Revista de la Sociedad Venezolana de Microbiología
versión impresa ISSN 1315-2556
Rev. Soc. Ven. Microbiol. vol.35 no.2 Caracas dic. 2015
Venezuela país de contradicciones
II. Avances y retrocesos en la segunda mitad del siglo XX
En la década de los noventa, los becarios regresaban porque tenían la ilusión de contribuir, con los conocimientos adquiridos, a mejorar a docencia superior, abrir nuevos espacios para la investigación o a desempeñarse como empresarios o gerentes de la industria con perspectivas de desarrollo.
Claudio Bifano, 2010
Al finalizar la segunda guerra mundial Venezuela se encuentra en una posición económica privilegiada. La creciente demanda petrolera genera ingresos nunca antes vistos y la sociedad comienza a disfrutar de mejores condiciones de vida. Atrás queda la tradición de caudillos rurales y se inicia una transición hacia un estado democrático que se vio truncada por un golpe de Estado (1948). Se instaura una dictadura militar felizmente derrocada en enero de 1958.
Sin darnos cuenta perdimos la vocación de país agrícola exportador para convertirnos, de manera irreversible, en uno de economía importadora dependiente de las fluctuaciones del precio del petróleo en el mercado internacional.
La bonanza de los años cincuenta nos presenta como una Tierra de Gracia para migrantes de Europa y otras regiones afectadas por el conflicto bélico. En el campo de la ciencia Venezuela acoge a investigadores que participan en la creación de instituciones clave para el desarrollo como: la Sociedad Venezolana de Microbiología (1953), la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia, la fundación del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (1954), transformado en tiempos de democracia en Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (1958). Se crean la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad de Oriente (1958) y el instituto Oceanográfico (1959). Esta corriente migratoria de sentido positivo forma, junto a destacados investigadores venezolanos, la generación promotora del proceso de profesionalización y formación de la comunidad científica nacional.
A partir de la creación de los Consejos de Desarrollo Científico y Humanístico en las universidades nacionales (1958), y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (1969) como órgano rector de las actividades de ciencia y tecnología, con recursos suficientes para financiar proyectos y el fortalecimiento de centros de investigación y desarrollo tecnológico, se pone en marcha un programa nacional de becas destinado a completar la formación académica de jóvenes venezolanos y extranjeros residentes, en prestigiosas universidades de Europa y Estados Unidos. En menos de una década se forma un apreciable contingente de jóvenes investigadores que regresa al país para honrar el compromiso de establecer nuevas cátedras y fundar laboratorios en las universidades e institutos de investigación y desarrollo de los recientemente creados. Este grupo conforma la generación de los pioneros, a partir de la cual se inicia la consolidación de una robusta y productiva comunidad científica nacional, con niveles de producción científica cercanos a los de los países más avanzados de la región.
En tiempos de auge económico el Estado sigue apostando a la formación de capital humano en el exterior. Destaca, entre otros, la creación del programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho (1974) que, con aciertos y no pocos desaciertos, contribuyó al desarrollo del país.
La nacionalización de la industria petrolera (1975), y junto a ella la creación del Instituto Venezolano de Tecnología para el Petróleo (INTEVEP) garantizaba no solo la independencia administrativa sino tecnológica de la industria. El futuro parecía estar bien asegurado.
El país estaba construyendo las instituciones y contaba con profesionales calificados para asumir los retos planteados en la búsqueda del progreso, todo en medio de reclamos de más y mejor educación, salud y seguridad alimentaria, preservando las libertades y progreso social.
Pero, de nuevo, la dependencia del petróleo, el desorden en la administración pública y la corrupción, entre otros factores desencadenan una profunda crisis con efectos devastadores en el ámbito político y social.
Vidal Rodríguez Lemoine











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