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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las dietas cetogénicas: fundamentos y eficacia para la pérdida de peso]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Ketogenic diets and weight loss: basis and effectiveness. The international consensus is that carbohydrates are the basis of the food pyramid of a healthy diet. Today’s specialists believe that the best way to lose weight is by cutting down on calories, essentialy in the form of fat. However, this paper will clarify that ketogenic diets are, from a physiological, biochemicale and practical point of view, a much more effective way of losing weight, since such diets provide metabolic advantages such as the capacity to preserve muscle mass, reduce appetite, to have a lower metabolic efficiency, produce a metabolic activation of thermogenesis and favour a greater fat loss even with a greater number of calories.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Las dietas cetogénicas: fundamentos y  eficacia para la pérdida de peso</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="2" face="Verdana">Joaquín Pérez-Guisado</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Departamento de Medicina,  Facultad de Medicina, Universidad de Córdoba. Córdoba. España</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Resumen</b>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El consenso internacional es  que los carbohidratos son la base de la pirámide alimenticia de una dieta  saludable, de tal forma que la mayoría de los especialistas de hoy en día  piensan que la mejor forma de perder peso es mediante una reducción en el número  total de calorías ingeridas diariamente, principalmente las que vienen en forma  de grasa. No obstante, esta revisión intentará demostrar que las dietas  cetogénicas son desde un punto de vista fisiológico, bioquímico y práctico, un  camino mucho más efectivo para perder peso. Además se argumenta cómo este tipo  de dietas proporciona ventajas metabólicas como son la capacidad de preservar la  masa muscular, reducir el apetito, tener una eficiencia metabólica más baja,  producir una activación de la termogénesis y favorecer una mayor pérdida de  grasa incluso en presencia de una mayor cantidad de calorías.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Palabras clave</b>:  Adelgazar, Atkins, dietas altas en proteínas, dietas bajas en carbohidratos,  cetosis, glucolítico, lipolítico, obesidad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Summary</b>.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ketogenic diets and weight loss:  basis and effectiveness. The international consensus is that carbohydrates are  the basis of the food pyramid of a healthy diet. Today’s specialists believe  that the best way to lose weight is by cutting down on calories, essentialy in  the form of fat. However, this paper will clarify that ketogenic diets are, from  a physiological, biochemicale and practical point of view, a much more effective  way of losing weight, since such diets provide metabolic advantages such as the  capacity to preserve muscle mass, reduce appetite, to have a lower metabolic  efficiency, produce a metabolic activation of thermogenesis and favour a greater  fat loss even with a greater number of calories.</font></p>     <p align="justify"><b></b><font size="2" face="Verdana"><b>Keywords</b>: Atkins,  high protein diets, low carbohydrate diets, ketosis, glycolytic, lipolytic,  obesity, weight loss.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana"><b>Recibido</b>: 05-03-2008 <b> Aceptado</b>: 03-05-2008</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Fundamentos fisiológicos y  bioquímicos de las dietas cetogénicas</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Cuando una dieta tiene un  predominio de carbohidratos, el cuerpo los utiliza como la principal fuente de  energía en lugar de la grasa. Por el contrario, la ausencia de carbohidratos en  la dieta acelera el uso de la grasa. Esto es debido a que la insulina bloquea la  lipólisis (mediante un bloqueo de la lipasa del adipocito) y permite la entrada  de glucosa al interior de la célula grasa. Esta glucosa es convertida en  triglicéridos dentro del adipocito, a través de su transformación en acetil-CoA  y alfa-glicerofosfato (las moléculas de Acetil-CoA se combinan entre sí para  formar ácidos grasos y dos moléculas de estos ácidos grasos se unen a una de  glicerol a través de la diacilglicerol transferasa (DAGT) para formar la  molécula de triglicérido). Además, los ácidos grasos procedentes de la grasa de  la dieta, necesitan la acción de la glucosa y de la insulina para ser  transformados en triglicéridos dentro de la célula grasa, ya que la insulina  permite la entrada de glucosa en el adipocito y la glucosa es necesaria para la  formación de alfaglicerofosfato, que es el principal suministro de glicerol a  los ácidos grasos para que éstos puedan transformarse en triglicéridos y así ser  almacenados (1). El último paso en la síntesis de triglicéridos es por lo tanto  la unión de glicerol a los ácidos grasos, una reacción que es catalizada por la  diacilglicerol transferasa (DAGT). Si por alguna razón este último paso no se  produce, ya sea debido a una deficiencia de glucosa e insulina que asegure el  suministro de glicerol o por un fallo en la propia encima DAGT, sería lógico  asumir que se producirá una interrupción en la síntesis de triglicéridos. Esto  ha sido demostrado en ratones con una deficiencia homocigótica de DAGT, que se  caracterizaban por tener menor tejido graso blanco y ser resistentes al  desarrollo de la obesidad dietética (2). Por lo tanto, los niveles bajos de  insulina en una dieta cetogénica deberían de producir efectos similares, lo cual  sería una de las posibles explicaciones, como veremos más adelante, del mayor  éxito de estas dietas en la pérdida de peso. También es importante considerar  que la glucosa no es la única sustancia que induce la liberación de insulina, ya  que este proceso también es estimulado por ciertos a aminoácidos como son la  arginina y la lisina; hormonas gastrointestinales que se producen durante la  ingesta como la gastrina, secretina, colecistoquinina (CCK) y polipéptido  inhibidor gástrico (PIG). Además, cuando los aminoácidos se combinan con la  glucosa, se produce un efecto sinérgico en el mecanismo de liberación de la  insulina que puede provocar que ésta se doble a igual concentración de glucosa  (1), es decir, la glucosa acompañada de aminoácidos induce una mayor liberación  de insulina que sóla.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Efecto saciante-anorexígeno de  las dietas cetogénicas Otro aspecto importante a tener en cuenta es el efecto  saciante de las dietas cetogénicas, debido a que las grasas y las proteínas  permanecen en el estómago durante un mayor período de tiempo y por lo tanto son  capaces de prolongar la sensación de saciedad si se comparan con los  carbohidratos. Además, la colecistoquinina se considera como uno de los más  potentes supresores del apetito y esta hormona es estimulada por el consumo de  grasas y proteínas pero no por el de carbohidratos (3). En este efecto saciante  también intervienen el beta-hidroxibutirato, que es la cetona más abundante y  tiene capacidad para inhibir directamente el centro del apetito (4). También, el  bajo índice glucémico de las dietas cetogénicas reduce las fluctuaciones en las  concentraciones plasmáticas de glucosa, que son mucho más frecuentes con las  dietas altas en carbohidratos. Así, evitar episodios de hipoglucemia también  reducirá el apetito (5). Otro factor que hay que añadir, es que las proteínas  tienen un efecto anorexígeno superior al de los carbohidratos, que pudiera estar  mediado por aumento en la sensibilidad del sistema nervioso central hacia la  leptina (6) y un descenso en las concentraciones plasmáticas postprandiales de  ghrelina (7). La leptina es producida por el tejido adiposo y tiene la capacidad  de reducir el apetito a nivel de sistema nervioso central. No obstante, la gente  obesa suele tener niveles circulantes de leptina superiores a los normales,  debido a que se produce una resistencia a la acción de la misma, que sería algo  similar a lo que sucede con la insulina. En relación a la ghrelina, es una  hormona producida por las células de la pared gástrica y tiene un efecto  contrario al de la leptina, ya que estimula el apetito.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Los carbohidratos podrían  contribuir a la obesidad</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Teniendo en cuenta todos estos  conceptos fisiológicos, sería lógico lanzar la hipótesis de que los  carbohidratos solos y en grandes cantidades pueden favorecer la obesidad, de tal  forma que una dieta convencional sustentada en los carbohidratos (50-70% de la  contribución energética diaria total) que sobrepase las necesidades calóricas  diarias de una persona podría tener una mayor facilidad para inducir la obesidad  que una dieta baja en carbohidratos; cuando son consumidos junto a las  proteínas, los carbohidratos tienen la capacidad de multiplicar su efecto  inductor de la obesidad; cuando se consumen con la grasa, los carbohidratos  permiten la acumulación de ésta; y finalmente los carbohidratos tienen un menor  efecto saciante que los lípidos y las proteínas. Por lo tanto, una dieta  sustentada en las proteínas y/o grasas podría ser una buena opción para la  pérdida de peso, ya que así se alcanzarían niveles de insulina bajos en sangre  que permitiría un cambio metabólico a favor de la utilización de la grasa en  lugar de la de los carbohidratos, es decir, pasar de un metabolismo  fundamentalmente glucolítico a un metabolismo lipolítico que ataque directamente  los depósitos de grasa.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La activación del metabolismo  lipolítico desencadena la aparición de cuerpos cetónicos en sangre, que es una  respuesta natural al ayuno, ejercicio prolongado y dietas ricas en grasas (8).  Por esta razón, desde un punto de vista fisiológico las estrategias para perder  peso que se fundamentan en la reducción de la ingesta de grasa y en el  mantenimiento de la proporción de carbohidratos como fuente principal de  energía, podrían ser menos eficaces para la pérdida de peso y sólo actuarían a  través de una simple restricción calórica y no por un cambio metabólico (de  glucolítico a lipolítico). Esta menor eficacia sería debida a que la insulina  presente en las dietas fundamentadas en los carbohidratos tiene un efecto  antilipolítico (1) que seguirá presente aún cuando se trate de una dieta  hipocalórica y que por tanto obstaculizará el paso hacia un metabolismo  lipolítico, que como veremos más adelante se caracteriza por su menor eficiencia  metabólica, hecho que a igual número de calorías favorecerá una mayor pérdida de  peso.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Niveles óptimos de  carbohidratos en la dieta cetogénica</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El cambio metabólico se logra  cuando el contenido de carbohidratos de la dieta es lo suficientemente bajo como  para causar cetosis (de ahí el nombre de dietas cetogénicas o muy bajas en  carbohidratos). En cuanto al nivel de carbohidratos que debe de tener una dieta  para considerarse cetogénica, hay que hacer puntualizaciones, ya que esto  dependerá del fin de dicha dieta. Si una dieta cetogénica es utilizada para  perder peso, la cantidad de carbohidratos ingerida deberá de ser inferior a  0.2-0.4g/kg de peso y día, pudiéndose consumir grasas y proteínas sin  restricción alguna. Por el contrario, cuando la dieta cetogénica se utiliza para  el tratamiento de la epilepsia en niños, esta dieta debe de ser mucho más  restrictiva para poderse conseguir una cetosis mucho más fuerte, de tal forma  que el contenido en carbohidratos debe de ser muy bajo: inferior a 10 g al día.  Además, esta dieta cetogénica es también baja en proteínas y muy alta en grasas  de tal forma que la relación grasas-no grasas (proteínas+carbohidratos) es del  orden de 4:1 (9-12).</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">A igualdad de calorías la  dieta cetogénica es más eficiente en la pérdida de peso</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El hecho de que a igual número  de calorías, la dieta cetogénica sea más efectiva que una dieta baja en grasas  (13- 16), sólo puede ser explicado por la menor eficiencia metabólica de ésta.  Esto es debido, a que desde un punto de vista fisiológico, existe una asociación  entre los niveles plasmáticos y los niveles urinarios de cetonas (17) además de  que la acetona se caracteriza por ser volátil y por tanto eliminarse en parte a  través del aliento (1). Esto significaría una pérdida energética a través de la  eliminación urinaria y del aliento de las cetonas. Además, si consideramos que  las dietas cetogénicas no producen hipoglucemia, sino todo lo contrario, ya que  mejoran el perfil glucémico (17-21), deberíamos asumir que la gluconeogénesis  tiene un papel prominente. En este proceso gluconeogénico también hay una  importante pérdida energética, debido al hecho de que son necesarios 100 g de  proteína de calidad media para formar sólo 57 g de glucosa (22), lo que  supondría una pérdida energética de aproximadamente el 43%, si asumimos la  equivalencia energética de que 1 g de glucosa aporta aproximadamente la misma  energía que 1 g de proteína, es decir 4-5 Kcal/g. De hecho, se ha comprobado,  que la rotura endógena de 110 g de proteína, que es necesaria para formar  aproximadamente de 60 a 65 g de glucosa, supone una pérdida energética diaria de  aproximadamente 400-600 kca/día (22). Además, durante la formación de un mol de  glucosa a partir de la alanina, se pierden seis moles de ATP (23). Esta pérdida  energética es muy significativa ya que un mol de glucosa da 38 de ATP (1) por lo  que la pérdida de seis moles de ATP supondría una pérdida energética de casi el  16% en el proceso gluconeogénico procedente de la alanina, que es  metabólicamente más fácil que para otros aminoácidos, debido a que tienen  configuraciones químicas que dificultan dicho proceso (1). Por este motivo, una  pérdida energética del 43% no debería de sorprendernos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Esta menor eficiencia  metabólica y el efecto anorexígeno de las proteínas podrían justificar que la  ingesta proteica esté inversamente asociada a la obesidad abdominal en  poblaciones multiétnicas, probablemente en esto influya la predisposición  genética a desarrollar resistencia a la insulina, que como bien sabemos se  asocia a la obesidad central y a las dietas altas en carbohidratos, mientras que  mejora con las dietas ricas en proteínas (24). Junto a la menor eficiencia  metabólica, debemos de enfatizar que la insulina es necesaria para la formación  de triglicéridos y que las dietas altas en grasas incrementan la pérdida  energética a través de la activación de la termogénesis, ya que se ha comprobado  que la expresión de las proteínas desacoplantes o termogeninas (UCP),  responsables del proceso de termogénesis, se incrementa con dietas ricas en  grasas, pues tanto las grasas monoinsaturadas (25), polinsaturadas (26) como  saturadas (27) intervienen en su inducción.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Todos estos argumentos  explicarían por qué a igualdad de calorías las dietas cetogénicas son más  efectivas que las dietas ricas en carbohidratos en la pérdida de peso.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Estudios que corroboran la  efectividad de las dietas cetogénicas en la pérdida de peso</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A igual número de calorías las  dietas cetogénicas son más efectivas en la pérdida de peso que las dietas  convencionales altas en carbohidratos y bajas en grasas, además de tener la  ventaja añadida de ser más selectivas en las pérdida de grasa y la conservación  de la masa muscular (13,28). Benoit y col. demostraron que cuando una dieta  cetogénica de 1000 kcal al día (10 g de carbohidratos al día) era seguida  durante 10 días, los sujetos implicados perdían una media de 600 g de peso al  día de la cual el 97% era grasa (28). Young y col. (13) compararon tres dietas  con la misma cantidad de calorías (1800 kcal/día) pero con diferente proporción  de carbohidratos (104 g, 60 g y 30 g respectivamente) y observaron una  correlación negativa entre la proporción de carbohidratos en la dieta y la  pérdida de peso y una correlación positiva con la pérdida de masa magra. De tal  forma que la dieta más baja en carbohidratos era mejor a la hora de perder peso  y de conservar la masa muscular. Willi y col. (29) también comprobaron en su  estudio, que el uso de una dieta baja en carbohidratos en adolescentes con  obesidad mórbida, era un método efectivo para la pérdida de peso y conservación  de la masa muscular. Además en otro estudio con adolescentes, Sondike y col.  (15) encontraron que una dieta baja en carbohidratos sin restricción calórica en  grasas y proteínas era más efectiva en la pérdida de peso y mejora del perfil  lipídico sanguíneo que el uso una dieta baja en grasas. Estos autores llegaron  más lejos en sus declaraciones afirmando que en adolescentes que habían seguido  una dieta baja en carbohidratos sin restricción calórica en grasas y proteínas,  a pesar de consumir una media de más de 700 Kcal diarias que el grupo que siguió  una dieta baja en grasas, la pérdida de peso fue de más del doble y la mejora en  el nivel de triglicéridos más pronunciada (30). Estas afirmaciones también son  compartidas por Greene y col. (14), que demostraron que a igual número de Kcal,  e incluso incrementando el número de las mismas en 300 o más, las dietas bajas  en carbohidratos conseguían una mayor pérdida de peso que las dietas bajas en  grasas. Samaha y col. (31) realizaron un estudio de seis meses de duración en el  que encontraron que las personas con obesidad mórbida y una alta prevalencia de  diabetes tipo II o de síndrome metabólico, perdieron un mayor peso durante este  periodo de tiempo en la dieta baja en carbohidratos que la dieta baja en  calorías y grasas, con una mejora de la sensibilidad hacia la insulina y los  niveles de triglicéridos, incluso después de haber ajustado a la cantidad de  peso perdida que como ya sabemos es un factor que puede influir en los  resultados. Por otro lado, Yancy y col. (32) concluyeron en otro estudio de seis  meses de duración que la dieta baja en carbohidratos tenía un mayor porcentaje  de adhesión y de éxito en la pérdida de peso si se comparaba con una dieta baja  en grasa.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Estudios a largo plazo</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La principal limitación que se  le atribuyen a los estudios para la pérdida de peso realizados con dietas  cetogénicas, es que son estudios que nunca superan los dos años de duración. Sin  embargo, también deberíamos de tener en cuenta, que tampoco existen estudios  rigurosos en la literatura científica, con dietas convencionales hipocalóricas  de forma ininterrumpida que superen dicho periodo. Esto podría tener una  explicación lógica, y es que generalmente, no suelen haber pacientes que estén  dispuestos a seguir ningún tipo de dieta de forma ininterrumpida durante un  período de tiempo que vaya más allá de 1-2 años. Por lo que no se pueden hacer  estudios serios con un número determinado de pacientes que se comprometan a  seguir dicha dieta durante un periodo de tiempo tan largo. Esto, probablemente  sea debido, a que generalmente en dicho periodo de tiempo, suelen perder el peso  deseado o pierden la motivación necesaria para seguir con el mismo régimen  alimenticio. Por este motivo, la estrategia seguida por muchos especialistas en  nutrición, consiste en llegar a un determinado peso con una dieta más agresiva  enfocada para la pérdida de peso, mantener dicho peso durante un determinado  tiempo con una dieta de mantenimiento menos restrictiva y más amena, y si el  paciente necesita perder más peso volver a introducir la dieta empleada al  principio.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como vimos anteriormente, en  estudios de hasta seis meses de duración, las dietas cetogénicas son más  efectivas que las dietas convencionales hipocalóricas altas en carbohidratos  para la pérdida de peso, sin embargo, como veremos más adelante, cuando aumenta  el tiempo de duración, la eficacia de estas dietas se reduce y se equipara a la  de las dietas hipocalóricas convencionales. Lo que nunca llegaremos a saber es  si esto es debido a la propia naturaleza de la dieta o al incumplimiento  estricto de la misma por parte del paciente, hecho que podría ir en aumento a  medida que aumenta la duración de dicha dieta. Foster y col. y Stern y col.  (33,34) compararon las dietas cetogénicas bajas en carbohidratos frente a las  dietas tradicionales (dietas bajas en calorías-grasas y ricas en carbohidratos)  para la pérdida de peso durante un año. En ambos ensayos clínicos, la dieta baja  en carbohidratos produjo una mayor pérdida de peso que las dietas convencionales  durante los primeros seis meses, aunque las diferencias no fueron significativas  al año de duración. En ambas dietas los autores afirmaron que la adherencia fue  pobre, no obstante los participantes del grupo de las dietas bajas en  carbohidratos tuvieron en conjunto unos resultados más favorables al año de  duración que las dietas convencionales, ya que presentaron una mayor mejora en  algunos factores de riesgo cardiovascular (mayores niveles de HDL y niveles más  bajos de triglicéridos) (33,34) y en la mejora del control glucémico tras haber  ajustado las diferencias a la pérdida de peso (34). En otro estudio, en el que  Dansinger y col. (35) compararon cuatro tipos de dietas (cetogénica, de la zona,  de los puntos y Ornish) observaron que tras un año de duración, la adherencia  era en general pobre para los cuatro tipos de dieta, aunque las personas que  tenían una mayor adherencia a cualquiera de los grupos tenían también una mayor  mejora en la pérdida de peso y en los factores de riesgo cardiovascular.  Brinkworth y col. (36) en un ensayo clínico en el que compararon dos grupos, uno  tratado con una dieta estándar en proteínas y otro con una dieta alta en  proteínas, declararon que en el mes 17 de seguimiento, la adherencia era pobre  en ambos grupos. Para finalizar, en otro estudio de 14 meses de duración  realizado con pacientes diabéticos obesos, Dasthi y col. observaron que las  personas que siguieron la dieta cetogénica tuvieron una mejora progresiva no  solamente del peso, sino también en los niveles de glucosa, colesterol total,  LDL, HDL, triglicéridos, urea y creatinina (37)</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Teniendo en cuenta todos estos  estudios, el verdadero problema asociado a las dietas de larga duración, ya sean  cetogénicas o no, es la baja adherencia debido a que la gente termina por  aburrirse con los mismos patrones alimentarios, de tal forma que para conseguir  una alta adherencia estas personas necesitan un gran esfuerzo personal.  Considerando que la gente con obesidad morbida suele tener asociados problemas  cardiovasculares, y que en los países industrializados hay mucha gente con  sobrepeso que no llega al grado de obesidad mordida, por lo que sólo necesitarán  perder peso durante un corto periodo de tiempo, las dietas bajas en  carbohidratos podrían ser de elección en ambos casos gracias a las sustanciales  ventajas que presentan frente a las dietas convencionales altas en  carbohidratos.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En las personas con normo peso,  las dietas bajas en carbohidratos también serían de utilidad porque mejorarán la  composición corporal: reducirán la grasa e incrementarán la masa muscular (38).  La conservación de la masa muscular asociada a este tipo de dietas parece estar  relacionada con las cetonas, ya que se ha comprobado que éstas tienen la  capacidad de reducir el catabolismo proteico en situaciones catabólicas como el  ayuno (39).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Otra indudable ventaja que  presentan las dietas cetogénicas sobre las tradicionales dietas hipocalóricas en  los pacientes que las siguen, es la sensación de saciedad y pérdida del hambre  que provocan (40,41), mejora en el estado de ánimo, en los niveles de energía,  estado mental y físico (41), mientras que las dietas tradicionales hipocalóricas  ricas en carbohidratos puede incluso incrementar el apetito (40,41) y se asocian  a un empeoramiento tanto en el estado mental como físico (41).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">¿Son seguras a largo plazo?</font></b></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En contra de la opinión  general, las dietas cetogénicas empleadas para la pérdida de peso son efectivas  y seguras durante largos periodos de tiempo, así Westman y col. (42) afirmaron  que las mujeres obesas que siguieron una dieta cetogénica pura sin restricción  calórica en grasas y proteínas (carbohidratos &lt;25 g/día) mantuvieron la pérdida  de peso y mejoraron el perfil lipídico. Para periodos de un año, comparando una  dieta cetogénica pura sin restricción calórica en grasas y proteínas  (carbohidratos &lt;30 g diarios) con una dieta hipocalórica convencional baja en  grasas-calorías-alta en carbohidratos (&lt;30% energía díaria de la grasa), la  dieta cetogénica resultó ser más saludable ya que se asoció a una mayor mejora  en factores de riesgo cardiovascular y en el índice glucémico (34). En otros  ensayos clínico de 14 meses de duración (37) con una dieta cetogénica pura sin  restricción calórica (carbohidratos &lt;30 g diarios) en pacientes obesos  diabéticos se produjo una mejora progresiva no sólo en la pérdida de peso sino  también en el perfil lipídico, renal y glucémico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A pesar de estos estudios, hay  científicos que siguen desconfiando de este tipo de dietas porque argumentan que  no existen estudios de más de dos años de duración, por lo que el seguimiento de  este tipo de dietas durante toda una vida podría acarrear consecuencias muy  negativas en la salud de la persona. Frente a esta opinión merece la pena  mencionar, que en la evolución de la dieta humana, el ser humano ha seguido a lo  largo de la mayor parte de su evolución (aproximadamente 2 millones de años) una  dieta cazadora-recolectora en la que los carbohidratos se consumían en muy bajas  cantidades y sólo cuando la época del año lo permitía. Mientras que el paso a  una alimentación sustentada en los carbohidratos, que actualmente se considera  la alimentación “ideal” tiene una duración muy corta en el período evolutivo de  nuestra especie (aproximadamente hace unos 6000 años, con la implantación de la  agricultura y la ganadería). Este cambio alimenticio se asoció a la obesidad,  los problemas cardiovasculares y las pérdidas dentarias, como lo demuestran los  hallazgos arqueológicos encontrados en las momias del antiguo Egipto,  civilización en la que se pudo constatar de forma muy significativa las  consecuencias negativas de dicho cambio. Sin ir más lejos, muchas tribus  actuales que seguían dietas cetogénicas y que han adoptado el sistema dietético  fundamentado en los carbohidratos, como pueden ser los esquimales (dieta  fundamentada en el pescado y mamíferos marinos como la foca), han experimentado  un empeoramiento en marcadores plasmáticos aterogénicos y en el desarrollo de  enfermedades que antes prácticamente no se conocían en estas poblaciones, como  son la diabetes tipo II y la obesidad central (43). También podría influir en  este empeoramiento de la salud, el menor contenido de ácidos grasos  poliinsaturados que esta población experimentó como consecuencia de dicho cambio  alimenticio.</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">REFERENCIAS</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">1. Guyton AC, Hall JE.  Fisiología Médica. 9th ed. Madrid, España: Interamericana McGraw-Hill; 1996:  927-952, 1063-1077.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486149&pid=S0004-0622200800020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">2. Smith S, Cases S, Jensen DR,  Chen HC, Sande E, Tow B, et al. Obesity resistance and multiples mechanisms of  triglyceride synthesis in mice lacking Ggta. Nat Genet. 2000; 25: 87-90.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486150&pid=S0004-0622200800020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">3. Fernández López JA, Remesar  X, Alemany M. Tratado de Nutrición. 1st ed. Madrid, España: Díaz de Santos;  1999: 265-75.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486151&pid=S0004-0622200800020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">4. Arase K, Fisler JS, Shargill  NS, York DA, Bray GA. Intracerebroventricular infusions of 3-OHB and insulin in  a rat model of dietary obesity. Am J Physiol. 1988; 255:R 974-81.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486152&pid=S0004-0622200800020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">5. Melanson KJ, Westerterp-Plantenga  MS, Saris WH, Smith FJ, Campfield LA. Blood glucose patterns and appetite in  timeblinded humans: carbohydrate versus fat. Am J Physiol. 1999; 277:R 337-45.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486153&pid=S0004-0622200800020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">6. Weigle DS, Breen PA, Matthys  CC, Callahan HS, Meeuws KE, Burden VR, et al. A high-protein diet induces  sustained reductions in appetite, ad libitum caloric intake, and body weight  despite compensatory changes in diurnal plasma leptin and ghrelin concentrations.  Am J Clin Nutr. 2005; 82: 41-48.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486154&pid=S0004-0622200800020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">7. Blom WA, Lluch A, Stafleu A,  et al. Effect of a high-protein breakfast on the postprandial ghrelin response  Am J Clin Nutr. 2006; 83: 211-20.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486155&pid=S0004-0622200800020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">8. Mitchell GA, Kassovska-Bratinova  S, Boukaftane Y, Robert MF, Wang SP, Ashmarina L, et al. Medical Aspects of  Ketone Body Metabolism. Clin Invest Med. 1995; 18:193-216.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486156&pid=S0004-0622200800020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">9. Ballaban-Gil K, Callahan C,  O’Dell C, Pappo M, Moshé S, Shinnar S. Complications of the ketogenic diet.  Epilepsia. 1998; 39:744-48.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486157&pid=S0004-0622200800020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">10. Bergqvist CAG, Chee CM,  Lutchka L, Rychik J, Stallings VA. Selenium deficiency associated with  cardiomyopathy:a complication of the ketogenic diet. Epilepsia. 2003; 44:  618-20.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486158&pid=S0004-0622200800020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">11. Kang HC, Kim JY, Kim DW,  Kim HD. Efficacy and safety of the ketogenic diet for intractable childhood  epilepsy: Korean multicentric experience. Epilepsia. 2005; 46:272-79.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486159&pid=S0004-0622200800020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">12. Kossoff EH, McGrogan JR,  Bluml RM, Pillas DJ, Rubenstein JE, Vining EP. A modified Atkins diet is  effective for the treatment of intractable pediatric epilepsy. Epilepsia. 2006;  47:421-24.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486160&pid=S0004-0622200800020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">13. Young CM, Scanlan SS, Im HS,  Lutwak L. Effect on Body Composition and Other Parameters in Obese Young Men of  Carbohydrate Level of Reduction Diet. Am J Clin Nutr. 1971; 24: 290-96.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486161&pid=S0004-0622200800020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">14. Greene PJ, Devecis J,  Willett WC. Effects of Low-Fat Vs Ultra- Low-Carbohydrate Weight-Loss Diets: A  12-Week Pilot Feeding Study. Abstract presented at Nutrition Week 2004, February  9-12, 2004, in Las Vegas, Nevada.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486162&pid=S0004-0622200800020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">15. Sondike SB, Copperman N,  Jacobson MS. Effects of a Low- Carbohydrate Diet on Weight Loss and  Cardiovascular Risk Factor in Overweight Adolescents. J Pediatr. 2003; 142:  253-58.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486163&pid=S0004-0622200800020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">16. Brehm BJ, Spang SE, Lattin  BL, Seeley RJ, Daniels SR, D’Alessio DA. The Role of Energy Expenditure in the  Differential Weight Loss in Obese Women on Low-Fat and Low- Carbohydrate Diets.  J Clin Endocrinol Metab. 2005; 90: 1475- 82.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486164&pid=S0004-0622200800020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">17. Coleman MD, Nickols-Richardson  SM. Urinary Ketones Reflect Serum Ketone Concentration but Do Not Relate to  Weight Loss in Overweight Premenopausal Women Following a Low-Carbohydrate/High-Protein  Diet. J Am Diet Assoc. 2005; 105: 608-11.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486165&pid=S0004-0622200800020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">18. Nobels F, van Gaal L, de  Leeuw I. Weight Reduction With a High Protein, Low Carbohydrate, Caloric  Restricted Diet: Effects on Blood Pressure, Glucose and Insulin Levels. The  Netherlands Journal of Medicine. 1989; 35: 295-302.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486166&pid=S0004-0622200800020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">19. Dashti HM, Bo-Abbas YY,  Asfar SK, et al. Ketogenic Diet Modifies the Risk Factors of Heart Disease in  Obese Patients. Nutrition. 2003; 19: 901-02.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486167&pid=S0004-0622200800020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">20. Bisschop PH, de Metz J,  Ackermans MT, Endert E, Pijl H, Kuipers F, Meijer AJ, et al. Dietary Fat Content  Alters Insulin- Mediated Glucose Metabolism in Healthy Men. Am J Clin Nutr.2001;  73: 554-59.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486168&pid=S0004-0622200800020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">21. Volek JS, Sharman MJ, Gomez  AL. Comparison of a Very Low- Carbohydrate and Low-Fat Diet on Fasting Lipids,  LDL Subclasses, Insulin Resistance, and Postprandial Lipemic Responses in  Overweight Women. J Am Coll Nutr. 2004; 23: 177-84.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486169&pid=S0004-0622200800020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">22. Fine EJ, Feinman RD.  Thermodynamic of weight loss diets. Nutr Metab. 2004; 1: 15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486170&pid=S0004-0622200800020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> 23. Voet D, Voet JG,  Pratt W. Fundamentals of Biochemistry. 3rd ed. New York: John Wiley &amp; Sons;  2004: 457-59.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486171&pid=S0004-0622200800020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">24. Merchant AT, Anand SS,  Vuksan V, Jacobs R, Davis B, Teo K, et al. Protein intake is inversely  associated with abdominal obesity in a multi-ethnic population. J Nutr. 2005;  135: 1196- 201.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486172&pid=S0004-0622200800020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">25. Rodriguez VM, Portillo MP,  Pico C, Macarulla MT, Palou A. Olive oil feeding up-regulates uncoupling protein  genes in rat brown adipose tissue and skeletal muscle. Am J Clin Nutr. 2002;  75:213-20.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486173&pid=S0004-0622200800020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">26. Sadurskis A, Dicker A,  Cannon B, Nedergaard J. Polyunsaturated fatty acids recruit brown adipose tissue:  increased UCP content and NST capacity. Am J Physiol. 1995; 269:E351-360.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486174&pid=S0004-0622200800020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">27. Portillo MP, Serra F, Simon  E, del Barrio AS, Palou A. Energy restriction with high-fat diet enriched with  coconut oil gives higher UCP1 and lower white fat in rats. Int J Obes Relat  Metab Disord. 1998; 22: 974-79.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486175&pid=S0004-0622200800020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">28. Benoit FL, Martin RL,  Watten RH. Changes in Body Composition During Weight Reduction in Obesity:  Balance Studies Comparing Effects of Fasting and a Ketogenic Diet. Ann Intern  Med. 1965; 63: 604-12.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486176&pid=S0004-0622200800020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">29. Willi SM, Oexmann MJ,  Wright NM, Collop NA, Lyndon L. The Effects of a High-protein, Low-fat,  Ketogenic Diet on Adolescents With Morbid Obesity: Body Composition, Blood  Chemistries, and Sleep Abnormalities. Pediatrics. 1998; 101: 61-67.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486177&pid=S0004-0622200800020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">30. Sondike SB, Copperman NM,  Jacobson MS. Low Carbohydrate Dieting Increases Weight Loss but not  Cardiovascular Risk in Obese Adolescents: A Randomized Controlled Trial. J  Adolesc Health. 2000; 26: 91.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486178&pid=S0004-0622200800020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">31. Samaha FF, Iqbal N,  Seshadri P, Chicano KL, Daily DA, McGrory J, et al. A Low-Carbohydrate as  Compared With a Low-Fat Diet in Severe Obesity. N Engl J Med. 2003; 348:  2074-81.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486179&pid=S0004-0622200800020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">32. Yancy WS Jr, Olsen MK,  Guyton JR, Bakst RP, Westman EC. A low-carbohydrate, ketogenic diet versus a low-fat  diet to treat obesity and hyperlipidemia: a randomized, controlled trial. 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Stern L, Iqbal N, Seshadri  P, Chicano KL, Daily DA, McGrory J, et al. The effects of low-carbohydrate  versus conventional weight loss diets in severely obese adults: One-year follow-up  of a randomized trial. Ann Intern Med 2004;140:778-785.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486182&pid=S0004-0622200800020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">35. Dansinger ML, Geeason JA,  Griffith JL, Selker HP, Schaefer EJ. Comparison of the Atkins, Ornish, Weight  Watchers, and Zone diets for weight loss and heart disease risk reduction. 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Volek JS, Sharman MJ, Love  DM, Avery NG, Gómez AL, Scheett TP, et al. Body Composition and Hormonal  Responses to a Carbohydrate Restricted Diet. Metabolism. 2002; 51: 864- 70.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486186&pid=S0004-0622200800020000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">39. Sherwin RS, Handler RG,  Felig R. Effect of ketone infusions on amino acid and nitrogen metabolism in man.  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The effects of a low-carbohydrate ketogenic  diet and a low-fat diet on mood, hunger, and other self-reported symptoms.  Obesity. 2007; 15:182-87.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=486189&pid=S0004-0622200800020000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">42. Westman EC, Yancy WS, Edman  JS, Tomlin KF, Perkins CE. Effect of 6-month adherence to a very low  carbohydrate diet program. 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