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</front><body><![CDATA[   <B><FONT FACE="Verdana">    <P ALIGN="CENTER">Efectos poco publicados de los estr&oacute;genos. Revisi&oacute;n</P> </B></FONT><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P ALIGN="CENTER"></P>     <P ALIGN="CENTER">Drs. Nelson Vel&aacute;squez y Marianela Fern&aacute;ndez-Michelena.</P>     <P ALIGN="CENTER">Ginecoobst&eacute;tras.</P>     <P ALIGN="CENTER"></P>     <P ALIGN="CENTER">Universidad del Zulia y Hospital Chiquinquir&aacute; de Maracaibo</P>     <P ALIGN="JUSTIFY"></P>     <P ALIGN="JUSTIFY">&nbsp;</P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY">INTRODUCCI&Oacute;N</P> </B>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Cl&aacute;sicamente se ha descrito que el efecto beneficioso potencial de la terapia estrog&eacute;nica est&aacute; relacionado con los sistemas cardiovascular, nervioso y &oacute;seo (1) Es obvio que existe un riesgo elevado de eventos cardiovasculares en las pacientes en etapa posmenop&aacute;usica cuando se comparan con las premenop&aacute;usicas (2, 3) y muchos estudios indican que la ooforectom&iacute;a bilateral en edades tempranas de la mujer tambi&eacute;n aumenta el riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares (4). Por otro lado, se conoce que la administraci&oacute;n de estr&oacute;genos solos o combinados con progest&aacute;genos ejercen modificaciones en los l&iacute;pidos sangu&iacute;neos y en el sistema endotelial que se mostrar&iacute;an beneficiosos sobre el &aacute;rbol cardiovascular, por lo que se han utilizado para prevenir enfermedades vasculares del coraz&oacute;n o del sistema nervioso central (1,3, 5). Sin embargo, tambi&eacute;n producen elevaci&oacute;n de los triglic&eacute;ridos y de la prote&iacute;na C reactiva, sobre todo con la administraci&oacute;n oral de estr&oacute;genos conjugados equinos, lo cual resulta ser un efecto negativo para tales circunstancias (6,7) En la actualidad existe controversia en este sentido y estudios recientes no avalan su uso en pacientes posmenop&aacute;usicas para prevenci&oacute;n primaria o secundaria de enfermedades cardiovasculares (8, 9). En diciembre de 2003, el estudio sueco HABITS (por sus siglas en ingl&eacute;s: Hormone Replacement Therapy After Breast Cancer- IS. It Safe) que inclu&iacute;a 434 mujeres con c&aacute;ncer de mama fue paralizado por la Comisi&oacute;n de Iniciativas debido a la aparici&oacute;n de 27 nuevos casos de c&aacute;ncer y 3 muertes en el grupo tratado y 7 casos nuevos con 2 muertes en los controles; inaceptables riesgos en los resultados (10) Parece existir bastante acuerdo sobre los efectos de protecci&oacute;n de fracturas y osteoporosis, as&iacute; como en aliviar los s&iacute;ntomas del sistema nervioso central, sobre todo los relacionados a oleadas de calor, insomnio y cambios en la conducta (6,9).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Existen receptores para estr&oacute;genos en &oacute;rganos no relacionados directamente con el aparato genital como en la piel, endotelio, ojo, y otros (<a href="#cuadr1">Cuadro 1</a>), con efectos conocidos en mayor o menor grado, que han sido poco publicados en las revistas especializadas (11), pero por su inter&eacute;s cl&iacute;nico es interesante conocer. A continuaci&oacute;n se mencionan algunas alteraciones que se asocian con la deficiencia de los estr&oacute;genos (<a href="#cuadr2">Cuadro 2</a>).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"><a name="cuadr1"></a></P>     <P ALIGN="center" style="text-indent: 10px"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v64n3/art04tab1.JPG" width="439" height="186"></P>     
<P ALIGN="center" style="text-indent: 10px"> <a name="cuadr2"></a></P>     <P ALIGN="center" style="text-indent: 10px"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v64n3/art04tab2.JPG" width="439" height="352"></P>     
<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">ALTERACIONES GASTROINTESTINALES</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Es altamente conocido que existe una relaci&oacute;n entre los cambios de la personalidad, emociones, ansiedad o depresi&oacute;n con alteraciones del sistema gastrointestinal y que estos s&iacute;ntomas son frecuentemente hallados en la mujer que envejece (12). Tambi&eacute;n se sabe que las colecistitis, colelitiasis, gastritis cr&oacute;nicas no erosivas y la que aparece como consecuencia de infecci&oacute;n por Helicobacter Pylori, esofagitis, hernias hiatales, diverticulitis o diverticulosis del colon, las hemorroides, fisuras anales, poliposis y c&aacute;ncer del colon o de est&oacute;mago son m&aacute;s frecuentes en las etapas posmenop&aacute;usicas. Aunque no se ha evidenciado que la carencia de la funci&oacute;n estrog&eacute;nica est&eacute; relacionada con este tipo de enfermedades, la obesidad, hipertensi&oacute;n arterial o la diabetes son frecuentes a estas edades, algunas de ellas como la obesidad y la ingesta de alimentos ricos en grasas se han asociado a colelitiasis m&uacute;ltiples (12).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">El uso de contraceptivos combinados estroprogest&aacute;genos o la terapia estrog&eacute;nica de reemplazo pueden llevar a un incremento del doble de riesgo de c&aacute;lculos en la ves&iacute;cula biliar que parece aumentar con la dosis y duraci&oacute;n y que persiste hasta 5 a&ntilde;os despu&eacute;s y es mayor con la administraci&oacute;n oral de estos medicamentos; aunque algunos autores indican que este riesgo es nulo o de poco impacto (11). El efecto litog&eacute;nico de los estr&oacute;genos administrados por v&iacute;a oral, que parece ir en contra de la carcinog&eacute;nesis col&oacute;nica ha sido atribuido a la particularidad que tienen de reducir la concentraci&oacute;n de &aacute;cidos biliares con aumento de la saturaci&oacute;n del colesterol (13).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">LARINGE</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Los cambios en la voz cl&aacute;sicamente han estado relacionados con los hormonales, en particular con los andr&oacute;genos que aumentan en la etapa puberal en ambos sexos, coincidiendo con la aparici&oacute;n y desarrollo del vello sexual: p&uacute;bico y axilar, lo que se ha denominado &quot;pubarquia&quot; o &quot;adrenarquia&quot;. Una de las primeras observaciones est&aacute; envuelta con el hecho de que entre los a&ntilde;os 1727 y 1749, cuando la pubertad se manifestaba a la edad de 18 a&ntilde;os, hab&iacute;a coincidencia con la necesidad de cambiar a los ni&ntilde;os del coro de Juan Sebasti&aacute;n Bach de Leipzig; pero para el a&ntilde;o 1978 lo hac&iacute;an a los 13,5 &eacute;poca cuando la pubertad aparec&iacute;a.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La laringe humana es un &oacute;rgano &quot;blanco&quot; de esteroides hormonales (14). Se producen cambios en la voz en condiciones fisiol&oacute;gicas de la mujer que coinciden con los endocrinos durante la menstruaci&oacute;n, embarazo, menopausia y en patolog&iacute;as endocrinas como enfermedades del tiroides, suprarrenales, hip&oacute;fisis u ovarios y se ha reportado correlaci&oacute;n fuerte entre la disfon&iacute;a premenstrual y la insuficiencia de la fase luteal (15). </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Estudios poblacionales de mujeres en etapa posmenop&aacute;usica han reportado cambios en la gravedad del tono de su voz, hacia la ronquera (16) que no se observan en hombres de la misma edad. Tambi&eacute;n se ha visto variabilidad en la calidad de la voz cuando se utiliza terapia hormonal en condiciones como endometriosis, enfermedad fibroqu&iacute;stica de las mamas y disfunci&oacute;n menstrual (17) Algunos profesionales del canto han utilizado estr&oacute;genos para tratar de evitar cambios no deseados en el tono de la voz asociada a la menopausia (18).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Se han reportado modificaciones an&aacute;logas en estudios citol&oacute;gicos simult&aacute;neos del endometrio y la faringe durante el ciclo menstrual normal (15). Adem&aacute;s con el uso de estr&oacute;genos transd&eacute;rmicos en parches o gel, se ha logrado confirmar que hay aspectos similares en las c&eacute;lulas del epitelio superficial e intermedio de vagina y laringe y con el uso de estr&oacute;geno en las menop&aacute;usicas se logra mejorar la calidad de la voz cuando se comparan con grupos controles en los que persisten cambios distr&oacute;ficos-atr&oacute;ficos en ambos sitios (14). Fergunson y col. (19) han reportado receptores esteroideos en la laringe normal y carcinomas lar&iacute;ngeos.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">SALUD ORAL Y ESTR&Oacute;GENOS</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Las modificaciones endocrinol&oacute;gicas que ocurren durante la pubertad, embarazo y menopausia han sido relacionadas con alteraciones del periodonto (inflamaci&oacute;n gingival) y con la disminuci&oacute;n de la resistencia bacteriana de la placa dental porque los tejidos que conforman la enc&iacute;a responden a los cambios hormonales que normalmente ocurren durante la vida de la mujer. Esos cambios son vasodilataci&oacute;n, aumento de la permeabilidad capilar y migraci&oacute;n de fluidos y gl&oacute;bulos blancos fuera de los vasos sangu&iacute;neos (20).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La gingivitis es una reacci&oacute;n inflamatoria de las enc&iacute;as sin evidencias de alteraciones &oacute;seas; es causada por la placa bacteriana cuyas bacterias producen una sustancia viscosa compuesta de microorganismos y otras sustancias que se depositan alrededor del diente, provocando ingurgitaci&oacute;n, coloraci&oacute;n rojiza, crecimiento de las enc&iacute;as y sangrado f&aacute;cil, con cambios en la respuesta inmune. Estos procesos son causados por inadecuada limpieza o poco cuidado de la salud dental. Las enc&iacute;as al igual que la gingivitis responden con cambios muy similares a los incrementos de estr&oacute;genos y progest&aacute;genos, tal como ocurre con el uso de anticonceptivos combinados o durante el embarazo (20).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Durante la menopausia se describen s&iacute;ntomas bucales, que coinciden con las ca&iacute;das hormonales; tales como dolor, ardor, sequedad bucal y mal sabor; sin embargo en las mujeres que tienen enc&iacute;as saludables no aumenta el riesgo de enfermedad periodontal, la que puede ser prevenida con cepillado dental adecuado, uso del hilo dental y una dieta balanceada con pocos carbohidratos refinados (21).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Norderyd y col. (22), en un estudio de 234 mujeres de 50 a 64 a&ntilde;os, en las que 57 de ellas recibieron estr&oacute;geno-terapia de reemplazo (ETR), logr&oacute; disminuir la frecuencia de sangrado gingival, obtener placas dentales de menor tama&ntilde;o y menor p&eacute;rdida de la fijaci&oacute;n del diente al hueso, cuando se compar&oacute; con las que no la usaron.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La p&eacute;rdida de los dientes aumenta seg&uacute;n la edad, pasando de un promedio de 3.5 en los adultos j&oacute;venes a 16 en los de 65 a&ntilde;os o m&aacute;s, (21) a esta edad el chance de perder todos los dientes es de 3:1; pero hay gran incremento a los 80, durante el cual es de 1: 2 (23). En Estados Unidos de Norteam&eacute;rica (EE.UU) un tercio de las mujeres han perdido todos sus dientes naturales al final de la d&eacute;cada de los sesenta a&ntilde;os (24) y los costes por tratamiento de las p&eacute;rdidas dentales alcanzaron 1,5 billones de d&oacute;lares cada a&ntilde;o (25).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La osteoporosis, muy com&uacute;n en la mujer posmenop&aacute;usica afecta al hueso maxilar, correlacion&aacute;ndose con la p&eacute;rdida &oacute;sea en la columna, cadera y radio (26,27). Se ha propuesto un modelo en el cual el d&eacute;ficit estrog&eacute;nico puede intervenir en la aparici&oacute;n de severa enfermedad periodontal (28). Los estr&oacute;genos regulan la remodelaci&oacute;n &oacute;sea modulando la producci&oacute;n de citoquinas y factores de crecimiento especialmente la interleuquina 1 Beta (IL-1b), el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a), el factor estimulante de la colonia de los granulocitos- macr&oacute;fagos (GM-CSF) y el factor estimulante de la colonia de macr&oacute;fagos (M-CSF) desde el osteocito (29). La IL-1B y el TNF-a estimulan la maduraci&oacute;n de los osteoclastos, modulan la producci&oacute;n de c&eacute;lulas &oacute;seas e inducen reabsorci&oacute;n del hueso in vivo (30,31), esta mismas citoquinas junto con GM-CSF promueven el reclutamiento de osteoclastos y su diferenciaci&oacute;n de los precursores de la m&eacute;dula &oacute;sea.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Los precursores de los osteoblastos responden a la p&eacute;rdida estrog&eacute;nica con la secreci&oacute;n de IL-6 el cual induce osteoclastog&eacute;nesis (32) La IL-1b, el TNF-a, la IL-6, el GM-CSF y el M-CSF contribuir&iacute;an a la destrucci&oacute;n del col&aacute;geno y a la resorci&oacute;n &oacute;sea para causar severa periodontitis (33). El tratamiento in vitro de monocitos humanos con estr&oacute;genos ha demostrado que regula la IL-1B y al TNF-a (34).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Hay evidencias experimentales y cl&iacute;nicas de que la suplementaci&oacute;n de estr&oacute;genos en la menopausia parece tener un efecto protector sobre la severidad de enfermedad periodontal y el periodoncio y por lo tanto efecto beneficioso en la retenci&oacute;n dental (35,36). Grossi (37) del Departamento de Biolog&iacute;a Oral y el Centro de Investigaci&oacute;n de Enfermedad Periodontal de la Escuela de Odontolog&iacute;a de la Universidad del Estado de Nueva York en B&uacute;falo, demostr&oacute; que la p&eacute;rdida de fijaci&oacute;n del diente al hueso fue 2 veces mayor en las que no recibieron ETR que en su contraparte medicada y, tres veces m&aacute;s que las premenop&aacute;usicas; mientras que los porcentajes de dientes flojos fueron 18,6% para las no usuarias de ETR, 11,6% para las usuarias y 6,3% para las premenop&aacute;usicas. Cuando se midi&oacute; comparativamente la p&eacute;rdida del hueso alveolar hubo el doble de p&eacute;rdida de hueso en las no ETR y cuatro veces m&aacute;s que las premenop&aacute;usicas.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">PIEL Y COL&Aacute;GENO</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La piel y el endotelio vascular son reconocidos como los &oacute;rganos m&aacute;s extendidos del cuerpo; se conoce que cumplen funciones metab&oacute;licas muy definidas; por ejemplo se sabe del control de la pigmentaci&oacute;n cut&aacute;nea por la hormona estimulante de los melanocitos o de los efectos estimulantes de los andr&oacute;genos sobre las gl&aacute;ndulas seb&aacute;ceas y algunos fol&iacute;culos pilosos del llamado &quot;vello sexual&quot;. La piel comprende una gran variedad de c&eacute;lulas: las del epitelio queratinizante, las fabricantes de grasa, las pigmentarias y las del tejido conectivo (fibroblastos, mastocitos e histiocitos) productoras de la base de sustentaci&oacute;n. Adem&aacute;s existen fibrillas el&aacute;sticas y de col&aacute;geno y una sustancia amorfa intercelular de soporte que corresponde a glucosaminoglicanos, conocidos tambi&eacute;n como mucosac&aacute;ridos o proteoglicanos, que son responsables de la turgencia de la piel, que permiten la r&aacute;pida difusi&oacute;n del agua. Los componentes extracelulares son sintetizados por los fibroblastos que forman una red intrincada de sustancias semil&iacute;quidas mezcladas con densas fibras para constituir tejidos el&aacute;sticos, resistentes a la compresi&oacute;n y son responsables de la tensi&oacute;n d&eacute;rmica. En la epidermis se encuentran los queratinocitos, melanocitos y las c&eacute;lulas de Langerhan; en la dermis, adem&aacute;s de estos elementos hay vasos linf&aacute;ticos y sangu&iacute;neos que se proyectan hacia la epidermis y son los responsables del sonrojo durante los calorones. Tanto en el m&uacute;sculo liso como en la epidermis, y en los fibroblastos de la dermis hay receptores para estr&oacute;genos y andr&oacute;genos (38) especialmente en la piel de la cara, mamas y muslos y con el envejecimiento tiende a adelgazarse, perdiendo su elasticidad con tendencia a arrugarse (39). </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Tambi&eacute;n se conoce de los efectos que sobre la piel produce el exceso o defecto de algunas sustancias de acci&oacute;n endocrina; es cl&aacute;sica la descripci&oacute;n de los cambios cut&aacute;neos que ocurren como consecuencia de la enfermedad de Cushing o la de Addison.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Ahora se conocen los efectos que estas sustancias tienen sobre el adiposito, hoy considerado como una verdadera gl&aacute;ndula o los del endotelio como productor de sustancias con acci&oacute;n hormonal, o de las repercusiones que sobre &eacute;l tienen diferentes hormonas: estr&oacute;genos y progesterona entre ellas.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Con relaci&oacute;n a los estr&oacute;genos, desde hace mucho tiempo se sabe que cuando se encuentran en exceso pueden aparecer angiomas faciales sobre el tronco y extremidades superiores y aparecen eritemas palmares muy visibles durante el embarazo, enfermedades hep&aacute;ticas o ingesti&oacute;n de estr&oacute;genos (40). Estudios bioqu&iacute;micos han demostrado que la piel, en especial la epidermis, es capaz de metabolizar carbohidratos por v&iacute;as similares a cualquier otro tejido, y que adem&aacute;s existen procesos oxidativos y glic&oacute;lisis anaer&oacute;bica. Utiliza piruvatos, acetatos, algunos amino&aacute;cidos y glucosa como sustrato para sintetizar l&iacute;pidos y &aacute;cidos grasos (40).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Las hormonas sexuales juegan un papel importante en la aparici&oacute;n y desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, act&uacute;an sobre la actividad de las gl&aacute;ndulas seb&aacute;ceas y el crecimiento del vello. La piel es capaz de activar e inactivar la acci&oacute;n de los esteroides sexuales. Las gl&aacute;ndulas productoras de sebo (secreci&oacute;n de las gl&aacute;ndulas seb&aacute;ceas que proporciona lubricaci&oacute;n natural a la piel) son muy sensibles a peque&ntilde;as cantidades de andr&oacute;genos, antes de la pubertad son peque&ntilde;as y producen poca secreci&oacute;n, pero en las fases iniciales de la pubertad se alargan y la producci&oacute;n seb&aacute;cea se incrementa a un grado tal que es frecuente la aparici&oacute;n de acn&eacute; a estas edades, en ambos sexos. En la ooforectom&iacute;a bilateral o durante la menopausia hay una disminuci&oacute;n de la secreci&oacute;n de sebo a pesar de la producci&oacute;n suprarrenal de dehidroepiandrosterona; lo mismo ocurre con la administraci&oacute;n de estr&oacute;genos a hombres y mujeres a altas dosis, ya que disminuyen el tiempo de recambio de las c&eacute;lulas que lo producen. Aumento del sebo se producen en los cuadros cl&iacute;nicos que como el s&iacute;ndrome de ovarios poliqu&iacute;stico cursan con hiperandrogenismo (40).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Los estr&oacute;genos y posiblemente la progesterona estimulan el crecimiento del vello, iniciando la fase de anagen que es aquella en la cual hay formaci&oacute;n y crecimiento activo del fol&iacute;culo piloso. En el per&iacute;odo posmenop&aacute;usico, coincidiendo con el descenso de los estr&oacute;genos plasm&aacute;ticos, se produce disminuci&oacute;n de la grasa subcut&aacute;nea de la regi&oacute;n vulvar que puede causar atrofia y kraurosis con prurito; con la disminuci&oacute;n de la grasa subcut&aacute;nea los labios mayores se aplanan y reducen su tama&ntilde;o, el vello p&uacute;bico se adelgaza y aparecen las distrofias vulvares (41). Ocurre adem&aacute;s atrofia de la mucosa vaginal con p&eacute;rdida de los pliegues o rugosidades y disminuci&oacute;n de la cantidad de moco cervical que ocasiona dispareunia, la que responde a la administraci&oacute;n local o sist&eacute;mica de estr&oacute;genos (42). Durante la transici&oacute;n a la menopausia es com&uacute;n la aparici&oacute;n de canas y la perdida del cabello, la distribuci&oacute;n de la grasa corporal se afecta, las mamas se hacen fl&aacute;cidas, la grasa abdominal se distribuye en forma de &quot;pelotas o rollos&quot; modelando un aspecto poco est&eacute;tico (43).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">En ocasiones se presenta el llamado acn&eacute; posmenop&aacute;usico que consiste en p&aacute;pulas y p&uacute;stulas de peque&ntilde;o tama&ntilde;o y algunos comedones cerrados de baja severidad; aparece con m&aacute;s frecuencia en las mujeres que lo presentaron durante la adolescencia y en la raza negra. Se ha utilizado la vitamina A &aacute;cida en forma de cremas con buenos resultados (44). </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">El da&ntilde;o de la piel durante el envejecimiento est&aacute; programado y determinado en primer termino por la gen&eacute;tica, acelerado por la menopausia (45) y, en segundo lugar por factores externos entre los cuales los rayos solares son los esenciales y donde intervienen adem&aacute;s la alimentaci&oacute;n, cambios emocionales y h&aacute;bito tab&aacute;quico. Estos eventos ocurren sobretodo en la dermis, que es el epitelio de sost&eacute;n.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Como resultado de la acci&oacute;n estrog&eacute;nica la s&iacute;ntesis de &aacute;cido hialur&oacute;nico se incrementa, lo que permite aumento del contenido h&iacute;drico de la piel; durante el d&eacute;ficit estrog&eacute;nico las mujeres se quejan de adelgazamiento, sequedad y descamaci&oacute;n, lesiones con leves traumatismos; se presenta ca&iacute;da del cabello y las u&ntilde;as se tornan muy fr&aacute;giles, se adelgazan y se rompen con facilidad o pueden crecer exageradamente. Esto &uacute;ltimo lo hemos observado con mayor frecuencia en las u&ntilde;as de los pies que adquieren un aspecto de &quot;pico de loro&quot;. Ocurre tambi&eacute;n intolerancia al fr&iacute;o. (41, 46,47).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">En los primeros 5 a&ntilde;os despu&eacute;s de la menopausia se pierde aproximadamente el 30% del tejido col&aacute;geno de la piel (48). Esta disminuci&oacute;n parece similar a la que ocurre en el tejido &oacute;seo ya que puede ser prevenido, mas no detenido con la terapia sustitutiva de estr&oacute;genos (49,50). Las arrugas son inevitables y as&iacute; deben aceptarlo las mujeres que envejecen. El estr&oacute;geno oral, local o por inyecciones no tienen efecto sobre las arrugas que ya existen; no obstante los estr&oacute;genos inyectables o administrados por v&iacute;a oral, pueden reducir la rapidez con que se desarrollan (51). Las queratosis seniles y act&iacute;nicas representan cambios asociados al paso de los a&ntilde;os y a da&ntilde;o solar. </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Los cambios anat&oacute;micos del ovario que envejece est&aacute;n relacionados a engrosamiento de &iacute;ntima de las arteriolas, con disminuci&oacute;n o ausencia de los fol&iacute;culos de la corteza ov&aacute;rica y un incremento de la porci&oacute;n estromal, que trae como consecuencia disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n de estr&oacute;genos y un relativo incremento de los andr&oacute;genos y no es raro observar la presencia de vello facial, cambios en la voz hacia el tono grave y en algunas mujeres un inusual aumento de la libido que puede traer como consecuencia promiscuidad o la b&uacute;squeda de relaciones sexuales extramatrimoniales, aunque por lo general con las pruebas con que se cuentan sugieren que la satisfacci&oacute;n sexual no disminuye en la menop&aacute;usica con el paso del tiempo (52,53).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Las manifestaciones cut&aacute;neas del d&eacute;ficit estrog&eacute;nico pueden ser prevenidas con la administraci&oacute;n de estr&oacute;genos, aun cuando no puede ser considera como la terapia ideal. Produce mejor&iacute;a del brillo y del color del cabello, de la turgencia e hidrataci&oacute;n del cutis, mayor actividad de los fol&iacute;culos pilosos y gl&aacute;ndulas seb&aacute;ceas y sudor&iacute;paras, crecimiento de las u&ntilde;as, recuperaci&oacute;n del color rosado en la cara. Se ha descrito desaparici&oacute;n parcial de las arrugas con estr&oacute;genos transd&eacute;rmicos y hasta mejor&iacute;a en la distribuci&oacute;n de la grasa corporal en las mujeres bajo terapia hormonal (TH) (54,55). </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">En hombres y mujeres que envejecen existe disminuci&oacute;n de la fuerza y masa muscular (56) y seg&uacute;n algunas publicaciones parece que se retrasa en las mujeres que son sometidas a terapia estrog&eacute;nica, y contribuye con los efectos protectores de la p&eacute;rdida &oacute;sea y de la apariencia f&iacute;sica (57). </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Mucho se habla en referencia al uso de la p&iacute;ldora anticonceptiva combinada con estr&oacute;genos para la salud y el cuidado de la piel; a este respecto el Dr. Kitsner (51) apunta: &quot;Ning&uacute;n efecto de la p&iacute;ldora ha recibido tanta publicidad como su presunta capacidad para crear un cutis hermoso. La p&iacute;ldora, particularmente su contenido de estr&oacute;geno, ha sido motivo de bombo respecto a que es capaz de prevenir y a&uacute;n disipar arrugas y, por lo tanto, mantener la piel de la mujer &quot;siempre femenina&quot;... y luego sentencia: &quot; Tanto la industria cosm&eacute;tica como algunos m&eacute;dicos ya sea por un concepto err&oacute;neo o por codicia, se han enriquecido, infortunadamente, enga&ntilde;ando a mujeres haci&eacute;ndolas creer que una p&iacute;ldora de estr&oacute;geno-progestina es un camino r&aacute;pido e indicado hacia la juventud y la belleza&quot;. </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">SUE&Ntilde;O</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Es una queja com&uacute;n de la edad avanzada la presencia de trastornos en el inicio y la finalizaci&oacute;n del sue&ntilde;o, del despertar y de la reducci&oacute;n del n&uacute;mero de horas del mismo. Esta sintomatolog&iacute;a coincide con los vaporones que ocurren m&aacute;s frecuentemente por las noches y ha sido sugerido como el causante de ello. Esta sintomatolog&iacute;a vasomotora trae como consecuencia en las mujeres que trabajan durante el d&iacute;a, la p&eacute;rdida de su habilidad para la eficiencia y efectividad en sus quehaceres. Poco se sabe de la causa de estas molestias que no pueden ser explicados por completo como consecuencia de las oleadas de calor.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Algunos autores se&ntilde;alan que los estr&oacute;genos y la progesterona poseen efectos sobre las catecolaminas del sistema nervioso central, act&uacute;an sobre receptores de estr&oacute;genos hipotal&aacute;micos, del &aacute;rea pre&oacute;ptica o del hipocampo que est&aacute;n involucrados en la fisiolog&iacute;a de los vaporones. (58,59). Desde hace mucho tiempo se conoce de los efectos hipn&oacute;ticos y &quot;depresores&quot; de la progesterona en el sistema nervioso central y se ha reportado somnolencia o modorra durante su administraci&oacute;n (60), de tal manera que algunos m&eacute;dicos han sugerido que los progest&aacute;genos contenidos en los anticonceptivos orales combinados pueden ser sopor&iacute;feros o sea inductores del sue&ntilde;o (51). La progesterona, administrada en altas dosis a animales puede realmente inducir sue&ntilde;o hasta el punto de que han podido realizarse intervenciones quir&uacute;rgicas con su administraci&oacute;n (51). No existe duda de que la ETR o TH liberan a la mujer en transici&oacute;n a la menopausia de los s&iacute;ntomas vasomotores que causan insomnio; pero muy poca atenci&oacute;n se le ha dado a los efectos de esta terapia sobre la calidad del sue&ntilde;o. Polo- Kantola y col. (61) en una regi&oacute;n de Finlandia, realizaron una investigaci&oacute;n muy bien dise&ntilde;ada en un grupo de 62 mujeres posmenop&aacute;usica con trastornos del sue&ntilde;o, logrando analizar algunas de estas alteraciones y los efectos de la administraci&oacute;n transcut&aacute;nea de estr&oacute;genos. Estos autores utilizaron polisomnograf&iacute;a para la medici&oacute;n de las fases de sue&ntilde;o y del despertar, electroencefalogramas, electrooculogramas, electromiogramas mandibulares, electrocardiogramas y un peque&ntilde;o dispositivo que corresponde a un sensor de movimientos, no invasivo, en el que no se utilizan electrodos corporales, y que es muy utilizado en los pa&iacute;ses escandinavos para estudios de la apnea del sue&ntilde;o, obstrucci&oacute;n parcial de v&iacute;as a&eacute;reas superiores y movimientos de las caderas en la cama, y que eval&uacute;a los movimientos respiratorios y corporales, as&iacute; como los latidos card&iacute;acos (62).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La apnea del sue&ntilde;o es poco com&uacute;n en la mujer premenop&aacute;usica, pero se ha establecido un incremento en la menop&aacute;usica relacionado con las hormonas (63); sin embargo en el estudio realizado por Cistulli y col. (64) no pudo demostrarse efectos beneficiosos significantes con relaci&oacute;n a la apnea obstructiva del sue&ntilde;o y el uso de TH.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">S&Iacute;NTOMAS UROGENITALES</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Los mecanismos de continencia urinaria son bastante complejos; se necesita que exista integridad estructural y correlaciones anat&oacute;micas normales, sin embargo, el requisito esencial es que la presi&oacute;n uretral exceda la presi&oacute;n de la vejiga en todo momento, excepto durante la micci&oacute;n. Todos los elementos anat&oacute;micos que son v&aacute;lidos para que ocurra el cierre uretral est&aacute;n bajo la influencia de los estr&oacute;genos. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">No hay duda de que los estr&oacute;genos influyen en la s&iacute;ntesis del col&aacute;geno tipo 1 del tejido conectivo del sistema urogenital bajo; el que rodea la vagina, la uretra y el cuello de la vejiga urinaria. Tambi&eacute;n es cierto que la maduraci&oacute;n del epitelio vaginal es como consecuencia del efecto estrog&eacute;nico, de forma tal que los estr&oacute;genos intervienen en el &quot;trofismo&quot; vaginal, vesico-uretral y en menor grado del epitelio vulvar; sin embargo durante el envejecimiento la vulva tambi&eacute;n pierde la mayor parte de su col&aacute;geno, adiposidad y capacidad para retener agua, por lo cual se aplana y se adelgaza. Durante el per&iacute;odo reproductivo los estr&oacute;genos estimulan los receptores del m&uacute;sculo liso arteriolar produciendo vasodilataci&oacute;n y acciones sin&eacute;rgicas con prostaciclina, catecolaminas, p&eacute;ptido intestinal e histamina que son vasoactivos (65). El tr&iacute;gono, la uretra y la vagina son derivados embriol&oacute;gicamente del seno urogenital y poseen las m&aacute;s altas concentraciones de receptores para los estr&oacute;genos. Los tejidos vaginales, incluyendo el m&uacute;sculo liso expresan principalmente receptores estrog&eacute;nicos del tipo alfa -ER a- (66). Por otro lado se ha se&ntilde;alado el efecto que tienen para suplementar &oacute;xido n&iacute;trico a la musculatura p&eacute;lvico-vaginal y de esta manera favorecer el aporte sangu&iacute;neo al sistema urogenital (67). En las etapas que siguen a la menopausia se establece una disminuci&oacute;n del flujo sangu&iacute;neo hacia el tracto urogenital bajo que explica los cambios hacia la atrofia y que trae como consecuencia una disminuci&oacute;n en la cantidad de c&eacute;lulas superficiales e intermedias del estrato escamoso-estratificado e incremento de las c&eacute;lulas basales y parabasales, que lo adelgazan, disminuye la producci&oacute;n de bacilos de Doderlein, aumenta el pH vaginal, aumenta la sequedad por disminuci&oacute;n de las secreciones de las gl&aacute;ndulas accesorias a la vagina causando prurito, escozor, dispareunia. La vagina se acorta y adelgaza, las paredes se hacen menos el&aacute;sticas y p&aacute;lidas, desaparecen los pliegues y el meato uretral que estaba orientado a 180 ° desde la s&iacute;nfisis p&uacute;bica, cambia su abertura a un eje de 90 °, colocando el orificio uretral m&aacute;s cerca del introito. A menudo estos cambios se asocian a prolapsos del &uacute;tero, cistocele o rectocele, mientras tanto, se van sucediendo cambios similares en la vejiga urinaria, dificult&aacute;ndose el cierre del orificio uretral a nivel del tr&iacute;gono, con hipertrofia y trabeculaciones del m&uacute;sculo detrusor y, al disminuir los glucosaminoglicanos del tejido de sost&eacute;n, aumenta el riesgo de infecciones locales, se produce una disminuci&oacute;n de la sensibilidad de la musculatura a la estimulaci&oacute;n adren&eacute;rgica y pueden presentarse petequias, telangiectasias, equimosis, fisuras, ulceraci&oacute;n, granulaci&oacute;n, craurosis o liquenificaci&oacute;n (47, 68)</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Las cremas vaginales que contienen estr&oacute;genos han sido utilizadas para tratar la atrofia debida a d&eacute;ficit estrog&eacute;nico ya que se consiguen altas concentraciones locales. Las hay de diferentes preparaciones y se utilizan hasta que hayan revertidos los s&iacute;ntomas atr&oacute;ficos lo que ocurre 3 &oacute; 4 meses despu&eacute;s; aconsejamos una crema de estr&oacute;genos conjugados vaginales de 1-2 g cada d&iacute;a por tres semanas con una de descanso. Se han utilizado anillos y &oacute;vulos vaginales liberadores de estr&oacute;genos (69,70).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Estos cambios propios del envejecimiento, junto con el d&eacute;ficit proteico, la multiparidad joven y la inadecuada asistencia de los partos son los que cl&aacute;sicamente se han asociado a la p&eacute;rdida del soporte p&eacute;lvico y a la aparici&oacute;n de las relajaciones p&eacute;lvicas, prolapsos genitales e incontinencia vesical a la orina.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Entre los cambios urol&oacute;gicos que se suceden como consecuencia del hipoestrogenismo se mencionan las infecciones recurrentes, disuria, polaquiuria, nicturia, urgencia miccional, incontinencia urinaria de esfuerzo, y el llamado s&iacute;ndrome uretral. Puede decirse que despu&eacute;s de 5 a 8 a&ntilde;os de menopausia, m&aacute;s de la mitad de las mujeres se quejar&aacute;n de s&iacute;ntoma urogenitales.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La incontinencia urinaria ha sido definida por la Sociedad Internacional de Continencia Urinaria como una condici&oacute;n en la cual se pierde involuntariamente la orina cuando se est&aacute; consciente y que provoca un problema higi&eacute;nico y social (71). Se ha estimado que ocurre en el 30% de las mujeres menop&aacute;usicas, el 12% presentando incontinencia por estr&eacute;s, 8% por urgencia y el 10% incontinencia mixta por urgencia y estr&eacute;s (72). Samsioe y col. (73), en cambio encontraron 24% de incontinencia genuina, 49% por urgencia y 27% mixtas. Cuando se afectan los medios de sost&eacute;n y fijaci&oacute;n de los &oacute;rganos p&eacute;lvicos como consecuencia de la falta de estr&oacute;genos, se pierde el soporte del tejido conectivo vaginal y vesical con separaci&oacute;n de la uni&oacute;n uretrovesical y su &aacute;ngulo posterior, disminuye la resistencia y la presi&oacute;n uretral debido a la atrofia del urotelio y cualquier aumento brusco de la presi&oacute;n abdominal favorecer&iacute;a la salida involuntaria de la orina. Podemos inferir que la incontinencia genuina de orina en la mujer posmenop&aacute;usica es de car&aacute;cter complejo: no siempre se evidencia que los cambios urinarios sean resultado de la deficiencia de estr&oacute;genos y hasta cuando se le pueden atribuir al envejecimiento y, en consecuencia, a veces es poco lo que se gana con el tratamiento estrog&eacute;nico en las mujeres que a&uacute;n conservan funci&oacute;n ov&aacute;rica o las que presentan anormalidades anat&oacute;micas que ser&iacute;a mucho mejor la correcci&oacute;n quir&uacute;rgica. En la etiolog&iacute;a de la incontinencia urinaria se han atribuido otros factores, incluyendo mala nutrici&oacute;n, inadecuada asistencia obst&eacute;trica, aumentos bruscos de la presi&oacute;n abdominal (tos, estornudos, correr o levantar objetos pesados) y la p&eacute;rdida del trofismo urogenital como consecuencia del envejecimiento.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Es controversial si el uso de estr&oacute;genos en la menopausia puede mejorar o curar el &quot;estr&eacute;s de incontinencia urinaria&quot; por efecto directo sobre la mucosa uretral; aunque se ha argumentado que no lo afecta, consideran que la mejor&iacute;a del tono con estr&oacute;genos es s&oacute;lo un mito (11,13). Samsioe y col. (73) reportaron mejor&iacute;a de la incontinencia por urgencia y mixta con el uso de estriol; pero no encontraron diferencias con el placebo en la incontinencia por estr&eacute;s. Se ha descrito mejor&iacute;a con el uso de estr&oacute;genos y el agonista alfa-adren&eacute;rgico fenilpropanolamina tanto en los s&iacute;ntomas de urgencia, frecuencia y nicturia como en la verdadera o genuina incontinencia urinaria (74,75, 76). En un metan&aacute;lisis reportado por Fantl y col. en 1992 (77), se encontr&oacute; que el 64% de las pacientes con incontinencia urinaria de estr&eacute;s, mejoraban con la terapia hormonal. </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">En resumen, debe establecerse el diagn&oacute;stico correcto mediante el examen m&eacute;dico y las pruebas urodin&aacute;micas, ya que el tratamiento espec&iacute;fico depender&aacute; de la causa. Se puede establecer que la terapia estrog&eacute;nica puede aumentar la resistencia uretral, mejorar el umbral sensorial de la vejiga, aumentar la sensibilidad de los receptores a del m&uacute;sculo liso uretral y a trav&eacute;s de estos mecanismos mejorar los s&iacute;ntomas de urgencia, incontinencia por urgencia, frecuencia, nicturia o disuria, pero que por s&iacute; sola no soluciona la incontinencia por estr&eacute;s.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">EFECTOS VISUALES</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">El inicio de la menopausia puede estar asociada con un n&uacute;mero de s&iacute;ntomas oculares: deterioro de la agudeza visual y sequedad son los m&aacute;s prevalentes. Otros, como la aparici&oacute;n de cataratas, degeneraci&oacute;n de la m&aacute;cula, aumento de la presi&oacute;n intraocular y glaucoma, oclusi&oacute;n de las venas retinianas y la presencia de orificios o agujeros maculares tambi&eacute;n se han asociado al d&eacute;ficit estrog&eacute;nico; estos s&iacute;ntomas oculares aparecen aproximadamente en el 35% de las mujeres (78). En el estudio de Metka y col. (78) que incluy&oacute; a 1287 mujeres menop&aacute;usicas, 430 presentaron problemas con sus ojos y aparecieron 19 tipos diferentes de s&iacute;ntomas oculares. Noventa y ocho de las pacientes que fueron a evaluaci&oacute;n oftalmol&oacute;gica recibieron TH c&iacute;clica por 3 meses y al final del per&iacute;odo la mayor&iacute;a se encontr&oacute; libre de s&iacute;ntomas, aument&oacute; el contenido de l&aacute;grimas y hubo mejor&iacute;a de la agudeza visual, la convergencia ocular y la fusi&oacute;n de las im&aacute;genes tambi&eacute;n mejoraron.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Como se coment&oacute;, la sequedad de los ojos es una de las quejas m&aacute;s comunes por lo cual la mujer climat&eacute;rica acude al especialista: la queratoconjuntivitis seca –&quot;ojo seco&quot;– (Queratoconjuntivitis Sicca) se presenta en el 35% de ellas (44). Se trata de una afecci&oacute;n que est&aacute; relacionada con la disminuci&oacute;n en la cantidad de las l&aacute;grimas producidas; aunque en muchas oportunidades las pacientes presentan lagrimeo abundante presumi&eacute;ndose que es la calidad de la l&aacute;grima y no la cantidad la que interviene en el padecimiento. Recientemente se han identificado 2 mediadores inflamatorios que podr&iacute;an estar relacionados a la etiolog&iacute;a: la enzima degradadora de la matriz (MMP-9) y la citoquina proinflamatoria IL-1, con aumento en la actividad de la primera en la pel&iacute;cula lagrimal de los ojos secos (79). Los s&iacute;ntomas son muy molestos y se presentan m&aacute;s que todo en la ma&ntilde;ana al despertar, en la que el ojo &quot;se pega al p&aacute;rpado&quot;, se hace dif&iacute;cil y muy dolorosos abrirlos, con sensaci&oacute;n de cuerpo extra&ntilde;o tipo arenilla y enrojecimiento de los ojos. </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Aunque hasta 1995 no se hab&iacute;a demostrado receptores de estr&oacute;genos o de progesterona en la conjuntiva humana, existen algunas evidencias que sugieren que las gl&aacute;ndulas lagrimales y los tejidos superficiales del ojo son sensibles a los cambios en el nivel de estr&oacute;genos circulante. La ooforectom&iacute;a en conejas produce cambios histol&oacute;gicos en los tejidos glandulares y en las conjuntivas oculares; se encontraron variaciones c&iacute;clicas en la maduraci&oacute;n del epitelio conjuntival paralelamente a los del ciclo menstrual en premenop&aacute;usicas (80) la terapia restitutiva estrog&eacute;nica mejora la producci&oacute;n de l&aacute;grimas en la hipoestrog&eacute;nica (78).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">A medida que se aproxima la vejez es com&uacute;n la aparici&oacute;n de opacidades del cristalino (cataratas) y es m&aacute;s frecuente en mujeres que en hombres de la misma edad; estos datos se confirmaron en el estudio de ojos &quot;Beaver Dam Study Eyes&quot; en el cual se analizaron 4926 mujeres de 43 a 84 a&ntilde;os. Las que tuvieron menarca m&aacute;s temprana ten&iacute;an menos esclerosis nuclear y las que llegaron a la menopausia m&aacute;s tard&iacute;amente tuvieron menos opacidades corticales. Los hallazgos de este estudio sugieren un efecto protector de la ETR para las cataratas y una disminuci&oacute;n de la severidad de la afecci&oacute;n: a mayor duraci&oacute;n de la terapia, menos severidad: 20 a&ntilde;os de uso, 65% menos de riesgo (81). Otro estudio en el que se trat&oacute; de conocer si hab&iacute;a relaci&oacute;n entre el uso de estr&oacute;genos y la aparici&oacute;n de cataratas corticales, nucleares o subcapsulares posteriores fue el de la Monta&ntilde;a Azul de Australia (82); all&iacute; hubo resultados variables; no se encontr&oacute; relaci&oacute;n entre estr&oacute;genos y cataratas; pero en las usuarias actuales de 65 a&ntilde;os y m&aacute;s, la raz&oacute;n de probabilidades fue 0,4 y las que ten&iacute;an menopausia no quir&uacute;rgica que estaban bajo TH tuvieron probabilidad de cataratas subcapsulares posteriores, de 2,1. </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La autofluorescencia de la c&oacute;rnea y el cristalino: un fen&oacute;meno que reduce la transmisi&oacute;n de la luz a la retina y que se produce por acumulaci&oacute;n de sustancias fluorescentes fuertemente asociado a la cataratog&eacute;nesis y envejecimiento del cristalino, fue medida en 19 mujeres posmenop&aacute;usicas quienes usaron TH por m&aacute;s de 4 a&ntilde;os y en 20 que no la usaron. La autofluorescencia del cristalino fue significativamente m&aacute;s baja y la transmisi&oacute;n m&aacute;s alta en las medicadas, lo cual sugiere un efecto protector de los estr&oacute;genos en la transmisi&oacute;n luminosa del cristalino (83) La aparici&oacute;n de glaucoma se ha relacionado a aumento de la presi&oacute;n intraocular, pero aparece en 16,6% de personas con presi&oacute;n normal (84). Aproximadamente de un 0,4 % a un 1,6% de las mujeres de m&aacute;s de 40 a&ntilde;os tienen alguna afecci&oacute;n visual relacionada al glaucoma (44) Un estudio de 284 casos de glaucoma de &aacute;ngulo agudo mostr&oacute; un riesgo de 2,47 en las usuarias de estr&oacute;genos ex&oacute;genos cuando se compar&oacute; a 625 controles (85); aunque se ha establecido disminuci&oacute;n de la presi&oacute;n intraocular con ETR/TH (86). El glutamato se ha incriminado recientemente como factor de la g&eacute;nesis de glaucoma, este neurotransmisor estimula la muerte celular de neuronas cuando se produce en exceso. Los estr&oacute;genos parecen tener un efecto protector sobre la toxicidad del glutamato (87,88). Una de las causas principales de p&eacute;rdida de la visi&oacute;n en la edad madura es la oclusi&oacute;n de la vena central de la retina (OVCR). La diabetes, la hipertensi&oacute;n arterial y el glaucoma se asocian con frecuencia a esta afecci&oacute;n. Hay estudios contradictorios en su aparici&oacute;n. Dodson y col. (89), despu&eacute;s de analizar los factores predisponentes encontraron que de 99 enfermas de OVCR, 4 eran usuarias de anticonceptivos y 3 bajo ETR, mientras que no hubo en 40 pacientes controles. Sin embargo el Grupo de Estudio Multic&eacute;ntrico de Casos-Controles de Enfermedades de los Ojos que analiz&oacute; 258 pacientes con OVCR y 1142 controles, mostr&oacute; una disminuci&oacute;n estad&iacute;sticamente significativa en las usuarias de ETR, actuales o pasadas (90). Otro estudio, el de Kirwan y col. (91), no aport&oacute; datos estad&iacute;sticamente significativos. </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Otro aspecto relacionado con los estr&oacute;genos en el &aacute;mbito de los &oacute;rganos de la visi&oacute;n es lo que se conoce como &quot;orificios o agujeros idiop&aacute;ticos de la m&aacute;cula&quot;, una condici&oacute;n m&aacute;s frecuente en mujeres que en hombres, asociada a hipertensi&oacute;n arterial y enfermedades cardiovasculares, y que algunos lo relacionan al uso de estr&oacute;genos (92,93), otro no (94) y hay quienes reportan disminuci&oacute;n significativa de su aparici&oacute;n en posmenop&aacute;usicas que han usado TH (95). Otra afecci&oacute;n que causa m&aacute;s del 60% de ceguera legal en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica es la degeneraci&oacute;n de la m&aacute;cula relacionada con la edad, que aparece en el 35% de la poblaci&oacute;n de 75 a&ntilde;os o m&aacute;s y tambi&eacute;n es m&aacute;s frecuente en mujeres de raza blanca que en hombres de la misma edad. En un estudio realizado en Rotterdan, en las mujeres que presentaron m&aacute;s tempranamente su menopausia, el riesgo de su aparici&oacute;n fue de 90%, muy alto comparado con las que presentaron la menopausia tard&iacute;amente (96). Las fases tard&iacute;as u oxidativas de la degeneraci&oacute;n macular son las que conducen con mayor frecuencia a la ceguera (97). Su causa es desconocida, no hay tratamiento m&eacute;dico y el quir&uacute;rgico es a menudo inefectivo. </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Algunos estudios sugieren que la administraci&oacute;n de estr&oacute;genos puede reducir el riesgo de aparici&oacute;n de la degeneraci&oacute;n de la m&aacute;cula relacionada con la edad (98), otros encontraron una reducci&oacute;n poco significativa en etapas tempranas y tard&iacute;as de la enfermedad (99) </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Durante la &eacute;poca de los a&ntilde;os 50 se inici&oacute; la era de desarrollo de los compuestos con actividad antiestrog&eacute;nica con el uso del MER 25 (100), que es un derivado estructural del triparanol (MER 29) utilizado para disminuir los niveles plasm&aacute;ticos de colesterol. Esta droga se utiliz&oacute; hasta el a&ntilde;o 1962 porque produce acumulaci&oacute;n de desmosterol, que causa cataratas (101). La mayor&iacute;a de esos compuestos incluyendo clomifeno, trioxifeno, toremifeno, idoxifeno, raloxifeno y tamoxifeno se han utilizado en ginecolog&iacute;a como inductores de la ovulaci&oacute;n, antitumorales mamarios o para la prevenci&oacute;n de osteoporosis. El uso prolongado de estos compuestos puede ocasionar opacidad del cristalino en mayor o menor grado (102,103,104), que pudiera estar relacionado adem&aacute;s a su efecto antiestrog&eacute;nico y, si tal relaci&oacute;n es cierta, puede inferirse que tambi&eacute;n existe una correspondencia entre las concentraciones plasm&aacute;ticas de estr&oacute;genos y la funci&oacute;n visual. El tamoxifeno, de amplio y prolongado uso para tratamiento del c&aacute;ncer avanzado de mama y/o para su prevenci&oacute;n, a dosis habituales de 10-20 mg/d&iacute;a (o a&uacute;n m&aacute;s bajas), puede producir cambios corneales, cataratas y retinopat&iacute;a (105,106). Esta droga ha sido asociada a otros trastornos oculares como disminuci&oacute;n de la agudeza visual, edema de la m&aacute;cula bilateral, aparici&oacute;n de puntos blanco-amarillentos en la fovea y el &aacute;rea paramacular, y opacidades corneales, por lo tanto debe realizarse el seguimiento continuo de las pacientes a fin de evitar da&ntilde;os irreparables en la visi&oacute;n (107). Existen ciertas afecciones que se asocian con el uso de los estr&oacute;genos (<a href="#cuadr3">Cuadro 3</a>) y que se describen a continuaci&oacute;n:</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"><a name="cuadr3"></a></P>     <P ALIGN="center" style="text-indent: 10px"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v64n3/art04tab3.JPG" width="439" height="258"></P>     
<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">ARTRITIS REUMATOIDEA, ARTROSIS Y ESPONDILITIS ANQUILOSANTE</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">El r&aacute;pido desarrollo de la inmunolog&iacute;a molecular ha permitido la identificaci&oacute;n de acciones pleiotr&oacute;picas de las citoquinas que tienen un papel activo en la reproducci&oacute;n al punto de la aparici&oacute;n de una gran ciencia: la neuroinmunoendocrinolog&iacute;a de la reproducci&oacute;n (108). La castraci&oacute;n de conejos machos trae como consecuencia un aumento en el tama&ntilde;o del timo y, en el humano, la pubertad desencadena apoptosis de los timocitos e involuci&oacute;n del &oacute;rgano, y aparici&oacute;n de dimorfismo sexual en la respuesta inmune. A medida que se llega a la menopausia disminuye la maduraci&oacute;n de las c&eacute;lulas T, es menor la respuesta a est&iacute;mulos extra&ntilde;os y m&aacute;s a&uacute;n a los autoant&iacute;genos. Los valores de citoquinas inflamatorias del tipo IL-1, aumentan con la menopausia de tal forma que, algunas enfermedades incluyendo la artritis, pueden estar influidas por tales cambios. El uso de estr&oacute;genos puede reducir la producci&oacute;n aumentada de IL-1 y aumentar ligeramente la concentraci&oacute;n de cortisol, esto &uacute;ltimo puede causar inmunosupresi&oacute;n de las c&eacute;lulas T y de esta manera mejorar sustancialmente a una enferma con artritis reumatoidea (13,109); por otro lado, la insuficiencia ov&aacute;rica prematura se ha asociado a artritis reumatoidea (110).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">El efecto que los estr&oacute;genos puedan tener sobre la artritis reumatoidea permanece controversial; los estudios europeos muestran protecci&oacute;n, mientras que los norteamericanos no y algunos sostienen que pueden modificar el curso de la enfermedad al inhibir la progresi&oacute;n a formas severas; pero no hay evidencias de que la estrogenoterapia agrave la enfermedad (63). La osteoartrosis se presenta m&aacute;s en mujeres que en hombres y se incrementa dram&aacute;ticamente durante la menopausia, se reportan casos de osteoartrosis de la mano posmenop&aacute;usica (111) y las que toman TH tienen menor prevalencia de esta enfermedad que las que no toman estr&oacute;genos (112) Existen datos indicativos de que la disminuci&oacute;n de los niveles de estr&oacute;genos end&oacute;genos juegan un papel en el desarrollo de osteoartritis en las mujeres de mediana edad y en las que padecen de espondilitis anquilosante activa; y se ha demostrado que la TH ha sido muy efectiva en esta &uacute;ltima, mejora la artritis perif&eacute;rica y todas las variables cl&iacute;nicas de la espondilitis anquilosante (44); aunque se han encontrado niveles elevados de estradiol en l&iacute;quido sinovial asociado a artritis de la rodilla. El estudio Framingham sobre la osteoartritis en 1990 (114) mostr&oacute; efecto protector de la TH; pero estudios epidemiol&oacute;gicos posteriores no lo corroboraron (115).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">LUPUS ERITEMATOSO DISEMINADO (LED)</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Speroff y col. (63) consideran que el uso de anticonceptivos orales que contienen estr&oacute;genos est&aacute;n contraindicados en pacientes con LED que presenten enfermedad vascular, porque pueden exacerbar las manifestaciones cl&iacute;nicas, y sugiere el uso de p&iacute;ldoras que s&oacute;lo contengan agentes progestacionales; sin embargo, Petri y col., citados por el mismo autor (63), consideran la posibilidad de utilizar los anticonceptivos de bajo contenido estrog&eacute;nico en las que tienen enfermedad inactiva o estable, sin da&ntilde;o renal o altas concentraciones de anticuerpos antifosfol&iacute;pidos. En conclusi&oacute;n, aunque el uso de estr&oacute;genos puede beneficiar a pacientes con artritis reumatoidea, las portadoras de lupus pueden empeorar (13,69,116,117).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">OTOSCLEROSIS</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Se ha descrito que con el envejecimiento ocurre desmineralizaci&oacute;n de la c&aacute;psula coclear coincidiendo con la osteoporosis (63) y quienes tienen menos masa &oacute;sea en el cuello del f&eacute;mur corren m&aacute;s riesgo de p&eacute;rdida de la audici&oacute;n (118). Los estr&oacute;genos al prevenir la osteoporosis pudiese tambi&eacute;n prevenir las sorderas relacionadas a la edad, actuando sobre la c&aacute;psula coclear. Independientemente de esto, se sabe que el embarazo hace progresar r&aacute;pidamente la fijaci&oacute;n de la base del estribo causando otosclerosis en las mujeres predispuestas.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La otosclerosis es una enfermedad del hueso de la c&aacute;psula &oacute;tica y la causa m&aacute;s importante de sordera progresiva del adulto con membrana timp&aacute;nica normal; relacionada al consumo de anticonceptivos orales que contienen estr&oacute;genos, de manera an&aacute;loga a lo que sucede durante la gestaci&oacute;n, presumi&eacute;ndose que ocurra progresi&oacute;n de los focos escler&oacute;ticos, produci&eacute;ndose hueso neoformado e inmaduro, que se dispone de forma irregular, entremezclado con numerosos canales vasculares agrandados, causando anquilosis de la base del estribo (119).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">RIESGOS DE C&Aacute;NCER</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Tradicionalmente se ha dicho que los estr&oacute;genos ejercen efectos proliferativos sobre casi todos los tejidos, particularmente los del sistema urogenital; tal asociaci&oacute;n se ha querido establecer por que los hidrocarburos halogenados como los que se usan en las industrias de anilina y f&aacute;brica de pinturas que tienen efectos cancer&iacute;genos poseen dentro de sus f&oacute;rmulas el n&uacute;cleo del ciclopentanoperhidrofenantreno que es com&uacute;n para compuestos como los estr&oacute;genos naturales que pertenecen al grupo de los esteroides y derivan del hidrocarburo estrano (120), asociaci&oacute;n similar que se le atribuye a algunos compuestos del humo del cigarrillo. La aparici&oacute;n de publicaciones en revistas no m&eacute;dicas de los beneficios del uso de estr&oacute;genos para evitar el envejecimiento en los a&ntilde;os 70 y que trajo como consecuencia un indiscriminado uso de estas hormonas con el incremento paralelo de la aparici&oacute;n de c&aacute;ncer de mamas y de endometrio ha permitido la realizaci&oacute;n de estudios para evaluar tales riesgos, tanto del uso de estr&oacute;genos solo o en combinaciones farmacol&oacute;gicas. Por ello, existe abundante bibliograf&iacute;a m&eacute;dica en relaci&oacute;n al uso de estr&oacute;genos y el riesgo de c&aacute;ncer de mama y de endometrio, proliferaci&oacute;n endometrial hacia la hiperplasia y aparici&oacute;n de p&oacute;lipos uterinos.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Pocas drogas han sido estudiadas con tanta vehemencia tratando de encontrar una asociaci&oacute;n o potencialidad de aumentar o producir riesgo para c&aacute;nceres como lo han sido los anticonceptivos orales combinados estroprogest&aacute;genos y han llamado la atenci&oacute;n de los investigadores por juzgar que estos f&aacute;rmacos no son considerados &quot;medicamentos&quot; por que se utilizan en mujeres &quot;sanas&quot;.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La asociaci&oacute;n del uso de estr&oacute;genos con carcinomas cervicales no ha sido extensamente estudiada y existe poca posibilidad de que la terapia de restituci&oacute;n durante la menopausia y como anticoncepci&oacute;n hormonal, empeore la condici&oacute;n (63). Algunas publicaciones consideran que su uso por m&aacute;s de un a&ntilde;o incrementa el riesgo de c&aacute;ncer in situ, lo mismo suele acontecer con los tumores del cuello uterino en etapas invasores cuando su uso se prolonga por m&aacute;s de 5 a&ntilde;os (121). </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">El c&aacute;ncer endocervical uterino est&aacute; incrementando su aparici&oacute;n si se compara con el escamoso cervical, y en los pa&iacute;ses desarrollados alcanza la frecuencia de un 10% del total de los invasores, probablemente por el tratamiento precoz y preventivo de las lesiones preinvasoras del exoc&eacute;rvix. Lo que poco se ha dicho es que parece existir aumento de riesgo de 1.6 del adenocarcinoma cervical con el uso de p&iacute;ldoras contraceptivas que contienen estr&oacute;genos. Un estudio de casos- control realizado en la ciudad de Los &Aacute;ngeles en California en 1994 llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre el particular y fue corroborado en un an&aacute;lisis publicado en la Revista Americana de Epidemiolog&iacute;a en 1996 y que abarc&oacute; a 10 hospitales de 12 pa&iacute;ses (122) y elementos contradictorios en las publicaciones cient&iacute;ficas cuando han tratado de relacionar la aparici&oacute;n de c&aacute;ncer de ovarios con el uso de estr&oacute;genos durante la menopausia; algunos metaan&aacute;lisis y estudios de cohortes prospectivos han dado como resultado que existe aumento de riesgo de morir con el uso prolongado de estr&oacute;genos (123,124); otros no han encontrado tal alianza (125,126); otros han encontrado riesgo reducido (127,128,129); pero como no hay uniformidad en los hallazgos, no es posible sostener tal asociaci&oacute;n (63,122).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Vale la pena comentar sobre la llamada &quot;teor&iacute;a de la ovulaci&oacute;n incesante&quot; (127,130) que ha tratado de explicar el mecanismo de carcinog&eacute;nesis ov&aacute;rica argumentando que la ruptura folicular en repetidos ciclos ovulatorios, sin periodos de descanso que proporciona los embarazos induce traumatismo y reparaci&oacute;n inadecuada del sitio de la ovulaci&oacute;n, los cuales sucesivos ataques de apoptosis y regeneraci&oacute;n del epitelio superficial del ovario incitan a inestabilidad gen&eacute;tica que predispone a la formaci&oacute;n de tumores. En las vacas se ha comprobado que en el sitio de la ovulaci&oacute;n se produce da&ntilde;o oxidativo del DNA, expresi&oacute;n de p53 y apoptosis en las c&eacute;lulas superficiales de sus ovarios. Al mismo tiempo existe "sobreexpresi&oacute;n" de sistemas antiapopt&oacute;ticos como el Bcl-2 y de la enzima polimerasa-beta en las m&aacute;rgenes del fol&iacute;culo roto (131).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Despu&eacute;s de la exfoliaci&oacute;n de las c&eacute;lulas en la zona m&aacute;s elevada del fol&iacute;culo ovulatorio se inicia la replicaci&oacute;n celular en las m&aacute;rgenes y la migraci&oacute;n al sitio de la cicatrizaci&oacute;n (132). La sobrevivencia y posterior expansi&oacute;n de clonaci&oacute;n de c&eacute;lulas del epitelio superficial con da&ntilde;o gen&oacute;mico no reparador y exaltaci&oacute;n de la sobrevida puede representar un factor de riesgo para carcinog&eacute;nesis ov&aacute;rica. Adem&aacute;s en cada ciclo ovulatorio se aumenta el n&uacute;mero de c&eacute;lulas alteradas gen&eacute;ticamente que se acumulan en el sitio de ruptura folicular. Estudios en ovejas y en humanos han mostrado potencial tumorog&eacute;nico en efusiones recogidas de c&eacute;lulas de la superficie ov&aacute;rica que poseen expresi&oacute;n anormal de p53 que como se sabe juega un papel en la regulaci&oacute;n del DNA induciendo da&ntilde;o y apoptosis (133).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Esta teor&iacute;a pudiese ser sostenida por sucesos biol&oacute;gicos como el de las gallinas ponedoras que mueren frecuentemente de c&aacute;ncer ov&aacute;rico, el efecto protector de la supresi&oacute;n ovulatoria durante los embarazos y per&iacute;odos de lactancia, pero est&aacute; en contra el hecho de que el carcinoma de ovario aparece con frecuencia en la perimenopausia y se ha asociado a la menopausia tard&iacute;a. Existen evidencias epidemiol&oacute;gicas de incremento cuando se utilizan drogas inductoras de la ovulaci&oacute;n y en aquellas mujeres con embarazos m&uacute;ltiples obtenido con estas drogas (4,135).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Los estudios realizados en Estados Unidos de Norteam&eacute;rica y el Reino Unido sugieren que en las usuarias de anticonceptivos orales los c&aacute;nceres de endometrio y epitelial ov&aacute;rico se producen con la mitad de la frecuencia que entre otras mujeres (136). El estudio sobre c&aacute;ncer y hormonas esteroideas de los Centros para el Control de las Enfermedades de EEUU (CASH) revel&oacute; que la reducci&oacute;n del c&aacute;ncer de endometrio persiste por bastante tiempo despu&eacute;s de dejar de tomarlos y que la protecci&oacute;n duraba por lo menos 15 a&ntilde;os. (137).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Estudios iniciales se&ntilde;alaron que los ACO pueden proteger de c&aacute;ncer epitelial del ovario (138,139), y el mismo estudio CASH (137) report&oacute; que las usuarias de 11 p&iacute;ldoras de ACO reduc&iacute;an su riesgo a un 40% y disminu&iacute;a m&aacute;s cuando el uso se prolongaba y a&uacute;n si lo descontinuaban (138, 122).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Esto tambi&eacute;n parece ser v&aacute;lido para aquellas mujeres que presentan mutaciones de los genes BRCA 1 y 2, tal como reportaron Narod SA y colaboradores en 1998 (140), quienes analizaron un grupo de 161 pacientes con positividad para estos genes, que como se sabe son de riesgo para c&aacute;ncer de mama, y de ovarios, ellos lograron obtener disminuci&oacute;n significativa del riesgo de c&aacute;ncer de ovarios compar&aacute;ndolos con los grupos controles que no utilizaron anticonceptivos orales; aunque se le ha cuestionado la metodolog&iacute;a del estudio. El riesgo de este tipo de c&aacute;ncer de ovarios familiar persiste, hasta 2 a 3 veces m&aacute;s, aunque la mujer haya sido sometida a ooforectom&iacute;a bilateral (141).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">El c&aacute;ncer colorectal ocupa la tercera posici&oacute;n entre las afecciones malignas de las mujeres en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica. El estudio de salud de las enfermeras report&oacute; una reducci&oacute;n del riesgo de este tipo de c&aacute;ncer en las pacientes que ingieren estr&oacute;genos (63). El efecto protector parece que se prolonga con su uso. Lo mismo pudiese acontecer para la aparici&oacute;n de grandes p&oacute;lipos colorectales. Se ha especulado que este efecto protector estar&iacute;a dado porque los estr&oacute;genos disminuyen los &aacute;cidos biliares con aumento en la saturaci&oacute;n de colesterol, que favorece la producci&oacute;n de c&aacute;lculos y reduce la de c&aacute;ncer col&oacute;nico e inclusive producen un efecto supresor sobre el crecimiento de las c&eacute;lulas de la mucosa y de las secreciones (8,63), otra posible explicaci&oacute;n por lo cual los estr&oacute;genos pueden proteger del cancer de col&oacute;n es porque se ha demostrado que el receptor estrog&eacute;nico en la mucosa col&oacute;nica es del subtipo beta -ER b-, los cuales est&aacute;n en menor proporci&oacute;n en los tumores col&oacute;nicos de la mujer (142).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Algunos estudios observacionales han tratado de establecer que existe aumento de riesgo de aparici&oacute;n de afecciones malignas de la piel en particular del melanoma maligno con la utilizaci&oacute;n de estr&oacute;genos y de anticonceptivos hormonales. Aunque la mayor&iacute;a de las publicaciones encuentran esta asociaci&oacute;n, no todas lo han hallado, tampoco lo revelan los estudios suecos (63), ni el gran estudio colaborativo de que sobre Neoplasias y Contraceptivos Hormonales realiz&oacute; la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud en 1989 (143).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">INTERACCI&Oacute;N CON OTRAS DROGAS</P> </B>    <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Hay reportes anecd&oacute;ticos de que la ingesta de algunos antibi&oacute;ticos reducen la efectividad de los anticonceptivos orales combinados con estr&oacute;genos y se atribuye a que algunos como la griseofulvina y la rifampicina inducen enzimas hep&aacute;ticas y otras disminuyen la circulaci&oacute;n enterohep&aacute;tica del etinilestradiol como las penicilinas y sus derivados, las tetraciclinas, sulfonamidas, nitrofuranto&iacute;na y metronidazol (122). Otras sustancias que inducen la producci&oacute;n enzim&aacute;tica hep&aacute;tica pueden disminuir la efectividad de los ACO, tales como las hidanto&iacute;nas, barbit&uacute;ricos, primidona, carbamazepina. Algunos medicamentos pueden ser potenciados en sus efectos como el diazepan (Valium), el clorodiazep&oacute;xido (Librium), antidepresores tric&iacute;clicos y las teofilinas.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Un an&aacute;lisis extensivo de datos publicados en 1988 no logr&oacute; revelar disminuci&oacute;n de la efectividad de los ACO de bajas concentraciones estrog&eacute;nicas ni interacci&oacute;n con la mayor&iacute;a de las drogas utilizadas (144).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">La ingesti&oacute;n de antioxidantes, como los flavonoides, que contienen naringenin y quercetina que aparecen en altas concentraciones en las frutas c&iacute;trica, inhiben el metabolismo de los estr&oacute;genos, aumentando su biodisponibilidad al inhibir la hidroxilaci&oacute;n y al citocromo P450 que es el sistema que cataliza la hidroxilaci&oacute;n de los estr&oacute;genos, permitiendo un exceso relativo de ellos en la circulaci&oacute;n; de tal suerte que ser&iacute;a conveniente en las usuarias de TRH que hacen dietas ricas en estos elementos, la utilizaci&oacute;n de los estr&oacute;genos en horas nocturnas, antes de dormir (145,146).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="text-indent: 10px">Tambi&eacute;n se ha reportado con el uso de HTR ataques agudos de porfiria, corea reversible en pacientes con historia de corea de Sydenhan, as&iacute; como incrementos de los ataques de asma bronquial (143). </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY"></P> <B>    <P ALIGN="JUSTIFY">REFERENCIAS</P> </B>    <!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">1. Van Keep PA, Utian WH, Vermeulen A. The controversial climateric. Lancaster: MTP Press Limited, 1982&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059400&pid=S0048-7732200400030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">2. Furman RH. Coronary hearth disease and the menopause. En Ryan KJ, Gibson DC, editores. Publicaci&oacute;n N° 73-319. United States Department of Health, Education and Welfare, 1971.p.39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059401&pid=S0048-7732200400030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">3. Ryan KJ. Estrogen and atherosclerosis. Clin Obstet Gynecol 1976: 19-805.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059402&pid=S0048-7732200400030000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">4. Rosenberg L, Armstrong B, Phil D, Jick H. Myochardial infarctation and estrogen therapy use in postmenopausal women. N Engl J Med 1976; 294: 1256- &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059403&pid=S0048-7732200400030000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">5. Collins P, Beale CM. The cardioprotective role of HTR: a clinical update. New York. The Partenon Publishing Group, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059404&pid=S0048-7732200400030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">6. Walsh BW, Paul S, Wild RA. Effects of hormone replacement therapy and raloxifene on C-reactive protein and homocysteine in healthy postmenopausal women: a randomized, controlled trial. J Clin Endocrinol Metab 2000; 85: 214-218.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059405&pid=S0048-7732200400030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">7. Speroff L. The clinical significance of C-Reactive Protein. Ob/Gyn Clin Alert 2001; 17(10) 79-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059406&pid=S0048-7732200400030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">8. Hulley S, Grady D, Bush T, Forberg C, Herrinton D, Riggs B, et al. Randomized trial of estrogen plus progestin for secondary prevention of coronary heart disease in postmenopausal women. JAMA 1998; 280: 605-613.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059407&pid=S0048-7732200400030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">9. Molina R. Terapia de reemplazo hormonal para las posmenop&aacute;usicas despu&eacute;s del ensayo WHI. Rev Obstet Ginecol Venez 2002; 62(4): 229-233.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059408&pid=S0048-7732200400030000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">10. Swedish HABITS is cancelled. Holmberg L, Anderson H. Lancet 2004; 363: 453-455.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059409&pid=S0048-7732200400030000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">11. Speroff L. Unpublicicized effects of postmenopausal hormone therapy. Ob/Gyn Clin Alert 1996; 13(1): 6-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059410&pid=S0048-7732200400030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">12. Farcheg I. Alteraciones gastrointestinales durante el climaterio y la menopausia. En Ter&aacute;n D&aacute;vila J, Febres Ballestrini F, editores. Medicina del climaterio y la menop&aacute;usia. Caracas. Editorial Ateproca, 1999: 101-121.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059411&pid=S0048-7732200400030000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">13. Molina R, Vel&aacute;squez N, Fern&aacute;ndez G. Diagn&oacute;stico y seguimiento cl&iacute;nico durante el climaterio y la menopausia. En Ter&aacute;n D&aacute;vila J y Febres Ballestrini F, editores. Medicina del climaterio y la menop&aacute;usia. Caracas. Editorial Ateproca, 1999: 15-34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059412&pid=S0048-7732200400030000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">14. Caruso S, Roccasalva L, Sapienza G, Zappal&aacute; M, Nuciforo G, Biondi S. Laringueal cytological aspects in women with surgically induced menopause who were treated with transdermal estrogen replacement therapy. Fertil Steril 2000; 74: 1073-79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059413&pid=S0048-7732200400030000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">15. Abitbol J, de Brux J, Millot G, Masson MF, Mimoun OL, Pau H. Does a hormonal vocal cord cycle exist in women? Study of vocal premenstrual syndrome in voice performers by videostrosboscopy-glottography- and cytology on 38 women. J Voice 1989; 2: 157-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059414&pid=S0048-7732200400030000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">16. Hagstad A, Janson PO. The epidemilogy of climateric symptoms. Acta Obstet Gynecol Scand 1986; 134: 59-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059415&pid=S0048-7732200400030000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">17. Marin FG. Drugs and vocal function. J Voice 1988; 2: 338-344.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059416&pid=S0048-7732200400030000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="JUSTIFY">18. Harris TM. The pharmacological treatment of voice disorders. Folia Phoniatr 44; 1992: 143.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">19. Ferguson BJ, Hudson WR, McCarty KS. Sex steroid receptor distribution in the human larynx and laryngeal carcinoma. Arch Otolaringol Head Neck Surg 1987; 113: 1311-1315.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059418&pid=S0048-7732200400030000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">20. Weinberg MA. Women and oral health. U.S. Pharmacist posted 10/07/02.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059419&pid=S0048-7732200400030000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">21. Norderyd OM, Grossi SG, Machtei EE. Periodontal status of women taking postmenopausal estrogen supplementation. J Periodontol 1993; 64: 957-962.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059420&pid=S0048-7732200400030000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">22. Gershen JA: Geriatric dentristy and prevention: research and public policy. Adv Den Res 1991; 5: 69-73.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059421&pid=S0048-7732200400030000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">23. Department of Health and Human and Human Services: Oral Health United State Adults: The National Survey of Oral Health in U.S employed Adults and seniors: 1985-1986: National Findings. Bethesda, MD: Department of Health and Human Services in. 1987. NHI publication 87:-2868.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059422&pid=S0048-7732200400030000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">24. NIDR. Oral health of U. S. adults, the national survey of oral health in U.S. employed adults and seniors: 1985-1986. NHI publication no. 87-2868, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059423&pid=S0048-7732200400030000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">25. McGowan J., Redford M: Workshop introdution. J Bone Miner Res. 1993; 8 (suppl S449.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059424&pid=S0048-7732200400030000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">26. Kribbs PJ: Comparison of mandibular bone in normal and osteoporotic women. J Prosthe Dent 1990; 63: 218-222.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059425&pid=S0048-7732200400030000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">27. Klemetti E, Vainio P, LassilaV. Cortical bone mineral density in the mandible and osteoporosis status in postmenopausal women. Scand J Dent Res 1993; 101: 219-223.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059426&pid=S0048-7732200400030000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">28. Genco RJ, Grossi SG. Is estrogen deficiency a risk factor for periodontal disease?. Compendium of continuing education dentristy 1998; (suppl 22): S 23-29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059427&pid=S0048-7732200400030000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">29. Pacifici R. Estrogen, cytokines and pathogenesis of postmenopausal osteoporosis. J Bone Miner Res 1996; 11: 1043-1051.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059428&pid=S0048-7732200400030000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">30. Pacifici R. Is there a causal role for IL-1 in postmenopausal bone loss?. Calcif Tisue Int 1992; 50: 295-299.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059429&pid=S0048-7732200400030000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">31. Tatakis DN: Interleukin-1 and bone metabolism: a review. J Periodontal 1993; 64: 416-431. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059430&pid=S0048-7732200400030000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">32. Girasole G, Jilka LR, Passeri G. 17b-Estradiol inhibits interleukyn- 6 prodution by bone marrow-derived stromal cell and osteoblasts in vitro: a potential mechanism for the antiosteoporotic effect of estrogen. J Clin Invest1992; 89: 883-891.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059431&pid=S0048-7732200400030000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">33. Steinberg BJ. The impact of estrogen deficiency and therapy on woman´s oral health. Compendium of continuing education in dentristry. Alabama. Dental Learning Systems, Co., Inc., 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059432&pid=S0048-7732200400030000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">34. Cohen-Solal ME, Graulet AM, Denne MA. Peripheral monocyte culture supernatants of menopausal women can induce bone resortion: involvement of cytokines. J Clin Endocrinol Metab 1993; 77: 1648-1653.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059433&pid=S0048-7732200400030000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">35. Paganini-Hill A: The benefits of estrogen replacement therapy on oral health. The Leisure World Cohort. Arch Intern Med 1995; 155: 2325-2329.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059434&pid=S0048-7732200400030000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">36. Krall EA, Dawson-Hudges B, Hannan MT. Postmenopausal estrogen replacement and tooth retention. Am J Med, 1997: 102: 536-542.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059435&pid=S0048-7732200400030000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">37. Grossi SR Effect of estrogen supplementation on periodontal disease. Compendium of continuing education dentristry 1998; (suppl 22): S 30-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059436&pid=S0048-7732200400030000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">38. Hasselquist MB, Goldberg N, Schroster A, Sperisberg TC. Isolation and characterization of the estrogen receptor in human skin. J Clin Endocrinol Metab 1980; 50: 76-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059437&pid=S0048-7732200400030000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">39. Benson RC, Pernoll ML. Handbook of Obstetrics and Gynecology. New York. McGraw- Hill, Inc., 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059438&pid=S0048-7732200400030000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">40. Parker F. Skin and hormones. En: Williams RH, editor. Texbook of endocrinology. Filadelfia: WB Saunders Co., 1981: 1080-1098.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059439&pid=S0048-7732200400030000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">41. Bolognia JL, Braverman ME, Rosseau ME, Sarrel PM- Skin changes in menopause. Maturitas 1989; 11: 295-304.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059440&pid=S0048-7732200400030000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">42. Gregerman RI and Bierman En: Aging and hormones. En: Williams RH, editor. Texbook of endocrinology. Filadelfia: WB Saunders Co., 1981: 1192-1212.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059441&pid=S0048-7732200400030000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">43. Guzm&aacute;n A. Tratado de obstetricia y ginecolog&iacute;a psicosom&aacute;tica. Caracas. Disinlimed C.A, 1987).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059442&pid=S0048-7732200400030000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">44. Palacios S. Protocolos terap&eacute;uticos en menopausia. Tomo II. Madrid: Mirpal, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059443&pid=S0048-7732200400030000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">45. Piquero-Martin J. Menopausia, envejecimiento y fotoenvejecimiento. Derm Venez 1990; 28(2): 52-56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059444&pid=S0048-7732200400030000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">46. Fitzpatrick TB, Eisen AZ. Wolf, Frredberg IN, Austen KF. Dermatology in general medicine. 4ta. edici&oacute;n. New York: McGraw. Inc, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059445&pid=S0048-7732200400030000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">47. Piquero-Martin J. Alteraciones dermatol&oacute;gica durante el climaterio y la menopausia. En: Teran-D&aacute;vila J, Febres-Ballestrin F, editores. Medicina del climaterio y la menopausia. Caracas: Editorial Ateproca; 1999: 61-71.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059446&pid=S0048-7732200400030000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">48. Brincant M, Versi E, Moniz CF, Magos A, DeTrafford J, Studd JWW. Skin collagen changes in post-menopausal women receiving different regimens of oestrogen therapy. Obstet Gynecol 1987; 70: 840-845.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059447&pid=S0048-7732200400030000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">49. Hall D. Gerontology: Colagen disease. Clin Endocrinol Metab 1981; 10: 23-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059448&pid=S0048-7732200400030000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">50. Brincat M, Moniz CJ, Studd J. Long-term effects of the menopause and sex hormones on skin thickness. Br J Obstet Gynecol. 1985; 92: 256-259.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059449&pid=S0048-7732200400030000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">51. Kistner RW. La P&iacute;ldora. M&eacute;xico: Editorial Diana S.A, 1971.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059450&pid=S0048-7732200400030000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">52. Mata Ballenilla J. Aspectos psicol&oacute;gicos durante el climaterio y la menopausia. En Ter&aacute;n D&aacute;vila J y Febres-Ballestrini F, editores. Medicina del climaterio y la menopausia. Caracas. Editorial Ateproca 1999,187-191.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059451&pid=S0048-7732200400030000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">53. Bachmann GA. Correlates of sexual desire in postmenopausal women. Maturitas 1985; 7: 211-216.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059452&pid=S0048-7732200400030000400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">54. Pederson OD, Jersen HK. Long-term treatment with transcutaneus estradiol and oral medroxiprogesterone acetate. Acta Obstet Gynecol Scand 1992; 71: 593-598.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059453&pid=S0048-7732200400030000400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">55. Creidi P, Faivre B, Agache P, Richard E, Haudiquet V, Sauvanet JP. Effect of a conjugated oestrogen (Premarin) cream on age in facial skin. A comparative study with a placebo cream. Maturitas 1994; 19: 211-223.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059454&pid=S0048-7732200400030000400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">56. Cauley JA, Petrini AM, LaPorte RE, Sandler RB, Bayles CM, Robertson RJ, et al. The decline of grip strenght in the menopause: relationship to physical activity, estrogen use and anthropometric factors. J Chron Dis 1987: 115.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059455&pid=S0048-7732200400030000400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">57. Phillips SK, Rook KM, Siddle NC, Bruce SA, Woldege RC. Muscle weakness in women occurs at an earlier age than in men but streght is preserved by hormone replacement therapy. Clin Sci 1993; 84: 95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059456&pid=S0048-7732200400030000400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">58. Donoso Al, Stefano IJE, Biscardi AM, Cukier J. Effects of castration on hypothalamic Catecholamines. Am J Physiol 212:727,1267.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059457&pid=S0048-7732200400030000400058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">59. Fuxe K, Hockfelt, Nilsson O. Castration, sex hormones and tuberoinfundibular dopamine neurons. Neuroendocrinology 5:107,1969&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059458&pid=S0048-7732200400030000400059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="JUSTIFY">60. Williams CL and Stancel GM. Estrogens and progestins. En: Hardman JG, Limbird LE, Editores Jefes. Goodman &amp; Gilman´s. The pharmalogical basis of therapeutics. 9a. Edici&oacute;n. New York. McGraw-Hill, 19966; 1411-1440.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">61. Polo-Kantola P, Erkkola R, Irjala K, Pullinen S, Virtanen I, Polo O. Effects of short-term transdermal estrogen replacement therapy on sleep: A randomized, double- blind crossover trial in postmenopausal women. Fertil Steril 1999; 71:873-883.</P>     <!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">62. Polo O. Partial upper airway obstruction during sep. Studies with the static-charger-sensitive bed (SCSB). Acta Physiol Scand 1992; 145: 1-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059461&pid=S0048-7732200400030000400062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">63. Speroff L, Glass RH, Kase N. Clinical gynecologic endocrinology and infertility.6ª. Edici&oacute;n, Baltimore. Lippincott Williams &amp; Wilkins, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059462&pid=S0048-7732200400030000400063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">64. Cistulli PA, Barnes DJ, Grunstein RR, Sullivan CE. Effect of short term hormone replacement in the treatment of obstructive sleep apnea in potmenopausal women. Thorax 1994; 46: 699.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059463&pid=S0048-7732200400030000400064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">65. Palacios Gil-Antu&ntilde;ano S, Men&eacute;ndez Ce&ntilde;o C. Alteraciones del tracto genito-urinario bajo y menopausia. En: Palacios Gil-Antu&ntilde;amo, editor. Climaterio y Menopausia. Fasc&iacute;culo II. Madrid: Mirpal, 1993: 105-112.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059464&pid=S0048-7732200400030000400065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">66. Iosif CS, Batra S, Ek A, Astedt B. Estrogen receptor in the human female lower urinary tract. Am J Obstet Gynecol 1981;141: 817-820.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059465&pid=S0048-7732200400030000400066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">67. Berman JR, McCarty MM, Kypriuanou N. Effect of estrogen withdrawal on nitric oxide synthase expression and apoptosis in the rat vagina. Urology 1998; 51: 650-656.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059466&pid=S0048-7732200400030000400067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">68. Fari&ntilde;as FA, Ter&aacute;n-D&aacute;vila J, Teppa-Garran AD. Cambios urogenitales durante el climaterio y la menopausia. En Ter&aacute;n D&aacute;vila J y Febres Ballestrini F, editores. Medicina del climaterio y la menop&aacute;usia. Caracas. Editorial Ateproca 1999, 73-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059467&pid=S0048-7732200400030000400068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">69. Rigg LA; Hermann H, Yen SS. Absorption of estrogens from vaginal creams. New Engl J Med 1978; 298(4); 195-197.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059468&pid=S0048-7732200400030000400069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">70. Bachman GA. Vulvovaginal complaints. En: Lobo RA, editor. Treatment of Postmenopausal Women: Basic and Clinical Aspects. New York: Raven Press, 1994, p.140.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059469&pid=S0048-7732200400030000400070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">71. Fantl JA, Bump RC, Robinson D, McKlish DK, Giman &amp;. The Continence Program for Women Research Group. Efficacy of estrogen supplementation in the treatment of urinary incontinence. Obstet Gynecol 1996; 88: 745-749.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059470&pid=S0048-7732200400030000400071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">72. Losif CS, Bekassy Z. Prevalence of genito-urinary syntoms in the late menopause. Acta Obstet Gynecol Scand 1984: 63: 257-260.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059471&pid=S0048-7732200400030000400072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">73. Samsioe G, Jansson I, Melstrom D, Svandborg A. The ocurrence, nature and treatment of urinary incontinence in a 70- years-old female population. Maturitas 1985; 7: 335-342.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059472&pid=S0048-7732200400030000400073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">74. Hilton P, Tweddel AL, Mayne C. Oral and intravaginal estrogens alone and in combination with alpha adrenergic stimulation in genuine stress incontinence. Int Urogynecol J 1990; 12: 60-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059473&pid=S0048-7732200400030000400074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">75. Karram MM, Partoll L, Rahe J. Efficacy of nonsurgical therapy for urinary incontinence. J Reprod Med. 1996; 41: 215-219.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059474&pid=S0048-7732200400030000400075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="JUSTIFY">76. Elia G, Bergman A. Estrogen effects on the urethra : beneficial effects in women with genuine stress incontinence. Obstet Gynecol Surv 1993; 48: 509-517.</P>     <!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">77. Fantl JA, Cardozo L, Mclish DK, Hormones and Urogenital Therapy Committee. Estrogen therapy in the management of urinary incontinence in postmenopausal women: a meta-analysis. First report of the Hormones and Urogenital Therapy Committee. Obstet Gynecol 1994; 83: 12-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059476&pid=S0048-7732200400030000400077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">78. Metka M, Enzelberger H, Knogler W, Schurz B, Alchmar H. Ophthamic complaints as a climateric symtom. Maturitas 1991; 14: 3-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059477&pid=S0048-7732200400030000400078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">79. Pfugfelder SC. Relaci&oacute;n entre ojo seco y enfermedad de la superficie ocular. Highlights of Ophthalomolgy (Edici&oacute;n para Hispanoam&eacute;rica) 2002; 30: 7-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059478&pid=S0048-7732200400030000400079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">80. Kramer P, Lubkin V, Potter W, Jacobs M, Labia G, and Silverman P. Cyclic changes in conjuntival smear from menstruating females. Ophthalmology 1990; 97: 303-307.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059479&pid=S0048-7732200400030000400080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">81. Klein BEK, Klein R, Ritter LL. Is there evidence of an estrogen effect on age-related lens opacities? Arch Ophthamol. 1994; 112: 85-91.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059480&pid=S0048-7732200400030000400081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">82. Cumming RG, Mitchell P. Hormone replacement therapy, reproductive factors, and cataract. Am J Epidemiol 1997; 145: 242-249.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059481&pid=S0048-7732200400030000400082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">83. Benitez del Castillo JM, del Rio T, Garc&iacute;a-S&aacute;nchez J. Effects of estrogen use on lens transmittance in post-menopausal women. Ophthalmology 1997; 104: 970-973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059482&pid=S0048-7732200400030000400083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">84. Dreyer EB, Lipton SA. New perspectives on glaucoma. JAMA. 1999; 281: 306-308.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059483&pid=S0048-7732200400030000400084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">85. Steinmann WA. A case-control study of the risk factors for primary open-angle glaucoma. Am J Epidemiol.1982; 116: 576. Abstract.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059484&pid=S0048-7732200400030000400085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">86. Kass MA, Sears ML. Hormonal regulation of intraocular pressure. Surv Ophthalmol 1997; 22: 153-176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059485&pid=S0048-7732200400030000400086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">87. Sator MO, Akramian J, Joura EA,et al. Reduction of intraocular pressure in a glaucoma patient undergoing hormone replacement therapy. Maturitas. 1998; 29: 93-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059486&pid=S0048-7732200400030000400087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">88. Goodman Y, Bruce AJ, Cheng B, Mattson MP. Estrogens attenuate and corticosterone exacerbates exicitotoxicity, oxidative injury, and amyloid beta-peptide toxicity in hippocampal neurons. J Neurochem. 1996; 66: 1836-1844.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059487&pid=S0048-7732200400030000400088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">89. Dodson PM, Galton DJ, Hamilton AM, Blach RK. Retinal vein occlusion and prevalence of lipoprotein abnormalities. Br J Ophthalmol. 1982; 66: 161-164.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059488&pid=S0048-7732200400030000400089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">90. The Eye Disease Case-control Study Group. Risk factors for central retinal vein occlusion. Arch Ophthalmol, 1996; 114: 545-554.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059489&pid=S0048-7732200400030000400090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">91. Kirwan JF, Tsaloumas MD, Vinall H, Prior P, Kritzinger EE, Donson PM. Sex hormone preparations and retinal vein occlusion. Eye. 1997; 11: 53-56)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059490&pid=S0048-7732200400030000400091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">92. James M, Feman SS. Macular holes. Arch Klin Exp Ophthalmology 1980; 215: 59-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059491&pid=S0048-7732200400030000400092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">93. McDonnell P, Fine SL, Hillis AJ, Clinical features of idiopatic macular cysts and holes. Am J Ophthalmol 1982; 93: 777-786.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059492&pid=S0048-7732200400030000400093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">94. Morgan CM, Schatz H. Idiopatic macular holes. Am J Ophthalmol 1985; 99: 437-444)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059493&pid=S0048-7732200400030000400094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">95. The Eyes Disease Case-Control Study Group.Risk factors for Idiopatic Macular Holes. Am J Ophthalmol. 1994; 118: 754-761).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059494&pid=S0048-7732200400030000400095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">96. Vingerling JR, Dielemans I, Witteman CM, Hofman A, Grobbee DE, de Jong TVM. Macular degeneration and early menopause: a case-control study. Br Med J. 1995; 310: 1570-1571.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059495&pid=S0048-7732200400030000400096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">97. Klein R, Klein BE, Linton KR. Prevalence of age-related maculopaty. The Beaver Dam Eye Study. Ophthalmology 1992; 99: 933-943.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059496&pid=S0048-7732200400030000400097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">98. The Eye-Disease Case-Control Study Group. Risk factors for neovascular age-related macular degeneration. Arch Ophthalmol 1992; 110: 1701-1708.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059497&pid=S0048-7732200400030000400098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">99. Klein BE, Klein R, Jensen SC, Ritter LL. Are sex hormones associated with age-related maculopaty in en women? The Beaver Dam Eye Study. Trans Am Ophthalmol Soc 1994; 92: 289-295)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059498&pid=S0048-7732200400030000400099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">100. Jensen EV. History of the estrogen receptor concept and its relation to antiestrogens. En: Estrogens and antiestrogens. Basic and clinical aspect. Linday R, Dempster DW, and Craig-Jordan V, editores. Philadelphia. Lippincott-Raven Publ.1997, pp3-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059499&pid=S0048-7732200400030000400100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">101. Laughlin RC, Carey TF. Cataracts in patiens treated with tryparanol. JAMA 1962; 181: 339-340.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059500&pid=S0048-7732200400030000400101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">102. Craig-Jordan V. The origen of antiestrogens. En: Estrogens and antiestrogens. Basic and clinical aspect. Lindsay R, Dempster DW, Craig-Jordan V, editores. Filadelfia. Lippincott-Raven Publishers. 1997: 9-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059501&pid=S0048-7732200400030000400102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">103. von Sallman L, Grimes P, Collins E. Triparanol-induced cataracts in rats. Arch Ophthamol 1963; 70: 1128-1136. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059502&pid=S0048-7732200400030000400103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="JUSTIFY">104. Estrogens and antiestrogens. Basic and clinical aspect. En: Lindsay R, Dempster DW, Craig-Jordan V, editores. Philadelphia. Lippincott-Raven Publ.1997.</P>     <!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">105. Kaiser-Kupfer MI, Lippman ME. Tamoxifen retinopathy. Cancer Group 1978; 62: 315-320.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059504&pid=S0048-7732200400030000400105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">106. Pavlidis NA, Petris C, Briassoulis E. Clear evidence that long-term low-dosis tamoxifen treatment can induce ocular toxicity. Cancer. 1992: 2961-2964.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059505&pid=S0048-7732200400030000400106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">107. Mihm LM. Tamoxifen-induced ocular toxicity. Ann Pharmacother. 1994; 28: 740-742.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059506&pid=S0048-7732200400030000400107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">108. Andino N, Machado AJ. Inmunorregulaci&oacute;n de la funci&oacute;n ov&aacute;rica. En: Rodr&iacute;guez Armas O, Acosta, Silva H, editores. Avances en medicina reproductiva. Caracas: Edic Gal&eacute;nicas CA; 1993, p98-115.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059507&pid=S0048-7732200400030000400108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">109. VanVollenhoven RF, McGuire JL. Estrogen, progesterone and testosterone: can they be used to treat autoinmune disease? Clev Clin J Med 1994; 61: 276-284.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059508&pid=S0048-7732200400030000400109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">110. Ter&aacute;n D&aacute;vila J, Teppa Garran AD, Molina Vilchez R, Febres Ballestrini F. Insuficiencia ov&aacute;rica prematura (&quot;Menopausia precoz&quot;) En: Ter&aacute;n D&aacute;vila J, Febres Ballestrini F, editores. Medicina del Climaterio y la Menopausia. Caracas: Editorial Ateproca 1999, 193-207&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059509&pid=S0048-7732200400030000400110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">111. Felson DT, Nevitt CC. The effects of estrogen on osteoarthritis. Curr Opin Rheumatol 1998; 10(3): 269-272.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059510&pid=S0048-7732200400030000400111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">112. Spector TD, Sandra D, Hart DJ, Doyle DV. Estrogen and osteoarthritis in women. Ann Rheum Dis 1997; 56(7): 432-434.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059511&pid=S0048-7732200400030000400112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">113. Tsai CL, Liu TK, Chen TJ. Estrogen and osteoarthritis: A study of sinovial estradiol and estradiol receptor binding in human osteoarthritc knees. Biochem Biophys Res Commun 1992; 183: 1287-1291. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059512&pid=S0048-7732200400030000400113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">114. Hannan MT, Nelson DT, Anderson JJ, Naimark A, Kannel WB. Estrogen use and radiographic osteoarthritis of the keen in women: The Framinganm Osteortrhitis Study. Arthritis Rheum 1990; 33: 525-532. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059513&pid=S0048-7732200400030000400114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">115. Oliveira SA, Nelson DT, Klein RA, Reed JI, Walter AM. Estrogen replacement therapy and development of osteoarthritis. Epidemilogy 1996; 7: 415-419.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059514&pid=S0048-7732200400030000400115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">116. S&aacute;nchez Guerrero J, Liang MH, Karlson EU, Hunter DJ, Colditz GA. Postmenopausal estrogen therapy and risk for developing systemic lupus erythematosus. Ann Intern Med 1995; 122: 430-433..&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059515&pid=S0048-7732200400030000400116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">117. Johnson SR. Menopause and hormone replacement therapy. Med Clin North Am 1998:82(2): 297-320.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059516&pid=S0048-7732200400030000400117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">118. Clark K, Sowers MR, Wallace RB, Jannausch MI, Lemke J and Anderson CV. Age-related hearing loss and bone mass in a population of rural women aged 60 to 85 years. Ann Epidemiol 1995; 5: 8-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059517&pid=S0048-7732200400030000400118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">119. Berkow R, Talbott J. El Manual Merck. Sexta edici&oacute;n. Rahway, NJ: Merck y Co., Inc., 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059518&pid=S0048-7732200400030000400119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">120. Litter M. Compendio de farmacolog&iacute;a cl&iacute;nica. 9° reimpresi&oacute;n. Buenos Aires. Librer&iacute;a &quot;El Ateneo&quot;. 1976. pp447-462.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059519&pid=S0048-7732200400030000400120&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">121. Adashi E, Rock J, Rosenwaks Z. Reproductive endocrinology, surgery, and tecnology. Volumen 2. Lipincott-Raven Publishers. Filadelfia, 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059520&pid=S0048-7732200400030000400121&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">122. Graves WK. Contraception. En: Curtis M, Hopkins M, editores. Glass’s office gynecology. Baltimore: Wiliams y Wilkins, 1999: 61-94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059521&pid=S0048-7732200400030000400122&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">123. Gambacciani M, Monteleone P, Sacco A, Gennazini AR. Hormone therapy replacement and endometrial, ovarian and colorectal cancer. Best Pract Res Clin Endocrinol Metab 2003; 17: 139-147.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059522&pid=S0048-7732200400030000400123&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">124. Brekelmans CT: Risk factors and risk reduction of brast and ovarian cancer. Curr Opin Obstet Gynecol 2003; 15: 63-68. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059523&pid=S0048-7732200400030000400124&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">125. Hildreth NG, Kelsey JL, LiVolsi VA, Fisher DV, Holford TR, Mostow ED, et al. An epidemiologic study of epithelial carcinoma of the ovary. Am J Epidemiol 1981; 114: 398-405.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059524&pid=S0048-7732200400030000400125&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">126. Wu ML, Wittemore AS, Paffenbarger Jr RS, Sarles DL, Kampert JB, Grosser S, et al. Personal and environmental characteristic related to epithelial ovarian cancer. I. Reproductive and menstrual events and oral contraceptive use. Am J Epidemiol 1988; 128: 1216-1227. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059525&pid=S0048-7732200400030000400126&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">127. Risch HA. Hormonal etiology of epitelial ovarian cancer, with a hip&oacute;tesis concerning the role of androgens and progesterone.J Natl Cancer Inst 1998; 90: 1774-1786.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059526&pid=S0048-7732200400030000400127&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">128. Hartage P, Hoover R, McGowan L, Lesher L, Norris HJ. Menopause and ovarian cancer Amm J Epidemiol 1988; 127: 990-998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059527&pid=S0048-7732200400030000400128&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">129. Sneider HP, Birkhauser M. Does HTR modify risk of gynecological cancers ? Int J Fertil Menopausal Stud 1995; 40 ( Suppl 1) 40-53). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059528&pid=S0048-7732200400030000400129&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">130. Cramer Dw, Hutchinson GB, Welch WR, Scully RE, Ryan KJ. Determinants of ovarian cancer risk. I. Reproductive experiences and family history. J Natl Cancer Inst 1983; 71: 711-716. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059529&pid=S0048-7732200400030000400130&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">131. Murdoch WJ, Townsend RS, McDonnel AC. Ovulation –induced DNA damage in the ovarian surface epithelial cells of the ewes: prospective regulatoriy mechanisms of repair/survival and apoptosis. Biol Reprod 2001;65:743-750. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059530&pid=S0048-7732200400030000400131&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">132. Murdoch WJ, McDonnel AC. Roles of the ovarian surface epithelium in ovulation and carcinougenesis. Reproduction 2002; 123:743-750.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059531&pid=S0048-7732200400030000400132&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">133. Verschraegen CF, Hu W, Du Y, Mendoza J, Early J, Deavers M, et al. Establishment and characterization of cancer cell cultures and xenograftts derivedfrom primary or metastatic Mullerians cancers. Clin Cancer Res 2003; 9: 845-852. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059532&pid=S0048-7732200400030000400133&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">134. Complications and controversias in ovulation induction. En: Filicori M, Flamigni C, editores. Treatment of infertility: New frontiers. Princenton Junction, New Jersey. Comunicattions Media for Education, Inc.,1998 pp 159-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059533&pid=S0048-7732200400030000400134&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">135. Dardik R, Duska L, Bristol R. En: Bankowski BJ, Hearne AE, Lambrou N, Fox HE, Wallach EE, editores. Ovarian cancer. The Johns Hopkins manual of gynecology and obstetrics. 2° Edici&oacute;n. Filadelfia. Lipincott Williams y Wilkins. 2002, pp 481-499,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059534&pid=S0048-7732200400030000400135&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">136. Population Reports. Las p&iacute;ldoras de dosis reducidas. Noviembre 1988, Serie A N° 7 pp 1-32 (pag 14-15)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059535&pid=S0048-7732200400030000400136&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">137. Cancer and steroid hormone study. Combination oral contraceptive use and risk of endometrial cancer. JAMA 1987; 257(6):796-800.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059536&pid=S0048-7732200400030000400137&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">138. Annengers JR, Strom H, Decker DG, Dockerty MB. O´Fallon WM. Cancer 1979; 43: 723-729.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059537&pid=S0048-7732200400030000400138&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">139. Cancer and steroid hormone study of the centers for disease control and the National Institute of Child Health and Human Development. The reduction of risk of ovarian cancer associated with oral-contraceptive use. N Engl J Med 1987; 316: 650-655)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059538&pid=S0048-7732200400030000400139&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">140. Narod SA. Oral contraceptives and the risk of hereditary ovarian cancer. N Engl J Med 1998; 339-428.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059539&pid=S0048-7732200400030000400140&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">141. Noller K. Comentarios al art&iacute;culo anterior. Ob/Gyn Clin Alert. 1998; 15(6): 45-47)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059540&pid=S0048-7732200400030000400141&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">142. The Practice Committee of the American Society for Reproductive Medicine. Fertil Steril 2004, 81:231-241.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059541&pid=S0048-7732200400030000400142&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">143. Speroff L. Hormonal Contraception. En: Adashi E, Rock J, Rosenwaks Z, editores. Reproductive endocrinology, surgery, and tecnology. Volumen 2. Lipincott-Raven Publishers. Filadelfia, 1996: p.1683-1708).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059542&pid=S0048-7732200400030000400143&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">144. Szoka PR, Edgren RA. Dugs interaction with oral contraceptives: compilation and an&aacute;lisis of an adverse experience report database. Fertil Steril 1988; 49( Suppl): 31 S.)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059543&pid=S0048-7732200400030000400144&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">145. Schubert W, Culberg G, Edgar B and Hedner T. Inhibition of 17 Beta-estradiol metabolism by grapefruit juice in ovariectomized women. Maturitas 1995; 20: 155-163.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059544&pid=S0048-7732200400030000400145&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY">146. Speroff L. Postmenopausal hormone replacement therapy: some common and uncommon questions. En: The prescriber´s guide to Hormone replacement therapy. Whitehead M, editor. New York. The Partenon Publishing Group 1998, 41-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2059545&pid=S0048-7732200400030000400146&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="JUSTIFY"></P></FONT>     ]]></body>
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