todos tengamos derecho a habitar el mundo.

También pasa por fortalecer afectivamente la forma como el sujeto desde su cuerpo, su sensibilidad, su posibilidad de querer y ser querido se para en el mundo. Si soy capaz de reconocerte como distinto, tengo la posibilidad de empezar a crear formas de comunicación para explicitarme, exponerme, abrirme ante ti, abrirte mi mundo, mi historia, mi biografía, mi presente, mis anhelos, y ser capaz de interactuar intersubjetivamente con tu historia, tus anhelos, tu presente. Ahí se configura el potencial de creación. Estoy hablando de cómo aprender a comunicarnos, cómo construir esas estrategias de comunicación que vayan más allá de la instrumentalización en que se ha convertido este proceso de encontrarme con otro. Todo esto implica que tú y yo seamos capaces de reconocer ciertos criterios comunes que nos permitan interactuar en el proceso; que encontremos maneras de negociar aquello en lo que no estamos de acuerdo, aquello en lo que tenemos criterios aún encontrados, y que, finalmente, podamos políticamente construir el mundo que queremos vivir en un marco en el cual seamos capaces de respetar nuestros derechos nuestras intencionalidades y utopías. Que seamos capaces de ser colectivos en la acción, de crear y resignificar el mundo. Creo que esto no se resuelve en la escuela, no se resuelve vía competencias ciudadanas, ni con programas de formación para la democracia. Creo que se resuelve en procesos de formación de jóvenes con jóvenes, para jóvenes, en el cual el saber adulto acumulado en la historia, en la ciencia, entra en diálogo con esas prácticas de los y las jóvenes. En ese diálogo encontraremos formas conjuntas de ir recreando estos contextos no institucionalizados.

Notas

1 Véase http://www.umanizales.edu.co/ceanj/doctorado/index.htm.

2 Véase http://www.clacso.org.ar/clacso/areas-de-trabajo/area-academica/grupos-de-trabajo.

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