Introducción
En el mundo, estudiar las emociones ha concitado interés en la comunidad estudiosa, principalmente después de la emergencia sanitaria, Unicef (2021) sostiene que la violencia ya sea física o verbal a los infantes causa el estrés y consecuentemente genera daños que les cohíbe relacionarse con los demás y también vulnera la disposición normal en aprender. También añade que, en algunos centros de educación escolar de Latinoamérica y Caribe, aún existe en los docentes las prácticas de métodos de corrección por medio de castigos y amenazas que hacen daño a los estudiantes en su rendimiento cognitivo.
En estas circunstancias, los docentes, al regresar a las aulas debieron ejecutar acciones para fortalecer el tema emocional en un periodo que se le denominó la nueva normalidad; sin embargo, la preocupación surgió con respecto a los estudiantes universitarios pertenecientes a la era post-COVID de cómo afrontar las emociones y cómo influye en el aprendizaje. Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2024), señala algunas pautas para contrarrestar las emociones desfavorables y ayudar a los estudiantes, así como la reducción a la exposición de noticas negativas, tener contacto social, evitar las drogas y el alcohol, no excederse de los videojuegos, controlar el tiempo de pantalla y dar uso adecuado a las redes sociales.
Referente al aprendizaje en los estudiantes, de acuerdo al resultado de los datos estadísticos emitidos por Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) (2021), se evidencia que, en la evaluación del nivel satisfactorio de lectura, las mujeres registran porcentajes más altos (16,0%) en comparación con los hombres (13,1%), presentando una diferencia de 2,9 puntos porcentuales. Haciendo una comparación estos resultados con la realidad antes de la pandemia hay una preocupación porque disminuye tanto en los varones (2,2) y en mujeres (1,2) puntos en ambos casos.
Los resultados de pruebas del informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes o Informe PISA (2022) indica que Perú está ubicado en el lugar 64, de 77 evaluados. Aunque se observa una mejora en los promedios del país, frente a naciones de la región como Chile, Brasil, Colombia y Argentina, aún nos encontramos en una posición inferior y estos resultados también se puede deducir para los estudiantes de educación superior porque el nivel académico de los que están cursando cuarto y quinto de media es también la situación en las instituciones superiores.
De acuerdo al reporte de Ministerio de Educación (Minedu) (2021) el COVID 19 alteró la salud mental y física, incluidos los discentes, ya sea de manera más intensa o más leve. Durante este período, se han observado cambios emocionales y conductuales, siendo comunes en el estado emocional de niños, adolescentes y jóvenes causando diversos aspectos negativos como la carencia de, nerviosismo, irritabilidad, inquietud, aburrimiento, soledad, stress, preocupación y alteraciones repentinas.
La nueva normalidad o la era post-COVID 19 requiere responder a los nuevos retos y afrontar los desafíos de cambios radicales en la vida de todos y para los universitarios supone adaptación a los nuevos escenarios (Carbonell, et al., 2013, p. 591).
Las emociones, el aprendizaje y la era post-COVID-19 están estrechamente vinculados, ya que las respuestas emocionales influyen significativamente en la adquisición de saberes y el logro académico. Goleman (1999) define la emoción como una reacción fisiológica ante un evento, mientras que Ekman (1972) identifica seis emociones básicas universales que impactan en la interacción social y la comunicación. A partir de una perspectiva neurocientífica, las emociones se originan en estructuras cerebrales como la amígdala y el sistema límbico, regulando la memoria (De la Rosa, 2019).
En el contexto educativo, Vygotsky (1978) propone que aprender es un procedimiento sociocultural en constante evolución, influenciado por factores emocionales y ambientales. La era post-COVID-19 ha evidenciado la necesidad de abordar la salud emocional en la educación superior, pues investigaciones de Tasso et al., (2021) y Cao et al., (2020) muestran que la depresión, ansiedad y estrés han afectado el desempeño académico. Estudios nuevos (Marcos et al., 2022; Hayat et al., 2020) destacan que las emociones anticipatorias y la autorregulación emocional impactan en la retención de información, la motivación y el compromiso estudiantil.
Además, el aprendizaje emocionalmente significativo fortalece la memoria a largo plazo y reduce el estrés (Mustafina et al., 2020; Gaeta et al., 2021). En este sentido, estrategias educativas que integren la inteligencia emocional pueden mejorar el bienestar estudiantil, fomentar la creatividad y promover un aprendizaje resiliente en la era post-pandemia (Chiecher, 2022; Goleman, 1999).
Después de haber dado una mirada académica al interés de esta indagación se formuló como propósito principal analizar el aprendizaje desde las emociones en universitarios de la era post-COVID 19 y servirá para futuras comparaciones para la comunidad científica.
El aprendizaje desde las emociones es un enfoque educativo que reconoce el papel fundamental de las emociones en la adquisición, procesamiento y retención del conocimiento. Esta definición parte de la premisa que aprender relacionado por factores afectivos que determinan compromiso, motivación, y disposición del discente para aprender. Desde esta perspectiva, las emociones ayudan a aprender, ya que influyen en la atención y la memoria. Las emociones positivas mejoran la disposición para aprender y fortalecer la consolidación del conocimiento, mientras que las negativas, generan bloqueos cognitivos y disminuir el rendimiento académico.
Este enfoque ha cobrado relevancia en la era postpandemia, donde se ha evidenciado el interés de integrar metodologías educativas que favorezcan la autorregulación emocional, el bienestar psicológico y un ambiente de aprendizaje seguro y motivador.
Características
Interacción entre emoción y cognición
El aprendizaje desde las emociones parte del principio de que los procesos cognitivos no operan de manera aislada, sino que están estrechamente vinculados a los estados emocionales del individuo. Las emociones influyen en la atención, percepción y memoria, determinando qué información se procesa con mayor profundidad y cuál se descarta. Estudios en neurociencia han demostrado que estructuras cerebrales como la amígdala y el hipocampo desempeñan un papel clave en la interacción entre emoción y cognición, modulando la consolidación de memoria y toma de decisiones.
Impacto en la motivación
Las emociones son un aspecto determinante en la motivación académica. Lo positivo refuerzan el interés por aprender, fomentando la persistencia y el esfuerzo. En cambio, lo negativo pueden generar bloqueos cognitivos y reducir la disposición para participar en actividades de aprendizaje. Entonces, aprender las emociones busca generar un clima afectivo que potencie el compromiso estudiantil y la automotivación.
Facilita la retención del conocimiento
Los estudios sobre memoria y aprendizaje han evidenciado que la información adquirida en un estado emocional significativo tiene una mayor probabilidad de ser almacenada en la memoria a largo plazo. Esto se debe a que las emociones facilitan la consolidación de las experiencias en redes neuronales asociativas, permitiendo que los conocimientos sean recuperados con mayor facilidad en situaciones futuras. Un aprendizaje emocionalmente enriquecido refuerza la conexión entre los contenidos académicos y las experiencias personales del estudiante.
Desarrollo de la autorregulación emocional
El aprendizaje desde las emociones no solo busca potenciar el desempeño académico, sino también fortalecer la habilidad de los discentes para administrar sus propias emociones en contextos educativos. La autorregulación implica el reconocimiento de estados afectivos, la implementación de estrategias para su manejo y la adaptación de respuestas en función de los desafíos del aprendizaje. La resiliencia emocional y la capacidad de manejar la frustración son competencias clave que favorecen el éxito académico y profesional.
Promueve un clima para aprender seguro y positivo
El clima emocional del aula influye significativamente en la disposición del estudiante para aprender. Un ambiente afectivamente positivo, caracterizado por la confianza, la cooperación y el respeto, favorece la reducción del estrés, y a su vez ayuda al activismo y aprender significativamente. Estrategias como la comunicación asertiva, el refuerzo positivo y la enseñanza socioemocional contribuyen a la construcción de entornos propicios para el aprendizaje.
Fomenta la empatía y la inteligencia emocional
El aprendizaje desde las emociones no solo se enfoca en el desarrollo cognitivo, además promueve el fortalecimiento de capacidades socioemocionales. La empatía permite a los discentes entender y dar respuesta de forma correcta a las emociones de sus compañeros, haciendo fácil la interacción social.
Influye en el bienestar integral del estudiante
El aprendizaje desde las emociones tiene una repercusión directa en la salud emocional. Un enfoque educativo que atienda las dimensiones emocionales del aprendizaje contribuye a la disminución de niveles de estrés y ansiedad, lo que favorece una mejor adaptación académica. En la era post-COVID-19, este aspecto cobra especial relevancia, dado que la incertidumbre y las dificultades emocionales han afectado la estabilidad psicológica de los estudiantes.
Relaciona el aprendizaje con experiencias reales
Uno de los principios fundamentales del aprendizaje significativo es la correspondencia entre los saberes teóricos y la experiencia práctica. Al adherir las emociones en el proceso educativo, se facilita la vinculación entre los contenidos académicos y situaciones del entorno del estudiante. Esta conexión mejora la aplicación de los saberes aprehendidos, permitiendo que el aprendizaje se torne funcional y contextualizado.
Favorece el pensamiento crítico y reflexivo
El aprendizaje desde las emociones estimula la habilidad para analizar y reflexionar en los discentes. La conexión emocional con un tema facilita la formulación de preguntas, la exploración de múltiples perspectivas. Además, el reconocimiento para aprender ayuda a los discentes a evaluar sus estrategias de estudio y a ajustar sus enfoques para mejorar su desempeño académico.
Potencia la creatividad y la innovación
Las emociones cumplen un rol clave en la generación de ideas. La creatividad se ve favorecida en un entorno donde los discentes se encuentren emocionalmente tranquilos para aplicar, equivocarse y explorar nuevas posibilidades sin temor al juicio o la crítica. El aprendizaje desde las emociones estimula la imaginación, la flexibilidad cognitiva y la capacidad de innovar, habilidades esenciales en el mundo actual.
Metodología
Proceso de elección
La elección definitiva de las investigaciones siguió diferentes etapas (ver Figura 1). Se identificaron 112 estudios, distribuidos en 30 artículos de SCOPUS, 17 de WOS, 17 de ERIC y 54 de SciELO. Todos los trabajos se agregaron a Mendeley y se eliminaron los duplicados (n = 32). En total, quedaron 80 trabajos para el análisis.
Se realizó la selección de artículos científicos mediante la revisión de título, año de publicación, autoría y resumen, aplicando criterios de inclusión y exclusión. Como parte de este proceso, se descartaron investigaciones que no abordaban temáticas educativas (n = 12), aquellas publicadas antes del 2020 (n = 35), estudios que no se centraban en población universitaria (n = 10) y documentos presentados en congresos, conferencias, tesis, seminarios o talleres (n = 4). Tras estas exclusiones, quedaron 19 artículos elegibles para el análisis. Posteriormente, dichos estudios fueron evaluados en función de cuatro criterios: (a emociones, (b aprendizaje, (c educación post-COVID-19 y (d relevancia temática. En esta segunda fase, se excluyeron 8 investigaciones que no cumplían con los criterios establecidos, obteniendo un total de 11 artículos seleccionados para la revisión detallada. Para estar equilibrado la pertinencia y actualidad de información, se priorizaron papers visibles en los tres últimos años, en diversos idiomas, que abordaran el aprender en la era postpandemia y que incluyeran en sus palabras clave términos como emociones, aprendizaje o post-COVID-19. Se excluyeron aquellos trabajos que no tuvieran un enfoque educativo o que trataran exclusivamente sobre población adulta (Ver Tabla 1).
Resultados y Discusión
Tabla 1 Principales investigaciones elegidas basándose en inclusión y exclusión
| N.º | Autor | Título de la investigación | Año | Fuente | País | Base de datos | Conclusiones |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Marcos-Merino et al., (2022) | Conocimiento previo, emociones y aprendizaje | 2020 | Revista Science education | España | Scopus | Los hallazgos respaldan teorías psicológicas actuales acerca la interacción recíproca entre emoción y cognición. Las interacciones identificadas respaldan la idea de que la valoración subjetiva que los educadores dan a los conocimientos científicos influye en las emociones. A su vez, estas emociones anticipatorias afectan el proceso de aprendizaje de ciencias durante la formación inicial. |
| 2 | Mustafina et al., (2020) | Las emociones y su efecto en el aprendizaje | 2020 | Utopía y Praxis Latinoamericana | Rusia | Scopus | El efecto emocional para aprender puede ser tanto negativa como positiva. Lo mismo ocurre con las emociones negativas. La revisión de diferentes investigaciones subraya la brecha existente en las emociones y el aprendizaje. La eficacia emocional en el procedimiento para aprender en adultos se investiga aún menos. Una de las razones de esto tal vez sea que se tiene la creencia que los adultos tienen la capacidad de controlar sus emociones y, por lo tanto, no dejar que influyan en el proceso de aprendizaje. |
| 3 | Dallagnol, C., De Oliveira, I. (2021) | Higher Education: emotions and the E-A process | 2021 | Praxis educativa | Brasil | Scopus | Se considera que existen diferentes elementos, tanto de las asignaturas como del contexto universitario y social, y, además de estos, que participan en la condición emocional de los discentes e interactúan de manera importante, o incluso decisiva, en el proceso de aprendizaje. Especialmente, con la intención de reforzar y fortalecer la importancia fundamental que se debe atribuir a las emociones, que atraviesan el camino de la vida, y, por tanto, también en la etapa de formación educativa y humana que corresponde a la Educación Superior, con todas sus peculiaridades. |
| 4 | Hayat et al., (2020) | Relações entre autoeficácia acadêmica, emoções relacionadas à aprendizagem e estratégias metacognitiva | 2020 | Medical Education | IRAN | Wos | El análisis mediante ecuaciones estructurales reveló que la autoeficacia en estudiantes universitarios influye significativamente en sus emociones relacionadas con el aprendizaje, así como en la implementación de estrategias metacognitivas. Estas, a su vez, inciden en su rendimiento académico. Además, se identificó que las emociones experimentadas durante el proceso de aprendizaje cumplen un rol determinante en la regulación de las estrategias metacognitivas, funcionando como un mecanismo mediador en la correspondencia de variables. |
| 5 | Elmoudden, S. (2023) | Enseñar conflictos intrapersonales: una necesidad en un mundo post COVID | 2023 | International Journal on Social and Education Sciences | EE. UU | Eric | Este análisis contribuye a la literatura existente la creciente importancia de incorporar la enseñanza de la salud mental en la universidad. El enfoque adoptado en este estudio implica la creación de espacios discursivos dentro del aula para discutir la salud mental como una parte elemental de la educación universitaria general de los discentes para el éxito, abarcando tanto el conocimiento externo como la paz interior. |
| 6 | Tsevi, L. (2022) | Avaliação do ensino e da aprendizagem em instituições de ensino superior na era pós-Covid: uma análise | 2022 | Commission for International Adult Education | EE. UU | Eric | La pandemia de COVID-19 ha presentado al sistema educativo una oportunidad renovada para adoptar nuevas tecnologías y hacer la transición en línea. El liderazgo institucional de educación superior ha tenido que desarrollar la capacidad de ser flexible y proactivo en su respuesta a los tiempos de incertidumbre durante y después del pico de la pandemia. |
| 7 | Sospedra, M., Martínez, I. & Hidalgo, S. (2022) | Inteligências múltiplas, emoções e criatividade em estudantes universitários espanhóis do primeiro ano | 2022 | RIDU | Perú | Scielo | En términos generales, estos datos subrayan la necesidad de intervenir y fomentar niveles adecuados de diversas inteligencias. Las variables socioemocionales son elementos esenciales e interconectados en la búsqueda de soluciones. |
| 8 | Chiecher, A. (2022) | Perceptions of learning and emotions of novice learners in pandemics. | 2022 | Magis | Argentina | Scopus | A partir de los hallazgos, se deduce que el proceso de ingresar a la universidad, que de por sí ya es una etapa compleja, estuvo marcado, por estados emocionales desfavorables. |
| 9 | Gaeta et al., (2021) | Autoeficácia, estado emocional e autorregulação da aprendizagem em estudantes durante a pandemia da COVID-19 | 2021 | Actualidades Investigativas en Educación | Costa Rica | Scielo | Se confirmó el impacto positivo de la autoeficacia percibida en la gestión del estrés. El resultado respalda la sugerencia de implementar medidas que apoyen a los discentes universitarios en la formación de destrezas personales para influir en su entorno académico. Esto implica aumentar la conciencia sobre posibles obstáculos para el aprendizaje. |
| 10 | Cao et al., (2020) | O impacto psicológico da epidemia de COVID-19 en estudiantes universitarios chineases | 2020 | Psychiatry Research | China | Scopus | Un aproximado del 24,9 % de los universitarios ha experimentado ansiedad a raíz del brote de COVID-19. Factores vinculados, que abarcaban preocupaciones económicas, impactos en la rutina diaria, estuvieron positivamente relacionados con síntomas de ansiedad. Contrariamente, el respaldo social mostró una correlación negativa con los grados de ansiedad de los discentes. |
| 11 | Tasso et al., (2021) | Alteración del COVID-19 en estudiantes universitarios: Implicaciones académicas y socioemocionales. | 2021 | Psychological Trauma | EE. UU | Scopus | Los análisis revelan una relación positiva entre las frustraciones académicas y los síntomas de salud mental, estos últimos también relacionados negativamente con la confianza en el gobierno respecto de las medidas preventivas que se están implementando. Las preocupaciones sobre la infección se relacionaron positivamente con los síntomas de salud mental y negativamente con la confianza en el gobierno. |
Conceptualización de las emociones, aprendizaje y la era post COVID-19
Para Goleman (1999) la emoción es la respuesta ante algo que sucede, se manifiesta en la reacción fisiológica y, por tanto, representa la expresión de un sentimiento o pensamiento. Este proceso implica la interacción de aspectos biológicos, psicológicos y rasgos conductuales característicos. En consonancia con esta visión, el biólogo Maturana (2021) afirma que las emociones guardan una conexión directa con las respuestas biológicas.
De acuerdo a la teoría de Ekman (1972), en todo ser humano existen seis emociones básicas independientemente de influencias contextuales, siendo: tristeza, alegría, enojo, miedo, sorpresa y asco. El autor también sostiene que la expresividad constituye una forma de comunicar estas emociones.
De la Rosa (2019) considera a la emoción como un conjunto de reacciones o activaciones neuroquímicas y hormonales que predispone al individuo a responder de cierta manera frente a un estímulo, ya sea externo, es decir lo que algo que se ve o se escucha; o interno como el pensamiento, evocación, imagen interna, etc. Por otro lado, se debe tener en cuenta la diferencia entre la emoción y el sentimiento, aunque son parecidos, son distintos, la discrepancia está en que los sentimientos implican una evaluación consiente de la emoción, la base de los sentimientos son las emociones que es primitiva y unidireccional, es decir, aparecen de una manera automática al presentarse un estímulo e impulsa a la acción.
En cambio, los sentimientos permiten una reflexión consciente sobre lo que se experimenta, por eso se mantienen más tiempo que las emociones que son intensas y menos duraderas. El origen de las emociones anatómicamente se encuentra en seis puntos del cerebro: la amígdala, sistema límbico, hipocampo, corteza prefrontal, corteza orbitofrontal y los hemisferios cerebrales.
Respecto al aprendizaje según Vygotsky (1978) afirma que el aprender es una acción netamente humana cuyo procedimiento forma parte de una etapa evolutiva, resultante de recursos mentales que, a medida que se manifiestan, adquieren nuevas formas cualitativas, se transformen constantemente, resultando en nuevos recursos psicológicos. Asimismo, supone que el aprendizaje humano está moldeado socioculturalmente, es decir, se configura a través de la interacción social y cultural.
De acuerdo a Caballero et al., (2021) la era post COVID 19 se considera a todas las manifestaciones clínicas tardías, principalmente de naturaleza neuropsiquiátricas. Estas incluyen problemas como la ansiedad, déficits de memoria, depresión, trastornos del sueño, dolor muscular, vértigos, irritabilidad, fatiga, insomnio, etc; que son secuelas propias de esta enfermedad.
Efecto de emociones para aprender
Los efectos del COVID-19 han dejado una notable huella en todos los sectores de la sociedad, afectando también a la educación superior. La transición hacia la era post-COVID-19 ha llevado a una reflexión sobre cómo abordar el aprendizaje en entornos universitarios y una de las perspectivas emergentes es la importancia del aprendizaje desde las emociones.
El regreso a la modalidad presencial en la etapa post COVID-19 ha representado un desafío emocional para determinados estudiantes universitarios. La ansiedad, depresión, estrés y el temor asociado a la pandemia constituyen respuestas emocionales que emergieron a partir los primeros contagios (Cao et al., 2020) y que, según la evidencia, han generado efectos negativos en salud mental como en el logro académico de la población universitaria (Tasso et al., 2021).
Según Dallagnol & De Oliveira (2021) sostienen que surgieron cuatro categorías temáticas como razones que impulsaron a los estudiantes universitarios a buscar asesoramiento psicológico en la Inteligencia Emocional (IE): modificaciones en las circunstancias de vida, adaptación académica y elección profesional, impacto y respuestas emocionales, y el proceso de Enseñanza-Aprendizaje (E-A). La gran mayoría de las razones expresadas por los discentes estaban relacionadas con dificultades emocionales que afectaban su proceso de aprendizaje.
Para Marcos et al., (2022) existen emociones anticipatorias tanto negativas como positivas y es esencial tener en cuenta estas emociones debido a su posible impacto en el proceso de aprendizaje. A pesar de ello, es de gran importancia reconocer que la influencia de las emociones para aprender no está determinada únicamente por su tono emocional positivo o negativo. De esta manera, ciertas emociones negativas pueden contribuir al proceso de aprendizaje; y la frustración de manera contraria puede limitarlo.
Asimismo, Hayat et al., (2020) afirma que en general, las emociones provocan una mayor implicación y, en consecuencia, el uso de estrategias de procesamiento más profundas conduce a un mejor rendimiento. Las emociones positivas pueden influir en el desempeño de los alumnos a través de efectos en la calidad de la forma de aprender, la calidad de las relaciones profesor-alumno y entre pares en las aulas y la enseñanza efectiva.
Para Mustafina et al., (2020) la situación ayuda a potenciar la destreza de retener elementos y archivarlos en la MLP. Este fenómeno ocurre cuando las personas se dedican en un objeto específico, generando así emociones. O sea, experimentar interés por algo implica un esfuerzo por comprenderlo a través de la investigación personal.
Para Gaeta et al., (2021) la capacidad de autorregular el aprendizaje muestra una conexión con las emociones positivas, y al mismo tiempo, guarda una correspondencia inversa con sentimientos de soledad. Estos hallazgos indican que cuando los estudiantes regulan sus procesos cognitivos, emocionales y conductuales, reducen sus niveles de soledad y enojo, al mismo tiempo que aumentan su interés por aprender.
Existe una conexión estrecha entre las emociones y el aprendizaje, y ambos se influyen mutuamente. Cuando esta relación se ve afectada de manera negativa, tiende a ocasionar sufrimiento y manifestarse en síntomas como distanciamiento y perjuicio en el proceso de aprender (Dallagnol & De Oliveira, 2021).
Para Chiecher (2022) la entrada en la pandemia estuvo marcada en su mayoría por la experiencia de emociones negativas. Aunque es comprensible que estas emociones hayan predominado en un contexto excepcional como el generado por la pandemia, es crucial considerar de manera significativa el diseño de iniciativas educativas que, durante el período posterior a la pandemia, fomentaron emociones positivas.
Asimismo, Gaeta et al., (2021) consideran que se debe impulsar iniciativas que respalden a los estudiantes universitarios en el progreso de sus habilidades personales para impactar positivamente en su entorno académico. Esto implica generar conciencia sobre las dificultades que podrían obstaculizar su proceso de aprendizaje.
Beneficios del Aprendizaje desde las Emociones
Mejora la retención de la información
Las emociones desempeñan un rol prescindible en la consolidación de la memoria, ya que facilitan la conexión de la información con experiencias previas significativas. La apertura de la amígdala y el hipocampo permite que los aprendizajes asociados a emociones positivas sean almacenados con mayor profundidad en la memoria a largo plazo. Por el contrario, la emoción negativa, como ansiedad o estrés, pueden generar bloqueos cognitivos que dificultan la recuperación de la información en situaciones de evaluación o aplicación práctica del conocimiento.
Aumenta el compromiso académico y la motivación
El aprender basado en las emociones fomenta la curiosidad y el interés genuino por los contenidos educativos. Sugiere que las emociones positivas fortalecen la motivación intrínseca, lo que lleva a los discentes a comprometerse activamente con su aprendizaje. Además, la retroalimentación emocional positiva y el reconocimiento del esfuerzo contribuyen a generar un sentido de logro y satisfacción que refuerza la perseverancia ante los desafíos académicos.
Reduce el estrés en el aprendizaje.
El estrés académico es una de las principales barreras en la educación, afectando la capacidad de concentración. La adhesión de estrategias emocionales en el proceso pedagógico ayuda a los discentes a forman mecanismos de afrontamiento que reducen la tensión de las emociones. Técnicas como la respiración consciente, la meditación y la enseñanza socioemocional han demostrado ser eficaces para gestionar la ansiedad y mejorar el bienestar emocional en entornos educativos.
Ayuda a la formación de inteligencia emocional
Aprender desde las emociones impulsa el desarrollo de competencias socioemocionales, de acuerdo a Goleman (1999), es un factor determinante en la superación académica, ya que ayuda a los individuos administrar emociones de manera efectiva y establecer relaciones interpersonales saludables. Un enfoque educativo que integra la enseñanza de estas habilidades contribuye a la formación de discentes con mayor capacidad de adaptación y resiliencia.
Potencia la creatividad y la innovación
Las emociones positivas están vinculadas a la activación de procesos cognitivos que favorecen la adquisición de ideas y la respuesta a problemas de manera innovadora. La creatividad se ve estimulada en entornos de aprendizaje donde los discentes se hallan emocionalmente seguros para aprender nuevas posibilidades sin temor al error. De acuerdo con Csikszentmihalyi (1997), la experiencia del "flujo" ocurre cuando las personas están inmersas en actividades que generan un equilibrio entre desafío y disfrute, lo que facilita la producción de soluciones creativas.
Mejora del pensar críticamente y resolver problemas
El aprendizaje emocionalmente significativo fomenta la reflexión y el análisis profundo de la información. Cuando los estudiantes establecen una conexión emocional con un tema, se genera una mayor disposición para investigar, cuestionar y evaluar diferentes perspectivas. Este procedimiento es primordial para la formación del pensar críticamente, que manifiesta la habilidad de argumentar, contrastar fuentes y tomar decisiones fundamentadas en evidencia. La educación emocional contribuye a la formación de ciudadanos con mayor autonomía intelectual y capacidad para resolver problemas complejos.
Promueve la empatía y el trabajo en equipo
El aprendizaje desde las emociones fortalece la habilidad de los discentes para comprender y dar respuesta pertinente a las emociones. La empatía es un componente esencial en la interacción social y el trabajo cooperativo, pues facilita la construcción de interacciones entre las personas orientadas en la cooperación y el respeto. En un entorno educativo, la promoción de la empatía a través de dinámicas grupales y proyectos colaborativos facilita la formación de destrezas comunicativas y hacer frente a conflictos de manera efectiva.
Facilita la autorregulación del comportamiento
El reconocer la implicancia de las emociones en el desempeño educativo permite que los discentes desarrollen estrategias para gestionar su conducta y optimizar su aprendizaje. La autorregulación implica la propuesta de retos, la planificación de metodologías y la evaluación de los propios avances, aspectos fundamentales para la autonomía en el aprendizaje. Modelos como el de Zimmerman (2000) realzan la preponderancia de la metacognición en la adquisición de conocimientos y el logro de objetivos académicos.
Contribuye al bienestar psicológico y emocional
Un enfoque educativo que integra las emociones favorece la salud mental, reduciendo factores de riesgo como la frustración, la desmotivación y el miedo al fracaso. La educación emocional promueve el desarrollo de una autoestima positiva y una actitud resiliente ante las dificultades académicas. En la era post-COVID-19, la implementación de estrategias de aprendizaje emocionalmente significativo es fundamental para garantizar un desarrollo integral equilibrado.
Formar a los discentes para afrontar los obstáculos de la vida
Las competencias emocionales adquiridas en el contexto educativo tienen una aplicación directa en la vida personal y profesional. La habilidad para gestionar emociones, resolver problemas y adaptarse a diferentes contextos es fundamental. Según el Foro Económico Mundial (2020), destrezas como la inteligencia emocional, creatividad y resiliencia son elementales para la superación en el mercado laboral del siglo XXI. En este sentido, el aprendizaje desde las emociones no solo contribuye a la formación académica.
Discusión
La importancia de las emociones para aprender ha sido ampliamente abordada desde diversas perspectivas teóricas, destacando su papel en la cognición y la consolidación del conocimiento. Goleman (1999) sostiene que las emociones representan respuestas fisiológicas a diversos estímulos, influyendo en los pensamientos y comportamientos de los individuos. En este sentido, Maturana (2001) refuerza la idea de que las emociones poseen una base biológica fundamental en la regulación de las respuestas humanas. Así, las teorías de Ekman (1972) sobre las emociones básicas enfatizan su carácter universal e innato, demostrando que las respuestas emocionales tienen una raíz biológica que trasciende las diferencias culturales.
La era post COVID-19 ha traído consigo nuevos desafíos para la educación superior, donde las alteraciones emocionales se han convertido en un factor clave en el rendimiento académico. De acuerdo con Caballero et al., (2021), los problemas neuropsiquiátricos derivados del COVID-19 incluyen ansiedad, depresión y trastornos del sueño, los cuales pueden influir negativamente en la capacidad de aprendizaje y en la adaptación a los entornos presenciales. Tasso et al., (2021) indican que la repercusión emocional del COVID-19 afectó la salud mental, lo que generó un retroceso en la formación de destrezas cognitivas elementales para aprender.
El efecto de las emociones en la cognición ha sido ampliamente documentado. Estudios como los de Hayat et al., (2020) destacan que las emociones facilitan un procesamiento cognitivo profundo, promoviendo una mayor retención de información y un mejor desempeño académico. Mustafina et al., (2020) argumentan que la presencia de emociones positivas incrementa la habilidad de archivar data en la MLP, favoreciendo el aprendizaje significativo. A su vez, Gaeta et al., (2021) sostienen que la autorregulación emocional cumple un rol crucial en la motivación y la participación académica, reduciendo la sensación de aislamiento y promoviendo el compromiso con el proceso de aprendizaje.
Asimismo, estudios como el de Chiecher (2022) subrayan la importancia de diseñar estrategias pedagógicas que fomenten emociones positivas en la educación post-pandemia, ya que estas no solo perfeccionan el bienestar de los discentes, a su turno optimizan su logro escolar. De igual manera, Dallagnol & De Oliveira (2021) identifican que las dificultades emocionales pueden convertirse en un obstáculo significativo en el aprendizaje, lo que reivindica el interés de un enfoque integral que contemple la dimensión emocional del diseño curricular.
Entre los beneficios del aprendizaje desde las emociones se destacan la mejora en la aprehensión y recuperación de data, el aumento en la motivación y el compromiso académico. En cuanto a la retención, la activación de la amígdala y el hipocampo permite que los aprendizajes asociados a emociones positivas sean almacenados con mayor profundidad. Por otro lado, Ryan & Deci (1985) enfatizan que la motivación se ve fortalecida por las emociones positivas, lo que impulsa a los estudiantes a comprometerse activamente con su aprendizaje. Finalmente, la regulación emocional en el aula contribuye a minimizar el estrés académico, permitiendo un entorno de aprendizaje más propicio para el desarrollo intelectual.
La correspondencia entre emociones y aprendizaje es innegable. La era post-COVID-19 ha resaltado el interés de tratar la educación desde una mirada integral que integre tanto los factores cognitivos como los emocionales, favoreciendo un proceso de aprendizaje más efectivo, sostenible y adaptativo a los nuevos desafíos pedagógicos.
Conclusiones
Las emociones desempeñan un rol preponderante para aprender, ya que influyen en la cognición, la consolidación del conocimiento. A partir de la neurociencia, Damasio (1994) sostiene que las emociones no solo regulan la conducta, sino que también repercuten en la memoria de trabajo, lo que incide directamente en el rendimiento académico. Por su parte, Goleman (1999) destaca que la inteligencia emocional es un predictor del éxito académico y profesional, ya que permite a los estudiantes gestionar el estrés, regular su atención y establecer relaciones interpersonales más efectivas. Maturana (2001) y Ekman (1972) refuerzan esta noción al evidenciar que las emociones tienen una base biológica y una manifestación universal, lo que subraya su relevancia en los procesos educativos y en la construcción de aprendizajes significativos.
La pandemia nos entrega nuevos desafíos, en especial en la dimensión emocional del aprendizaje. Investigaciones recientes (Caballero et al., 2021; Tasso et al., 2021) evidencian que el impacto emocional derivado del confinamiento y la educación remota afectó grandemente el logro académico y la adaptación a los entornos presenciales. En este contexto, Vygotsky (1978) plantea que el aprendizaje es un proceso mediado socialmente, lo que sugiere que la interacción y el apoyo emocional de docentes y compañeros son esenciales para una adaptación exitosa en escenarios postpandemia.
Las emociones positivas cumplen un rol determinante en la promoción para aprender significativamente. Según Ausubel (1968), la activación emocional facilita la retención de información y favorece un procesamiento cognitivo más profundo, lo que permite conectar nuevos conocimientos con esquemas previos. Además, Bandura (1986) resalta que la autoeficacia emocional influye en la motivación académica, ya que los estudiantes que perciben control sobre sus emociones muestran mayor persistencia ante los desafíos académicos. En este sentido, la regulación emocional se convierte en un componente clave del aprendizaje autorregulado (Zimmerman, 2000), promoviendo en los discentes estrategias efectivas para afrontar el estrés y la ansiedad académica.
El diseño de estrategias pedagógicas que integren la dimensión emocional resulta esencial en la educación postpandemia. Estudios como los de Chiecher (2022) y Dallagnol & De Oliveira (2021) enfatizan que el bienestar emocional de los discentes no solo optimiza su desempeño académico, sino que también previene dificultades en el aprendizaje. En este contexto, la pedagogía del cuidado (Noddings, 2005) plantea que la empatía y la atención a las emociones de los estudiantes son fundamentales para generar un entorno de aprendizaje seguro y motivador. Asimismo, Freire (1997) subraya la preponderancia de una educación dialógica que, de valor a la subjetividad del estudiante, promoviendo su participación activa y la formación de un pensar crítico mediante la interacción y la comunicación emocionalmente significativa.
El aprendizaje basado en emociones presenta múltiples beneficios, entre los que destacan la mejora en la retención y recuperación de información, así como la reducción del estrés académico. Desde la neuroeducación, Immordino-Yang & Damasio (2007) explican que la activación de la amígdala y el hipocampo facilita la consolidación del conocimiento, evidenciando la estrecha relación entre emoción y memoria. La autodeterminación complementa este enfoque al señalar que la motivación intrínseca, impulsada por emociones positivas, genera un mayor compromiso con el aprendizaje.
Es fundamental adoptar un enfoque integral en la educación que contemple tanto los factores cognitivos como los emocionales. La evidencia sugiere que valorar el componente emocional no solo fortalece el bienestar estudiantil, sino que también contribuye a un proceso de aprendizaje más efectivo y sostenible. Gardner (1983) con las inteligencias múltiples refuerza esta idea al involucrar inteligencia intrapersonal e interpersonal como elementos clave para el éxito académico. Además, la educación emocional (Bisquerra, 2003) propone programas estructurados para formar habilidades emocionales que ayuden a los discentes administrar el estrés, mejorar la convivencia y potenciar su rendimiento académico (Félix et al, 2024).
En la era post-COVID-19, reconocer y abordar las emociones de los universitarios resulta esencial para crear entornos educativos más inclusivos y resilientes. La literatura existente destaca la importancia de paradigmas educativos holísticos, como el aprendizaje socioemocional de CASEL (2020), que integran el bienestar emocional con el desarrollo de competencias académicas. La pedagogía crítica de Freire (1997) también cobra relevancia en este contexto, ya que propone una educación transformadora que empodere a los estudiantes a través del reconocimiento de sus emociones y la construcción de conocimientos significativos (Cárdenas, et al., 2024).
Si bien la educación superior enfrenta desafíos significativos en este nuevo contexto, también se presentan oportunidades para repensar y mejorar sus estrategias pedagógicas. La incorporación consciente de las emociones en el proceso educativo no solo fortalece la conexión entre los estudiantes y los contenidos, sino que también contribuye a la formación integral de individuos más resilientes y adaptativos. Al integrar el aprendizaje emocional, las instituciones educativas pueden sentar las bases para un futuro más equitativo, saludable y emocionalmente inteligente, alineándose con los principios del desarrollo sostenible (UNESCO, 2017) y la promoción de sociedades más empáticas y comprometidas con el bienestar colectivo.















