Introducción
Los esteroides anabólicos-androgénicos (EAA) son hormonas sintéticas derivadas de la testosterona con el doble propósito de aumentar la síntesis de proteínas y el crecimiento muscular, así como de producir características sexuales secundarias propias de los hombres (Mingxing & Yanfei, 2025; Esposito et al., 2023). Inicialmente, estaban reservados para el tratamiento médico del retraso en el crecimiento, anomalías hormonales y atrofia muscular relacionada con padecimientos crónicos (Tauchen et al., 2021). No obstante, ha habido un aumento dramático en el uso no médico de los EAA en las últimas décadas, principalmente por razones estéticas o para mejorar el rendimiento deportivo (Skrzypiec-Spring et al., 2024).
En este contexto, un desequilibrio hormonal grave puede ocurrir después de usar EAA durante un período prolongado de tiempo (Heerfordt et al., 2025). En ese sentido, la próstata es uno de los órganos que estos cambios pueden afectar debido a su sensibilidad a los andrógenos (Qasim et al., 2024). Si bien el estrógeno y su análogo, la dihidrotestosterona (DHT), controlan la proliferación y especialización de las células prostáticas (Berrehail et al., 2022), el cáncer de próstata y otros neoplasmas pueden ser más propensos a desarrollarse en un entorno donde estas hormonas están continuamente presentes en altos niveles, porque promueven la proliferación celular, las mutaciones genéticas y la formación de ciertos microentornos (Boye et al., 2024).
Asimismo, los estudios experimentales han demostrado que cuando los niveles de andrógenos son demasiado altos, pueden alterar la regulación de los genes que previenen el crecimiento tumoral y activar las vías de señalización que promueven la proliferación celular y la angiogénesis (Eisermann et al., 2013; Sorrentino et al., 2023). Por lo tanto, hay una necesidad inmediata de investigar más sobre el vínculo entre el uso a largo plazo de EAA y la carcinogénesis prostática, ya que la evidencia clínica disponible es escasa y, a menudo, contradictoria (Alfi et al., 2024).
En ese orden de ideas, en los países industrializados y en desarrollo, el cáncer de próstata ocupa un lugar destacado entre los cánceres masculinos y es la segunda causa principal de muerte por cáncer (Bray et al., 2024). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), varios factores contribuyen al aumento continuo de la prevalencia global, incluyendo el estilo de vida y los cambios en la dieta, una población envejecida y una alta exposición a factores hormonales (OMS, 2022).
Por otro lado, en los últimos años, el uso de esteroides anabólicos se ha disparado, particularmente entre el grupo de edad de 18 a 35 años (Hoseini & Hoseini, 2024). Un porcentaje importante de los hombres en todo el mundo ha tomado esteroides anabólicos androgénicos (EAA) en algún momento, y muchos de esos usuarios lo han hecho sin buscar consejo médico antes de automedicarse (Gestsdottir et al., 2021). Y aunque existe un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, hepáticas y endocrinas, este patrón de consumo también puede ser un factor de riesgo pasado por alto para enfermedades oncológicas, como el cáncer de próstata (Ielasi et al., 2024; Urios & Sanz-Valero, 2018).
En síntesis, para obtener una mejor comprensión de las vías hormonales involucradas en la carcinogénesis prostática, es esencial analizar el impacto del uso a largo plazo de esteroides anabólicos en el riesgo de cáncer de próstata (Salermo et al., 2018; Mehralivand et al., 2024). Es necesario educar a la población sobre los peligros del uso incontrolado de EAA, y esta investigación puede proporcionar el apoyo científico para ese esfuerzo. Asimismo, ayuda a allanar el camino para medidas de prevención más exhaustivas contra la exposición a largo plazo a hormonas sintéticas, al fortalecer las regulaciones de salud pública y las iniciativas educativas dirigidas a la población.
Partiendo de esta premisa, el objetivo general de este estudio es analizar la literatura en referencia al uso prolongado de esteroides anabólicos sobre el riesgo de cáncer de próstata.
Metodología
Siguiendo las directrices de una revisión sistemática de literatura, se llevó a cabo la investigación. Esta se basó en la metodología propuesta por Arksey y O'Malley (2005) y en las sugerencias formuladas para revisiones sistemáticas (PRISMA, por sus siglas en inglés) en su extensión para revisiones de alcance (Page et al., 2021). Gracias a este proceso de revisión, es posible realizar una evaluación exhaustiva y analítica de la literatura (Levac et al., 2010). Las secciones que siguen proporcionan una explicación detallada de la técnica utilizada para la revisión del alcance.
Identificación de la pregunta de estudio
El tema del estudio es amplio; por lo tanto, esta sección requiere tres componentes esenciales: población, resultados e intervención (Arksey y O'Malley, 2005). A continuación, se presenta el tema del estudio que constituyó la base de la revisión: Evaluar el posible vínculo entre el uso de esteroides anabólicos y el cáncer de próstata en un marco teórico.
Criterios de elegibilidad
Los siguientes filtros se utilizaron en los criterios de selección: “Article”, “Systematic Review”, “Humans”, “English”, “Spanish” y “Portuguese”. Las revisiones que emplearon enfoques cuantitativos, cualitativos, de métodos mixtos, estudios de caso, análisis bibliométricos o métodos sistemáticos novedosos fueron consideradas para su inclusión en los documentos elegidos para la revisión. La Tabla 1 muestra los criterios de selección establecidos para asegurar que solo se consideraran las publicaciones más relevantes.
Tabla 1 Criterios de inclusión y exclusión
| Criterios de inclusión | Criterios de exclusión |
|---|---|
| Los artículos publicados entre 2007 al 2025. | Artículos fuera del período de publicación establecido. |
| Artículos de investigación que analizan la relación entre los esteroides anabólicos y algunas enfermedades como la prevalencia del cáncer de próstata. | Artículos que no se relacionen con las variables de estudio. |
| Publicación en los siguientes idiomas: inglés, español y portugués. | Publicaciones en idioma diferente al seleccionado. |
| Publicaciones de acceso disponible (acceso abierto y gratuito). | Publicaciones con acceso limitado o restringido. |
Fuentes de obtención de información y estrategias de búsqueda
Se localizaron publicaciones relevantes mediante búsquedas en las bases de datos SCOPUS y PubMed, las cuales suministraron la información del estudio. Usando los operadores booleanos “AND” y “OR”, se fusionaron las palabras clave seleccionadas. Asimismo, mediante un método de exploración similar, se examinó minuciosamente el título, el resumen y las palabras clave de los estudios identificados.
Tabla 2 Fuentes y estrategias de búsqueda
| Base de datos | Operadores booleanos de búsqueda | Año de publicación |
|---|---|---|
| SCOPUS | (“effects of prolonged use”) AND (“anabolic steroid”), (“risk of prostate cancer”) OR (“anabolic steroids”) AND (“prostate cancer”). | 2007-2025 |
| PubMed | (“effects of prolonged use”) AND (“anabolic steroid”), (“risk of prostate cancer”) OR (“anabolic steroids”) AND (“prostate cancer”). | 2007-2025 |
Recopilación del resumen de datos
Los artículos de este estudio (n = 49) fueron seleccionados de las publicaciones recopiladas después de la revisión (Figura 1). Según la recomendación de Arksey y O'Malley (2005), todos los artículos fueron categorizados utilizando un enfoque narrativo o temático para presentar un relato accesible de la investigación. Esto se debe a que las revisiones de alcance normalmente resumen y explican de manera lógica las posiciones teóricas o conceptuales, los temas y los hallazgos de los autores (Levac et al., 2010).
Resultados y discusión
Como se muestra en la Figura 2, los estudios que examinan el posible vínculo entre el uso prolongado de esteroides anabólicos y el cáncer de próstata emplean metodologías variadas. Predominan los enfoques cualitativos (32.7%) y los estudios de caso (22.4%), lo cual evidencia un énfasis en relatos personales u observaciones clínicas más que en análisis estadísticos. Los estudios cuantitativos representan solo el 16.3% del total, lo que confirma la escasez de evidencia empírica robusta para establecer conclusiones definitivas. Asimismo, los análisis bibliométricos (6.1%) y las revisiones sistemáticas (16.3%) refuerzan la idea de que se trata de un campo en una fase relativamente temprana de desarrollo, con evidencia aún fragmentada.
Respecto a la procedencia de los artículos, la mayor parte proviene de bases de datos consolidadas como SCOPUS (42.9%) y PubMed (57.1%), lo que aporta credibilidad a la literatura identificada. No obstante, también sugiere que los países con mayor presencia en estas plataformas influyen de forma más significativa en las tendencias del conocimiento sobre el tema.
En cuanto al idioma de publicación, predomina el inglés (73.5%), lo que facilita la difusión internacional de los resultados. No obstante, la presencia de artículos en portugués (10.2%) y español (16.3%) refleja un interés creciente en regiones lusófonas e hispanohablantes.
En conjunto, la evidencia disponible sobre metodologías, fuentes y lenguas de publicación indica que, a pesar de la abundancia de investigaciones sobre esteroides, aún no existe suficiente evidencia concluyente para afirmar una relación entre su uso prolongado y un mayor riesgo de cáncer de próstata. Esto destaca la necesidad de realizar estudios cuantitativos más amplios y rigurosos que permitan emitir juicios con mayor solidez.
Entre 2007 y 2025, la producción científica sobre esta relación ha mostrado un interés relativamente constante. En los años 2007, 2008, 2010 y 2018, la producción representó un 10.2% por año (Figura 3). Los años 2020 (14.3%) y 2022 (12.2%) se destacan por picos importantes en las publicaciones, lo que refleja un interés renovado en la temática. A pesar de las fluctuaciones observadas -como en 2021, 2025 y 2009- la tendencia general es ascendente.
La Figura 4 muestra que Estados Unidos concentra el 49.0% de los estudios, seguido por el Reino Unido (8.2%), Canadá (6.2%) y los Países Bajos (6.1%). Además, países como India, Grecia, China, Dinamarca y Alemania aportan un 4.1% cada uno, mientras que el 10.2% restante se agrupa en la categoría “Otros”. Aunque la producción está dominada por pocas naciones, el interés es global.
En este marco, la Tabla 3 sintetiza evidencia que indica que, a corto y mediano plazo, el uso de andrógenos no parece aumentar significativamente el riesgo de cáncer en hombres, particularmente de cáncer de próstata. Sin embargo, los tamaños muestrales pequeños y los periodos de seguimiento reducidos dificultan descartar riesgos a largo plazo, lo que subraya la importancia de monitorear estos compuestos.
Por otro lado, está bien documentado que los esteroides anabólicos-androgénicos (EAA) generan efectos adversos multisistémicos -cardiovasculares, hepáticos, renales, endocrinos, conductuales y psicológicos- algunos de los cuales pueden ser permanentes y afectar gravemente la calidad de vida.
En síntesis, la literatura actual apoya la necesidad de campañas de concienciación, monitoreo médico, regulaciones de venta y programas de acompañamiento que reduzcan los riesgos asociados al uso de EAA.
La revisión de la investigación revela impactos contradictorios y limitados del uso a largo plazo de esteroides anabólicos en el riesgo de cáncer de próstata. Por su parte, Heerfordt et al. (2025) realizaron un estudio de cohortes en Dinamarca que comparó a los usuarios de andrógenos con los controles, con un seguimiento promedio de once años. Los resultados señalaron que no se encontró cáncer de próstata en el grupo de usuarios, pero sí ocurrió en el grupo de control; no obstante, no hubo un aumento estadísticamente significativo en el riesgo basado en la tasa de incidencia. Asimismo, este estudio incluye una distribución de edad juvenil, un período de seguimiento corto (que habría pasado por alto tumores de próstata de inicio más tardío) y un tamaño de muestra inadecuado (que podría haber pasado por alto cambios muy raros).
Por su parte, complementado por el estudio prospectivo de Wiren et al. (2007), que también demuestra el vínculo entre niveles más altos de andrógenos y el cáncer de próstata, este estudio establece un firme precedente para los peligros oncológicos de la exposición prolongada a los EAA. Aunque la investigación de Wiren respalda los hallazgos epidemiológicos, está limitada en la comprensión de los efectos sistémicos de los EAA debido a su población geográficamente confinada y su enfoque exclusivo en la próstata.
En este contexto, el estudio de literatura de Barbosa et al. (2024) se centran en los efectos de gran alcance de los esteroides anabólicos. Los autores detallan los cambios en el sistema cardiovascular, el hígado, el metabolismo y la mente, así como las formas de mitigar las consecuencias de estos cambios. A través de este método integral, se hace evidente que los EAA impactan el bienestar general de una persona además de hacerla más propensa al cáncer. Asimismo, los atletas son objeto de investigación por Nunes et al. (2024) y Leite et al. (2024), quienes documentan impactos negativos en la función hormonal, la integridad musculoesquelética y el florecimiento psicológico. A pesar de que estos estudios son más específicos y se basan en observaciones clínicas, no obstante, ofrecen pruebas concretas de los peligros que estas sustancias representan para las poblaciones vulnerables, especialmente los atletas y los jóvenes.
En contraste con lo anterior, los investigadores Hernández et al. (2017) y Rodríguez et al. (2020) han recopilado datos sobre las consecuencias negativas de los esteroides anabólicos-androgénicos (EAA) en el atletismo, destacando los cambios en los niveles hormonales, la salud cardiovascular y la salud mental. De esta manera, su revisión enfatiza la importancia de considerar la naturaleza multidimensional de los riesgos, incluyendo aspectos sociales y fisiológicos. Por su parte, Castillo et al. (2019) presentan el punto de vista regulatorio, destacando cómo la accesibilidad y la falta de supervisión en las prescripciones de EAA contribuyen a su mal uso. De esta manera, señala que la prevención no solo requiere monitoreo médico, sino también regulaciones regulatorias eficientes, según esta estrategia regulatoria, que complementa los datos clínicos.
Aunado a ello, Ríos y González (2025) discuten los elementos sociológicos del uso de esteroides, señalando que los esteroides anabólicos se comercializan como “atajos” para un cuerpo perfecto, lo que lleva a un aumento en el consumo por parte de atletas y jóvenes. Según sus hallazgos, una de las formas más importantes de frenar el uso imprudente es aumentando la conciencia pública y educativa. De esta manera, esta perspectiva ofrece una visión integral de los diversos factores que sostienen el riesgo de EAA al integrar evidencia regulatoria y clínica.
En ese orden de ideas, los EAA representan una amenaza multifacética y compleja. Las evaluaciones clínicas y observacionales muestran efectos sistémicos específicos en los atletas de inmediato, mientras que los estudios prospectivos y de cohortes proporcionan pruebas sólidas de peligros a largo plazo, especialmente implicaciones carcinogénicas. Por tal motivo, para abordar con éxito el problema, es esencial integrar la educación y la regulación. Esto demuestra que es necesaria una estrategia multidisciplinaria que involucre la salud, el deporte y la política para prevenir los peligros asociados con los EAA.
En síntesis, aunque hay muchas lagunas en la investigación, la evidencia actual sugiere que el uso a largo plazo de esteroides anabólicos puede no conllevar un riesgo particularmente alto de cáncer de próstata. Para una mejor comprensión de los posibles efectos de varios esteroides y sus metabolitos en la carcinogénesis prostática, son necesarios estudios de cohortes a gran escala que sigan a los usuarios de EAA durante un período prolongado y robustas investigaciones en profundidad. Por lo tanto, aunque no se ha demostrado que los EAA causen impactos negativos en la salud, no obstante, es prudente ejercer precaución al usarlos.
Conclusiones
La revisión de la literatura muestra que, aunque los estudios sobre la posible relación entre el uso prolongado de esteroides anabólicos y el cáncer de próstata han aumentado en los últimos años, la evidencia disponible continúa siendo limitada. La escasez de estudios cuantitativos robustos y la predominancia de diseños cualitativos o estudios de caso dificultan establecer conclusiones firmes sobre la asociación entre el uso de esteroides y el riesgo de cáncer de próstata. A pesar de ello, la producción científica ha mostrado una tendencia ascendente, con un interés concentrado, pero de alcance global, liderado principalmente por Estados Unidos, seguido de países como Canadá, los Países Bajos y el Reino Unido.
Si bien los datos actuales sugieren que el uso de andrógenos no incrementa de manera sustancial el riesgo de cáncer de próstata a corto y mediano plazo, las limitaciones metodológicas -especialmente los pequeños tamaños muestrales y los periodos reducidos de seguimiento- impiden descartar riesgos potenciales a largo plazo. Paralelamente, está ampliamente documentado que los esteroides anabólicos-androgénicos generan efectos perjudiciales en múltiples sistemas corporales y pueden ocasionar secuelas permanentes que comprometen el bienestar físico y mental.
En consecuencia, y desde la perspectiva de la salud pública y la medicina preventiva, la ausencia de evidencias concluyentes no debe interpretarse como ausencia de riesgo. Por el contrario, se subraya la necesidad de desarrollar estudios longitudinales amplios, fortalecer las regulaciones sobre el acceso y uso de EAA, e implementar programas de educación, monitoreo y supervisión que protejan la salud y seguridad de los consumidores.



















