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Educere

versión impresa ISSN 1316-4910

Educere v.10 n.33 Meridad jun. 2006

 

Lectura: una experiencia sublime

Carla Sánchez y Yamira Chacón Contreras

Universidad de Los Andes Mérida - Venezuela /

Resumen

Analizaremos el proceso de lectura a partir de nuestras experiencias con la literatura. Partiremos de los planteamientos teóricos que explican la lectura como experiencia, como arte y como magia. La lectura como una experiencia, en la que se fusionan facultades intelectuales, emociones y sensaciones. La lectura como arte, manifestación de expresión sensible, susceptible de ser interpretada de infinitas formas, que se vive en un tiempo determinado: el instante. La lectura como magia en la que las líneas que delimitan lo real y lo fantástico, lo racional y lo irracional, se hacen borrosas, difusas y hasta indefinibles.

Palabras clave: lectura, arte, experiencia, magia, literatura

Reading: a blissful experience

Abstract

We will analyze the reading process from our experiences with literature. We will begin at the theoretical statements that explain literature as an experience, as art and as magic. Reading as an experience, in which intellectual, emotional and sensory attributes come together. Reading as an art, a manifestation of sensitive expression, susceptible to infinite interpretations, lived in a determined moment: an instant. Reading as magic where the lines that divide reality from fantasy, rational from irrational, are blurry, difuse and even invisible.

Key words: reading, art, experience, magic, literature

Fecha de recepción: 23-11-05  Fecha de aceptación: 11-01-06

Toda vida es porosa a la experiencia.

Juan Villoro

Cuando nos planteamos interrogantes acerca del proceso de lectura, generalmente hemos elaborado una hipótesis que parte de nuestras ideas y reflexiones personales. Al acudir a los expertos en el área buscamos respuestas precisas y, si se quiere, unívocas. Sin dar respuesta a nuestras preguntas, Smith (1995) nos brinda pistas para que pensemos el proceso de lectura.

Smith (1995) sostiene que la lectura no es un proceso que pueda explicarse simplemente describiendo las relaciones entre ojo, cerebro y texto. Plantea que las preguntas que nos hacemos sobre la lectura dependen de nuestros intereses personales. Si somos docentes, posiblemente estaremos buscando una respuesta que nos sirva para orientar nuestra práctica pedagógica. Del mismo modo, otras ideas acerca de la lectura dependerán de intereses y representaciones particulares. Por tanto, la respuesta que se espera de un experto en el área, variará considerablemente de una persona a otra (padres, médicos, periodistas, abogados, escritores, etc.).

1. Una experiencia sublime…

Al pensar la lectura, las analogías acuden de inmediato: leer es como amar, leer es como soñar, leer es como viajar... por lo que cada una de esas palabras nos permite trazar algún aspecto de la lectura que es primordial; la lectura es una experiencia de la sensibilidad (Larrosa, 1998). Así pues, decimos que leer es como amar, soñar o viajar porque de pronto, desde nosotros, emerge una historia entera. Personas que no conocíamos se cristalizan en imágenes perfectamente delineadas. A veces también llegamos a países o lugares desconocidos. Todos los acontecimientos, aventuras y disputas posibles son –predecible o impredeciblemente– develados en la medida que vamos leyendo: sentimos dolor, sufrimiento, alegría, paz…Todo eso está en nuestra relación con la lectura.

Explorando relaciones de analogía para pensar esta experiencia, encontramos que leer es una palabra que encierra muchas otras: crear, viajar, imaginar, sentir…

Mientras leemos rompemos los límites del espacio y del tiempo para conquistar lugares y momentos distintos. De suerte que no sería osado afirmar que ganamos el don de la ubicuidad. Al decir de Bettelheim y Zelan (2001) nos conectamos a otros mundos. Para Smith (1995) asimismo, nos situamos en dimensiones únicas, antes inexploradas. Una relación íntima entre el texto y la subjetividad que podría figurarse como experiencia; así “La experiencia sería lo que nos pasa. No lo que pasa, sino lo que nos pasa” (Larrosa, 1998, p. 18). Sin duda, la lectura es algo que no ocurre fuera de nosotros.

Smith (1995) asevera que lo que sucede cuando se lee sólo puede explicarse a partir de la propia subjetividad. Presenta los conceptos de experiencia, realidad y significado como palabras indefinibles, que no poseen entidad y que únicamente pueden ser parafraseadas en contextos precisos. Hablamos de conceptos que son interpretados, cuyo sentido es intransferible.

Ciertamente la lectura vista como experiencia fusiona pensamiento, sentimientos e historia de vida. Involucra emociones y sensaciones que antes hemos experimentado o que quizás apenas comienzan a asomarse ante nuestro propio asombro. La lectura transforma lo cotidiano; transcurre en un instante acaso perceptible por la conciencia; se edifica en una relación única e irrepetible del lector con el texto. En ella el texto se deja escuchar (Larrosa, 1998) en el silencio de un espíritu que se diluye en un extraordinario momento.

Una vez absortos en ese instante, nos abraza siempre algo de incertidumbre, algo de riesgo, algo de aventura no finalizada, algo no dominable. De manera que la lectura es, relativamente, independiente de nuestras intenciones e incluso de nuestra voluntad. Armoniza nuestras facultades intelectuales, emociones, sensaciones, experiencias y vida. (Nieto, 2003; Rosenblatt, 1996; Smith, 1990).

Para Larrosa (1998) la lectura es “algo que nos forma (o nos de-forma o nos trans-forma)… algo que nos constituye o nos pone en cuestión en aquello que somos” (p. 16). La totalidad de la persona se implica y se inmuta en la relación con el texto. El lector escucha lo que el texto le dice, “está dispuesto a perder pie y a dejarse tumbar y arrastrar por lo que le sale al encuentro” (p. 20). Luego se forma o transforma.

La lectura talla nuestra esencia como seres humanos. Se orienta hacia la perfección del instante, en un dejarse abordar por el texto, en una relación de escucha “que va respondiendo a lo que va pasando… conformando lo que uno es” (Larrosa, 1998, p. 23). Fuera de esta tendencia la lectura pierde su sentido.

2. Arte…

Cuando hablamos de arte nos referimos a las manifestaciones de expresión sensible, cuya impronta personal puede ser interpretada por otros. Nieto (2003) afirma que la lectura vista como un arte, implica activar la razón y las emociones mientras desciframos la palabra escrita.

Así, grafía y lectura están estrechamente relacionadas con nuestro pensamiento, nuestro ser y nuestra sensibilidad. Es posible pues, hablar de arte cuando nos referimos al sistema de signos que comporta la lengua escrita.

La lectura como arte puede ser un secreto reservado, un misterio, un arcano. La lectura es entonces, inaccesible a la razón de otros porque es una experiencia tan única y personal, que un mismo libro puede ser concebido de manera distinta por cada lector. Esto significa que interpretamos según los sentimientos que la experiencia de la lectura provoca (Nieto, 2003).

Para Bettelheim y Zelan (2001), la lectura es una posibilidad de expansión del tiempo y del espacio. Leer es penetrar el texto desde nuestra intimidad creando mundos inaprensibles por otros. Es transfigurarse en el contacto de un mundo expuesto en páginas. Es conectar lo que creemos que es el mundo real con el ser que somos y con el mundo de un escritor.

Viajar sin dar un paso. Viaj ar sólo con un movimiento de ojos y un movimiento de manos. Establecer vínculos con realidades paralelas (la nuestra y la del texto), en instantes que se cruzan y nos tocan. Abrir la página y entregarnos al libro para develar secretos ocultos. Aquéllos que una vez descubiertos pueden exacerbar nuestro ser.

Bettelheim y Zelan (2001) señalan que cuando la lectura nos afecta profundamente, la experimentamos de forma subconsciente como algo mágico y de cierta manera desconocido. No hay conciencia porque la experiencia está ocurriendo; se está viviendo en el instante presente (Smith, 1995).

En ese instante desciframos signos gráficos y los hacemos propios, descubriendo aquel enigma que nos permite hablar sin decir palabra y pensar sin saber que estamos pensando. Caemos en una embriaguez, en un estado de letargo ante la realidad común, para sumirnos en una pérdida –a veces completa– de la conciencia. Todo esto con sólo conectar los sentidos con un texto escrito en el que, posiblemente, no haya certezas ni predicciones racionalmente coherentes.

La lectura, y lo que ésta es capaz de aportar a la vida de cada uno, no es algo que pertenezca exclusivamente a la mente consciente; es algo con raigambre en el inconsciente. Bien lo dicen Bettelheim y Zelan (2001):

Aquellos que durante toda su vida conservan un profundo compromiso con la lectura albergan en su inconsciente algún residuo de su convencimiento anterior de que leer es un arte que permite acceder a mundos mágicos, aunque pocos de ellos se den cuenta de que albergan esta creencia subconsciente (p. 58).

Bettelheim (2002) da una explicación de los procesos psicológicos que se activan en la lectura de cuentos de hadas, para encontrarle un significado a la propia existencia. A partir de allí, estudia la naturaleza de los elementos emocionales que impulsan a la persona a leer en la edad adulta. Señala cómo desde el inconsciente se despiertan muchas emociones cada vez que nos sumergimos en una ansiada literatura.

Entonces, quizá leer sea lograr lo que es racionalmente imposible al emprender rutas que exponen ante nuestra razón lo irracional que llevamos dentro y que nada más nosotros podemos comprender y vivir. Leer podría llegar a ser una vivencia tan intensa y oculta como para convertirse en nuestro íntimo secreto, aquél imposible de compartir, pues no existen palabras que puedan explicarlo. En palabras de Pennac:

Lo que leemos lo callamos. El placer del libro leído casi siempre lo guardamos en el secreto de nuestros celos. Sea porque no vemos en ello materia para el discurso, sea porque, antes de poder decir una palabra sobre él, tenemos que dejar que el tiempo haga su delicioso trabajo de destilación. Ese silencio es el garante de nuestra intimidad. (en: http://www.cayomecenas.com/mecenas327.htm)

Y lo más inverosímil para muchos: algo que puede ocurrir tan sólo con abrir páginas llenas de letras que dicen más y que son más que simples marcas en el papel.

3. Magia…

La magia aflora durante la experiencia de la lectura. Para Bettelheim y Zelan (2001) damos vida al texto desde el inconsciente cuando otorgamos forma, color y movimiento a la historia que se abre ante nuestros ojos. Así, en la lectura se hace posible el despliegue hacia un mundo imaginario que adquiere imperceptiblemente, existencia real para nosotros.

El escritor nos concede una suerte de poder en un momento determinado: el presente. Ese momento se hace tangible cuando, con nuestra mirada, recorremos las líneas impresas en el texto. Entonces, tallada en el espacio de la página, la palabra perfila el hallazgo de un mundo anunciado. Luego, ese tiempo, ese instante, se alimenta de aquel poder que nos permite imaginar o predecir lo que podría sobrevenir al voltear la página. Como lectores, penetramos la intimidad de cada personaje para “habitar con deleite, sorpresa, admiración o estupor, esta caligrafía personalísima de la escritura“ (Peña, http://www.elmeollo.net/meollo/detalle.php?idc=11&ida=10). Así, sucumbimos en la obra sin advertirlo siquiera.

Al sucumbir en el texto somos alcanzados y subyugados. Nuestras expectativas e ilusiones quedan suspendidas en el plano de la posibilidad. En una dimensión ajena a la propia cotidianidad, saboreamos aquel poder que súbitamente se esfuma. Aquél fue sólo una promesa de la que ahora somos víctimas, pues un estado de tensión se aloja en nosotros: la intriga.

En esa extraña dimensión, se forma –en palabras de Bettelheim y Zelan (2001)– un “mundo paralelo”. Nos involucramos con la historia narrada sin poder y sin querer salir de ella. El escritor moviliza nuestras más íntimas fibras a través de aquellas líneas talladas en la página en blanco, pensadas quizá con cautela y astucia para dar cuerpo a la historia, a ese mundo anunciado. Nosotros, absortos en la experiencia de lectura y absolutamente conectados con ese mundo mágico, vivimos los sentimientos más sublimes o los más despiadados. Podemos reír, llorar, sentir odio, amor, compasión…

Luego, la lectura tendrá una resonancia que se prolongará en el tiempo. Seguirá haciendo eco en nosotros, nos transformará, re-creando nuestra cotidianidad. Para Larrosa (1998), la experiencia in situ, en el aquí, como vivencia única, –de un instante– da cabida a reacciones físicas y emocionales intensas. Por eso durante la lectura podemos experimentar una realidad en la que las líneas que delimitan lo real y lo fantástico, lo racional y lo irracional, se hacen borrosas, difusas y hasta indefinibles.

* Carla Sánchez. Licenciada en Educación, mención Preescolar, Universidad de Los Andes. Maestría en Educación, mención Informática y Diseño Instruccional, Universidad de Los Andes. Cursa la Maestría en Educación, mención Lectura y Escritura, Universidad de Los Andes. Docente de la cátedra Práctica Profesional Docente, Departamento de Pedagogía y Didáctica, Escuela de Educación de la Universidad de Los Andes.
* Yamira Chacón Contreras. Licenciada en Educación, mención Básica Integral y Abogado, Universidad de Los Andes. Posgrado en Educación mención Lectura y Escritura, Universidad de Los Andes. Docente de la cátedra Lenguaje y Comunicación, en la Universidad Nacional Experimental Sur del Lago.

BIBLIOGRAFÍA

1. Bettelheim, B. (2002). Psicoanálisis de los cuentos de hadas. S. Furió. (trad.). Barcelona, España: Crítica.         [ Links ]

2. Bettelheim, B. y Zelan, K. (2001). Aprender a leer. Beltrán, J. (trad.). Barcelona, España: Crítica.         [ Links ]

3. Larrosa, J. (1998). La experiencia de la lectura. Barcelona, España: Editorial Laertes.         [ Links ]

4. Nieto, A. (2003). Leer es hacer el amor con la vida. Congreso Lectura 2003, celebrado en La Habana, Cuba. Extraído el 22, abril 2004: (de: http://64.233.161.104/search?q=cache:Jr5F1suFvacJ:www.cerlalc.org/reflexiones_p/Cu ba.doc+N ieto+lectura+raz%C3%B3n+emociones+paradigmas & hl=es) Peña E. (2004). La brevedad narrativa. Extraído el 22, abril, 2004: (de: http://www.elmeollo.net/meollo/ detalle.php?idc=11 & ida=10).         [ Links ]

5. Rosenblatt, L., (1996). La teoría transaccional de la lectura y la escritura. Textos en contexto 1: Los procesos de lectura y escritura. Buenos Aires: Asociación Internacional de Lectura.         [ Links ]

6. Smith, F. (1990). Para darle sentido a la lectura. Madrid: Visor.         [ Links ]

7. ______. (1995). What happens when you read? En Between hope and havoc. USA: Heinemann.         [ Links ]

8. Yusti, C. (s.f) Daniel Pennac, como un novelista. Extraído el 22, abril, 2004: (de: http://www. cayomecenas.com/mecenas327. htm).         [ Links ]