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versión On-line ISSN 2665-0398

Aula Virtual vol.6 no.13 Barquisimeto dic. 2025  Epub 30-Dic-2025

https://doi.org/10.5281/zenodo.18413569 

Artículo Científico

REPENSAR LA FORMACIÓN CÍVICA Y DEMOCRÁTICA EN EL SISTEMA ESCOLAR CHILENO: UNA NECESIDAD URGENTE PARA EL FORTALECIMIENTO DE LA DEMOCRACIA

RETHINKING CIVIC AND DEMOCRATIC EDUCATION IN THE CHILEAN SCHOOL SYSTEM: AN URGENT NEED FOR STRENGTHENING DEMOCRACY

Adrián Esteban Pereira Santana1 
http://orcid.org/0000-0002-5849-6446

1Universidad Miguel de Cervantes, Chile. E-mail: adrian.pereiras@gmail.com


Resumen

El presente artículo propone alternativas para el fortalecimiento de la formación en democracia presente en el actual currículum en educación en sus niveles básico y medio en términos de metodologías y estrategias utilizadas en países con altos índices de calidad democrática. Así, se consideran la deliberación crítica, el aprendizaje basado en proyectos cívicos, expresados en aprendizaje más servicio y proyectos comunitarios han dado muestras se ser eficaces en la construcción de una ciudadanía comprometida con la democracia. La metodología es de revisión documental y argumentativa, basada en fuentes de alto impacto, las que vienen a apoyar la conclusión general en cuanto a que la escuela debe asumir un rol político - pedagógico en el fortalecimiento democrático que el país requiere.

Palabras Clave: Democracia; formación democrática; ciudadanía; educación cívica

Abstract

This article proposes alternatives for strengthening education in democracy present in the current curriculum at its basic and intermediate levels in terms of methodologies and strategies used in countries with high rates of democratic quality. Thus, critical deliberation, learning based on civic projects, expressed in learning plus service, and community projects have proven to be effective in building a citizenry committed to democracy. The methodology is a documentary and argumentative review, based on high-impact sources, which support the general conclusion that the school must assume a political-pedagogical role in the democratic strengthening that the country requires.

Keywords: Democracy; democratic education; citizenship; civic education

Introducción

En el caso de Chile, la existencia de un régimen democrático, al igual que en gran parte de Latinoamérica, es un elemento que no siempre se ha encontrado garantizado. Así, en la historia reciente, Chile enfrentó un quiebre democrático en 1973, viviendo bajo una dictadura hasta el año 1990, en que, tras la realización de un plebiscito en 1989, se logra una transición a la democracia con una serie de condicionamientos heredados desde la dictadura cívico militar que se desarrolló en el periodo 1973-1990.

Por ello, la consolidación de un currículo que considere la formación democrática, ha sido un desafío desde el retorno a la democracia, en términos de la incorporación o reincorporación de los temas vinculados a formación de habilidades cívicas (Anaya-Rodríguez & Ocampo-Gómez, 2016), la creación de espacios de promoción de la participación democrática, siempre considerando que el fomento de una educación inclusiva y pluralista, que fomenta la diversidad y la resolución pacífica de conflictos, se encuentra a la base de la construcción de una democracia más fuerte, desarrollando habilidades ciudadanas (Novoa, et al., 2019).

De esta forma, el marco general que persigue la formación de una ciudadanía consciente cívicamente y comprometida con el desarrollo de la sociedad, a través de la formación en Derechos humanos, educación cívica y sustentabilidad (García-Pérez & Montero, 2018) corresponde a contenidos correctos, consensuados y deseables en la construcción de una ciudadanía activa, bajo el precepto que los estudiantes comprendan que la democracia es un proceso de construcción diaria y que enfrenta diversas situaciones que la ponen en riesgo (Ministerio de Educación de Chile, s/f).

A pesar de ello, Chile se encuentra hoy frente a una paradoja democrática, consistente en que se presenta un funcionamiento operativo de las instituciones formales, por una parte, mientras por la otra, se presenta una caída sostenida de la confianza ciudadana en el sistema político durante la última década (Latinobarómetro, 2024).

Dicha caída, se puede interpretar como una desafección ciudadana, la cual se expresa en una baja participación electoral, fundamentalmente juvenil, en un debilitamiento de los partidos políticos y por la emergencia de discursos directamente antipolíticos. Así, esta crisis de legitimidad de las instituciones democráticas es también una crisis de cultura cívica sustentada por datos de una de las encuestas de mayor renombre en Chile (Centro de Estudios Públicos, 2023).

Frente a esta situación, el sistema escolar se posiciona como un actor clave en la regeneración democrática. En Chile, debido a la alta cobertura, la escuela es uno de los pocos espacios institucionales que logra alcanzar transversalmente a la ciudadanía. Sin embargo, la formación ciudadana en Chile ha sido históricamente relegada a un plano más bien de contenidos, con un enfoque memorístico y escasa participación efectiva del estudiantado.

Este artículo tiene como objetivo reconocer algunas experiencias exitosas de formación democrática en contextos escolares en países con una alta valoración de la democracia e identificar aprendizajes y estrategias que puedan ser adaptadas y adoptadas por el sistema educativo chileno. Se sustenta en una metodología de análisis documental y argumentativo, apoyada en literatura científica indexada. Se concluye así, que una formación cívica activa, crítica y situada puede contribuir de manera sustantiva a la construcción de una ciudadanía más comprometida con los valores democráticos.

Desarrollo

Desafección Cívica y Desvalorización democrática en Chile

En el contexto actual, Chile se enfrenta a una paradoja, tras una década de desvalorización democrática en Latinoamérica, se observa un repunte de la valoración democrática en el continente, pasando de un 48% a un 52% lo que permite titular el informe de Latinobarómetro 2024, “La Democracia Resiliente” (Latinobarómetro, 2024).

La desafección cívica y la consiguiente desvalorización de la democracia en Chile, es reconocida por diversos indicadores, por ejemplo, según Latinobarómetro (2024), solo un 61% de los chilenos considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, mientras que un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP, 2023) muestra que más del 70% de la población manifiesta desconfianza en el Congreso y los partidos políticos.

En el caso de la valoración neta de la democracia en contraposición a la preferencia por un gobierno autoritario frente a uno democrático en circunstancias especiales, Chile obtiene una valoración neta de 3 puntos, bajo el promedio latinoamericano de 4 puntos, y a 11 puntos de diferencia de México, que lidera esta valoración (Latinobarómetro, 2024).

Estos elementos van evidenciando, que tras poco más de 50 años desde el quiebre democrático en Chile y tras 34 años de recuperación de la democracia, se ha re-instalado una perspectiva de la validez de un quiebre democrático en determinadas circunstancias, lo cual permite establecer que, a nivel de opinión pública, la democracia es un bien que se encuentra lejos de encontrarse seguro.

Por otra parte, y considerando evaluaciones de orden internacional basados en índices cuya base es el análisis integrado de diversas fuentes, contamos por ejemplo con el World Justice Project (2024), que ubica a Chile en el puesto 36 a nivel mundial en su índice de Estado de Derecho, con alertas en materia de orden y seguridad, justicia civil y criminal y control del poder gubernamental. Estas situaciones de alerta dan cuenta de posibles crisis de gobernanza futuras.

Continuando el análisis desde la perspectiva comparada, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), en su informe de 2023, indica que apenas el 30 % de los chilenos confían moderada o fuertemente en el gobierno nacional, una cifra baja en comparación con un 39 % de promedio de países que lo conforman.

En el análisis interno, la propia OCDE (2023) considera también la valoración de otras instituciones que define como claves para la democracia, observándose que, en el caso de Chile, dichos porcentajes son aún más bajos que los de confianza en el gobierno nacional. Así, al analizar la confianza en el Congreso, ella alcanza apenas una valoración positiva en un 19%, mientras que, en la institucionalidad de los partidos políticos, obtiene apenas un 14% de confianza (OCDE, 2023).

Precisando aún más, y considerando una encuesta realizada por la empresa IPSOS en 2024 en 32 países, incluido Chile, se consulta sobre la confianza en grupos de personas al interior de la sociedad, dentro de los grupos se consideran a políticos, profesores, médicos, influencers, etc. En dicho estudio, las cifras son aún más desalentadoras que lo referido en el informe previamente citado, siendo confiables los políticos solo para un 10% de los consultados, en contraste con la confianza en profesores que alcanzó un 58% (IPSOS, 2024).

La misma encuesta, ubica a Chile en penúltima posición respecto a la confianza en funcionarios públicos y de gobierno, con un 14% de confianza - mismo porcentaje del último de la lista, Colombia - mientras que en términos de desconfianza lo ubica con un 53%. Este 14% representa la mitad del promedio de los 32 países incluidos en el estudio (IPSOS, 2024)

Otra fuente nos indica que, en relación con los partidos políticos, solo un 50% de los chilenos los considera necesarios, mientras un 36% de los consultados considera que la democracia podría funcionar sin partidos políticos (Latinobarómetro, 2024).

Esta desafección con los políticos y los partidos es un elemento que llama a la preocupación. En dicho sentido es un dato para tener en consideración que, en Chile, incluso los influencers cuentan con mayor confiabilidad que los políticos, 12% en los primeros, en contraposición al 10% de los últimos, situación algo distinta al contexto general, en que, dentro de los 24 países en consulta, influencers y políticos cuentan con igual confianza positiva de un 15% (IPSOS, 2024).

Respecto a este dato, el estudio referido en el párrafo previo, su CEO en Chile, establece que “es claro que estamos en el medio de una crisis de confianza, los nuevos datos sobre la confiabilidad revelan una sociedad escéptica hacia sus gobernantes y figuras públicas” (IPSOS, 2024). Esta situación no es únicamente vinculada a los políticos y gobernantes, sino que también en torno a las instituciones, por ejemplo, en torno a las policías, en Chile se alcanza una confianza del 39%, mientras que con relación a la Fuerzas Armadas lo hace apenas un 34% (IPSOS, 2024).

Volviendo directamente al análisis de la valoración de la democracia, esta vez considerando fuentes internas, una encuesta realizada mensualmente por la consultora Gemines-Fibra en conjunto con el periódico digital El Mostrador denominado Scanner Social, da cuenta en su informe de marzo de 2025 que existe en Chile una preferencia por la democracia (75%) pero una insatisfacción con su funcionamiento (23% positivo), mientras que en relación al congreso, el 50% de los encuestados considera que el congreso representa poco y nada los intereses de la ciudadanía. Finalmente, el indicador construido por esta encuesta, denominado de adhesión a la democracia, alcanza un puntaje de 55 en una escala de 0 a 100 puntos (El Mostrador-Gemines, 2025).

Todos estos antecedentes dan cuenta de una desafección ciudadana creciente y un distanciamiento con la política y sus instituciones, que pueden dar lugar a una profundización aún más importante de la desvalorización de la democracia que podría tener como consecuencia un aumento de la valoración de regímenes no democráticos y la emergencia y/o consolidación de populismos en el país.

La (in)suficiente respuesta desde el ámbito educativo

Sin lugar a duda, el espacio escolar es un lugar privilegiado para la construcción de ciudadanía (Orellana & Muñoz, 2019) y de esta forma lo ha considerado también el Ministerio de Educación chileno al construir las bases curriculares en relación a formación ciudadana, sin embargo, estos esfuerzos no están presentando los resultados esperados, como se observa en el acápite anterior de este artículo.

Así, al observar los resultados en el ámbito escolar, la situación no parece ser más alentadora. Si consideramos la evaluación internacional ICCS (International Civic and Citizenship Education Study) aplicada por la IEA (2022), indica que los estudiantes chilenos presentan bajos niveles de conocimiento cívico comparado con países OCDE.

Estos resultados son a pesar de que ha existido una política de incorporación y fortalecimiento de la educación ciudadana en Chile, desde una perspectiva transversalizadora y durante toda la trayectoria educacional (Galáz & Arancibia, 2021) y a partir de la última modificación curricular de manera específica en los programas de tercero y cuarto medio (Godoy et al., 2022).

Entre dichos investigadores existe consenso que el abordaje de las temáticas en la asignatura de ciencias sociales e historia son suficientes y que se consideran aquellos contenidos que son necesarios para la formación ciudadana y valoración democrática (Galáz & Arancibia, 2021; Godoy et al., 2022).

Pese a ello, la formación ciudadana, entendida como un conjunto de contenidos, adolece de una perspectiva práctica (Orellana & Muñoz, 2019), así como también de una formación inicial y continua para el profesorado en estas temáticas que les permita la formación ciudadana desde perspectivas diversas (Godoy et al., 2022).

Este último punto, el de formación para el profesorado, es considerado como uno de los obstáculos que enfrentan los establecimientos escolares y los docentes en particular, dice relación con la ausencia de lineamientos claros y la existencia de objetivos ambiguos en la ley (Quintana, 2022).

Tal como se ha señalado previamente, el currículo nacional ha incorporado la asignatura de Educación Ciudadana en enseñanza media (MINEDUC, 2019), sin embargo, su implementación requiere no solo entregar conocimientos cívicos, sino desarrollar habilidades y actitudes que permitan a los estudiantes aprender a vivir en sociedad (Orellana & Muñoz, 2019) cuestión que se contrapone con la realidad en la cual los docentes privilegian justamente el conocimiento acerca de derechos y deberes, por sobre la participación estudiantil o la preparación para la participación política de los estudiantes (Silva et al., 2018; Godoy et al., 2022).

Esta situación, tiene el riesgo - que según los datos de acápite anterior son más bien certezas - de una comprensión de los procesos cívicos y democráticos, pero no un aprehenderlos, permitiendo el desarrollo de una desafección con la democracia y el ejercicio cívico consecuente.

Esta situación de abordaje contenidista de la formación cívica y democrática, queda de manifiesto al considerar que la formación ciudadana desarrollada en escuelas de Chile, se ubica fundamentalmente en la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, aunque con apariciones también en la asignatura de Consejo de Curso, pero más bien dependiendo de las definiciones locales de las escuelas, al no estar contempladas en el currículum de manera explícita (Galáz & Arancibia, 2021).

Todo ello, apunta a la formación de ciudadanos para un ejercicio de deberes futuro, no en la escuela como un ejercicio permanente y presente que incida en la convivencia y organización escolar, que es lo que se propone en los cuerpos legales chilenos (Galáz & Arancibia, 2021). Este proceso futuro, al no ser desarrollado de manera permanente, se consolida en un aprendizaje cognitivo y no en una práctica cotidiana.

Algunos casos de éxito en el contexto internacional

Buscar una respuesta a la situación descrita en los acápites precedentes, no parece sencillo, implica remirar tanto la formación inicial docente, así como el desarrollo de la propia carrera docente, no en términos de contenidos, sino en términos de prácticas, y en dicho sentido, observar buenas prácticas para el desarrollo de sociedades democráticas, y en particular, mecanismos que, desde los contextos escolares, incorporen el ejercicio democrático permanente.

De esta forma, al analizar modelos de implementación, se observa que las estrategias exitosas de formación democrática en contextos escolares se caracterizan por el enfoque activo, crítico y participativo de la ciudadanía desde edades tempranas. A continuación, se revisan 3 experiencias relevantes, desarrolladas en países reconocidos por sus altos niveles de calidad democrática (EIU Democracy Index, 2023), a saber, Canadá, Estados Unidos y los países nórdicos en general.

El caso canadiense

En Canadá, existen una serie de estrategias que han sido valoradas en formación democrática, de las cuales se rescatan dos para el presente artículo, dada su permanencia en el tiempo y la documentación de estas. La primera estrategia en formación democrática en Canadá que se abordará es el modelo desarrollado por Schugurensky la cual promueve una participación de los estudiantes en la definición de presupuestos participativos escolares, así como la existencia de consejos estudiantiles vinculantes (Bartlett & Schugurensky, 2021), fomentando una ciudadanía activa desde la práctica.

Otro de los elementos que han permitido el desarrollo de una valoración democrática desde la práctica permanente de acciones ciudadanas en los entornos en que se insertan las escuelas, es el enfoque de "aprendizaje-servicio" (service-learning), el cual persigue vincular el currículo con acciones comunitarias directas, permitiendo la participación directa del estudiantado en la implementación de soluciones comunitarias, fortaleciendo la deliberación y la agencia política desde la escuela (Kahne & Westheimer, 2006).

Los programas Student Voice y CIRCLE en Estados Unidos

En Estados Unidos, pese a su polarización política, existen programas escolares innovadores como Student Voice y la iniciativa CIRCLE que fomentan la deliberación y el aprendizaje basado en problemas reales (Levine & Kawashima-Ginsberg, 2015).

En el caso de Student Voices la iniciativa surge en 2012 a través de la plataforma twitter, creciendo a una base nacional presente en todos los estados de Estados Unidos, promoviendo la equidad en la educación, mediante la formación de Storytellers, organizadores y mediante una serie de programas destinados a estudiantes de nivel K12 y College, destinados a que los estudiantes no solo conozcan cómo funciona el sistema educacional, sino que sean parte del desarrollo de acciones orientadas a enfrentar las inequidades estructurales del sistema.

Así, mediante un programa de embajadores, participan de la ejecución de programas basados en la comunidad enfocados en justicia educacional. La iniciativa CIRCLE, corresponde a un centro de investigación independiente enfocada en el desarrollo de formación cívica para Estados Unidos, con un énfasis en la preparación de los estudiantes de manera de preparar a la juventud para la democracia.

La iniciativa desarrolla acciones que permiten el desarrollo conjunto con establecimientos educacionales denominado “Teaching for Democracy Alliance (TFDA)” entregando recursos de calidad para docentes y administradores educacionales, para preparar a los estudiantes para la participación democrática, todo ello mediante acciones de aprendizaje experiencial.

Ambas prácticas han sido analizadas académicamente, demostrando su efecto en incrementar la participación electoral juvenil y la confianza en las instituciones democráticas en Estados Unidos (Feldman et al., 2007).

La participación estudiantil y la transversalización en los países nórdicos

Los países nórdicos, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, cuentan con programas de estudios similares con relación a la formación cívica. Ellos presentan un enfoque transversal en la formación democrática, integrando el pensamiento crítico, la participación estudiantil en la gestión escolar y el respeto por la diversidad como pilares de su sistema educativo (Sahlberg, 2015; Schulz et al., 2018).

Estos países destinan la mayor cantidad de recursos a la educación, en un estudio desarrollado por Schulz et al., (2018). Asimismo, son países reconocidos por la autonomía de las escuelas en el desarrollo de los procesos formativos, a la vez que entregan formación permanente a los docentes en al acercamiento a las temáticas abordadas.

El mismo estudio da cuenta de una “alta participación en acciones conjuntas de colaboración con organizaciones e instituciones, tales como universidades, organizaciones locales y fundaciones” (Schulz et al., 2018, p.50). Asimismo, en tres de los cuatro países se considera como un ámbito de formación particular (con excepción de Suecia) mientras que las cuatro naciones lo incluyen como parte de los programas de historia y ciencias sociales y lo vinculan de forma transversal en la formación; Noruega lo considera además dentro de actividades extracurriculares (Schulz et al., 2018, p. 51).

Al comparar el conocimiento de los estudiantes de octavo grado en países OCDE (Sahlberg, 2015), Finlandia y Dinamarca encabezan la tabla. En el caso particular de Finlandia, todo ello como resultado de una reforma educacional que consideró al menos los siguientes elementos, el desarrollo de una visión particular de la educación finlandesa, una formación fuerte y permanente del profesorado, el desarrollo de sus docentes desde la autonomía para el desarrollo del currículum considerando evaluaciones nacionales y la vinculación de su educación con el desarrollo de cohesión social, inclusividad y desarrollo comunitario (Sahlberg, 2015).

Estas experiencias tienen en común la integración curricular de la democracia como práctica cotidiana, la participación real del estudiantado en la toma de decisiones escolares y el desarrollo de competencias cívicas mediante métodos activos y colaborativos.

Análisis y Reflexión

El desafío de fortalecer la Formación Cívica es complejo y diverso. Involucra aspectos curriculares, de la cultura y vida escolar, de incentivos, de participación democrática, de reflexión sobre las prácticas pedagógicas (Galáz & Arancibia, 2021). La consolidación de la democracia en sociedades modernas exige no solo instituciones sólidas, sino también una ciudadanía educada y comprometida, es la educación basada en valores democráticos, de respeto y conciencia social, que fundamentan una convivencia democrática es el camino al fortalecimiento general, es a través de la educación el mejor camino para proteger la democracia (Castellanos, 2022)

Las experiencias internacionales revisadas, demuestran que la formación democrática escolar efectiva requiere más que contenidos cívicos tradicionales: demanda metodologías activas, participación efectiva y prácticas democráticas auténticas. Al observar la crisis de legitimidad institucional existente en Chile, encontramos una concordancia con la formación escolar en civismo y democracia, que - como se observó previamente - se centra en una formación contenidista y se encuentra distante de un ejercicio cotidiano y permanente de la democracia y la cultura cívica en los entornos escolares.

De esta forma, la desconexión existente entre los contenidos enseñados con el entorno político experimentado por los estudiantes, sin lugar a dudas, limitan la posibilidad real de construir una democracia sólida, sostenible y que minimice el riesgo de un quiebre democrático o de la consolidación de populismos que atentan contra ella.

Es en este contexto, que la educación debe ser comprendida como una herramienta de ejercicio democrático, y no únicamente como un transmisor de contenidos, reconociendo su potencial de agente de empoderamiento político y práctica democrática. Así, la formación docente y la promoción de prácticas concretas que permitan a los establecimientos educacionales poner en ejercicio los contenidos presentes en el currículo nacional, son una oportunidad de fortalecer la democracia real en Chile, a la vez que minimizar los efectos de desvalorización de la misma o la guía intencionada a determinadas ideologías por parte de los establecimientos o los propios docentes, que al encontrarse sin lineamientos claros para su implementación, como se señaló previamente en este texto.

Por su parte, la revisión de experiencias internacionales en tres tipos de sociedades, todas ellas con alta valoración de la democracia, respecto de la vinculación entre educación y democracia, ya sea desde la implementación de iniciativas inicialmente privadas como es el caso norteamericano o desde la construcción curricular como en el caso canadiense y de los países nórdicos, dan luces de un necesario involucramiento de los establecimientos y los docentes, tanto en la práctica democrática permanente por parte del estudiantado, así como de vinculación con los entornos escolares, como parte del proceso de optimización del currículo en materias de formación ciudadana.

En este contexto, la evidencia presentada precedentemente sugiere que las de inclusión de estudiantes en espacios reales de toma de decisiones, y que pueden incorporar iniciativas de aprendizaje-servicio, o bien, la deliberación estructurada acerca de aspectos propios de los establecimientos, permite fortalecer, no sólo el conocimiento de los contenidos abordados en la formación cívica, sino que también el compromiso con la democracia y la participación política futura (Kahne & Sporte, 2008; Torney-Purta et al., 2001).

Es por ello, se considera que Chile necesita una reforma profunda en materias de formación ciudadana, no en términos de los contenidos, sino en término de praxis democrática en las escuelas, en términos de formación docente en pedagogías democráticas y en términos de implementación de proyectos escolares de participación real en sus comunidades escolares y con organizaciones que los circundan.

Conclusiones

Tras la revisión de los antecedentes presentados, se puede observar que la vinculación entre la educación en democracia y formación cívica puede tener un efecto directo en los índices de valoración de la democracia y en el ejercicio democrático directamente.

No es casual que países con programas de formación cívica que incorpora elementos prácticos, son aquellos cuya valoración de la democracia y el compromiso con ella, presentan valores más elevados.

De esta forma, en un país con un pasado reciente en el cual hubo un quiebre democrático y la instalación de una dictadura cívico-militar por 17 años, cuya formación restringió el desarrollo de una conciencia democrática en generaciones, situación que los gobiernos democráticos a partir de 1990 han intentado revertir mediante reformulaciones curriculares e incorporación de contenidos vinculados al respeto a los Derechos Humanos y la Sustentabilidad, además del fortalecimiento de la perspectiva de desarrollo democrático, parecen no ser suficientes para el fortalecimiento de la participación cívica y democrática, así como en el ejercicio de sus principios.

En dicho sentido, la escuela debe asumir un rol político - pedagógico en el fortalecimiento democrático que el país requiere, promoviendo el desarrollo y comprensión de los contenidos acerca de dichas temáticas, pero promoviendo, además, el ejercicio permanente de los principios democráticos. Si bien es cierto, podrían proponerse múltiples herramientas para el fortalecimiento democrático requerido, parece más responsable desde la perspectiva educativa, que dicho proceso de implementación, comience por el reconocimiento de buenas prácticas internacionales, su adaptación a contextos locales y su implementación progresiva en los diversos niveles educativos que el sistema educacional chileno considera.

A partir del análisis presentado y considerando que las propuestas contenidas se centran en la mayor participación democrática directa, la formación docente y la vinculación efectiva con los entornos educacionales, se propone la implementación de 5 medidas concretas, que permiten avanzar en la construcción de una sociedad más democrática. Las propuestas son:

Incorporar Estrategias de Aprendizaje-Servicio en aquellos contenidos vinculados a la formación cívica y democrática

De esta forma, los estudiantes en vinculación con las comunidades y organizaciones circundantes pueden establecer relaciones directas entre los contenidos presentes en las asignaturas, con los resultados y aportes a la vida de las personas, organizaciones e instituciones.

Institucionalizar la participación estudiantil en espacios de toma de decisiones escolares

Esta medida apunta a la corresponsabilidad en espacios acotados de decisión, por ejemplo, replicando las iniciativas de presupuestos participativos existentes en algunos municipios chilenos, en que un grupo de proyectos se define mediante plebiscitos locales y que, en el caso de las escuelas, podría referirse a proyectos de equipamiento escolar. Una estrategia realizada en Chile hace años, pero sin continuidad, fue la conformación de un parlamento juvenil.

Incorporar en los planes de Formación Inicial Docente de las universidades, la formación en pedagogías participativas y deliberativas

Con ello, se espera contemplar la entrega de herramientas efectivas a los docentes para la incorporación de la vivencia de ejercicios democráticos en el aula. En un plazo más acotado, se propone que la formación dentro de la carrera docente incorpore estrategias de formación en estas estrategias.

Vincular el currículo de formación ciudadana con proyectos comunitarios reales

De manera que la acción desarrollada en el aula tenga una directa incorporación de contenidos con prácticas y constituyan aprendizaje significativo para los estudiantes.

Evaluar permanentemente el impacto de dichas prácticas democráticas escolares en el compromiso cívico general

De manera de evaluar el funcionamiento del plan, así como la incorporación de los ajustes necesarios para una mayor incorporación del compromiso cívico general.

Ello a partir que el análisis realizado, da cuenta que los sistemas con mayor valoración democrática han optado por una formación cívica que no prioriza la instrucción, sino que pone en práctica, mediante acciones transformadoras, el ejercicio de la ciudadanía. De esta forma la democracia se comprende como una forma de vida y no únicamente como un régimen democrático.

Para ello, es necesario reconstruir la confianza en la democracia, sus instituciones y sus actores. De tal manera, la escuela como institución es uno de los actores más relevantes. Puesto que se considera que una escuela democrática y participativa, tiene efectos directos no sólo en sus estudiantes, sino que también en sus entornos, sus instituciones y finalmente en su sociedad, fortaleciendo la valoración democrática, por una parte, pero, sobre todo, el ejercicio democrático.

Referencias

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Recibido: 25 de Septiembre de 2025; Aprobado: 30 de Diciembre de 2025; Publicado: 30 de Diciembre de 2025

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