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</front><body><![CDATA[ <P align="center"><font face="Times,Times New Roman" size="4">Gestaci&oacute;n y nacimiento en el Antiguo Egipto</font></P> <I><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=3>    <P align="center">Drs. Alberto Ramos, Dulce Mata</P> </FONT>    <P align="center"><font face="Times,Times New Roman" size="3">Departamento de Pediatr&iacute;a, Maternidad &quot;Concepci&oacute;n Palacios&quot;</font></P>      <P align="left"><font face="Times,Times New Roman" size="3">Recibido: 16-04-02</font> </I> <I><font face="Times,Times New Roman" size="3">Aceptado para publicaci&oacute;n: 30-05-02</font></P> </I><FONT FACE="Times,Times New Roman">     <P ALIGN="JUSTIFY">El conocimiento sobre la medicina egipcia nos ha llegado a trav&eacute;s de los llamados papiros m&eacute;dicos que llevan los nombres de sus descubridores, del lugar donde fueron hallados o de los museos donde se encuentran, en los que se describen cientos de diagn&oacute;sticos de todo tipo y se establecen numerosos tratamientos que mezclan los conocimientos m&eacute;dicos con la magia y la religi&oacute;n.  La ginecolog&iacute;a y obstetricia es tratada en el papiro de Kaun y la pediatr&iacute;a en el papiro de Berl&iacute;n.  Otras fuentes son fragmentos de piedra caliza donde se tomaban apuntes, cartas privadas y tambi&eacute;n encontramos valiosa informaci&oacute;n mediante el estudio de las momias y otros restos humanos</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1> (1)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">La anatom&iacute;a y fisiolog&iacute;a del aparato sexual femenino s&oacute;lo se conoci&oacute; a grandes rasgos.  Hay documentos que mencionan al &uacute;tero y los labios mayores como sus &lt;labios&gt;, los ovarios eran desconocidos, supon&iacute;an que la matriz flotaba libremente en la cavidad abdominal y que estaba conectada a secciones del aparato digestivo; esta idea origin&oacute; la creencia que relaciones sexuales no genitales, especialmente las orales, pod&iacute;an generar la concepci&oacute;n; tambi&eacute;n les permiti&oacute; darse una explicaci&oacute;n l&oacute;gica de la esterilidad, si una mujer no pod&iacute;a concebir, deb&iacute;a haber un bloqueo en esas uniones.  Se hac&iacute;an test pr&aacute;cticos de fertilidad consistente en colocar determinadas sustancias, tales como cebolla en la vagina y comprobar si su olor pod&iacute;a detectarse en su aliento al d&iacute;a siguiente, de igual manera se administraban por v&iacute;a vaginal preparados herb&aacute;ceos o harina de d&aacute;tiles disueltos en cerveza, si la mujer vomitaba no era est&eacute;ril.  Otras pruebas se basaban en observaciones externas: si una mujer padec&iacute;a de estrabismo era considerada incapaz de concebir, igualmente se tomaba en cuenta el estado de los senos, si eran firmes significaba que era posible la concepci&oacute;n, si eran fl&aacute;ccidos se pensaba que era muy dif&iacute;cil o imposible </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">La fertilidad era el bien m&aacute;s preciado para un matrimonio y ocupaba el centro de atenci&oacute;n de todo el mundo egipcio.  Cuando los escribas evocaban per&iacute;odos dram&aacute;ticos expresaban: &quot;Las mujeres son est&eacute;riles, no quedan embarazadas, la alegr&iacute;a se ha extinguido&quot;.  La esterilidad era considerada una maldici&oacute;n o desgracia, no hab&iacute;a mayor terror para la joven esposa que padecerla e inmediatamente la llevaban a consultas m&eacute;dicas y magos que intentaban remediarlas con terapias que consist&iacute;an en la introducci&oacute;n por v&iacute;a vaginal de d&aacute;tiles y otras sustancias o masajes en los muslos y vientre con sangre menstrual, a su vez ellas suplicaban ayuda a los dioses o esp&iacute;ritus de los muertos </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(1-4)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Los m&eacute;dicos egipcios eran muy famosos, sobre todo en especialidades tales como la ginecolog&iacute;a.  Dispon&iacute;an de test de embarazo que se basaban no en nociones cient&iacute;ficas, sino en analog&iacute;as.  As&iacute;, si un ser viviente se desarrollaba dentro del cuerpo de una mujer, su orina deb&iacute;a contener materia creativa capaz de estimular igualmente el crecimiento de ma&iacute;z u otras plantas.  Se colocaba cebada y trigo en dos bolsas de tela que deb&iacute;a regar a diario con orina, si ambos germinaban, es se&ntilde;al que dar&aacute; hijos. Si la cebada germina en primer lugar ser&aacute; un ni&ntilde;o (ya que en egipcio la palabra &quot;cebada&quot; es del g&eacute;nero masculino), si en cambio el trigo es el primero en germinar ser&aacute; una ni&ntilde;a (ya que la palabra &quot;trigo&quot; es del g&eacute;nero femenino), si no germinan ni uno, ni otro, no tendr&aacute; hijos </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2,3,5)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Disponemos de poca informaci&oacute;n sobre el curso del embarazo y sus complicaciones.  Las mujeres se pasaban la pre&ntilde;ez cubiertas de amuletos, ya que este per&iacute;odo era considerado como muy peligroso, generalmente prosegu&iacute;an su vida normal, frecuentemente extenuante hasta momentos antes del parto.  Daban a luz en el «pabell&oacute;n del nacimiento» que consist&iacute;a en un sencillo cobertizo hecho de ramas que conten&iacute;a tapices, cojines, cama, taburetes, objetos de aseo; situado en el jard&iacute;n o en el tejado de la vivienda, donde tambi&eacute;n permanec&iacute;an las dos semanas siguientes al parto.  Este tiempo serv&iacute;a para la «purificaci&oacute;n», porque se le consideraba impura durante su estado de gravidez.  Los relieves la muestran completamente desnuda, con el busto erguido, sentada sobre un &quot;taburete de nacimiento&quot; que era un asiento con un agujero suficientemente grande para que pasara el beb&eacute;, otras veces las vemos agachadas sobre cuatro ladrillos rituales.  El parto era dirigido por las comadronas que dispon&iacute;an de m&eacute;todos m&aacute;gicos y m&eacute;dicos para el desempe&ntilde;o de su trabajo, sujetaban a la parturienta por la espalda y los brazos, pronunciaban f&oacute;rmulas encantatorias, colocaban alrededor del vientre compresas hechas con ca&ntilde;as para acelerar el momento del nacimiento, recog&iacute;an al neonato en sus manos, facilitaban la expulsi&oacute;n de la placenta con duchas de aceite tibio que conten&iacute;a trozos triturados de una vasija hecha recientemente e intentaban mitigar los dolores mediante el suministro de bebidas embriagantes, principalmente cerveza o con la aplicaci&oacute;n de masajes con polvo de azafr&aacute;n disuelto en cerveza o polvo de m&aacute;rmol disuelto en vinagre.  Se invocaban dioses benefactores como Bes, representado como un enano feo, la diosa Ipet Tauret, una hembra hipop&oacute;tamo pre&ntilde;ada sostenida sobre las patas traseras, la diosa gata Bastest y la diosa vaca Hator y sobre la madre se colocaban cuchillos m&aacute;gicos de marfil en forma de medialuna, decorada con figuras de deidades tutelares, serpientes, leones, cocodrilos y animales fabulosos</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1> (1-3,6-9)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">El cord&oacute;n umbilical era cortado con un cuchillo especial despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de la placenta, ambos ten&iacute;an asociaciones m&aacute;gicas y se cre&iacute;a que estaban investidos de un alter ego espiritual o doble de la criatura.  La placenta a menudo era enterrada en la casa o arrojada al Nilo para asegurar la supervivencia del ni&ntilde;o, mientras que el cord&oacute;n se dejaba secar y se conservaba para acompa&ntilde;ar al individuo incluso a la tumba.  La madre mord&iacute;a su propia placenta ya que le otorgaba un gran valor simb&oacute;lico</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1> (1,2)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY">Para eliminar las estr&iacute;as formadas despu&eacute;s de un parto, las mujeres se aplicaban ung&uuml;entos de varios tipos sobre el vientre, las de alto linaje prefer&iacute;an el dulce aceite de Behen, un extracto de las semillas de las especies An&aacute;biga y Ole&iacute;fera del g&eacute;nero Moninga; mientras que para evitar prurito, grietas en los pezones, mastitis puerperal o abscesos mamarios, los m&eacute;dicos utilizaban productos a base de ca&ntilde;a, fibras vegetales y juncos </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">La prevenci&oacute;n del parto prematuro se efectuaba trenz&aacute;ndole el cabello a la mujer con el fin de aplacar a los demonios del seno materno.  Cuando era imposible la expulsi&oacute;n del ni&ntilde;o por v&iacute;as naturales se recurr&iacute;a a la ces&aacute;rea, intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica que seg&uacute;n parece alcanz&oacute; notable nivel </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(3,7,10)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">La salud de la madre estaba en peligro durante el embarazo y el parto.  Encontramos referencia de complicaciones en los textos m&eacute;dicos, si bien la evidencia directa se ha podido recoger de momias y otros restos, principalmente de mujeres con pelvis estrecha o deformada.  En la tumba de Tutankamon se encontraron dos fetos, que probablemente pertenec&iacute;an a dos de sus hijos, el estudio radiol&oacute;gico de uno de ellos demostr&oacute; que era deforme ya que presentaba la clav&iacute;cula derecha anormalmente alta, escoliosis y espina b&iacute;fida; el esqueleto de una mujer negroide de la era bizantina en Nubia, mostr&oacute; que muri&oacute; dando a luz a un ni&ntilde;o cuya cabeza estaba encajada en la entrada p&eacute;lvica; tambi&eacute;n se han encontrado fetos con deformaciones &oacute;seas que probablemente padecieron osteog&eacute;nesis imperfecta.  No hay pruebas de defunciones debida a infecciones puerperales, pero deben haber existido, seguramente tambi&eacute;n se produc&iacute;an fallecimientos por hemorragias, retenci&oacute;n placentaria o eclampsia.  Los riesgos inherentes al parto se reflejaban en la esperanza de vida m&aacute;s corta para las mujeres egipcias que para los hombres.  Censos hechos en tumbas del complejo de pir&aacute;mides de Giza mostraron un promedio de vida de las mujeres de 30 a 35 a&ntilde;os, mientras que los hombres viv&iacute;an de 40 a 45 a&ntilde;os; por otra parte, ex&aacute;menes de momias conservadas en Checoslovaquia mostraron un promedio de vida para varones de 43,7 a&ntilde;os y para hembras de 41,3 a&ntilde;os </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2,9,11-14)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Los egipcios desarrollaron m&eacute;todos anticonceptivos temporales que limitaban el crecimiento de familias y disminu&iacute;an los peligros representados por continuos embarazos, como la prescripci&oacute;n de untar en los labios y la vagina paja, leche agria y excrementos de animales, especialmente de cocodrilos o una mezcla de miel y carbonato s&oacute;dico (natr&oacute;n), tambi&eacute;n la ingesta de bebidas a base de apio y cerveza dulce.  La receta 799 del papiro Ebers recomienda introducir en la vagina un tap&oacute;n impregnado de una sustancia compuesta de acacia, coloquinto, d&aacute;tiles y miel para evitar el embarazo por lo menos durante tres a&ntilde;os.  La goma de acacia fermenta produciendo &aacute;cido l&aacute;ctico con efecto espermaticida</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1> (1,3,5,15)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">En el antiguo Egipto el aborto voluntario estaba castigado, expresando este juicio social negativo el respeto extremo que ten&iacute;an por la vida humana y para impedirlo se recomendaban varios m&eacute;todos como, por ejemplo, la aplicaci&oacute;n en los genitales de una mezcla de cebollas, vinos o de hojas y frutas de distintas plantas unidas con aceite y miel </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2,4)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">A la felicidad del nacimiento suced&iacute;a inmediatamente la inquietud.  Se calculaban las posibilidades de supervivencia del neonato por la expresi&oacute;n facial y la fuerza de su llanto, si hab&iacute;a dudas de su estado se le somet&iacute;a a una dieta de leche que conten&iacute;a un trozo de placenta, si vomitaba el final estaba cercano, si no lo hac&iacute;a, sobrevivir&iacute;a.  En los papiros se se&ntilde;alaba que si al nacer grita «Hii» vivir&aacute;, mientras que si grita «Mbi» volver&aacute; el rostro hacia el suelo y morir&aacute;</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1> (2,3,16)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Al neonato se le asignaban nombres que revelaban un cari&ntilde;o ingenuo y maternal, desde este momento se le consideraba un ser completo, pero tambi&eacute;n una presa tentadora para la muerte.  La madre proclamaba que cada parte del cuerpo de su hijo correspond&iacute;a a una divinidad, en consecuencia ning&uacute;n demonio pod&iacute;a tocarlo.  Se hac&iacute;a un llamamiento solicitando la protecci&oacute;n del cielo y la tierra, del d&iacute;a y la noche, y de siete divinidades llamadas Harthores que permanec&iacute;an invisibles en su cabecera; se repet&iacute;an f&oacute;rmulas m&aacute;gicas cuando aparec&iacute;a el sol y durante la noche sobre esferas de oro y fragmentos de amatista.  Las madres recitaban: &quot;¿has venido para abrazar a esta ni&ntilde;a? te lo prohibo, ¿has venido a llev&aacute;rtela? no te lo permitir&eacute;, que la muerte que llega entre las sombras desaparezca, que vuelva su rostro, que se olvide para qu&eacute; ha venido&quot; </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2,3,16-19)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">La lactancia se iniciaba precozmente y duraba mucho m&aacute;s de lo que era costumbre en otros lugares, normalmente se alargaba hasta los tres a&ntilde;os, esto quiz&aacute;s explica porqu&eacute; nos es dif&iacute;cil hallar esqueletos infantiles con lesiones de raquitismo.  La principal preocupaci&oacute;n de la madre era tener la cantidad y calidad adecuada de leche, los m&eacute;dicos les aconsejaban frotar su espalda con aceite cocido con la aleta dorsal de un pez del Nilo para incrementar su flujo, y comprobaban su calidad oli&eacute;ndola, «deb&iacute;a oler a plantas arom&aacute;ticas o a harina de algarrobo, si ol&iacute;a a pescado no era asimilable».  Se han encontrado jarrones de cer&aacute;mica y esculturas que representan mujeres que exprimen sus senos o amamantan y cuya funci&oacute;n, seg&uacute;n su creencia, era incrementar la producci&oacute;n l&aacute;ctea cuando la cantidad era escasa o para concederle poderes m&aacute;gicos.  La leche materna era considerada como l&iacute;quido sanador, fuente de vida, agua de protecci&oacute;n; de hecho se usaba para tratar catarros, c&oacute;licos, quemaduras, infecciones oculares y aumentar el vigor y la potencia sexual.  Las mujeres que amamantaban a sus hijos gozaban de gran respeto, estima y de una excepcional posici&oacute;n en la sociedad egipcia.  El propio rey se mostraba en posturas propias del lactante, succionando de las ubres de las diosas maternas como tr&aacute;nsito a la entronizaci&oacute;n o como alimento para proseguir el viaje al m&aacute;s all&aacute; e incluso, se encontr&oacute; un grabado en el que la reina Nefertiti amamanta a su hija, representaciones &eacute;stas poco comunes en el arte egipcio </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2,3,5,16,19,20)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Si bien las familias eran numerosas, la mortalidad infantil era alta, gran parte de los lactantes sucumb&iacute;an ante las enfermedades; especialmente infecciosas al haber poca higiene.  La enfermedad infantil m&aacute;s frecuente era la gastroenteritis, tambi&eacute;n eran frecuentes afecciones de la piel, amigdalitis, neumon&iacute;a, c&oacute;lera, tuberculosis, paludismo; parasitosis como estrongiloidosis, filariasis y bilharziosis; pneumoconiosis, deficiencia de cinc, malnutrici&oacute;n, anemia, caries dentales, abscesos periodontales.  Muchos mortinatos no se enterraban en sus propias tumbas en los cementerios oficiales; si mor&iacute;an junto con su madre, durante o inmediatamente despu&eacute;s del parto, normalmente se inhumaban con ella, otras veces los cuerpos eran depositados en recipientes de arcilla y enterrados en el jard&iacute;n de las casas.  En las sepulturas infantiles se observa con frecuencia muestras de piedad paternal y de cari&ntilde;o, no se regateaban esfuerzos para preservar el cuerpo del ni&ntilde;o con tanto cuidado como el del adulto a fin de asegurar una larga existencia en la otra vida.  Las familias embalsamaban a sus peque&ntilde;os, los colocaban en f&eacute;retros separados y a veces los envolv&iacute;an en lienzo y cubr&iacute;an con una capa de yeso decorado con motivos policromos, sobre los cuerpos se colocaban amuletos de buena suerte, adornos personales, collares de perlas, corales o conchas, anillos, brazaletes, adornos de tobillos.  Incluso si el equipo funerario del peque&ntilde;o era relativamente modesto, inclu&iacute;an vasijas de diversos tipos y sobre todo juguetes </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1>(2,5,6)</FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman">.</P> <B>     <P ALIGN="left">REFERENCIAS</P> </B>  </FONT>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">1. Llagostera E. El secreto de la felicidad.  Muy Especial. 1998;(33):77-79.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045364&pid=S0048-7732200200020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">2. Strouhal E. La vida en el antiguo Egipto.  1ª edici&oacute;n.  Barcelona: Editorial Folio; 1994.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045365&pid=S0048-7732200200020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">3. Jacq C.  Los egipcios.  4ª edici&oacute;n.  Barcelona: Planeta; 1997.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045366&pid=S0048-7732200200020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">4. Quirke S. Cultura y arte egipcios. 1ª edici&oacute;n.  Caracas: Arte; 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045367&pid=S0048-7732200200020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">5. Marie R, Hayen R. Egipto.  Hombres, dioses, faraones.  1ª edici&oacute;n.  Barcelona: Taschen; 1992.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045368&pid=S0048-7732200200020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">6. Wenzel G.  Vida cotidiana dom&eacute;stica: la casa como espacio vital.  En: Schulz R, Seidel M, editores. Egipto. El mundo de los faraones. 1ª edici&oacute;n.  Colonia: Konemann; 1997.p.399-410.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045369&pid=S0048-7732200200020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">7. Rubio N.  As&iacute; viv&iacute;an los egipcios. 5ª edici&oacute;n.  Madrid: Anaya; 1999.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045370&pid=S0048-7732200200020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">8. Putman J. Egiptolog&iacute;a.  Historia, Cultura y arte del antiguo Egipto 1ª edici&oacute;n.  Barcelona: Optima. S.L; 1997.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045371&pid=S0048-7732200200020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">9. Fletcher J.  El rey sol de Egipto.  Amenhotep Ill. 1ª edici&oacute;n.  Barcelona: Blume; 2001.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045372&pid=S0048-7732200200020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">10. Johnson P.  Antiguo Egipto.  1ª edici&oacute;n.  Buenos Aires: Javier Vergara; 1999.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045373&pid=S0048-7732200200020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">11. Brier B.  Momias de Egipto.  Las claves de un arte antiguo y secreto. 1ª edici&oacute;n.  Barcelona: Edidhasa; 1996.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045374&pid=S0048-7732200200020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">12. Reeves N.  Todo Tutankamon.  1ª edici&oacute;n.  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New York: Thames and Hudson Inc; 1992.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045377&pid=S0048-7732200200020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">15. P&eacute;rez A.  El antiguo Egipto. 3ª edici&oacute;n.  Madrid: Acento; 1999.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045378&pid=S0048-7732200200020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times,Times New Roman">16. Montet P. La vida cotidiana en Egipto en tiempos de los Ramses.  1ª edici&oacute;n.  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Barcelona: Molino; 1996.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2045383&pid=S0048-7732200200020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>Agradecimiento al Dr. Oscar Ag&uuml;ero por su valiosa asesor&iacute;a, orientaci&oacute;n e instrucci&oacute;n en la realizaci&oacute;n de esta revisi&oacute;n.</P>      <P>Correspondencia: Alberto Ramos.</P>     <P>Direcci&oacute;n: El Junquito Km 14, Urb. Iberoamericana, Edificio Ramos, 1ª.  Tel&eacute;fono 4222051.</P>  </FONT>    <P ALIGN="JUSTIFY">&nbsp;</P>     ]]></body>
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