Saber
versión On-line ISSN 2343-6468
Saber vol.28 no.3 Cumaná set. 2016
La hermenéutica de Dilthey como método de comprensión del sujeto histórico: fundamento de una teoría de la gerencia educativa venezolana
Dilthey hermeneutic as a method of understanding the historical subject: foundation of a theory of the venezuelan educational management
Iván Torres Pacheco
Universidad de Carabobo, Facultad de Ciencias de la Educación, Doctorado en Educación, Valencia, Venezuela
E-mail: igtp1974@hotmail.com
RESUMEN
Debido al interés de realizar investigaciones en el contexto de la gestión educativa venezolana, se ha presentado este trabajo como una primera entrega en cuanto a la importancia de la Hermenéutica como método de abordar el área de las ciencias sociales, y de modo especial, lo referente a lo educativo. Así pues, desde la hermenéutica propuesta por Dilthey, se busca delinear los principios pertinentes que se involucran en la interacción social y las transformaciones de la compleja realidad educativa como encuentro trascendental. Conscientes de la vertiginosa diversidad de modelos gerenciales educativos y de cultura organizacional que se vienen planteando en la realidad venezolana, se hace necesaria la teoría desde la perspectiva hermenéutica, como alternativa al positivismo pragmático propia de una concepción mecanicista del sistema educativo venezolano. El estudio estuvo enmarcado dentro de un modelo documental bibliográfico bajo la modalidad de ensayo, para ello se recopilaron evidencias a partir de fuentes primarias y secundarias. Las evidencias fenomenológicas se analizaron a partir de la hermenéutica haciendo las reflexiones que permitan configurar una comprensión de la gerencia educativa venezolana.
PALABRAS CLAVE: Gerencia educativa.
ABSTRACT
Due to the interest for research on the context of the Venezuelan educational management, this essay has been presented as a first installment on the importance of hermeneutics as a method to address the area of social sciences, and especially what pertains to the education. Thus, from the hermeneutics proposed by Dilthey it seeks to delineate the relevant principles involved in social interaction and transformation of complex educational reality as a transcendental encounter. Conscious of the diversity of educational management models and organizational culture that are being implemented in the Venezuelan reality, the theory from the hermeneutics perspective becomes necessary, as an alternative to the pragmatic positivism associated to a mechanistic conception of the Venezuelan educational system. The study was framed inside a documentary bibliographical model under the modality of an essay, and for it evidences were compiled from primary and secondary sources. The phenomenological evidences were analyzed from the hermeneutics doing the reflections that allow to form a comprehension of the Venezuelan educational management.
KEY WORDS: Management education.
Recibido: febrero 2016. Aprobado: abril 2016. Versión final: junio 2016.
INTRODUCCIÓN
Plantear el problema de la investigación en el área de las ciencias sociales es asumir postura crítica frente al método que se ha elegido. Es decir, el método señala las características de sistematicidad y generalidad de los conocimientos alcanzados y la trascendencia en cuanto a sus aportes teóricos. Si bien es cierto que la pregunta por la metodología propia de las ciencias sociales no tiene una respuesta científica de carácter universal aceptada sin más en todas las áreas del saber científico (Morín 2005).
También es cierto que no todo lo que se contra-argumente como no científico ha de ser no-ciencia, lo que suele ocurrir referido al campo de las investigaciones sociales; de modo especial, lo que concierne al hecho educativo. Así, pues, se plantea la problemática del método en el área específica de las ciencias sociales; en el fondo, la elección del método de estudio es una opción hermenéutica.
Es por ello, que lo trascendente de este problema epistemológico es la cuestión que se presenta a lo interno de las ciencias sociales; pues, su objeto de estudio, los hechos sociales, le exigen que se diferencie, en lo metodológico, al resto de las llamadas ciencias exactas, cuyo objetos de estudios son animales y cosas.
En este sentido, resultan interesantes los comentarios de Morales (2014) cuando reflexiona en torno al problema de las ciencias sociales en la coyuntura epistémica actual de la Cultura Gerencial en todas sus áreas de aplicación:
Iniciar un discurso filosófico de las Ciencias Administrativas y Gerenciales es un gran reto, algo significativo el cual llama la atención en el nuevo milenio. Primeramente porque hay una gran convulsión y revolución epistemológica advertida en la diversa variedad de paradigmas emergentes como respuestas a la crisis dada a finales del siglo XX, al respecto se tiene la consideración del aparente decreto de la llamada posmodernidad anunciando el fin de la ciencia. Pudiera decirse, a manera de conjetura, que fue simplemente algo para llamar la atención; sin embargo, otros esgrimen posturas más recatadas pero aluden a una ciencia sin método ni filosofía, entre ellos destaca Martínez (2000) quien en referencia a los grandes físicos comenta el fin de la ciencia convencional y por su parte Lanz (2000) manifiesta una ciencia sin filosofía ni método. Por lo cual las controversias quedan a la orden del día como plantea Damiani (1997) frente a la epistemología como necesidad de buscar discursos mediante los cuales se legitimen las ciencias (p. 12).
Los dilemas metodológicos que presentan estas cuestiones medulares acerca de la búsqueda del método científico adaptado a las particularidades de las ciencias sociales, provienen precisamente de la necesidad de interpretar las acciones del sujeto en su perspectiva de reafirmación de sus propias creencias en cuanto al mundo de significados existenciales al que hacen referencia al actuar libremente, de modo especial en cuanto a la toma de decisiones en el mundo de la cultura organizacional, sobre todo en el área de la gerencia en donde la toma de decisiones es constante, cobra sentido de diálogo y de encuentro en el sistema educativo, la formación educativa es encuentro interpersonal.
Por tanto, las ciencias sociales son científicas solamente en cuanto a interpretación, es decir, la hermenéutica es la posibilidad de hacer ciencia sociales, lo humano y social se comprende, se interpreta. Desde luego las ciencias sociales no son objetivas en cuanto a su posibilidad de reducción a las dimensiones matemática de lo humano, de lo histórico; es decir, su método es relación con la hermenéutica que se acerca al fenómeno humano por excelencia.
No se trata de una interpretación de los resultados, típica de las investigaciones propias del paradigma positivista. En ello, el positivismo es claro al considerar que las acciones humanas encierran su propia posibilidad de aplicación del método objetivo el conductismo psicológico, tal como ocurre con los postulados del positivismo lógico en su interpretación acerca de los enunciados proposicionales, en tanto descriptores de una realidad dada al observador sin más.
En el positivismo de cualquier índole, la interpretación es la negación de lo interpretativo, se trata de una lectura objetiva de lo arrojado en los datos obtenidos. No hay libertad, no hay subjetivismo, no existe el aporte personal.
En consecuencia, en esta primera entrega, nos acercaremos a la interpretación de la hermenéutica realizada por Dilthey (1833-1911) como uno de los pilares de la hermenéutica como método antropológico, que no se aplica a lo positivo, a lo objetivo, sino a lo trascendental al dato, al hecho, a lo descrito, y en el caso del ser humano, la hermenéutica interpreta la dimensión de la acciones libres, de las decisiones; el animal, las cosas no deciden, actúan; el hombre interpreta alternativas y decide, es un ser pensante que ejerce la libertad; el hombre se hace histórico, así, la hermenéutica se convierte en un problema antropológico, de interpretación de lo vivido.
En efecto, la postura epistémica que encierra el positivismo, es que los enunciados proposicionales propios de un lenguaje objetivo acerca de la naturaleza es realmente posible, por tanto, debe ser aplicado a todos los ámbitos científicos, incluyendo el social y el educativo, ya que en el fondo el hombre es un objeto observable y cuya conducta es medible como la de cualquier animal del planeta.
Claro, si ello es verdadero, entonces, desde esta perspectiva, no es posible establecer tampoco criterios de cientificidad de esa realidad que le da vida mundana, que siempre escapa a lo cuantitativo.
De ahí la importancia de las posturas históricas y hermenéuticas de Dilthey, para quien el hombre y la sociedad cobran su sentido humano, y no por eso, permanecen ignorantes a la posibilidad de hacer estudios, investigaciones que nos lleven a la formulación de reflexiones teóricas creíbles, de lo que se trata es de comprender hermenéutica y no solamente de describir positivismo. La opción que se abre al estudio de lo humano es la Hermenéutica como él desde donde se hacen los discursos científicos de lo social. Y Dilthey fue sin duda, uno de los pioneros de este modo hermenéutico de hacer investigaciones en el área de las ciencias sociales y educativas. Donde sostiene que no solo los textos escritos, sino toda expresión de la vida humana es objeto natural de la interpretación hermenéutica, así Dilthey convierte a la hermenéutica en un método general de la comprensión.
Breve esbozo de una teoría general de la hermenéutica
La Hermenéutica como modo de interpretación antropológica, es tan antigua como la civilización de la cultura occidental, pues en el mundo clásico griego se empleaba para esclarecer los enigmas que se encontraban en el portal de los templos de los dioses griegos. Muchos autores están de acuerdo en afirmar que la hermenéutica era el arte de interpretar las palabras oscuras que se encontraban en los textos religiosos, órficos y míticos, con el fin de traducir al común de la gente la voluntad de lo afirmado en el texto. La hermenéutica era para los elegidos, era el arte de interpretación de menajes ocultos de los dioses.
En realidad, se le atribuye el don de interpretar, pues proviene del griego clásico hermeneuin, algo así como traducir a lo humano el mensaje de los dioses, y esta tarea estaba encomendada a Hermes, quien era una especie de Dios intermediario entre los dioses del Olimpo y los simples mortales, razón por la cual se le atribuye las primicias de este arte interpretativo mitológico (Gadamer 1986).
Luego, de esta acción de traducción de mitos y leyendas rapsódicas, la hermenéutica pasó al campo bíblico, pues se trataba de interpretar los textos de las escrituras divinas a la luz de los nuevos retos teológicos que surgieron con la aparición de grupos Protestantes pietistas que insistían en la interpretación literal de las Sagradas Escrituras.
La hermenéutica también se utilizó para aclarar la oscuridad que representaban las palabras del Antiguo Testamento. Así, aparecieron estudios de los estilos literarios, de los personajes, del contexto, del mensaje en su integridad, entre otros elementos que fueron dando forma a la Hermenéutica como método de interpretación.
Posteriormente, pasó la hermenéutica al estudio de problemas en el campo de las Leyes, ya que se trataba de una acción análoga a la de interpretación de los textos religiosos, especialmente porque el concepto de Ley y de Justicia, tenían un carácter histórico de origen sagrado (Villalobos 2001).
Entonces, de la justicia divina, que representa la interpretación de los textos sagrados, pasó a la interpretación de los textos jurídicos, para encontrar la justicia, o el llamado espíritu de la ley.
Es importante resaltar que en este sentido de la tradición hermenéutica, hay un paso crucial del arte de interpretar, pues pasó de aquella primera fase de interpretar mensajes de los dioses celestiales, a la necesidad de interpretar los textos que estaban a la vista de todos, se trataba de algo dado, que podía ser observado, y por tanto, estudiado metódicamente. Las aclaratorias surgidas del modo hermenéutico de estudio, darían una idea de lo que hay que hacer en cuanto al espíritu de la Ley, en tanto que lo escrito es una entidad abstracta y sagrada a la vez.
La autoría del texto legal era generada por el orden social, que era así armonizado por el carácter necesario del respeto a la Ley, a los fines de encontrar armonía entre los ciudadanos, cuestión por demás imposible de no cumplir, si se pretende la convivencia en un entorno de paz y prosperidad. La Ley era garantía del convivir, y su interpretación para la adecuada aplicación era de vital importancia, de ahí la necesidad de la Hermenéutica en el área de la Justicia social.
En este sentido, en el trabajo se hace una breve reconstrucción histórica de la hermenéutica contemporánea planteada por Dilthey, pues el espacio no permite otra cosa; como por ejemplo analizar el empleo de la hermenéutica en los libros meramente literarios, y en general, todo el arte.
Sin embargo, se trata de poder acercarnos, al menos en sus orígenes modernos, a comprender su sentido de aplicación; y, alcanzar, por su intermedio, algunos conocimientos de la realidad existencial que vive el sujeto como intérprete, al momento de encarar cualquier texto, o cualquier realidad política o socio-histórica, de modo especial, el hecho educativo y el modo de gerencia propia del sistema educacional, dada la naturaleza humanista del fenómeno educativo, o tal como lo expresa Morales (2013) en sus reflexiones en torno al reencuentro con el diálogo en el aula:
Desde el discurso educativo hay consideraciones y propuestas que plantean una teleología centrada en la realización de lo humano ( ) se asume entonces que lo educativo apunta hacia la humanización y plenitud de lo humano; de esta forma, lo fundamental del acto educativo es generar humanidad y no centrarse en el conocimiento, el cual pasa a ser parte importante pero no el centro total del asunto (p. 126).
Desde esta perspectiva, la hermenéutica se hace una opción trascendental en el estudio del sistema educativo en todas sus dimensiones que permita visualizar la cultura organizacional educativa venezolana como un problema antropológico. La actividad organizacional educativa es un área propicia para la reflexión teórica desde la hermenéutica, se hace necesario buscar respuesta a los desafíos, en donde más allá de la apariencia confusa e incierta, se manifiestan los fenómenos y eventos sociales que subyacen en la organización y en la actividad humana, que trasciende la conducta observable, medible y cuantificable.
En este sentido, es un reto para la educación en todas sus dimensiones, pero de modo especial, en su cultura organizacional y gerencial, adecuar periódicamente sus estructuras organizacionales desde fundamentos tantos teóricos como científicos, y no solamente bajo el discurso político, sin crítica epistémica, preparando así y actualizando al docente para que asuma los retos que establezca la escuela en su proceso de modernización, realidad en la cual el educador no se reduce a un informador de contenidos, sino, en un guía cuyo liderazgo reside en poder interpretar la vida misma en todos su rigor existencial.
En lo esencial, la educación es una búsqueda de sentido de la vida personal y de la Historia de la humanidad. En relación con esto Morín (2004), señala la importancia de las dimensiones antropológicas de la tarea escolar:
La educación del futuro deberá ser una enseñanza cuya prioridad universal esté centrada en la condición humana. Estamos en la era planetaria; una aventura común que se apodera de los humanos donde quiera que se encuentren. Éstos deben reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo cuanto es humano (p. 75).
Así, se plantea una Gerencia Administrativa centrada en el hombre, ya no como un instrumento, sino como la razón de ser de todo el proceso de gerencia. De hecho, el ser de la gerencia educativa es el ser humano, trascendiendo la perspectiva pragmática y generar teorías alternativas centradas en el ser personal como razón última y trascendente de toda gerencia administrativa.
En tal sentido, la ciencia en general, ha venido teniendo diferentes acepciones epistémicas conforme ha ido transcurriendo el tiempo. Durante la Modernidad, la ciencia confrontó un pensamiento tradicional determinista que consideraba que la realidad estaba ahí, como algo a la mano, un libro abierto, esperando a que el científico la observara, la describiera objetivamente en sus singularidades, y la ley era a partir de principios generales, haciendo énfasis en la objetividad de los hechos, negando la subjetividad del investigador como algo perturbador del proceso mismo de investigar, el sujeto es un obstáculo, en cuanto a vivencias que nada tienen que ver con el objeto de estudio.
Sin embargo, el mundo cambiante, exige un pensamiento emergente para entender la diversidad, lo múltiple en el ámbito de lo significado de la vida social, proponiendo nuevas perspectivas, ontológicas, axiológicas, epistemológicas, teóricas, filosóficas y teleológicas que den respuestas a los enigmas del saber científico, que bajo apariencia incierta se manifiestan en la naturaleza de las relaciones humanas.
La hermenéutica y las ciencias del espíritu de Dilthey
Uno de los autores que retomó el tema de la hermenéutica como un modo de aproximarse al fenómeno histórico fue Dilthey. Ya en su clásico texto Introducción a las ciencias del espíritu (1986). Realiza un esbozo de lo que considera deben ser las ciencias humanistas en su imbricación con el resto del quehacer científico, especialmente en su comparación de lo que son las ciencias naturales o físicas.
En relación con esa distinción entre ciencias del espíritu y ciencias naturales -términos utilizados durante la primera mitad del siglo veinte- Reale y Antíseri (2010), en su libro de historia de la filosofía afirman:
En esta obra, Dilthey distingue entre las ciencias del espíritu y las ciencias de la naturaleza, con base en la diversidad de los objetos que cada una de ellas considera: los hechos de las ciencias del espíritu se presentan a la conciencia originalmente desde el interior, en cambio, los de la ciencias de la naturaleza se presentan a la conciencia desde el exterior (p. 60).
Es decir, lo humano y lo social son objetos de las ciencias del espíritu, en cuanto son vividos, y el protagonista es el hombre histórico. Luego, Dilthey pone como fundamento de las ciencias del espíritu, la psicología analítica; afirma que éstas estudian tanto la uniformidad grupal, como los hechos individuales y que el tipo tiene por función la de unir estas dos realidades opuestas del mundo humano; enfatizando, siempre sobre el tema de la comprensión de los otros, el rol fundamental del comprender que consiste en revivir y no en reproducir objetivamente.
Entonces, revivir y comprender serán elementos esenciales en cuanto a lo hermenéutico. Y este revivir desde la otra persona, es fundamental en el ámbito de la comprensión de lo educativo, de su cultura organizacional y su hacer gerencial en lo vivido por sus personajes reales y concretos; es decir, históricos; entonces la cultura organizacional es entendida desde la hermenéutica como diálogo entre personas protagonistas de la vida y de la Historia. El hombre histórico no puede ser reducido a cosa. La educación es el ámbito de lo histórico, de la vida consciente, protagónica y en libertad.
Esta distinción es interesante a los fines de establecer las distancias epistemológicas desde el inicio de un proceso de investigación, o en cualquier tarea que tenga como intención la búsqueda del conocimiento. Por tanto, esta diferenciación es una opción condicionada por la naturaleza de los objetos de estudio de cada una de estas especiales ciencias, pues las reglas de interpretación y de enlace del conocimiento a partir de la hermenéutica, son distintas a los de los métodos tradicionales de las ciencias físicas.
Entonces, la educación no es un área de las ciencias positivas, sino de las ciencias hermenéuticas. Lo educativo no es un conjunto de datos, sino una historia de muchas vidas en una misma trama humanitaria. La educación no se analiza, se comprende. La educación no es un problema de números, sino de significados existenciales. La educación es cultura, es la huella del ser humano.
Así, retomando el hilo conductor que se sigue en el trabajo, se tiene que en él en la obra citada de Dilthey (1986), se denomina a las ciencias del espíritu como un todo independiente a las llamadas ciencias de la naturaleza, el autor expresa lo siguiente:
Designamos, por tanto, con la expresión ciencia todo conjunto de hechos espirituales en que se encuentran las notas mencionadas, y al que, por consiguiente, se aplica, por lo común, el nombre de ciencia; señalamos previamente, de acuerdo con esto, el ámbito de nuestra tarea. Estos hechos espirituales, que se han desarrollado históricamente en la humanidad, y a los que se ha dado, según un uso lingüístico general, la denominación de ciencias del espíritu, de la historia, de la sociedad, constituyen la realidad que queremos no dominar, sino ante todo, comprender (p. 50).
En estas palabras, el autor expone de entrada en su trabajo de fundamentación de las ciencias humanas o ciencias del espíritu, la necesidad de dar un giro epistemológico frente a las ciencias naturales, pues describe con precisión su interés en alcanzar un conocimiento científico sobre el objeto de estudio de estas disciplinas, que en definitiva es el hombre como protagonista de la Historia, y no como una cosa física propia de las ciencias naturales.
De este modo, Dilthey fija posición frente la concepción epistémica común de la época en denominar ciencia solamente a todo aquello que emplea el método científico, pero establece distancias para separar el discurso de las ciencias naturales del de las ciencias humanas, llamadas por él Ciencias del espíritu.
En consecuencia, realizar una investigación en el área de la cultura organizacional educativa, desde lo vivido, lo histórico, desde la epistemología hermenéutica planteada por Dilthey, se justifica, fundamentalmente por su valor potencial en el momento histórico que vive el país, al encontrarse sumergido en profundas transformaciones educativas, que implican cuestionar y reflexionar sobre las cosas que hacemos y cómo las hacemos, tal vez, para dar respuestas al ámbito académico, a la ciencia de la educación, enfocado en la experiencia del ser y sentir del gerente educativo como protagonista histórico, como verdadero sujeto del proceso educativo venezolano.
Es por ello, que al tener presente una filosofía de las ciencias administrativas y gerenciales. Morales (2014) expresa como idea central a lo largo de toda su tesis doctoral, la necesidad de una Filosofía de las Ciencias Administrativas y Gerenciales desde la praxis y la cotidianidad del gerente venezolano en su contexto, desde una perspectiva hermenéutica:
Las Ciencias Administrativas y Gerenciales, desde su configuración, han venido incorporando distintas posturas paradigmáticas para su desempeño; sin embargo, cuando se pregunta por su objeto y método frecuentemente se enmarcan dentro de una visión pragmática y funcionalista con las implicaciones que ello conlleva. Por otra parte, en la actualidad se debate en torno a una ciencia sin método y sin filosofía o, como lo viene planteando Martínez (2000) el fin de una ciencia convencional, esto ha iniciado movimientos de teóricos para reflexionar sobre los fundamentos de las distintas disciplinas; la Ciencias Administrativas y Gerenciales se suman a este proceso (p. 9).
En definitiva, toda concepción epistémica en las Ciencias Administrativas y Gerenciales necesariamente tiene un soporte antropológico, una visión del ser humano y de sociedad, estos son soportes fundamentales para la elaboración de un discurso y el argumentar de una filosofía; pero sobre todo, de una ética laboral y de una práctica laboral. Por ello, la urgencia de una metodología distinta, mucho más humana y ajustada a las exigencias antropológicas, deben estar presentes en el desarrollo de un diseño organizacional que pretenda responder a las cuestiones existenciales y trascendentales. De manera controversial, lo teleológico sigue siendo la generación de una filosofía humanista con horizontes trascendentales que generen el desarrollo integral del ser personal. En consecuencia, la gerencia educativa debe adecuar sus procesos administrativos y gerenciales desde la vida real e histórica, y no solamente desde teorías abstractas ajenas a la realidad.
Respecto a esto, Manes (2007) manifiesta lo siguiente:
Que la gerencia educativa se relaciona con un conjunto de habilidades y destrezas orientadas a planificar, organizar, coordinar y evaluar aquellas actividades necesarias para alcanzar eficacia pedagógica, eficiencia administrativa, efectividad comunitaria y trascendencia cultural (p. 185).
Es claro, que al trascender el paradigma positivista, se corre el riesgo de no ser considerado el área de los estudios educativos como una investigación científica, ya que la gerencia educativa no admite incluir de modo absoluto y único el entramado positivista epistemológico de toda ciencia natural. Justamente lo que va a destacar Dilthey (1986), es la idea de la constitución del círculo hermenéutico, es decir, que alcanzar conocimiento a partir de la realidad dada, sólo es posible mediante el movimiento de ir del todo a las partes y de las partes al todo y así poder reafirmar con toda justeza que el conocimiento adquirido está plenamente justificado en virtud de la comprobación constante, a partir de ese movimiento circular, que incluye la intimidad humana como centro de posible interpretación hermenéutica:
Nuestra imagen de la naturaleza entera se ofrece como mera sombra arrojada por una realidad que se nos oculta, mientras que la realidad auténtica la pensamos únicamente en los hechos de conciencia que se nos dan en la experiencia interna. El análisis de estos hechos constituye el centro de las ciencias del espíritu y así, correspondiendo al talante de la escuela histórica, el conocimiento de los principios del mundo espiritual permanece dentro de este mismo mundo y las ciencias del espíritu constituyen de esta suerte un sistema autónomo (p. 340).
Por eso denomina ciencia a los hechos espirituales, es decir, conductas humanas, educativas, políticas, religiosas, porque es posible adquirir conocimientos de la realidad socio-histórica no con propósitos de dominio o de creación de tecnología, o de conocer las leyes del mercado y bienes de consumo, el conocimiento es ante todo, un hacer humano, con propósitos de comprender a través del método hermenéutico, en función de mejorar como personas, con la finalidad de adentrarnos al misterio de lo antropológico. En este sentido, acotan Reale y Antíseri (2010), refiriéndose a las ideas historicistas de Dilthey:
En todo caso, la solución más adecuada, en opinión de Dilthey, para el problema referente a la autonomía y a la fundamentación de las ciencias del espíritu se encuentra en los estudios para la fundamentación de las ciencias del espíritu y en la construcción del mundo histórico en las ciencias del espíritu. Lo que caracteriza a los fenómenos del mundo humano y hace común las ciencias del espíritu y fundamenta su autonomía es el nexo que no se da en el mundo de la naturaleza y de las ciencias de carácter natural entre Erleben (expresión) y Verstehen (comprensión): la vida de los individuos se hace espíritu objetivo, se expresa y se objetiva en eventos e instituciones (Estados, iglesias, movimientos religiosos, textos filosóficos, teorías científicas, sistemas éticos, etc.), que el científico social intenta comprender captando el lado interno; algo posible, ya que comprender es un encuentro del yo en el tú. Tal comprensión es la captación de obras e instituciones de hombres históricos, que producen valores o realizan fines y cuyas obras no son, por lo tanto, como en Hegel, espíritu objetivo, fruto de una Razón absoluta (p. 64).
CONSIDERACIONES FINALES
A modo de conclusión de esta primera entrega, se entiende entonces la hermenéutica como el arte de interpretar para comprender; esta será la nota distintiva de Dilthey. Se comprenden los actos del ser humano, no se reducen a los datos estadísticos como es la pretensión eterna del positivismo en cualquiera de sus modalidades. Por otra parte, Dilthey (1986) muestra la diferencia entre las ciencias del espíritu y las ciencias naturales, precisamente por el carácter explicativo de las segundas, frente al no menos importante carácter histórico de los hechos del espíritu, entre ellos señalamos el educativo, como lugar comunitario por excelencia. Pero estos lo histórico se sustenta en imperativos, es decir, en mandatos de hacer y de no hacer, en actos de libertad, no predecibles. Con lo cual queda dibujada una buena parte de la doctrina hermenéutica diltheyana, que afirma que las ciencias de los imperativos, de la toma de decisiones son justamente las ciencias del espíritu, de lo humano, de la libertad del ser personal y trascendental. Las ciencias naturales se ciernen sobre la realidad física, que no alcanza para comprender lo realmente antropológico.
Así, pues, queda expuesta la primera parte de las reflexiones sobre los fundamentos hermenéuticos de una teoría sobre la cultura organizacional de lo educativo en Venezuela, en el supuesto de que se ha optado por el método de la hermenéutica como modo de acercarse a los problemas humanos, a la posibilidad de alternativas de diálogo y de encuentro en la coyuntura actual del sistema educativo venezolano. En este sentido, ha comenzado un movimiento sobre el indagar los fundamentos y realidad interior de las organizaciones educativas, debido a que las organizaciones son sistemas sociales abiertos, en permanente interacción con la sociedad y conformadas por hombres quienes, al mismo tiempo, son miembros de una sociedad y ciudadanos de un país concreto y real, que condiciona el modo de existencia desde una cultura existencial. Esto hace posible emerger nuevos paradigmas sobre las organizaciones gerenciales y administrativas en el ámbito escolar de hoy, que han ido cediendo espacios a una perspectiva distinta, en cuanto a su cultura organizacional y el modo de gerenciar, a través de la implantación de nuevos valores y principios antropológicos y éticos como elementos fundamentales de alternativas gerenciales y administrativas.
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