INTRODUCCIÓN
Uno de los desafíos que enfrenta la salud pública es la insuficiencia cardiaca (IC). Considerándose un síndrome clínico caracterizado por la incapacidad del corazón para ejecutar adecuadamente su función. Las causas principales son la cardiopatía hipertensiva y la enfermedad de las arterias coronarias, el desencadenante más frecuente de las recaídas es el síndrome coronario agudo. Los antecedentes patológicos mayor relacionados son la HTA y la DM2 1 2 3 4.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), refiere que aproximadamente, veintiséis millones de personas han sido diagnosticadas con dicha patología. En Latinoamérica, este padecimiento es común en personas mayores de 65 años y se encuentra entre las principales causas de mortalidad en este grupo de edad.
En Ecuador aproximadamente 1.4 millones de habitantes, representando un 14% de la población adulta presentan patologías cardíacas. Entre estas, se encuentra la IC, ascendiendo los 199.083 pacientes. Esta causó que entre los años 2014-2018 se perdieran 90,242 años de vida saludable y $562.31 millones 5 6 7 8. Por lo anterior, Ecuador le ha brindado especial importancia a dicha patología. El Ministerio de Salud Pública (MSP) ha llevado a cabo campañas de fortalecimiento de estrategias e intervenciones para controlar dicha afección.
Así mismo, se ha evidenciado el apoyo del Estado brindando financiamiento a dichos programas y creando obras para una ciudad saludable como ciclovías y áreas deportivas. En reconocimiento al esfuerzo realizado ganó el "Premio a la Excelencia Organizacional en la Prevención y Control de la Hipertensión Arterial" en 2022. Actualmente, el MSP tiene como objetivo reducir la mortalidad prematura por causas cardiovasculares en un 30% para el año 2030 9 10 11 12. El objetivo del presente estudio es determinar la mortalidad de la insuficiencia cardiaca en los pacientes que asistieron al Hospital de Especialidades Teodoro Maldonado Carbo en el periodo 2021-2022. Adicionalmente, se comprueba si existe relación significativa entre los factores de riesgo y la mortalidad de dicha patología.
MATERIALES Y MÉTODOS
Estudio observacional, descriptivo, retrospectivo y transversal realizado en pacientes diagnosticados con IC que acudieron al Hospital de Especialidades Teodoro Maldonado Carbo en el periodo 2021-2022. El universo se encontró conformado por 1320 pacientes y la muestra por 300 individuos, valor que se obtuvo con un intervalo de confianza de 95% por medio del cálculo muestral, seleccionándose por muestreo aleatorio simple. A estos se le aplicaron los criterios de exclusión, siendo estos aquellos pacientes con historias clínicas incompletas y los que presenten enfermedad respiratoria, estudiando 168 pacientes.
Se emplearon variables con un importante papel en la mortalidad de la IC:
Edad: adolescencia: 12 - 17 años, juventud: 18 - 26 años, adultez: 27- 59 años y persona mayor ≥ 60 años.
Sexo: femenino y masculino
Índice de masa corporal (IMC): insuficiencia ponderal: <18.5, normal: 18.5 - 24.9, sobrepeso: 25.0 - 29.9, obesidad I: 30.0 - 34.9, obesidad II: 35 - 39.9 y obesidad extrema: ≥ 40
DM2: HbA1c ≥ 6.5%, glucosa en sangre ≥ 126 mg/dl posterior a 8 h de ayuno, ≥ 200 mg/dl 2 h posterior a la administración de 75 g de glucosa o glicemia aislada ≥ 200 mg/dl con síntomas.
Presión arterial: normal: <120/80 mmHg, elevada: 120 a 129/ < 80 mmHg, HTA estadio I: ≥ 130 a 139/ 80 a 89 mmHg, HTA estadio II: ≥140/90 mmHg.
Anemia: grado I: 13 - 10 Hb, grado II: 9.9 - 8 Hb, grado III: 7.9 - 6 Hb y grado IV: <6 Hb.
Insuficiencia valvular: no especificada, tricuspídea, mitral, aórtica, pulmonar y sus combinaciones.
Los datos se ordenaron a través de frecuencias, se analizaron mediante la prueba de chi cuadrado de Pearson y se utilizó el software SPSS. Se cumplieron las normas éticas, siguiendo las recomendaciones de la declaración de Helsinki y fue aprobado por el Hospital Teodoro Maldonado Carbo, quien nos brindó acceso a las historias clínicas.
RESULTADOS
El universo estuvo conformado por 1320 pacientes y la muestra por 300. De estos, 168 cumplían con los criterios de inclusión y exclusión. De ellos, 63 personas fallecieron (37.5%).
Los pacientes fueron agrupados en relación a su edad: adolescencia, juventud, adultez y persona mayor. Del total, el 85.12% (143) pertenecían al grupo de persona mayor, el 13.69% (23) a la adultez y el 1.19% 2 a la juventud. La edad promedio fue de 70.96 años (desviación estándar: 14.11). Con respecto a la mortalidad, la categoría más afectada fue la de persona mayor con un total de 56 pacientes (88.8%). En el grupo de adultez se encontraron 7 personas (11.2%). La edad promedio de mortalidad fue de 74.50 años con una desviación estándar de 13.74 (Chi Cuadrado=0.39).
En relación al sexo, el grupo más afectado fue el de los hombres con 108 pacientes (64.3%). Se identificaron 60 mujeres (35.7%). En cuanto a la mortalidad, afectó a 42 hombres (66.7%) y 21 mujeres (33.3%) (Chi-cuadrado=0.63).
El factor de riesgo más prevalente fueron las valvulopatías, afectando a 128 pacientes, (76.19%). La insuficiencia valvular (IV) más común fue la mitral con 33 individuos (19.6%), seguida por la tricuspídea-mitral-aórtica con 25 (14.9%), la tricuspídea-mitral y la mitral-aórtica se presentaron en 14 pacientes respectivamente (8.3%), continuándose con la tricuspídea y la aórtica con 11 enfermos (6.5%), 7 (4.2%) experimentaron insuficiencia en las cuatro válvulas, 4 (2.4%) mostraron en las válvulas mitral-tricuspídea-pulmonar, 3 (1.8%) presentaron en la tricuspídea-aórtica y tricuspídea-pulmonar, ambas con la misma frecuencia, por otra parte se registró un afectado (0.6%) con insuficiencia mitral-pulmonar, aórtica-pulmonar y mitral-aórtica-pulmonar. En cuanto a la mortalidad, se registraron 51 fallecidos (39.8%).
La mayor proporción correspondió a la IV mitral con 12 fallecidos (23.52%), seguida de la tricuspídea-mitral-aórtica (19.60%) con 10 personas, la mitral-aortica con 8 individuos (15.68%), siguiendo con la IV tricuspídea y aórtica ambas con 6 pacientes (11.76%), tanto la insuficiencia tricuspídea-mitral como la valvular total contaron con 4 afectados (7.84%) cada una, finalmente la mitral-tricuspídea-pulmonar tuvo un caso (1.96%) (Chi-cuadrado=0.41). El IMC elevado afectó a 110 pacientes (65.47%). La mayor proporción de pacientes (64= 58.18%) se ubicó en el grupo de sobrepeso, seguido por la obesidad I con 29 personas (26.36%), continuando con la obesidad II que registró 9 afectados (8.18%) y finalmente la obesidad extrema presentó 8 individuos (7.27%). De ellos 38 pacientes fallecieron (34.5%). El grupo más afectado fue el de sobrepeso con 21 individuos (55.26%), continuando con el grupo de obesidad I con 10 afectados (26.31%), en el grupo de obesidad extrema fallecieron 4 pacientes (10.52%), finalmente la obesidad grado II registró 3 defunciones (7.89%) (Chi-cuadrado=0.26). La anemia afectó a 91 pacientes (54.16%). La mayoría (72=79.12%) se ubicó en el grupo de anemia grado I, seguido por la anemia grado II (16=17.58%), anemia grado IV (2=2.19%) y grado III (1=1.09%). Fallecieron 39 (42.85%), 25 individuos pertenecían al grado I (64.10%), 11 (28.20%) al grado II, 2 (5.12%) al grado IV y un caso (2.56%) al grado III (Chi-cuadrado=0,010). Otra variable de riesgo es la HTA, con 85 afectados (50.59%), 33 correspondían al estadio I (38.82%), seguido por la presión arterial elevada con 28 pacientes (33.81%) y 24 en estadio II (28.17%). Fallecieron 33 (38.82%), 15 de ellos con presión arterial elevada (45.45%) y en el estadio I y II 9 pacientes respectivamente (27.27%) (Chi-cuadrado=0.20). Se registraron 65 pacientes con DM2 (38.69%), 25 fallecieron (38.46%) (Chi Cuadrado=0.83).
DISCUSIÓN
En el artículo de Fuenmayor, que abordó 129 pacientes se estableció una mortalidad del 32.2%, cifra que guarda similitud con nuestro estudio donde se identificó un valor del 37.5%. Así mismo, Pons encontraron una tasa de mortalidad del 36.6% al evaluar a 351 pacientes 13 14.
En el estudio de Fuenmayor, se concluyó que los rangos de edad con mayor mortalidad fueron los de 55 a 64 años y 65 a 74 años, siendo la edad promedio de 65.07 años. No se encontró una correlación estadísticamente significativa (p= 0.125), lo cual guarda semejanza con nuestro estudio (p=0.39). En ambos estudios se observa que el grupo más afectado es el de persona mayor (≥ 60 años). Sin embargo, difiere de nuestra investigación ya que la edad promedio fue de 74.50 años. Un hallazgo similar se registró en el estudio realizado por Pons, donde la media de fallecimiento fue de 75.2 años13 14.
En el estudio de Valdivia-Marchal, se constató que la edad promedio de presentación de IC fue de 76.8 años y la de fallecimiento de 82.7 años. Molina Tapia observó una edad media de 72.15 años, el 69.79% eran adultos mayores (>65 años), el 26.04% adultos (26-65 años) y el 4.16% adultos jóvenes (18-25 años) 15 16.
En varios estudios se ha observado que el sexo más propenso a sufrir IC es el masculino, como en el de Molina Tapia (80%) y Fortich (60.7%). Estos resultados coinciden con los nuestros (64.3%). Sin embargo, en otros, como el de Mascote, se muestra una mayor incidencia en las mujeres (64.4%).
De igual forma, los hombres fueron los más afectados en cuanto a la mortalidad (66.7%), en contraste con otras investigaciones, como la de Fuenmayor, donde se encontró que el femenino predominaba (58.1%). No se identificó una relación estadísticamente significativa (p= 0.623) entre estos factores, al igual que en nuestro estudio (p=0.63) 17 18 13 16. En el estudio de Fuenmayor, el 86% de los pacientes presentaba HTA, el 64.4% anemia y el 20.2% DM2. En el estudio de Fortich, el 72% de los participantes presentaban HTA y el 15.8% DM2. En el trabajo de Naranjo en el Hospital Abel Gilbert Pontón, se observó que el factor de riesgo más común fue la HTA con un 27%, seguido de la DM2 (14%). En el estudio realizado por Mascote en el Hospital General Teófilo Dávila, las valvulopatías ocuparon el primer lugar (83.5%), seguido del IMC elevado (49.2%), la DM2 (30.1%) y la anemia (26.0%) 17 18 13 19.
En el de Fuenmayor, se concluye que no se encuentra una relación significativa entre la HTA, la anemia, la DM2 y la mortalidad, p=0.056, p=0.95 y p=0.242 respectivamente. En contraste con los resultados de nuestro estudio, en el cual el factor de riesgo significativo fue la anemia (p=0.010). En la investigación de Villar Inarejos se identificó una asociación significativa (p< 0.001) entre el IMC elevado y la mortalidad, difiriendo del estudio realizado por Valdivia-Marchal, donde la obesidad no mostró significancia con un valor de p=0.07, pero sí lo hicieron la edad mayor a 75 años (p=0.001), la HTA (p=0.003) y la anemia (p=0.003) 13 15 20. Es importante mencionar que no fue posible estudiar otros factores de riesgo como el hábito tabáquico, ya que las historias clínicas no brindaron dichos datos. Cabe recalcar que el presente estudio respalda las nuevas investigaciones que asocian la IC con la anemia.
CONCLUSIONES
En conclusión, la insuficiencia cardiaca constituye un desafío para el sector de la salud, siendo responsable de la pérdida de numerosos años de vida saludable. A pesar del esfuerzo realizado por Ecuador, continúa siendo un reto. Lo anterior es certificado por nuestro estudio, ya que, la mortalidad de la insuficiencia cardiaca fue del 37.5%. La categoría más afectada fue la de persona mayor (88.8%), siendo la edad promedio 74.50 años. El sexo más implicado fue hombres (66.7%). Otros factores de riesgo estudiados fueron la insuficiencia valvular, observándose la insuficiencia mitral en el 23.50% de los fallecidos.
El índice de masa corporal, siendo el más prevalente el de sobrepeso con 55.26%. La hipertensión arterial viéndose con mayor mortalidad en aquellos con presión arterial elevada 45.45%. La DM2 falleciendo 38.46% pacientes. El único factor significativo asociado a la mortalidad de la insuficiencia cardíaca fue la anemia, con un 42.85% de decesos, 25 individuos pertenecían al grado I (64.10%), 11 (28.20%) al grado II, 2 (5.12%) al grado IV y un caso (2.56%) al grado III.
Esta investigación demuestra que es necesario tomar medidas efectivas en cuanto a la prevención, diagnóstico y tratamiento oportuno de la enfermedad. Por ejemplo, capacitando al personal de salud, brindando charlas educativas a la población, implementando programas de apoyo físico y psicológico para mejorar la calidad de vida del paciente, promoviendo una correcta adherencia al tratamiento y seguimiento médico, creando centros de salud cardiológicos y fomentando ciudades saludables. Para estudios posteriores se recomienda llevar a cabo análisis estadísticos que consideren factores de riesgo que han ganado importancia en la actualidad y clasificarlos detalladamente.











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