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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article presents a review of the current vision about dental caries, and microorganisms associated to the development of dental caries. Mechanisms of dental caries lesion, the role of fluoride through its mechanisms of action: demineralization, remineralization and antibacterial action. A scheme of the metabolism of fluorides, absorption, distribution and excretion is presented. Some considerations about the initiation of the natural water fluoridation program in the world, and about the threshold dose of fluoride, and dental fluorosis.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p style="text-autospace: none" align="center"><font face="Verdana"><b>Algunas consideraciones sobre caries dental,  fluoruros, su metabolismo y mecanismos de acción.</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>Fátima Rojas-Sánchez.</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Profesora Asociada. Instituto de Investigaciones  Odontológicas, Facultad de Odontología. Universidad Central de Venezuela.  Venezuela</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El presente artículo esta dirigido a estudiantes  y profesionales de la odontología interesados en profundizar sus conocimientos  sobre caries dental y fluoruros. El objetivo primordial de la presente revisión  es actualizar algunos conceptos sobre caries dental, su inicio y desarrollo, así  como el papel principal que tienen los fluoruros como agente anticariogénico de  primera elección para controlar o revertir la historia natural de la lesión  cariosa. Se describe brevemente que son los fluoruros, origen, abundancia en la  naturaleza y comportamiento químico, así como, los mecanismos de acción:  inhibición de la desmineralización, remineralización y acción antibacteriana. De  igual manera se mencionan aspectos relevantes sobre su metabolismo, absorción,  distribución y excreción, así como su farmacocinética.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras claves:</b> fluoruros, caries  dental, metabolismo, esmalte Título corto: Fluoruros, metabolismo y mecanismos  de acción</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">This article presents a review of the current  vision about dental caries, and microorganisms associated to the development of  dental caries. Mechanisms of dental caries lesion, the role of fluoride through  its mechanisms of action: demineralization, remineralization and antibacterial  action. A scheme of the metabolism of fluorides, absorption, distribution and  excretion is presented. Some considerations about the initiation of the natural  water fluoridation program in the world, and about the threshold dose of  fluoride, and dental fluorosis.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Key words:</b> Dental caries, fluorides,  metabolism, mechanisms of action</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Recibido para arbitraje: 23/04/2007 Aceptado  para publicación: 27/06/2007</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Caries dental</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">De las enfermedades infecciosas que afectan a  los seres humanos, la caries dental es probablemente la más prevalente.<sup> (1)</sup>  Debido a que la mayoría de las veces se utiliza el término caries dental de  manera imprecisa, es importante mencionar que en la mayoría de los estudios  clínicos/epidemiológicos el término caries dental refleja el registro de  síntomas o signos de la enfermedad actual o de la historia de la misma. <sup>(2) </sup>Con frecuencia se registran los signos cuando estamos en presencia de una  cavidad sin tomar en cuenta que tales signos representan una etapa más avanzada  de destrucción de los tejidos duros del diente. El concepto más utilizado  actualmente define a la caries dental, no como un evento único, sino como el  resultado de una serie de eventos o un proceso que se suceden en un período de  tiempo.<sup>(2, 3, 4) </sup>Se describe la caries dental como un proceso  dinámico de desmineralización y remineralización producto del metabolismo  bacteriano sobre la superficie dentaria, que con el tiempo puede producir una  pérdida neta de minerales y posiblemente, aunque no siempre, resultará en la  presencia de una cavidad.<sup>(2)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desde el punto de salud pública, y en la  práctica clínica diaria es importante saber que cuando nos referimos a caries  dental estamos hablando de una gran variedad en los grados de disolución de los  tejidos duros del diente, esmalte y dentina, y de una serie de etapas, cada una  de las cuales responde de manera diferente a métodos de tratamiento no  restauradores, también conocidos como métodos preventivos. <sup>(3)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Habiendo definido la caries dental como un  signo, el aspecto más importante es conocer cuales son las causas de este signo.  El proceso básico de la caries dental es simple en concepto y fue descrito hace  más de 100 años. Los dientes son cubiertos por bacterias las cuales conforman la  placa dental o biopelícula. <sup>(5)</sup> Ciertas bacterias como los <i> Streptococcus</i> que incluyen <i>Streptococcus mutans</i>, <i>Streptococcus</i>  sobrinus, y los Lactobacilus son acidogénicos, por lo que producen ácidos tales  como el láctico, propiónico, acético y fórmico cuando metabolizan carbohidratos  fermentables tales como sacarosa, glucosa, fructosa, etc.<sup> (6, 7, 8. 9, 10)</sup>  Los ácidos difunden a través de la placa dental hacia el esmalte poroso  disociándose y liberando hidrogeniones <sup>(11, 12)</sup>, los cuales disuelven  rápidamente el mineral del esmalte, generando calcio y fosfato como productos de  la reacción, estos compuestos difunden fuera del esmalte, conceptualizándose  éste proceso como desmineralización o pérdida de mineral.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Existen numerosos estudios que tratan de  explicar el desarrollo de la caries dental, sin embargo, los estudios realizados  hasta ahora no han permitido el progreso para entender los procesos que conducen  a su desarrollo y entre las razones que se mencionan están tanto el tamaño  pequeño del cristal del esmalte y dureza extrema del tejido, así como su  estructura compleja. <sup>(13, 14, 15, 16, 17)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desde el punto de vista de la composición  química y la microestructura del esmalte podemos mencionar que éste es un tejido  acelular compuesto entre un 80-90% de cristales de hidroxiapatita de calcio  carbonatada <sup>(18, 19, 20)</sup> y el 10-20% restante está conformado por  agua y material proteico distribuidos de manera no homogénea. <sup>(18)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Debido a que la composición del esmalte es  80-90% una apatita carbonatada la cual está sujeta a disolución, es importante  que conozcamos su estructura para entender como se comporta frente a un ataque  ácido. El mineral componente básico del esmalte es una hidroxiapatita de calcio  sustituida, siendo la fórmula estequiométrica de la hidroxiapatita Ca<sub>10 </sub>(PO<sub>4</sub>)<sub>6</sub>(OH)<sub>2</sub>. En la <a href="#fig1">figura 1</a> se presenta  una imagen simplificada de la disposición de los componentes del esmalte y  podemos observar que los iones se arreglan o colocan alrededor de una columna  central de hidroxilos a lo largo del eje C del cristal. El ión hidroxil está  rodeado por un triángulo de iones de Ca (calcio II) y estos a su vez están  rodeados por un triángulo de iones fosfato colocados en un ángulo de rotación de  60°, y a su vez estos triángulos están rodeados por un hexágono de iones de  calcio (calcio I). El cristal completo se puede visualizar como una serie de  hexágonos colocados uno encima del otro cada uno rotado 60 °C. <sup>(15, 16)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="center"><a name="fig1"> <img border="0" src="/img/fbpe/aov/v46n4/art20fig1.jpg" width="550" height="639"></a></p>     
<p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los cristales de apatita carbonatada son de  alrededor 1 mm de largo, 50 nm de ancho y 25 de espesor, los cuales se extienden  desde la dentina hacia el esmalte (Johansen, 1965), ubicándose en paquetes o  grupos de 1000 cristales, formando los prismas del esmalte. En un corte  transversal el perfil del prisma se puede observar con su característica  <a href="#fig1">figura</a>  de cerradura o circular. Los cristales de hidroxiapatita se orientan  primeramente con su eje C paralelo al eje largo del prisma, sin embargo, en la  periferia de cada prisma el cristal se desvía de esta orientación produciendo  una interfase entre los prismas donde se forma un espacio intercristalino mayor<sup>  (19) </sup>y se ubican canales de difusión a través del tejido, aspecto muy  importante relacionado con el proceso de caries dental.<sup> (14)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La densidad cristal/prisma no es uniforme en  todo el esmalte, esta densidad cambia a medida que profundizamos, disminuyendo  desde la superficie hacia la dentina, mientras que la porosidad, fluidos y  material orgánico posiblemente se incrementan en la misma dirección<sup> (17)</sup>,  la distribución del cristal, porosidad y proteínas presentes en los espacios  interprismáticos pueden en un momento determinado ser muy complejas como en el  caso de las fisuras, las cuales poseen una estructura prismática muy complicada  y donde la baja densidad de mineral y el alto contenido de proteínas,  indicadores de mayor porosidad, se deben probablemente a un pobre  empaquetamiento prismático. <sup>(17)</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ácidos orgánicos, producto del metabolismo de  los carbohidratos difunden hacia el esmalte de forma no ionizada formando un  gradiente de concentración, el cual se forma inicialmente entre los prismas del  esmalte y luego entre los cristales a través de los poros. A medida que los  ácidos difunden, algunos se disociarán y el H+ atacará la apatita del esmalte,  particularmente en zonas de alta solubilidad, en aquellos cristales que poseen  una mayor concentración de (CO<sub>3</sub>)<sub>2</sub> y Mg<sub>2</sub>.. Una  vez que la concentración local de estos iones alcanza niveles críticos, Ca<sub>2</sub>,  OH, (PO<sub>4</sub>)<sub>3</sub> y F son removidos del cristal y luego se  recombinan para formar compuestos tales como Ca(H<sub>2</sub>PO<sub>4</sub>)<sub>2</sub>,  CaHPO<sub>4</sub>, CH<sub>3</sub>CHCOOCa<sub>2</sub> los cuales no ionizados  difunden fuera del esmalte .</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La apatita del esmalte como en todos los tejidos  mineralizados del organismo exhibe un sin número de variaciones en su arreglo  estructural tales como la ausencia o pérdida de iones, especialmente calcio <sup> (22, 23, 24)</sup>; se ha reportado hasta una pérdida hasta de 20-30% menos del  ión hidroxilo en el esmalte al compararlo con la fórmula estequiométrica de la  apatita. Además podemos encontrar iones diferentes tales como carbonatos,  fluoruros, sodio y magnesio. Los fluoruros también pueden reemplazar el grupo  hidroxil. <sup>(25)</sup> La composición promedio de la apatita del esmalte se  ha calculado en: Ca<sub>9.48</sub> Mg<sub>0.18</sub> Na<sub>0.11</sub> (PO<sub>4</sub>)<sub>5.67</sub>  (CO<sub>3</sub>)<sub>0.45</sub> (OH) <sub>1.54</sub> (H<sub>2</sub>O) <sub>0.46 </sub>y Ca8.68 HPO<sub>4</sub> <sub>0.16 </sub>CO<sub>3 0.54</sub> PO<sub>4 5.26 </sub>OH <sub>0.1</sub> .<sup>(26- 28)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta sustitución de iones o defectos del esmalte  tienen un efecto muy marcado en la conducta de éste tipo de apatita,  especialmente con relación a su solubilidad a bajos pHs. Se ha calculado que el  producto de solubilidad del mineral de la apatita del esmalte es mayor que para  la hidroxiapatita estequiométrica con valores en el caso de la primera de entre  7,2x10<sup>- 53</sup> a 6,4x10<sup>-58 </sup>y para la hidroxiapatita de 3,04x10<sup>-59</sup>  . <sup>(28, 29)</sup> Estos valores son de gran importancia cuando se estudian  las concentraciones necesarias o requeridas para redepositar mineral de esmalte  previamente disuelto por los ácidos presentes en la placa dental.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La caries dental es el resultado de un proceso  químico complejo. Aunque existe una visión bastante clara sobre los principios  generales de su establecimiento y desarrollo en un momento determinado en un  paciente y/o sobre una superficie dentaria específica, es obvio que las  condiciones locales bucales individuales son extremadamente importantes. Por  otra parte, el papel de constituyentes menores (carbonatos, magnesio, etc.) del  mineral de esmalte son cruciales en la cinética de disolución del esmalte.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Halógenos.</b></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los elementos halógenos son aquellos que ocupan  el grupo 17 del Sistema Periódico. Los halógenos F, Cl, Br, I y At, son  elementos volátiles, diatómicos y cuyo color se intensifica al aumentar el  número atómico. El flúor es un gas de color amarillo pálido, ligeramente más  pesado que aire, corrosivo y de olor penetrante e irritante. Todos los átomos  poseen una configuración que difiere de la de gas noble en un electrón, de forma  que los elementos tienden a formar especies negativas, X¯, o a formar enlaces  covalentes simples. La química de estos elementos y sus compuestos cambian con  el tamaño de los mismos. Debido a su reactividad, ninguno de los halógenos se  encuentra en estado libre en la naturaleza. Generalmente, se encuentran en forma  de haluros (X¯), siendo el fluoruro el más abundante en la corteza terrestre  ocupando el 17º lugar en orden de abundancia en la misma.</font></p>      <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El  fluoruro es el más electronegativo de todos los elementos químicos. Posee un  peso atómico de 19,0 y un número atómico de 9. La concentración de fluoruro en  el ambiente varía de lugar a lugar y puede ir de 10 ppm a 1070 ppm con valores  promedio entre 200 y 300 ppm. <sup>(30, 31)</sup> El fluoruro también lo podemos  encontrar en el mar, en concentraciones que van desde 0,8 a 1,4 ppm. <sup> (32-34)</sup> El se encuentra presente en casi todos los manantiales, aunque la  concentración pudiera ser muy baja para ser detectada por métodos rutinarios.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El  rango de la concentración de fluoruro en las aguas de consumo varía en las  diferentes partes del mundo. En Tanganika, Africa, se han reportado áreas con  concentraciones de hasta 95 ppm <sup>(35)</sup>; el rango en los Estados Unidos  se halla entre 0-16 ppm, mientras que en Inglaterra la mayoría de las fuentes se  encuentran en o por debajo de 1,0 mg/L. Adicionalmente, podemos encontrar  fluoruro en la atmósfera, a partir del polvo de los suelos, desechos de gases  industriales, de la quema del carbón en zonas populosas (China) y de gases  presentes en áreas volcánicas. <sup>(36)</sup></font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La  historia de fluoruración de las aguas como método preventivo masivo contra la  caries dental se inició hace más de 80 años; ésta empezó en Colorado Spring, con  el Dr. McKay en 1901. Él notó en algunos pacientes, particularmente aquellos que  habían vivido toda su vida en esta ciudad presentaban manchas en sus dientes lo  que se conocía para el momento como &quot;manchas de Colorado&quot; a las cuales él  renombró como esmalte moteado.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Posteriormente, durante la década de 1930, Dean inició y dirigió una serie de  estudios epidemiológicos en USA que establecieron la asociación directa presente  entre la concentración natural de fluoruro en las aguas de consumo y la  prevalencia y severidad de caries dental, y de cambios en la superficie dental  la cual fue identificada como fluorosis dental.<sup> (37)</sup> Más aún, Dean  resaltó la presencia de una asociación inversa entre la concentración de  fluoruro en las aguas y la prevalencia de fluorosis dental. <sup>(38)</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Diversos estudios han demostrado una correlación inversa entre la concentración  de fluoruro en el agua y el número de lesiones de caries, es decir, a medida que  la concentración de fluoruro en agua aumenta hasta 1,0-1,5 mgF/L disminuye la  cantidad de lesiones de caries en dentición permanente en esa misma población.  Más aún, la prevalencia de fluorosis dental se incrementa de manera marcada  cuando el contenido de fluoruro en el agua se eleva por encima de 1,0 mg/L.  Estos dos grupos de observaciones llevaron a la comunidad científica al proceso  de ajustar los niveles de fluoruro en las aguas de las comunidades a una  concentración &quot;óptima&quot; para la prevención de caries dental y que debe estar  entre 0,7-1,2 ppmF dependiendo de la temperatura máxima anual y y su ubicación  sobre el nivel del mar. La primera comunidad a la cual se le aplicó el esquema  de fluoruración fue Grand Rapids, Michigan, USA 1945, rápidamente seguido por  otras comunidades en los Estados Unidos.</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En  su revisión de 95 estudios llevados a cabo entre 1945 y 1978 para evaluar la  efectividad del programa de fluoruración de las aguas, Murray y Rugg-Gunn <sup> (39)</sup>, reportaron que niños residenciados en comunidades fluoruradas  experimentaron una disminución de entre 50-60% en el índice cariados, perdidos y  obturados (CPOD) al compararlos con niños residenciados en zonas no fluoruradas. <sup>(39)</sup> Newbruns (1989) <sup>(40)</sup>, realizó una revisión similar  desde el año 1976 a 1987 y encontró una disminución entre 15-35% en el CPOS en  dientes permanentes de niños residenciados en comunidades fluoruradas al  compararlos con niños residenciados en zonas no fluoruradas. Brunelle y Carlos  (1990) <sup>(41)</sup>, en su análisis de la Encuesta Nacional que sobre salud  bucal en niños escolarizados llevó a cabo el estado norteamericano entre  1986-1987, encontraron que aquellos niños que habían vivido toda su vida en  zonas fluoruradas tenían un 18% menos de caries que aquellos que habían vivido  en zonas no fluoruradas. Lewwis y Banting (1994)<sup> (42)</sup>, concluyeron  que aunque la diferencia en el promedio de CPOS entre poblaciones fluoruradas y  no fluoruradas aún no era notable en los años 80, la magnitud de la diferencia  pareciera haber disminuido con el tiempo. Se ha observado también que la  reducción de caries tanto en dientes temporales como permanentes está asociada  con una disminución en la tasa de progresión de la enfermedad. Mas  recientemente, Campos y col., (2007) <sup>(43)</sup>, reportaron una disminución  en el índice CPOD de 4,3 a 0,8 entre 1989 y 2004 en niños italianos de 12 años  en Sardinia, Italia con un incremento dramático del 10% a 64% en niños libres de  caries. Fluoruros</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Hasta hace pocos años se pensó que el mayor efecto de los fluoruros era debido a  su incorporación en el mineral del esmalte (hidroxiapatita) durante la etapa  preeruptiva. De allí derivó toda una concepción de prescribir regímenes  individuales preventivos que reforzaron la idea de &quot;endurecer&quot; el esmalte, ej.  suplementos fluorurados</font></p>     <p style="text-autospace: none" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Hoy en día, existe suficiente evidencia que indica que el mayor mecanismo de  acción de los fluoruros es su efecto posteruptivo y tópico, tanto en niños como  adultos, y que incluyen:</font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. inhibición de la  	desmineralización,</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. promoción de la  	remineralización e;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. inhibición de la  	actividad bacteriana.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Mecanismo de Acción de los  Fluoruros</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Desmineralización-  Remineralización</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El contenido mineral de la zona  superficial del esmalte es similar a la del esmalte sano, por lo que a  diferencia del tejido más profundo, de alguna manera se halla protegido del  proceso de disolución, o sometido a un proceso continuo de destrucción y  formación por deposición de material disuelto de las zonas mas profundas, y de  alguna contribución del fluido de la placa dental. <sup>(19, 17) </sup>Esta zona  contiene una alta concentración de iones de fluoruros, los cuales pudieran  estabilizar la apatita lo que la hace menos susceptible al ataque ácido; también  puede haber baja concentración de carbonatos y magnesio lo cual le confieren una  baja solubilidad al mineral protegiéndolo de la disolución. Al mismo tiempo que  esto sucede, la penetración de los ácidos hacia zonas más profundas y solubles  removerán mineral el cual se acumula en la zona más superficial lo que la hace  todavía más resistente al ataque ácido.<sup> (44, 17, 46)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Habiendo aceptado que la  presencia de fluoruros estabiliza el mineral en la capa externa del esmalte  durante la formación de una lesión de caries, también se han propuesto otros  elementos tales como proteínas salivales las cuales se adsorben a la superficie  o difunden desde la fase saliva-placa. De manera similar estas proteínas  salivales conjuntamente con fluoruros y posiblemente pirofosfatos<sup> (45)</sup>  estabilizan el esmalte. De los mencionados, los fluoruros son muy importantes ya  que intervienen en la formación de un mineral menos soluble a ácidos. Se ha  propuesto que la presencia de los fluoruros en el medio ambiente ejerce un papel  mucho más importante que disminuir la solubilidad y se ha postulado que  facilitan la hidrólisis de fases de fosfato de calcio ácidos tales como  difosfato de calcio dihidratado (DCPD) y octocalcio fosfato (OCP) hacia una fase  más estable de apatita fluorurada.<sup> (46)</sup> En el caso del fluoruro de  calcio se ha reportado que no solo sirve como un reservorio de fluoruro sino que  actúa como una barrera de difusión mejor que la misma apatita en la superficie  del esmalte.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Diferenciar entre el efecto de  los fluoruros en producir un mineral menos soluble (desmineralización) o su  acción en facilitar la redeposición de minerales (remineralización) es sumamente  complejo. Algunos estudios in vivo han demostrado que los fluoruro son más  efectivos inhibiendo la desmineralización que promoviendo de la remineralización;  sin embargo, a pHs bajos capaces de disolver mineral, la presencia de los  fluoruros en solución confieren protección al esmalte. <sup>(46)</sup> Con  relación a la remineralización, la acción de los fluoruros es menos efectiva. El  mineral fluorurado posee un producto de solubilidad bajo por lo que precipita  mayormente en el esmalte superficial. Si ocurre bloqueo de los poros del  esmalte, el proceso de reparación queda confinado a la superficie. En este  sentido el fluroruro es menos efectivo facilitando la remineralización que  inhibiendo la remineralización ya que no permite la reparación en zonas  profundas del esmalte.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Acción Antibacteriana</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los fluoruros han sido  reconocidos por mucho tiempo como inhibidores enzimáticos, uno de los mecanismos  por los cuales se trata de explicar el efecto anticariogénico de los fluoruros.  El pH intracelular de las bacterias se considera mayor que la del ambiente  extracelular. <sup>(47)</sup> Si el pH de un medio que contiene F- disminuye,  algunos de los iones F- son convertidos en la molécula no-ionizable HF (ácido  fluorídrico) los cuales difunden hacia la célula debido a que la membrana  celular es permeable a este compuesto. Esta es una explicación de la gran  sensibilidad de las bacterias a los fluoruros a pH bajos. Cuando el HF entra a  la bacteria, ese espacio intracelular posee un mayor pH que el externo, por lo  que el HF se ioniza y tenemos nuevamente H+ y F- lo que acarrea tres  consecuencias: a) baja la concentración de HF en la bacteria, manteniéndose un  gradiente de concentración que impulsa la entrada de HF; b) incrementa la  concentración intracelular del ión F- el cual inhibe a la enzima enolasa; c)  incrementa la concentración de H+ la cual disminuye el pH intracelular  inhibiendo muchas enzimas bacterianas. <sup>(48)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El sitio de mayor inhibición  del F en las bacterias es la enzima enolasa de la vía Emden-Myerhof, enzima que  convierte el fosfoglicerato (PG) a fosfoenolpiruvato (PEP). Cuando esta reacción  es bloqueada se acumula el PG y no se forman los productos de la cadena, PEP y  ácido láctico. Esto trae diferentes consecuencias a la bacteria: la disminución  en la formación de ácidos por parte de la bacteria disminuye la habilidad de  ésta para producir caries; en muchas bacterias la incorporación de glucosa  requiere la presencia de fosfoenolpiruvato (del sistema de las fosfotransferasas)  por lo que se reduce su entrada; algunas bacterias incorporan glucosa a través  del sistema ATPasas de membrana.<sup> (49)</sup> La incorporación de este último  mecanismo depende de la habilidad de las bacterias de extruir protones lo cual  es controlado por enzimas sensitivas al fluoruro, las ATPasas translocadoras de  protones<sup> (50) </sup>de las cuales Psarros y col. (1990) <sup>(51)</sup>,  reportan son inhibidas por concentraciones muy pequeñas de F presentes en el  fluido de la placa. Por lo tanto los fluoruros, al reducir la producción de PEP  e inhibir la extrusión de protones interfieren con la incorporación de glucosa a  la bacteria por mecanismos independientes, lo que trae como consecuencia la  disminución pronunciada de la actividad metabólica de la bacteria y su posible  muerte.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Metabolismo de los Fluoruros</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La mayoría del conocimiento  presente sobre el metabolismo de los fluoruros proviene de estudios en animales  y adultos jóvenes.<sup> (52)</sup> Se maneja que en ausencia de altas  concentraciones de Ca y otros componentes de la dieta con los cuales éste  formaría compuestos insolubles, alrededor del 75-90% del fluoruro que es  ingerido se absorbe en la mucosa gastrointestinal. <sup>(53) </sup>El nivel de  fluoruro se empieza a elevar en plasma 10-30 min luego de su ingestión. Este F  no se une a proteínas u otros componentes del plasma, membrana celular o  estructuras celulares; sin embargo, está presente en el fluido extracelular de  tejidos blandos donde se establece una relación estable y estacionaria con la  concentración en plasma. Esto significa que mientras la concentración  extracelular en un momento determinado en cualquier tejido (excepto el riñón) es  menor que en el plasma, ésta relación puede cambiar rápidamente y en proporción  con relación a la del plasma, por lo que la relación concentración tejido-plasma  se mantiene relativamente constante en el tiempo. La cantidad remanente de F-  que no es absorbida en el estómago, será absorbida en el duodeno e intestino  delgado superior.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A partir de mediados de los  70's y hasta nuestros días se lleva a cabo un gran desarrollo del conocimiento  sobre el metabolismo, toxicología y farmacocinética de los fluoruros. <sup>(54)</sup></font></p>     <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/aov/v46n4/art20fig2.jpg" width="576" height="204"></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La cantidad de fluoruro que es  absorbido en el tracto gastrointestinal pasa al compartimiento central, el  plasma. Se considera el compartimiento central ya que es allí desde y hacia el  cual debe pasar el F- para su posterior distribución y eliminación. Los dos  destinos más importantes cuantitativamente son la fijación en los tejidos  calcificados y la excreción urinaria. Diferentes estudios afirman que  aproximadamente 50% de la cantidad de F absorbido se excreta en las 24h  siguientes a su ingestión y el 50% restante se fija en tejidos calcificados.  Estas fracciones pueden variar considerablemente dependiendo de diferentes  variables.<sup> (54)</sup> El F- absorbido puede intercambiarse isoiónicamente  con iones F- o heteroiónicamente con otros aniones disponibles en el fluido  extracelular. A largo plazo, el F- que se encuentra en las zonas más profundas  del hueso se puede liberar durante el proceso de remodelado óseo por lo que se  ha postulado que si la ingestión promedio del ión aumentara o disminuyera  crónicamente, las concentraciones de F- en los tejidos calcificados reflejarán  dichos cambios. <sup>(54, 55)</sup> En los tejidos blandos, se establece un  estado o relación estacionaria entre los fluidos extra e intracelulares. Esto  significa que aunque los niveles de F- en estos compartimientos no son  idénticos, hay paralelismo entre ambos aumentando o disminuyendo proporcional y  simultáneamente. <sup>(54) </sup>La vía más importante de eliminación de F- es  la excreción urinaria y por vía fecal se elimina no más de 10% del F ingerido <sup>(56, 57)</sup>, siendo el porcentaje de F- excretado por sudor muy pequeño. <sup>(54, 57)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Contrario a otros halógenos, el  F- puede ser rápidamente absorbido en la mucosa gastrointestinal. El mecanismo  de absorción es un proceso pasivo correspondiente a un ácido débil, el ácido  fluorhídrico (HF). La absorción de F- a través de la mucosa bucal se considera  de poca importancia.<sup> (58)</sup> Ya que la absorción de F- es un evento  dependiente del pH, la acidez gástrica puede incrementar la tasa de absorción en  la mucosa gástrica. Por el contrario, sustancias como Ca, Mg y Al pueden reducir  su absorción al formar compuestos insolubles. <sup>(59, 60) </sup>Cuando un  compuesto como NaF se ingiere con agua, la absorción es cercana a 100%; si el F-  es ingerido con alimentos o leche, la absorción puede estar retardada o  reducida. La habilidad del Ca para unirse a F- y así reducir su absorción es la  base para el tratamiento de toxicidad aguda.<sup> (54)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La eliminación de fluoruro es  mucho mayor que la de otros halógenos. En el adulto, ella presenta un rango  entre 30-50 ml/min, mientras que la eliminación de otros halógenos como cloro,  yodo y bromo es menor. (1,0 ml/min) <sup>(61, 55)</sup> El F- es removido del  plasma por dos componentes, los tejidos calcificados y la excreción renal. <sup> (61)</sup> En adultos, 40-50% del Fingerido diariamente se asocia a los tejidos  calcificados en las siguientes 24 horas luego de su ingestión, mientras que el  Fremanente es excretado por el riñón. Aproximadamente 99% del fluoruro en el  organismo se encuentra asociado a tejidos calcificado, y en donde su gran  mayoría se halla fuertemente pero no irreversiblemente unido. <sup>(52, 62, 63)</sup>  La tasa con la cual el F- es removido del plasma por el hueso es dependiente del  estado de desarrollo esqueletal, esta tasa será mayor o menor dependiendo del  desarrollo esqueletal, en adultos será menor que en sujetos en etapa de  formación o desarrollo. La mayor tasa de eliminación del plasma por parte del  hueso en formación se explica por la presencia de cristalitos mas numerosos,  hidratados, pequeños y escasamente formados lo que le confieren una mayor área  de superficie de incorporación por parte de los fluoruros que en el caso de  hueso maduro o formado. <sup>(61, 64)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la <a href="#fig3">figura 3</a>  se presenta un gráfico con el perfil típico de las concentraciones en plasma  inmediatamente después de la ingestión de una cantidad x de F- en función del  tiempo. Las concentraciones de F- (eje X ) no se especifican ya que dependen del  valor de x. Luego de los minutos iniciales de ingesta del ión se pueden detectar  valores de F- plasmático mayores con relación al valor basal. Esto es indicación  de que la absorción es muy rápida y que a diferencia de otros halógenos y de  numerosas sustancias, ésta absorción se produce a través de la mucosa  gastrointestinal. <sup>(65)</sup> La cantidad remanente de Fque no se absorbe en  el estómago se absorberá en el intestino delgado superior o el duodeno.</font></p>     <p align="center"><a name="fig3"> <img border="0" src="/img/fbpe/aov/v46n4/art20fig3.jpg" width="547" height="336"></a></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este aumento del F- plasmático  es manejado por los procesos de distribución a los fluidos interticiales y  extracelulares, fijación en tejido calcificado y excreción renal. La  concentración máxima de F- en plasma ocurre en la primera hora siguiente a su  ingestión. Luego de la absorción, los niveles de F- en plasma inician el  descenso debido a los procesos mencionados de fijación ósea y excreción  urinaria. Durante todo este proceso, las concentraciones de F- en tejidos  blandos disminuyen paralelamente con el descenso en plasma. Para cantidades  ingeridas de F- no muy altas (x=algunos mgs), los niveles plasmáticos de  Fretornan a valores iniciales o basales en 3 a 6 horas. <sup>(66)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Varios estudios han tratado de  establecer una relación entre la exposición a fluoruros y su concentración en  orina en diferentes grupos de individuos. Recientemente, se recomendó medir la  tasa de excreción de F- en la orina como un método adecuado para monitorear la  ingesta del ión en niños que consumen sal o agua fluorurada. <sup>(67-69)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El monitoreo y vigilancia de la  concentración y excreción de fluoruro en la orina es por lo tanto un método útil  para determinar la exposición de fluoruros en poblaciones humanas e identificar  aquellas a riesgo de desarrollar fluorosis dental. El método mas adecuado para  estimar ingesta de fluoruros sería la determinación de su excreción en muestras  de orina de 24h, un método que es independiente de la dieta, horario de las  comidas y de periodos de máxima ingesta.<sup> (70)</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La caries dental sigue siendo  una de las enfermedades de mayor prevalencia y es considerada por muchos  investigadores como una pandemia. Luego del excesivo optimismo de los noventas  sobre la percepción de una disminución sostenida de la enfermedad a nivel  mundial, estudios posteriores indicaron que a pesar del descenso dramático de la  enfermedad como consecuencia de la presencia de los fluoruros en el medio  ambiente bucal, aún se considera como un problema de salud pública por el gran  número de afectados y sus secuelas. Los fluoruros son considerados como la  piedra angular de la prevención de caries dental por lo que en las campañas de  salud pública, los programas preventivos deben estar basados en su utilización,  sea ésta a nivel de fluoruración de las aguas, sal, etc. Como efecto secundario  de la aplicación o utilización de los fluoruros, la fluorosis dental debe ser  minimizada en aquellas comunidades donde se implementes programas preventivos  masivos y es importante que el odontólogo general y especialmente el clínico  estén en capacidad de identificar su presencia por lo que es indispensable el  conocimiento de los mecanismos de acción de los fluoruros y su farmacocinética.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Caufield PW, Griffen A.  Dental caries: An infectious and transmissible disease. Pediatr Clin North Am.  2000Oct; 47(5):1001-19.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161115&pid=S0001-6365200800040002000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Fejerskov O. Concepts of  dental caries and their consequences for understanding the disease. Community  Dent Oral Epidemiol 1997;25:5-12.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161116&pid=S0001-6365200800040002000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Featherstone JDB. Prevention  and reversal of dental caries: role of low level fluoride. Community Dent Oral  Epidemiol 1999;27:31-40.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161117&pid=S0001-6365200800040002000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Kleinberg I. A mixed-bacteria  ecological approach to understanding the role of the oral bacteria in dental  caries causation: an alternative Streptococcus mutans and the specific-plaque  hypothesis. Crit Rev Oral Biol Med 2002;13(2):108-125.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161118&pid=S0001-6365200800040002000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Loesche WJ, Hockett RN, Syed  SA. The predominant cultivable flora of tooth surface plaque removed from  institutionalized subjects. Archs Oral Biol 1973;17:1311-25.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161119&pid=S0001-6365200800040002000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Newbrun E. Cariology. 3rd ed.  Chicago: Quintessence;1989.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161120&pid=S0001-6365200800040002000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Geddes DAM. Acids produced  by human dental plaque metabolism in situ. Caries Res 1975;9:98- 109.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161121&pid=S0001-6365200800040002000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Tanzer JM, Livingston J,  Thompson AM (2001a). The microbiology of primary dental caries. In: Consensus  development conference on the diagnosis &amp; management of dental caries throughout  life. National Institute of Dental and Craniofacial Research and Office of  Medical Applications of Research, NIH. Full Paper with Evidence Tables. <a href="http://www.nidcr.nih.gov/news/consensus/jason_tanzer.pdf"> http://www.nidcr.nih.gov/news/consensus/jason_tanzer.pdf</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161122&pid=S0001-6365200800040002000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Caufield PW. Dental caries:  an infectious and transmissible disease where have we been and where are we  going?. N Y State Dent J. 2005 Mar;71(2):23-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161123&pid=S0001-6365200800040002000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Thenisch NL, Bachmann LM,  Imfeld T, Leisebach Zinder, Steurer J. Are mutans streptococci detected in  preschool children a realiable predictive factor for dental caries risk: A systematic review. Caries Res 2006;40(5):366-74.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161124&pid=S0001-6365200800040002000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. Featherstone JDB. Diffusion  phenomena and enamel caries development. Cariology Today. International congress,  Zurich, 1984. Karger;1984.259-68.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161125&pid=S0001-6365200800040002000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. Featherstone JDB, Rodgers  BE. The effect of acetic, lactic and other organic acids on the formation of  artificial carious lesinos. Caries Res 1981;15:377-85.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161126&pid=S0001-6365200800040002000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. Arends J, ten Cate JM.  Tooth enamel remineralisation. J Cryst Growth 1981;53:135-47.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161127&pid=S0001-6365200800040002000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. Robinson C, Shore RC,  Brookes SJ, Strafford S, Wood SR, Kirkam J. The chemistry of enamel caries. Crit  Rev Oral Biol Med 2000;11(4):481-495.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161128&pid=S0001-6365200800040002000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15. Hu JC, Yamakoshi Y,  Yamakoshi F, Krebsbach PH, Simmer JP. Proteomics and genetics of dental enamel.  Cells Tissues Organs. 2005;181(3-4):219-31.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161129&pid=S0001-6365200800040002000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. Lippert F, Parker DM, Jandt  KD. In vitro demineralization/remineralization cycles at human tooth enamel  surfaces investigated by AFM and nanoindentation. J Colloid Interface Sci. 2004  Dec 15;280(2):442-8.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161130&pid=S0001-6365200800040002000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. Robinson C, Yamamoto K,  Connell SD, Kirkham J, Nakagaki H, Smith AD. The effects of fluoride on the  nanostructure and surface pK of enamel crystals: an atomic force microscopy  study of human and rat enamel. Eur J Oral Sci. 2006 May;114 Suppl 1:99-104;  discussion 127-9, 380.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161131&pid=S0001-6365200800040002000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. Angmar B, Carlstrom D, Glas  JE. Studies on the ultrastructure of dental enamel. J Ultrstruct 1963;8:12-23.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161132&pid=S0001-6365200800040002000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. Robinson C, Weatherell JA,  Hallswirth AS. Variations in the composition of dental enamel in thin ground  sections. Caries Res, 1971; 5: 44.57.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161133&pid=S0001-6365200800040002000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. Elliot JC. Structure,  crystal chemistry and density od enamel apatites. In: Dental enamel. Winter GB,  Chaewick DJ, Cardew G, editors. CIBA Foundation Symposium 205. Chistester: John  wiley and Sons 1997, pp. 54-56.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161134&pid=S0001-6365200800040002000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. Johansen E. Comparison of  the ultrastructure and chemical composition of sound and carious enamel from  human permanent teeth. In: Tooth enamel. 1965.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161135&pid=S0001-6365200800040002000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. Posner AS, Perloff A.  Apatites deficient in divalent cations. J Res Natl Bur Stads 1957;58:279-86.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161136&pid=S0001-6365200800040002000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. Young RA, Spooner S.  Neutron diffraction studies of human tooth enamel. Arch Oral Biol 1969;15:47-63.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161137&pid=S0001-6365200800040002000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. Myrberg N. Proton magnetic  resonance in human dental enamel and dentine: An experimental investigaction  using wide line NMR. Trans R Sch Dent Stockholm 1968;14:1-62.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161138&pid=S0001-6365200800040002000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. Young RA. Biological  apatite vs. Hydroxiapatite at the atomic level. Clin Orthop 1975;113:249- 62.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161139&pid=S0001-6365200800040002000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. Hendricks SB, Hill WL. The  inorganic constitution of bone. Science 1942;96:255-57.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161140&pid=S0001-6365200800040002000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. Moreno EC, Aoba T.  Solubility of human enamel mineral. J Biol Buccale 1990;18:195-201.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161141&pid=S0001-6365200800040002000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. Patel PR, Brown WE.  Thermodynamic solubility product of human tooth enamel powdered samples. J Dent  Res 1975;54:728-36.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161142&pid=S0001-6365200800040002000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">29. McDowell H, Gregory TM,  Brown WE. Solubility of Ca5(PO4)3OH in the system Ca(OH)2-H3-PO4- H2O at 5, 15,  25 and 37°C. J Res Natl Bur Stds 1977;81(A):273-81.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161143&pid=S0001-6365200800040002000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">30. Vinogradov AP. Geochemie  seltener und nur in Spuren vorhandener chemischer Elemente in Boden, Akademie  Verlag, Berlin. Cited in Fluoride and Human health 1970, WHO Monogr. Ser. No 59,  WHO Geneva 1954, p1.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161144&pid=S0001-6365200800040002000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">31. Largent EJ. Excretion of  fluorine. In Fluorine and Dental Health: the pharmacology and toxicology of  fluorine, eds JC Muhler and MK Hine, Indiana University Press, Bloomington 1960,  p 132.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161145&pid=S0001-6365200800040002000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">32. Thompson TG, Taylor HJ.  Determination and occurrence of fluorides in sea water. Indust Engng Chem Analyt.  Edn 1933;5:87-89.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161146&pid=S0001-6365200800040002000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">33. Wattenberg H. Zur chemie  des Meerwassers: uber die in Spuren vorkommenden Alemente. Z. Anorg Allg Chem  1943;251:86-91.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161147&pid=S0001-6365200800040002000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">34. Kappana An, Gadre GT,  Bhavnagary HM, Joshi JM. Minor constituents of indian sea-water. Curr Sci  1962;31:273-74.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161148&pid=S0001-6365200800040002000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">35. Tanganyka Government  Chemist Annual Report of the Government Chemist, 1954. Government Printer, 1955,  Dar es Salam.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161149&pid=S0001-6365200800040002000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">36. Noguchi K, Ueno S, Kanuiya  H, Nishiido T. Chemical composition of the volatile matters emmited by the  eruptions of Mikaye Island in 1962. Proc Jpn Acad 1963;39:364-69.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161150&pid=S0001-6365200800040002000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">37. Dean HT. The investigation  of physiological effects by the epidemiologic methods. In: Fluorine and dental  health. Moulton FR, editor. Washington: American Association for the Advancement  of Science 1942, pp23-31.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161151&pid=S0001-6365200800040002000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">38. Dean HT. Classification of  mottled enamel diagnosis. J Dental Res 1934;69 (Spec Iss):714-720.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161152&pid=S0001-6365200800040002000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">39. Murray JJ, Rugg-Gunn AJ,  Jenkins GN. Fluorides in caries prevention. Third edition. Wright/Butteworth Ltd,  Oxford. 1982.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161153&pid=S0001-6365200800040002000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">40. Newbrun E. Cariology. 3rd  ed. Chicago: Quintessence;1989.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161154&pid=S0001-6365200800040002000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">41. Brunelle JA, Carlos JP.  Recent trends in dental caries in Unites States children and the effect of water  fluoridation. J Dent Res 1990;69:723-27.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161155&pid=S0001-6365200800040002000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">42. Lewis DW, Banting DW. Water  fluoridation: current effectiveness and dental fluorosis. Comm Dent Oral  Epidemiol 1994;22:153-58.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161156&pid=S0001-6365200800040002000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">43. Campus G, Sacco G, Cagetti  M, Abati S. Changing trend of caries from 1989 to 2004 among 12- year old  Sardinian children. BMC Public Health 2007;7:28.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161157&pid=S0001-6365200800040002000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">44. Weatherell JA, Robinson C,  Hallsworth AS. Changes in the fluoride concentration of the labial enamel  surface with age. Caries Res 1972;6:312-24.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161158&pid=S0001-6365200800040002000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">45. Gray JA. Chemicals events  during cariogenesis. In: Proceedings of the symposium on incipient caries of  enamel. Rowe NH, editor. Ann Harbor, MI: University of Michigan, pp.19-28. 1977.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161159&pid=S0001-6365200800040002000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">46. ten Cate JM, Duijsters PPE.  The influence of fluoride in solution on tooth demineralisation: I Chemical  data. Caries Res 1983;17:193-99.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161160&pid=S0001-6365200800040002000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">47. Kasket S and Kasket ER.  Dissipation of proton motive force in oral streptococci by fluoride. Infect  Immun 1985;48:19-22.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161161&pid=S0001-6365200800040002000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">48. Eisenberg AD and Marquis RW.  Uptake of fluoride by cells of Streptococcus mutans in dense suspension. J Dent  Res 1980;59:1187-91.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161162&pid=S0001-6365200800040002000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">49. Hamilton IR. Biochemical  effects of fluoride on oral bacteria. J Dent Res 1990;69:660-67.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161163&pid=S0001-6365200800040002000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">50. Konigs WH, De Vrij W,  Driessen AJM, and Poolman B. Primary and secondary transport in Grampositive  bacteria. In sugar transport and metabolism by Gram positiva bacteria (eds J  Reiger and A Peterkovsky), Ellis Horwood, Chischester, UK 1987:pp 270-94.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161164&pid=S0001-6365200800040002000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">51. Psarros EIF and Jenkins GN.  Interactions of micromolar concentrations of fluoride with Streptococcus rattus  FA1. Caries Res 1990;24:189-92.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161165&pid=S0001-6365200800040002000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">52. Whitford GM. The metabolism  and toxicity of fluoride. Monographs in Oral Science, vol 16; 1989, Ed Howard M  Myers.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161166&pid=S0001-6365200800040002000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">53. Whitford GM, Williams JL.  Fluoride absorption: independence from plasma fluoride levels. Proc Soc Exp biol  Med 1986;181:550-554.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161167&pid=S0001-6365200800040002000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">54. Whitford GM. The metabolism  and toxicity of fluoride. 2nd rev. Ed. Basel Karger 1996. Pp 26-29.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161168&pid=S0001-6365200800040002000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">55. Murray JJ, Rugg-Gunn AJ,  Jenkins GN. Fluorides in caries prevention. Third edition. Wright/Butteworth Ltd,  Oxford. 1991.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161169&pid=S0001-6365200800040002000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">56. Ekstrand J, Spak CJ, Falch  J, Afseth J, Ulvestad H. Distribution of fluoride to human breast milk following  intake of high doses of fluoride. Caries Res. 1984;18(1):93-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161170&pid=S0001-6365200800040002000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">57. Ekstrand J, Ziegler EE,  Nelson SE, Fomon SJ. Absorption and retention of dietary and supplemental  fluoride by infants. Adv Dent Res. 1994 Jul; 8(2):175-80.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161171&pid=S0001-6365200800040002000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">58. Whitford GM, Callan RS,  Wang HS. Fluoride absorption through the hamster cheek pouch: a pHdependent  event. J Appl Toxicol 1982; 2:303-306.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161172&pid=S0001-6365200800040002000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">59. Ekstrand J, Ehrnebo M. The  relationship between plasma fluoride, urinary excretion rate and urine fluoride  concentration in man. J Occup Med. 1983; 25(10):745-8.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161173&pid=S0001-6365200800040002000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">60. Marthaler TM, Phillips PC.  Urinary fluoride in Bulgarian preschool children after intake of fluoridated  milk. J Dent Res 1994;73:73-178.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161174&pid=S0001-6365200800040002000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">61. Whitford GM. Fluoride  metabolism and excretion in children. J Public Health Dent 1999;59(4):224-28.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161175&pid=S0001-6365200800040002000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">62. Villa A, Anabalón M,  Cabezas L. The fractional urinary fluoride excretion in young children under  stable fluoride intake conditions. Community Dent Oral Epidemiol  2000;28:344-355.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161176&pid=S0001-6365200800040002000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">63. Sampaio FC. Fluoride  exposures and biomarkers in humans. Thesis. Department of Cariology, Institute  of clinical Dentistry, Faculty of Dentistry, university of Oslo, Norway 2000.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161177&pid=S0001-6365200800040002000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">64. Warpeha R, Marthaler TM.  Urinaru fluoride excretion in Jamaican in relation to fluoridated salt. Caries  Res 1995;(1): 35-41.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161178&pid=S0001-6365200800040002000064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">65. Whitford GM, Pashley DH.  Fluoride absorption: the influence of gastric acidity. Calcif Tissue Int. 1984  May; 36(3): 302-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161179&pid=S0001-6365200800040002000065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">66. Ekstrand J, Alvan G, Boreus  LO, Norlin A. Pharmacokinetics of fluoride in man after single and multiple oral  doses. 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Urinary fluoride excretion in children with low  fluoride intake or consuming fluoridated salt. Caries Res. 1995;29(1):26-34.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161182&pid=S0001-6365200800040002000068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">69. Baez RJ, Baez MX, Marthaler  TM. Urinary fluoride excretion by children 4-6 years old in a south Texas  community. Rev Panam Salud Pública. 2000 Apr;7(4):242-8.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161183&pid=S0001-6365200800040002000069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">70. Marthaler TM (Ed):  Monitoring of renal fluoride excretion in communities programmes on oral health.  World Health Organisation, Geneva (1999).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=161184&pid=S0001-6365200800040002000070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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