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Tiempo y Espacio

versión impresa ISSN 1315-9496

Tiempo y Espacio v.18 n.49 Caracas jun. 2008

 

Suarez Figueroa, Naudy (2006). Punto fi jo y otros puntos, los grandes acuerdos políticos de 1958. Caracas, Fundación Bentacourt, 89 pp.

Miguel Prepo

UCAB.

Punto fijo y otros puntos, los grandes acuerdos políticos de 1958 es el libro más reciente de Naudy Suárez Figueroa en torno a un tema que ya le es habitual: la construcción de la democracia en una nación dominada por aspiraciones militaristas. En esta ocación, su objetivo es indagar las formas de invocar a la política y para ello nos recuerda las formas en se ha presentado, se refiere naturalmente a la concertación y el enfrentamiento.

El libro esta estructurado en tres grandes bloques. El primero presenta el pacto de punto fijo como la pieza maestra de los acuerdos políticos que se cristaliza en 1958, el mismo es aceptado universalmente como el punto de partida en la búsqueda de una democracia sostenible, este pacto germinó gracias a conversaciones que dieron pie a conformación en Venezuela, una política orientada a la búsqueda de la concertación.

En este primer bloque, el autor dibuja el origen del Pacto de Punto Fijo como el resultado de la conjugación de fuerzas políticas que emergen a raíz de la unión cívico-militar que se consolida el 23 de enero de 1958, esta unión parte de elementos nacionales, ideológicos, internacionales y personales.

El Pacto de Punto Fijo en un primer momento es visto por loa actores políticos como un mecanismo de estabilidad y pacificación. Luego del perezjimenismo, la prioridad para los actores políticos era la legitimación de la democracia y la estabilidad política. Si a los inicios de la democracia, la amenaza venía de los sectores conservadores que venían con poco agrado el ascenso de AD, la fragilidad de la experiencia democrática que se vivió en el Trienio Adeco y la Revolución Cubana junto a la insurrección armada, colocó a los partidos políticos venezolanos frente al reto de lograr, antes que cualquier cosa, un acuerdo para estabilizar la democracia. El aprendizaje del Trienio era que la conducción sectaria y el enfrentamiento con los sectores conservadores no era la vía para la estabilidad; todo lo contrario, era la fórmula para generar el clima perfecto para la aparición de la figura militarista.

En el segundo bloque el autor analiza minuciosa la creación de un instrumento de respaldo para el nuevo acuerdo nacional, ya que en un primer momento el pacto de punto fijo no se podía sostener por si solo, esta piedra angular va a ser conocida como el Programa Mínimo de Gobierno, que aunque su nombre revele un tono insignificante en realidad.

El punto de partida de estas reflexiones que lleva a cabo el autor, nos deja en claro que el proceso evolutivo del programa mínimo conjunto de Gobierno, comienza con una crítica al sistema perejimenista, una elaboración de raíz positivista, que había presentado sus primeras formas durante el gomecismo y el posgomecismo, el Nuevo Ideal Nacional otorga un peso determinante a los condicionantes de la doctrina positivista, lo cual explica el nivel de atraso de una sociedad. Dentro de este proceso, la imposición del orden y una disciplina social que dirigieran los cambios era importante. Sin embargo, los logros en materia de desarrollo no eran tantos como pregonaba el gobierno de Pérez Jiménez. Si bien había un ingreso per cápita comparable al de algunos países industrializados de Europa, las disparidades entre la población en materia de ingreso, los niveles de consumo y analfabetismo eran propios de un país subdesarrollado. Las campañas de salud no lograron erradicar las enfermedades, especialmente en el medio rural. La baja productividad del sector agro, el crecimiento urbano y las oportunidades de trabajo como mano de obra obrera significaron un aumento de la migración a la ciudad y con ello, el aumento de las zonas marginales.

El programa mínimo común que se obtiene de este pacto contempla en sus aspectos sociales el mejoramiento de las condiciones educativas y sanitarias de la población a través del apoyo financiero del Estado, con miras a establecer un mínimo de condiciones igualitarias entre la población.

En particular, este programa contempla: protección a la madre y el niño, política de vivienda para las poblaciones urbanas y rurales, campaña contra el rancho, lucha contra el desempleo, reforma de la Ley del Trabajo, analizar la posibilidad de implementar un salario familiar, reorganización del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, fomento de la educación popular, erradicación del analfabetismo y dignificación del magisterio.

Este segundo bloque culmina con la idea sobre la participación del pueblo como garante de los ofrecimientos elaborados por los partidos políticos, que parte de la reconciliación de la derecha e izquierda venezolana. El programa democrático de 1958 está consciente de las necesidades sociales de la población en cuanto a bienestar social. La intención entonces es hacerla partícipe de los beneficios que genera la renta petrolera. Por otro lado, dentro de sus convicciones democráticas existe la idea de que el pueblo debía contar con un mínimo de calidad de vida para el ejercicio de la democracia, no estrictamente en el sentido material, sino también en materias como salud y participación. La ultima etapa de la obra, es en sí mismo la legitimación del proceso, el autor destaca que el proceso obtenido a través de dos pactos claves para la búsqueda de un sistema democrático perdurable, había que otorgarle autoridad jurídica y esto se logro a través de la implementación de la Constitución de 1961, uno de los aspectos vitales de esta carta magna era la búsqueda de eliminar los rastros de la dictadura de Marco Pérez Jiménez.

El aumento de las necesidades sociales diferidas y la ausencia de canales de participación social y política, eran las principales emergencias sociales de la nueva democracia: la primera, se resolvía por la acción del Estado, y la segunda, por la acción de los partidos. Los lineamientos del consenso y el rechazo al confl icto, así como las propuestas en materia social quedaron refl ejados en la Constitución de 1961. Con esta Constitución se retoma en parte el Estado social que había sido diseñado en la Constitución de 1947.

La dinámica política era bien conocida por los partidos quienes han construido, sobre la noción de pueblo que ellos tienen, su base de acción política y electoral. Es a partir de esta capacidad de acción que los partidos montan sus bases sobre espacios asociativos de la sociedad civil, lo cual venían haciendo desde hace un par de décadas.

En este sentido hay que tomar en cuenta que luego de años de represión y control político, la sociedad civil no había logrado la capacidad y madurez sufi ciente para activar el derecho a la participación política que la democracia requiere para su fortalecimiento. Pero, por otro lado, los partidos requerían de esta activación de la participación ciudadana para ejecutar y diseñar su agenda de acción política y, de paso, establecer su base electoral. Siendo los partidos quienes tenían esa necesidad y la capacidad de hacerla realidad, se construye de esta manera una red organizacional que le dará vida a la participación política de la sociedad civil venezolana.

El punto de partida de esta búsqueda del consenso y rechazo al confl icto es la fi rma del Pacto de Punto Fijo en 1958, para esto los candidatos presidenciales acuerdan el respeto de los resultados electorales y el reconocimiento del nuevo gobierno. Dentro de la lógica de generación del consenso el programa suavizaba asperezas que habían creado confl ictos durante el trienio, dejando claro el respeto al orden capitalista y la búsqueda de canales para el ascenso social de las masas.

El autor realiza un esfuerzo para mantener el trabajo en su tiempo y espacio histórico, es decir, describir y analizar los hechos sin dejarse contaminar de una manera inmediata por el acontecer nacional, que de una forma u otra, nos conlleva a tomar posiciones poco éticas en el mundo de la Historia.