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Gaceta Médica de Caracas

versão impressa ISSN 0367-4762

Gac Méd Caracas. v.115 n.4 Caracas dez. 2007

 

Vacunación ¿quién tiene la prioridad?

Dr. J. M. Avilán Rovira

Individuo de Número

Con motivo de cumplirse el 26 de octubre de este año, 30 años sin viruela en el mundo (1), es propicia la ocasión para recordar la historia de la vacunación antivariólica.

Podría pensarse que es tan conocida que no valdría la pena referirla de nuevo. Sin embargo, existen algunos hechos que nos parecen menos divulgados y que consideramos muy importantes para ser ignorados.

Desde la más remota antigüedad, la viruela era conocida por los chinos e hindúes en Asia y los antiguos egipcios en África, continente considerado su cuna, de donde se propagó a otras regiones del mundo (2). A finales de la Edad Media se volvió prevalente en Europa, pasando al continente americano, casi después de su descubrimiento, aunque se atribuye un papel importante a los esclavos negros enfermos, traídos de las regiones costeras del África occidental (3).

Como desde el comienzo su alta contagiosidad fue evidente, se procedía al aislamiento de los enfermos y a la cuarentena de los viajeros, en especial los llegados por barcos de lugares sospechosos de estar infectados. Tales prácticas eran comunes en nuestro país en la época colonial (2).

A pesar de tales esfuerzos, la viruela causaba grandes estragos, por lo cual no fue accidental que cuando se tuvo conocimiento de la posibilidad de prevenir la enfermedad, se pusiera a prueba. Esta práctica fue sugerida en Inglaterra en 1714 (4). Era un hecho conocido que un ataque de viruela confería protección para casi toda la vida, por lo que se había desarrollado un procedimiento profiláctico, utilizado en varias partes del mundo, especialmente en el Oriente. En el tercer siglo antes de la era cristiana, los “sanadores hindúes” practicaban la inoculación con material de enfermos de viruela —o variolización— con el fin de evitar una forma grave —posiblemente mortal— de la enfermedad (5).

En nuestro país, de acuerdo al Dr. Archila, la variolización la practicó por primera vez Don Juan Perdomo, de origen canario, en 1766 (2). No obstante, el mismo historiador reconoce que el procedimiento se usó antes, según una cita de Humboldt en el “Viaje a las regiones equinocciales”.

Sin embargo, a pesar de sus ventajas, la variolización (o inoculación) resultaba peligrosa si se aplicaba en masa.

Es por ello, que al difundirse los resultados de la experiencia de Jenner, en Gloucertershire, Inglaterra, publicada en 1798, se dio preferencia a la vacunación.

La experiencia la diseñó Jenner para demostrar la eficacia del saber popular: que las personas que habían sufrido de vacuna (“viruela de las vacas”) no padecían de viruela y que la vacuna se podía inocular artificialmente de la ubre de la vaca o de las manos del ordeñador infectado a personas para que resistieran la inoculación con viruela (6).

Ahora bien, los hindúes no sólo practicaban la variolización. También conocían la vacunación. A partir de una publicación del doctor Leopoldo Briceño Iragorry, padre del actual Secretario de la Academia, nos enteramos que en un trabajo publicado en L’Union medicale, en París en 1847, titulado Sur l’etat de la Medicine chez les anciens indous, se hace clara referencia a la utilización de la vacunación por los hindúes.

Allí se expresa: “Vamos a ver cuan rico fue su conocimiento médico y cuanto fue sagaz y poderosa su terapéutica, en una palabra, cuanto nos proveyeron de conocimientos de los cuales la ciencia de hoy se atribuye injustamente la prioridad”.

Continúa el artículo: “Antes de la importación de la inoculación, ese gran método, la viruela según Thouret, diezmaba en Europa la qua onzième parte del género humano.

La inoculación —y quien lo hubiese podido creer!— la vacuna misma, ese procedimiento aún mejor, fueron descubrimientos antiguos cuya iniciativa pertenece completamente a la ciencia hindú”.

Sin embargo, esta documentación estaba en un recorte de periódico, que no recuerdo exactamente como llegó a nuestras manos. No sabíamos donde se había publicado ni en que fecha. Dado mi interés en divulgar su contenido le pregunté a Leopoldo Briceño hijo si lo conocía. Desafortunadamente no tenía conocimiento de la referencia. Tampoco encontramos un artículo sobre el tema, publicado por el autor en la Gaceta Médica de Caracas. ¿Cómo buscar en la Biblioteca Nacional, sin conocer el nombre del periódico? Afortunadamente, nuestra gran amiga, la doctora Norma Núñez, a quien comunicamos nuestra incertidumbre, nos ofreció buscar el artículo original en París, en su próximo viaje, por lo cual le estaremos eternamente agradecidos. ¡Dicho y hecho! En la Bibliothèque Interuniversitaire de Médicine, 12, rue de l’Ecole de Médicine, 75006, Paris, France, a su solicitud, le fue permitido consultar el volumen donde conservan los ejemplares de la colección de L’Union medicale. No se permiten fotocopias. El artículo, con el nombre arriba citado, se encuentra de la página 454 en adelante.

Además de constatar la autenticidad de los párrafos antes transcritos, tomó nota de lo siguiente: “…..en un pasaje del Sancteya Grantham, libro sagrado atribuido a Dhanwantari, se lee textualmente la siguiente frase: Tome fluido de la ubre de una vaca, recójalo sobre la punta de una lanceta e introdúzcalo en el brazo, entre el hombro y el codo de un ser humano, mezclando el fluido con la sangre: la fiebre de la viruela (Bhadvi-baé) se producirá”.

Teníamos la información pero siempre quisimos darle crédito al Dr. Leopoldo Briceño Iragorry, nuestro insigne maestro de bacteriología. Pasó el tiempo y después de mucho indagar dimos con el periódico y la fecha de publicación! (7).

El tema tiene múltiples aspectos y genera muchas interrogantes para ser planteadas y discutidas en el estrecho marco de un editorial.

Volvemos a insistir: la sección de cartas al editor continúa abierta en espera de las opiniones e informes de los lectores sobre cualquier tópico publicado en la revista. En relación al tema específico de este editorial, nos interesaría saber, por ejemplo, ¿por qué si los hindúes practicaron tanto la variolización (o inoculación) como la vacunación, la primera se difundió más rápidamente que la segunda al Occidente?

REFERENCIAS

1. Jesek Z. Tras la erradicación de la viruela. Foro Mundial de la Salud. 1987;8(3):316-320.

2. Archila R. Historia antigua de la viruela en Venezuela. Rev San Asis Soc. 1949;14:675-705.

3. Dubos R, Pines M. Salud y enfermedad. Colección Científica de Life en español. México: Editorial Offset Multicolor SA; 1967.

4. Rosen G. A history of public health. Nueva York: MD Publications Inc.; 1958.

5. Roueché B. Eleven blue men: A man from Mexico. Nueva York: Berkley Publishing Corp.; 1953.

6. Burnet FM. Viruses and man. 2ª edición. Londres: Penguin Books; 1955.

7. Briceño I L. Erradicación de la viruela. El Universal: Año LXVII. Nº 24215; 11 de noviembre de 1976; página 1-4.