Introducción
La regulación emocional permite moldear la cualidad, la cuantía y la expresión de la emoción. Según Gross (2019), implica una serie de procesos mediante los cuales las personas influyen en las emociones experimentadas, en el momento de su vivencia, en la forma de su percepción y en el modo en que las manifiestan. Esta habilidad resulta esencial para el bienestar emocional, las relaciones interpersonales y el funcionamiento cognitivo (Santos, 2022). Por contraste, la desregulación emocional se describe como la dificultad persistente para identificar, comprender o manejar adecuadamente las emociones, lo que imposibilita emitir respuestas adaptativas ante diversas situaciones (De la Viuda & Casas, 2020).
La desregulación emocional representa un problema creciente debido a su implicancia directa en diversos indicadores de malestar psicológico. Se ha demostrado que las dificultades en la regulación emocional predicen una menor calidad de vida en adultos jóvenes con TDAH, lo que afecta su funcionamiento general (Groen et al., 2021). Además, se ha observado una intensidad emocional elevada, lo que reduce el uso de estrategias adaptativas e incrementa los niveles de malestar psicológico (Horn et al., 2023). Cuando las emociones se experimentan de forma desbordante o sin una comprensión clara, pueden interferir en la vida cotidiana y deteriorar la capacidad adaptativa del individuo, generando una espiral de sufrimiento y desajuste emocional.
Diversos estudios han evidenciado la asociación entre la desregulación emocional y variables como la desesperanza (Gómez, 2020), la ideación suicida y la rumiación cognitiva (Velásquez et al., 2020), así como la dependencia emocional (Flores & Vilca, 2023), la depresión, la inflexibilidad psicológica (García, 2021) y los estilos evitativos de afrontamiento (Bautista et al., 2022). Además, este tipo de desregulación se vincula con conductas violentas en relaciones íntimas (Castilla & Pflücker, 2024) y, en sentido contrario, muestra una correlación negativa con la autoeficacia percibida (Lozada & Valencia, 2024). Si bien el dolor emocional forma parte de la experiencia humana, su persistencia puede incrementar el sufrimiento y afectar la salud integral (McKay et al., 2017). Las emociones, lejos de ser disfuncionales por sí mismas, cumplen roles adaptativos fundamentales: el miedo, en calidad de mecanismo protector; la ira, como delimitadora de límites; la tristeza, para la introspección; la alegría, en calidad de incentivo; y el asco, vinculado a la defensa ante lo dañino.
Con base en lo anterior, esta investigación se propuso examinar cómo se aborda la regulación emocional en las terapias cognitivo-conductuales de segunda y tercera generación. En este marco, emergen las siguientes preguntas: ¿qué sucede cuando las emociones surgen con intensidad desmedida?, ¿siguen cumpliendo su función adaptativa?, ¿cómo actuar cuando dichas emociones sobrepasan la capacidad de contención del individuo? Estas interrogantes nos llevan a reflexionar sobre si deben contenerse, expresarse libremente o expresarse estratégicamente, considerando sus posibles consecuencias.
Metodología
Para dar respuesta al objetivo planteado, la investigación se enmarcó en el paradigma interpretativo, ya que buscó comprender los aportes de las terapias cognitivo-comportamentales de segunda y tercera generación al abordaje de la regulación emocional, mediante el análisis del sentido teórico, clínico y conceptual presente en la literatura especializada. Se adoptó el método hermenéutico, orientado a interpretar de manera sistemática los textos seleccionados, a identificar sus significados centrales y a contrastar las perspectivas terapéuticas vinculadas a la modificación cognitiva, la aceptación experiencial, la flexibilidad psicológica, la atención plena y el distanciamiento metacognitivo. El enfoque fue cualitativo, el diseño narrativo-temático, el tipo de investigación documental-analítica y el corte transversal, dado que se analizaron fuentes académicas publicadas entre 2017 y 2024 en un momento específico del proceso investigativo.
La población documental estuvo conformada por producciones académicas relacionadas con la regulación y la desregulación emocionales, la terapia cognitivo-comportamental de segunda generación y las terapias de tercera generación. El corpus de análisis incluyó artículos científicos, tesis universitarias, libros especializados y manuales de intervención terapéutica que abordaban directamente los fundamentos, técnicas, procesos clínicos o aplicaciones de la terapia cognitiva, la terapia racional emotiva conductual, la terapia dialéctica conductual, la terapia de aceptación y compromiso, el mindfulness y la terapia metacognitiva. Se consideraron criterios de inclusión las fuentes publicadas entre 2017 y 2024, la pertinencia temática respecto del objetivo del estudio, la relación explícita con la regulación o desregulación emocional y la utilidad conceptual para comparar los enfoques terapéuticos revisados. Se excluyeron documentos sin vinculación directa con el objeto de estudio, textos de opinión sin sustento académico, fuentes duplicadas y materiales que no aportaban elementos teóricos, metodológicos o clínicos relevantes para la categorización documental.
La técnica empleada fue el análisis documental, mediante la revisión, la lectura interpretativa, la selección y la organización de fuentes académicas pertinentes. Como instrumento, se utilizó una matriz de análisis documental, estructurada en las siguientes dimensiones: autor o fuente clave, año de publicación, enfoque terapéutico, categoría temática, técnicas o procesos centrales, aportes al abordaje de la regulación emocional, evidencia reportada y limitaciones identificadas. Esta matriz permitió ordenar la información en categorías analíticas coherentes con los resultados del estudio: fundamentos de la regulación emocional, desregulación emocional, terapias de segunda generación, terapia dialéctica conductual, terapia de aceptación y compromiso, mindfulness, terapia metacognitiva y síntesis conceptual entre generaciones terapéuticas.
El análisis de la información se desarrolló en cuatro fases. En la primera fase, se identificaron y seleccionaron documentos relacionados con el objeto de estudio. En la segunda fase, se realizó una lectura analítica de las fuentes para identificar conceptos, técnicas y procesos asociados a la regulación emocional. En la tercera fase, se clasificó la información en categorías temáticas según el enfoque terapéutico y el tipo de aporte identificado. En la cuarta fase, se realizó una interpretación hermenéutica y comparativa de los hallazgos, orientada a establecer convergencias, diferencias y desplazamientos conceptuales entre las terapias de segunda y tercera generación. Este procedimiento permitió sustentar los resultados presentados en la Tabla 1 de síntesis documental y en las categorías desarrolladas posteriormente.
Para garantizar el rigor metodológico, se aplicaron criterios de coherencia interna, pertinencia temática, trazabilidad documental y triangulación teórica entre fuentes. La coherencia interna se aseguró mediante la correspondencia entre el objetivo, el diseño metodológico, las categorías de análisis y los resultados obtenidos. La pertinencia temática se garantizó al seleccionar únicamente documentos vinculados a la regulación emocional y a los enfoques terapéuticos estudiados. La trazabilidad documental se mantuvo mediante el registro organizado de las fuentes en la matriz de análisis. Finalmente, la triangulación teórica permitió contrastar los aportes de distintos autores y modelos terapéuticos, fortaleciendo la interpretación comparativa entre las terapias centradas en la modificación del pensamiento y las orientadas a la aceptación, a la flexibilidad psicológica y a la relación funcional con los eventos internos.
Resultados
La Tabla 1 presenta una revisión de los enfoques terapéuticos utilizados para abordar la regulación emocional y clasifica la información en categorías temáticas. Se sintetizan los principales autores, técnicas y procesos clave, considerando los hallazgos más relevantes de la literatura. Esta organización permite observar, de manera comparativa, cómo cada modelo conceptualiza y aborda la regulación emocional, destacando tanto sus fundamentos teóricos como sus aplicaciones clínicas.
Tabla 1 Resumen de Fuentes de los Enfoques Terapéuticos para Abordar Regulación Emocional
| Categoría Temática | Autores / Fuentes clave | Técnicas / Procesos Clave | Síntesis de Hallazgos |
|---|---|---|---|
| Fundamentos de la regulación emocional | Gross (2019), Santos (2022), Hervás y Moral (2017) | Identificación emocional, valoración cognitiva | La regulación emocional se vincula al bienestar adaptativo y depende del tipo de estrategias utilizadas |
| Desregulación emocional | De la Viuda & Casas (2020), Khalil et al. (2020), Asensio et al. (2017) | Reconocimiento deficiente, uso de estrategias disfuncionales | La desregulación emocional afecta negativamente el aprendizaje, adaptación y vínculos sociales |
| Terapias de segunda generación | Beck (1967), Ellis (1955), Wells (2020), González et al. (2017) | Reestructuración cognitiva, cambio de creencias | Centradas en cambiar el contenido del pensamiento como vía para regular emociones |
| Terapia dialéctica conductual | Linehan (1993), McKay et al. (2017), Boggiano & Gagliesi (2020), Cano (2021) | Tolerancia al malestar, conciencia plena, habilidades DBT | Enfatiza la aceptación emocional y el desarrollo de habilidades prácticas para regular |
| Terapia de aceptación y compromiso | Hayes (1984), Twohig & Hayes (2020), De la Viuda & Casas (2020) | Aceptación, defusión cognitiva, acción comprometida | Orienta a la flexibilidad psicológica y acción guiada por valores |
| Terapia metacognitiva | Wells (2020), Hjemdal et al. (2019) | Modo metacognitivo, distanciamiento de creencias | Busca reducir la fusión cognitiva a través del distanciamiento atencional |
| Mindfulness | Kabat-Zinn (1982), Asensio et al. (2017), Moscoso (2018) | Atención plena, aceptación, distanciamiento | Se focaliza en la presencia consciente sin juicios como vía de regulación emocional |
| Síntesis conceptual entre generaciones terapéuticas | Comparación general entre terapias de segunda y tercera generación | De control cognitivo a aceptación experiencial | Evolución del paradigma terapéutico: de modificar pensamientos a convivir con ellos |
Nota. Resumen de las fuentes identificadas, elaboración propia (2024).
El análisis documental permitió identificar que la comprensión de la regulación emocional en la tradición cognitivo-comportamental ha evolucionado desde un enfoque centrado en el cambio del contenido cognitivo (segunda generación) hacia modelos más amplios basados en la aceptación, la flexibilidad psicológica y la relación con los eventos internos (tercera generación). En conjunto, los resultados muestran un desplazamiento o una conceptualización clara: de intentar modificar directamente los pensamientos y emociones hacia estrategias que buscan alterar la función de los procesos internos, promover la conciencia plena y favorecer la adaptación conductual basada en valores personales.
Categoría 1. Regulación Emocional en Terapias de Segunda Generación: Énfasis en el Cambio Cognitivo
Los resultados muestran la consideración, por parte de la terapia cognitiva de Beck (1967) y de la terapia racional-emotiva de Ellis (1955), del origen de la desregulación emocional en creencias distorsionadas, rígidas e inflexibles, que deben modificarse mediante la reestructuración cognitiva y la generación de pensamientos alternativos (Wells, 2020; González et al., 2017). En este marco, la regulación emocional se concibe como una modificación del sistema de valoración cognitiva de la emoción (Santos, 2022). No obstante, diversos autores coinciden en señalar el intento de combatir los pensamientos como un factor potencialmente incrementador de la intensidad emocional, lo que conlleva la aparición de dificultades adicionales en la autorregulación (Wells, 2020). Esta categoría agrupa las fuentes orientadas al abordaje de técnicas, entre ellas el desafío cognitivo, la identificación de creencias automáticas y la sustitución de pensamientos disfuncionales.
Categoría 2. Regulación Emocional en Terapias de Tercera Generación: Énfasis en Aceptación, Flexibilidad y Procesos Internos
Con base en el análisis documental, se identificaron tres grandes enfoques de tercera generación, todos ellos orientados a mejorar la regulación emocional a través de la relación con los eventos privados:
Terapia Dialéctico Conductual (TDC). Los estudios revisados coinciden en que la TDC es la intervención más directamente diseñada para abordar la desregulación emocional (McKay et al., 2017; Boggiano & Gagliesi, 2020). Las evidencias examinadas señalan su eficacia en el tratamiento de las autolesiones, la ideación suicida y la desregulación afectiva en adolescentes y adultos (Cano, 2021; Cárdenas, 2022; Feliu, 2021). Las habilidades nucleares identificadas fueron: reconocimiento emocional, reducción de la vulnerabilidad física y cognitiva, incremento de las emociones positivas, conciencia sin juicio, exposición emocional, acción opuesta y resolución de problemas. Además, se determinó que la TDC articula el pensamiento, la emoción y el comportamiento en un sistema interdependiente, manteniendo o reduciendo la desregulación emocional.
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). El análisis permitió ubicar los hallazgos ilustrados en la Figura 1, mediante los cuales la ACT aborda la desregulación emocional a través de procesos de aceptación, defusión cognitiva, atención al presente, valores y acción comprometida (Twohig & Hayes, 2020). Diversos estudios confirman su eficacia en problemas de regulación emocional, depresión, impulsividad y dificultades de flexibilidad psicológica (De la Viuda & Casas, 2020; Barco, 2021; Arellano Soriano & Villalobos Moses, 2024). La ACT conceptualiza la desregulación como resultado de la evitación experiencial y la fusión cognitiva, orientando el cambio hacia la modificación de la relación con los pensamientos y las emociones.
Figura 1
Modelo Hexaflex.

Figura 1 Nota. Adaptado de ACT en la práctica clínica para la depresión y la ansiedad (p.16), por Twohig & Hayes (2020).
Mindfulness. Los resultados evidencian que el mindfulness fortalece la regulación emocional mediante la atención plena, la aceptación y el distanciamiento cognitivo (Asensio et al., 2017). Se halló evidencia de su eficacia en poblaciones con lesión medular, cáncer, depresión y ansiedad infantil (Pretel, 2017; Moscoso, 2018; Moscoso & Legancher, 2017; Martínez et al., 2017). Se identificaron como técnicas centrales la identificación de experiencias internas, la exposición consciente, la meditación guiada y los ejercicios de no reactividad.
Terapia Metacognitiva. Los documentos analizados indican la postura de este enfoque respecto al origen del malestar emocional en las creencias sobre las creencias y en el denominado síndrome cognitivo atencional (SCA), integrado por la rumiación, la atención obsesiva y las estrategias disfuncionales de afrontamiento (véase la Figura 2) (Wells, 2020). Aunque la evidencia empírica aún es escasa, un ensayo controlado aleatorizado mostró eficacia en la depresión (Hjemdal et al., 2019). Su aporte principal consiste en promover el “modo metacognitivo”, que permite desidentificarse del contenido de los pensamientos.
Categoría 3. Síntesis Transversal: Desplazamiento Conceptual en el Abordaje de la Regulación Emocional
La síntesis del análisis documental permite observar un patrón convergente: las terapias de segunda generación buscan cambiar el contenido de los pensamientos, mientras que las de tercera generación buscan transformar la función de la experiencia interna, recurriendo a procesos de aceptación, conciencia plena, distanciamiento cognitivo y acción basada en valores. Este cambio implica pasar del control emocional a una relación flexible con las emociones, lo que favorece la adaptación en contextos de alta vulnerabilidad psicológica. En conjunto, las terapias revisadas muestran que la regulación emocional ya no se comprende únicamente en términos de modificación del pensamiento, sino como una interacción dinámica entre la conciencia, la aceptación, la acción y el significado personal.
Discusiones
Los hallazgos de la investigación responden claramente a la pregunta de investigación al demostrar que las terapias cognitivo-comportamentales de tercera generación ofrecen un enfoque más completo y eficaz para el manejo de las emociones en comparación con las terapias de segunda generación. Las últimas tienden a enfocarse en alterar el contenido del pensamiento, mientras que las de tercera generación priorizan cómo se relaciona el individuo con sus experiencias internas, incorporando la aceptación, la atención plena y una conducta orientada a valores. Este giro conceptual facilita una mayor flexibilidad psicológica y una mejor adaptación emocional ante situaciones adversas.
Los hallazgos coinciden con los planteamientos de McKay et al. (2017) y de Cano (2021), quienes resaltan la eficacia de la Terapia Dialéctica Conductual (TDC) en personas con dificultades severas para regular sus emociones, especialmente en casos de autolesiones o de pensamientos suicidas. Por su parte, Twohig & Hayes (2020) subrayan el valor de la aceptación y el compromiso para disminuir tanto la fusión cognitiva como la evitación experiencial, elementos evidenciados en la presente investigación. En esa misma dirección, Barco (2021) y Arellano Soriano & Villalobos Moses (2024) destacan la utilidad de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) para mejorar la regulación emocional en contextos como la depresión y la ansiedad social.
Del mismo modo, Asensio et al. (2017) y Moscoso (2018) sostienen que el mindfulness contribuye a la regulación emocional al fomentar una toma de distancia atencional y una actitud de aceptación sin juicios. Esta investigación también identificó la meditación guiada, la exposición consciente y el reconocimiento de las experiencias internas como técnicas clave en dicho proceso. A esto se suman los aportes de Wells (2020) y Hjemdal et al. (2019), autores favorables a la perspectiva metacognitiva, al enfatizar la irrelevancia del contenido del pensamiento frente a la centralidad del vínculo establecido con él.
Por otro lado, estudios desarrollados por Gómez (2020), Velásquez et al. (2020) y García (2021) han mostrado asociaciones entre la dificultad para regular las emociones y condiciones como la ideación suicida, la rumiación, la depresión y la rigidez psicológica, lo que aporta un sustento teórico adicional a este trabajo. Complementariamente, investigaciones recientes, como las de Lozada y Valencia (2024) y Castilla & Pflücker (2024), amplían el panorama al mostrar cómo la desregulación emocional se vincula con la autoeficacia percibida y con manifestaciones de violencia en relaciones afectivas.
No obstante, resulta pertinente señalar las limitaciones inherentes al diseño documental del estudio. Al no contar con una validación empírica directa, no es posible generalizar los resultados a poblaciones clínicas específicas con certeza absoluta. Con miras a futuras investigaciones, se recomienda desarrollar estudios empíricos orientados a comparar directamente la efectividad de las terapias de segunda y tercera generación en el abordaje de la desregulación emocional. También se sugiere indagar en cómo estos enfoques pueden integrarse en ámbitos educativos y comunitarios, dada la creciente atención que el bienestar emocional está cobrando en la sociedad contemporánea.
Conclusiones
La presente investigación destaca la relevancia de las terapias cognitivo-conductuales de tercera generación en el abordaje de la desregulación emocional, lo que representa un avance sustancial respecto a enfoques anteriores. A diferencia de la terapia cognitiva tradicional y de la terapia emotiva racional, enfoques sustentados en la premisa de que el origen del malestar emocional radica en pensamientos rígidos y distorsionados, susceptibles de modificación, las terapias contemporáneas proponen una relación alternativa con los eventos internos. Esta evolución teórica y práctica representa una transformación en la comprensión y el tratamiento de las emociones, aportando herramientas más eficaces y adaptadas a la complejidad del funcionamiento humano.
De acuerdo con los objetivos específicos del estudio, se evidenció que estas corrientes terapéuticas, entre ellas la teoría metacognitiva, el mindfulness, la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia dialéctica conductual (TDC), ofrecen modelos con fundamentos sólidos y aplicaciones prácticas prometedoras. La metacognición propone intervenir no sobre el contenido del pensamiento, sino sobre la forma de experimentarlo; el mindfulness enfatiza la atención plena y la aceptación no reactiva de la experiencia; la ACT incorpora elementos vinculados a la defusión cognitiva y a la clarificación de valores para orientar la acción. La TDC, con una orientación específica hacia los trastornos severos de la regulación emocional, se consolida como un modelo de mayor robustez teórica y de mayor respaldo empírico.
A partir de los hallazgos obtenidos, se sugiere, para futuras investigaciones, un abordaje más profundo de la validación empírica de la teoría metacognitiva, aun con un enfoque innovador y la limitada disponibilidad de estudios con suficiente respaldo clínico. Asimismo, resulta pertinente explorar la integración de estas terapias en contextos educativos y comunitarios, en consideración a su potencial para promover la salud emocional en poblaciones diversas. Por último, sería valioso realizar comparaciones sistemáticas entre las terapias de segunda y tercera generación con el propósito de delimitar con mayor precisión sus alcances, limitaciones y posibles complementariedades.














