Introducción
En los últimos años, diversos organismos internacionales han centrado sus esfuerzos en investigar y promover programas orientados al desarrollo de la resiliencia en el ámbito educativo, reconociendo su importancia para el bienestar integral y el rendimiento académico de los estudiantes. Estas entidades colaboran activamente con gobiernos y comunidades para fomentar enfoques educativos que no solo impartan conocimientos, sino que también desarrollen habilidades para la vida, como la resiliencia. Este componente resulta fundamental para que los estudiantes logren superar desafíos en un mundo cada vez más exigente y cambiante (Arifiyanti et al., 2025).
Descripción problemática
Entre los principales organismos internacionales que han abordado este tema destacan:
capaces de adaptarse y mantenerse funcionales durante situaciones de crisis (UNESCO, 2024).
emergencia y desplazamiento forzado, destacando la necesidad de sistemas educativos inclusivos, flexibles y resistentes (UNICEF, 2023).
El Banco Mundial, que ha estudiado cómo los sistemas educativos pueden fortalecer la resiliencia de los
estudiantes ante crisis económicas o situaciones de vulnerabilidad.
El PNUD, que ha investigado la resiliencia en la educación dentro del marco del desarrollo sostenible,
apoyando políticas que favorezcan la resiliencia social y económica a largo plazo (PNUD, 2024).
La OCDE, que ha promovido estudios sobre resiliencia en sistemas educativos, subrayando la necesidad
de adaptarse a los cambios tecnológicos y sociales para afrontar diversos desafíos (OCDE, 2024).
En el caso del Perú, se han desarrollado distintas iniciativas -desde los sectores público y privado- para promover la resiliencia en el contexto educativo, reconociendo su relevancia en el desarrollo integral de los estudiantes, particularmente en contextos de crisis social y vulnerabilidad. Organismos nacionales como el Ministerio de Educación (MINEDU) y el Centro de Investigación y Desarrollo Educativo (CIDE) han impulsado políticas públicas, modelos de intervención y estrategias curriculares orientadas a fortalecer la resiliencia estudiantil durante la pandemia, en contextos tanto urbanos como rurales (MINEDU, 2021). Asimismo, el Consejo Nacional de Educación (CNE) ha promovido propuestas centradas en la mejora de la calidad educativa y el fortalecimiento de la capacidad de adaptación de los estudiantes.
Sin embargo, aunque estas investigaciones han facilitado la toma de decisiones e inversiones en el sector educativo, la mayoría de los estudios sobre resiliencia en estudiantes de educación primaria se han realizado desde una perspectiva macro, abarcando poblaciones amplias. Esto ha dado lugar a una visión general, pero carente de la profundidad necesaria para intervenir de manera efectiva en contextos específicos (Nicholson et al., 2025).
La ausencia de enfoques individualizados impide realizar un análisis detallado de las características personales de cada estudiante. La resiliencia se manifiesta de forma diversa y particular en cada individuo, por lo que los estudios generalistas corren el riesgo de omitir factores determinantes como el entorno familiar, las experiencias personales o el contexto social (Tabibnia, 2024).
Asimismo, esta falta de precisión dificulta la identificación de situaciones escolares y familiares concretas que afectan la resiliencia, lo cual limita la eficacia de las intervenciones. Aunque los estudios a gran escala ofrecen una visión panorámica del sistema educativo, sus resultados suelen ser generalizados, impidiendo el diseño de estrategias específicas que respondan a las necesidades particulares de ciertos grupos estudiantiles (Daniilidou et al., 2020).
En este contexto, se observa que los estudiantes de sexto grado de primaria enfrentan dificultades emocionales y sociales que afectan su capacidad para afrontar cambios y situaciones estresantes dentro del aula. Algunos manifiestan conflictos familiares o problemas económicos, lo que genera inestabilidad emocional reflejada en sentimientos de tristeza y desatención durante las clases, reduciendo su percepción de apoyo y protección. Otros evitan participar por inseguridad o temor al rechazo, lo que contribuye al aislamiento social (Bene, 2025).
Uno de los aspectos más preocupantes es la baja autoestima observada en estos estudiantes, quienes se encuentran en una etapa crítica de desarrollo de su identidad. Experiencias como el bullying o las comparaciones con sus pares afectan negativamente su confianza y percepción de autoeficacia (Hassan et al., 2025). Muchos expresan no creer en sus capacidades, evitando enfrentar retos académicos por temor al fracaso. Además, presentan dificultades en sus habilidades de comunicación asertiva, lo cual impide la expresión adecuada de emociones, deseos y pensamientos, y genera altos niveles de estrés y frustración (Revuelta-Domínguez et al., 2023).
En este grado, los estudiantes se preparan para la transición hacia la secundaria, y sienten de forma abrumadora los cambios en el entorno escolar. Las nuevas exigencias académicas y sociales comprometen su adaptabilidad, su rendimiento y su estabilidad emocional. Muchos manifiestan frustración al interactuar con nuevos compañeros, y algunos responden con conductas agresivas al no lograr regular adecuadamente sus emociones.
Para el docente, resulta prioritario potenciar el desarrollo de la creatividad como una herramienta para que los estudiantes enfrenten los desafíos con mayor flexibilidad. No obstante, algunos niños no exploran su potencial creativo, enfocándose en obtener validación externa a través de redes sociales, lo que limita su capacidad para generar soluciones propias e innovadoras.
Esta problemática pone en evidencia que la ausencia de una resiliencia bien desarrollada -en dimensiones como la funcionalidad familiar, autoestima, asertividad, adaptabilidad y creatividad- afecta la capacidad de los estudiantes de sexto grado para enfrentar los retos académicos y emocionales. El fortalecimiento de estas dimensiones es fundamental para promover una transición escolar exitosa hacia la educación secundaria.
Conceptualización de la resiliencia
La resiliencia ha sido abordada desde hace más de cuatro décadas; sin embargo, ha cobrado un interés particular en la psicología y la educación durante los últimos años, especialmente en el contexto escolar (Havea et al., 2020). Se reconoce que la resiliencia incide directamente en el desarrollo personal y el desempeño académico de los estudiantes (Chiang et al., 2024), ya que les permite adaptarse con mayor eficacia a situaciones adversas, lo cual se traduce en una mayor motivación y compromiso con el aprendizaje (Rodríguez-Vintimilla et al., 2025; Roldán-Quijije, 2025).
La resiliencia puede definirse como la capacidad de adaptación frente a las adversidades y de afrontar los procesos de superación de forma positiva (Nielsen et al., 2022). En este proceso, la familia juega un rol central, al ofrecer soporte emocional, afectivo y práctico en momentos difíciles. Los vínculos familiares influyen significativamente en el desarrollo de la resiliencia (Farfán et al., 2023).
De acuerdo con (Lee 2025), la familia constituye un espacio seguro que permite expresar emociones y compartir miedos, generando un sentido de pertenencia que fortalece la seguridad emocional del estudiante. Esta sensación de respaldo contribuye a que el estudiante enfrente los desafíos con confianza en sí mismo.
Por otra parte, la autoestima es una dimensión clave de la resiliencia, ya que condiciona la manera en que los estudiantes enfrentan el fracaso y la dificultad. Un estudiante con alta autoestima suele ver los obstáculos como oportunidades de aprendizaje, y no como fracasos personales (Qu et al., 2024). La resiliencia, cuando se ha desarrollado adecuadamente, permite construir una autoestima sólida, asociada a la confianza, la valoración personal y la regulación emocional (Al-Rashidi & Çakmak, 2024).
En contraposición, una baja autoestima puede comprometer el desarrollo emocional del estudiante. Por ello, es necesario intervenir oportunamente mediante el reconocimiento de logros y el fortalecimiento de su autoconfianza, para que logren tomar decisiones con independencia y capacidad de resolución (Ioannidou & Michael, 2024).
Otra habilidad clave es la asertividad, que permite a los estudiantes expresar sus emociones e ideas de forma clara y respetuosa, sin agresividad ni pasividad (Zhao, 2024; Vitalaki et al., 2018). La asertividad es fundamental para enfrentar situaciones difíciles, resolver conflictos y mantener relaciones sanas (Gadari et al., 2023).
Asimismo, la adaptabilidad permite modificar estrategias cuando las condiciones cambian, y está relacionada con la búsqueda activa de apoyo y la disposición para trabajar en equipo. Este componente fortalece el desarrollo emocional, social y cognitivo del estudiante, mejorando su capacidad para enfrentar desafíos escolares (Çalhan, 2024; Razzaq et al., 2024) (Zellma & Mąkosa, 2024).
Finalmente, la creatividad es también una dimensión fundamental de la resiliencia, ya que impulsa el aprendizaje, la solución de problemas y la expresión emocional. Según (Sheehan & Hadfield 2024), la creatividad potencia el pensamiento crítico, mientras que (González-Moreno & Molero-Jurado 2024) afirman que fortalece la autoestima y motiva al estudiante a participar activamente en su desarrollo personal y académico.
Justificación del estudio
La resiliencia ha cobrado especial relevancia en el ámbito del desarrollo psicológico. Actualmente, su estudio se ha extendido hacia otras disciplinas, como la educación, en la que ha adquirido un papel fundamental (Tan et al., 2024). En este sentido, su valor teórico en el contexto educativo radica en el fortalecimiento del conocimiento sobre los niveles de resiliencia que presentan los estudiantes, quienes enfrentan desafíos que pueden afectar tanto su rendimiento escolar como su bienestar emocional.
Desde una perspectiva práctica, este estudio permite establecer estrategias orientadas a fomentar la resiliencia en los estudiantes, dotándolos de herramientas para afrontar de forma más eficaz los problemas específicos que surgen en su vida diaria (Cordero & Mateos-Romero, 2021).
Conocer los niveles de resiliencia desde una perspectiva metodológica contribuirá a mejorar los procedimientos relacionados con el uso y la aplicación del instrumento, lo que a su vez fortalecerá los conocimientos existentes sobre su validez y confiabilidad. En consecuencia, los principales beneficiarios serán los estudiantes de sexto grado de educación primaria, ya que, al contar con un mayor conocimiento sobre la resiliencia, será posible implementar estrategias educativas que les ayuden a enfrentar situaciones adversas con mayor eficacia (Roldán-Quijije, 2025; Chiang et al., 2024).
Objetivos
Objetivo general:
Analizar los niveles de resiliencia que presentan los estudiantes de sexto grado de educación primaria en una institución educativa de Lima, Perú, con el fin de identificar los factores que influyen en su capacidad de adaptación frente a situaciones adversas.
Objetivos específicos:
Describir el nivel de funcionalidad familiar, autoestima, asertividad, adaptabilidad y creatividad en los
estudiantes.
Establecer propuestas de intervención educativa para fortalecer la resiliencia en este grupo etario.
Para promover eficazmente la resiliencia en los estudiantes de educación primaria, resulta esencial contar con un instrumento confiable y validado que permita medir con precisión las capacidades resilientes. Esto facilitará la identificación de áreas de mejora, permitiendo implementar intervenciones educativas efectivas y personalizadas, contribuyendo así al desarrollo integral de los estudiantes y a su capacidad para afrontar adversidades a lo largo de su vida (González et al., 2024).
Metodología
Diseño
El presente estudio se enmarca dentro de una investigación aplicada, ya que tiene como finalidad generar conocimientos orientados a mejorar los niveles de resiliencia en estudiantes de sexto grado de educación primaria. Se empleó un diseño metodológico no experimental, específicamente transversal, dado que la recolección de datos se realizó en un solo momento a través de un cuestionario aplicado de manera sistemática a dos secciones de sexto grado de una institución educativa en Lima, Perú, durante el mes de diciembre de 2024 (Hernández & Mendoza, 2018).
Asimismo, el estudio adoptó un enfoque descriptivo, pues se centró en identificar y detallar con precisión la realidad que enfrentan los estudiantes en relación con su resiliencia y su capacidad para superar situaciones difíciles en el entorno escolar. Su objetivo fue describir la situación actual y proporcionar una comprensión más profunda de los niveles de resiliencia en este contexto específico.
Para la medición de la variable resiliencia se consideraron cinco dimensiones, según lo propuesto por (Alvarán et al. 2022):
Funcionalidad familiar, entendida como la interacción sistemática entre los miembros de la familia y los roles que asumen en situaciones nuevas;
Asertividad social, que implica la habilidad de expresar pensamientos, emociones y deseos de manera adecuada sin recurrir a mecanismos de defensa;
Adaptabilidad, referida a la capacidad de ajustarse a situaciones nuevas mediante recursos cognitivos y sociales;
Población y muestra
La población del estudio estuvo conformada por 73 estudiantes de sexto grado de primaria, distribuidos en las secciones A y B de una institución educativa en Lima. Los participantes tenían edades comprendidas entre los 10 y 12 años. Dado que se trabajó con la totalidad de los estudiantes, se trató de una muestra censal, es decir, el tamaño muestral coincidió con el total de la población objeto de estudio, lo cual es recomendable en investigaciones con poblaciones pequeñas y manejables (Hernández & Mendoza, 2018).
Técnicas e instrumentos
La técnica empleada fue la encuesta, y el instrumento utilizado fue un cuestionario validado, el cual fue previamente adaptado al contexto educativo para su aplicación en estudiantes de primaria. Previamente a su aplicación, se obtuvo el consentimiento informado por parte de los padres o apoderados.
Tabla 1: Ficha técnica del cuestionario de medición de niveles de resiliencia JJ46
| Nombre | Descripción |
|---|---|
| Autor(es) | (Sandra Milena Alvarán López, Sandra Milena Rueda Ramírez, Germán Fernando Vieco y Jaime Andrés Gaviria Bedoya 2022). |
| Adaptado de | (Jaramillo Oyervide 2010). |
| Objetivo | Busca evaluar los niveles de resiliencia de los estudiantes en niños y adolescentes en etapa escolar. |
| Procedencia | Colombia |
| Administración | Individual |
| Sujeto de aplicación | Estudiantes de sexto grado de educación primaria de una institución educativa de Lima - Perú |
| Duración | 25 a 30 minutos en promedio, en algunos casos con supervisión. |
| Estructura | 46 ítems agrupados en ocho dimensiones: Funcionalidad familiar, autoestima, asertividad, adaptabilidad, creatividad, pensamiento crítico, impulsividad y afectividad. |
| Escala de calificación | Los ítems están enmarcados en una escala de Likert: casi nunca, pocas veces, a veces, muchas veces y casi siempre. |
| Panel de expertos | Los expertos se conformaron por una trabajadora social, un psicólogo, una epidemióloga de salud mental y un estadístico; todos con grados de maestría y doctorados especializados en el tema. |
| Baremo | Cada ítem tiene cinco alternativas de puntuación de 1 a 5 puntos: casi nunca (1), pocas veces (2), a veces (3), muchas veces (4) y casi siempre (5). |
| Propiedades psicométricas | Para la validez de constructo se implementó un Análisis Factorial Confirmatorio (AFC) donde permitió eliminar aquellos que obtuvieron una carga factorial igual o superior a 0,3. Los valores Alpha de Cronbach son inferiores al 0,6 en la mayoría de las dimensiones. La consistencia interna del instrumento se obtuvo un coeficiente de correlación entre las puntuaciones pares e impares de 0,79; el coeficiente de confiabilidad corregido por el método de Spearman-Brown fue de 0,88. |
El instrumento utilizado fue el cuestionario JJ46, adaptado por (Alvarán et al. 2022), que consta de 46 ítems y emplea una escala de baremación para clasificar los niveles de resiliencia en tres rangos:
El cuestionario evalúa cinco dimensiones claves: funcionalidad familiar, autoestima, asertividad, adaptabilidad y creatividad, las cuales fueron consideradas para el análisis e interpretación de los resultados.
Tabla 2: Los 5 primeros constructos o dimensiones con los ítems de la escala JJ46 y los puntajes
| Constructo | Ítems | Min, máx. | Puntajes |
|---|---|---|---|
| Funcionalidad familiar | 1, 2, 3, 4, 7 | 5,25 | De 20 a 25 puntos: familia funcional De 15 a 19 puntos: familia moderadamente funcional De 10 a 14 puntos: familia disfuncional De 5 a 9 puntos: familia severamente disfuncional |
| Autoestima | 8, 9, 10, 11, 12, 13 (invertida) | 6, 30 | De 24 a 30 puntos: autoestima adecuada De 18 a 23 puntos: autoestima moderadamente adecuada De 12 a 17 puntos: autoestima deficiente De 6 a 11 puntos: autoestima severamente deficiente |
| Asertividad | 15, 16, 18, 19, 20 y 21 | 6, 30 | De 24 a 30 puntos: asertivo/a De 18 a 23 puntos: moderadamente asertivo/a De 12 a 17 puntos: asertivo/a esporádico De 6 a 11 puntos: no asertivo/a |
| Adaptabilidad | 22, 23, 24, 25, 26 y 27 | 6, 30 | De 24 a 30 puntos: adaptabilidad adecuada De 18 a 23 puntos: adaptabilidad moderadamente adecuada De 12 a 17 puntos: adaptabilidad inadecuada De 6 a 11 puntos: adaptabilidad severamente inadecuada |
| Creatividad | 37, 38, 39, 41 y 42 | 5, 25 | De 20 a 25 puntos: creativo/a De 15 a 19 puntos: moderadamente creativo/a De 10 a 14 puntos: creativo/a ocasional De 5 a 9 puntos: no creativo/a |
Nota. Datos tomados de Validación del instrumento JJ63 para la medición de resiliencia en niños y adolescentes escolarizados en cinco instituciones públicas de (Antioquia, Alvarán et al., 2022).
Procedimiento
La recolección de datos se realizó previa autorización institucional y mediante el consentimiento informado firmado por los padres o apoderados. La aplicación del cuestionario se llevó a cabo durante el horario regular de clases, dedicando una hora lectiva, en la cual se explicaron detalladamente las instrucciones. Se garantizó la privacidad y confidencialidad de las respuestas, asegurando que ningún estudiante tuviera acceso a las respuestas de sus compañeros.
Análisis de datos
Los datos recolectados fueron ingresados en el programa estadístico SPSS versión 26, a fin de realizar un análisis cuantitativo de los resultados obtenidos. Se elaboraron gráficos e indicadores estadísticos descriptivos para cada una de las cinco dimensiones consideradas en el estudio. Con esta información, se determinaron los niveles de resiliencia de los estudiantes y se identificaron las áreas que requieren atención prioritaria para el fortalecimiento de esta capacidad.
Resultados
Por diversas circunstancias, las familias de estos estudiantes enfrentan problemas que afectan el bienestar general del grupo familiar. Sin embargo, rara vez los padres involucran a sus hijos en la resolución de estos conflictos. Aunque niños y adolescentes experimentan directamente las tensiones familiares, generalmente se les mantiene al margen de las conversaciones o decisiones orientadas a solucionarlas. Esta exclusión puede generar una sensación de desconexión y falta de control sobre su entorno, dificultando su capacidad para comprender y gestionar el impacto emocional de dichas situaciones.
De acuerdo con la figura 1, el 60 % de los estudiantes de educación primaria manifiesta formar parte de una familia disfuncional, es decir, un hogar donde existen dificultades o problemas en las relaciones familiares que afectan negativamente su bienestar emocional, social y académico. Estos estudiantes atraviesan conflictos constantes y carecen de soporte emocional; incluso, algunos enfrentan la separación o el divorcio de sus padres. Solo el 36 % forma parte de una familia moderadamente funcional, lo cual también influye en su rendimiento escolar, en su capacidad para relacionarse con otros y en su comportamiento dentro del aula.
Según la figura 2, el 80 % de los estudiantes presenta una autoestima deficiente, lo que implica consecuencias en su desarrollo emocional, académico y social. Esta falta de confianza en sí mismos repercute en diversas áreas de su vida, limitando su capacidad para afrontar los retos cotidianos. Solo el 10 % presenta una autoestima moderadamente adecuada. Esta diferencia evidencia una baja participación en clase, escasa disposición a intentar nuevas actividades y dificultades para completar tareas o asumir riesgos en el aprendizaje, por temor a equivocarse. Por el contrario, los estudiantes con autoestima moderada confían en su capacidad para aprender y enfrentar desafíos, lo cual les permite adoptar una actitud proactiva frente al estudio, la resolución de problemas en clase y la participación en actividades escolares.
Con relación a los niveles de asertividad, la figura 3 muestra que el 73 % de los estudiantes es asertivo solo de manera esporádica. Esta situación refleja que su estado emocional no les permite manejar eficazmente situaciones difíciles, expresar sus pensamientos y emociones de manera clara y respetuosa ni enfrentar desafíos sin perder el control sobre sus emociones o comportamientos. En contraste, el 25 % presenta un nivel moderado de asertividad, lo que indica que estos estudiantes no adoptan una conducta sumisa o agresiva, y saben manejar los conflictos de forma constructiva, así como pedir ayuda o hacer preguntas cuando no comprenden algo.
La figura 4 revela que el 80 % de los estudiantes posee un nivel de adaptabilidad moderadamente adecuado, lo cual es significativo si se considera que, en las otras dimensiones de la resiliencia, los niveles obtenidos fueron más bajos. Este resultado sugiere que los estudiantes han comenzado a desarrollar la capacidad de afrontar, superar y aprender de las adversidades, dificultades o cambios en su entorno escolar o personal. Solo el 5 % demuestra una adaptabilidad adecuada, lo que implica que estos estudiantes ya cuentan con habilidades emocionales y sociales esenciales para su bienestar y éxito a largo plazo.
La creatividad también favorece el desarrollo de habilidades colaborativas, ya que, según expertos, no siempre es un proceso individual. Según la figura 5, el 49 % de los estudiantes se considera creativo, lo cual sugiere que tienden a colaborar en clase, compartir ideas y resolver conflictos de forma conjunta. Por su parte, el 41 % manifiesta ser moderadamente creativo, desarrollando habilidades como la comunicación, la cooperación y el respeto por las ideas de los demás. Finalmente, un 10 % de los estudiantes muestra creatividad solo de forma ocasional.
En cuanto a los niveles generales de resiliencia, este grupo de estudiantes de educación primaria se sitúa en un rango de “resiliencia media”. En promedio, los varones obtuvieron una puntuación de 30 y las mujeres de 29. Estos niveles indican que los estudiantes están desarrollando habilidades como la resolución de problemas, la innovación, la expresión personal y la cooperación, lo que los prepara para convertirse en aprendices efectivos y ciudadanos responsables en el futuro.
Discusión
En cuanto a la funcionalidad familiar, (Farfán et al. 2023) señalaron que es importante involucrar a los hijos, según su edad y madurez, en un cierto nivel de los problemas familiares, ya que esto podría fortalecer los lazos afectivos y fomentar un ambiente de comunicación abierta y sincera. Sin embargo, el 60 % de los estudiantes forma parte de una familia disfuncional, en la cual no se sienten valorados ni responsables del bienestar colectivo dentro del hogar. Aquellos que viven en un entorno familiar disfuncional podrían estar experimentando estrés y ansiedad, lo que afecta su rendimiento académico. Solo el 36 % forma parte de una familia moderadamente funcional.
Estos resultados contradicen lo afirmado por (Lee 2025), quien sostiene que la familia debe ser un espacio seguro y protector para el estudiante. No obstante, el entorno actual presenta conflictos constantes entre los padres o dentro del núcleo familiar en general, generando un ambiente de tensión que compromete la estabilidad emocional del estudiante. Si los padres no brindan atención emocional ni el apoyo necesario, el estudiante puede sentirse solo, desatendido o inseguro, lo cual repercute negativamente en su desarrollo emocional.
En cuanto a la autoestima, se observó que el 80 % de los estudiantes presenta niveles deficientes, lo cual se refleja en su baja motivación. Esta condición genera dudas constantes sobre su capacidad para realizar tareas y afrontar desafíos académicos, propiciando una falta de interés por aprender y una tendencia a evitar situaciones en las que puedan fracasar. Esta situación contradice lo planteado por (Qu et al. 2024) y (Al-Rashidi y Cakmak 2024), quienes destacan que una buena autoestima permite enfrentar los desafíos o fracasos como oportunidades de aprendizaje. En cambio, estos estudiantes manifiestan temor al fracaso y a cometer errores, lo cual les genera ansiedad y estrés tanto dentro como fuera del aula. Como no existe un reconocimiento de sus logros, tal como lo sugieren (Ioannidou y Michael 2024), no se fomenta la confianza en sí mismos, lo cual afecta su concentración y su capacidad para disfrutar de las actividades escolares, al punto de evitar participar o hacer preguntas por miedo a equivocarse.
De acuerdo con la literatura revisada, ser asertivo implica expresar emociones de manera adecuada, sin reprimirlas ni actuar de forma destructiva. No obstante, el 73 % de los estudiantes indica que es asertivo solo de manera esporádica, lo que sugiere que aún no han aprendido a controlar sus emociones, como lo señala (Zhao 2024). La asertividad implica comunicar sentimientos como tristeza, frustración o alegría de manera coherente; sin embargo, solo el 25 % de los estudiantes manifiesta una conducta moderadamente asertiva. En el aula, esto se evidencia en la tendencia a abandonar actividades o proyectos ante dificultades, mostrando baja tolerancia a la frustración y a las críticas. (Gadari et al. 2023) proponen que no se debe ser ni agresivo ni sumiso al momento de expresarse; sin embargo, los resultados indican que los estudiantes presentan dificultades para comunicar sus pensamientos, necesidades, deseos y emociones de forma clara, respetuosa y sin temor.
Contar con altos niveles de adaptabilidad resulta beneficioso para los estudiantes de educación primaria. (Razzaq et al. 2024) afirman que esta es una habilidad clave que no solo ayuda a afrontar los desafíos inmediatos, sino que también sienta las bases para un desarrollo emocional sólido, al centrarse en oportunidades de mejora. El 80 % de los estudiantes muestra una adaptabilidad moderadamente adecuada, lo que indica que poseen la capacidad de ajustarse rápidamente a los cambios sin sentirse abrumados o ansiosos, facilitando así transiciones suaves y positivas. Estos resultados confirman lo expresado por (Calhan 2024), quien sostiene que los estudiantes deben ser flexibles y capaces de trabajar en equipo. En este grupo, se observa la habilidad de encontrar soluciones alternas cuando las cosas no salen como se esperaba. Solo el 5 % presenta una adaptabilidad adecuada, lo que sugiere que ya son capaces de ajustarse a distintas situaciones tanto en el aula como en su vida diaria.
Finalmente, en relación con la creatividad, los resultados muestran que el 49 % de los estudiantes se considera creativo, mientras que el 41 % se identifica como moderadamente creativo. Esto refuerza lo planteado por (Sheehan y Hadfiel 2024), quienes afirman que la motivación impulsa el desarrollo personal, emocional y social, y permite fomentar el pensamiento crítico y la resolución de problemas de forma innovadora. Por otro lado, el 10 % se muestra creativo solo de forma ocasional, y como indican (González-Moreno y Molero-Jurado 2024), la falta de creatividad puede limitar el desarrollo de la confianza, generando miedo al fracaso. Por ello, se destaca la importancia de un entorno estimulante y de desarrollar actividades creativas en el aula que potencien estas habilidades.
Conclusiones
De acuerdo con el objetivo general, los niveles de resiliencia encontrados en este estudio, mediante el análisis del grupo de estudiantes de educación primaria, evidencian que estos se ubican en una “resiliencia media”, con hombres y mujeres distribuidos de manera equitativa. Estos niveles demuestran que es necesario potenciar todas las actividades dentro del aula para fortalecer esta competencia.
El 60 % de los estudiantes forma parte de una familia disfuncional, situación que en la mayoría de los casos involucra la separación o divorcio de los padres. Esta ruptura crea un ambiente familiar inestable, afectando la seguridad emocional del estudiante. No existe una estabilidad familiar que proporcione una sensación de seguridad que les permita concentrarse en encontrar soluciones sin verse arrastrados por el caos emocional.
Asimismo, el 80 % de los estudiantes presenta baja autoestima, lo cual se refleja en sentimientos frecuentes de no ser lo suficientemente buenos para relacionarse con los demás, generando aislamiento o rechazo. Esta inseguridad impide que busquen amistades o participen en actividades sociales dentro y fuera del aula. Actualmente, se evidencia en algunos casos aislamiento o falta de interacción con otros compañeros, y frente a discusiones, los estudiantes muestran dificultad para expresar sus opiniones de manera asertiva, lo que los lleva a convertirse en víctimas de bullying.
La falta de confianza en sí mismos también dificulta que los estudiantes expresen sus necesidades, deseos o emociones de forma clara y respetuosa, ya que el 73 % manifiesta ser asertivo solo de forma esporádica. Esto evidencia problemas para interactuar de manera efectiva con los demás, tanto en el aula como en otros contextos. Solo el 25 % muestra una asertividad moderada, lo que indica que poseen cierta capacidad para manejar situaciones cotidianas y enfrentar conflictos de manera saludable.
La adaptabilidad, como habilidad esencial para la vida, se reafirma con los resultados del estudio, que muestran que el 80 % de los estudiantes presenta una adaptabilidad moderadamente adecuada. Estos estudiantes están desarrollando esta competencia desde una edad temprana, lo que los prepara mejor para afrontar los cambios y desafíos que se presentarán al avanzar hacia la educación secundaria.




















