Revista de la Sociedad Venezolana de Microbiología
versión impresa ISSN 1315-2556
Rev. Soc. Ven. Microbiol. v.23 n.1 Caracas ene. 2003
Editorial
ADN Y HONGOS
ACTG, ACTG, AT, AT, CG, CG: letras que representan cuatro sustancias químicas repetidas incesantemente en el código genético de cualquier ser vivo, organizadas en largas cadenas de ADN que se replican sin pausa en copias de sí mismas, dando unidad a la vida, sea ésta animal, planta, bacteria, hongo. Estos últimos nos rodean de mil maneras. Los ingerimos directamente en champiñones e indirectamente en vino, cerveza y pan, como productos de fermentación fúngica, o en quesos como el camembert y el roquefort, que deben su textura y sabor a la maduración por hongos; son la fuente originaria de sustancias como la penicilina o la ciclosporina, sin las cuales no se habrían logrado los espectaculares avances clínicos en el control de infecciones bacterianas o en transplantes de órganos; son degradadores de materia orgánica, reciclando elementos vitales al ecosistema, pero también dañando nuestras pertenencias. Algunos pocos son patógenos, ocasionando desde el pie de atleta hasta micosis sistémicas, estas últimas letales de no ser atendidas a tiempo; otros son venenosos o alucinógenos. Y hay también hongos dañinos para algunos insectos de interés industrial como el gusano de seda, que resultan beneficiosos en el control de otros insectos que dañan cultivos comerciales.
Los estudios sobre hongos, su relación con el hábitat, el mejoramiento de cepas productoras de vino y cerveza o fermentadoras de queso, los avances en micología médica, la búsqueda de drogas más efectivas y métodos diagnósticos más rápidos y específicos, han recibido un impulso destacado con el uso de herramientas moleculares, derivadas del descubrimiento del ADN como depositario del código genético. Tradicionalmente, el diagnóstico de infecciones fúngicas sistémicas se hace con técnicas que no garantizan la presteza requerida para un tratamiento efectivo en tiempo mínimo. Los métodos moleculares para la detección de ADN fúngico en muestras biológicas abren una esperanza de rápido diagnóstico en pacientes en estadios iniciales de la infección o en alto riesgo de diseminación, como los pacientes con SIDA o sometidos a transplantes de órganos. Si bien la vacunación contra enfermedades fúngicas no es aún una realidad, en vista de los problemas conceptuales y técnicos en su desarrollo, no es menos cierto que las pocas líneas de investigación con posibilidad de éxito en esta área están centradas en el uso de antígenos recombinantes, cuyo origen está, una vez más, en el ADN y su manipulación. Si se logra vencer las barreras, será posible contar con vacunas preventivas de micosis endémicas en nuestro continente.
Un proyecto genoma de gran envergadura fue el dedicado a la levadura del pan, vino y cerveza, en el que se involucraron laboratorios alrededor del mundo, a los efectos de decodificar la secuencia completa de dicho genoma. Estos estudios han permitido un avance monumental de la biología de hongos a una velocidad nunca antes imaginada, la detección de posibles genes para la acción de nuevas y mejores drogas antifúngicas, o el análisis de rutas metabólicas que inciden en la patogenicidad. A partir de la genómica, puede mejorarse la producción industrial de ácido cítrico y de enzimas como la amilasa o diversas proteasas, a partir de hongos. Los proyectos genómicos son fuente de una enorme cantidad de información que no habría podido imaginarse diez años atrás, todo ello derivado de aquel descubrimiento que hoy celebramos en su 50º aniversario.
UNA MUJER EXCLUIDA DE LA HISTORIA DEL ADN
"Las mujeres debemos trabajar el doble para que se nos reconozca la mitad". Este aforismo se aplica a Rosalind Franklin, cuyo formidable trabajo en cristalografía de rayos X del ADN dio la clave final a James Watson y Francis Crick para la publicación del fundamental trabajo en Nature, cuyo 50º aniversario celebramos hoy, y de cuya coautoría fue despojada inmerecidamente.
Nacida en Londres en 1920, cursó estudios en Cambridge. Con mente brillante y capacidad de trabajo, entre los 22 y 26 años publicó cinco manuscritos de gran impacto sobre estructura del carbón.
En 1950 es invitada por John Randall del King´s College de Londres para que "...investigue la estructura de ciertas fibras biológicas... de tal forma que los esfuerzos en rayos X serán de su exclusiva responsabilidad...". Maurice Wilkins, segundo al mando, pensó que adquiría un técnico superior, malentendido que generó una fricción permanente entre ambos.
Franklin publicó cinco trabajos sobre ADN, probando que existe en dos formas. Una de sus fotografías de rayos X (la 51), de altísima calidad, revela el patrón cruciforme de una molécula helicoidal. En enero de 1953, Wilkins, motivado por su predisposición en contra de Rosalind (la llamaba "nuestra tenebrosa señora") y por su deseo insatisfecho de participar con Watson y Crick, sin autorización mostró a Watson la espectacular fotografía del ADN tomada por Franklin. Watson y Crick también conocieron un informe de Rosalind al Gobierno inglés, con datos experimentales inéditos y un borrador de Linus Pauling sobre el tema. Así, con información inédita ajena, completan su manuscrito a Nature. Por su parte, Rosalind concluye la naturaleza helicoidal del ADN y termina su manuscrito el 17 de marzo. Al día siguiente, un editor de Nature le informa que Watson y Crick habían resuelto la estructura del ADN, y la invita a contribuir con un artículo complementario. Las publicaciones aparecieron el 25 de abril de 1953. En la de Watson y Crick sólo hay un agradecimiento "...a los conocimientos de naturaleza general de resultados experimentales inéditos e ideas de M. Wilkins, R. Franklin y sus colaboradores en King´s College".
En 1962, cuatro años después de la prematura muerte de Franklin a los 38 años, el premio Nóbel de Medicina fue otorgado a Crick, Watson y Wilkins. De la lectura de las tres conferencias dictadas en esa ocasión, nadie podría deducir que Franklin contribuyó a su triunfo. En ellas hay 98 referencias, ninguna de Rosalind. En 1968, Watson escribió La doble hélice, donde narra sus vivencias del ADN bajo un prisma personal. El manuscrito levantó tal polvareda que la editorial universitaria comprometida a publicarlo declinó hacerlo. Múltiples quejas obligaron a Watson a suavizar los retratos descalificadores de sus colegas... todos menos el de Rosalind, que no podía ya reclamar. Fiel a su predicamento, Watson dijo: "Lo más importante en ciencia es obtener la respuesta, no mostrar que uno ha hecho el trabajo por sí mismo..." A la larga, su admisión de que habían violado los códigos éticos científicos al usar datos de Rosalind Franklin sin su conocimiento, empañó los indudables logros de Watson y Crick, a la vez que convirtió a Rosalind en la santa mártir de las feministas y las mujeres científicas.
Como epílogo irónico, King´s College dedicó uno de sus edificios (el Franklin-Wilkins) conjuntamente a ella y a su pugnaz colega, perpetuando así una relación rechazada por ambos.
Gioconda Cunto de San Blas .
Jefe del Laboratorio de Micología, IVIC; Presidenta de la Asociación Venezolana de Micología.











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