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Revista de Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 1315-9518

Revista de Ciencias Sociales v.11 n.1 Marcaibo abr. 2005

 

La fiesta de la guelaguetza: reconstrucción sociocultural del racismo en Oaxaca

Montes García, Olga*

* Doctora en Antropología. Profesora investigadora del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. E-mail: olgamontes_2000@yahoo.com 

Resumen

Este artículo estudia la forma en que se construye la realidad social en el estado de Oaxaca, México. Orden caracterizado por una jerarquía basada en los rasgos fenotípicos de la población. La ideología que justifica esta realidad social se caracteriza por ser racista. Se toma como unidad de análisis la fiesta folklórica más importante de Oaxaca y de México: La Guelaguetza.

Palabras clave: Poder, racismo, ideología, multiculturalismo, construcción social, indio, institucionalización.

The Guelaguetza Festivity: Socio-Cultural Reconstruction of Racism in Oaxaca

Abstract

This article studies the form in which the social reality of the Oaxaca State in Mexico is constructed. Order is characterized by a hierarchy based on phenotypical characteristics of the population. The ideology that justifies this social reality is characterized as racist. The unit of analysis is the most important folklore festival held in Oaxaca and Mexico, The Guelaguetza.

Key word: Power, racism, ideology, multiculturalism, social construction, indian, institutionalization.

Recibido: 04-02-16 · Aceptado: 04-10-11

Introducción

Hoy en día México tiene, entre sus temas prioritarios, la situación indígena. Este tema no sólo concierne a los miembros de los diferentes grupos étnicos de origen mesoamericano, sino a toda la sociedad porque, primero, se trata de buscar el proyecto nacional que queremos. Y en ello todos los mexicanos debemos participar. Segundo, derivado de lo anterior está la relación que deseamos y debemos establecer entre sí con los grupos étnicos. Esta relación ha sido de exclusión, marginación, de racismo. Ahora puede ser una relación de iguales en la diversidad.

En este artículo analiza el tema del racismo mediante la exposición y análisis de una fiesta que, por un lado logra reunir a los grupos étnicos de origen mesoamericano que habitan el de Oaxaca (1) y, por otro expresa, a nivel simbólico, las relaciones que se establecen entre estos grupos y la población urbana de la ciudad de Oaxaca. Relaciones en donde se halla presente el racismo. Me refiero a la fiesta de la Guelaguetza que se realiza los dos últimos lunes del mes de Julio y que ha sido considerada la máxima fiesta del folklore de América Latina. Para presenciarla llegan turistas nacionales e internacionales.

Se parte de la idea que el racismo es un concepto construido socialmente, al igual que el de género. Precisamente por eso en este artículo describimos cómo, a partir de una fiesta folklórica, se construye en el imaginario social, el orden social de Oaxaca, y el lugar que en este orden ocupa cada grupo étnico.

1. Orígenes del racismo en Oaxaca

Oaxaca es una región del sureste de México. Forma parte de lo que se ha denominado Mesoamérica. Desde la época prehispánica ha sido habitada por diferentes grupos étnicos, principalmente por los zapotecos y mixtecos quienes poseían una organización política y social importante que se refleja en los vestigios arqueológicos que existen hoy en día.

Sin embargo, con la llegada de los españoles, al igual que las demás civilizaciones que habitaban el continente americano, sufrieron lo que Ribeiro (1977) ha denominado una actualización histórica (2), así el orden social, económico, religioso que existía fue colapsado, fracturado. La colonización significó el dominio del blanco sobre aquellos que no lo eran. Las antiguas aristocracias indias fueron no sólo substituidas por un grupo pequeño de extranjeros blancos, sino fragmentado el conocimiento que habían acumulado por años. En el caso de los indios plebeyos fueron confinados al trabajo servil dentro de un sistema de producción semejante, en términos formales, al que funcionaba antes, pero dentro de una lógica económica diferente.

Durante la época colonial en la provincia de Antequera (3) dominaban, en términos económicos, los peninsulares vascos y montañeses quienes controlaban el comercio de la grana cochinilla. Respecto a este grupo, Ibarra (1995: 49) dice: “con su perseverancia e influencia lograron constituirse en la base de una elite colonial. De esta elite destacaron los Iturribarría (4) los Elorza y los Ibañez de Corvera, familias que prevalecieron durante el turbulento siglo XIX”. La importancia del comercio llevó a que estas personas formaran parte activa de los cuerpos civiles y religiosos de la provincia. Además, habían tomado en arriendo muchos de los ingresos principales de la iglesia y del estado, eran dueños y arrendatarios de la propiedad rural, sobre todo de las fértiles regiones del valle de Oaxaca y de Teposcolula (5).

Muchos de estos inmigrantes, aparte de ser comerciantes, eran oficiales de la milicia provincial establecida en la década de 1760 y conforme la ordenanza de 1768, gozaban del privilegio jurídico del fuero militar. Algunos de estos personajes, menciona Ibarra (1995), incursionaron con relativa importancia en la minería y en la política. Los hermanos Echarri fueron dueños de los yacimientos de cobre en San Mateo Capulalpan (6) y de otras minas, así como Alcalde de Tehuantepec, Alcalde del primer Ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca y diputados territoriales de minería (Ibarra, 1995). Otro caso importante de resaltar es la familia Iturribarría. Don Vicente Iturribarría fue comerciante y tendero, después Alcalde Mayor de Jicayán (7), sus descendientes continuaron en la minería y en la política local. Lo anterior es muestra del control económico, político y social que los españoles tenían en Oaxaca.

Rabel (1996) plantea que para 1792 la sociedad de Antequera continuaba estratificada de acuerdo con un criterio racial, aunque no era éste el único. Fundamenta su posición con un análisis que hace de la ubicación espacial de la población. En el centro de Antequera se ubicaban las familias novohispanas más importantes, junto con personas de diferentes grupos sociales. Pese a esta parcial integración espacial, la división en razas no está invalidada, “puesto que las relaciones de dominación que mantenía el grupo español con los otros grupos y la ubicación relativa de cada grupo racial en un sistema jerárquico podían perfectamente coexistir dentro de espacios compartidos” (Rabel, 1996:85). La misma autora proporciona un dato más: la ubicación de los indios en las zonas periféricas de la ciudad (8).

A finales de la colonia, en la provincia de Antequera, había trescientos sesenta y tres mil ochenta indios (88.3%), veinticinco mil ochocientos cinco españoles y criollos (6.3%) y veinte y un mil setecientos veintinueve mestizos y mulatos (5.3%). Por estos años, algunas comunidades indias se quejaban de los sacerdotes por “mal trato, demanda excesiva de contribuciones y servicios personales, tratamiento de los indios como brutos, animales y perros; azotes, faltas de pago a los que prestaban servicios en sus tierras o pastoreaban el ganado parroquial” (Ibarra, 1997:53).

Para consolidar este nuevo orden económico fue necesario que los españoles crearan un nuevo orden social, así como instituciones encargadas de legitimar y transmitirlo. Uno de los objetivos de las nuevas instituciones, entre ellas la iglesia católica, fue destruir la visión del mundo de los indios e imponer otra que garantizara el dominio español. Se generó toda una ideología acerca del indio que justificaba su situación de subordinación al blanco en tanto era inferior, en que explicaban su atraso debido a su pereza natural producto del un ambiente tropical muy diferente a los climas europeos.

Muestra de esta ideología racista de la época colonial es la forma en que, en un escrito, el Ayuntamiento de Antequera del Valle se refería a la situación de comercio y la industria de la grana, a consecuencia de las Reformas Borbónicas (9). El documento habla del descenso “de la producción de ese precioso fruto, hecho que atribuye más a la falta de trabajo de los indígenas que a falta del impulso que les exige el repartimiento, caen en la indolencia y no hay quien se haga cargo de las nopaleras” (Ibarra, 1996:67). En términos políticos esta ideología racista se hizo presente a través de quienes gobernaban a la provincia y a la ciudad. Así en el caso de iglesia, como lo plantea Ana Carolina Ibarra, durante toda la colonia, en la provincia de Antequera hubo 24 obispos, de los cuales 15 fueron peninsulares y sólo 9 criollos. Los peninsulares dominaban la economía, la política y la Iglesia. Ninguno de otro grupo social.

A fines del siglo XVIII, la población india constituía la mayor parte de la provincia. En 1793 había trescientos sesenta y tres mil ochenta indios (88.3%), veinticinco mil ochocientos cinco españoles (peninsulares y criollos) (6.3%) y veinte y un mil setecientos veintinueve mestizos y mulatos (5.3%). Por estos años, algunas comunidades indias se quejaban de los sacerdotes por “mal trato, demanda excesiva de contribuciones y servicios personales, tratamiento de los indios como brutos, animales y perros; azotes, faltas de pago a los que prestaban servicios en sus tierras o pastoreaban el ganado parroquial” (Ibarra, 1997:53).

Para la misma fecha, los Valles Centrales (10) contaban con una población de ciento nueve mil novecientos noventa y cuatro habitantes, de los cuales el 84% era indígena, 12% españoles y un 4% correspondía a las castas. La ciudad de Antequera, para estos años, poseía una población de dieciocho mil seiscientos veintiún habitantes. De ellos el 71.4% correspondían a los españoles (11) y castas y el 28.6% a los indios (Bailón, 1992).

Para este mismo siglo, Chance elaboró una tabla de la distribución racial de grupos socioeconómicos en la ciudad de Antequera, excluyendo a los indios y esclavos. Dentro de los grupos raciales estaban: peninsulares, criollos, mestizos y mulatos; por otra parte se encuentran: el grupo de la élite compuesta en su mayoría por peninsulares (58.4%), criollos (40.4%), castizos (3%), mulatos (0.3%); el grupo de profesionistas integrado por criollos (89.6%), peninsulares (4.9%), mestizos y castizos (3.6%) y mulatos (2%); por su parte el grupo de artesanos de clase alta estaba constituido por criollos (71.8%), mestizos y castizos (17.3%), mulatos (9%) y peninsulares (1.9%); el grupo de artesanos de clase baja estaba compuesto por criollos (39.7%), mestizos y castizos (34.1%), mulatos (26%) y peninsulares (0.2%). El último grupo era el de los sirvientes y peones formado por mestizos y castizos (48.4%), mulatos (32.6%) y criollos (18.9%) (1982: 204).

Los datos proporcionados por Chanten (1982) dan cuenta de una estructura social muy diversificada. Puede pensarse que el criterio racial había empezado a dejar de tener importancia en la sociedad de Antequera, pues existen criollos que se desempeñan como sirvientes. Sin embargo, Rabel (1996), plantea que para 1792 la sociedad de Antequera continuaba estratificada de acuerdo con el criterio racial, aunque no era éste el único. Fundamenta su posición al analizar la ubicación espacial de la población. En el centro de Antequera, como se mencionó antes, al inicio de la colonia se ubicaron las familias novohispanas más importantes acompañadas por sus sirvientes. Al finalizar la Colonia, dentro del espacio destinado a la élite se encontraban establecidas personas de diferente grupo social (12), lo que según Rabel, permitió a Chancen hablar del debilitamiento del criterio racial y del surgimiento de un sistema de clases. “La relativa integración espacial de los habitantes no invalida su división en razas, puesto que las relaciones de dominación que mantenía el grupo español con los otros grupos y la ubicación relativa de cada grupo racial en un sistema jerárquico, podían perfectamente coexistir dentro de espacios compartidos” (Rabel 1996:85). La misma autora proporciona un dato más: la ubicación de los indios en las zonas periféricas al sureste de la ciudad.

La Independencia de lo que fue la Nueva España y su constitución en un nuevo Estado Nación: México, no disolvió el antiguo orden colonial. Efectivamente se rompió el vínculo que la unía con España, pero la estructura social continuó vigente. En 1810 en la provincia de Antequera había quinientos noventa y seis mil trescientos veintiséis habitantes, de éstos el 6.3% eran criollos y peninsulares, mestizos y mulatos constituían el 5.3%, el resto, 88.5% lo componían los indios (Bailón 1992: 130). No obstante ser el grupo minoritario, los criollos y los peninsulares controlaban el poder político; los demás grupos estaban al margen debido a las exigencias para participar. Así los trabajadores urbanos pobres podían ser designados como electores en un primer nivel, pero para participar en el segundo era más difícil porque se exigía comprobar rentas elevadas. De esta forma la anterior oligarquía colonial siguió controlando políticamente a Oaxaca, ejemplo de esto es la familia Iturribarría, cuyos orígenes están en la época colonial. Durante el siglo XIX Miguel Ignacio Iturribarría desempeñó los puestos de administrador de correos (1820); gobernador interino (1828-1829), diputado (1826-1848), colaborador de Antonio de León (1841-1844), presidente de la Cámara de Diputados (1848) y gobernador del estado (1853) (Hammett, 1990).

La historia de este personaje muestra la pérdida del poder político de los peninsulares y el ascenso al poder de los criollos durante la primera mitad del siglo XIX, pero no expresa el resquebrajamiento del viejo orden colonial y el surgimiento de uno nuevo (13), en donde las antiguas clases subordinadas accedan al poder. Hubo, si, nuevos procesos que permitieron la autonomía de los pueblos indios en relación con los procesos que vivía la nación y el ascenso social y económico de los mestizos que se incorporaron a alguno de los dos grupos en pugna: liberales y conservadores (14) sin embargo la percepción que se había construido acerca de los indios durante la colonia, no cambió (15). Seguían siendo los causantes del atraso por sus hábitos nocivos, su flojera, su tendencia al alcoholismo.

Al calor de las Reformas Liberales, los criollos, mestizos y algunos caciques indios se apropiaron de los recursos naturales de las comunidades indígenas. Surgieron la hacienda, el rancho y la finca como instituciones económicas importantes. Sin embargo, no hubo incentivos para introducir mejoras técnicas, al igual que en la Colonia, se hizo uso intensivo de la fuerza de trabajo existente: la indígena. Y al igual que en la Colonia, había que justificar ideológicamente esa situación.

En Oaxaca un número importante de indios se recluyó en sus pueblos, en las regiones más inhóspitas del estado para evitar que sus tierras les fueran arrebatadas. Aquellos cuyas comunidades quedaban cerca de las haciendas o fincas, perdieron independencia pues debían pagar impuestos, diezmos o gastos ceremoniales. Y para poder sufragar estos gastos ingresaban a trabajar en la hacienda como peones.

A partir de 1880 paulatinamente a Oaxaca llegaron inmigrantes extranjeros, que en algunos casos, desplazaron a la oligarquía criolla y en otro se unieron a ella mediante las alianzas matrimoniales. En el cultivo del café y del tabaco y en la explotación de las minas se ubicaron los nuevos inmigrantes como los Hoffman, Stuken, Andersen (Chassen, 1986). En el caso del cultivo de tabaco, las condiciones de producción eran semejantes a las de la servidumbre feudal y se hacía uso de la fuerza de trabajo indígena.

En 1877 llegó a la presidencia de la república, mediante una rebelión, un mestizo oaxaqueño: el General Porfirio Díaz, que gobernó al país hasta 1910, a excepción del período 1880-1884, en que el presidente fue Manuel González, compadre de Díaz. Este período se conoce como el Porfiriato. Y en él se continuó con el proceso de concentración de tierras en manos de los liberales y de los inmigrantes europeos y estadounidenses. En Oaxaca, en 1887, los hacendados plantearon que no conseguían fuerza de trabajo, debido a que estaban rodeados de comunidades indígenas que se negaban a abandonar sus tierras por el temor de ser despojados de ellas.

Ya en 1873 habitaban en Oaxaca los ingleses Constantino Rickards (minero) Juan y Teófilo Innes (hacendados en Ejutla), Tomás Grandinson (dueño de la fábrica textil de Xía en Ixtlán) y Benito Hampshire (hacendado), los franceses Enrique Audiffred (comerciante), Bernardo Berges (hacendado), Juan Baigts (minero y hacendado, tal vez el hombre más rico), Esteban Chapital y Julio Liekens (hacendados), Henry De Gyves (cónsul francés en el Istmo) y Thomas Woolrich (16) (Casen, 1986:215).

Oaxaca vivió una etapa de auge económico durante el Porfiriato, fue así como nuevas oleadas de inversionistas extranjeros llegaron. Se trataba de estadounidenses y alemanes, los primeros relacionados con la minería, como fue el caso de Carlos Hamilton, Myron Walker, Frank Leconard, Harold Elton, Guillermo Trinker; los segundos, con el comercio y la producción de café básicamente. Ante este auge, la Oaxaca Smelting & Refening Co. inició la construcción de una fundidora en las afueras de la ciudad. Se tenía programado que fuera la más importante de América Latina.

Estos datos (17) ayudan a entender la dinámica social y económica de Oaxaca durante esta época. En la cima de la estructura social se encontraban las familias criollas que junto con los grupos sociales favorecidos por las Leyes de Reforma y los nuevos inmigrantes, dominaban económica, social y cultural a la población indígena.

La percepción que esta élite tenía de lo indio se refleja en los siguientes testimonios. Para el hacendado Esteban Maqueo, descendiente de un milanés: México sería un país treinta veces más rico, importante y respetado si en vez de 11 millones de indígenas tuvieras 11 millones de inmigrantes extranjeros, de cualquier nacionalidad. Por otra parte, para Matías Romero, diplomático durante el gobierno de Juárez: El trabajador indígena sólo rendía la cuarta parte de lo que un trabajador norteamericano, atribuyendo la diferencia a la mala alimentación y educación del obrero mexicano, quien trabaja hasta agotarse (Casen, 1986: 209).

Ramón Cajiga, gobernador oaxaqueño, opinaba de los indios: Duermen egoístas sin hacer el bien ni permitir que otros lo hagan, tenazmente adheridos a sus costumbre antiguas, resisten toda innovación, toda reforma, mandan sin obstáculos lo que quiere su capricho, se sobreponen a la ley, se mezclan en las funciones judiciales, promueven pleitos intricados y harto injusto para poder imponer contribuciones que perciben y distribuyen a su placer. Finalmente, para otro gobernador Miguel Bolaños Cacho (18), a la apatía e indolencia de la clase indígena. Siendo sus hábitos en asuntos de higiene, por desgracia, viciosos y tan apegada a su estado enervante y sus costumbres perniciosas (Chassen, 1986: 209).

La Revolución Mexicana poco cambió la percepción acerca del indígena por parte de la nueva elite económica, como tampoco no varió mucho la situación en que el indio vivía. Sin embargo las nuevas políticas indigenistas, sobre todo las llevadas a cabo a partir de 1950, ocasionaron cambios en las comunidades indias y en su forma de relacionarse con el mundo occidental. Los testimonios acerca de cómo la elite veía a los indios en la primera mitad del siglo XX no son diferentes a los del siglo anterior. Los indios son los encargados de llevar a cabo los trabajos más pesados e insalubres, son las empleadas domésticas denominadas “gatas”, como lo ilustra en sus novelas el escritor oaxaqueño Guillermo Rosas Solaegui o bien se les denomina “yopes”, término despectivo que significa atrasado, ignorante. Esta percepción de lo indio como lo atrasado, lo carente de civilización, lo tonto continúa hoy en día. El término yope se utiliza para designar lo atrasado y lo que es atrasado se califica en relación con la modernización occidental, pero también en relación con la pobreza.

2. El estado de Oaxaca y el racismo: fuentes económicas

La mentalidad racista impuesta durante la colonia a la provincia de Antequera que ahora es el estado de Oaxaca, continuada durante el siglo XIX se mantiene presente hasta nuestros días. En Oaxaca existe toda una forma de pensar, de valorar y de actuar que marca los límites entre los grupos sociales. La gran mayoría no traspasa esos límites impuestos. Debo anotar que en Oaxaca la población india es la mayoritaria. Los blancos, por el contrario, son una minoría, sin embargo constituyen el grupo social dominante, el que impone su ideología. ¿A qué se debe lo anterior?

Balandier (s/f: 3) ha dicho que “la explotación económica se apoya en una forma de posesión política porque ambos son los dos rasgos específicos del hecho colonial”. En su análisis retoma la propuesta de otro estudioso del tema, Kennedy, para quien la sociedad colonial “se caracteriza por lo mediocre de los equipos industriales proporcionados, por la explotación a gran escala y el comercio import-export que se encuentra casi exclusivamente en manos de sociedades extranjeras: la distancia de la sociedad colonial y la sociedad colonizada que explica la dificultad del indígena para elevarse económicamente, la pobreza de las masas indígenas que se acentúa con la degradación de las economías tradicionales” (Balandier, s/f: 5).

En Oaxaca, como ya se describió en la parte anterior, durante la colonia el control de los recursos económicos ha estado en manos de los españoles; posteriormente, ya en el México independiente, en manos de los criollos y de los inmigrantes europeos y estadounidense. Actualmente el grupo de descendientes de europeos y estadounidenses posee importantes inversiones en la producción agroindustrial, industrial (industria de la construcción, construcción de muebles, producción de veladoras) y en los servicios (tiendas de muebles, de materiales de construcción, de ropa, inmobiliarias, hoteles, restaurantes), clubes deportivos.

La población indígena y una parte importante de aquella que se le denomina genéricamente mestiza, están al margen de contar con el nivel de vida de las elites. Continúa siendo la fuerza de trabajo ya sea para las fincas, los negocios, las industrias o los hogares de esta elite. Puede también que hayan mejorado sus condiciones de vida, como es el caso de los profesores indígenas (19) o bien el de los familiares de los braceros, pero esta mejoría no implica que los estereotipos acerca de lo indio y de lo no indio hayan cambiado. Se mantienen y se reproducen día a día.

Hoy en día encontramos entre las familias económicamente poderosas a algunas cuya historia de poder en Oaxaca es larga. No tienen un partido político definido. Buscan posiciones básicamente en el PRI o en el PAN (20). Han, como bien lo dice Balandier, pasado del control de la esfera de lo económico al control de lo político.

Esta situación muestra que existe una dificultad por parte de los mestizos e indios para superar la situación en que viven. Pero también que un grupo social minoritario monopoliza los recursos y con ello, reproduce la desigualdad existente a su favor. Por lo tanto, cada grupo está ubicado en espacios sociales diferentes, con formas de vida distintas y condiciones de vida que posibilitan, en un caso, su inserción en un estrato alto de la sociedad y, en el otro, su permanencia en la pobreza. Para reproducir la desigualdad se hace uso, también, de elementos ideológicos. La ciudad de Oaxaca, capital del estado que lleva el mismo nombre, constituye un reflejo fiel de esta situación, ya que ella es el asiento de las elites criollas, de lo que Ribeiro denomina “Pueblos testimonios” (1977) y de los miembros de los diferentes grupos étnicos.

Para reproducir esta situación de dominación, existe una construcción simbólica del orden social que gobierna a la sociedad oaxaqueña, cuyos orígenes, como ya los vimos, proceden de la época colonial y que permite la existencia de esta situación colonial, como lo denomina Balandier. A continuación me referiré a la construcción simbólica de ese orden.

3. El racismo

Una ideología de la situación colonial Como lo han mencionado los estudiosos del racismo, éste es un producto reciente, su uso se generalizó entre los siglos XVIII y XIX debido a la confluencia de tres elementos: 1) los hallazgos empíricos y filosóficos de la ilustración; 2) el desarrollo de las ciencias y, 3) el progreso industrial caracterizado por la proletarización y colonización. Sin embargo, el racismo aparece siglos anteriores y designa prejuicios y actitudes hacia un grupo social. Puede definirse “como la teoría de la jerarquía de las razas, basada en la creencia de que la condición social depende de caracteres raciales y en el afán de conservar la pureza de la raza superior” (Chebel, 1998:7). Así, el término raza es acientífico y quienes estudian el racismo lo deben ver, más que como actitudes de una persona o un tipo de personalidad, como un problema social pues, “no hay actor sin un sistema de acción, sin relaciones sociales o intersocietales” (Wieviorka, 1992:74). El racismo responde a condiciones económicas específicas, pues como lo hemos visto en este breve recorrido por su historia en Oaxaca, el racismo ha servido para justificar una situación de dominación económica y política de un grupo social sobre otro.

Si bien en este momento el racismo que se vive en Oaxaca no es semejante al que existía en la colonia, en donde de manera burda y directa se calificaba a los indios como tontos, brutos o perros, sigue persistiendo y es un problema social muy importante que permea a toda la sociedad oaxaqueña. Podemos decir que Oaxaca es una sociedad racializada.

El racismo, entendido como la ideología que justifica la dominación de un grupo sobre otro, basado en la creencia de que la condición social depende de caracteres raciales, responde a la necesidad que tiene un grupo social para justificar la explotación y dominación que se hace. Ahora bien, mediante qué mecanismos se reproduce el racismo.

Aquí quiero describir los espacios en que se reproduce el racismo. Como lo he mencionado en páginas anteriores, el racismo es, básicamente, una actitud respecto a la población indígena de Oaxaca, a quien se ve como inferior. Así, la literatura regional del siglo XX, registra las actitudes de la población urbana criolla de Oaxaca. Guillermo Rosas Solaegui, escritor oaxaqueño de principios del siglo XX, definía a las empleadas domésticas como “gata”. Incluso se refería a un gobernador de origen indio como tonto, “lo bastante tonto por lo que era dirigido las más de las veces por su secretario particular” (Rosas, s/f: 148). Sin embargo no es ésta la única forma de racismo que existe. Están, también, el racismo que un grupo étnico ejerce sobre otro grupo étnico, como es el caso de los zapotecos del Istmo sobre los huaves o bien el racismo de los indios sobre aquellas personas que no son indios, cuando los primeros se encuentran en una posición de poder.

Se tiene la idea del indio como un ser tonto, atrasado, flojo. Haciendo trabajo de campo como profesora de un colegio particular al que acuden los hijos de las familias prominentes de Oaxaca, pregunté, aprovechando que la clase lo permitía, ¿quiénes eran los indios?, y ¿por qué los indios son pobres? Las respuestas de estos adolescentes fueron muy espontáneas y en ellas se percibía lo que piensa el grupo social al que pertenecen. Entre las respuestas estaban: los indios son los más pobres del estado, son los que no hablan español, son pobres porque son flojos, porque se aferran a sus tradiciones, porque no se modernizan. Es decir, el indio tiene la culpa de ser pobre, de vivir en la miseria y su pobreza es producto de sus costumbres, de su cultura.

Otro espacio del racismo lo constituyen las fiestas. En 1992 se realizó una boda. La hija de una oaxaqueña perteneciente a una de las familias de linaje y que reside fuera del estado se casaba y decidió hacerlo en Oaxaca. A esta boda acudió lo más selecto de la sociedad oaxaqueña, de los estados de Guerrero y de México. En el salón de fiestas, una señora de edad avanzada, perteneciente a este grupo social ofreció el brindis, entre otras cosas definió a los presentes como “la verdadera sociedad oaxaqueña, aquella que había resistido al cólera, a la peste, a los sismos, que se caracteriza por modales excelentes y por una educación esmerada”. Ponderó las cualidades de la desposada por su pertenencia a una familia de esta sociedad oaxaqueña. En ningún momento, en su concepto de sociedad oaxaqueña, entraban los demás grupos sociales que al igual que este grupo, han sobrevivido a las catástrofes naturales y a las severas crisis económicas. Mucho menos pensaban en los indios.

Puede decirse que es natural en estos espacios sociales el olvido de los otros grupos, sin embargo esto también se da en las fiestas de los intelectuales que viven en Oaxaca, algunos son originarios de la capital del país o extranjeros. En una ocasión asistí a una fiesta de compañeros antropólogos. Llegué cuando ésta había iniciado y decidí quedarme a observar únicamente. Se habían formado dos grupos: el de los blancos que eran de fuera y el de los oaxaqueños: morenitos en donde estaban presentes investigadores indios. Los primeros gozaban la fiesta, bailaban y conversaban entre ellos; los segundos estaban sentados observando a los otros que bailaban, tímidamente se levantaban para ir a la mesa a tomar algo de beber o de comer, conversaban entre ellos, pero a diferencia del otro grupo, lo hacían en voz baja, como temiendo molestar a los otros (21). Me llamó la atención que estando ante un grupo progresista y defensor de los derechos de los indios, no se estableciera comunicación entre ellos: en un mismo lugar había dos grupos separados por barreras infranqueables. Eran dos mundos diferentes.

En otra fiesta un investigador de prestigio, estudioso y defensor de las culturas indias, cuando otra persona le preguntó a qué se dedicaba dijo, palabras más, palabras menos, lo siguiente: “pues mira, yo me dedico perseguir a los indios, Zedillo se dedica a matarlos, yo los persigo para estudiarlos”. Esto tal vez dicho de manera inconsciente permite observar la interiorización del racismo hasta por las personas más progresistas que se dedican a estudiar, precisamente, a los pueblos indios. Pero la construcción simbólica de este orden social se expresa en lo que se ha dado en llamar la máxima fiesta de los oaxaqueños: la guelaguetza.

4. La fiesta de la guelaguetza

Guelaguetza es una palabra zapoteca que significa reciprocidad, ayuda mutua, ya sea en trabajo o en especie cuando los familiares y paisanos lo requieren. A nivel turístico la guelaguetza es una fiesta que se celebra los dos últimos lunes de julio y, de acuerdo con los cronistas y folkloristas de Oaxaca, tiene sus antecedentes en la época mesoamericana. No es así, se originó en 1932 cuando, dentro del movimiento cultural destinado a construir nuestra mexicanidad, en Oaxaca se plantea la necesidad de crear la oaxaqueñidad, pero el problema estaba en la existencia de grupos étnicos diferentes y la idea de nación (22) que entonces prevalecía, volvía difícil esa integración de lo diverso. Se pensó para celebrar el 400 aniversario de la fundación de la ciudad de Oaxaca en un espectáculo que congregara a las regiones (23). Surgió así la idea del “Homenaje racial”, término que dice mucho acerca de las concepciones de los organizadores: la existencia de diversas razas y, por lo tanto, de diversos desarrollos económicos en el estado. Y para enmarcar estas celebraciones se eligió a una reina del homenaje racial: una señorita perteneciente a una vieja familia criolla de Oaxaca.

Con el Homenaje racial se buscó crear la unidad oaxaqueña a nivel de lo ideológico, pero poco se hizo para destruir el orden económico que tenía a los pueblos indios de Oaxaca sumidos en la miseria. Lo que se creó fue un espacio para legitimar la dominación sobre los indios mediante la reproducción del estereotipo de indio que la sociedad criolla quiere. A su vez este espacio permite a transmitir una idea sobre la sociedad oaxaqueña que poco tiene que ver con la realidad: una sociedad tolerante, plural, en donde todo está en orden.

Con el paso de los años, el homenaje racial se transformó en lo que hoy se llama Guelaguetza: un espectáculo para turistas, sin embargo se ha convertido en el símbolo de los oaxaqueños. Consiste en presentar los bailes, danzas y trajes representativos de las ocho regiones y de los grupos étnicos. Bañado en lo que los folkloristas denominan “lo auténtico”, se presenta el espectáculo. Y junto a éste otras representaciones, como la elección de la diosa Centéotl (24), el Bani Stui Gulal (repetición de la antigüedad) y la leyenda sobre la princesa Donaji (25). Actividades recientes con el fin de atraer más turistas, pero que sirve, también, para reforzar el estereotipo de una sociedad en armonía, en paz, tolerante pese a la existencia de una gran desigualdad económica, en donde el grupo dirigente califica lo que es auténtico y descalifica a lo que no lo es de los grupos subordinados.

La Guelaguetza, puede examinarse a partir de su característica de fiesta, precisamente. Las fiestas permiten interrumpir el tiempo temporal, el cotidiano en donde se expresan relaciones desiguales y de dominación, por lo tanto los conflictos propios de una sociedad desigual para entrar al tiempo sagrado, el intemporal, en donde las desigualdades se desvanecen, todo es armonía y conviven todos. Durante los dos últimos lunes de julio las actividades se interrumpen en la ciudad de Oaxaca. Esos días una parte de los oaxaqueños de las clases populares, desde muy temprana hora, acude a la Rotonda de la Azucena para presenciar los bailables y danzas de las ocho regiones del estado. Y para aquellos que no quieren o no pueden asistir, la televisión local transmite el espectáculo, lo mismo que la radio. Así la ciudad de Oaxaca se halla invadida por el espíritu de la Guelaguetza.

Esta fiesta borra aparentemente las desigualdades que existen entre los grupos étnicos en Oaxaca, pues cada uno de ellos tiene asegurada su participación en ella. Nada se dice sobre las condiciones de vida de cada grupo o bien sobre el trato que las autoridades de Turismo le otorgan a cada una de las delegaciones (26). Sólo se realza la belleza de los trajes, del paisaje y las características de cada grupo étnico dando la impresión de que todos los grupos étnicos tienen un mismo trato y que en sus comunidades viven en el paraíso terrenal y que la relación entre las regiones es de igualdad. Cada delegación da un mensaje de bienvenida a los asistentes, primero en la lengua materna y después en español, cuando en la vida cotidiana de la ciudad sólo se acepta el castellano y hablar un idioma de origen mesoamericano significa atraso, pobreza. Por ello se evita hablarlo. Resalta la presentación del grupo étnico mixe, pues se resalta con orgullo, por parte del maestro de ceremonias, que son los nunca conquistados (27).

Sin embargo, es de los grupos más marginados y más discriminados Así, junto a la rica delegación del Papaloapan, compuesta por jovencitas pertenecientes a las familias con mejores condiciones económicas, se presentan las delegaciones de los Triques (28) o de la Mixe, cuyas condiciones de vida están muy alejadas de lo que los especialistas denominan las necesidades básicas satisfechas. También está ausente, porque se está en el tiempo sagrado, los conflictos que existen entre pueblos o la dominación que un grupo étnico ejerce sobre otro. Conviven las jovencitas pertenecientes a las familias más adineradas del Papaloapan con las campesinas indígenas de la Sierra o la mixteca, que en la vida cotidiana éstas pueden ser las trabajadoras domésticas de las primeras.

El análisis de la guelaguetza como un todo puede continuar, sin embargo su estudio a partir de la participación de cada delegación india brindará una idea más clara acerca del tipo de relaciones que se establecen entre los diferentes grupos étnicos y las ideas y símbolos que transmiten. Las regiones que normalmente son más aplaudidas y con las que se representa a Oaxaca al exterior son: el Istmo y el Papaloapan. Sus representantes son mestizas, pese a la existencia, en dichas regiones, de población indígena. En el Istmo la población indígena pertenece a las etnias zapoteca, huave y mixes; en el Papaloapan se tienen a chinantecos y mazatecos. Vemos, entonces, que para esta fiesta se desplaza a la población india, la mayoría de las veces (29). Lo que está presente es la vestimenta indígena, confeccionada, muchas de estas prendas, en el telar de cintura (30). En las regiones en donde la pobreza es más aguda se asienta la población india y a la Guelaguetza acude una delegación india, se trata de la Sierra Juárez, Mixe, Sierra Sur. Esta situación pone de manifiesto la desigualdad que al interior del estado de Oaxaca existe, pero también la aceptación de ella por parte de los grupos sociales. Así es natural que se conciba a las regiones del Istmo y del Papaloapan como no indias y, por lo tanto, ricas y progresistas. En cambio, las regiones indias representan la parte atrasada, la que provee de mano de obra a la ciudad (31). La imagen que da esta fiesta es de relaciones armoniosas entre grupos desiguales.

Y esta imagen de igualdad, de fraternidad que la fiesta proporciona se difunde a los turistas y, lo principal, a la sociedad oaxaqueña. En el momento de la fiesta se acepta que los indios, representados básicamente por las delegaciones de la Sierra Juárez, Mixteca y Sierra Sur, sean parte de la sociedad oaxaqueña, se ve con agrado que porten sus trajes y que hablen en su idioma materno. En este momento todos los oaxaqueños, indios o no, se muestran orgullosos de sus raíces indias, del folklore que se representa, de la riqueza cultural, pero: ¿cuántas personas se preguntan por las condiciones de vida de la población india del país?; ¿qué opinan estas personas, orgullosas de su fiesta, de los indios que defienden sus recursos naturales?; o bien, ¿qué pasa cuando regresan al tiempo temporal, al tiempo profano?

El concurso de la Diosa Centéotl es una de las actividades que giran en torno a la fiesta de la Guelaguetza. En este certamen participan las representantes de los grupos étnicos. Entre ellas se elige a la diosa que presidirá, junto con el gobernador, las fiestas. Se supone que debe ganar la que exprese mejor su cultura y esto implica la “autenticidad de su traje”, el conocimiento del idioma materno, el respeto y conocimiento de su cultura. En el 2001 fue elegida la representante del grupo triqui, quien en su discurso planteó que la mujer trique sufre mucho, debe abandonar la casa paterna, a pesar de su voluntad, cuando se casa, porque los padres deciden con quien se casa la mujer. Ya en casa del marido, debe obedecerlo. En su discurso se aceptaba la situación que vive como alguno natural. Y esta imagen corresponde con la idea que de la mujer india se tiene: sufridora, obediente, sumisa. En cambio, otra participante habló de las condiciones en que la mujer india vive, pero en un tono más que de aceptación, de rebeldía, de que ahora las mujeres luchan por cambiar esas condiciones. Al jurado –supuesto conocedores de las culturas indias de Oaxaca- no les gustó el discurso porque, obviamente, no entraba dentro del estereotipo que se tiene de lo que es la mujer india.

Otro espacio dentro de esta gran fiesta y que reafirma el dominio de los blancos y mestizos sobre lo que es el indio, lo representa el comité de autenticidad. Este comité está compuesto por personas mestizas o criollas que, se supone, conocen las diferentes culturas de los grupos étnicos de Oaxaca. Su tarea es vigilar que todo lo presentado en la Guelaguetza sea auténtico, pero: ¿cuáles son los criterios materiales para definir lo que es auténtico y lo que no lo es? No los hay porque la cultura es un proceso dinámico y más bien se debería buscar, siguiendo la lógica de esta fiesta, que los integrantes de las delegaciones pertenecieran a los grupos étnicos que representan.

Hace años se excluyó de la Guelaguetza a la delegación de Yalalag perteneciente a la Sierra Juárez, argumentando que los hombres llevaban zapatos cuando lo auténtico es que porten huaraches. En otra ocasión una de la integrantes –que pertenece a una de las familias aristocráticas de Oaxaca de origen francés- de este comité me comentó que iban a sugerir que al bailar, las mujeres no alzaran mucho sus faldas porque eso permitía mostrar parte de la pierna, lo cual no correspondía a la realidad porque las mujeres indias son muy recatadas. En ningún momento se cuestionaron si realmente estas personas se identificaban con el grupo que representaban, porque los integrantes de un grupo folklórico pueden llevar huaraches y no zapatos y no por eso son “auténticos”, o bien pueden las mujeres cuidar muy bien que al bailar no alcen mucho sus faldas y no por ello van a adquirir las características de una mujer de un grupo étnico al que no pertenecen.

Otro caso en que se manifiesta el trato desigual que el Comité de autenticidad brinda a las delegaciones es con el bailable Flor de piña, representante de la región del Papaloapan. Al inicio de ese baile, el maestro de ceremonias de esta región, conforme aparecen en el escenario las jovencitas, va aludiendo a cada una de las poblaciones que conforman esta región, dando a entender que la joven que porta el huipil de dicha comunidad, es originaria de allí. Realmente esto no es así. Las jovencitas que bailan Flor de Piña no son indias. Son originarias de la ciudad de Tuxtepec. En esta ciudad, participar en la guelaguetza proporciona un gran prestigio social. De allí que las familias más poderosas en términos económicos, fomenten la participación de sus hijas. De acuerdo con los datos proporcionados por Jesús Lizama (32) este bailable es ensayado durante todo el año. No obstante lo anterior, este Comité no cuestiona, dentro de la lógica con que opera, la falta de autenticidad de esta delegación.

Independientemente de lo anecdótico, lo que interesa aquí es, como dice Bourdieu (1995:177) “romper con el sentido común, es decir con representaciones compartidas por todos, trátese de simples lugares comunes de la existencia ordinaria o de representaciones oficiales”. Es decir, ¿qué nos dicen estos actos sobre la sociedad oaxaqueña?; o bien, ¿qué hay detrás de estos espectáculos que exponen la tradición oaxaqueña?; ¿bajo qué mecanismos simbólicos opera la dominación de un grupo sobre otro?

Como lo mencionaba en líneas anteriores, el racismo de hoy en día es diferente al de la época colonial, no es tan burdo, pero permea toda la sociedad oaxaqueña y a través de determinados rituales y símbolos se reproduce la idea de lo que es el indio, de lo que es auténtico, mismas que son creadas por el grupo dominante. Así, en la Guelaguetza se reproduce una idea romántica y bastante alejada de lo que es la sociedad multiétnica de Oaxaca: todo es armonía, no hay conflicto porque las delegaciones de las regiones indígenas presentan lo mejor de ellas, van a rendir tributo a la oaxaqueñidad, dan su guelaguetza a los presentes, a los turistas cuando les avientan los productos que llevan y, como ellos son los “auténticos” indios, asumen las características que todo indio debe tener: trabajador, respetuoso, humilde, servicial, además van vestidos como lo que son: indios auténticos. Y esta imagen idílica se transmite a los demás oaxaqueños y a los turistas.

Por su parte, el certamen de Diosa Centeólt ratifica y legitima el papel que la mujer india debe desempeñar. Por un lado ella, igual que el varón, deben ser humildes, serviciales y obedientes, pero además debe contar con otras cualidades “esenciales de su género”: la obediencia ciega al marido. Al premiar a una mujer que acepta lo anterior se está avalando la desigualdad, la sumisión, la violencia, se atenta contra los derechos humanos de las mujeres. Supuestamente este certamen y la guelaguetza, muestran a una Oaxaca orgullosa de las diversas culturas, que las acepta como son, aun cuando sean diferentes o contrarias a la cultura de sociedad mestiza o de la criolla. Es casi seguro que las mujeres de clase media y alta de Oaxaca no estén de acuerdo con un discurso de sumisión o con el casamiento forzado a una edad temprana, sin embargo lo aceptan en la mujer india, porque es india, porque esos son sus valores y como somos respetuosos de la multiculturalidad (33) aceptamos la diversidad aunque sea contraria a los más elementales derechos humanos, además, ellas, las mujeres mestizas o criollas no se ven afectadas porque las mujeres indias continúen con sus tradiciones. Las mestizas y criollas si tienen derecho a la rebelión; las indias no.

He hablado de los grupos étnicos de origen mesoamericano que se presenta en la Guelaguetza, pero en Oaxaca también se encuentra el grupo étnico negro que habita en la Costa oaxaqueña. Este grupo ha sido excluido de la Guelaguetza, Sin embargo su existencia es real, por ello se decidió su participación en el año 2000. Pese a lo anterior, en el año 2001 los negros ya no se presentaron dentro del programa de la Guelaguetza, sino en una plazuela y dentro de las actividades de los Lunes del Cerro. Esto quiere decir que si la Guelaguetza expresa la riqueza cultural de todos los grupos étnicos de Oaxaca, los negros no son considerados oaxaqueños, o bien su cultura es inferior a la de los otros grupos étnicos, pero como se respeta la multiculturalidad, a los negros se les concedió un espacio, aunque fuera inferior al de la Guelaguetza.

Esta actitud tomada con el grupo étnico de los negros de la costa refleja primero, la forma en que se les concibe, como un grupo que si bien es oaxaqueño, no tiene el mismo valor que los demás por sus orígenes africanos, mientras que los demás si están fuertemente enraizados en Oaxaca, fueron los primeros pobladores. Esto los hace aparecer como algo anormal en el paisaje oaxaqueño. Hay que tener presente que los negros están ubicados básicamente en algunos municipios del distrito de Jamiltepec y que no es frecuente verlos en la ciudad de Oaxaca. Segundo, la manera en que esta concepción se transmite a la población de la ciudad, del estado y a los turistas. Es decir, que en este comportamiento observamos cómo se construye la realidad social oaxaqueña.

Para el caso del grupo negro, si no es usual verlos en la ciudad capital y cuando es necesario que estén presentes lo hacen, para el caso que se analiza, en un espacio de menor valor simbólico que aquel en donde los demás grupos se presentan, no es extraño que se les conciba como inferiores a los demás, como no oaxaqueños y, por lo tanto, con elementos culturales muy diferentes a los que “poseen la población oaxaqueña”. Se está, entonces, ante el proceso de habituación, que lleva, posteriormente, a la institucionalización de pautas de conducta, de concepciones de la vida.

Berger y Luckmann (1979:74) plantean que “toda actividad humana está sujeta a la habituación”. La habituación implica que una acción realizada una vez pueda volverse a ejecutar en el futuro de la misma manera, lo que conlleva a restringir las opciones para el comportamiento. En el caso estudiado, la Guelaguetza, vemos que al repetirse los comportamientos en relación con cada grupo étnico, y por los mismos grupos se ha llegado a la institucionalización de los mismos. El trato a los negros se halla institucionalizado, como también los comportamientos diferentes que las autoridades y organizadores de la guelaguetza tienen con los diferentes grupos étnicos y así como la forma en que la sociedad de Oaxaca se relaciona con los indios. Con esto se puede controlar el comportamiento humano y, sobre todo, canalizarlo hacia una dirección determinada. Estos mecanismos constituyen una forma de control social.

La institucionalización tiene la virtud de aparecer después como una realidad al margen del individuo, como un hecho externo e independiente a ellos. En este caso los diferentes comportamientos que se dan entre las autoridades estatales y los diferentes grupos sociales de la ciudad de Oaxaca por un lado y, por otro los grupos étnicos incluyendo al grupo negro, se presentan como algo normal, externo e independiente a los individuos y grupos involucrados. No hay una conciencia de que las imágenes que se tienen de los negros y su cultura es algo construido socialmente, como tampoco se acepta que la Guelaguetza, esta fiesta maravillosa, sea el medio para construir simbólicamente el orden social del estado de Oaxaca y, sobre todo, la imagen del indio que todos desean.

La Guelaguetza misma es una construcción social, cuyo fin es, como se ha dicho anteriormente, para construir un orden simbólico. Esta construcción funciona tan bien que los oaxaqueños, independientemente del grupo social al que pertenecen, piensa que es una fiesta que hunde sus raíces en la época mesoamericana. También se presenta como normal para los habitantes de la ciudad que la Diosa Centéotl sea una joven sumisa, respetuosa de su cultura, de la autoridad paterna precisamente por este comportamiento propio de los indios se halla institucionalizado, como también el comportamiento de los demás grupos lo está. Es cierto que para lograr la institucionalización de los comportamientos de los diferentes grupos, para el caso de los grupos étnicos se tuvo que desvalorar sus saberes y sobrevalorar los de la sociedad occidental. Proceso que se inició en la colonia y que hoy en día continúa cuando se califica el saber indio como ignorancia, superstición; en cambio el saber occidental (que ha abrevado de otros saberes) represente lo científico, la verdad, la sabiduría. O bien cuando se ve como natural que las condiciones de vida de la mujer india sean las más difíciles, que sus más elementales derechos no sean respetados; en cambio para las mujeres urbanas, por ser precisamente de la ciudad, la situación es otra.

5. Reflexiones finales

En este artículo he presentado la forma en que se construye una imagen social de un actor determinado: el indio del estado de Oaxaca. Al ser la construcción de lo imaginario un proceso ideológico, éste solo se puede captar cuando se torna en acción. Por ello me concentré en las fiestas, principalmente en la fiesta de la Guelaguetza, la fiesta de todos los oaxaqueños.

En la construcción del orden social oaxaqueño que transmite la Guelaguetza está presente una estructura económica determinada y también relaciones de poder. Relaciones de poder que si bien son más sutiles son también más efectivas. Puesto que imponen la idea de la sociedad que se quiere, jerarquizan a los grupos sociales de acuerdo con sus intereses y hacen que para los demás grupos diferentes al suyo este orden aparezca como normal, como natural. Este orden impuesto por un grupo se basa en calificar y ubicar a los grupos sociales de acuerdo a criterios raciales. Así la fiesta de la Guelaguetza presenta a los asistentes un indio sumiso, obediente, natural, autóctono que hace recordar épocas anteriores de la sociedad, cuando nuestra sociedad fue como la de los indios: exóticos, atrasados. Esta visión la comparten todos los grupos no indios y sirve para justificar las condiciones en que este grupo vive y la explotación que de ella se hace.

El orden vigente que se presenta tiene sus orígenes en la época colonial. Es cierto no se trata del mismo orden, pero existe una continuidad y un ejercicio del poder sobre cómo se define al indio. Durante la colonia los religiosos y encomenderos definieron al indio, las más de las veces como menor de edad, atrasado, tonto. Al paso del tiempo la concepción varió muy poco. Esto, pienso, puede explicarse porque el poder político estaba en manos, durante el siglo XIX, de los criollos y mestizos, además México tenía una economía agroexportadora. En Oaxaca la riqueza la generaba la producción agrícola para el mercado externo y la actividad minera. Durante el Porfiriato los políticos definieron al indio, reflejando así el tipo de sociedad que añoraban en donde el indio, al no saber hablar el español, al ser parte de una comunidad que actúa como corporación y que se mantenía al margen de los sucesos económicos y políticos del país, no era parte importante de la nación. En esta época se le veía como un ser ignorante, vicioso, indolente. En cambio la Guelaguetza presenta otra imagen del indio: la de un indio bueno, sumiso, obediente.

Es importante resaltar que los procesos ideológicos y de construcción de lo imaginario social no son eternos y que, en cambio, responden a exigencias de la sociedad nacional o regional para fortalecer el orden vigente. Es decir no hay un orden eterno, es cambiante. La Guelaguetza cumple un papel muy importante como reproductora, en el imaginario social, de un orden en una época determinada de la historia de México y de Oaxaca. En otro tiempo fueron otras las Instituciones que desempeñaron la función de legitimar un orden social.

En 1932 cuando se celebra el homenaje racial, antecedente de la fiesta de la Guelaguetza, la intención era, por un lado, crear el sentimiento de identidad regional que se necesitaba para consolidar el nuevo orden emanado de la Revolución Mexicana, que a nivel de lo ideológico los oaxaqueños estuvieran unidos por el sentimiento de pertenencia a este estado. De ahí que se apoye la música y el canto, básicamente, inspirados en el terruño oaxaqueño. Y los indios, que también son oaxaqueños, debían ser parte de esta sociedad posrevolucionaria, debían sentirse oaxaqueños, destruir su localismo. Por otra parte, es cierto, se toma en cuenta al indio, pero éste no podía, tampoco debía entrar en condiciones de igualdad, porque no era ésta una sociedad igualitaria.

Se trataba de construir, a nivel de lo ideológico, el nuevo orden social. Ya no se transmite la idea del indio vicioso, perezoso, sino la del indio idealizado que aún vive en el atraso y que necesita ser redimido por la nueva clase política cuyos intereses no necesariamente son los de las oligarquías regionales oaxaqueñas. De allí que, si bien esta fiesta es creada y organizada desde el seno mismo del poder estatal, refleja no al indio incorporado al desarrollo de la nación, sino al indio folclorizado que vive feliz en su pueblo pese a su miseria. Este indio gustoso ofrece su riqueza cultural, como tributo, a la ciudad de Oaxaca, asiento de las elites políticas, económicas y sociales.

Al conservar la sociedad oaxaqueña la ideología colonial y que se expresa en la división social basada en criterios raciales, que sirven para justificar un orden económico en donde los indios son la fuerza de trabajo barata, es necesario legitimar este orden, pero también hacer aparecer a esta sociedad racializada como igualitaria, orgullosa de su riqueza cultural. En este sentido la fiesta de la Guelaguetza cumple dos objetivos. Por un lado es el espacio autorizado en donde los indios pueden presentar sus bailes, costumbres y tradiciones musicales que en otros espacios y momentos no es permitido abiertamente. Con esto se transmite la idea de una sociedad plural, abierta, tolerante con la diferencia, en armonía. Pero, por otro lado, refleja al tipo particular de indio que se acepta, así como de la relación que este sector establece con los otros grupos sociales: sumiso, obediente, respetuoso de las normas y del orden vigente. De allí que se valoren altamente las cualidades tradicionales de la mujer india: sumisa, recatada, sufridora, obediente, respetuosa de las decisiones de los varones y que se vea como no india a aquella que exprese otra forma de sentir o de actuar, como mostrar las piernas al bailar, porque con esta actitud se rompe la imagen idealizada de la mujer india.

Y esta capacidad de organizar una celebración que congregue a los grupos étnicos de origen mesoamericano representa el ejercicio del poder, pero del poder que habla Foucault, (1992) de aquel que se ramifica, que no se ve, no se percibe, pero que constituye un poder poderoso porque se halla en la base misma de la sociedad. En este caso es la capacidad para imponer un orden social determinado mediante la transmisión de imágenes y la expropiación del bagaje cultural de los pueblos indios, pues cuando el comité de autenticidad decide que es lo auténtico se sitúa por encima de los pueblos indios y como poseedor absoluto de la verdad, de una verdad que este comité ha construido a favor de una sociedad jerarquizada y desigual.

También este poder tiene la capacidad de decidir quiénes son merecedores de bailar en esta fiesta, quienes sí representan los valores de los oaxaqueños y quienes deben hacerlo en espacios inferiores, como es el caso de los negros de la costa porque no se les considera oaxaqueños. Lo importante aquí es que estas imágenes de lo indio son aceptadas e interiorizadas por toda la población, incluyendo a la población india. De esta forma el racismo, como una herencia colonial, se perpetúa y justifica la dominación de esta población por los demás grupos sociales, no son únicamente los dominantes.

Como reflexión final está que el multiculturalismo concebido como la aceptación de las culturas puede ser una nueva forma de racismo. Algunos bailables presentados en esta festividad expresan la sumisión de la mujer, la reproducción de la supremacía del hombre, el consumo del alcohol, pero como esto es propio de la cultura de un pueblo indio, se debe respetar, no cambiar. O bien, en la elección de la diosa Centeótl se apoya la situación de desigualdad y marginación en que aún vive la mujer india. Pero, repito, como esto forma parte de la cultura de los pueblos indios y como Oaxaca es respetuosa de la multiculturalidad, hay que respetar a los indios como son, dejarlos ser, aunque con esta posición se reproduzca la desigualdad y la opresión de mujer. Entonces, si los indios siguen maltratando a sus mujeres y éstas aceptan matrimonios forzados, si en sus fiestas siguen consumiendo grandes cantidades de alcohol, quiere decir que la imagen del indio de la época colonial sigue vigente, por lo tanto su pobreza se debe a los vicios que poseen, no a una falta de apoyo por parte del Estado Mexicano o a que constituyen la mano de obra más barata que existe y que les impide acceder a los beneficios que otros grupos si tienen.

Notas

1. Oaxaca es un estado de la república mexicana, ubicado en la parte sureste. Existe una importante población de origen mesoamericano distribuida en 17 grupos étnicos. Los más importantes son: los zapotecos, mixtecos, mixes, triquis, huaves, chatinos, chontales, ixcatecos, chochos, mixes, mazatecos y negros. El sector terciario es la principal actividad. En las zonas indígenas es la agricultura de temporal.

2. Actualización histórica es el proceso que surge por el impacto de dos sociedades tecnológicamente desiguales, una de ellas resulta sometida por la que posee el desarrollo tecnológico más avanzado. Con ello pierde su autonomía y corre el riesgo de que su cultura se traumatice y su perfil étnico sea alterado. Ribeiro (1977).

3. La provincia de Antequera es parte de lo que hoy es el estado de Oaxaca. La capital de esta provincia se llamaba la Nueva Antequera. Este nombre se toma de la ciudad española que lleva el mismo nombre.

4. En la actualidad, esta familia es una de las más importantes en la ciudad de Oaxaca. Su historia es interesante porque permite observar la forma en que se ha adecuado a los cambios políticos y económicos que el país ha vivido. Este proceso es similar al descrito por la novela de Lampedusa, El gato pardo.

5. Teposcolula es uno de los 30 distritos político administrativos en que se haya dividido el estado de Oaxaca. Es parte de la región de la Mixteca.

6. Es importante decir que estos yacimientos se ubican en la región de la Sierra Juárez, en un municipio poblado por zapotecos. Esta mina, durante el Porfiriato, fue explotada por un inglés.

7. Jicayán fue una de las Alcaldías más importantes y codiciadas de la Nueva España por su producción de mantas de algodón. Se ubica en la región de la Costa.

8. Hernán Cortés, el conquistador de México, recibió, como premio a los servicios prestados a la corona Española, una gran extensión de tierras conocidas como el Marquesado. Una porciòn de ellas se ubicaban en lo que hoy es  la parte poniente de la ciudad de Oaxaca. En la época colonial, las tierras del Marqués Cortés colindaban con la Nueva Antequera y eran el asiento de las familias indias. A esta porción de tierra se le conocía como Oaxaca del Marqués.

9. Las reformas Borbónicas intentaron recuperar el control de las colonias por parte de los reyes españoles. En el caso de la Nueva España, una de las medidas que tomaron fue la desaparición del repartimiento de indios, puesto que obligaba a éstos a trabajar en condiciones de semi esclavitud para los españoles. Por medio del repartimiento, en algunas regiones indígenas de Oaxaca se obligaba a los indios a cultivar la grana cochinilla. Los comerciantes en complicidad con los alcaldes mayores, acaparaban esta producción y la vendían en Europa. Las ganancias eran extraordinarias.

10. El estado de Oaxaca se haya dividido en ocho regiones: La sierra Norte, la Mixteca, los Valles Centrales, el Papaloapan, el Istmo, la sierra Sur, la Costa y la Cañada. La antigua Antequera, hoy ciudad de Oaxaca, se ubica en la región de los Valles Centrales.

11. Un dato más para comprender la importancia política y económica de los peninsulares lo representa el origen de los obispos de la provincia de Antequera. Durante toda la Colonia, es decir de 1537 a 1821, sólo nueve de los veinticuatro obispos fueron criollos. Los quince restantes, penínsulares (Ibarra 1997:51).

12. La autora revisa los censos de la segunda mitad del siglo XVIII, con ellos elabora mapas de ubicación de la población que dan, a simple vista, un cambio en relación con las formas de asentamientos de dos siglos antes; sin embargo, continua su análisis al estudiar y clasificar a cada una de las personas que en este espacio conviven. Los datos le permiten proponer que si bien a nivel espacial había una apertura, ésta no significaba que fuera social. Los habitantes no blancos de esta zona de la ciudad eran, en su mayoría sirvientes.

13. El tercer presidente de México fue Vicente Guerrero, un mestizo, el cual fue depuesto del poder por una revuelta en 1831. Al contrario de otros derrocamientos, a él si se le procesa y se le fusila el mismo año. Para algunos historiadores la decisión radical de fusilarlo se debe a que no era un criollo y se debía alertar a las personajes que no fueran de este grupo, que su acceso a estos niveles de poder estaban prohibidos.

14. La segunda mitad del siglo XIX es interesante por los procesos sociales que se dan. Efectivamente los mestizos toman parte en las luchas por controlar el Estado Mexicano. Sin embargo dos indígenas fueron figuras relevantes en este siglo: el escritor Ignacio Manuel Altamirano, mixteco, liberal que luchó a favor de la Reforma y contra la intervención francesa y Benito Juárez García, zapoteco, Presidente de la República, defensor de la soberanía nacional. En su peregrinaje por la República, durante la guerra de Reforma, en el estado de Guanajuato se burlaban de que él, un indio, se ostentara como Presidente. Su presencia a este nivel fue una ofensa para la población criolla. Incluso un dato de su vida privada pone de manifiesto esta situación. El se casó con una mujer criolla: Margarita Maza, pero su enlace fue muy de mañana, para  evitar las burlas y críticas de la oligarquía criolla oaxaqueña a este matrimonio.

15. Ignacio Manuel Altamirano refleja, en sus novelas y escritos, esta situación. Para él las culturas indias deberían desaparecer pues eran la causa del atraso y miseria en que se encontraba esta población. El mismo, como Benito Juárez, se transformó en un criollo, es decir piensan y actúan como criollos.

16. Francie Chassen ubica a Thomas Woolrich como estadounidense. Sin embargo, en la entrevista realizada, su bisnieto -que es empresario de la construcción-, afirmó que era inglés. Llegó a Oaxaca procedente de Canadá. Todavía existen descendientes de las personas mencionadas y son parte de las clases altas de Oaxaca. La familia Audiffred dejó el comercio y ahora se ubica dentro de la administración pública, los Hampshire son propietarios de negocios importantes. Un descendiente de Chapital en el presente siglo fue gobernador del estado. Leopoldo De Gyves, prominente dirigente de la Coalisión Obrero Estudiantil del Istmo  y diputado estatal por el PRD, es descendiente del cónsul francés Henry De Gyves, la familia Baigts aún sobrevive.

17. Incluso en la actualidad los blancos son una minoría y los indios y mestizos constituyen la mayoría.

18. Los descendientes de este gobernador continúan ejerciendo su poder político en el estado de Oaxaca.

19. Este mejoramiento se debe a las políticas destinadas a formar a los profesores indígenas, hecho que llevó, efectivamente, a elevar el nivel de vida de las familias de los profesores, en tanto cuentan con un salario mensual. Este proceso, sobre todo, fue más evidente durante los años en que estuvo vigente el Estado de Bienestar social.

20. Desde hace nueve años la clase política oaxaqueña se dividió. Unos fortalecieron al Partido Acción Nacional, mientras una parte importante se mantuvo fiel al Partido Revolucionario Institucional. A partir de 1991 la fractura se hizó más evidente. Un destacado integrante del PRI y descendiente de una familia de la oligarquía oaxaqueña de orígen libanes, se separó y conformó una planilla para contender por la presidencia municipal. En dicha planilla se encuentraban personas de diferentes orígenes, pero prevalecían los de la oligarquía. En las elecciones de este año para gobernador, la división política de la clase dominante continuó, tanto en las elecciones para gobernador como para presidente municipal.

21. Se que esta situación es responsabilidad de ambos grupos. Si hay un dominador es porque el dominado lo permite.

22. Prevalecía la concepción decimonónica de nación, conformada por una sola cultura y una sola lengua. De allí que la política educativa destinada al medio indígena tuviera como objetivo asimilar al indio, mexicanizarlo como decía Rafael Ramírez, uno de los teóricos de esta educación. Es decir, que los indios perdieran sus características culturales.

23. Como ya se mencionó, el estado de Oaxaca está dividido, administrativamente, en 8 regiones que coinciden con criterios geográficos y son: El Istmo, el Papaloapan, la Costa, la Mixteca, la Sierra Juárez, la Sierra Sur, la Cañada y los Valles Centrales. La capital del estado y asiento de los poderes político y económico se ubica en la región de los Valles Centrales. Las tres regiones mencionadas presentan un desarrollo económico más avanzadas que las otras. En las cinco últimas regiones se concentra la población indígena.

24. La diosa del maíz en la cultura zapoteca.

25. Princesa de la época mesoamericana.

26. Por la prensa y el radio, las delegaciones que representan regiones indígenas, se han quejado del trato recibido, pues a ellas se les aloja en los hoteles más modestos, reciben menos apoyo, en cambio las delegaciones que vienen de las regiones más desarrolladas del estado y con menos presencia indígena, como el Papaloapan o el Istmo, son mejor atendidos, hospedados en hoteles de categoría más alta.

27. Se afirma lo anterior debido a que los españoles nunca pudieron controlar totalmente la región, incluso hasta mediados del siglo pasado era una región incomunicada, en consecuencia, se tenía una alta tasa de población hablante del mixe. Una de las causas de lo anterior es la orografía abrupta. La región mixe se ubica en la parte más alta de la región de la sierra Juárez.

28. Los triques son un grupo étnico que habita la región de la Mixteca.

29. Planteo que es la mayoría de las veces porque en ocasiones se presente el grupo huave, sin embargo por la difusión que se le ha brindado al grupo dominante: los zapotecos del Istmo, aquel no tiene la aceptación que el segundo.

30. El telar de cintura es de origen mesoamericano. En el elaboran todavía las mujeres las telas con las que se confeccionan los vestidos.

31. También suele vérseles con curiosidad, como productos vivos del pasado de occidente, a la manera como se veía a América en Europa cuando recién se descubrió: “en un principio todos éramos como América”. Así aquí, en un pasado remoto, todos estuvimos, sobre todo las mujeres, en una situación similar a la presentada por estos grupos. Es como viajar al pasado desde la comodidad de una ciudad y un auditorio.

32. Jesús Lizama  en su tesis de doctorado estudió la construcción simbólica en Oaxaca. Muchas de las ideas aquí presentadas han sido discutidas con él al comentar los hallazgos de su trabajo de campo, que de alguna forma se relaciona con mi trabajo sobre racismo.

33. En estos momentos, en varios ámbitos, no sólo en el académico, se utiliza mucho el término multiculturalismo, entendido en su significado más simple: el respeto a las culturas de los otros, es decir, que todas las actuaciones tienen una lógica que les otorga su cultura y que no se debe tratar de explicarlas desde la perspectiva de otra cultura. Sin embargo esta posición puede llevar a la indiferencia, en el mejor de los casos, sobre las condiciones en que vive una parte importante de la población india, y bien, ya en otro extremo, a un racismo diferencial, como lo denomina Wieviorka.

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