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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Carga ácida potencial renal de la dieta en niños de 2 a 6 años]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[High protein intake increases endogenous acid production, which may lead to metabolic acidosis, decrease in bone and muscle mass, hipercalciuria and urolithiasis, among other disorders. Objective: Estimate and analyze the Potential Renal Acid Load (PRAL) of the diet in children from two to six years of age. Methods: The study is descriptive, cross-sectional and correlational wich included fifty two children who assisted to an ambulatory well child clinic in Carrizales, Miranda State, Venezuela. The main variables studied were: (1) Macronutrient food intake and diet pattern which was assessed by a 24 hour recall (24hR) and a food frequency questionnaire (FFQ). The 24hR allowed to evaluate nutritional adequacy and the FFQ, the diet quality, as well as diet protection and risk factors. Nutrient intake was compared with national and international recommendations; (2) PRAL was determined according to Remer and Manz. Statistical analysis was performed by means of the SPSS, v17.0 software. Results: Protein intake was high in 46,15% of the children. Food groups with the highest unbalance were meat and dairy products for excessive intake and fruits and vegetables for defective intake, both of which represent risk factors for acid production. PRAL was positive in 92% of the children and was positively correlated (p<0.05) with intake of energy, proteins, fat and with the food groups of meat and dairy. Conclusion: The diet of the studied children was characterized by an excessive acid load with the risk for the generation of systemic acidosis and its metabolic consequences.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana" LANG="JA" COLOR="#231f20">     <p ALIGN="center"><b>Carga ácida potencial renal de la dieta en niños de 2 a 6  años</b></p> </font>  <font FACE="Verdana" LANG="JA" SIZE="2" COLOR="#231f20">     <p ALIGN="center"><b>Mayerling López (1), Jennifer Bernal (2), Michelle López (3)</b></p>     <p><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">(1)  Magister en Nutrición, Nutricionista.“Instituto de Previsión y Asistencia Social  para el personal del Ministerio del Poder Popular para la Educación” (IPASME).  Carrizal, Edo Miranda, Venezuela</span></p>     <p><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">(2)  Doctor en Ciencias, Magister en Nutrición, Nutricionista. Universidad Simón  Bolívar. Caracas-Venezuela</span></p> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; color: #231F20">(3)  Nefrólogo pediatra. Servicio de Nefrología. Hospital de Niños JM de los Ríos.  Caracas. Departamento de Pediatría. Centro Médico Docente La Trinidad.  Caracas-Venezuela</span>    <p ALIGN="justify">Primer premio del LVIII Congreso Nacional de Pediatría 2012</p>     <p ALIGN="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p ALIGN="justify">El consumo proteico excesivo incrementa la producción  endógena de ácido, lo que puede conducir a acidosis metabólica, pérdida de masa  ósea, hipercalciuria, urolitiasis, retardo del crecimiento y sarcopenia, entre  otros. <b>Objetivo</b>: Estimar y analizar la Carga Ácida Potencial Renal (CAPR)  de la dieta en niños de 2 a 6 años. <b>Métodos</b>: Estudio descriptivo y  transversal, que incluyó 52 niños de la consulta de niños sanos del Instituto de  Previsión y Asistencia Social del Ministerio del Poder Popular para la Educación,  estado Miranda. Las principales variables estudiadas fueron: (1) consumo de  macronutrientes, y patrón alimentario evaluado mediante recordatorio de 24 horas  (R24h) y cuestionario de frecuencia de consumo (CFC). El R24H permitió  determinar adecuación nutricional y el CFC la calidad de la dieta y factores de  protección y riesgo dietético para una mayor carga ácida de la dieta. El consumo  de nutrientes se comparó con recomendaciones nacionales e internacionales; (2)  la CAPR según el método de Remer y Manz. Para el análisis estadístico se utilizó  el programa SPSS, v17.0. <b>Resultados</b>: El consumo de proteínas estuvo  elevado en 46,15% de los niños. Los alimentos con mayor desbalance fueron:  carnes y lácteos por consumo excesivo, frutas y hortalizas por consumo  deficiente. La CAPR fue positiva en 96,2% de los niños y se correlacionó  positivamente (p&lt;0,05) con el consumo de energía, proteínas, grasas, carnes y  lácteos. <b>Conclusión</b>: La dieta de los niños estudiados se caracterizó por  su excesiva carga ácida con el consecuente riesgo para la generación de ácidosis  sistémica y sus consecuencias metabólicas.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Palabras Clave</b>: acidosis tubular renal, proteínas en  la dieta, frutas, verduras, preescolar.</p>     <p ALIGN="center"><b>Potential renal acid load in children from 2 to 6 years of  age</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><b>SUMMARY</b></p>     <p ALIGN="justify">High protein intake increases endogenous acid production,  which may lead to metabolic acidosis, decrease in bone and muscle mass,  hipercalciuria and urolithiasis, among other disorders. <b>Objective</b>:  Estimate and analyze the Potential Renal Acid Load (PRAL) of the diet in  children from two to six years of age. <b>Methods</b>: The study is descriptive,  cross-sectional and correlational wich included fifty two children who assisted  to an ambulatory well child clinic in Carrizales, Miranda State, Venezuela. The  main variables studied were: (1) Macronutrient food intake and diet pattern  which was assessed by a 24 hour recall (24hR) and a food frequency questionnaire  (FFQ). The 24hR allowed to evaluate nutritional adequacy and the FFQ, the diet  quality, as well as diet protection and risk factors. Nutrient intake was  compared with national and international recommendations; (2) PRAL was  determined according to Remer and Manz. Statistical analysis was performed by  means of the SPSS, v17.0 software. <b>Results</b>: Protein intake was high in  46,15% of the children. Food groups with the highest unbalance were meat and  dairy products for excessive intake and fruits and vegetables for defective  intake, both of which represent risk factors for acid production. PRAL was  positive in 92% of the children and was positively correlated (p&lt;0.05) with  intake of energy, proteins, fat and with the food groups of meat and dairy. <b> Conclusion</b>: The diet of the studied children was characterized by an  excessive acid load with the risk for the generation of systemic acidosis and  its metabolic consequences.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Key words</b>: acidosis, renal tubular, dietary proteins,  fruit, vegetables, child, preschool.</p>     <p ALIGN="justify">Recibido: 9/7/2012 Aceptado: 10/9/2012</p>     <p ALIGN="justify"><b>INTRODUCCIÓN</b></p>     <p ALIGN="justify">La homeostasis ácido-base es fundamental para el organismo.  Este delicado equilibrio puede ser alterado por la dieta moderna, especialmente  por la de origen occidental debido a su elevado contenido en elementos  formadores de ácido provenientes de alimentos de origen animal, en comparación  con los alimentos alcalinos precursores del anión bicarbonato contenidos en el  grupo de frutas y hortalizas. Mientras más precursores de ácido contiene la  dieta, mayor es el grado de acidez sistémica que se produce (1).</p>     <p ALIGN="justify">El aumento moderado en la sangre de los niveles de iones de  hidrógeno como consecuencia de una composición desequilibrada de la dieta,  conlleva a una caída en la concentración extracelular de bicarbonato, que puede  tener consecuencias a largo plazo para la aparición y progresión de diversas  condiciones patológicas (2, 3).</p>     <p ALIGN="justify">El exceso en el consumo de proteínas de origen animal,  cereales, granos y sodio ha demostrado tener un efecto positivo sobre la  acidificación de la sangre, principalmente debido al metabolismo de los  aminoácidos azufrados, cisteína y metionina (1,4). Este aumento de la producción  endógena de ácidos ocasiona una acidosis metabólica que induce a los sistemas  homeostáticos acido-base del esqueleto a aumentar la resorción ósea para liberar  sales alcalinas (citrato de calcio y de potasio) en defensa del equilibrio ácido  base. Dicha acidosis conduce a una disminución progresiva del contenido mineral  óseo, originando hipercalciuria, riesgo de presentar osteoporosis en el adulto,  retardo del crecimiento en los niños, formación de cálculos renales, entre otras  patologías (1,4-6).</p>     <p ALIGN="justify">Los grupos de alimentos que utiliza el organismo como  estrategia para mejorar el equilibrio ácido-base de la dieta, sin disminuir el  consumo de los alimentos formadores de ácidos son las frutas y hortalizas. El  aumento de la ingesta de estos alimentos, gracias a su carga alcalina, disminuye  la excreción urinaria de calcio, disminuye la resorción ósea, y previene la  aparición de de cálculos renales y de osteoporosis. (1;4,6-8).</p>     <p ALIGN="justify">Existen diferentes técnicas para medir la carga ácida de la  dieta. Frassetto y col sugirieron utilizar la relación proteína/ potasio como un  indicador del balance ácido base de la dieta, tomando en consideración sólo un  componente de cada lado del balance ácido base (9). Otro método establecido para  estimar la carga ácida de los alimentos y de la dieta es el cálculo de la Carga  Ácida Potencial Renal (CAPR) o PRAL, por sus siglas en la nomenclatura inglesa (Potencial  Renal Acid Load). Este método desarrollado por Manz y Remer en Alemania estima  la producción endógena de ácido en exceso del nivel de álcali producido por una  cantidad determinada de alimentos ingeridos diariamente (10). El concepto del  cálculo de la CAPR tiene bases fisiológicas y toma en consideración diferentes  ratas de absorción intestinal de minerales y de proteínas sulfuradas, así como  también el sulfato producido por el metabolismo proteico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Aunque el impacto del balance ácido base en el organismo,  especialmente sobre el hueso y el riñón, es aceptado ampliamente, han sido pocos  los estudios publicados sobre la carga ácida de la dieta en personas sanas,  especialmente en niños (11-14). En la literatura médica latinoamericana y  nacional no se encontraron publicaciones en relación a este tópico.</p>     <p ALIGN="justify">El objetivo del presente trabajo es estimar y analizar la  carga ácida potencial renal de la dieta y su relación con factores asociados en  niños y niñas de 2 a 6 años provenientes de la consulta de atención para niños  sanos del “Instituto de Previsión y Asistencia Social para el personal del  Ministerio del Poder Popular para la Educación” (IPASME) Carrizal, Edo.  Miranda-Venezuela”.</p>     <p ALIGN="justify"><b>MÉTODOS</b></p>     <p ALIGN="justify">El estudio es descriptivo, transversal y correlacional. Se  realizó en el servicio de consulta de atención para niños sanos que se  desarrolla en el “Instituto de Previsión y Asistencia Social para el personal  del Ministerio del Poder Popular para la Educación” (IPASME), ubicado en el  municipio Carrizal del Edo. Miranda – Venezuela.</p>     <p ALIGN="justify">El universo del estudio estuvo constituido por 133 sujetos  que asistieron a la consulta de atención para niños sanos del “IPASME – Carrizal”,  con edades comprendidas entre 2 y 6 años de edad, en el período de noviembre de  2009 a febrero de 2010.</p>     <p ALIGN="justify">La muestra fue de tipo no probabilístico. La muestra total  fue de 52 niños y niñas seleccionados de manera intencional y por conveniencia,  si cumplían con los criterios de inclusión y exclusión durante el periodo  determinado para la recolección de los datos. Previamente, se efectuaron visitas  a la consulta de atención para niños sanos, con el propósito de realizar una  revisión y análisis de las historias clínicas, así como entrevistas a los  médicos para verificar la afluencia de pacientes, lo cual permitió definir la  muestra estudiada. Se realizó una prueba piloto a 10 niños en un preescolar a  fin de probar los instrumentos de recolección de datos.</p>     <p ALIGN="justify">Para captar a los padres de los niños se realizó un contacto  telefónico a fin pautar una cita de evaluación. Se les explicó detalladamente  los objetivos de la investigación y su importancia. Durante la consulta  nutricional, se verificaron los antecedentes personales y familiares del niño y  si estaban o no consumiendo algún tipo de medicamentos. Se excluyeron niños con  presencia de patologías agudas que interfirieran con la ingesta habitual, tales  como cuadros febriles o gastrointestinales, al igual que aquellos niños que  estuviesen recibiendo algún medicamento (antibióticos, antipiréticos) que  alteraran los resultados del estudio. Finalmente, la muestra estuvo constituida  por 52 niños aparentemente sanos con edades comprendidas entre 2 y 6 años de  edad.</p>     <p ALIGN="justify">Para diseñar el cuestionario de frecuencia de consumo (CFC),  se utilizaron como base los resultados de un recordatorio de 24 horas (R24H) que  fue aplicado por la autora principal y fue dirigido a los padres y/o  representantes de los niños seleccionados, utilizando como herramienta de apoyo  los modelos bidimensionales que permitieron orientar sobre los alimentos  consumidos y estimar la porción servida. Se consideró la hora de consumo, la  preparación de las comidas y la cantidad de alimento y bebidas reportadas,  utilizando como apoyo las medidas prácticas de consumo convencional, información  importante para determinar las características del patrón de consumo alimentario.  Este método evaluó la ingesta actual de los individuos. En la entrevista se  tomaron en consideración las cantidades de alimentos y bebidas consumidas, los  ingredientes para la preparación, los métodos de cocción, nombre de las marcas  de los alimentos consumidos, uso de suplementos vitamínicos y minerales, horario  de las comidas, entre otros.</p>     <p ALIGN="justify">El cuestionario de frecuencia de consumo diseñado con base al  R24h, permitió estimar el consumo usual de los niños y evaluar la frecuencia de  consumo por grupo de alimentos. Constó de 58 alimentos y cinco opciones de  respuestas: diario, 3-4 veces por semana, quincenal, mensual y nunca asociadas a  la frecuencia de consumo de las mismas (15). El CFC permitió identificar  factores de riesgo (alimentos proteicos de origen animal tales como lácteos,  cárnicos, pescados, pollo y embutidos) y de protección dietética (frutas y  hortalizas en forma entera o jugo) que pudieran influir de manera positiva o  negativa en la CAPR de la dieta. Las frutas y hortalizas se asocian a la  protección dietética como formadores de base y el pescado, pollo, carnes rojas,  productos cárnicos, productos lácteos y granos, fueron asociados a factores de  riesgo como alimentos formadores de ácidos.</p>     <p ALIGN="justify">Se calculó la línea de la pobreza, comparando el ingreso  familiar con la canasta básica de alimentos establecida por el Instituto  Nacional de Estadística para la población venezolana en el período establecido  para dicho estudio (16).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">Se determinó la ingesta de nutrientes en base a energía,  proteínas, grasas y carbohidratos comparándola con los Valores de Referencia de  Energía y Nutrientes para la Población Venezolana para las edades estudiadas  establecidas por el Instituto Nacional de Nutrición (INN) en el año 2000. Para  el presente estudio se estableció un ajuste a la recomendación de 35% de grasas  y un 53% de carbohidratos en base al requerimiento calórico para niños de 2 a 3  años, mientras que para los niños de 4 a 6 años de edad, el ajuste fue de 30% de  grasas y 58% de carbohidratos. Con respecto a los productos comerciales que no  aparecían en la Tabla de Composición de Alimentos Venezolana (17), los valores  nutricionales se obtuvieron a través de su etiquetado nutricional. Esta a su vez,  permitió realizar la adecuación de nutrientes de los niños estudiados,  utilizando como referencia la propuesta del National Research Council 1989, la  cual considera porcentajes de &lt;85, de 85 a 115 y &gt; de 115, como consumos bajo,  adecuado y alto respectivamente (18).</p>     <p ALIGN="justify">Los datos obtenidos permitieron evaluar la calidad de la  dieta consumida por los niños, los cuales fueron comparados con las Guías de  Alimentación para el Preescolar, establecidas por el INN (17), el Departamento  de Agricultura de los Estados Unidos de Norteamerica (19) y por el Instituto  Nacional de Tecnologías de Alimentos de Chile (20)</p>     <p ALIGN="justify"><b>Consumo de los alimentos según la CAPR:</b></p>     <p ALIGN="justify">Tomando como base la lista de alimentos con su nivel de CAPR  establecida por Remer y Manz en 1995, en cada niño se calculó la CAPR de la  dieta y de los alimentos consumidos y reportados en el R24H por medio de una  regla de tres. La carga ácida potencial renal se calcula a partir de la ingesta  diaria de nutrientes con base a 100 g de alimento cocido, la cual se deriva de  la fórmula de cálculo para la excreción neta de ácido por el método indirecto.  Los valores negativos de la CAPR indican un exceso de formadores de base (frutas  y hortalizas) y valores positivos indican un exceso de formadores de ácidos (pescado,  carne y productos cárnicos, leche y productos lácteos) Una vez obtenidos los  diferentes niveles de la CAPR de los alimentos consumidos, éstos fueron  comparados con los valores establecidos por Remer y Manz, 1995 para determinar  el equilibrio ácido –base de la dieta (10).</p>     <p ALIGN="justify"><b>Análisis de la información:</b></p>     <p ALIGN="justify">Todos los datos fueron sometidos al análisis estadístico a  través del paquete SPSS para Windows versión 17.0, en la cual se aplicaron  estadísticas descriptivas básicas (media, desviaciones estándar, valor máximo y  mínimo y frecuencias). Se realizó adicionalmente, estadística bivariada  utilizando las correlaciones de Pearson entre la CAPR de la dieta con las  siguientes variables: consumo energético y de macronutrientes, raciones de  alimentos consumidos diariamente. En cada uno se determinó el nivel de  significancia considerando al menos una p &lt; 0,05 (21). </p>     <p ALIGN="justify"><b>RESULTADOS</b></p>     <p ALIGN="justify">La muestra de estudio estuvo constituida por 52 niños en edad  preescolar, 25 del sexo masculino (48,1%) y 27 del sexo femenino (51,9%). Las  edades estuvieron comprendidas entre 2 y 6 años, con predominio del grupo de 4 a  6 años (59,6%).</p>     <p ALIGN="justify">En relación con el ingreso del grupo familiar comparado con  el costo de la canasta básica alimentaria establecida por el INE para el período  de estudio (16), se pudo observar que 50 niños (96,2%) clasificaron como no  pobres, mientras que 3,8% (n=2) fueron pobres</p>     <p ALIGN="justify">Características alimentarias de los niños y niñas estudiados</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">El consumo de energía y nutrientes de los niños y niñas  evaluados se especifica en el <a href="#cua1">Cuadro 1</a>.</p>     <p ALIGN="center"><a name="cua1"> <img border="0" src="/img/fbpe/avpp/v75n3/art04cua1.gif" width="363" height="207"></a></p>     
<p ALIGN="justify">En el <a href="#cua2">Cuadro 2</a> se puede visualizar la adecuación de energía y  proteínas de los niños evaluados, clasificada como consumo bajo, adecuado y  alto. El 52% de los niños presentó un consumo calórico dentro de los rangos  recomendados, con un predominio de los niños de 4 a 6 años con el 32%; este  mismo comportamiento se observó en las niñas. El consumo de proteínas para ambos  sexos fue alto en el 52% de los niños y en el 40,7% de las niñas. El consumo  alto de este nutriente se presentó en los niños de 4 a 6 años con un 32%, al  contrario de las niñas cuyo consumo por encima de lo recomendado estuvo presente  en el grupo de 2 a 3 años con 22,2% (<a href="#cua2">Cuadro 2</a>).</p>     <p ALIGN="center"><a name="cua2"> <img border="0" src="/img/fbpe/avpp/v75n3/art04cua2.gif" width="357" height="475"></a></p>     
<p ALIGN="justify">Patrón de consumo de alimentos de los niños estudiados</p>     <p ALIGN="justify"><b>Consumo de Lácteos</b></p>     <p ALIGN="justify">El 80,7% de los niños tuvieron un consumo de lácteos elevado.  Dicho consumo fue predominante en el grupo de 4 a 6 años, con un 46,1%. Se  evidenció que la mayoría de los niños estudiados presentaron un consumo de  lácteos (leche, yogurt y quesos) por encima de las recomendaciones establecidas  por el Instituto Nacional de Nutrición, 1999.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Consumo de Carnes</b></p>     <p ALIGN="justify">Entre los alimentos de mayor consumo semanal las carnes rojas  representaron el 90,4%, el pollo el 88,5%, los embutidos y el huevo el 65,4%  cada uno con predominio en los niños de 4 a 6 años en todos los alimentos  mencionados. Por otro lado los pescados fueron uno de los alimentos de este  grupo menos consumidos en la semana en un 25% de los niños.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Consumo de Frutas:</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">El consumo de frutas estuvo por debajo de las recomendaciones  en un 96,2% de los niños evaluados, especialmente en el grupo de 4 a 6 años.  Entre los alimentos menos consumidos diariamente se encontraron los jugos  naturales con un 46,2% y las frutas con un 15,4%.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Consumo de Hortalizas:</b></p>     <p ALIGN="justify">Al igual que las frutas, el consumo de hortalizas estuvo por  debajo de lo recomendado en los niños estudiados en un 76,9%, con igual  predominio en los niños de 4 a 6 años. Las hortalizas fueron uno de los  alimentos menos consumidos diariamente con un 11,6%.</p>     <p ALIGN="justify"><b>Consumo de Grasas</b>:</p>     <p ALIGN="justify">El consumo de grasas estuvo por debajo de lo establecido en  un 42,3%. De éste grupo de alimentos el aceite vegetal con un 96,2% (por su  mayor uso en las diversos métodos de cocción) y la margarina con un 84,6% fueron  los más consumidos a diario por parte de los niños.</p>     <p ALIGN="justify">Consumo de alimentos según el nivel de la Carga Ácida  Potencial Renal de la dieta</p>     <p ALIGN="justify">De los 52 niños estudiados, el 96,2% presentó un  desequilibrio ácido–base en su dieta, con un predominio de una dieta ácida. La  CAPR de la dieta fue superior en los niños con una media de 16,52 ± 15,68, un  mínimo de -8,88 (dieta alcalina) y un máximo de 62,83 (dieta muy ácida). Las  niñas presentaron una media de 12,24 ± 7,92 (<a href="#cua3">Cuadro 3</a>).</p>     <p ALIGN="center"><a name="cua3"> <img border="0" src="/img/fbpe/avpp/v75n3/art04cua3.gif" width="352" height="146"></a></p>     
<p ALIGN="justify">El plátano fue el principal contribuyente de la carga  alcalina en la dieta de los niños, siendo uno de los alimentos mayormente  consumidos en la semana con un 67,3%, mientras que la pasta y las carnes rojas  fueron el grupo de alimentos con aporte ácido más consumido por la muestra de  estudio en la semana, con 96,2% y 90,4% respectivamente. Es importante resaltar  que los lácteos fueron consumidos diariamente en un 82,7% por los niños y estos  incluyen a la leche y el yogurt ricos en álcalis y a los quesos ricos en ácidos.  La arepa presentó un consumo diario de un 51,8%, con un nivel de CAPR alto.</p>     <p ALIGN="justify">Análisis de la CAPR de la dieta con el consumo dietético  total y las raciones diarias de alimentos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">El <a href="#cua4">Cuadro 4</a> muestra la correlación de la CAPR de la dieta de  los niños evaluados y las raciones consumidas de alimentos. Se pudo evidenciar  que existe una asociación positiva estadísticamente significativa (p=0,002)  entre la CAPR y las raciones de carne consumidas por la muestra estudiada, es  decir, a mayor consumo de carne incrementa la CAPR de la dieta, por ende la  acidez de la misma, con predominio de este comportamiento en los niños. También  existe una relación positiva estadísticamente significativa (p= 0,012) entre la  CAPR y el consumo de lácteos.</p>     <p ALIGN="center"><a name="cua4"> <img border="0" src="/img/fbpe/avpp/v75n3/art04cua4.gif" width="454" height="317"></a></p>     
<p ALIGN="justify">En cambio existe una relación negativa no significativa entre  la CAPR de la dieta y el consumo de hortalizas y frutas por parte de los niños.</p>     <p ALIGN="justify">En el <a href="#cua5">Cuadro 5</a> se puede observar la correlación de la CAPR de  la dieta de los niños y niñas con el consumo de energía y nutrientes. Existe una  asociación positiva estadísticamente significativa entre la CAPR de la dieta y  el consumo de energía (p= 0,007), proteínas (p= 0,000) y grasa (p=0,003) por  parte de la muestra estudiada.</p>     <p ALIGN="center"><a name="cua5"> <img border="0" src="/img/fbpe/avpp/v75n3/art04cua5.gif" width="467" height="218"></a></p>     
<p ALIGN="justify"><b>DISCUSIÓN</b></p>     <p ALIGN="justify">El tema del exceso en el consumo de proteínas en la dieta de  niños y adolescentes tiene connotaciones particulares debido a que la sociedad  moderna vive en un paradigma que favorece el consumo de proteínas por encima de  los demás nutrientes y les adjudica una importancia inapropiada como factor  determinante en el crecimiento. Estudios nacionales e internacionales realizados  tanto en adultos como en niños, han reportado que en la mayoría de los países  industrializados y en muchos de los países en vías de desarrollo, el consumo de  proteínas excede las recomendaciones establecidas internacionalmente (22). Los  estudios publicados en nuestro país reportan porcentajes de adecuación entre 121  y 209 % con respecto a los requerimientos recomendados para las diferentes  edades. Aún en poblaciones de bajos recursos, algunos autores han reportado que  más de 50% de los niños consumen una dieta hiperproteica (23-25). Los niños del  presente estudio, igualmente presentaron un elevado consumo de proteínas de  origen animal, mientras que el de frutas y hortalizas fue bajo, conllevando con  ello a un mayor riesgo de consumir dietas con elevado contenido ácido.</p>     <p ALIGN="justify">Las consecuencias metabólicas de las dietas hiperproteicas y  ricas en cloruro de sodio son de variada índole, incluyendo alteraciones del  balance ácido base y electrolítico, del metabolismo óseo, de la función renal y  de la función endocrina tales como alteraciones en los niveles de hormona de  crecimiento, IGF-1, insulina, glucocorticoides, hormona tiroidea, hormona  paratiroidea y vitamina D (22). Las consecuencias clínicas de estas respuestas  metabólicas anormales incluyen trastornos del crecimiento en niños, pérdida de  hueso y masa muscular en adultos, así como hipercalciuria y urolitiasis tanto en  el niño como en la edad adulta. Es importante el hecho de que las alteraciones  en el metabolismo óseo y muscular pueden estar presentes aún con niveles de  bicarbonato sérico levemente disminuidos, dentro de los rangos aceptados como  normales. La mayoría de estos trastornos metabólicos se relacionan con la carga  ácida proveniente del exceso de proteínas en la dieta, la cual sobrepasa la  capacidad de los sistemas amortiguadores ante condiciones de acidosis metabólica  (22,26-28).</p>     <p ALIGN="justify">El consumo de proteínas en los niños del presente estudio  estuvo elevado cuando se comparó con los requerimientos de proteínas para ambos  sexos independientemente de su edad. La media del consumo de proteínas en g/kg/día  estuvo dentro de los rangos establecidos en los Valores de Referencia de Energía  y Nutrientes para la Población Venezolana, 2000 (29). Sin embargo se pudo  observar que existe un grupo de la muestra que presenta un consumo de proteínas  muy superior a las recomendaciones nacionales. En este sentido es importante  señalar que los requerimientos de proteínas sugeridos por el INN en el año 2000  prácticamente duplican las recomendaciones internacionales. Por este motivo, se  podría asumir que, tanto la adecuación en ingesta de proteínas como el número de  niños que consumieron dietas hiperproteicas serían el doble de lo que se ha  señalado para la muestra estudiada, si se compara con los requerimientos  proteicos recomendados internacionalmente</p>     <p ALIGN="justify">Por otra parte, el consumo de frutas y hortalizas estuvo por  debajo de lo recomendado en la gran mayoría de los niños. Las madres o  representantes refirieron que las frutas eran consumidas uno o dos días de la  semana preferiblemente en jugos naturales y con poca variedad en las mismas. Las  hortalizas eran consumidas una sola vez a la semana, como parte de diversas  preparaciones (guisos, en crema junto a las verduras, en sopas, entre otros) y  muy poco en ensaladas. Este bajo consumo de frutas y hortalizas por los niños  estudiados es alarmante, ya que se ha demostrado en estudios epidemiológicos,  que estos alimentos contribuyen a incrementar la calidad de la dieta y son  utilizados como estrategia para mejorar el equilibrio ácido-base de la misma,  sin disminuir el consumo de alimentos formadores de ácidos. (1,4,6-8).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">En un estudio regional realizado en niños de 4 a 14 años, en  una comunidad urbana en pobreza al norte de Valencia – Venezuela, cuyo objetivo  era determinar el patrón de consumo usual, se observó que las frutas y las  hortalizas se encontraban entre los alimentos menos consumidos, lo cual coincide  con los resultados arrojados en la presente investigación (30).</p>     <p ALIGN="justify">Hoy en día, debido al fenómeno de la industrialización y a la  adopción de estilos de vida poco saludables, se han sustituido las frutas y  hortalizas por alimentos productores de ácidos, tales como los de origen animal,  los granos y los cereales. Por ello, la carga ácida neta de las dietas  occidentales en la actualidad, alcanzan un promedio de 50-100 mEq/día (acidogénicas),  lo cual puede producir, a largo plazo, condiciones de acidosis metabólica  crónica de bajo grado, con las consecuentes alteraciones metabólicas de  numerosas funciones del organismo.</p>     <p ALIGN="justify">Alimentos tales como el pescado, las carnes (rojas y blancas),  los quesos y muchos productos de granos tienen una CAPR elevada. La leche y los  productos lácteos diferentes al queso, tales como el yogurt, tienen una CAPR  positiva, aunque más baja que las carnes y los cereales. Por el contario, las  frutas y las hortalizas tienen una CAPR negativa, lo cual significa que producen  cenizas alcalinas. Éstas constituyen la mayor fuente de amortiguadores en la  dieta.</p>     <p ALIGN="justify">El desequilibrio ácido–base que se presenta con dietas de  elevada carga ácida puede conllevar a largo plazo a una progresiva disminución  del contenido mineral óseo, originando hipercalciuria, formación de cálculos  renales y retardo del crecimiento, entre otras patologías (4-6,31). La  asociación entre la CAPR elevada y la pérdida de masa ósea ha sido confirmada en  estudios recientes (32,33), inclusive en niños con excreciones urinarias de  calcio en los rangos superiores de los valores aceptados como normales (34).</p>     <p ALIGN="justify">En el presente estudio, la CAPR permitió obtener la cantidad  de ácidos (valores positivos) ó de álcalis (valores negativos) en cada uno de  los alimentos consumidos por la muestra total en base a 100gr de alimento cocido  o listo para consumir. La suma de ellas permitió obtener el equilibrio en la  dieta de cada uno de los niños. La mayoría de los 52 niños estudiados presentó  un desequilibrio ácido – base en su dieta, con un predominio de las dietas  ácidas. Esto pudiese estar relacionado con el alto consumo semanal de alimentos  formadores de ácidos, como lo son la carne, el pollo, los granos y la pasta, y  por el bajo consumo de alimentos formadores de álcalis como son las frutas y  hortalizas.</p>     <p ALIGN="justify">Existe un consenso científico de que la dieta puede afectar  considerablemente el estado ácido base del organismo. Las investigaciones de  Remer y col han evidenciado que la carga ácida de una persona puede ser  manipulada por la dieta (35). Las dietas occidentales se consideran acidogénicas  debido a la elevada cantidad de proteínas de origen animal y a un insuficiente  consumo de frutas y hortalizas. Esto se asocia con una alta carga de ácido y una  baja ingesta de minerales formadores de base, tales como potasio, magnesio y  calcio. Todo esto puede conllevar a una acidosis subclínica de bajo grado (36).  Este comportamiento se observó en los niños estudiados, en quienes el consumo de  las raciones de frutas y hortalizas (alimentos formadores de base) estuvo por  debajo de las recomendaciones establecidas por el INN, 1999 y la adecuación de  proteínas consumidas en el R24H estuvo por encima de lo recomendado en casi la  mitad de la población estudiada.</p>     <p ALIGN="justify">La CAPR de la dieta fue superior en los niños estudiados  cuando se les comparó con las niñas, en un comportamiento similar al observado  en un grupo de niños y adolescentes de 6 a 18 años de edad que participaron en  el DONALD Study alemán, el cual recoge datos detallados sobre la dieta y el  crecimiento en sujetos sanos desde la infancia hasta la edad adulta. En dicho  estudio la CAPR de la dieta en los pre-púberes fue superior en los niños (8,8  mEq/d) en comparación con las niñas (8,1 mEq/d), con un consumo alto de  proteínas de 48,5 g/d y 43,0 g/d en niños y niñas respectivamente (8).</p>     <p ALIGN="justify">Cuando se relacionó la CAPR de la dieta con el consumo de las  raciones diarias de alimentos en los niños del presente estudio, se pudo  evidenciar una asociación positiva estadísticamente significativa entre la CAPR  y las raciones de carne consumidas por la muestra estudiada; es decir, a mayor  consumo de carne se incrementa la CAPR de la dieta y por ende la acidez de la  misma. También existe una relación positiva estadísticamente significativa entre  la CAPR y el consumo de lácteos.</p>     <p ALIGN="justify">Por otra parte, se encontró una relación negativa no  significativa entre la CAPR de la dieta y el consumo de hortalizas y frutas por  parte de los niños estudiados, lo que significa que a mayor consumo de estos  alimentos en la dieta menor será la CAPR. Estos alimentos son factores  protectores de la dieta por su alto contenido en potasio y magnesio, nutrientes  formadores de base.</p>     <p ALIGN="justify">En el estudio longitudinal alemán Donald, cuya finalidad fue  recabar datos detallados sobre la dieta, el crecimiento, desarrollo y  metabolismo en 720 niños y adolescentes de 3 a 18 años, se reportaron resultados  similares a los arrojados en la presente investigación. Se presentó una  asociación negativa entre la CAPR de la dieta y el consumo de frutas y  hortalizas, y una asociación positiva con el consumo de lácteos y sus derivados,  los cereales y las carnes. La media diaria de CAPR de dicho estudio fue positiva  en todas las edades y sexo, siendo significativamente mayor en niños que en  niñas después de los 8 años (37).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify">En un estudio de Cohorte de la salud ósea de los adolescentes  de Hong Kong, China con edades comprendidas entre 10 y 12 años, se analizó la  ingesta diaria de nutrientes para explorar la asociación entre la composición de  la dieta y la excreción endógena neta de acido. Se logró determinar que dicha  excreción tuvo una correlación positiva estadísticamente significativa con el  consumo de carne y negativa con el consumo de frutas, hortalizas y productos  lácteos (38). Esta investigación también revela que los adolescentes de Hong  Kong presentaron consumos medios de proteína superiores a Ios requerimientos  recomendados, lo cual coincide con los resultados del presente estudio.</p>     <p ALIGN="justify">Se concluye que la mayoría de los niños y niñas estudiados  presentó inadecuados hábitos de alimentación caracterizados principalmente por  un elevado consumo de proteínas, grasas y carbohidratos, aunados a un consumo  deficiente de frutas y hortalizas, todo lo cual genera un desequilibrio ácido–base  de la dieta, con un predominio de CAPR positiva</p>     <p ALIGN="justify">Las consecuencias de este desequilibrio podrían ser  prevenidas y tratadas con una dieta balanceada y variada que incluya la cantidad  adecuada de todos los grupos de alimentos. En este sentido, la educación  nutricional juega un papel fundamental desde edades muy tempranas, en las cuales  el desequilibrio ácido-base que se presenta frecuentemente en individuos  aparentemente sanos pudiese estar causado por inadecuados hábitos de  alimentación.</p>     <p ALIGN="justify"><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p ALIGN="justify">1. Frassetto LA Morris RC, Sellmeyer DE, Todd K, Sebastian A.  Diet, evolution and aging. The pathophysiologic effects of the post-agricultural  inversion of the potassium-to-sodium and base-to-chloride ratios in the human  diet. Eur J Nutr 2001; 40(5):200-213.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919843&pid=S0004-0649201200030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">2. Bushinsky DA. Acid-base imbalance and  the skeleton. Eur J Nutr 2001; 40(5):238-244.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919844&pid=S0004-0649201200030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">3. Vormann J, Remer T. Dietary,  metabolic, physiologic, and disease- related aspects of acid-base balance:  Foreword to the contributions of the second international acid-base symposium.  Nutr 2008; 138 Suppl: 413-414.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919845&pid=S0004-0649201200030000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">4. Jajoo R, Song L, Rasmussen H, Harris SS,  Hughes BD. Dietary acid-base balance, bone resorption, and calcium excretion. J  Am Colleg Nutr 2006; 25(3):224-230.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919846&pid=S0004-0649201200030000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">5. Mente A, Honey RJ, McLaughlin JM, Bull  SB, Logan AG. High urinary calcium excretion and genetic susceptibility to  hypertension and kidney stone disease. J Am Soc Nephrol 2006; 17:2567-2575.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919847&pid=S0004-0649201200030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">6. Frassetto LA, Morris RC, Sellmeyer DE, Sebastian A. Adverse Effects of sodium  chloride on bone in the aging human population resulting from habitual  consumption of typical american diets. Nutr 2008; 138 Suppl:419-422.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919848&pid=S0004-0649201200030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">7. Shlipak  M, Breen CS. Observational research databases in renal disease. J Am Soc Nephrol  2005; 16:3477-3484.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919849&pid=S0004-0649201200030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">8. Ute A, Remer T, Manz F, Neu CM, Schoenau E. Long-term  protein intake and dietary potential renal acid load are associated with bone  modeling and remodeling at the proximal radius in healthy children. Am J Clin  Nutr 2005; 82:1107-1114.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919850&pid=S0004-0649201200030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">9. Frassetto LA, Todd KM, Morris RC, Jr., Sebastian A.  Estimation of net endogenous noncarbonic acid production in humans from diet  potassium and protein contents. Am J Clin Nutr. 1998;68:576-583.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919851&pid=S0004-0649201200030000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">10. Remer T, Manz F. Potential renal acid load of foods and its influence on urine pH. J Am  Diet Assoc 1995; 95:791-797.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919852&pid=S0004-0649201200030000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">11. Jurgen V, Hannelore D. The role of nutrition in  human acidbase homeostasis. Eur J Nutr 2001;40(5):187-188.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919853&pid=S0004-0649201200030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">12. Kalhoff H, Manz F.  Nutrition, acid-base status and growth in early childhood. Eur J Nutr 2001;  40(5):221-230.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919854&pid=S0004-0649201200030000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">13. Remer T. Influence of Diet on Acid-Base Balance. Seminars  Dialysis 2000; 13(4):221-226.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919855&pid=S0004-0649201200030000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">14. Remer T. Influence of nutrition on acid-base  balance-metabolic aspects. Eur J Nutr 2001; 40(5):214-220.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919856&pid=S0004-0649201200030000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">15. Gibson R.  Principles of Nutritional Assessment. Segunda edición. Oxford University Press.  New York 2005, pp. 41 – 59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919857&pid=S0004-0649201200030000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">16. Instituto Nacional de Estadística (INE).  Productos de la canasta alimentaria con mayor consumo aparente diario por  persona. Venezuela; 2010: Consultado en Junio 2011. Disponible en:  <a href="http://www.ine.gov.ve/consumo/consumo.asp">http://www.ine.gov.ve/consumo/consumo.asp</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919858&pid=S0004-0649201200030000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">17. Instituto Nacional de Nutrición (INN). Guías de Alimentación para el  Preescolar. Caracas: INN; 1999&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919859&pid=S0004-0649201200030000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">18. National Research Council (NRC). Subcommittee  on the tenth edition of the RDAs. Recommended dietary alowances. Décima edición.  Washington: National Academy Press; 1989. pp 52-77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919860&pid=S0004-0649201200030000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">19. U.S Department of Agriculture (USDA). Food and Nutrition  Service; 2008: . Disponible en: <a href="http://www.fns.usda.gov/ora/menu/Published/snap/FILES/Participation/NHANESFSP.pdf"> http://www.fns.usda.gov/ora/menu/Published/snap/FILES/Participation/NHANESFSP.pdf</a>.  Consultado en abril 2012.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919861&pid=S0004-0649201200030000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">20. Instituto Nacional de Tecnología de Alimentos Universidad  de Chile. Guia de Alimentación Saludable. Disponible en <a href="http://www.inta.cl/material_educativo/cd/3GuiAli.pdf"> www.inta.cl/material_educativo/cd/3GuiAli.pdf</a>. Consultado en abril 2012.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919862&pid=S0004-0649201200030000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">21. Hernández S, Fernández C, Baptista L. Metodología de la  investigación. Cuarta </font>  <font FACE="Verdana" LANG="JA" SIZE="2" COLOR="#231f20"> edición. Ciudad de México, Mc Graw Hill; 2006. p. 407 – 498.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919863&pid=S0004-0649201200030000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">22. López M. Las dietas hiperproteicas y sus consecuencias metabólicas. An Venez  Nutr 2009; 22(2):95-104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919864&pid=S0004-0649201200030000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">23. Portillo Z, Solano L, Fajardo Z. Riesgo de  deficiencia de macro y micronutrientes en preescolares de una zona marginal;  Valencia, Venezuela. Invest Clín 2004; 45:17-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919865&pid=S0004-0649201200030000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">24. Nolan K, Schell LM, Stark  AD, Gómez MI. Longitudinal study of energy and nutrient intakes for infants from  low-income, urban families. Public Health Nutr 2002; 5:405-412.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919866&pid=S0004-0649201200030000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">25.  Torres-Cárdenas M, Mendez B, Landaeta-Jimenez M, Vazquez-Ramirez M. Consumo de  alimentos y estado nutricional según estrato socioeconómico en una población  infantil de Caracas. Arch Venez Puer y Ped 2011; 74: 2-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919867&pid=S0004-0649201200030000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">26. Prynne CJ, Ginty F,  Paul AA, Smith CB, Stear SJ, Jones SC, et al. Dietary acid–base balance and  intake of bone-related nutrients in Cambridge teenagers. Eu J Clin Nutr 2004;  58:1462-1471.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919868&pid=S0004-0649201200030000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">27. Frassetto LA, Lanham SA, Macdonald HM, Remer T, Sebastian A,  Tucker KL, et al. Standardizing Terminology for Estimating the Diet-Dependent Net  Acid Load to the Metabolic System. J Nutr 2007; 137:1491-1492.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919869&pid=S0004-0649201200030000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">28. Kerstetter  JE. Dietary protein and bone: a new approach to an old question. Am J Clin Nutr  2009; 90:1451-1452.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919870&pid=S0004-0649201200030000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">29. Instituto Nacional de Nutrición. Requerimientos  Nutricionales para la Población Venezolana. Revisión 2000. Serie Cuadernos  Azules. N° 53, Caracas: INN; 2001, 69p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919871&pid=S0004-0649201200030000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">30. Del Real SI, Fajardo Z, Solano L,  Páez MC, Sánchez A. Patrón de consumo de alimentos en niños de una comunidad  urbana al norte de Valencia – Venezuela. ALAN. 2005; 53(3):279-86. Disponible  en:  <a href="http://www.alanrevista.org/ediciones/2005-3/patron_consumo_alimentos.asp">http://www.alanrevista.org/ediciones/2005-3/patron_consumo_alimentos.asp</a>. Consultado  en abril 2012.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919872&pid=S0004-0649201200030000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">31. Philippe J. Dietary Protein: An Essential Nutrient For Bone  Health. J Am Colleg Nutr 2005; 24(6): 526S – 536S.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919873&pid=S0004-0649201200030000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">32. Remer T, Manz F, Alexy U,  Schoenau E, Wudy SA, Shi L. Long-term high urinary potential renal acid load and  low nitrogen excretion predict reduced diaphyseal bone mass and bone size in  children. J Clin Endocrinol Metab. 2011;96(9):2861-2868.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919874&pid=S0004-0649201200030000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">33. Remer T, Shi L, Alexy U. Potential renal acid load may more strongly affect bone size and mass  than volumetric bone mineral density. Bone. 2011;48(2):414-415.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919875&pid=S0004-0649201200030000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">34. Shi L, Libuda  L, Schönau E, Frassetto L, Remer T. Long term higher urinary calcium excretion  within the normal physiologic range predicts impaired bone status of the  proximal radius in healthy children with higher potential renal acid load. Bone.  2012;50(5):1026-1031.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919876&pid=S0004-0649201200030000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">35. Remer T, Dimitriou T, Manz F. Dietary potential renal  acid load and renal net acid excretion in healthy, free-living children and  adolescents. Am J Clin Nutr 2003; 77:1255–1260.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919877&pid=S0004-0649201200030000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">36. König D, Muser K, Dickhuth  HH, Berg A, Deibert P. Effect of a supplement rich in alkaline minerals on  acid-base balance in humans. J Nutr 2009; 8(23): 1-8. Consultado en Marzo  2012. Disponible en:  <a href="http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2702352/?tool=pubmed">http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2702352/?tool=pubmed</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919878&pid=S0004-0649201200030000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">37. Ute A, Kersting M, Remer T. Potential renal acid  load in the diet of children and adolescents: impact of food groups, age and  time trends. Public Health Nutr 2007; 11(3):300-306.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919879&pid=S0004-0649201200030000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify">38. Chan RSM, Woo J, Chan DCC, Cheung CSK, Lo DHS. Estimated  net endogenous acid production and intake of bone health-related nutrients in  Hong Kong Chinese adolescents. Eur J Clin Nutr 2009; 63(4):505-512.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2919880&pid=S0004-0649201200030000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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