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Utopìa y Praxis Latinoamericana

versión impresa ISSN 1315-5216

Utopìa y Praxis Latinoamericana v.12 n.39 Maracaibo dic. 2007

 

Presentación 

Álvaro B. Márquez-Fernández 

En reconocimiento a Franz Hinkelammert: un hombre cuya praxis filosófica, teológica y económica, se identifica en el reconocimiento del otro como sujeto vivo, libre y autónomo. 

Se propone Kevin M. Brien en su estudio “Marx’s Dialectical-Empirical Method of Explanation” una ampliación y reevaluación de los aspectos metodológicos y filosóficos de la concepción que sostuvo Marx en varias de sus principales obras (p. ej. El capital), de la Dialéctica. Se revisa con sumo cuidado la genealogía marxista de esta categoría entendida en sus dos momentos: ideal y material, real y abstracto, concreto real y concreto de pensamiento. Se presupone una relación interna de la dialéctica en ambos sentidos; es más, en su esfera externa, el movimiento dialéctico se corresponde ontológicamente con un orden del pensamiento que le es implícito en su universalidad real y concreta. No se puede prescindir de una u otra esfera de interrelación que le sirve de complemento y correlato, ya que se trata de una dialéctica del conocimiento material (social), de la realidad del modo de producción capitalista. La originalidad del análisis del Prof. Brien, está en destacar, a su modo de ver, el rango empírico que es constituyente del pensamiento y del método dialéctico, comprendido como un sistema de niveles (dialéctica jerárquica) y de redes que interactúan para explicar lo concreto como un sistema complejo. Esto supondría, la superación definitiva de las erróneas tesis que consideran la dialéctica como una totalidad cerrada y absoluta. 

Los nuevos fenómenos de la posmodernidad, interpretados desde la globalización, la tecno-ciencia, la sociedad del conocimiento, la mercancía y el consumo, la comunicación telemática, la reificación de la imagen y la banalidad de los rituales, han generado, a juicio de Jesús Martín-Barbero, “La desencantada experiencia del intelectual contemporáneo”. El principal “medio” de descomposición cultural y popular, es la televisión. Un instrumento “comunicativo” que ha desplazado cualquier otro “medio” de comunicación y de aprendizaje. Logra colonizar sin treguas ni pausas cualquier tipo de resistencia cultural. Las coerciones simbólicas de los medios del mundo audiovisual, desterritorializan la relación de la lengua y su Historia, también las tramas imaginarias del texto con la escritura siempre presente en la indagación hermenéutica que porta el libro. Frente al dominio de la imagen, el intelectual prefiere el exilio de la palabra a las nuevas formas de saber y de sentir a través de la “visualidad” cultural y tecnológica. Los saberes se han descentrado (no están ni en los libros ni en las escuelas), están des-localizados y des-temporalizados (escapan de los lugares y los tiempos legitimados socialmente para el aprendizaje), el desconcierto del intelectual clásico lo causa el abismo de una sociedad hiperracional que apuesta a la informática y a la cibernética como nuevos elementos de relacionalidad existencial. Sin embargo, las tendencias de la cultura del “ser digital” aparta y segrega al hombre de la política en cuanto genuino espacio de su realización. Todo pierde sentido y se disemina, porque al desaparecer los espacios de encuentros humanizados, se crean los vacíos… las dudas. 

Considera Zulay C. Díaz Montiel que los principales desafíos y problemas de las sociedades modernas, están situados en el campo de las prácticas (y tecnologías) comunicativas. Esto significa que la interlocución de los principales actores sociales deben ser intesubjetivas y discursivas, si se desea lograr verdaderos consensos racionales, éticos y morales. En su artículo, “J. Habermas: Lenguaje y diálogo, el rol del entendimiento intersubjetivo en la sociedad moderna”, nos señala que la nueva esfera pública requiere de estas interacciones comunicativas para que surjan las soluciones a la mayoría de los conflictos sociales. Las competencias comunicativas de la ciudadanía deben estar proyectadas al diálogo con los otros. La “fuerza del mejor argumento” y la voluntad de “cooperación” deben crear las condiciones para que la argumentación racional del discurso práctico permita crear esa alianza solidaria donde los intereses deben deliberarse de acuerdo a los fines que la ciudadanía, en su conjunto, persigue como válidos y compatibles con la justicia y la equidad. Intersubjetivamente entre hablantes y oyentes se genera una recomposición del mundo de vida que le sirve de contexto, donde los procesos de comprensión entre unos y otros serán cumplidos por medio de normas o pretensiones de “inteligibilidad, verdad, veracidad y rectitud”, con el propósito de formar parte en la construcción de la racionalidad comunicativa que requiere la política. 

La sociedad ciberespacial propicia nuevas formas de construcción y producción de conocimientos que requieren, por parte de sus actores, nuevas pragmáticas comunicativas y categorías cognitivas cada vez más relacionadas con la utilización de complejos modelos tecnológicos para la interacción humanística y científica. Esta experiencia transforma significativamente nuestra concepción de la realidad: es lo que señalan Johann Pirela Morillo y Leisie Montiel Spluga al estudiar “La acción comunicativa-cognitiva y el proceso de construcción de la arquitectura mental en la cibersociedad”, como un campo donde el quehacer de las nuevas estrategias de la racionalidad comunicativa está comprometido con el desarrollo de procesos de aprendizajes tecno-informáticos y la inteligencia investigativa. Otro orden de conceptos y valores, criterios y opiniones, se deben desarrollar política y filosóficamente para comprender el sentido de una cibersociedad en emergencia. La metáfora de considerar el desarrollo de la mente como un modelo arquitectónico, supondría una construcción del conocimiento en sistemas (formales o no formales de aprendizaje), mucho más abiertos y transdisciplinares. Siguiendo las tesis de Habermas y de Mithen, los autores explican por qué las nuevas pragmáticas cognitivas permiten el despliegue de diversas formas de inteligencias, en especial las que tienen su origen en la técnica, la lingüística, la social y la historia natural. La catedral de saberes que se levanta en el s.XXI, gracias a las tecnologías digitales, está reorientando nuestra percepción, representación y simbolización de la cultura de la historia humana. 

Alex Pienknagura, nos introduce en una interpretación de Hegel que se pudiera considerar desmitificadora. “Algunas reflexiones en torno a la actualidad de la dialéctica hegeliana”, es un artículo que justifica la importancia de la dialéctica hegeliana para “comprender el presente”, más allá de cualquier postura doctrinaria o sesgada. Pasa revista a un Hegel para quien la dialéctica es una forma de pensamiento capaz de explicar el progreso del hombre hacia la realización plena de una identidad diferenciada entre sujeto y sustancia; además, de una “eticidad centrada en el reconocimiento intersubjetivo”, entre otras condiciones necesarias de la acción política, social y económica que debe desplegar el ser humano a fin de poder cristalizar el sentido de la Historia como fin(alidad) del ser, de la conciencia y de la libertad. El propio autor hace énfasis en que su análisis de la “dialéctica como escritura” es pertinente, pues intenta desmontar la insuficiencia de entender la dialéctica únicamente como concepto, pues se trata de todo un desarrollo histórico del autorreconocimiento y la autoconciencia del ser en la construcción de la libertad a través de los tres estados del Espíritu. La Historia demostrará este desarrollo del hombre hacia su propia transformación, advirtiendo que todas las relaciones están entretejidas, lo que deberá impedir su cosificación pues tienden al devenir. 

La búsqueda del sí se logra a través del cuidado de sí. Se requiere explorar esa vida del cuidado del sí, desde el valor de la verdad (parresía) como coraje para hablar, decir, la verdad. Jorge Dávila recorre parte del itinerario filosófico que con tanta lucidez expone Foucault en sus cursos de los años 1982-1984 en el Colegio de Francia, sobre el conocimiento de la verdad y la verdad sobre sí mismo. “Michel Foucault: ética de la palabra y vida académica”, es un artículo donde se presenta la indiscutible importancia de la verdad para la vida y la política. Sobre todo la relación subjetiva de la verdad con quien se expresa frente a los otros. Es una relación imbricada entre el pensar, el hacer y el decir lo que le confiere a la práctica de decir la verdad, su valor, su consistencia. Es un proceso que despierta el coraje de vivir con la verdad como principio de una vida bella. La lección de Foucault trasciende la historia griega hasta la actualidad, al hacer de la verdad una ética de la palabra. Para obtener ese logro se requiere que cada quien se transforme en un “maître de vie”, a la manera como Foucault sintió y vivió su propia reflexión. El deseo por la búsqueda de la verdad, lo convierte en un sabio que aprende para enseñar con el ejemplo…. 

Para Migdalia Pineda de Alcázar, la hegemonía de la modernidad capitalista se centra en el desarrollo de la ciencia considerada como racionalidad instrumental. Es decir, la dirección de la ciencia está al servicio del mercado y del consumo dentro de un concepto de “cultura de masas”, donde los medios de comunicación recrean ideológicamente los poderes reificantes de la política. En su artículo “El pensamiento teórico y crítico en tiempos de complejidad e incertidumbre en las Ciencias de la Comunicación”, expone que en un proyecto de Modernidad basado en la explotación económica y simbólica, rápidamente se acentúan las crisis de representatividad y legitimidad de las instituciones pues el agotamiento psico-social del consumidor genera un desencantamiento y/o desesperanza ontológica acerca de la felicidad y la libertad. La conversión del sujeto (humano) en objeto (mercancía), resulta una contradicción para la racionalidad dialéctica, posmoderna y compleja. La crítica se plantea en términos deconstructivos: única posibilidad de superar la lógica reductora de la Modernidad y su filosofía del progreso unívoco y lineal. No parece haber otra posibilidad para la recuperación existencial del sujeto y la fractura del paradigma del positivismo científico. Desde la posmodernidad y la complejidad, se aboga por otro pensar y razonar de experiencias más sensibles, intuitivas, intersubjetivas, virtuales, globales, caóticas, inciertas, que dotan de otros sentidos a las tecnologías y a las comunicaciones pues el mundo se está reformulando desde acciones comunicativas en sistemas de redes. 

 “Gianni Vattimo, el último comunista”, es un interesante análisis que Daniel Mariano Leiro realiza sobre el libro más reciente del filósofo de Turín, “Ecce Comu”. Es evidente la resistencia de Vattimo a considerar que se pueda seguir entendiendo el sistema (depredador) capitalista de producción (irracional) y de consumismo, como el modelo humanista de realización del proyecto científico de la Modernidad. En absoluto, acentúa su crítica en la ineficacia y la autodestrucción de este tipo de economía a nivel planetario. Por otra parte, no se puede desmentir que la crisis del “socialismo real” por exceso de estatismo, desconfigura el proyecto de una auténtica democracia popular y social. Sin embargo, las acciones políticas y disidentes de Vattimo, abarcan ambas posturas. Sin dejar de aceptar que, en efecto, la búsqueda por un genuino socialismo debe tener presente la crítica para fundar los acuerdos y ampliar en su libertad las discusiones, afirma que lo importante no son los hechos en si mismos sino las interpretaciones. Precisamente, a su parecer, los nuevos aires de la revolución y del socialismo parecen venir del Tercer Mundo y de África. Esto replantea otros escenarios para las luchas, muy diferentes a los caracterizados en la literatura política marxista, que les permita a las mayorías (masas) explotadas (sufrientes) cada vez más heterogéneas y anárquicas, entrar en el sistema y minar los espacios de la democracia formal con estrategias de conflictividad que poco a poco le resten capacidad de respuesta y absorción al status quo. No es una adaptación del comunismo ni del pensamiento de izquierda a los cambios que promueve la Modernidad, es otra génesis del comunismo según las nuevas relaciones sociales que impone la sociedad tardomoderna, donde, sin los adoctrinamientos del pasado, las nuevas conciencias sociales formadas al calor de otros intereses y representaciones ideológicas evitan la homogeneidad mítica y la unificación de clases, y procuran gestar movimientos menos sectorizados con capacidad para disentir en la pluralidad democrática. Las tendencias serán superar el modelo de los “soviets” y las propuestas neoliberales de la economía de mercado. Se requiere de una” racionalidad hermenéutica no-metafífica” que permita recuperar el socialismo para la convivencia social entre todos.