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Tiempo y Espacio

versión impresa ISSN 1315-9496

Tiempo y Espacio v.19 n.51 Caracas jun. 2009

 

PRESENTACIÓN

La construcción de los Estados-nación modernos lograron alcanzar su mayor realización allí en donde convergieron un conjunto de elementos de diversa índole social, política, económica y cultural que le dieron fisonomía. En los últimos años historiadores, sociólogos y antropólogos han volcado su mirada, análisis y estudios en torno a esta expresión de la modernidad occidental. Históricamente, el Estado-nación se ha definido de acuerdo con la conformación de un mercado interno, una alianza de clases de corte liberal burgués y el afianzamiento de su representación por la vía narrativa. Sin embargo, la percepción que adquirió con la visión triunfante de la modernidad no ha sido lo que en la praxis se ha podido constatar acerca de su desarrollo. Esto porque se la creyó con posibilidades de un desenvolvimiento equidistante, simétrico y de unicidad.

Bajo el influjo globalizador las naciones han mostrado su carácter irregular, asimétrico y desigual, lo que desdice las pretensiones decimonónicas de organización homogéneas. Además de los elementos mencionados, la estructuración nacional ha requerido de otros desarrollos con los cuales hacer viables los intercambios y circulación de bienes y personas a lo largo y ancho del territorio que ocupan. Por esta razón la necesidad de construir vías de comunicación se ha convertido en uno de los imperativos de los proyectos conectados con el desarrollo y progreso de las naciones. Esta exigencia no fue potestad únicamente del período conocido como de la modernización latinoamericana, desde los inicios republicanos sus adalides se la jugaron, en un principio, con la idea de la confederación de naciones como la archiconocida Gran Colombia o la Confederación centroamericana las que, entre otras razones, debieron su fracaso a las dificultades para la comunicación con las ciudades capitales.

Durante el período colonial no hubo una política consistente respecto a la construcción de vías y caminos, que contribuyeran a un mayor intercambio al interior de Virreinatos, Capitanías e Intendencias porque se privilegió el comercio marítimo con dirección hacia la metrópoli. La búsqueda por estructurar nuevos espacios territoriales compelió la necesidad de abrir nuevas vías de comunicación, a las que se agregaría, en el último tercio del siglo XIX, la de los ferrocarriles. Durante el siglo XX esta política ferrocarrilera pasó a segundo plano en virtud del privilegio otorgado a las empresas automovilísticas. Adicionalmente, en lo que va del siglo XXI la política de líneas férreas se ha retomado con nuevos bríos en la medida que se le tiene como propulsora del desarrollo nacional, al igual como potenciadora de las inéditas disposiciones de integración regional que se vienen instrumentando desde Suramérica.

A medida que el movimiento demográfico se ha acentuado, también la presión por cimentar nuevas vías de comunicación se han venido presentando en la Venezuela moderna. Lo relacionado con las vías de comunicación, desde los inicios nacionales, sirve de abreboca para esta nueva edición de la revista Tiempo y Espacio. Reflexiones y estudios que vienen acompañados de una disertación alrededor de los primeros pasos del alumbrado público en Venezuela, así como la importancia de este acometimiento para la Venezuela republicana.

Confluyen en esta edición otros estudios de gran valía historiográfica como el relacionado con el discurso político entre 1936 y 1973. De igual manera, trabajos cuyo norte se focaliza en la epistemología y el arte como síntesis conceptual nos muestra las amplias posibilidades con las que hoy se encuentran investidas las ciencias sociales. Quizá, lo de mayor relevancia sean las proposiciones en torno a la unificación de la ciencia cuya segmentación, a partir del siglo XIX, impide la cristalización de una mirada compleja del devenir. Sirvan estas líneas para invitar al debate, al análisis y a las nuevas propuestas en el ámbito de las ciencias sociales, disposiciones estas que nos permitirían visualizar nuevos problemas soslayados por percepciones epistemológicas y conceptuales encerradas en el pensar ingenuo y simple, el de los determinantes, las unicidades y la determinación absoluta.

Jorge Bracho

José Alberto Olivar