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Revista Venezolana de Endocrinología y Metabolismo
versión impresa ISSN 1690-3110
Rev. Venez. Endocrinol. Metab. v.6 n.1 Mérida feb. 2008
El profesionalismo en medicina o la buena práctica
Ximena Páez
MÉDICA. Editorial
Los pacientes aspiran a ser atendidos por buenos médicos: aquellos que los escuchan, tratan de aliviar sus problemas, les informan sobre su estado de salud y demuestran preocupación por su bienestar.
Los buenos médicos son los profesionales de la medicina que cumplen con los compromisos éticos establecidos hace 25 siglos, atribuidos a Hipócrates y que aún son válidos en el siglo XXI. Estos principios se pueden resumir en uno: el beneficio o interés del paciente está primero, incluso por sobre el interés propio. En otras palabras, servir al paciente por encima de todo. Una actualización de esos principios y los compromisos que se derivan de ello están sintetizados en Medical Professionalism in the new millenium: A Physician Charter(1), documento que todo estudiante y médico debería conocer y discutir.
El profesionalismo se considera actualmente como un conjunto de valores, conductas y relaciones que fundamentan la confianza que el público deposita en los médicos. En gran medida la calidad de la atención médica depende de las actitudes y conductas del personal de salud.
Disponer de conocimientos actualizados y habilidades clínicas es indispensable, pero no suficiente para ser un verdadero profesional. Para esto se requiere tener vocación de servicio, compasión, honestidad y dedicación a los pacientes y rescatar así el lugar de la medicina como una profesión humanística. Nunca se podrá dar un buen servicio si se carece del sentido de colocarse en el lugar de los otros, en particular de los otros que necesitan de nosotros, como es la situación de los pacientes en general.
Por tanto, habrá mejor atención y mayor satisfacción de los pacientes en la medida que el personal de salud se comporte profesionalmente. Para lograr esto, se necesita tanto de la acción decidida de escuelas de medicina que seleccionen estudiantes no sólo con aptitudes en ciencias sino con atributos humanistas y que los eduquen incentivando y desarrollando su formación científica y humana; así como, de la acción de los estados que supervisen y propicien una educación y práctica apropiadas. Todo esto, a fin de cumplir con los clamores de la sociedad, demandas expresadas en declaraciones universales de organizaciones como OMS, UNESCO, AMM y en legislaciones de muchas naciones: el gozar de los derechos a la salud y el acceso de todos, sin distingo, a una atención médica de calidad, es decir, la que es servida por verdaderos profesionales. Nuestra responsabilidad como médicos es la de contribuir a dar esa verdadera formación a los futuros servidores de los pacientes, al enseñar y fomentar valores y conductas profesionales, señalar su importancia en la atención médica resultante y finalmente ser buenos modelos a imitar durante todo el tiempo de nuestro desempeño como maestros, médicos practicantes e investigadores, triple e indivisible papel que debe cumplir todo profesional de la medicina.













