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Tiempo y Espacio
versión impresa ISSN 1315-9496
Tiempo y Espacio vol.23 no.59 Caracas jul. 2013
Beatriz González-Stephan y Carlos Sandoval. (Coords). Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano. Caracas, bid & co. Editor, 2011, pp. 236.
Luis Fernando Castillo Herrera
Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano, es una obra coordinada por Beatriz González-Stephan y Carlos Sandoval, que logró hacer converger a un estupendo grupo de investigadores en torno a la imagen y legado del ilustre Eduardo Blanco, entre ellos encontramos a: Tomás Straka, Raquel Rivas-Rojas, Juan Francisco Sans, Álvaro Contreras, Juan Pablo Dabove y Paulette Silva-Beauregard, todos ellos investigadores de la más alta calidad, reafirmada en el extraordinario trabajo conjunto que representa la obra que acá reseñamos.
La épica innegable que bordea el proceso independentista venezolano encuentra un cenit luminoso en las palabras hechas historia por Eduardo Blanco, aquel representante del conmocionado siglo XIX, individuo de número de la recién fundada Academia Nacional de la Historia (1888), logró fundir la prédica histórica y los hechos pretéritos que dieron como resultado una nueva expresión, nuevas representaciones que se condensaron en el imaginario colectivo venezolano, donde el actor fundamental se vio reflejado en las acciones de los libertadores, los próceres guías de la emancipación venezolana.
Esta obra va más allá de los aspectos biográficos de Eduardo Blanco, sus aportes están conectados con el análisis simbólico, histórico y literario. En este sentido, obras fundamentales como Venezuela Heroica y Zarate son examinadas bajo el ojo analítico de los investigadores que se dieron cita en la obra.
En primer lugar, nos llama la atención el título mismo del libro, fijar la patria, precisamente es esa una de las intenciones que bordean al Homero venezolano, Eduardo Blanco, fijó los aspectos más complejos en la construcción de una nación, la identidad. El imaginario colectivo venezolano, fue construyendo los símbolos de su historia en torno a las imágenes expuestas por Blanco en su obra Venezuela heroica. Aquella épica que luce como referente literario del siglo XIX, cimentó una idea global y gloriosa del proceso emancipador. En términos del historiador Tomás Straka:
La épica de Eduardo Blanco es la épica de una lucha contra el desencanto. Es el esfuerzo por reconciliar a un colectivo con su gentilicio ( ) No en vano los venezolanos llegaron a venerarlo como un patriarca protector 1
La impetuosa labor llevada a cabo por el académico Eduardo Blanco, logró que la musa Clío se acercara al hombre venezolano del siglo XIX, sin embargo, aquel discurso heroico, lleno de valentía y logros inverosímiles, también trajo como consecuencias una visión poco crítica de la historia patria, heredando de esta manera una colosal historia donde los héroes sustituyen a los hombres, donde el Libertador Simón Bolívar pasa a ocupar el sitial dorado de un Olimpo criollo, inmarcesible y glorioso.
Venezuela heroica y Zarate, surgen en un momento histórico donde el proyecto nacional aún luce inconcluso. Es por ello que la épica, la lirica hecha historia se convirtieron en el vehículo necesario para engranar los acontecimientos que hicieron posible el nacimiento de la república y los sentimientos de los ciudadanos. La victoria y sobre todo aquella gloriosa y mística, necesariamente fueron el factor clave de la obra de Eduardo Blanco.
La victoria fastuosa, es considerada por Blanco precisamente porque la independencia no debía ser vista como una guerra intestina que debilitó sensiblemente el aparato productivo, la estructura social y los postulados políticos de otrora. En contraparte, era preciso hacer valer la imagen más pintoresca y fabulosa del proceso independentista, donde se enfrentan incansables dioses y semidioses:
La guerra en la ficción ha dejado de ser terrible, para convertirse en un espacio jubiloso y festivo, en el espacio de juegos deportivos, la guerra como deporte, la recreación literaria de un Olimpo nacional, donde soldados y generales parecieran no desgastarse en las encarnizadas luchas.2
La construcción de la patria no sólo pasa por la formación de los aspectos legales, políticos y militares. La historia conforma un aspecto sensible en la conformación de los pueblos y esa historia no puede ser cualquiera. La narrativa gloriosa que pueda hacer latir los pechos orgullosos de los ciudadanos se convierte en la tarea más delicada de toda nación. La joven República de Venezuela encontró en la magistral pluma de Eduardo Blanco el relato unificador de los sentimientos, construyendo los escenarios que erigieron a los héroes inmortales.
Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano, logra dibujar desde la visión histórica, simbólica y literaria la huella, el legado de uno de los hombres responsables de la construcción del imaginario histórico venezolano. Eduardo Blanco, simboliza la independencia glorificada, deja atrás la imagen de la derrota, borrando con su pluma los aspectos nefastos y patéticos de la guerra. A través de esta obra es posible apreciar el peso histórico de aquel hombre, padre de la historia épica que hoy con sus incongruencias y al mismo tiempo con sus pintorescas escenas, conforma el imaginario histórico de un pueblo.
Notas
1 Tomás Straka. La épica del desencanto: Eduardo Blanco ante su historia. En: Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano, p.20.
2 Beatriz González-Stephan. Narrativas duras en tiempos blandos: sensibilidades amenazadas de los hombres de letras. En: Fijar la patria. Eduardo Blanco y el imaginario venezolano, p. 83-84.












