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Gaceta Médica de Caracas

versão impressa ISSN 0367-4762

Gac Méd Caracas. v.115 n.4 Caracas dez. 2007

 

Sanidad del siglo XXI

Un Programa de Gobierno

Nuevos escenarios, nuevas perspectivas, nuevas responsabilidades

Dr. Miguel A. Römer R*

NO ES AGRADABLE LA VERDAD DIVULGAR,

Y HASTA PELIGROSO PUEDE RESULTAR.

POR PREDICARLA… CRUCIFICARON A JESÚS.

ASͅ QUIENES LA CONOCEN, PREFIEREN CALLAR

TAMPOCO ES AGRADABLE CONOCERLA, ENFRENTARLA,

PREFERIBLE ES IGNORARLA.

¿SERÁ POR ELLO QUE EL MUNDO ANDA COMO ANDA?.

ANTARES.

*Profesor Asociado (Em) de la Cátedra de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela, Venezuela.

I. MARCO HISTÓRICO

El concepto de sanidad —o salud pública— que en 1848 concibió el abogado Caldwell en Inglaterra, logrando que fuese puesto en vigencia, ha persistido hasta ahora sin mayores variaciones. Su meta era prevenir y tratar las enfermedades del organismo, las que afectan al cuerpo.

Es cierto que 100 años más tarde, en los postulados de la Organización Mundial de la Salud, organismo internacional, activado a raíz de la Segunda Guerra Mundial, se habla de la salud como una situación de bienestar integral, esbozándose así una diferencia entre la salud corporal y la salud integral; se sobreentiende que queda incluida en ella, la salud espiritual.

En el tratamiento, y sobre todo en la prevención de enfermedades, se han obtenido éxitos por demás espectaculares. Ya no existen las grandes epidemias, que hasta el siglo pasado azotaban a la humanidad —viruela, fiebre amarilla, peste, tuberculosis, fiebre tifoidea, tifus, etc., etc.—.

Sirva de ejemplo, que en la Venezuela de los años 30 habían unos 3 millones de habitantes, y se contabilizaban, anualmente, un millón de casos de malaria. Y si la mortalidad por paludismo se calcula universalmente en un 1 %, deberían haber fallecido a consecuencia de esta enfermedad, unas 10 000 personas cada año. Hoy tenemos cerca de 22 millones de habitantes, y el año pasado (1997) fueron reportados 27 888 casos con 17 muertes (?). El cambio es evidente y no requiere mayores comentarios. Pero el “éxito” alcanzado en el tratamiento y prevención de las gastroenteritis es mucho más espectacular, que el alcanzado con el paludismo.

Hemos llegado, hasta el punto, de que la población mundial, que a mediados del siglo pasado era de poco más de mil millones de habitantes, en cosa de siglo y medio, ha aumentado a más de seis mil millones. Es decir, que en solo ciento cincuenta años se ha más que quintuplicado.

II. CONSECUENCIAS DEL PROGRESO EN LA LUCHA CONTRA LAS ENFERMEDADES

A. Crecimiento explosivo de la población mundial.

El crecimiento exponencial de la población mundial, ha provocado una ruptura del equilibrio bio-ecológico que, hasta mediados del siglo pasado, había mantenido un aumento moderado de la raza humana, en armonía con el ambiente y con sus posibilidades de subsistencia. Pero, no solamente se rompió el equilibrio bioecológico: se rompió también el equilibrio sociocultural.

¿Cuales han sido las consecuencias de la ruptura de estos equilibrios? ¿Qué ha pasado con la disminución de la mortalidad infantil, de la que tanto se ufanan gobiernos y ministros de sanidad? La lucha en este sentido ¿ha sido con fines altruistas? o ¿jugó acaso la vanidad algún papel en ella? Nos hacemos esta pregunta, porque para estos niños “salvados” no se tomaron providencias en lo que respecta a educación, asistencia médica, viviendas y puestos de trabajo.

El aumento de los gravísimos problemas sociales, que azotan actualmente al mundo, especialmente a los países en desarrollo ¿no tiene acaso su origen en el desequilibrio entre la proliferación humana y el ambiente bio-ecológico y social?

La “victoria” obtenida al disminuir y en algunos casos suprimir, las muertes por epidemias y pandemias, es un “éxito contable”. No un éxito en relación con la calidad de vida de esa enorme cantidad de seres, que han sido “salvados” de “una muerte prematura” por enfermedades infantiles y transmisibles. Tampoco hemos tenido mucho éxito en mejorar la calidad de vida de los ancianos, cuyo número va creciendo, gracias a los avances en la lucha contra las enfermedades. En efecto, actualmente el promedio de vida en los países desarrollados, y en muchos de los países en desarrollo, es de más de 75 años, cuando hace menos de un siglo rondaba alrededor de los 40. Y si antaño las personas de la tercera edad eran veneradas, y sus familiares se ocupaban de ellas con devoción y cariño, actualmente la mayoría vive en condiciones deplorables, abandonados: son una carga, un estorbo.

La sobrepoblación actual, estimulada hacia lo material, hacia el sexo y la violencia, sin una preparación adecuada para ganarse la vida honestamente, se encuentra al mismo tiempo enfrentada a un drástico aumento de la competencia por la supervivencia. Despojada además de su cultura primitiva, la que le permitía armonizar socialmente y con el ambiente, se ha convertido en el caldo de cultivo de la agresividad, de la delincuencia y de las enfermedades.

A-1. Involución cultural y regreso a la “barbarie”.

El rápido aumento de la población mundial, ha sido directamente proporcional al aumento de la pobreza y del primitivismo. —Insistimos en este aspecto—. Ha aumentado drásticamente el nivel de la que podríamos llamar “anticultura”, gracias en parte, a los poderosos medios de comunicación, especialmente los audiovisuales. Estos, persiguiendo exclusivamente el lucro particular, difunden la barbarie moderna, la que estimula y prostituye, los instintos más primitivos del hombre.

Aumento poblacional y aumento de la ignorancia y pobreza, constituyen terreno abonado para la diseminación de las enfermedades transmisibles, especialmente en las áreas subdesarrolladas.

Hablamos hoy de enfermedades re-emergentes: aquellas que renacen después de haber sido dominadas en épocas anteriores. Tal sucede con la tuberculosis, convertida actualmente en una amenaza mundial. Han repuntado las enfermedades venéreas. La sarna y los piojos vuelven a estar sobre el tapete.

A este respecto la zona tropical, con aproximadamente la mitad de la población mundial y con el mayor índice de natalidad y de subdesarrollo, es la más afectada. Pero lo que ocurra en ella afecta al resto de las naciones, gracias al turismo y a las comunicaciones por vía aérea. El mundo se encuentra cada vez más interconectado. Sirva de ejemplo lo siguiente: si la pandemia de gripe española en 1918 tardó seis meses en distribuirse por todo el globo, causando 20 millones de muertes, se calcula que la distribución de una pandemia similar ocurriría en 4 días y las muertes ascenderían a 60 millones.

A-2. Destrucción e irrespeto por la naturaleza.

Los factores arriba mencionados: pobreza y anticultura unidas al afán desmedido por lo material, están poniendo en peligro la habitabilidad del planeta. No se trata solamente de la destrucción de la capa de ozono, involucrada en el aumento de cánceres malignos de la piel, también la destrucción de la selva, está poniendo en peligro la conversión del anhídrido carbónico por oxígeno, un proceso que solo las plantas son capaces de hacer. Sin el reino vegetal la subsistencia del reino animal es imposible: son también las plantas, las únicas capaces de sintetizar proteínas.

En el campo de la salud colectiva las consecuencias han sido negativas. Agentes biológicos confinados en zonas selváticas, están pasando de los animales al hombre. Tal parece ser el caso del SIDA, producido aparentemente por un virus de los monos chimpancés, a los cuales no les causa trastorno alguno. La misteriosa fiebre de Ébola, las infecciones por Hantavirus y por los virus causantes de fiebres hemorrágicas, tienen relación con la invasión del hombre a áreas geográficas vírgenes.

A-3. Aumento del aborto provocado y planificación familiar.

Asombra el aumento creciente del aborto provocado. En efecto: por un lado la lucha indiscriminada contra la mortalidad infantil, con el consiguiente rescate de una masa de infelices para quienes no hay futuro, y por el otro la eliminación irresponsable de vidas en desarrollo. Son incongruencias que no se entienden. ¿Nos encontramos acaso en un período involutivo hacia el Homo sapiens insensatus?

La planificación familiar, se ha convertido en una preocupación importante, a nivel de los organismos internacionales conscientes de la situación. Tenemos entendido que en la China con más de 1 200 millones de habitantes, el estado apoya con instrucción y atenciones sociales a las familias de hasta dos hijos, perdiendo estos beneficios, las que no cumplen con esta regla.

A-4. Una sociedad enferma.

Una sociedad constituida por masas alienadas e incultas —tener un título universitario no garantiza cultura— y , sin una meta definida, como no sea la de acumular bienes materiales, es una sociedad enferma (1).

• Especialmente grave está la sociedad del mundo occidental. La drogadicción, el aumento de suicidios en adolescentes —en Estados Unidos los suicidios sobrepasan a los homicidios— el desbordamiento de la criminalidad, la criminalidad infantil —niños disparando contra sus compañeros de escuela y sus maestros— el derrumbe de la familia, el consumo creciente de antidepresivos ¿no son acaso síntomas de enfermedad?

• Y es que la parte espiritual del hombre se resiente y provoca malestar, cuando es menospreciada.

Hace 150 años esta parte tan importante del ser humano no era tomada en cuenta en los programas de salud: sólo se atendía a los “locos” en nosocomios especiales. Todavía hoy en día, es mínima la atención que en los mencionados programas se le presta al componente espiritual del hombre.

En aquel entonces se desconocía la importancia del espíritu; en parte porque no existía la difusión masiva de “antivalores”, se vivía en un contacto más estrecho con la madre naturaleza, la vida era más sencilla y menores las correspondientes exigencias.

No es una mera coincidencia, que el desarrollo científico e industrial, y el consiguiente desarrollo de la mentalidad materialista, haya estado aparejado con una quiebra de la familia, y de la cultura, con la ignorancia de la ética, y de los valores morales y espirituales; la relación de causa-efecto es inocultable.

A-5. Desbordamiento de los organismos sanitarios.

El crecimiento incontrolado de la población mundial, ha desbordado la capacidad preventiva y asistencial de los organismos de salud. Hoy por hoy, estos no pueden afrontar las epidemias en desarrollo y las que puedan presentarse. Tal sucede con el dengue. En relación al cual la OMS confiesa su impotencia. Estamos llegando a una situación alarmante, la de ¡sálvese quien puedad!. Es decir, que sin la intervención de cada individuo, no habrá solución para los grandes problemas de salud. Lo dicho va desde el SIDA, la malaria, el dengue, etc., etc., hasta las enfermedades degenerativas inherentes a nuestra moderna civilización.

III. ¿QUÉ HACER?

La respuesta es importante: está en juego la salud integral del ser humano, y eventualmente su supervivencia.

El análisis expuesto en las líneas precedentes, con sus correspondientes comentarios, es sólo una muy resumida síntesis del camino trazado por la humanidad en el último siglo y medio. Revela una problemática compleja, creada por el hombre. La situación es irreversible. Sólo sería posible tratar de detener su avance. A estos fines son indispensables, altas dosis de conocimientos, de voluntad y la capacidad necesaria.

Es evidente, que la tarea para afrontar la situación que nos ocupa, corresponde a los organismos encargados de la salud colectiva, a los organismos de sanidad. Pero no sólo combatiendo y previniendo las enfermedades que afectan a la parte corporal del ser humano.

Ya dijimos arriba, que estos organismos no están en condiciones de hacerlo a cabalidad. Lo cual queda demostrado con la reemergencia de enfermedades que habían sido diezmadas. Y por si fuera poco, las nuevas enfermedades en desarrollo, con el famoso SIDA a la cabeza, constituyen retos adicionales de enorme envergadura.

Además, dos nuevas tareas, han venido a incrementar las responsabilidades inherentes a los organismos mencionados.

• La una es tratar de racionalizar el crecimiento poblacional desmedido. En efecto, si la procreación de las masas incultas supera, como sucede actualmente, a la posibilidad de impartirles cultura y formación, el pronóstico del futuro, hablando en términos médicos, es más que reservado. Los llamados “niños de la calle” son solo una de las consecuencias. Estamos expuestos a que los incultos, ignorantes e irresponsables prevalezcan, dando lugar a los consiguientes desequilibrios bio-sociales, ... o a que afronten su exterminio, como parece estar sucediendo ya en el Africa subsahariana a causa del SIDA.

Según las últimas informaciones de prensa en Zimbabwe (Africa Meridional) en 1999 morirán 220 personas cada día a causa del SIDA. El total de fallecimientos llegará a 80 000. Y en consecuencia quedarán huérfanos unos 600 000 niños. Se espera la ocurrencia de 100 000 nuevos casos en el curso del año, y el número de enfermos ascenderá a los alrededores de 500 000.

• La otra, desarrollar programas para combatir la “pandemia de enfermedades espirituales”, pandemia que está afectando el nivel superior del hombre, el que lo distingue de los animales. En este sentido la drogadicción es el principal indicador. —Tocamos este punto, cuando hablamos de la enfermedad de la sociedad actual y de sus síntomas—.

Para enfrentar estos nuevos retos, se requiere la difusión masiva de la cultura, y la disminución progresiva de la anticultura. Nunca será suficiente lo que se haga en este sentido.

No debemos engañarnos: estamos contemplando y viviendo...el desarrollo “in crescendo” del subdesarrollo espiritual, la “animalización” del hombre.

Ante el cuadro planteado, la función primordial del organismo oficial rector de salud viene a ser, la de dedicarse a difundir los conocimientos y la cultura necesarios a la ciudadanía, para que esta pueda intervenir activamente en su propia defensa. A estos fines, la alternativa es la estrecha interacción de este organismo con dependencias educativas y formativas, oficiales y particulares.

La doctrina Scout, por ejemplo, encierra un caudal de elementos formativos en relación con las buenas costumbres, los principios éticos y morales, el respeto a los demás, a la patria, a los padres y ancianos, a la naturaleza.

La labor callada de la Fundación La Salle formando jóvenes de escasos recursos, capacitándolos para ganarse honestamente lo que necesitan para vivir, ejerciendo actividades que el país requiere para su desarrollo armónico, es digna del mayor reconocimiento y apoyo.

La función de la iglesia es fundamental y requiere mayor difusión.

Existen muchas otras instituciones, nacionales e internacionales, trabajando en el sentido expuesto, pero es imprescindible dar a conocer ampliamente lo que hacen —”hacerles propaganda” por los medios de comunicación social—. Es necesario que la ciudadanía conozca la situación y lo que se está haciendo para enfrentarla. Para lograr que se sienta motivada a colaborar en superarla.

¡Sálvese quien pueda! —ya lo dijimos— es la consigna del momento. Y se salvarán quienes tengan la formación y los conocimientos necesarios para lograrlo.

Sólo queda una alternativa ¡la participación ciudadana en el devenir de los pueblos y naciones del mundo globalizado!. Y el éxito dependerá, de la velocidad con la cual se logre culturizar, educar, formar a las masas, lo cual dependerá a su vez, de la importancia que se le asigne a esta tarea, y a los medios disponibles para lograrla.

Se trata de formar generaciones enteras dentro del marco de este concepto. En consecuencia, hay que comenzar con los niños, a partir de la escuela primaria. Y sobre todo, fortalecer la institución familiar, como base de la educación y de la cultura.

A la cultura es necesario difundirla, día a día, entendiendo por cultura la educación, la vigencia de los principios, la formación en general, el concepto genuino de familia, etc.. Es necesario sacarla de su encierro en colegios, universidades, museos, galerías de arte, cinematecas. Hay que difundirla y darle a todos la oportunidad de que la conozcan. —Nadie puede tener interés por algo cuya existencia ignora—Para elevar el nivel cultural, educativo y formativo de las masas, es imprescindible el empleo de los recursos informáticos modernos, los audiovisuales en particular.

- Los religiosos, los artistas, los escritores, poetas, filósofos y científicos, tienen un papel de primer orden en el desarrollo de la salud integral.

- ¿Sería mucho pedirles a las televisoras comerciales que dediquen un 10 % de su programación a programas formativos; en horas asequibles a la mayoría de las gentes? Nos preguntamos ¿para vender es necesario recurrir a propagandas ligadas al sexo y a la violencia? Entendemos, es más difícil promover ventas sin esos ingredientes; para ello se se requiere una formación superior y una sana creatividad. Algunas empresas lo han logrado, con una excelente receptividad por parte de los televidentes.

¿Sería descabellado pensar en una o más televisoras destinadas exclusivamente al desarrollo de ciudadanos integrales, bien formados, resaltando los beneficios que aportan los buenos modales, la moralidad, la honestidad, el respeto a los demás, a los ancianos, a la naturaleza,

— difundiendo los principios fundamentales de la ética y de las buenas costumbres,

— difundiendo la historia, las artes, las ciencias, la tecnología,

— difundiendo gramática, poesía, música,

— difundiendo manualidades,

— difundiendo conceptos en relación a ecología, cosmografía y filosofía,

— difundiendo las obras y pensamientos de los grandes hombres;

— información sobre enfermedades, su prevención y sus consecuencias —las consecuencias de la drogadicción por ejemplo— — difundiendo también juegos, humor, acertijos,

— realizando concursos para la solución de problemas (matemáticos, físicos, sociales),

— concursos sobre conocimientos en los más diversos campos, dando a conocer las respuestas y los nombres de los ganadores.

— Destinada también a destacar las ventajas de la familia y los nefastos resultados de su inexistencia.

• No será una planta “rentable” —en el sentido materialista de la palabra—. Pero lo que se invierta en una iniciativa de este tipo está más que justificado. Seguramente habrán personas que estarían dispuestas a contribuir a esa iniciativa, inclusive gratuitamente, y no debe ser difícil obtener ayuda internacional para lograrla.

• Formar juventudes no paga dividendos a corto plazo. Es una inversión a futuro, cuyo rendimiento, por su magnitud y trascendencia, sobrepasaría lo cuantificable.

Al fin y al cabo la cultura consiste en lograr la felicidad, la armonía, la paz interior, contribuyendo al bienestar de los demás.

A todo ser humano le agrada ser tomado en cuenta. Y cuando se siente ignorado, frecuentemente ocurre a cualquier desatino para “llamar la atención”. Una persona bien educada se impone —nunca será ignorada—. Pero esto es necesario enseñarlo.

Se hace evidente, que la sanidad, la salud colectiva, se ha vuelto infinitamente más compleja, y que sus correspondientes retos están a punto de perderse en el infinito. ¿Debe tener voz y voto el Ministerio de Sanidad en las concesiones mineras? La explotación de oro y diamante en nuestra Guayana, es la responsable de la alta incidencia de la malaria en esa zona. La opinión pública culpa al Ministerio de Sanidad por esta situación.

En base a lo dicho, es imperativo un cambio drástico en las funciones de los organismos de salud. Es necesario diseñar y poner en práctica programas de información, a ser desarrollados en las escuelas, comenzando por la educación primaria, para continuarlos luego en la educación secundaria. Estamos hablando, insistimos, de programas destinados a la salud integral del individuo humano, tomando muy en cuenta el cultivo —la cultura— de su componente espiritual.

Efectivamente, en el ser humano tanto la salud del cuerpo como la del espíritu son de la mayor importancia. En consecuencia, es necesario que marchen juntos y armónicamente, los organismos oficiales y particulares encargados de la atención y prevención de enfermedades, con los encargados de la educación, de la cultura, de la promoción de la familia y del desarrollo social en general.

La política en ese sentido debería ser única, con una estrategia bien definida, en manos de un organismo rector, que desde un nivel superior aglutinara, coordinara y armonizase, las actividades de las dependencia arriba señaladas. —El parcelamiento de los aspectos mencionados, manejado cada uno con políticas propias e independientes, es ineficiente y sumamente costoso—.

Insistimos: la salud integral de los venezolanos del futuro, dependerá de los cuidados integrales que se administren a las nuevas generaciones. Sólo se estará ganado la batalla, cuando en un grupo social, llámese pueblo, ciudad o nación exista una masa crítica de individuos preparados para enfrentar las amenazas que los acechan, tanto en su salud corporal como en la espiritual.

En resumen, el escenario actual en relación con sanidad, es sustancialmente diferente al de hace menos de un siglo. Se requiere en consecuencia, que los conceptos y las consiguientes estrategias y tácticas, se adapten a las nuevas realidades.

Es necesario pensar en una sanidad para el ser humano integral, interactiva y con la participación activa y decidida, de una ciudadanía adecuadamente motivada, bien formada y bien informada.

“Sin cultura no hay moral, ni ética, ni rectitud ni dignidad. Sin cultura no hay amor —a sí mismo, al prójimo, al Creador—; sin amor no hay armonía, sin armonía no hay paz, sin paz no hay bienestar espiritual y ...¡sin bienestar espiritual no hay salud!” (2).

REFERENCIAS

1. Ortega y Gasset J. La misión de la Universidad. Madrid: Alianza Editorial, S.A.; 1982.p.238.

2. Römer MA. Salud espiritual y cultura. Bol Inform Sanifan. 1997;8(4):17.