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Revista InveCom

versión On-line ISSN 2739-0063

Revista InveCom vol.5 no.4 Maracaibo dic. 2025  Epub 12-Jun-2025

https://doi.org/10.5281/zenodo.14962831 

Artículos

Análisis sistemático del aprendizaje colaborativo y el desarrollo de habilidades blandas en la producción textual de estudiantes de educación primaria

Systematic analysis of collaborative learning and the development of soft skills in the textual production of primary education students

Valeria Volodia Salluca Rodríguez1 
http://orcid.org/0000-0002-7355-9900

David Enrique Galarreta Cisneros2 
http://orcid.org/0009-0002-3880-1703

Esther Genoveva Baylon Salvador3 
http://orcid.org/0000-0001-7104-8798

1Universidad César Vallejo. Lima-Perú E-mail: vsalluca@ucvvirtual.edu.pe

2Universidad César Vallejo. Lima-Perú E-mail: dgalarretaci@ucvvirtual.edu.pe

3Universidad César Vallejo. Lima-Perú E-mail: Ebaylonsa@ucvvirtual.edu.pe


Resumen

El presente estudio se enfocó en el análisis sistemático del aprendizaje colaborativo y el desarrollo de habilidades blandas en la producción textual de estudiantes de educación primaria. De allí que, el objetivo principal de la investigación fue examinar la importancia del trabajo colaborativo como método didáctico y el papel crucial de las habilidades blandas en el proceso de aprendizaje de los alumnos. Para ello, se llevó a cabo una revisión con análisis sistemático utilizando el método PRISMA, realizando un exhaustivo rastreo bibliográfico en reconocidas bases de datos. Se seleccionaron y evaluaron rigurosamente 40 estudios, tomando en cuenta criterios específicos. Los resultados evidenciaron la relevancia del aprendizaje colaborativo en la producción de textos, resaltando la interdependencia positiva, la interacción cara a cara y la responsabilidad individual como elementos clave. En conclusión, el estudio demostró la importancia de integrar el trabajo colaborativo y las habilidades blandas en la educación primaria para fomentar un aprendizaje efectivo y significativo, promoviendo el desarrollo integral de los estudiantes desde una edad temprana.

Keywords: aprendizaje; education; habilidades interpersonales; redacción

Abstract

The present study focused on the systematic analysis of collaborative learning and the development of soft skills in the textual production of primary education students. Therefore, the main objective of the research was to examine the importance of collaborative work as a teaching method and the crucial role of soft skills in the learning process of students. To do so, a review with systematic analysis was carried out using the PRISMA method, carrying out an exhaustive bibliographic search in recognized databases. Forty studies were selected and rigorously evaluated, taking into account specific criteria. The results showed the relevance of collaborative learning in the production of texts, highlighting positive interdependence, face-to-face interaction and individual responsibility as key elements. In conclusion, the study demonstrated the importance of integrating collaborative work and soft skills in primary education to promote effective and meaningful learning, promoting the comprehensive development of students from an early age.

Keywords: learning; educación; interpersonal skills; writing

Introducción

Las habilidades blandas (HB) han tomado una creciente atención, especialmente en aquellos centros formativos educativos que intentan orientar sus planes de instrucción de forma social, para con ello asegurar un futuro estable y equilibrado en los primeros niveles de educación con enfoques que sustentan las premisas académicas (Mabuto & Mphahlele, 2021).

Ahora bien, en cuanto a las HB, la literatura especializada la define como un conjunto de destrezas que nacen de las emociones que se originan en las actividades sociales. En la etapa formativa las HB tienen una relevancia fundamental, dado que las mimas se inician en prácticas que fortalecen las destrezas y permiten la consecución de las metas previstas. Por lo tanto, es fundamental fortalecer las habilidades blandas en los estudiantes mediante una comunicación efectiva que les permita visualizar su futuro dentro de un entorno determinado, lo cual es crucial para asegurar el éxito del proyecto de vida que han diseñado (Calero et al., 2025). Por lo tanto, las naciones deben implementar estrategias para garantizar una instrucción sólida con un enfoque competitivo que capte la atención de los alumnos.

En este ámbito, las habilidades blandas son particularmente relevantes, ya que facilitan, entre otras cosas, la producción de textos. A través de una comunicación fluida y eficiente, la composición textual se beneficia especialmente de la fase de selección y adaptación de ideas, lo que implica pensamientos claros y concisos. Esto fortalece la organización y el ordenamiento del contenido textual, lo que permite crear textos coherentes y lógicos. Un razonamiento efectivo y original garantiza textos atractivos e interesantes. El análisis de información es crucial para redactar textos relevantes y precisos. Además, el trabajo en equipo asegura que se consideren diferentes perspectivas en el contexto de los textos, y es importante reconocer los diversos estilos que se adaptan a los diferentes formatos de escritura. Las revisiones son esenciales para evitar imprecisiones y errores textuales, lo que resulta en redacciones de alta calidad que son rápidamente aceptadas por el público lector.

Sin embargo, para alcanzar este objetivo y mejorar la formación de los estudiantes, es esencial fomentar la integración del apoyo afectivo para consolidar las habilidades blandas, mediante un acompañamiento académico activo y comprometido hacia los adolescentes. Esto contribuiría a superar las deficiencias en el proceso educativo, tanto por parte de los docentes como de los padres, y así prevenir el desinterés hacia la formación académica, lo cual podría tener un impacto negativo en sus proyectos de vida (Ros, 2024).

Otra situación que se mejoraría con el fortalecimiento de las HB es la acción de producir textos por iniciativa propia, lo cual, en la actualidad, representa una preocupación compartida por parte de los docentes de la formación básica y de nivel media. No es un secreto que muchos estudiantes enfrentan dificultades al redactar textos, lo que repercute negativamente en el proceso de desarrollo del conocimiento. La escritura no se limita a ser un desafío exclusivo del curso de letras, sino que afecta también a las diversas líneas curriculares, donde se requiere producir textos escritos sobre el aprendizaje. Sin embargo, los educandos aún no pueden orientar adecuadamente la generación de escritos textuales desde la planeación (Diaz, 2023).

Actualmente, los centros educativos afrontan la urgente necesidad de incorporar prácticas pedagógicas innovadoras en la producción de textos. Frente a esta realidad, es necesario potenciar los esfuerzos para desarrollar un enfoque comunicacional efectivo hacia los educandos. En el contexto actual, frente a las desigualdades en los aprendizajes, es primordial que los educadores promuevan técnicas y estrategias basadas en la motivación para la escritura argumentativa, desde la crítica constructiva. Por lo tanto, es necesario valorar las estrategias motivacionales que favorecen la construcción de textos (Sánchez & Barco, 2021).

De allí que, el presente estudio tiuvo como propósito realizar un análisis detallado de las percepciones de los educadores sobre la redacción de textos que los alumnos deben desarrollar según la currícula formativa de los centros educativos. Esto se enmarca en un contexto que destaca la importancia del trabajo colaborativo como método didáctico, el cual requiere que los educadores apliquen estrategias para que los estudiantes puedan presentar redacciones escritas efectivas. Además, el estudio busca examinar exhaustivamente las habilidades blandas en la formación de niños y adolescentes, ya que su desarrollo temprano es crucial para asegurar un futuro estable. Es fundamental identificar las implicaciones asociadas con la creación de textos a través de perspectivas cooperativas y colaborativas, las cuales deben reforzarse mediante las reflexiones de los educadores en la práctica de la metacognición en las aulas. Este proceso permite construir mensajes significativos que perduran en todas las fases del aprendizaje.

Metodología

Para lograr los objetivos del presente estudio, se realizó una revisión con análisis sistemático utilizando el método PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), lo que garantizó la rigurosidad en la evaluación de la literatura seleccionada. Asimismo, se realizó un extenso rastreo bibliográfico en reconocidas bases académicas, tales como: SciELO, Dialnet, Scopus y Redalyc, aplicando descriptores específicos relacionados con el aprendizaje colaborativo, las habilidades blandas y la producción de textos, así como teorías similares en el contexto de la instrucción básica.

Para la selección y ordenamiento de los estudios revisados, se utilizó un procedimiento riguroso que combinaba y evaluaba la información, asegurando su sistematización a partir de la teoría investigativa. Se consideraron conceptos, enfoques y evaluaciones de múltiples autores, incluyendo algunos publicados hace más de siete años, debido a su relevancia y contribuciones fundamentales en la temática.

Asimismo, para garantizar la pertinencia y calidad de los estudios analizados, se aplicaron los siguientes criterios:

Criterios de inclusión:

  • Estudios que hayan sido publicados en revistas indexadas y arbitradas.

  • Investigaciones que hayan analizado el aprendizaje colaborativo, las habilidades blandas y la producción de textos en educación básica.

  • Artículos que abordaran estrategias pedagógicas y su impacto en el desarrollo de competencias en la escritura.

  • Publicaciones en español e inglés que abordaran metodologías de enseñanza aplicadas en contextos educativos formales.

  • Estudios que hayan sido publicados a partir del año 2018, con excepción de aquellos considerados esenciales por su impacto en la temática.

Criterios de exclusión:

  • Estudios que no estaban relacionados directamente con la educación básica o la formación en escritura.

  • Investigaciones con enfoques exclusivamente teóricos sin aplicación en el ámbito educativo.

  • Artículos duplicados en las bases de datos revisadas.

  • Publicaciones que carecían de rigurosidad metodológica o que no presentaban evidencias empíricas sobre las categorías de análisis.

Tabla 1 Búsqueda sobre estrategias de atención inclusiva 

Base de datos Cantidad
Scopus 5
Dialnet 14
Scielo 10
Redalyc 4
Otros 7
Total 40

Figura 1 Gráfico Prisma 

Al final, se seleccionaron 40 artículos relevantes que presentaban lecturas críticas, publicados en la región iberoamericana en los últimos siete años. Estos artículos permitieron comprender el aprendizaje, las habilidades blandas y la producción de textos desde una perspectiva general, analizando sus particularidades, componentes y alcances en la formación educativa para mejorar el aprendizaje.

Resultados y discusión

Según registros históricos, el aprendizaje colaborativo (AC) tiene sus raíces en la antigua Grecia, donde la formación se centraba en discusiones y debates entre educandos y maestros. En contraste, en la antigua Roma, los aprendizajes se lograban a través de imitaciones y prácticas grupales. Durante la Edad Media, el aprendizaje se basaba principalmente en el traspaso de conocimientos extraídos de textos mediante la lectura o copias. En los centros formativos de la época, las lecciones se impartían en grupos, aunque la interacción entre los estudiantes era muy limitada. En la Edad Moderna, un sector de protestantes impulsó cambios significativos al alinear las instrucciones formativas con lecturas continuas, desarrollando métodos innovadores y técnicas, e incorporando la discusión grupal y el desarrollo de tareas colaborativas. A comienzos del siglo XX, surgieron las teorías del constructivismo y el aprendizaje social, que destacaron la importancia de la interacción y la colaboración en el proceso de adquisición de nuevos conocimientos. Con el avance de las tecnologías de la comunicación, se crearon nuevos medios de aprendizaje cooperativos en línea.

En el contexto del aprendizaje colaborativo, destacan varias teorías que han influido en su evolución. Una de ellas es la Teoría del Aprendizaje Social de Bandura (1977), que sostiene que los nuevos aprendizajes se adquieren a través de la observación y la imitación de las acciones de los demás. Además, resalta la Teoría del Constructivismo, desarrollada por Piaget y Vygotsky, quienes enfatizaron la importancia de construir activamente el conocimiento mediante la interacción con el entorno y las personas que nos rodean. Otro modelo relevante es el Aprendizaje Colaborativo, cuyo objetivo es identificar los cinco elementos clave para una colaboración efectiva en la enseñanza, a saber: la interdependencia con un propósito positivo, la interacción cara a cara, la responsabilidad individual, el uso de habilidades sociales-comunitarias y el procesamiento grupal de conocimientos. Estos modelos y teorías han enriquecido la comprensión del aprendizaje, destacando la influencia de la interacción y la colaboración en la adquisición de nuevos conocimientos.

En las perspectivas actuales sobre el aprendizaje colaborativo, diversos autores lo presentan como un método de enseñanza que promueve la interdependencia positiva entre los estudiantes. En este contexto, todos trabajan juntos hacia un objetivo común, fomentando una responsabilidad tanto individual como colaborativa. Otra teoría destacada es la de Dillenbourg (1999), quien sostiene que el conocimiento desde una perspectiva cooperativa es un proceso en el que los alumnos establecen los cimientos básicos del conocimiento a través de la interacción con sus compañeros. Esta contribución puede ocurrir en tiempo real o mediante los medios facilitados por la tecnología y la comunicación.

De allí que, el aprendizaje colaborativo debe ser considerado como un proceso didáctico que involucra a los docentes y a los educandos, y se aplica en grupos reducidos, para así poder desarrollar tareas sistematizadas y alcanzar aprendizajes verdaderamente significativos. En este sentido, es fundamental aplicar la comunicación asertiva o efectiva, entendida como la práctica de saber escuchar, promover diálogos abiertos y activos para alcanzar aprendizajes satisfactorios y propicios para motivar la redacción de escritos (Bello, 2019).

Por su parte, Stahl (2006) considera que el aprendizaje cooperativo es un proceso constructivo del conocimiento que surge de la interacción y la comunicación facilitadas por la información en entornos virtuales. Estos escenarios permiten que el aprendizaje se imparta de manera efectiva. Los estudios de Scardamalia & Bereiter (2006) sostienen que los métodos para asimilar conocimientos se basan en las relaciones entre los educandos y su entorno social. Las habilidades blandas, definidas en 1994, se refieren a un conjunto de características afectivo-sociales que facilitan la conexión con otros, ayudando a enfrentar las exigencias y desafíos cotidianos. Esto permite tomar decisiones para resolver problemas de manera creativa, afianzando un entrelazamiento efectivo y saludable que nos lleva al objetivo de aprender y analizar a través de la innovación (Chaves Chaves, 2023).

Entendiendo que el propósito del presente estudio fue realizar un análisis sistemático sobre la importancia del trabajo colaborativo como método didáctico crucial para que los educadores puedan ayudar a los estudiantes a desarrollar la capacidad de presentar redacciones coherentes y razonables, resulta fundamental destacar las habilidades blandas como elementos esenciales en el proceso metodológico del aprendizaje para alcanzar un desarrollo académico integral (Machado & Rivera, 2023). Estas habilidades son entendidas como un conjunto de destrezas emocionales que se desarrollan y relacionan con las tareas sociales. Los teóricos resaltan su importancia, destacando aspectos como el diálogo positivo, la flexibilidad, la adaptación, la solidaridad y la cooperación, que son básicas para que los estudiantes alcancen un proyecto de vida y un futuro académico dentro de los estándares establecidos.

Respecto a la importancia de los métodos didácticos y las habilidades personales en el ámbito educativo, Cadillo-Leiva et al. (2021) resaltan la esencialidad de estas habilidades en las actividades específicas del campo educativo, destacando la necesidad de desarrollarlas desde las primeras etapas escolares para enfrentar los desafíos planteados. Estas habilidades influyen significativamente en los estudiantes, permitiéndoles un adecuado desenvolvimiento en diversas situaciones. Recordemos que las competencias personales integran las habilidades que permiten a los individuos interactuar con el entorno externo y desarrollarse de manera efectiva, abriendo caminos innovadores en los sentimientos y pensamientos que desempeñan roles esenciales para relacionarse con otros (Neira et al., 2024).

Así, las teorías desarrolladas sobre el trabajo cooperativo y colaborativo enfatizan su importancia como estrategia principal para asegurar la calidad del aprendizaje de los estudiantes. Este método facilita la expansión de las habilidades y ayuda a resolver problemas (Imbernón, 2019; Perlado et al., 2019). Por lo tanto, su aplicación en el aula puede servir de ayuda para mejorar la redacción de textos.

A saber, la transcripción de textos implica conocer la lengua y dominar los mecanismos para crear mensajes significativos. En el contexto educativo, los docentes se preocupan por evaluar la grafía de los textos, donde la gramática y la ortografía son aspectos clave en la evaluación de los escritos. Según Lara & Pulido (2020), los niños en las escuelas formativas enfrentan dificultades en el proceso de escribir textos coherentes, palabra por palabra, más que en los escritos en general.

De acuerdo con Díaz-Garay et al. (2020), la orientación de vida se relaciona con el logro de objetivos, lo que favorece tanto el desarrollo personal como social. Esto se refuerza con las habilidades blandas, las cuales deberían ser parte integral de los currículos escolares. Un desafío para los estados es orientar la educación hacia la formación de ciudadanos profesionales con un alto nivel de competencia, quienes contribuirán a una comunidad sostenible. Sin embargo, el sistema educacional ha concentrado sus esfuerzos tradicionalmente en las habilidades duras, aunque se ha demostrado que las habilidades blandas son esenciales para la enseñanza y el aprendizaje efectivo (Espiritusanto, 2020).

Por otra parte, autores como Erazo-Borrás et al. (2022) y Rodríguez-Brito (2019) destacan la importancia de los entornos sociales para la interacción continua, que influye en el desarrollo de las habilidades blandas. Estos entornos sociales, junto con los pares, sostienen la construcción textual, complementan el desenvolvimiento social y afianzan el comportamiento de las personas. El papel de los educadores es fundamental, ya que desde su rol pedagógico pueden descubrir nuevas significancias apoyados en la observación autónoma del desarrollo de saberes, habilidades y didácticas (Ormaza-Mejía, 2019). Por lo tanto, son los formadores educativos quienes sostienen las dinámicas sociales que favorecen las habilidades blandas y la construcción de textos. Según la teoría de Guerra Báez (2019), las habilidades blandas actúan como puentes para dirigir, regular y modular las emociones, lo que permite un procesamiento consciente para aceptar, enfrentar o rechazar situaciones, y esto a su vez influye en la regulación fisiológica activa, con la focalización de la atención hasta alcanzar la autoconciencia.

Por otro lado, Bautista et al. (2024) recomiendan a las instituciones educativas trabajar en el desarrollo de la sensibilización, a través de la implementación de talleres de fortalecimiento de las habilidades blandas. Asimismo, sugieren impulsar acercamientos en diversos contextos o entornos formativos para coadyuvar en el fortalecimiento de las habilidades competenciales de la línea interpersonal de los educandos. De acuerdo a Aranda Meyer & Luque, (2024), establecer una base sólida en competencias blandas es clave para alcanzar los objetivos de los currículos educativos, lo que a futuro garantiza la capacidad de aprovechar nuevas oportunidades a través de capacitaciones continuas y adquirir conocimientos duraderos.

En un tono similar, Vera (2020) sostiene que los docentes, al aplicar técnicas basadas en el aprendizaje colaborativo en el salón de clase, mejoran las capacidades de los estudiantes y aumentan su motivación para adquirir nuevos conocimientos. Asimismo, Pesantes (2019) señala que identificar, aplicar y utilizar métodos de enseñanza de tipo colaborativo, garantiza futuros profesionales competitivos y motivados. Según Rodríguez (2019) los enfoques colaborativos son estrategias de aprendizaje que aplican habilidades cognitivas, asegurando un entendimiento profundo y resultados óptimos.

De allí que, el aprendizaje colaborativo se vincula positivamente con las habilidades blandas, dado que los alumnos desde las relaciones interpersonales se sienten más comprometidos con las tareas y los objetivos, lo que les permite alcanzar un desarrollo académico con las aptitudes y actitudes de nivel observable y medible (Lázaro, 2021). Al respecto, Echeverría et al. (2020) confirman que las habilidades blandas generan impulsos de razonamiento y resolución ante las desavenencias desde una acción sencilla, valorando las opiniones que nutre los nuevos conocimientos. Por otro lado, según Hernández & Neri (2019), el desarrollo gradual de la personalidad del estudiante contribuye a mejorar la comunicación, fomentando la confianza en sí mismo y en los demás.

Por su parte, el estudio de Catasús et al. (2024) define el aprendizaje colaborativo como la suma de metodologías activas que se aplican en actividades grupales. Este enfoque busca alcanzar objetivos mediante la colaboración, la comunicación y la reflexión. La complejidad inherente a los procesos de enseñanza-aprendizaje requiere la implementación de estructuras sistemáticas para activar elementos como la comunicación asíncrona, la evaluación continua y el desarrollo de competencias. Esto facilita una evaluación precisa y la mejora de estos procesos. La integración de la colaboración en el ámbito educativo fortalece el aprendizaje desde las primeras etapas del desarrollo.

Asimismo, Zumba et al. (2021) destacan la relevancia e importancia de las habilidades blandas, que son indispensables en la vida diaria para fomentar actitudes positivas que nos encaminan hacia el contexto académico. Esto se logra mediante la práctica continua del autoconocimiento y el establecimiento de relaciones sólidas y estables con el entorno. La formación en habilidades blandas requiere combinaciones adecuadas en sus diferentes etapas. De igual forma, los planteamientos de Calle-Álvarez et al. (2020) valoran los resultados evaluativos de los textos formulados por alumnos de cuarto nivel de primaria en un contexto colectivo, evidenciando la necesidad de un acompañamiento personalizado por parte de tutores académicos para mejorar la calidad de las redacciones y asegurar que estas capten y mantengan el interés de los lectores.

En este sentido, Rubio (2019) sostiene que la educación básica es la etapa en la que se espera que los alumnos comiencen a producir escritos narrativos de manera regular. Estos escritos alcanzan niveles y potencialidades en la medida del avance de su formación, lo que les permite desarrollar habilidades para configurar diversos enfoques narrativos. Esto se logra mediante una visión reflexiva y valorativa que utiliza los recursos lingüísticos disponibles, involucrando procesos mentales y cognitivos, así como procesos verbales que expresan interacción social o comunitaria. Por lo tanto, es importante explorar los recursos lingüísticos que se ponen en práctica en la producción escrita.

En cuanto a esto, Moyano et al. (2022) recomiendan a los docentes aplicar didácticas que permitan desarrollar actividades creativas, las cuales deben estar acordes a los nuevos tiempos, a las diversas culturas y a las diferentes generaciones; ya que las acciones de los alumnos se basan en el dominio de sus destrezas, lo que les permite enfocarse en nuevas visiones y horizontes.

Según Rico (2022), el sistema encargado de la formación educativa se concibe como un subsistema de tipo social, en el cual los docentes requieren capacitación en habilidades blandas. Esta formación debe permitir la identificación de parámetros actitudinales, emocionales y morales para garantizar un desempeño equilibrado y con sentido significativo en las facetas cotidianas. En esta línea, Roux (2019) enfatiza la importancia de asegurar un desempeño educativo que integre estos aspectos de manera armónica.

Asimismo, es importante recalcar que toda formación e instrucción contribuye a la formación integral de los estudiantes. Al respecto, Marrero et al. (2018) destacan la importancia de vincular, a través del currículo escolar, el saber, el conocimiento, los sentimientos y las emociones en las relaciones interpersonales, lo que fortalece tanto la convivencia como la participación significativa y efectiva en la sociedad.

Por otro lado, Luján (2022) señala que el trabajo en equipo, desarrollado de forma cooperativa, favorece la producción de textos narrativos y la construcción de aprendizajes relevantes. Este proceso se ve potenciado cuando los estudiantes aplican estrategias adecuadas al plantear sus ideas en las actividades escolares. En esta misma línea, Benoit (2021) sostiene que toda didáctica complementa las actividades de producción escrita con el apoyo y orientación de los docentes, quienes afianzan nuevos procesos de aprendizaje mediante la interacción y los entornos colaborativos. Además, Benoit subraya que los intercambios verbales con retroalimentación grupal permiten a los estudiantes un adecuado desempeño como futuros profesionales, dotándolos de una alta capacidad para desarrollar reflexiones sistemáticas y constantes.

A todo esto, es crucial destacar que la exigencia de que los alumnos interpreten la realidad mediante la aplicación de sus cualidades comunicativas en la interacción con el entorno plantea un desafío significativo para los educadores. En este contexto, es fundamental que las aspiraciones formativas se fundamenten en un arraigo cultural profundo. Además, la capacidad de crear y producir textos surge de la intencionalidad y la expresión, lo que requiere el uso de estrategias y alternativas didácticas en la enseñanza de la escritura. Para lograr esto, es esencial contar con el compromiso de los líderes en el campo educativo.

En un tono similar, Medina Montero & Peña Beltre (2024) sostienen que es crucial que los educandos incorporen múltiples estrategias activas, tanto desde sus fortalezas individuales como en el trabajo colectivo, asumiendo responsabilidades compartidas para lograr productos efectivos y creativos. De acuerdo con esta perspectiva, los escritos deben construirse de manera razonable, para así consolidar conocimientos significativos. Además, la producción textual debe caracterizarse por una comunicación coherente, abierta y comprensible, con un alto grado de claridad y comprensión. Esto no solo facilita la transmisión de hechos sociales, sino que, también, permite la formulación de nuevas teorías basadas en el conocimiento y en la práctica de las lenguas maternas de cada persona. En este contexto, Gallardo-Balderas (2024) destaca que las tendencias del siglo XXI, respaldadas por las tecnologías para la enseñanza colaborativa, han adquirido gran relevancia. Esto se debe a que la formación en línea o a distancia facilita la recepción de aprendizajes y promueve el desarrollo de competencias clave.

Finalmente, Maturana & Guzmán (2019) resaltan que uno de los retos actuales en la educación es propiciar, mediante diversos medios, motivaciones permanentes en los estudiantes para su desarrollo integral. Esto implica la implementación de métodos innovadores que fomenten el interés por la redacción y potencien la producción de textos en alumnos de nivel primario. Por su parte, Garavito-Hernández et al. (2024) sostienen que las habilidades blandas favorecen el desarrollo intelectual de los estudiantes a través de una instrucción participativa, dialógica y reflexiva, promoviendo así un aprendizaje más efectivo y significativo.

Conclusiones

La competencia en la producción de textos implica que el alumno desarrolle capacidades psicológicas, afectivas y cognitivas para alcanzar un saber reflexivo. Es crucial que los estudiantes adquieran habilidades para expresar información clara, coherente y correcta para que así los oyentes o lectores la entiendan. Esto requiere el uso de la memoria y la creatividad, sostenidos en trabajos grupales que fomentan el aprendizaje colaborativo a través de la interactividad y el empleo de habilidades blandas como método eficaz de enseñanza efectiva.

Para lograr esto, es necesario plantear ideas bajo una guía de orientación o propósito, conocer las estructuras textuales existentes para organizar un texto desde el principio, realizar revisiones continuas y reescribir las veces necesarias para alcanzar un texto coherente. Este proceso, aunque largo y complejo, fortalece la producción de textos bien estructurados.

En este sentido, queda claro que capacitar a los estudiantes en escrituras textuales es un desafío para los docentes en el aula, independientemente de la línea curricular. Esto implica propiciar contextos con tiempos para el diálogo grupal, seguir con los primeros bosquejos en borradores y realizar acciones de reescritura textual que fortalezcan las ideas y pensamientos en la mente del estudiante. Es necesario cumplir con estas pautas, ya que solo así la escritura se convertirá en una práctica viva y vital para repensar y ordenar el pensamiento.

En definitiva, el empleo de modelos en el proceso de enseñanza requiere herramientas para garantizar saberes integrales, concretando así el cumplimiento de los currículos nacionales desde los planes de estudios. Esto debe superar las deficiencias identificadas en la formación. La calidad de la instrucción se sostiene en la puesta en práctica de las habilidades blandas, las cuales garantizan la redacción de mensajes o textos escritos con un nivel razonable, logrando así el verdadero desarrollo del aprendizaje.

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Recibido: 28 de Febrero de 2024; Aprobado: 27 de Febrero de 2025; Aprobado: 03 de Marzo de 2025

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