1. Introducción
El autocuidado es una conducta definida por la Organización Panamericana de la Salud (2023) como la “capacidad de individuos, familias y comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades, mantener la salud y hacer frente a las enfermedades y discapacidad con o sin el apoyo de un proveedor de atención médica” cuyo fundamento se centra en el bienestar físico y emocional. El fortalecimiento de los factores psicológicos como el autoconocimiento, autoconcepto, autocontrol, autoaceptación, autoestima y la resiliencia contribuyen de manera positiva a las prácticas del cuidado de sí mismo Lichner et al., (2021). Una conducta contraria a estos factores puede contribuir con la aparición de factores de riesgo como la inactividad física, tabaquismo, desnutrición, obesidad, estrés y alcoholismo Merrick et al., (2021). De acuerdo con Orem (1993), el déficit de autocuidado es el desinterés por cubrir las propias necesidades de salud, aumentando los riesgos socioambientales.
En consecuencia, la esperanza de vida en México ha disminuido en promedio 4.2 años debido a la alta prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, marcando la mayor reducción en comparación con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), repercutiendo con una disminución en el Producto Interno Bruto (PIB) de 3.3% siendo el más bajo al resto de los países. Las personas con ingresos más bajos perciben menos favorables su salud que aquella con un alto poder adquisitivo OECD, (2023). Asimismo, prácticas como la alimentación poco saludable y la inactividad física no solo favorecen enfermedades, sino también crisis mundiales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el aumento en la polución Weber et al., (2023)
A partir de la Conferencia Internacional de las Universidades para la Promoción de la Salud en Universidades e Instituciones de Educación Superior en (2015), se hizo un llamado a las universidades para incorporar la salud y el bienestar en al ámbito empresarial, académico y cultural de las instituciones educativas. La meta es incorporar en el proyecto educativo la formación personal en conocimientos, habilidades y destrezas para el autocuidado y la promoción de estilos de vida saludables Escobar y Pico, (2013). Ruiz- Aquino y Díaz (2019), señalan que los estudiantes pueden consolidar un estilo de vida universitario, influyendo en los hábitos de salud presentes y futuros, si las conductas de autocuidado son saludables, esto llevará a empoderar a los jóvenes en la etapa adultez, volviéndolos capaces de cuidar de sí mismos y trascender al cuidado de los otros.
La sustentabilidad se define como “el conjunto de acciones efectivas, deliberadas y anticipadas que resultan en la preservación de los recursos naturales, incluyendo la integridad de las especies animales y vegetales, así como en el bienestar individual y social de las generaciones humanas actuales y futuras” Corral y Pinheiro, (2004), (p.10). Una persona con orientación a la sustentabilidad busca promover la conservación y renovación de los recursos naturales, involucrarse en acciones pro-ambientales, equitativas, altruistas y frugales para alcanzar el desarrollo sustentable.
En esta primera aproximación teórica, los componentes de las conductas sustentables incluyen el autocuidado, la equidad, el altruismo, la frugalidad y la conducta pro-ecológica Corral-Verdugo et al., (2021). El autocuidado se refiere a una serie de acciones y decisiones que una persona toma para promover y mantener su salud y bienestar en los aspectos físico, psicológico, espiritual, emocional, relacional y profesional, con hábitos y prácticas dirigidas a satisfacer necesidades personales, prevenir enfermedades, manejar situaciones de estrés y fomentar estilos de vida saludables Torres-Soto et al., (2024). Por su parte, el altruismo es un conjunto de acciones que se realizan de forma desinteresada a favor de los otros sin esperar una retribución a cambio de la acción García et al., (2007), por otro lado, la conducta equitativa se concibe como un trato a favor de los otros basados en los principios de justicia, evitando cualquier forma de prejuicio y discriminación asociada con rasgos personales o demográficos de personas o grupos que viven en condiciones de pobreza y/o vulnerabilidad Corral-Verdugo et al., (2016). Adicionalmente, la conducta frugal se relaciona positivamente con la simplicidad voluntaria, la cual se guía por un estilo de vida modesto, ahorrativo y sensato de los recursos buscando mejorar el medio ambiente y lograr un cambio positivo a largo plazo Sheth et al. (2011). Finalmente, la conducta pro-ecológica comprende un conjunto de acciones intencionadas y eficaces que satisfacen las demandas sociales e individuales, y que contribuyen a la protección del medio ambiente Corral-Verdugo et al., (2010).
En este contexto, Hernández et al. (2019) señalan que los estudiantes que adoptan conductas pro-ecológicas tienden a ser más frugales, equitativos y altruistas con un beneficio al medio ambiente y en la salud. Las personas que muestran comportamientos altruistas y equitativos suelen proporcionar una mejor atención, trato y cuidado a los demás con un entorno más humano y compasivo en los servicios de salud, estas cualidades fomentan una cultura de responsabilidad social y cuidado mutuo, esencial para el bienestar colectivo y el desarrollo sostenible de la sociedad.
Previas investigaciones de la psicología de la conservación sugieren que las personas con una inclinación hacia el cuidado del medio ambiente tienden a experimentar beneficios psicológicos positivos e incrementar su bienestar, adoptar prácticas sustentables puede favorecer el bienestar personal Corral-Verdugo et al., (2011). El bienestar es un concepto subjetivo, ya que representa una combinación de aspectos emocionales y cognitivos de las personas por las valoraciones subjetivas que hacen de sus vidas Oliveros, (2018). Existe evidencia empírica de que altos niveles de bienestar permiten a las personas impactar positivamente en su entorno ambiental y prosperar en el desarrollo de la autoaceptación, encontrar un propósito y significado de vida, experimentar desarrollo personal y establecer relaciones positivas con los otros y el ambiente (González et al., 2021).
Desde la psicología positiva existen dos visiones distintas que permiten explicar el bienestar personal: el bienestar subjetivo (hedónico) y el bienestar psicológico (eudaimónico) (Flores et al., 2018). El bienestar subjetivo consiste en que los individuos buscan incrementar el placer y minimizar el displacer a partir de sus experiencias subjetivas Capponi, (2019). Diener et al. (2009) afirman que el bienestar subjetivo es un aspecto crucial en la vida de las personas, ya que está relacionado con su grado de felicidad y satisfacción vital. Las personas con altos niveles de bienestar subjetivo tienden a mostrar comportamientos más saludables, mejor estado de salud y mayor longevidad. Por otro lado, el bienestar psicológico se centra en el desarrollo de las capacidades humanas, permitiendo al individuo encontrar sentido y significado en la vida al potenciar sus virtudes y fortalezas Neuhaus et al., (2022). Incluso la práctica de acciones de autocuidado, como la relajación, la meditación o la oración, puede fortalecer las estrategias de afrontamiento activo y promover el bienestar individual Butler et al., (2019).
Por ende, el estudio de las prácticas de autocuidado ha adquirido relevancia en los estudiantes en formación del campo de la salud, ya que acentúan los aspectos positivos de la salud y el bienestar, proporcionando una respuesta eficaz a las demandas de su formación académica Colomer-Pérez et al., (2022); Daly y Gardner, (2020), fomentando la habilidad resolutiva, la instrucción de conocimientos sobre problemas sociales comunes mediante la incorporación en el currículo de temas de sustentabilidad, generando un mayor desempeño clínico, brindando una mejor atención e interés por el bien de los demás Malekzadeh, (2018). Por el contrario, si no se alcanza a reconocer la importancia del cuidado de sí mismo y del medio ambiente, no lograrán un impacto importante en el cuidado de los demás (Kirby y Zwickle, 2021; Merrick et al., (2021).
Por otra parte, existen retos y desafíos importantes que las Instituciones de Educación Superior (IES) en México deben cumplir desde un posicionamiento de carácter humanista que oriente a la sostenibilidad y la sustentabilidad Sauvé, (2005). De ahí la importancia de incorporar un sistema de evaluación que examine la afectividad de las acciones en materia de autocuidado en las IES. Este modelo de evaluación debe de responder a las recomendaciones establecidas en los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) 2030, el Plan Nacional de Desarrollo (2019-2024), el Programa Sectorial de Salud (2020-2024) y al Plan Institucional de Desarrollo Estratégico (2021-2024) de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo.
La sustentabilidad, vista como una dimensión de la calidad en la atención sanitaria, extiende la responsabilidad hacia la población presente y futura Ranabhat y Jakovlievic, (2023) considerando la formación en estudiantes universitarios desde un modelo biopsicosocial para atender la salud de la población Guzmán, (2024). Si la salud es un pilar esencial para avanzar hacia el desarrollo sustentable, el acceso a los servicios de salud es clave para mejor el bienestar social y la calidad de vida en la población Endalamaw et al., (2024). No obstante, las políticas de desarrollo sustentable deben considerar los determinantes sociales de la salud Picazzo et al., (2011).
A partir de lo anterior, el presente estudio busca analizar la relación entre las conductas sustentables (autocuidado, equidad, altruismo, frugalidad y conducta pro- ecológica) y el bienestar humano (subjetivo y psicológico) en estudiantes de la División de Ciencias de la Salud, que pertenecen a la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo, México, ubicada en la ciudad de Chetumal, como una estrategia fundamental que promueva el empoderamiento de la salud y el compromiso con la atención primaria de la salud.
2. Método
2.1. Participantes
A través de un estudio cuantitativo, no experimental, transversal, explicativo y correlacional se seleccionaron a 230 estudiantes, pertenecientes a la División de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo bajo un muestreo por conveniencia. El tamaño de la muestra se calculó con la fórmula para población finita con 95% de confianza Villavicencio, (2017). Con una potencia del 90% de acuerdo con García- García et al. (2013).
2.2. Procedimiento
Las encuestas fueron aplicadas a las licenciaturas de Medicina, Enfermería y Farmacia de la División de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo. Para recopilar datos, se utilizó un formulario en línea de Microsoft Forms confidencial, anónimo, voluntario con duración aproximada de 15 minutos. Se garantizó el consentimiento informado y cumplimiento de los principios establecidos en la Declaración de Helsinki Ashcroft, (2008), y los criterios establecidos en el Reglamento de la Ley General de Salud relacionados con la Investigación en Salud. El Comité de Ética de Investigación de la División de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo aprobó este estudio con el número de registro ZS/PI-31/23.
2.3. Instrumentos
La recolección de los datos se efectuó mediante la aplicación de inventarios tipo Likert previamente validados y confiabilizados en población mexicana en los instrumentos que se describen a continuación.
Escala de autocuidado de Corral-Verdugo et al. (2021), compuesta por 18 reactivos que miden la constancia que los participantes tienen respecto al cuidado de su salud física, mental, autocontrol, hábitos de alimentación saludable, manejo del tiempo libre y uso de prácticas de relajación mental, el alfa de Cronbach aceptable con un coeficiente de α=.86.
Escala de altruismo de Tapia et al. (2006) con 10 reactivos que describen comportamientos que procuran el bienestar de otras personas y organizaciones, sin esperar recibir un beneficio propio, tiene alfa de Cronbach adecuado de α=0.80.
Escala de equidad de Tapia et al. (2006) con 7 reactivos que tratan de explicar qué tan de acuerdo están las personas sobre la igualdad de oportunidades, el respeto a los demás, el respeto a los derechos de la población, etc. Con índice de fiabilidad de .76.
Escala Frugalidad de Corral-Verdugo y Pinheiro (2004), con 10 reactivos que explora el gasto diario (control de la economía familiar) y el impacto ambiental. El alfa de Cronbach de α=.64.
Escala de conducta ecológica general de Kaiser (1998), explora conductas sustentables. Alfa de Cronbach de α=.74.
Escala de bienestar subjetivo de Lyubomirsky y Lepper (1999) y permite evaluar el bienestar subjetivo desde la subjetividad del individuo. Con tres reactivos de tipo diferencial semántico, índice de consistencia interna, consistencia interna aceptable de α=0.83.
Escala de bienestar psicológico de Díaz et al. (2006). Evalúa los aspectos positivos del individuo, índice de confiabilidad de .92.
2.4. Análisis de datos
Con el paquete estadístico SPSS versión 26, se analizó la consistencia interna de cada escala aplicada, usando el coeficiente alfa de Cronbach. Se obtuvo estadísticas univariadas de cada ítem de las escalas. Se computaron los índices para cada escala para tener indicadores, correlacionados entre sí mediante un análisis bivariado. Se probó un modelo de ecuaciones estructurales utilizando el software estadístico EQS versión 6.1 Bentler, (2007), se construyeron parcelas considerando las recomendaciones de Hau y Marsh (2004). Indicadores de bondad de ajuste práctica, estadística y poblacional propuestos por Bentler (2007). El indicador estadístico fue la chi-cuadrada (χ2); y Prueba t Student para muestras independientes de las dimensiones del estudio para realizar comparaciones por sexo Field, (2013). Adicionalmente, el Índice de Ajuste Comparativo (CFI), Bentler-Bonett de Ajuste Normado (BBNFI) y No- Normado (BBNNFI) iguales o mayores a .90, y el Error de Aproximación Cuadrático Medio (RMSEA).
3. Resultados
Se encuestaron a 230 estudiantes de las licenciaturas de Medicina, Farmacia y enfermería de la División de Ciencias de la Salud cuya distribución por sexo fue de 167 mujeres (72.6%) y 63 hombres (27.39%). Su edad osciló entre los 17 y 21 años con una media de 20.06 años (DE = 2.15). El 93.47% de los participantes eran solteros. El 58.69% son de enfermería y la mayoría de primero (n=58; 25.21%) y segundo (n=48; 20.43%) semestre. El 63.04% presentó un promedio de calificaciones de 90 o más. En cuanto al ingreso mensual familiar, el 34.34% reportó percibir un ingreso entre 5,001 a 10,000 pesos. El 77.27% informó estar afiliado al servicio médico del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) (Ver Tabla 1).
Tabla 1 Características sociodemográficas de los participantes del estudio.
| Variable | FE | % | Variable | FE | % |
|---|---|---|---|---|---|
| Rangos de edad | Sexo | ||||
| 18 - 21 | 190 | 82.60% | Hombre | 63 | 27.39% |
| 22 - 24 | 40 | 17.39% | Mujer | 167 | 72.60% |
| Estado civil | Licenciatura | ||||
| Soltero (a) | 215 | 93.47% | Medicina | 90 | 39.13% |
| Casado (a) | 3 | 1.30% | Enfermería | 135 | 58.69% |
| Divorciado (a) | 2 | 0.86% | Farmacia | 5 | 2.17% |
| Viudo (a) | 1 | 0.43% | Semestre | ||
| Unión libre | 9 | 3.91% | Primero | 58 | 25.21% |
| Ingreso mensual familiar | Segundo | 47 | 20.43% | ||
| De 0 a 2,500 pesos | 17 | 7.39% | Tercero | 22 | 9.56% |
| De 2,501 a 5,000 pesos | 56 | 24.34% | Cuarto | 8 | 3.47% |
| De 5,001 a 10,000 pesos | 79 | 34.34% | Quinto | 24 | 10.43% |
| De 10,001 a 20,000 pesos | 59 | 25.65% | Sexto | 31 | 13.47% |
| De 20,001 a 40,000 pesos | 19 | 8.26% | Séptimo | 4 | 1.73% |
| Servicio médico | Octavo | 36 | 15.65% | ||
| Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) | 170 | 77.27% | Promedio de calificaciones | ||
| Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) | 27 | 12.27% | 70 - 89 | 85 | 36.95% |
| Seguro particular | 20 | 9.09% | 90 - 98 | 145 | 63.04% |
| Ninguno | 13 | 5.90% |
n=230
La Tabla 2, muestra la estadística univariada de las escalas (valores de media y desviación estándar) y Alfa de Cronbach que resultaron aceptables entre .69 y .93.
Tabla 2 Estadísticas univariadas de las escalas y alfa de Cronbach .
| Escala | Min. | Max. | Media | DE | Alfa de Cronbach |
|---|---|---|---|---|---|
| Autocuidado | 0 | 5 | 2.52 | .827 | .93 |
| Altruismo | 0 | 4 | 3.60 | .779 | .76 |
| Equidad | 0 | 4 | 3.93 | .444 | .73 |
| Frugalidad | 0 | 4 | 3.32 | .705 | .69 |
| Conducta pro- ecológica | 0 | 4 | 3.73 | .753 | .70 |
| Bienestar subjetivo | 1 | 7 | 6.40 | .450 | .90 |
| Bienestar psicológico | 0 | 4 | 3.00 | .900 | .92 |
n=230
Las correlaciones bivariadas entre las escalas se muestra en la Tabla 3, todas las correlaciones resultaron significativos (p<.001). Las correlaciones más altas se presentaron entre los factores del bienestar psicológico y autocuidado (r=.69, p<.001), bienestar psicológico y bienestar subjetivo (r=.60, p<.001), bienestar subjetivo y autocuidado (r=.56, p<.001). La correlación más baja se presenta en el bienestar subjetivo con la conducta pro- ecológica (r=.16, p<.001). El resto de las correlaciones entre los factores resultaron moderadas.
Tabla 3 Coeficiente de correlación en las variables del estudio.
| Escalas | ALT | FRU | EQUI | CPE | AC | BS | BP |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| ALT | 1 | ||||||
| FRU | .21** | 1 | |||||
| EQUI | .20** | .21** | 1 | ||||
| CPE | .39** | .33** | .24** | 1 | |||
| AC | .38** | .26** | .28** | .35** | 1 | ||
| BS | .28** | .22** | .20** | .16** | .56** | 1 | |
| BP | .31** | .26** | .22** | .30** | .69** | .60** | 1 |
La correlación es significativa en el nivel p<.001.
Nota: ALT=Altruismo, FRU=Frugalidad, EQUI=Equidad, CPE=Conducta Pro-ecológica, AC=Autocuidado, BS=Bienestar Subjetivo, BP=Bienestar Psicológico.
La Tabla 4, muestra la prueba t Student con diferencias estadísticamente significativas por sexo en las variables de autocuidado, bienestar subjetivo y bienestar psicológico (p<.05). Se encontraron diferencias estadísticamente significativas por sexo en la variable de autocuidado (t = 3.08; p< .01; g.l. = 228), bienestar subjetivo (t = 2.41; p< .01; g.l. = 228), y bienestar psicológico (t = 3.23; p< .001; g.l. = 228), mientras que, el resto de las conductas sustentables (equidad, altruismo, frugalidad y conducta pro-ecológica) no presentaron diferentes estadísticamente significativas (p>.05).
Tabla 4 Prueba t Student para muestras independientes de las dimensiones del estudio por sexo.
| Prueba Levene | Prueba t | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Dimensiones | F | p | t | gl | p |
| Autocuidado | .68 | .41 | 3.08 | 228 | .01 |
| Equidad | 5.3 | .02 | .91 | 228 | .36 |
| Altruismo | .11 | .73 | .37 | 228 | .70 |
| Frugalidad | .40 | .52 | -1.54 | 228 | .12 |
| Conducta pro-ecológica | 1.26 | .26 | -.33 | 228 | .73 |
| Bienestar subjetivo | 1.51 | .22 | 2.41 | 228 | .01 |
| Bienestar psicológico | 3.15 | .07 | 3.23 | 228 | .001 |
n=230
En la Figura 1, se muestran los resultados de un modelo de covarianzas entre los factores de segundo orden de la conducta sustentable (autocuidado, cuidado de los otros y cuidado del ambiente) con los factores del primer orden del bienestar humano (subjetivo y psicológico). En el modelo es posible apreciar que el autocuidado constituye un factor de primer orden de la conducta sustentable (λ = .48), mientras que el altruismo (λ = .48) y la equidad (λ = .44) conforman al factor del segundo orden denominado “cuidado de los otros”, a su vez la frugalidad (λ = .35) y la conducta pro-ecológica (λ = .45) conforman al factor del segundo orden “cuidado del medio ambiente”. Finalmente, el bienestar subjetivo (λ = .53) y el bienestar psicológico (λ = .56) conformaron el factor de segundo orden denominado “bienestar humano”. Todas las relaciones emergen de manera coherente a partir de las relaciones altas y significativas entre sus indicadores manifiestos (reactivos), donde las cargas factoriales indican validez convergente de constructo para las lambdas (parcelas) de los factores. Todas las covarianzas resultaron significativas (p<.05). La covarianza entre las conductas sustentables y el bienestar humano presentó un peso factorial de λ = .48, lo que indica validez divergente de constructo. Respecto a los indicadores de bondad de ajuste estadística (χ2= 287.773 (192 g.l.), p=.001, χ2relativa=1.49) práctica (BBNFI=.95, BBNNFI=.98, CFI=) y poblacional (RMSEA=) resultaron adecuados lo que señala que el modelo teórico se ajusta adecuadamente a los datos empíricos.
4. Discusión
El presente estudio se enfocó en analizar la relación entre las conductas sustentables y el bienestar humano en estudiantes de la División de Ciencias de la Salud. A través de un modelo estructural, se investigó si los estudiantes que practican el autocuidado también exhiben comportamientos hacia el cuidado de otras personas y la protección del medio ambiente y aumento de bienestar personal. Estos hallazgos coinciden con los de Corral- Verdugo et al. (2021), quienes reportaron que las personas que priorizan sus necesidades personales son más proclives a desarrollar comportamientos pro-sociales y pro-ambientales.
Los resultados demuestran que el autocuidado favorece a la conciencia ambiental y la conexión con la naturaleza, lo que se traduce en una mayor motivación para cuidar y proteger el medio ambiente. Aquellos estudiantes que se sienten en equilibrio consigo mismos y experimenten bienestar emocional son más proclives a preocuparse por el ambiente y llevar a cabo acciones para su preservación. Esto es congruente con una investigación realizada por Driscroll (2020)quién reportó que las personas que practican conductas de autocuidado fortalecen su identidad como defensores del medio ambiente.
Asimismo, los resultados del estudio evidencian que el autocuidado propicia mayor bienestar en los estudiantes. Estos hallazgos son respaldados con previas investigaciones que demuestran que las prácticas de autocuidado en estudiantes, incluyendo el cuidado de la salud física y mental, están asociadas con una mayor percepción de bienestar subjetivo y satisfacción con la vida Riegel et al., (2021); Butler et al., (2019); Torres et al. (2022). Los hallazgos también constatan que adoptar un estilo de vida frugal, impacta significativamente en desplegar conductas a favor del ambiente. Similar a investigaciones previas donde los individuos que adoptan una mentalidad austera son más conscientes de sus elecciones de consumo y tienden a desarrollar comportamientos proambientales Suárez et al., (2022).
Por otra parte, las conductas prosociales refuerzan la relación entre los individuos mejorando el bienestar subjetivo como psicológico en los estudiantes. Esto es congruente con lo reportado en otras investigaciones que demuestran que llevar a cabo prácticas prosociales afecta de manera positiva y recíproca el bienestar subjetivo, éstos producen un mayor bienestar psicológico y hay una relación recíproca entre los comportamientos proambientales, las conductas altruistas y el bienestar subjetivo, Su et al. (2019); Ouyang et al. (2022); Regan et al. (2022).
El estudio demuestra que la conducta proambiental está vinculado a un mayor bienestar humano, congruente con previas investigaciones que demuestran una relación positiva y significativa entre los comportamientos proambientales y el bienestar subjetivo Rishi et al., (2023). Los estudiantes que participan en comportamientos proambientales, como reciclar o reducir el consumo energético, experimentan niveles más altos de satisfacción con la vida y bienestar subjetivo en comparación con los que no lo practican Carrero et al., (2020); Suárez et al., (2022).
Por otra parte, se realizaron comparaciones por sexo donde se encontraron diferencias estadísticamente significativas en las variables de autocuidado (p<.01), bienestar subjetivo (p<.01) y bienestar psicológico (p<.001). En cuanto al autocuidado, las mujeres presentaron las medias más altas (x̅ =2.73) respecto a hombres (x̅ =2.43). Esto coincide con Arenas et al. (2012), quienes encontraron diferencias significativas en el autocuidado entre hombres y mujeres profesionales y universitarios. Las mujeres tienden a consumir menos alcohol, utilizar métodos anticonceptivos y mantener una tasa de sobrepeso más baja. Además, suelen brindar más apoyo familiar debido a las responsabilidades de género internalizadas, lo cual influye en su autocuidado. En contraste, los hombres pueden percibir el autocuidado como una señal de vulnerabilidad y escrutinio de su virilidad, donde las normas de género y la construcción social de la masculinidad pueden afectar sus prácticas de autocuidado y su salud.
Del mismo modo, se encontraron medias más altas en el bienestar subjetivo (x̅ = 5.39) y psicológico de las mujeres (x̅ = 3.22) respecto al bienestar subjetivo (x̅ = 4.93) y psicológico de los varones (x̅ = 2.92). Estos resultados son consistentes con lo encontrado por Puebla et al. (2018) quienes reportaron que las mujeres exhiben mayor bienestar subjetivo y psicológico respecto a los hombres. Esto se debe a su percepción de controlar las situaciones, aceptación personal, satisfacción con los logros, capacidad de formar vínculos psicosociales satisfactorios y a un sentido de autodeterminación y autonomía en las áreas académicas.
Ahora bien, la posición económica también influye en el acceso a los servicios de salud. En este estudio se encontró que, aunque el 98,63 % de los estudiantes informaron de algún servicio médico, la afiliación no garantiza servicios especializados y de calidad. A esto se suma que la muestra estudiada la constituyó principalmente estudiantes de ingresos económicos bajos (66.07 %) que declararon percibir un salario mensual familiar de menos de $2.500 a $10,000 pesos. Este sugiere que vivir con ingresos económicos insuficientes podría influir negativamente en la adopción de conductas sustentables, de autocuidado y en el acceso a servicios de salud esenciales de calidad. En sentido, la posición social constituye un mecanismo central de estratificación social que podría estar influenciado por factores determinantes como la ubicación geográfica y el ingreso económico de las personas Phelan et al., (2020); Agualongo y Garcés, (2020).
En el 2023, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) publicó el Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social del municipio de Othón P. Blanco, Quintana Roo (contexto donde se realizó esta investigación) reportó que de una población total de 275,517 habitantes, el 44% vive en condiciones de pobreza, 34.1% en pobreza moderada y 9.7% en pobreza extrema, mientras que el 24.8% del municipio carece de acceso a los servicios de salud Secretaría de Bienestar, (2023). Es relevante considerar que el 63.18% de los estudiantes participantes en este estudio viven y radican en este municipio, estando evidentemente influenciados por los determinantes sociales de la salud presentes en este sector geográfico, pese a ello, la formación universitaria juega un papel crucial en la adopción de estilos de vida saludables y sustentables.
La integración de la sustentabilidad en la formación sanitaria demanda la integración de prácticas no solo ambientalmente responsables, sino también, económicamente viables y socialmente justas. Resulta importante incluir en el plan de estudios los comportamientos de autocuidado, incluyendo acciones básicas como una alimentación saludable, higiene personal, actividad física, actividades de ocio y tiempo libre, cuidado espiritual, equilibrio, relajación y el fomento de entornos positivos Torres-Soto et al., (2024). Con estas prácticas, los estudiantes pueden comprender las necesidades de los demás y de la biosfera, reconociendo que nadie puede mantener una orientación hacia la sostenibilidad si no puede sostenerse Torres et al., (2022); Ayala et al., (2017). La atención primaria de la salud destaca el papel de la salud familiar y comunitaria, incorporando la salud en un mundo globalizado, la salud de la población, las desigualdades sanitarias, las comunidades saludables, la medicina rural y remota, y la comprensión de las enfermedades que afectan a los pueblos indígenas Secretaría de Salud, (2023).
En un mundo globalizado, la formación de los estudiantes también debe considerar la interdependencia humano-ambiente, incluyendo la ciudadanía, la diversidad, el altruismo, la equidad y la justicia social. Existen claros vínculos entre la vulnerabilidad de determinados grupos sociales y las desigualdades en materia de salud, junto con los posibles impactos de los problemas relacionados con el ambiente en el bienestar. Los profesionales de la salud deben entender esta vulnerabilidad para identificar los efectos ambientales nocivos en la salud de las poblaciones como los infantes, mujeres embarazadas adultos mayores, personas con discapacidad, entre otros; con el fin de desarrollar programas educativos en salud ambiental. Además, es crucial dotar a los estudiantes de habilidades para resolver problemas, para adaptarse a los cambios ambientales y desarrollar estrategias de adaptación a corto y largo plazo y habilidades para gestionar enfermedades y responder a emergencias y desastres Álvarez-García et al., (2021).
Para los estudiantes de Ciencias de la Salud, es fundamental promover prácticas de salud pública que minimicen el impacto ambiental, como el uso de materiales biodegradables y programas de salud comunitaria accesibles y equitativos. Deben adquirir conocimientos sobre gestión de residuos y productos sostenibles, y adoptar un enfoque interdisciplinario y transdiciplinario para abordar los efectos de la degradación ambiental. Esto facilita la “alfabetización ambiental” y ayuda a reconocer la situación de decrecimiento socioambiental y fomentar la resiliencia. Asimismo, constituye un componente indispensable en la educación de cualquier individuo Rasis et al., (2023).
5. Conclusión
Este estudio contribuye a la investigación educativa al evidenciar el firme compromiso de las Instituciones de Educación Superior por integrar la educación ambiental en la formación universitaria en el ámbito de las Ciencias de la Salud. Esto se debe a que el fortalecimiento de comportamientos de cuidado de sí mismo, pro-sociales y pro-ambientales están estrechamente vinculados con la percepción de bienestar subjetivo y psicológico. Al priorizar las necesidades personales, fisiológicas y psicológicas de los estudiantes, se promueve un entorno universitario más saludable y sustentable, en consonancia con los ideales de desarrollo humano integral y de cuidado del entorno.
El autocuidado, en los estudiantes del área de la salud es crucial para garantizar la Calidad e la Atención de la Seguridad del Paciente y la eficacia de la Atención Primaria a la Salud. El autocuidado como uno de los pilares de las conductas sustentables, destaca su papel esencial en la promoción del bienestar personal y el desarrollo de habilidades necesarias para cumplir con las responsabilidades individuales y profesionales en el entorno socioambiental. Este concepto va más allá de la atención física y abarca aspectos emocionales, mentales y sociales, que son fundamentales para el equilibrio integral del estudiante.
Al invertir tiempo y energía en el autocuidado, los estudiantes no solo mejoran su propia calidad de vida, sino que también fortalecen su capacidad para enfrentar los desafíos diarios incluyendo los relacionados con la práctica clínica y el cuidado de los pacientes. Asimismo, el autocuidado promueve la salud mental y emocional de los estudiantes lo que puede prevenir el agotamiento y el estrés, factores que podrían afectar negativamente su desempeño y la seguridad del paciente. Además, al cultivar hábitos saludables, como la gestión del estrés, el descanso adecuado y la alimentación balanceada, los estudiantes están en mejores condiciones para brindar una atención de calidad y segura a sus pacientes.
Por lo anterior, estos hallazgos plantean futuros esfuerzos de investigación. Resulta importante estudiar las conductas sustentables incluidas las conductas de autocuidado y el bienestar humano en los estudiantes de Internado de Pregrado y Servicio Social para conocer si el fortalecimiento de las competencias disciplinares favorecen el desarrollo de estos comportamientos de positividad ambiental. Además, es importante comparar estos comportamientos entre campos disciplinares para identificar si existen diferencias en relación con la formación académica que recibe el estudiantado. Finalmente, es importante analizar la perspectiva del docente en este proceso, ya que su formación y conocimiento pueden tener un papel fundamental en la promoción de conductas sustentables entre los estudiantes.















