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versión impresa ISSN 1315-9496
Tiempo y Espacio vol.26 no.65 Caracas jun. 2016
De la aldea a América: Apuntes sobre la emigración gallega a Venezuela
From the village to America: Notes on the galician migration to Venezuela
María del Pilar González Fernández
Antropóloga. Doctora en Ciencias Sociales. Profesora de la Escuela de Antropología y del Doctorado en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela (FaCES-UCV). Línea de investigación: Cultura, identidad y migraciones. E-mail: maripili01@gmail.com
Resumen: La emigración gallega ha sido una de las migraciones europeas más importantes que ha venido a la América Latina, especialmente a Argentina y Venezuela, durante la década del cincuenta del siglo XX. En el presente trabajo se hace una revisión de la diáspora gallega hacia nuestro país destacando algunos aspectos vivenciales de ese periplo migratorio: la difícil situación de emigrar; el largo y penoso viaje; la llegada; las primeras impresiones y las formas de articulación en el país receptor. Todo ello bajo la urdiembre de las redes sociales que dan forma y sentido a los movimientos migratorios.
Palabras clave: Galicia, galleguidad, ciclos migratorios, espacios de articulación, morriña.
Abstract: Galician emigration has been one of the most important migrations from Europe to Latin America, especially to Argentina and Venezuela, during the decade of the fifties of the twentieth century. In this work, a review of the Galician diaspora in our country is made, highlighting some vivential aspects of the migratory journey: the plight of emigrating; the long and painful journey, the arrival; first impression and forms of articulation in the host country. All under the warp of social networks that give shape and meaning, to migratory movements.
Keyword: Galicia, galleguidad, migratory cycles, joint spaces, homesickness.
Recibido: 02/09/2015
Aprobado: 20/01/2016
É un tópico decir que non hai galego sin
familiar ou coñecido na emigración1
Gabriel Álvarez Silvar
El estudio de las migraciones como área temática de la antropología, es un tema que durante muchos años rondaba en mi cabeza incluso desde los estudios de pregrado- y que no me había atrevido a investigar, probablemente por mi propia condición de inmigrante, y por las implicaciones personales, intelectuales y analíticas que podía acarrear el abordaje de un tema tan cercano. Sin embargo, a lo largo de mi carrera docente, y de mi continua formación como antropóloga fui moldeando diversas incursiones sobre los estudios de grupos de inmigrantes en Venezuela. Finalmente con el ingreso al Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), logré plasmar la idea que se venía fraguando tiempo atrás, y en el año 2005 culminé la investigación sobre las migraciones de españoles a Venezuela, en específico de los oriundos de la región de Galicia, cuyo resultado fue la redacción y presentación de la tesis doctoral titulada Lo vivido en su hondura: migraciones y cotidianidad. Presencia de inmigrantes gallegos en Venezuela. El interés central del estudio fue conocer acerca de los avatares vividos por los emigrantes desde su decisión de emigrar, su inserción en el país receptor, su adaptación y los posibles procesos de aculturación y transculturación, igualmente, indagar sobre sus expectativas, sus sueños y sus realidades, en el afán de buscar y conseguir un mejor porvenir para ellos y sus familias, huyendo de un país postrado por la posguerra y de una región más empobrecida que de costumbre.
La investigación se abordó a partir de los métodos etnográfico y biográfico (en este caso relatos de vida), en el interés de destacar la relación entre historia y biografía, y en el entendido de que los movimientos de personas o grupos que involucran cambios relativamente permanentes desde sus lugares de residencia habitual hacia países o regiones lejanas y desconocidas, suponen rupturas, crisis, riesgos, angustias y, lógicamente, incertidumbres. Quisimos entonces, hacer el recorrido de la migración a partir de las experiencias vividas por un grupo de inmigrantes gallegos que, en los años cincuenta, se arriesgaron a dar el salto trasatlántico muchas veces a raíz de los intercambios epistolares con vecinos, amigos y familiares, quienes con anterioridad, lo habían dado, y ya residenciados en Venezuela enviaban noticias sobre su vida en estas tierras. En el caso de este artículo y no pudiendo por los límites del mismo hacer el recorrido global de los procesos vividos por estos emigrantes, expondremos los siguientes aspectos: una sucinta revisión de la diáspora gallega; lo relativo a la decisión de emigrar; el viaje; la llegada y primeras impresiones, y las formas de articulación en el país receptor, todo ello bajo la urdimbre de las redes sociales que dan forma y sentido a los movimientos migratorios.
La revisión de las fuentes y el contacto directo con las personas que se convirtieron en nuestros informantes, nos hizo detectar de entrada que la emigración es parte esencial de la historia de Galicia y por ende de los múltiples países, sobretodo, latinoamericanos y europeos, que se convirtieron en sus destinos emigratorios, y, además, es un suceso que siempre está presente en las vivencias cotidianas y en las narrativas de todos los gallegos según su posición en el acontecer migratorio, es decir, como actores de los procesos emigratorios o en su condición de no emigrantes. De esto dan cuenta las palabras del sociólogo Gabriel Álvarez Silvar, con las que iniciamos en forma de epígrafe este artículo, y que recogen el sentimiento, el conocimiento popular, la historia y las genealogías de la mayoría de las familias gallegas, en las cuales algún miembro, amigo o vecino emprendió los caminos del éxodo.
Mientras los gallegos reviven y refieren constantemente las experiencias migratorias, la emigración también supone el relato de la propia región de Galicia fundado sobre los cambios operados en ella a partir por ejemplo de las remesas enviadas por los emigrantes que devinieron en el proceso de urbanización de muchas ciudades gallegas, y, también, por el regreso de emigrantes que anteriormente trabajaron en ciudades como Buenos Aires, Zurich, Berna, Londres, Sao Paulo, Caracas, Montevideo. Así, en muchas ciudades y pueblos gallegos se rememora la emigración en los nombres de los locales que recuerdan el lugar donde vivieron durante varias décadas sus dueños, en Tendas de roupa, zapaterías, obradoiros mecánicos, perruquerías, e, sobre todo, bares, cafeterías e churrasquerías. E innegable que o feito migratorio forma parte de vida cotián en Galicia. Pálpase.2 (Álvarez, 2001: 11). Al igual que se designan calles y avenidas con el nombre de Venezuela o Buenos Aires. Asimismo, en las sociedades receptoras se halla una toponimia que remite a los lugares de procedencia de los fundadores de establecimientos y constructores de edificios.
Este ir y venir entre Galicia y sus múltiples rumbos emigratorios ha hecho que el sociólogo Fermín Bouza señale que la emigración convirtió a Galicia en el lugar más cosmopolita de España, e indica que En la aldea más remota hay una proximidad y una memoria hacia La Habana, Buenos Aires, Nueva York, Río de Janeiro o el Lejano Oriente que no se tiene hacia Madrid, que está lejísimo (El Nacional, 19-06-2005: 22). También, Gonzalo Torrente Ballester al hablar sobre el tema de la emigración gallega dice que fue y es tan importante que los niños gallegos, hasta no hace relativamente mucho tiempo, oían hablar de La Habana, de Buenos Aires y de Montevideo antes que de Madrid (citado en Touriñán, 2002: 2), o como señala el periodista Manuel Rivas Oí a un campesino describir así el destino de dos de sus hijos, emigrantes: «uno anda cerca, por Buenos Aires; el otro, lejos, en un sitio muy raro, Francfort o algo así» (El País, 14-10-2001: 3). Estas afirmaciones evidencian la amplitud de la diáspora gallega y su influencia sobre Galicia, pero sobretodo, trastocan la noción de cercanía espacial ligada más que a la distancia física a las relaciones sociales y familiares que se estructuran con los países de recepción americanos.
Transponer las fronteras españolas, dejar atrás el país para establecerse, en este caso en Venezuela, con la esperanza de echar raíces y alcanzar cierta permanencia, fue una decisión que superó los límites de la aventura. Eso requirió audacia, sacrificio, y determinación. Para hacer el viaje no hubo entrenamiento previo, ni inducción, a pesar de que, hablar de emigración en Galicia, era como una suerte de santo y seña en el acontecer cotidiano en lugares como La Coruña, Orense, Pontevedra o Lugo. No obstante, a pesar de toda esa experiencia acumulada, emigrar desde Galicia, como también desde otras regiones de España, o de Europa, siempre representó para los emigrantes una crisis de expatriación, un duelo, una ruptura del cordón umbilical que los ataba a los territorios de pertenencia.
Para conocer, entonces, algunos de los destinos emigratorios mostraremos a los lectores, en el siguiente apartado, una breve visión de la diáspora gallega.
I.- La diáspora gallega: los ciclos emigratorios
Los movimientos migratorios gallegos, de acuerdo con el historiador Carlos Sixirei Paredes (1988), se pueden documentar desde la Alta Edad Media, en principio con rumbo a tierras lusitanas, cercanas al sur de Galicia, de igual modo a León y Castilla. También hacia el sur se dirigieron estas corrientes migratorias, se afirma que hubo gallegos en la conquista de Sevilla, y que éstos permanecieron en dominios andaluces gracias a la entrega de tierras y casas por Fernando III. Entre las causas centrales de la emigración gallega en los siglos XIII, XIV, XV y XVI, los historiadores coinciden en señalar que se debieron a la limitada capacidad económica y a la estructura social del sistema feudal así como, al crecimiento demográfico de la población, lo que se tradujo en la salida de un gran número de campesinos hacia otras tierras.
En cuanto a su presencia en América Lino Gómez Canedo (1991) y Carlos Sixirei Paredes (1995) coinciden en que para los siglos XV y XVI no fue masiva, sin embargo, mencionan personajes de importancia como gobernadores, oidores corregidores, comerciantes y médicos. La poca presencia de gallegos pudo obedecer a que Galicia se encontraba lejos de las rutas indianas, las que partieron durante mucho tiempo y de forma exclusiva desde Andalucía, además, esta región estaba alejada de los centros de poder en donde se otorgaban los cargos y prebendas. Por otra parte, Ricardo Palmás (1976) apunta que en el siglo XV emigrantes gallegos se dirigieron a Sevilla y Cádiz, ciudades de crecimiento vertiginoso a causa del monopolio que detentaban de la ruta de Indias, por lo cual cabe suponer que algunos de estos emigrantes se embarcaron con destino a América, lo que podría llevarnos a pensar, tal como indican los autores mencionados, de forma explícita o entre líneas, que la emigración gallega a América, a lo largo de los siglos XV y XVI, pudo ser más importante de lo que muestran los datos generados a partir de las estadísticas oficiales, como las contenidas en el Libro de Asiento de Pasajeros a Indias, y posiblemente fue una emigración clandestina no controlada por las instancias respectivas.
Algunos de los datos aportados por estos investigadores indican por ejemplo que, entre 1520 y 1539 entraron a América 193 gallegos, incluidas tres mujeres, entre los cuales se cuentan 2 capitanes o gobernadores, 3 religiosos, 10 marineros, 7 mineros y 8 encomenderos; 14 de estas personas se ubicaron en Venezuela. Entre 1540 y 1559, los gallegos ocupan el octavo lugar entre las diferentes regiones de procedencia, con 73 personas. Sixirei Paredes y Gómez Canedo coinciden en que efectivamente no fue muy numerosa la presencia gallega durante el siglo XVI, y que probablemente ésta se intensificó a finales del siglo XVII y durante el siglo XVIII. Sin embargo, insisten en la necesidad de investigar sobre el desarrollo naval gallego, el cual posiblemente fue un camino de llegada a tierras americanas, menciona la presencia de marinos gallegos en el Mediterráneo (Barcelona) hacia la mitad del siglo XV, y considera que estos marinos pueden estar relacionados con los que posteriormente tomaron parte en las exploraciones del Nuevo Mundo.
En cuanto a los viajes colombinos, señala que al parecer ningún gallego ocupó puestos claves en el primer viaje (1492), sin embargo revela que la principal carabela, la Santa María, procedía de Galicia y llevaba el sobrenombre de La Gallega. Igualmente, en el segundo y el cuarto viaje menciona la presencia de naves de origen gallego. Otro dato que apunta hacia una posible emigración ilegal y por tanto hacia la imposibilidad de tener un registro oficial sobre el número real de emigrantes, es la autorización temporal, entre 1529 y 1573, a los puertos de La Coruña y Bayona ubicados en Galicia, de despachar barcos con destino a América con la única condición de que el retorno se realizara por Sevilla. Estas embarcaciones eran destinadas sólo al transporte de carga y no podían llevar pasajeros, sin embargo, Sixirei Paredes apunta hacia la posibilidad de que grupos de emigrantes se trasladaran a América en ellos. Dice:
Magnus Morner y Pierre Chaunu calculan a emigración española no S. XVI en 250.000 individuos. Esta cifra nos obriga a admitir unha cantidade enorme de emigración ilegal, feito, polo demais, recoñecido e denunciado polos propios contemporáneos e que quizas foi facilitado, no caso galego, pola autorización temporal concedida aos portos da Coruña e Baiona entre 1529 e 1573 para despachar navíos con destino ás Indias coa obriga de face-lo retorno por Sevilla. Estes navíos só podían levar carga pero non pasaxeiros. Tense discutido a propósito da utilización deste permiso por parte de navieiros galegos.3 (Sixirei Paredes, 1995, p.15).
Por otra parte, el historiador venezolano José Eliseo López, a partir de la investigación realizada en el Archivo de Indias de Sevilla sobre la emigración española a Venezuela en los siglos XVI, XVII y XVIII, refiere que son pocos los datos en cuanto a la presencia de gallegos en tierras americanas y en particular en Venezuela. En su obra La emigración desde la España peninsular a Venezuela en los siglos XVI, XVII y XVIII (1999), muestra algunos datos que coinciden con lo planteado por Sixirei Paredes, al señalar que en efecto no sólo desde Sevilla, lugar de asiento de la Casa de Contratación creada en 1503, se embarcaba la gente para tierras americanas, sino que se autorizaron otros puertos como el de Cádiz a partir de una real cédula de 1519, y que de igual manera el emperador Carlos I autorizó los viajes desde los puertos de Avilés, Bayona, Bilbao, Cartagena, La Coruña, Laredo, Málaga y San Sebastián. Pero acota que no existen datos ni listas de pasajeros que permitan corroborar la salida de personas desde estos puertos a América, ni en particular a Venezuela.
Otro historiador gallego, Ramón Villares (1996), ratifica los datos y planteamientos de los autores citados, al afirmar que fue muy poca la representación gallega en tierras americanas en los siglos XV y XVI. Sin embargo, hace notar que en los Libros de Asientos de Pasajeros que se encuentran en el Archivo de Indias de Sevilla, no aparece en las licencias de embarque el origen geográfico sino el lugar de residencia, por lo cual se ignora la presencia de gallegos que estaban asentados en ciudades como Sevilla, el Puerto de Santa María y Cádiz, zonas donde tanto él como los autores referidos dan cuenta de la existencia de una importante colectividad gallega desde el siglo XVI. A lo señalado se suma, la denuncia del historiador José Eliseo López, quien dice que en el Archivo de Indias,
... han desaparecido los asientos de años completos, como los anteriores a 1509, los de 1518, 1520-1525, 1531-1532, 1541 y 1543-1547 (...) Para varios años se observa, además, que algunos libros de estos asientos sólo conservan fragmentos cuya identificación no es muy segura. Con respecto a los legajos sobre Informaciones y licencias de pasajeros, se encuentran claros indicios de que en los mismos no se conservaron todos los expedientes. (1999: 29).
La pérdida de estos valiosos documentos impide tener datos precisos de las estadísticas oficiales, lo que sumado a las argumentaciones expuestas por los autores mencionados, permite concluir que en efecto es difícil conocer y dar cuenta de forma más clara del porcentaje de gallegos que emigraron hacia América, en particular a Venezuela en los siglos XV y XVI. Esto, sin duda, deja la incertidumbre no sólo con respecto a la imposibilidad de obtener mayor información entre estos dos siglos, sino, más aún, sobre la posible emigración ilegal o no reconocida. Por otra parte, al no haber registros de los puertos de La Coruña y Bayona, se desconoce la salida de emigrantes desde estas localidades. Son estas las razones fundamentales que llevan a los diferentes investigadores consultados, a admitir que fue modesta la contribución gallega durante esta época, y a insistir en la dificultad para cuantificar la salida de emigrantes gallegos a América por el carácter fragmentario de los datos, debido a la ausencia, desaparición o no registro de éstos en las fuentes.
Lo cierto es que la migración hacia América aunque tiene cierta importancia por ejemplo en el siglo XVIII, alcanza su real apogeo en los siglos XIX y XX, con muy diversos destinos americanos. Siguiendo a autores como Palmás (1976) y Sixirei Paredes (1988), esta migración gallega de tipo transoceánica o transcontinental se pude dividir en varias etapas:
● Primera etapa: 1850-1914. El mayor volumen de salida se dirige a Argentina, Cuba y Uruguay. Se considera que, por ejemplo, para Argentina la emigración gallega llegó a oscilar entre un 40 y un 70 por ciento del total de españoles que se dirigían a América.
● Segunda etapa: 1915-1930. Comienza un proceso de disminución emigratoria, aunque se considera que el total de gallegos que ingresaron en América es levemente superior al medio millón de personas; predominan los hombres y las edades oscilan entre los 15 y 23 años.
● Tercera etapa: 1931-1945. En los primeros años de la década del 30, y a consecuencia de la crisis de 1929, hay una drástica caída en las cifras emigratorias. Sin embargo, ésta es la época de la emigración política debido a la Guerra Civil Española, con destinos como México, Uruguay, Brasil, Argentina, Chile y Venezuela.
● Cuarta etapa: 1946-1965. Se recupera la tendencia emigratoria, aumenta el número de mujeres y se eleva la edad promedio de los emigrantes hacia América. Se considera que a partir de 1953, Venezuela es el país que mantuvo la supremacía en cuanto a recepción de emigrantes gallegos hasta la finalización del ciclo americano en la década de los años setenta.
Es precisamente en la última etapa que se contextualizó nuestra investigación, la cual a partir de la visión de un grupo de emigrantes gallegos, de la de otros investigadores y con los datos aportados por otras fuentes, nos permitió reconstruir el proceso histórico y de vida de este colectivo.
De entrada es necesario mencionar la importante cifra de emigrados que entran al país en concordancia con el número de habitantes en Venezuela para la época. Samuel Hurtado señala que el número de inmigrantes que ingresan a Venezuela entre 1952 y 1958, es 400.000, cifra significativa para un total poblacional en Venezuela de 5.003.438 habitantes para 1950 (Hurtado, 2001: 8), en su mayoría procedentes de España, Italia y Portugal.
La investigadora María Ramírez Ribes, basándose en el trabajo de Sequera Tamayo y Crazut4, nos muestra datos del censo de 1950 en donde se aprecian las diferencias en el ingreso de españoles, portugueses e italianos,
... al revisar el censo de la población europea que residía en Venezuela en 1950 se aprecia que el número de italianos 43.938 supera al de españoles que en ese momento es de 37.887. Pero ya en 1955 el porcentaje de españoles es el más alto con 37,2% seguido de los italianos con 34,3% y para 1958 el de españoles alcanza 41,2% seguido siempre por el de italianos que es ya solo un 16,2%, para 1961 las cifras se nivelan un poco, los españoles siguen ocupando el primer lugar con un 26,1% y los italianos siguen con 18,3%. (2001: 10)
Igualmente, destaca la importancia que tienen los gallegos en las estadísticas de los españoles,
Los gallegos, junto con los canarios, constituyen el porcentaje más numeroso de la inmigración española a Venezuela principalmente a partir de 1954. Entre 1955 y 1958, una de cada seis personas ceduladas en Venezuela era de origen gallego. En 1961 los españoles sólo representaban un 26,1% de los extranjeros en Venezuela, sin embargo una tercera parte de ellos eran gallegos (ob.cit., p.11)
Aunado a ello, traemos la apreciación de uno de nuestros entrevistados, la que concuerda, desde su experiencia vivida, con la notoria emigración de gallegos,
... hay gallegos en todas partes del mundo (...) en donde menos pienses hay gallegos. De aquí [Galicia], de cada casa emigraron dos o tres, hoy mismo hay mucha gente emigrada (...) la mayoría está fuera, por eso hay tan poca gente en el pueblo, aquí hay cuatro viejos y cuatro muchachos, el resto está fuera... (Alfonso González. Entrevista, diciembre 1999)
Los datos aportados por los investigadores, así como las palabras de los entrevistados, sobre la importancia de la emigración gallega, no solamente a Venezuela, sino a muy distintas partes de la península española y el resto del mundo, se muestran además en la siguiente cita de Carlos Sixirei Paredes, cuyos datos son elocuentes en lo que se refiere a la diáspora gallega,
En 1993, os datos da catástrofe eran os seguintes: En España, había 525.000 galegos por diversas Comunidades Autónomas, de xeito especial en Madrid, Cataluña, Pais Vasco e Asturias. En Europa atopábanse outros 248.500, con mayor presencia en Francia, Alemaña e Suiza. En Latinoamérica, 554.100. En Estados Unidos e Canadá, 70.000 e en Australia 2.000. A cifra total de galegos residentes fora da sua Terra era, nese ano, de 1.399.600. Esta cifra representa o 50% do total de habitantes que ten hoxe Galicia. Agás paises que sofriron en tempos recentes hecatombes de carácter bélico ou económico, é difícil atopar no mundo de hoxe, e menos no mundo desenvolvido, un caso similar de diáspora demográfica5 (1995: 243)
Las contundentes cifras de Sixirei Paredes nos muestran esa Galicia que algunos han denominado como una Galiza espallada. Probablemente hoy en día ha habido cambios en dichas cifras, entre otras cosas debido al retorno de muchos gallegos y descendientes de gallegos desde distintos países, y en específico desde Venezuela; este sería tema de otro artículo, para lo cual resultaría imprescindible llevar a cabo una nueva investigación que pudiese dar cuenta de tal situación.
Retomemos entonces, lo que en estas líneas nos compete, y luego de hacer una brevísima ojeada sobre la diáspora gallega, pasaremos a relatar a partir sobretodo de quienes fueron nuestros interlocutores, es decir emigrantes gallegos en Venezuela, sus procesos, y, la historia de la emigración que vivieron, observaron y pensaron.
II.- La decisión de emigrar
Hay tres momentos que consideramos claves en el acontecer migratorio, en primer lugar el pensar y tomar la decisión definitiva de emigrar, luego la salida y el viaje, y, en tercer lugar, la llegada y primeras impresiones en los lugares de destino.
La revisión de la bibliografía nos mostró que sobre el primero no es mucho lo que se ha escrito, aun cuando a nuestro modo de ver es un momento crucial en la vida de cualquier emigrado. Lo principal a subrayar es la imagen que sobre América tenían los emigrantes, y que se podría condensar en una frase de Alfonso Reyes: América es el nombre de una esperanza humana (citado en Servando, 1991: 12). Esta visión de América fue la que movilizó en los años cincuenta a grandes contingentes de emigrantes que se trasladaron de tierras europeas a dominios americanos, entre ellos nuestros informantes de origen gallego, buscando la tierra de promisión y posibilidades, a fin de construir un proyecto de vida para ellos y sus familias. Con esta esperanza emprendieron su peregrinar hacia horizontes desconocidos, de los cuales algunos tenían referencias de distintos emigrantes que desde mucho antes se habían trasladado a países como Cuba, Argentina, Brasil y Uruguay; otros, a partir de los relatos que contaban sus padres y abuelos en los que recordaban a familiares, amigos o vecinos que desde finales del siglo XIX se habían trasladado a América.
Por ello, nuestra investigación arrojó como dato importante el considerar que el umbral que marca su nuevo ciclo de vida se encuentra en el instante en que, por vez primera, aflora la idea de viajar a otros horizontes. Y el inicio como tal de su episodio emigratorio está en el preciso momento en que toman la decisión definitiva de partir. Entre ambos, se suceden una serie de decisiones que deben afrontar, entre ellas y las que consideramos claves están, la separación de la familia y de las formas de relación social y cultural propias de su entorno.
Difícil determinación, por cuanto el viaje a América/Venezuela lo hicieron en su mayoría hombres solos, algunas veces parejas y muy pocas con sus hijos, y, con la incertidumbre de emprender la aventura hacia un país del que tenían pocas referencias, como los propios emigrantes revelan,
De Venezuela decían que estaba bien, pero... yo de saber no sabía prácticamente nada porque no la conocía, no sabía en donde estaba. De América sí, pero... de Venezuela nada. Ahora de Argentina que emigró mucha gente, donde más gente emigró fue para Argentina, de allí decían que estaba muy bien (...) Decidimos ir, cuando lo decidimos íbamos a ir los tres [con su esposa e hija] pero después acordamos que era mejor ir los dos solos porque no sabíamos dónde íbamos a llegar ni qué íbamos a hacer; decidimos marchar los dos solos. (Alfonso González. Entrevista, diciembre 1999)
¡Venezuela!, nosotros no sabíamos dónde quedaba, íbamos a la aventura, no sabíamos dónde quedaba tal país. Decían que en esa época raptaban a las mujeres, que se las llevaban, que mataban que robaban, cuando llegué no vi nada de eso, vi a la gente normal como era aquí [Galicia], pero... eran de estos faroleros que ya viajaran varias veces y para la gente que iba nueva pues, darle pánico o qué se yo. (Preciosa Fernández. Entrevista, diciembre 2002)
La partida no sólo afecta a los que se van, también los que se quedan sufren la separación y la ausencia. La familia experimenta la vivencia del abandono. La mayoría de las personas que entrevistamos viajaron en pareja, pero dejaron en la aldea a sus hijos al cuidado de abuelos y tíos, otros viajaron solos y dejaron a sus esposas e hijos, teníamos una hija y la hija la dejamos con los abuelos, tenía 6 años, marchamos los dos (Elvira González).Mi mamá me dijo: tú te vas y yo me quedo con la niña, tenía 14 meses (Preciosa Fernández). Herminia [esposa] vino en el 59 o 60, porque era Pepe [hijo] pequeño, cuando yo me vine tenía 9 meses, entonces quedaron allá (Antonio Vásquez). La migración supone un proceso de desestructuración familiar, que posteriormente puede conducir a una nueva estructuración a partir de la llegada de esposas e hijos, e incluso otros familiares mediante el proceso de reunificación familiar. Nueva estructuración que posiblemente se rompa cuando años después la primera generación de emigrantes, ya jubilados, decide regresar a sus aldeas de origen, y los hijos y nietos continúan en el país receptor.
Todos los emigrados que entrevistamos decidieron emprender el camino de la emigración alentados por las noticias que recibieron de familiares, amigos y vecinos que ya se encontraban en Venezuela. De manera que, los ya establecidos sirvieron de enlace para lo que hemos denominado una emigración de arrastre o emigración en cadena, que consiste en el proceso mediante el cual los que emigran se convierten en el motor de tracción y empuje para la venida de otros emigrantes. Esta forma de migración se sustenta sobre las redes sociales tejidas por los emigrantes, permitiéndole contar al emigrado de antemano con alguna información sobre el lugar de destino y tener el apoyo de familiares, amigos y vecinos ya residenciados en el país receptor.
En el caso del grupo analizado, la cadena migratoria tiene un carácter horizontal, pues está conformada por otros migrantes que ya estaban residenciados en Venezuela, constituida por familiares, amigos y vecinos provenientes de la misma región de Galicia. A diferencia de lo que se designaría como cadena migratoria vertical, en donde el papel central lo ocupan instituciones o personas ajenas a los migrantes, las cuales mediante ofertas o contratos de trabajo favorecen la salida de los emigrantes.
III.- Bitácoras de viaje. Los puertos y los barcos del éxodo
Tomada la decisión de partir comienzan los preparativos para embarcar hacia América. La gran mayoría de estos emigrantes gallegos provienen del campo, en el caso de nuestro estudio todos los informantes eran oriundos de la Galicia campesina y rural, cuyo único bien eran las tierras que cultivaban para su autosubsistencia, ninguno contaba con ahorros que les permitieran costearse el papeleo, el pago del viaje y además, disponer con alguna cantidad de dinero para los primeros meses de estancia en Venezuela mientras conseguían trabajo. Esta situación obliga a los potenciales emigrantes a solicitar préstamos a familiares y amigos, con lo que comprometen las ganancias obtenidas en el nuevo país de residencia. Asimismo, debían pagar el pasaje de ida y vuelta, condición exigida por el gobierno español. Respecto a los trámites, gastos y préstamos, señalan nuestros entrevistados,
Mi papá pidiera parte pero no llegaban, porque en aquella época era mucho dinero que costaban los pasajes (...) los papeles del abogado, el viaje a Vigo, podían cobrar 5.000 pesetas por cada uno (...) los papeles arreglados en Orense también, después, el fondo que pedían que era como... si tu no podías allá y te tenías que regresar pues, ya dejabas medio pasaje pagado, no te lo devolvían ese era un dinero que pagabas y no veías más, si te adaptabas allá... ¡suerte! ( ) creo que le pasó a todos los que fueron porque todos se empeñaron, tenían que mandar después el pasaje y mensualmente los intereses (Preciosa Fernández. Entrevista, diciembre 2002)
Al terminar el año éste [esposo] se quería venir, llegó un día y me dijo: ¡nos vamos!, dije, pues ahora no nos vamos, vamos a ganar para el pasaje porque debemos el pasaje tu a tus padres y yo a los míos, así que le paguemos nos vamos (Elvira González. Entrevista, diciembre 2002)
El primer (viaje o) traslado que los emigrantes realizaron fue hacia los puertos de salida. Como mencionamos en líneas anteriores, desde finales del siglo XIX, los puertos más utilizados fueron: Almería, Barcelona, Bilbao, Cádiz, La Coruña, Gijón, Las Palmas, Málaga, Palma de Mallorca, Santa Cruz de la Palma, Santa Cruz de Tenerife, Santander, Valencia, Vigo y Villagarcía. Además de los ubicados en territorio español, otros como los de Lisboa, Oporto, Burdeos y Gibraltar fueron importantes para el tránsito emigratorio de gallegos, vascos, andaluces y castellanos.
Los distintos puertos canalizaron proporciones dispares de la emigración española a América. Por La Coruña y Vigo salió la inmensa mayoría de los gallegos, pero también asturianos y castellano-leoneses. La orientación hacia determinado puerto de embarque dependía sobre todo, de la proximidad a su aldea o pueblo natal, de la oferta de transporte y la diferencia de precios según las líneas de navegación. De todos los mencionados, los que tuvieron mayor flujo de emigración fueron los de Vigo y La Coruña ubicados en Galicia y el de Santander, en el resto la imagen de una emigración masiva se difuminó bien sea por su poco movimiento o porque tenían otras actividades portuarias.
En los puertos los emigrantes se enfrentan por primera vez a la ciudad y su presencia se hace notar en el paisaje urbano y porteño, pues, cientos de personas solían abordar los buques del éxodo, sobre todo, en los meses de septiembre a enero. Para muchos de ellos, esta era su primera experiencia urbana y también la primera vez que ponían sus pies sobre un barco y se enfrentaban al mar. Para la época en que viajan, mediados y finales de los años cincuenta, las condiciones de los barcos habían mejorado notablemente. Los barcos eran de origen italiano y portugués: el Irpinia, el Sorrento, el Américo Vespucci, el Santa María. Todos partieron del puerto de Vigo. El itinerario comprendía de Vigo a Madeira, de Madeira a Tenerife y de Tenerife a La Guaira, y, en cada uno de los puertos intermedios embarcaban otros emigrantes. El trayecto duraba entre 8 y 15 días. Con respecto a la comida y alojamiento, describen:
El barco donde fuimos era italiano, se llamaba Sorrento, había italianos y españoles, comíamos en dos turnos, el primero para los italianos para darle espagueti, macarrones y el segundo para los españoles, nos daban otra clase de comida: bacalao, carne, comida española (...) unas veces bien y otras mal, se movía mucho y se mareaba uno (...) los camarotes bien, bueno las mujeres en un sitio y los hombres en otro (Alfonso González. Entrevista, diciembre 1999)
Embarcamos en el Santa María, era un barco portugués. Había dos clases, primera y segunda, los emigrantes iban en segunda, en primera iban los turistas ( ) nosotros los emigrantes todos en segunda (...) Íbamos separados los hombres en una zona y las mujeres en otra, donde yo iba había 5 literas, éramos 10 mujeres en el mismo camarote (...) Desde que salimos de Las Canarias no fui más al comedor, mareada y enferma (Elvira Fernández. Entrevista, diciembre 2002)
Uno de los aspectos que constantemente refieren es el mareo casi perenne que sufren a bordo de los barcos, el que se mantiene incluso al pisar tierra firme, porque al lado del malestar físico está el vértigo emocional. Los emigrantes a bordo del barco viven en un estado si se quiere irreal, dejan atrás el mundo que conocen y probablemente no pueden vislumbrar aun con certeza el mundo al cual se dirigen. Están lejos de cualquier costa. La mirada hacia atrás mantiene vivo en su memoria lo que dejaron y vuelta hacia el horizonte les devuelve el futuro incierto. Pensamientos, vivencias y sentires que se entretejen seguramente con las motivaciones que los impulsaron a salir, dejando tierra y familia, pero que también se entrelazan con la esperanza de encontrar en otras playas el remedio a sus penurias, como aliciente les reconforta pensar que en el puerto de llegada los esperan familiares y amigos, gracias a las redes sociales que sirven de soporte a quienes emprenden el viaje de la emigración.
El viaje, a nuestro modo de ver, supone un espacio/tiempo que podría caracterizarse como de transición porque los largos días y noches pasados en el barco les permiten comenzar a ponderar su transfiguración y su paso de un lugar a otro. Asimismo, supone también encontrar, conocer, mirar, tocar, conversar y convivir con otras personas en idéntica situación de nostalgia, inseguridad y esperanza. Estos, sus compañeros de viaje, comparten la misma experiencia y pueden llegar a convertirse en los hermanos de barco (Grinberg, 1996).
IV.- Tierra a la vista
Culminado el viaje, el barco se acerca al puerto de La Guaira. Los emigrantes obtienen impresiones iniciales del país que los acogerá por largo tiempo. La primera ciudad que avistan es La Guaira de los años cincuenta. Sobre esta primera visión, dice uno de los emigrados,
Cuando llegamos a La Guaira me pareció un desierto, me pareció una cávila, ¿tú sabes lo que es una cávila?, en África le llaman cávila a las cosas de moros que tienen casitas pequeñitas con unas calles estrechitas, como yo estuviera en África cuando vi Melilla Vieja pues era igual que La Guaira. (Alfonso González. Entrevista, diciembre 2009)
El desembarco implicó tomar contacto con el país real, el que quizás a primera vista no se corresponde con el que habían idealizado. Desembarcar comporta también la búsqueda de trabajo y alojamiento, lo que no es tarea fácil para estas personas que por vez primera se enfrentan a nuevas formas de relación social y cultural, sobre todo porque al provenir de un medio rural deben ahora asumir el modo de vida de la ciudad.
En el puerto los esperan familiares o amigos, los cuales los hospedan y ayudan a encontrar trabajo. El correaje fundado sobre la base de las relaciones de paisanaje, ofrece a los recién llegados, la primera plataforma sobre la cual inician su inserción en el ámbito laboral de la sociedad receptora. Algunos comienzan por trabajar con familiares o vecinos que ya han obtenido cierto piso comercial o empresarial. Otros, por intermedio de las redes sociales se insertan en el oficio de la construcción. En el caso de las mujeres, sus compatriotas las ayudan a ingresar como servicio doméstico. El oficio de servicio doméstico ejercido por mujeres inmigrantes, tuvo entre otros beneficios la permisividad para que los esposos viviesen en las mismas casas, con lo cual la capacidad de ahorro podía ser mayor, al no tener que costear la comida y el alquiler en alguna pensión.
Si no contaban con otro albergue, los inmigrantes se establecían en pensiones, la mayoría de ellas regentadas por otros inmigrantes. Podría decirse que estas posadas entraron a formar parte también de las redes de apoyo y solidaridad, y de las cadenas de paisanaje mas que de vecindad, pues los inmigrantes amplían su abanico de ayuda mutua más allá de la propia familia y vecinos, hacia la comunidad de paisanos e incluso de inmigrantes en general, destacando de estas primeras vivencias la unión y fraternidad entre ellos.
En muchos casos, los emigrantes, podían vivir en las pensiones sin pagar hasta que conseguían trabajo; en otros, la vivienda era costeada por sus connacionales, ... fuimos a parar a una pensión que se llamaba Hotel Sonia, en El Conde (...) por lo menos durante quince días o más a mi no me cobraron nada, quienes pagaron fueron ellos [vecinos] (Antonio Vázquez, ); otra inmigrante corrobora esta información ... te tenían aunque fuera un año sin cobrarte, porque si no podías pagar, comías y dormías igual. Los dueños eran de aquí de Orense (Elvira González).
Las pensiones fueron para algunos inmigrantes un negocio que les permitió obtener beneficios monetarios, a la par que sirvieron de soporte para los recién llegados. Aún así, algunos se quejaron de las condiciones físicas de estos hospedajes ... Las pensiones donde vivían los emigrantes eran unas pensiones malas, una cocina mala, un cuartito malo... (Avelino Rodríguez). Es probable que estas personas compararan sus nuevos lugares de habitación con la casa paterna o propia que habían dejado en su aldea. No obstante, a pesar de lo que consideraron como pésimas condiciones en los recientes domicilios, reconocen que estas pensiones ubicadas en El Conde, Los Rosales, Maripérez, Santa Rosalía y el centro de la ciudad, eran superiores en cuanto a espacio físico y trato, que otras que según relataron, se ubicaban hacia la zona de Sarría,
... eran unos barracones con unas planchas de zinc arriba, cuatro tablas de los lados y la gente para orinar y hacer sus necesidades tenía que ser allí, ¡no tenían nada! [...] en Sarría, arriba en el cerro, decían que de noche llevaban a la gente y la maltrataban, los esperaban, les pegaban y le quitaban la plata entonces fue cuando el emigrante empezó a salir de esos barracones (...) Empezaron unos italianos a hacer unas chabolas de barro, tierra con piedras y arena, la gente se pasaba donde ellos (...) Al que le tocó vivir esas malas, se vinieron a España otra vez. (Preciosa Fernández. Entrevista, diciembre 2002)
En estos barracones se hospedaron inmigrantes espontáneos, pero sobre todo sirvieron para alojar a aquellos que venían bajo la figura de la inmigración dirigida, seleccionada por el gobierno venezolano, que permanecían en estos habitáculos hasta que eran enviados a las zonas del país previstas para su radicación, sobre todo con la finalidad de repoblar el campo. Esta inmigración selectiva, es decir, con visa de inmigrante y bajo los auspicios del gobierno, que ingresa al país entre 1945 y 1965, de acuerdo con Susan Berglund (1985) es de aproximadamente el 15%. El resto ingresan cobijados por la Ley de Extranjeros, que no contiene ninguna previsión para apoyar a los extranjeros y que se podría definir como una ley de control que establece las normas para el domicilio y documentos para la admisión al país, entre ellos tener una visa de transeúnte que estipula el tiempo de permanencia, los deberes y derechos de los extranjeros, su expulsión y reclamaciones.
La inmigración espontánea se radicó principalmente en Caracas, además de otras zonas centrales, y ocupó los oficios en el caso de los hombres, de albañiles, canteros, maestros de obra, carpinteros y ebanistas, zapateros, sastres, choferes, mesoneros, mecánicos y comerciantes, y el de las mujeres como señalamos en líneas anteriores básicamente en el servicio doméstico. Con una clara visión que los condujo a abandonar su posible condición de emigrante agrícola para convertirse en un inmigrante urbano, pues una de sus metas era: abandonar ... sus lugares de origen, para buscar nuevas fuentes de trabajo, cambiando (...) el arado y la tierra peninsular por el mostrador y los abastos (Cagiao, 1992: 277).
V.- Primeros espacios de vinculación
La necesidad de interacción de los inmigrantes, es decir, de verse, tocarse y escucharse, aunada a la imposibilidad de contar en los primeros años con un espacio de habitación propio porque el centro de la vida familiar se desarrollaba o bien en las casas donde las mujeres oficiaban como servicio doméstico o en las pensiones, los llevó a apropiarse física y simbólicamente de lugares de Caracas destinados a sus encuentros. Para los años cincuenta, las zonas de la ciudad en donde primordialmente se forjaron y mantuvieron estos vínculos fueron Parque Carabobo y La Candelaria. Estos lugares públicos y de recreación pasaron a convertirse en espacios semi-privados, sobre todo los domingos, cuando luego de cumplidas sus faenas laborales estos hombres y mujeres se apropiaban de ellos y los convertían en un gran escenario que muchas veces era signado por la lamentación y el llanto, pero también, por el clima festivo y seguramente por la posibilidad de expresarse en su lengua de origen.
Íbamos al Parque Carabobo que era donde se iban a contar necesidades, El Parque Carabobo y La Candelaria, hoy están grandes pero entonces eran pequeños (...) uno llegaba y lloraba (...) algunos contaban que pasaban hambre con los hijos, mucha gente, después ya no íbamos al Parque porque para ver necesidad para que ir ... (Preciosa Fernández. Entrevista, diciembre 2002)
Allí se contaba todo, venía el domingo y te ibas. Íbamos para Carabobo y después para La Candelaria, ahí nos reuníamos todos (...) La gente contaba todo... unos que estaban bien otros mal, muchos estaban mal... (Elvira González. Entrevista, diciembre 2002)
Las visitas a la Plaza Candelaria que realizamos durante el período 2002-2004, como parte de nuestro trabajo de campo, nos permitieron corroborar que este lugar seguía siendo un espacio de vinculación en donde hombres y mujeres inmigrantes, en su mayoría jubilados, iban en las tardes a conversar y seguramente a recontar sus historias y compartir retazos de cultura. A la plaza se une un sinfín de locales comerciales, tascas y restaurantes regentados por inmigrantes gallegos. De igual modo, como parte de nuestras observaciones podemos mencionar la Plaza de Chacao y sectores de La Carlota en donde los inmigrantes se reúnen cotidianamente, aún hoy día. Con lo cual es posible afirmar que los espacios públicos de vinculación demarcados por los inmigrantes de los años cincuenta y sesenta se mantienen como lugares destinados a propiciar, fortalecer y conservar las relaciones de paisanaje, pero que también, precisamente por su carácter de espacios públicos han permitido la interacción de estas personas con habitantes nativos del país.
Sobre estos lugares, es necesario destacar también su proyección sobre la sociedad caraqueña, al convertirse en referentes de estos grupos de extranjeros que se insertan en el país. De manera que no es difícil que cualquier caraqueño al oír mencionar La Candelaria o Chacao relacione estas comunidades con los grupos extranjeros residenciados en ellas. Además, estas localidades suelen ser el lugar de vivienda y en muchos casos de desarrollo laboral y comercial de los inmigrantes de la primera generación que se mantienen apegados al barrio o urbanización en la cual viven desde hace más de 40 años, no así sus hijos que se mudan a las nuevas urbanizaciones del Este de Caracas, como nos comentaron varios vecinos de Chacao.
VI.- Espacios de articulación
Probablemente la primigenia forma de vinculación que tiene como ámbito plazas y parques, así como la búsqueda de los inmigrantes de espacios que los articularan como grupo, pudo dar pie al surgimiento de otras formas de asociación más elaboradas, como son los clubes, asociaciones y hermandades. En todo el territorio venezolano nos encontramos con este tipo de lugares pertenecientes a muy diversas colonias de inmigrantes. El Área Metropolitana es sin duda una zona que permite visualizar este hecho de manera franca, en donde aún aquellos que no cuentan con una infraestructura propia, consiguen formas de articulación y comunicación a través de publicaciones periódicas, reuniones esporádicas, celebración de fechas importantes para sus comunidades tanto religiosas como oficiales. Estas formas de organización y articulación dan cuenta de las invariables vinculaciones entre paisanos, como pudimos evidenciar no solamente a través de la bibliografía y conversaciones con los informantes, sino también en distintos encuentros que mantuvimos a lo largo de la investigación con representantes de asociaciones de inmigrantes. Estas formas de asociación son el escenario para que los inmigrantes reanuden los vínculos momentáneamente rotos y se reagrupen en torno a una hermandad enlazada por el terruño de origen, las tradiciones, las costumbres y por supuesto las experiencias compartidas. Son además, formas de organización que recurrentemente hemos observado en muy distintos grupos de inmigrantes por lo cual pueden ser consideradas como constantes universales en los procesos migratorios.
En el caso específico de los gallegos, el primer centro es el Lar Gallego, que comienza a funcionar el 9 de febrero de 1945. Sin embargo, el centro que aglutinó en principio a las distintas emigraciones regionales españolas fue la Casa de España, que venía actuando desde los años treinta (Sanz, 1995). El Lar Gallego contaba en sus inicios con 28 miembros de los cuales 10 eran exilados. Su objetivo principal fue facilitar a sus miembros el acceso a un buen servicio médico. Para 1948, por razones de índole política se produce la escisión del Lar Gallego y se crea el Centro Gallego. En 1956, una nueva división da pie a la creación de la Casa de Galicia. Por último, en 1960, estos centros se agrupan y el 12 de octubre de ese año, se funda la Hermandad Gallega de Venezuela ubicada para ese entonces en El Paraíso. En 1962 se mudan a su actual sede en Maripérez. Para el momento de la fusión el Centro Gallego contaba con cuatrocientos socios, la Casa de Galicia con trescientos y el Lar Gallego con doscientos asociados. En el año de 1978, se comenzó a construir otra sede de la Hermandad ubicada en el sector de Valle Fresco en la carretera a Filas de Mariche.
Uno de los elementos más relevantes de las formas de asociación de los inmigrantes gallegos en Venezuela es sin duda su manera de articularse de acuerdo a lugares de procedencia, dando así una mayor significación a las redes de vecindad frente a las de paisanaje. Paralela al modo de articulación de tipo macroterritorial o regional como es el caso de la Hermandad Gallega existen una serie de asociaciones de tipo microterritorial o local, algunas de ellas funcionan en la misma sede de la Hermandad. En el Área Metropolitana pudimos detectar la existencia de varias asociaciones de este tipo. En primer lugar provinciales como, por ejemplo, Asociación Benéfica Provincia de la Coruña; Asociación Benéfica Provincia de Pontevedra y Asociación Civil Fillos de Ourense. En segundo lugar de origen comarcal o local, Asociación Benéfica Hijos de Lalín; Centro Benéfico-Social Hijos de La Estrada; Hijos de Vivero y su Comarca, al igual que una agrupación ligada a hijos y nietos de inmigrantes, la Asociación Juvenil Savia Nueva.
La existencia de variadas formas de articulación de los gallegos, nos indica en primer lugar, su diseminación en diferentes regiones del país aun cuando el mayor número se encuentra ubicado en el Área Metropolitana; y en segundo lugar, la necesidad de agruparse y constituirse en asociaciones no sólo de tipo benéfico, sino sobre todo, para compartir, perpetuar y transmitir elementos de cultura y de identidad, como nos mencionó un directivo de la Hermandad Gallega ... es una manera de hacer la galleguidad. Galleguidad que se despliega por el mundo entero, pues según la Junta de Galicia existen más de 400 centros y sociedades gallegas en el mundo, ubicados en los cuatro continentes, además de las que se encuentran en diferentes regiones españolas. Lo que sin duda habla de la amplitud de la diáspora gallega. De todos los países quizás uno resulte ser el más relevante en cuanto al número de sociedades gallegas: Argentina, que cuenta con 51 asociaciones.
Estos centros tienen como principal objetivo agrupar a los emigrantes gallegos en el exterior, además de convertirse en ... oficinas de empleo, centros de salud, centros educativos, centros de defensa de los derechos de los gallegos en el país de acogida... (Touriñán, 2002: 8). Pero sobre todo, estos centros fueron el medio para ayudar a la integración de los gallegos en los países de recepción sin perder sus señas de identidad. Mientras por un lado, ayudan a los emigrantes que llegan, a conocer e insertarse en el mundo de relaciones sociales y culturales de los países de acogida, por el otro, les ofrecen un espacio en donde participar de la cultura gallega y mantener y cultivar su identidad como gallegos.
Si bien, por la extensión que supone un artículo y debido a los tópicos que escogimos para éste, no será posible tocar otros aspectos fundamentales como son por ejemplo los relacionados con los procesos de inserción de los inmigrantes y que según Sélim Abou (1990) y Emmanuel Todd (1996) tienen tres momentos distintos pero complementarios como son: el de adaptación, el de integración y el de aculturación ( y agregaría el de transculturación), así como lo relativo a las formas del duelo a las que hace referencia Joseba Atxotegui (2003) a partir de sus estudios sobre grupos inmigrantes y que señala son: el duelo por la familia (que incluye también a los amigos y vecinos), el duelo por la tierra o por el lugar de origen, y el duelo por la lengua materna, si queremos finalizar con un tópico que para el caso de los gallegos define Nóvoa Santos citado por Cabaleiro Goás (1997)- como el sentimiento doloroso de la distancia, el cual se expresa en un estado de ánimo: morriña. Para el gallego la morriña es fundamentalmente melancólica y se caracteriza por un apremiante deseo de volver a su tierra natal y a todo lo que ella significa, sentimiento que se expresa con mayor intensidad y frecuencia en los primeros años de estancia en la sociedad receptora.
Todo emigrante y sobre todo aquellos que se inscriben en movimientos migratorios que suponen lejanía espacial y/o larga permanencia fuera de su tierra, experimentarán en algún momento la remembranza y la nostalgia; la evocación y el recuerdo del terruño se puede precisar en una frase propia del gallego lembrar a nosa terra, que incluye la ciudad, la villa o la aldea y a las personas ligadas por los lazos de sangre, de amor y de amistad. Para Nóvoa Santos la morriña es un sentimiento de dulce tristeza asociado al deseo de retornar o descansar en la propia tierra (citado en Cabaleiro Goás, 1997:63), por lo que es igualmente un sentimiento ligado a la constante presencia de la idea del retorno mientras los emigrantes viven afuera, y que evidenciamos además en las conversaciones con nuestros informantes cuando frecuentemente nos decían que si llegaban a fallecer en Venezuela querían que sus restos volviesen a la tierra de origen. También aquí cabría preguntarse si este vivir afuera definitivamente se concluye con el retorno, o si, el volver se transforma en un estar adentro preñado ahora por la nostalgia de lo que se vivió afuera y de lo que se deja en esta orilla. Al respecto, y para finalizar estas líneas, cerraremos con los testimonios que sobre el retorno y sobre su concepción de lo que significa ser emigrante, nos dieron dos de nuestras entrevistadas, quienes actualmente residen en Galicia,
El regreso fue aún peor que la ida porque iba acompañada del esposo, iba bien, pero... cuando fui dejé a la hija en Galicia y cuando regresé de Venezuela para acá la volví a dejar en Venezuela, así que, ya se puede imaginar cualquiera que sea humano como puede uno vivir (...) Volví a empezar a sufrir, sufrir por dejar allá la familia para volver a dividirnos después de estar juntos otra vez ( )Decir que es un emigrante, si me tuviera que definir yo como un emigrante, si ponía el caso en mí... que era una felicidad ser emigrante con todo lo malo que pasó que era feliz. Ahora, si tenía que hacer la definición de una persona que conocí...emigrante...de aquí, diría que nunca saldría de emigrante a ningún país porque pondría a todos los países por igual... viendo como vi a muchos emigrantes. Ahora en mi situación ¡no! para mí fue felicidad, ¡aprendí a vivir! a comer, a estar con gente, a trabajar y a aprender a vivir porque aquí a pesar de que estaba bien no sabía más que aquel... vivir de aldea, nada más, pero, para eso había que tener la suerte que tuve allá, otros no dirán lo mismo (Preciosa Fernández. Entrevista. Diciembre 2002).
Cuando fui [a Venezuela] tenía 25 años y él [esposo] igual (...) nos vinimos de 54, ya hizo 10 años. Cuando llegamos [a Galicia] llorando durante un año... ¡otra vez!, lloré mucho. Carlos y Fran [nietos] me hacían mucha falta y eso que Elvira [hija] los mandó aquel mismo año de vacaciones, pero a mí me hacían mucha falta ( )¿Qué es un emigrante?, bueno... un emigrante hay que tomarlo del lado bueno y del lado malo. Por un lado es bueno, porque si no salieras de aquí no eras emigrante y seríamos... que no tendríamos nada. Del otro lado, emigrante... es triste ¿no?, porque dejas los hijos, la familia, pero... es bueno, fuiste a conocer mundo, te fue bien, si algo tienes... vives de lo que fuiste a ganar y a lo mejor aquí no lo tenías (Elvira González. Entrevista, diciembre 2002)
Notas
1 Es un tópico decir que no hay gallego sin familiar o conocido en la emigración.
2 Tiendas de ropa, zapaterías, talleres mecánicos, peluquerías y, sobre todo, bares, cafeterías y churrasquerías. Es innegable que el hecho migratorio forma parte de la vida cotidiana en Galicia. Se palpa.
3 ...Magnus Morner y Pierre Chaunu calculan la emigración española en el siglo XVI en 250.000 individuos. Esta cifra nos obliga a admitir una cantidad enorme de emigración ilegal, hecho, por lo demás, reconocido y denunciado por los propios contemporáneos y que quizás fue facilitado, en el caso gallego, por la autorización temporal concedida a los puertos de La Coruña y Bayona entre 1529 y 1573 para despachar barcos con destino a las Indias con la obligación de retornar por Sevilla. Estos barcos sólo podían llevar carga pero no pasajeros. Se ha discutido ampliamente a propósito de la utilización de este permiso por parte de navieros gallegos.
4 La inmigración en Venezuela. Coordinación y Edición Isbelia Sequera Tamayo, Rafael José Crazut. Academia de ciencias Económicas. Caracas, 1992, p.74.
5 Para 1993, los datos de la catástrofe eran los siguientes: En España, había 525.000 gallegos repartidos por diversas comunidades autónomas, de manera especial en Madrid, Cataluña, País Vasco y Asturias. En Europa se encontraban otros 248.500, con mayor presencia en Francia, Alemania y Suiza. En Latinoamérica, 554.100. En Estados Unidos y Canadá, 70.000 y en Australia 2.000. La cifra total de gallegos residentes fuera de su tierra era, en ese año, de 1.399.600. Esta cifra representa el 50% del total de habitantes que tiene hoy en día Galicia. Aparte de los países que sufrieron en tiempos recientes hecatombes de carácter bélico o económico, es difícil encontrar en el mundo de hoy, y menos en el mundo desarrollado, un caso similar de diáspora demográfica.
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