Introducción
El dominio del inglés como lengua extranjera se ha consolidado como un elemento fundamental en la formación académica y profesional de los estudiantes universitarios. Los procesos de globalización, el acceso a información especializada y las crecientes exigencias del mercado laboral han convertido el aprendizaje de este idioma en una competencia clave, tanto para la comunicación en contextos internacionales como para la generación y el intercambio de conocimiento.
Investigaciones previas evidencian que, más allá del contenido programático y las estrategias didácticas empleadas, las actitudes que los estudiantes adoptan frente al aprendizaje del inglés tienen un impacto decisivo en el proceso formativo y en los logros alcanzados (Barón & Byrne, 2005). Dichas actitudes no se reducen a percepciones momentáneas, sino que constituyen disposiciones relativamente estables que abarcan dimensiones cognitivas, emocionales y conductuales, influyendo directamente en la manera en que el estudiante se relaciona con el conocimiento, participa en las actividades académicas y mantiene el esfuerzo ante los retos que surgen durante su formación (Worchel et al., 2003).
Las actitudes hacia el inglés no se desarrollan de manera aislada, sino que se construyen a partir de experiencias previas, creencias personales, motivaciones, así como de los contextos sociales y culturales que moldean la percepción del estudiante sobre el idioma y su relevancia. Garay (2017) sostiene que la competencia lingüística se logra únicamente cuando el estudiante, además de conocer reglas gramaticales y vocabulario, posee la disposición afectiva y la motivación necesarias para comunicarse con seguridad y eficacia. En este sentido, las actitudes positivas fomentan un aprendizaje más significativo y facilitan la práctica constante del idioma, mientras que las actitudes negativas o ambivalentes pueden convertirse en barreras difíciles de superar. La relación entre actitud y aprendizaje adquiere especial relevancia en la enseñanza de una lengua extranjera, dado que el contacto con el idioma ocurre principalmente en entornos educativos y requiere del esfuerzo deliberado del estudiante para su consolidación.
En el contexto de la educación superior peruana se han identificado desafíos significativos en la enseñanza del inglés. A pesar de los esfuerzos institucionales por fortalecer los programas de idiomas, los estudiantes aún evidencian limitaciones en el desarrollo de la competencia lingüística necesaria para un desempeño académico y profesional competitivo. Investigaciones como la de Delfín (2006) revelan que las actitudes ambivalentes y las conductas inconsistentes hacia el aprendizaje del inglés constituyen uno de los principales factores que dificultan el logro de niveles avanzados de dominio. Este hallazgo coincide con lo señalado por Figueroa (2017), Iriarte (2014) y Vivar (2013), quienes concluyen que, aunque la mayoría de los estudiantes manifiesta actitudes moderadamente positivas hacia el inglés, estas no siempre se traducen en un mejor rendimiento comunicativo. Ello demuestra que no basta con contar con una predisposición favorable; también es necesario que las estrategias pedagógicas consideren dimensiones socioafectivas que refuercen la confianza, la autonomía y la motivación de los estudiantes.
A nivel internacional se observa un panorama similar. Jiménez (2003) documenta que, en contextos universitarios, los avances logrados en la competencia escrita contrastan con deficiencias persistentes en el uso adecuado de estructuras gramaticales y vocabulario en situaciones comunicativas reales. Asimismo, Merino (2012) y Brady (2015) señalan que las actitudes de los estudiantes hacia el inglés se ven influenciadas por factores psicosociales, como el apoyo familiar, las experiencias previas en el aprendizaje de idiomas y las oportunidades de interacción con hablantes nativos. Rodríguez (2016) resalta la necesidad de implementar actividades extracurriculares y experiencias inmersivas que fortalezcan el aprendizaje fuera del aula, mientras que Delfín (2007) demuestra que los estudiantes con actitudes contradictorias o inconsistentes suelen presentar un progreso limitado en su aprendizaje. Estos antecedentes internacionales refuerzan la idea de que el éxito en la adquisición del inglés no depende únicamente de las habilidades lingüísticas del estudiante, sino también de la interacción compleja de factores internos y externos que configuran su actitud hacia el idioma.
Todo lo expuesto evidencia que el aprendizaje del inglés no puede abordarse desde un enfoque exclusivamente estructural o centrado en la memorización de contenidos. Es necesario comprender que el estudiante es el principal agente de su propio aprendizaje y que su implicación activa, su motivación y su disposición emocional son elementos cruciales para alcanzar un dominio funcional del idioma. Ignorar esta dimensión implica desconocer que la adquisición de una lengua extranjera requiere un equilibrio entre el conocimiento teórico, la práctica constante y el compromiso personal. Por esta razón, se hace indispensable diseñar estrategias pedagógicas que no solo desarrollen habilidades lingüísticas, sino que también promuevan actitudes positivas y resilientes hacia el aprendizaje (Worchel et al., 2003). Dichas estrategias deben adaptarse al contexto sociocultural de los estudiantes y ofrecer experiencias significativas que fortalezcan la confianza en sus propias capacidades.
En este marco, la presente investigación tiene como propósito general determinar la relación entre las actitudes hacia el aprendizaje del inglés básico como lengua extranjera (LE) y el nivel de competencia lingüística de los estudiantes de la Universidad Peruana Los Andes, Filial Lima. Comprender esta asociación resulta fundamental para identificar las variables socioafectivas que inciden en el desempeño académico y para generar evidencia que sirva como base en el diseño de programas educativos más integrales. De este modo, se busca contribuir a la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje del inglés en el contexto universitario peruano, fortaleciendo el aprendizaje autónomo, la inserción profesional y la competitividad global de los futuros egresados.
Metodología
Según Hernández et al. (1991), el enfoque cuantitativo se caracteriza por la ejecución cuidadosa y ordenada de una serie de pasos. Este proceso inicia con la formulación de un tema definido con precisión, lo que permite establecer con claridad los propósitos de la investigación. Posteriormente, se realiza una revisión de la literatura previa, a partir de la cual se construye el marco teórico que orienta la formulación de hipótesis. Dichas hipótesis se contrastan mediante un diseño de investigación apropiado y se someten a análisis estadístico, lo que posibilita respaldar o refutar las proposiciones iniciales.
En este estudio, el problema de investigación se centra en dos factores principales: las actitudes hacia el aprendizaje y la competencia lingüística en inglés. Por ello, se empleó un enfoque cuantitativo, que permite recolectar y analizar datos numéricamente codificados para responder a la pregunta de investigación planteada. Este enfoque se apoya en la valoración estadística para establecer relaciones entre variables y comprobar teorías (Hernández et al., 1991).
El presente trabajo corresponde a un estudio descriptivo-correlacional y de corte transversal. Es descriptivo porque busca detallar las características y vínculos entre las variables de interés; correlacional, en tanto que analiza el grado de relación existente entre las actitudes hacia el aprendizaje del inglés básico como lengua extranjera (LE) y la competencia lingüística; y transversal, ya que la recolección de datos se realizó en un único momento temporal (Hernández-Sampieri & Mendoza, 2018).
Asimismo, el método de razonamiento adoptado fue el deductivo, dado que se partió de teorías y proposiciones generales aceptadas como válidas para arribar a conclusiones específicas aplicadas al caso de estudio. Según Sierra (2004), el diseño utilizado fue no experimental, puesto que no se manipularon deliberadamente las variables, sino que se observaron en su contexto natural.
Población y muestra
La población estuvo conformada por los 360 estudiantes matriculados en el Centro de Idiomas de la Universidad Peruana Los Andes (UPLA), Filial Lima, desde el nivel Básico I hasta el Básico VIII. La muestra se integró por 76 estudiantes, seleccionados mediante un muestreo probabilístico estratificado aleatorio, garantizando que todos los integrantes de la población tuvieran la misma probabilidad de ser elegidos.
Como la población es finita, se efectuó esta fórmula:
Donde:
N = universo
e = error de estimación 10% =0.1
n = tamaño de la muestra
z = 1.96 (tabla de distribución normal para el 95% de confiabilidad y 5% error)
p = Probabilidad a favor. 0.50
q = Probabilidad en contra. 0.50
n= (1.96)2 (0.5) (0.5) (360)
360(0.1)2 + (1.96)2 (0.5) (0.5)
n= 76
Técnica e instrumento de recolección de datos
La técnica utilizada fue la encuesta, definida por Lerma (2002) como un procedimiento estandarizado que permite obtener y analizar información de una muestra representativa de una población más amplia. El instrumento empleado consistió en un cuestionario con escala tipo Likert, diseñado para medir tanto las actitudes hacia el aprendizaje del inglés como la competencia lingüística, siguiendo la propuesta de Ruiz (2002).
Validez y confiabilidad del instrumento
La validez de contenido se estableció mediante el juicio de expertos. Cuatro especialistas evaluaron la matriz de operacionalización de variables y la cédula de validación, otorgando un promedio de 90 % de validez para ambas variables, lo que ubicó al instrumento en la categoría de “muy bueno” (Hernández-Sampieri & Mendoza, 2018).
En cuanto a la confiabilidad, se aplicó una prueba piloto a 10 participantes de la población objetivo, calculándose el coeficiente Alfa de Cronbach. Los resultados obtenidos fueron de 0,94 para la variable actitudes y 0,90 para competencia lingüística, valores que superan ampliamente el mínimo aceptable (0,72), lo cual indica una consistencia interna excelente del instrumento.
Técnicas de análisis de datos
El tratamiento estadístico se efectuó en dos niveles:
Análisis descriptivo: se emplearon tablas de contingencia, figuras y estadística descriptiva para caracterizar las variables y dar cumplimiento a los objetivos específicos.
Análisis inferencial: se contrastaron las hipótesis mediante la prueba de Chi-cuadrado, adecuada para el análisis de variables categóricas, con el fin de determinar la existencia y magnitud de la relación entre actitudes y competencia lingüística.
Resultados
Nivel descriptivo
En relación con el objetivo general, que busca analizar la relación entre las actitudes hacia el aprendizaje del inglés básico como lengua extranjera (LE) y la competencia lingüística, los hallazgos descriptivos permiten observar tendencias relevantes.
Tabla 1 Tabla de frecuencia de la relación entre actitudes hacia el aprendizaje del Inglés Básico y competencia lingüística
| Competencia linguística | Total | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Mala | Regular | Buena | Excelente | ||||
| Actitud hacia el aprendizaje del Inglés Básico | Negativa | Recuento | 11 | 27 | 0 | 0 | 38 |
| % del total | 14,5% | 35,5% | 0,0% | 0,0% | 50,0% | ||
| Positiva | Recuento | 0 | 8 | 11 | 19 | 38 | |
| % del total | 0,0% | 10,5% | 14,5% | 25,0% | 50,0% | ||
| Total | Recuento | 11 | 35 | 11 | 19 | 76 | |
| % del total | 14,5% | 46,1% | 14,5% | 25,0% | 100,0% | ||
De acuerdo con la Tabla 1, el 50 % de los estudiantes encuestados presenta una actitud negativa hacia el aprendizaje del inglés básico como LE. De este grupo, el 14,5 % muestra un nivel de competencia lingüística deficiente y el 35,5 % un nivel regular. Por otro lado, el 50 % restante evidencia una actitud positiva; dentro de este grupo, el 10,5 % alcanza un nivel regular de competencia lingüística, el 14,5 % un nivel bueno y el 25 % un nivel excelente.
En términos generales, se observa que el 50 % de los estudiantes presenta una actitud positiva y el otro 50 % una actitud negativa. En cuanto a la competencia lingüística, independientemente de la actitud, el 14,5 % de los estudiantes se ubica en el nivel deficiente, el 46,1 % en el nivel regular, el 14,5 % en el nivel bueno y el 25 % en el nivel excelente.
Tabla 2 Resultados descriptivos de los tres objetivos específicos
| Objetivo específico | Actitud negativa | Competencia lingüística (actitud negativa) | Actitud positiva | Competencia lingüística (actitud positiva) |
| OE1: Conexión entre actitud cognitiva y competencia lingüística | 44,7% | 14,5% mala, 30,3% regular, 0% buena, 0% excelente | 55,3% | 15,8% regular, 14,5% buena, 25% excelente |
| OE2: Conexión entre actitud afectiva y competencia lingüística | 55,3% | 14,5% mala, 40,8% regular, 0% buena, 0% excelente | 44,7% | 5,3% regular, 14,5% buena, 25% excelente |
| OE3: Conexión entre actitud conductual y competencia lingüística | 34,2% | 14,5% mala, 19,7% regular, 0% buena, 0% excelente | 65,8% | 26,3% regular, 14,5% buena, 25% excelente |
En el análisis por dimensiones, se evidencian los siguientes resultados:
Actitud cognitiva: más de la mitad de los estudiantes muestran una disposición positiva hacia el aprendizaje del inglés básico. Este grupo presenta un mayor porcentaje de niveles buenos y excelentes en competencia lingüística, mientras que quienes mantienen una actitud negativa se concentran en niveles bajos o regulares.
Actitud afectiva: en este caso predomina la disposición negativa, lo que se refleja en niveles bajos o regulares de desempeño lingüístico. En contraste, los estudiantes con actitud positiva alcanzan mejores resultados, especialmente en los niveles bueno y excelente.
Actitud conductual: constituye la dimensión más favorable, ya que la mayoría de los estudiantes evidencian actitudes positivas hacia el aprendizaje del idioma. Este grupo logra mayores niveles de competencia lingüística en comparación con quienes muestran actitudes negativas, quienes tienden a ubicarse en niveles bajos o regulares.
Estos resultados sugieren que las actitudes positivas, en cualquiera de sus dimensiones, se asocian con un mejor desarrollo de habilidades lingüísticas.
Nivel inferencial
Para contrastar la hipótesis general y las hipótesis específicas, se aplicó la prueba de Chi-cuadrado de Pearson con el fin de determinar la existencia de asociación significativa entre las actitudes hacia el aprendizaje del inglés básico como LE y la competencia lingüística de los estudiantes de la UPLA, Filial Lima. Este análisis consideró las dimensiones cognitiva, afectiva y conductual de las actitudes.
Tabla 3 Resultados de la prueba Chi-cuadrado para la hipótesis general y específicas
| Hipótesis | Chi-cuadrado de Pearson (Valor) | gl | Sig. asintótica (bilateral) | Decisión |
|---|---|---|---|---|
| Hipótesis general: Actitudes hacia el aprendizaje del Inglés Básico como LE y competencia lingüística | 51,314 | 3 | 0,000 | Se rechaza H0 y se acepta H1. Existe asociación significativa. |
| Hipótesis específica 1: Actitud cognitiva y competencia lingüística | 44,104 | 3 | 0,000 | Se rechaza H0 y se acepta H1. Existe asociación significativa. |
| Hipótesis específica 2: Actitud afectiva y competencia lingüística | 61,670 | 3 | 0,000 | Se rechaza H0 y se acepta H1. Existe asociación significativa. |
| Hipótesis específica 3: Actitud conductual y competencia lingüística | 37,916 | 3 | 0,000 | Se rechaza H0 y se acepta H1. Existe asociación significativa. |
Los resultados evidenciaron niveles de significancia inferiores a 0,05 en todas las hipótesis evaluadas (χ², p = 0,000 < 0,05). En consecuencia, se rechazaron las hipótesis nulas y se aceptaron las hipótesis alternativas, lo que confirma la existencia de una relación estadísticamente significativa entre las actitudes hacia el aprendizaje del inglés básico y la competencia lingüística en los estudiantes.
En términos interpretativos, se concluye que los estudiantes con actitudes más favorables hacia el aprendizaje del inglés tienden a alcanzar un mejor desempeño lingüístico. Por el contrario, quienes muestran actitudes negativas evidencian niveles más bajos de competencia. Esto demuestra que factores como el interés, la motivación y el compromiso académico influyen directamente en la consolidación de las habilidades lingüísticas, lo que resalta la importancia de fomentar actitudes positivas en el proceso de enseñanza-aprendizaje del idioma.
Discusión
Los resultados de este estudio muestran que el 55,3 % de los estudiantes presenta una actitud cognitiva positiva hacia el aprendizaje del inglés básico y, dentro de este grupo, el 25 % alcanza un nivel excelente de competencia lingüística. Estos hallazgos coinciden con lo reportado por Vivar (2013), quien evidenció que los estudiantes con actitudes positivas hacia el inglés lograban un mejor desempeño académico en esta área. De manera similar, Figueroa (2017) encontró que las actitudes favorables influyen directamente en la adquisición de competencias lingüísticas, lo que refuerza la idea de que la dimensión cognitiva constituye un predictor clave del aprendizaje de una lengua extranjera. No obstante, un 44,7 % de los estudiantes manifiesta actitudes negativas, y dentro de este grupo el 30,3 % alcanza únicamente un nivel regular de competencia lingüística. Este resultado confirma que las actitudes desfavorables limitan el desarrollo de las habilidades comunicativas, tal como advirtieron Vázquez y Manassero (2008) en sus investigaciones sobre la relación entre actitudes y aprendizaje.
En lo que respecta a la actitud afectiva, el análisis descriptivo reveló que el 55,3 % de los estudiantes mantiene una postura negativa, y el 40,8 % de ellos presenta únicamente un nivel regular de competencia lingüística. Estos resultados son consistentes con lo señalado por Hernández et al. (2011), quienes sostienen que la motivación y las emociones positivas hacia el idioma son factores determinantes para un aprendizaje exitoso. Asimismo, el análisis inferencial mediante la prueba de Chi-cuadrado confirmó la existencia de una relación estadísticamente significativa (p < 0,05) entre la actitud afectiva y la competencia lingüística. Este hallazgo coincide con lo expuesto por Brady (2015) y Vázquez, Acevedo y Manassero (2007b), quienes afirman que la dimensión emocional del estudiante influye directamente en su persistencia y en su disposición para mejorar sus habilidades comunicativas en inglés. De este modo, se evidencia la necesidad de promover entornos educativos que favorezcan la motivación, el interés y la confianza en el aprendizaje de lenguas extranjeras.
Finalmente, en la dimensión conductual se observó el mayor porcentaje de actitudes positivas (65,8 %), y dentro de este grupo el 25 % alcanzó un nivel excelente de competencia lingüística. Este resultado es congruente con lo expuesto por Rodríguez (2016) y Aparicio y Mazzitelli (2009), quienes sostienen que las conductas proactivas en clase -como la participación y la práctica constante- se relacionan directamente con el desarrollo de competencias lingüísticas. La significancia estadística encontrada en la prueba de hipótesis (p < 0,05) respalda lo descrito por Jiménez (2003) y Díaz Pareja (2002) acerca del papel de la actitud conductual como un motor de mejora continua en el aprendizaje. Estos resultados reafirman que los estudiantes que adoptan conductas activas frente al aprendizaje del inglés están en mejores condiciones de consolidar su competencia comunicativa, mientras que aquellos con conductas pasivas enfrentan mayores limitaciones para progresar.
Conclusiones
Los resultados del estudio evidenciaron que las actitudes hacia el aprendizaje del inglés básico como lengua extranjera se encuentran estrechamente relacionadas con el nivel de competencia lingüística alcanzado por los estudiantes. Se constató que aquellos que manifiestan actitudes más positivas en los componentes cognitivo, afectivo y conductual presentan un mejor desempeño en comparación con quienes exhiben actitudes desfavorables. Este hallazgo permite afirmar que la disposición del estudiante frente al aprendizaje no solo condiciona su nivel de motivación, sino también su progreso en el desarrollo de las habilidades comunicativas propias del idioma.
Asimismo, se verificó que las tres dimensiones de la actitud evaluadas ejercen una influencia complementaria y significativa en el fortalecimiento de la competencia lingüística. La evidencia obtenida sustenta la importancia de implementar estrategias pedagógicas orientadas a incrementar el interés de los estudiantes, la valoración personal del aprendizaje y la participación activa en el proceso formativo, ya que estos factores se relacionan directamente con el logro de los objetivos educativos. En consecuencia, las conclusiones respaldan la necesidad de diseñar e integrar acciones educativas que promuevan actitudes positivas hacia el aprendizaje del inglés, lo cual favorece de manera directa el éxito académico en este ámbito.















