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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cáncer de ovario en el Hospital Central de Maracay: Revisión de 1999 a 2007]]></article-title>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Factores de riesgo]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Cáncer de ovario en el Hospital  Central de Maracay. Revisión de 1999 a 2007</font></b></p> <font FACE="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>Dra. María Scucces*</b></p>     <p align="justify">*Ginecólogo Obstetra.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Dirección: CIADANA (Centro de Investigación y Análisis  Docente Asistencial del Núcleo Aragua). Laboratorio de Microscopia Electrónica,  Fac Cs de la Salud, Universidad de Carabobo, Núcleo Aragua, Maracay, Edo.  Aragua. Correo electrónico: <a href="mailto:mscucces@yahoo.com"> mscucces@yahoo.com</a></p>     <p ALIGN="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Objetivo: Identificar la incidencia y factores de riesgo del  cáncer de ovario, los aspectos clínicos y diagnósticos relacionados con su  estadificación.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Métodos: Estudio retrospectivo, epidemiológico, descriptivo  de 52 pacientes con cáncer de ovario de 1999 a 2007.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Ambiente: Servicios de Cirugía y Ginecología, Hospital  Central de Maracay.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Resultados: La incidencia es del 0,4 % del total de casos y  13,19 % del total de patología ginecológica maligna. La edad promedio fue de  49,46 años. En paridad 38,5 % tenían de uno a tres embarazos. El de la menarquía  17 % fue menor de doce años. Hubo 50,1 % pacientes posmenopáusicas. El motivo de  consulta fue tumor de ovario (57,6 %). El diagnóstico instrumental en 69,2 % se  realizó con ecografía. En 23 % el estadio clínico (FIGO 1985) fue el III. Según  el tipo histológico fueron epiteliales (71,1 % ). En 71,1 % el tratamiento fue  el protocolo de ovario. Hubo 2 % con patologías neoplásicas asociadas.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Conclusiones: El cáncer de ovario es esporádico. Ocurre  después de los 35 años. Su diagnóstico es tardío.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Palabras clave: Cáncer de ovario, Factores de riesgo,  Estadificación.</p>     <p ALIGN="justify"><b>SUMMARY</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Objective: To identify the incidence and risk factors of the  ovarian cancer, clinical aspects and diagnosis related with staging.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Method: A retrospective, epidemiological, descriptive study  of 52 patients with ovarian cancer from 1999 to 2007. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Setting: Department of Surgery and Gynecology, Hospital  Central de Maracay. Results: The incidence was 0.4 % of all cases and 13.19 % of  all gynecologic malignancies. The mean age was 49,46 years. In parity 38.5 % had  from one to three pregnancies. Menarche in 17.% was 12 years. 50.1 % patients  were in postmenopausal. Clinical diagnosis was ovarian tumor (57,6 %). Patients  were evaluated in 69.2 % with ultrasonography. Staging classification (FIGO  1985) in 23 % was stage III. In 71.1 % ovarian cancer was epithelial. In 71.1 %  treatment used was hysterectomy and bilateral salpingo-oophorectomy. In 2 %  there was neoplasm associated. Conclusion: Ovarian cancer is sporadic, and  developing after 35 years. The diagnosis is late. </p>     <p align="justify"><b>Key words</b>: Ovarian cancer, Risk factors, Staging.</p> </font>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font SIZE="2" face="Verdana"><b>INTRODUCCIÓN</p> </b>     <p align="justify">Los tumores malignos del ovario han ido aumentando en los  últimos 40 años (1). Aquellos derivados del epitelio, representan las dos  terceras partes de todos los tumores primarios del ovario y cerca del 90 % de  las neoplasias malignas del mismo (2,3). El cáncer de ovario (CO), es el que  produce la mayor mortalidad representando la cuarta causa de muerte en la mujer.  El riesgo de desarrollar CO es de 1/70 y su incidencia, en Venezuela, se estima  varíe entre un 3,5 a 3,6 por cien mil mujeres (2-5). En la mayoría de los casos  es esporádico o, no presenta tendencias hereditarias. Alteraciones genéticas  frecuentes, en el CO, están dadas por mutaciones adquiridas en el gen  oncosupresor p53; c-myc; HER-2/neu; Ki-ras (6). La pérdida de los alelos en el  locus del brazo largo del cromosoma 6(6q), se asocia, de manera muy específica a  CO (7). Un 10 % del mismo se manifiesta con historia familiar. El concepto de  carcinoma ovárico familiar incluye: 1.- Un solo familiar de primer grado del  paciente con CO; 2.- Un solo familiar de primer grado más uno o más familiares  de segundo grado. El linaje más común lo constituye el patrón hermana/hermana o  madre/hija (8,9). Se han descrito tres síndromes hereditarios severos para el  CO, y son: 1.- El carcinoma ovárico específico; 2.- La </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">familiaridad para cáncer de mama/cáncer de ovario; 3.- El  síndrome de cáncer familiar caracterizado por la presencia de cáncer de colon y  adenocarcinoma de ovario, mama o útero o por una combinación de ambos(8). En  mujeres con cáncer de mama y de colon, hay un riesgo mayor de padecer CO (8).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">De las neoplasias ginecológicas, el CO  es la más letal, puesto que la mayoría de las mujeres son asintomáticas en los  estadios tempranos y su exordio ocurre en etapas ya avanzadas, requiriendo una  extensa terapia citorreductora y quimioterapia (1,3,6,9). La </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">clasificación en estadios del carcinoma ovárico </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">según la Federación Internacional de  Ginecología y Obstetricia (FIGO 1985) se muestra en el <a href="#cua1">Cuadro 1</a>  (3).</font></font></p>     <p ALIGN="center"><font SIZE="2"><a name="cua1"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua1.gif" width="557" height="430"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">En 5 % de los casos los cánceres son  funcionales y causan manifestaciones endocrinas que pueden sugerir su  diagnóstico (1).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La causa del CO es desconocida, y no  existen evidencias de que sea uno solo el agente que esté implicado en su  etiología (7). Entre los factores de riesgo se encuentran la edad, estimándose  que en 90.% de los casos ocurre después de los 35 años (3,9). Así también, la  nuliparidad, la infertilidad o el período intergenésico prolongado son todos  factores etiológicos independientes para el CO (3,7,9). Un rol carcinógeno, ha  sido atribuido a ciertos agentes ambientales como lo es el talco perineal, por  exponer el epitelio ovárico, porque puede entrar en la cavidad pélvica a través  del canal vaginal (7). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Según la hipótesis de la &quot;ovulación  incesante&quot; propuesta por Fathalla, citado por Burger y col. (7), las ovulaciones  incesantes, lesionan el epitelio del ovario conduciéndolo hacia una  transformación maligna de sus células. En efecto, son las glándulas de inclusión  epitelial (GIE), que se constituyen como </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">invaginaciones corticales de la superficie  epitelial del ovario, para luego perder su conexión con el mismo, y serían sede  de la mayoría de los tumores quísticos epiteliales del ovario (7,10). Las  ovulaciones a repetición, entonces, podrían proporcionar amplias posibilidades  para de lecciones genéticas y mutaciones somáticas (4,8). </p>     <p align="justify">Otra hipótesis etiológica, de las &quot;gonadotrofinas&quot;, propone  un modelo que se sustenta en el hecho de que la estimulación persistente del  ovario por las gonadotrofinas aumenta el riesgo de cambios malignos,  posiblemente, a través de una acción carcinogenética directa de las mismas o en  combinación con los elevados niveles de estrógenos (7). Altos niveles de  hormonas esteroideas (17&#946; estradiol, estrona, </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">progesterona, androstenodiona y testosterona) han sido  correlacionados con el volumen y el estadío del CO, pero, no se ha dilucidado si  dichos niveles están implicados en el origen, o si, son sintetizados de &quot;novo&quot;  en el tejido tumoral. Otro hallazgo revela, elevadas concentraciones de  receptores estrogénicos y disminuidas concentraciones de receptores para la  progesterona en los tumores malignos del ovario (7). Es probable que esta última  hipótesis esté a la base del menor riesgo que tienen, las usuarias de  anticonceptivos orales, y las multíparas, de padecer CO (4,11).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Recientemente, se ha postulado la  hipótesis de la &quot;endometriosis&quot; promovida por Paulson, citado por Burger y col.  (7), basada en la evidencia de un riesgo disminuido de CO en pacientes con  histerectomía o con esterilización quirúrgica (7,12). Existen en tal </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">sentido, pruebas de la interacción entre el  17&#946; estradiol y las gonadotrofinas, con factores de crecimiento como el &quot;Factor  de crecimiento insulínico 1&quot; (IGF 1) y el &quot;Factor de crecimiento epidérmico&quot; (EGF)  que permiten valorar que las perturbaciones del estado hormonal inciden en el  desarrollo del CO (7,12). </p>     <p align="justify">Dado la historia natural del CO y la ineficacia de los  programas de pesquisa así como también la imposibilidad de modificar muchos  factores de riesgo, se dificulta su aprehensión y el diagnóstico </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">precoz (3-5). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">El gen oncosupresor BRCA1 es un gen  grande, con 23 exones, que viene transcrito y traducido en una proteína de 1.863  aminoácidos (13). Formas mutadas de los genes BRCA1 y BRCA2 predisponen al  cáncer. El BRCA1, exclusivamente, predispone al cáncer de mama y ovario (5,13).  Una mutación </font>1<font face="Verdana">85AG, delección de las bases AG en las  posiciones 185 y 186 (BRCA1-125 del AG), fue la primera en ser descubierta, y  predispone al CO que atañe al 0,9.% de los hebreos Ashkenazitas (5). Además, se  han encontrado, en esta población otras dos mutaciones: BRCA1– 5382 insC y la  mutación BRCA2-6174 del T. Siendo Israel un país donde casi la mitad de la  población es de origen Ashkenazi, se estima que más de 35 000 pacientes son  portadoras de la mutación para el gen BRCA 1. Entre las pacientes con CO, en  Israel, 60 % son Ashkenazi y más del 25 % de todas ellas, son portadoras de la  mutación BRCA1/2 (5). Lo anterior contrasta con la situación en la mayoría de  los países donde la mutación heredada comprende del 5 % al 10 % de los pacientes  con CO. De allí que, el factor de riesgo más importante sea la familiaridad para  cáncer de mama y ovario, y donde, las mutaciones BRCA1/2 juegan un rol  importante (5). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Evidencias acerca de las bases genéticas  en el CO sugieren la presencia del gen oncosupresor p53 ubicado en el cromosoma  17, así como del </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">gen HER-2/neu y del  gen que codifica el receptor </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">del  factor de crecimiento epidérmico (EGF). En el brazo largo del cromosoma 17(17q)  se encuentra el gen oncosupresor BRCA-1 importante en el inicio y progresión del  CO familiar (8). Otras certezas acerca de las bases genéticas se derivan de  observaciones realizadas en mujeres con diagnóstico de cáncer de colon y mama,  cuyo riesgo de desarrollar CO está aumentado (8). Factores genéticos como el  síndrome de Turner, la presencia de cromosoma Y (mosaicismo del síndrome de  Turner 45, X0/46, XY) y el síndrome de Klinefelter, tal vez, aumenten el riesgo  de padecer tumores del tipo de los gonadoblastomas (8,14). Se describe  familiaridad en la ocurrencia de teratomas y de tumores de los cordones sexuales  en pacientes con el síndrome de Peutz-Jeghers (3,8).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">El tumor de ovario es uno de los menos  curables, precedido solo por el cáncer de pulmón y páncreas, siendo esta  cualidad debida a su diagnóstico tardío (1), lo que hace necesario, por ello,  conocer acerca de su etiología. </font></p>     <p><font face="Verdana">Nuevos enfoques, en los estudios actuales evalúan los  factores de riesgo para cada uno de los subtipos histológicos del CO (12). Otros  abordajes en el tratamiento del mismo, se proponen corregir </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">defectos moleculares específicos o bien aumentar </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">la quimiosensibilidad o la  inmunosensibilidad de las células tumorales a través de la transferencia de  genes (terapia génica), y ello se fundamenta en la cognición de que el cáncer es  un proceso que se desarrolla en múltiples etapas e implican alteraciones de  diferentes genes incluyendo a oncogenes, genes oncosupresores y genes  reparadores del ADN (6,13). Así por ejemplo, la hiperexpresión del oncogen erbB-2  se relaciona con un mal pronóstico para CO y con quimiorresistencia. En cambio,  la presencia del gen oncosupresor nm23 se asocia a buena respuesta al  tratamiento con quimioterapia (15). </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En la actualidad, se adelantan  tratamientos para el CO basados en la transferencia de genes en aquellos casos  que presenten formas mutantes de la proteína p53 y se emplea como vector el  adenovirus recombinante SCH58500 administrado por vía intraperitoneal. Numerosos  protocolos de terapia </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">génica están  actualmente abiertos con el fin de obtener mayor información acerca de la  biología de estas pacientes (6,13).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En el presente trabajo nos proponemos identificar la  incidencia del CO en el Hospital Central de Maracay, los factores de riesgo a él  asociados y los aspectos clínicos y diagnósticos relacionados con la  estadificación del mismo.</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">MÉTODOS</p> </b></font><font SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Estudio retrospectivo, epidemiológico,  descriptivo de pacientes con el diagnóstico de tumor maligno del ovario,  atendidas en los Servicios de Cirugía y Ginecología del Hospital Central de  Maracay en el período de 1999 al 2007.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Se analiza la incidencia; los factores  de riesgo (edad, paridad, menarquía, menopausia); motivo de </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">consulta; diagnóstico instrumental y  estadificación prequirúrgica; estadío clínico según la clasificación </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">FIGO 1985; histogénesis; tratamiento,  patologías neoplásicas asociadas.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Los datos se recopilan en forma personal  y directa. Para el análisis estadístico, se agrupan y ordenan en cuadros según  la frecuencia y, se analizan, a través del porcentaje.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">RESULTADOS</p> </b></font><font SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Entre 1999 y 2007 se atendieron un total  de 121 325 pacientes en los Servicios de Cirugía y Ginecología del Hospital  Central de Maracay registrándose 394 casos de patología ginecológica maligna en  ambos servicios. Hubo 52 casos de tumores malignos del ovario, lo que representa  una incidencia del 0,04 % (52/121 325) del total de casos atendidos y del  13,19.% (52/394) del total de la patología ginecológica maligna.</font></p>     <p><font face="Verdana">Las edades de las pacientes incluidas en el estudio se  muestran en el <a href="#cua2">Cuadro 2</a>. En 36,54 % (19/52) tenían 11,5.%  (6/52) fueron nulíparas.</font></p>     <p align="center"><a name="cua2"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua2.gif" width="335" height="361"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="cua3"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua3.gif" width="333" height="214"></a></p>     
<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En 17 % (8/52) la menarquía de las  pacientes ocurrió antes de los doce años (<a href="#cua4">Cuadro 4</a>).</font></p>     <p ALIGN="center"><a name="cua4"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua4.gif" width="324" height="227"></a></p>     
<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">De las 26 pacientes posmenopáusicas,  solo 4 % (2/26) presentó menopausia tardía (después de los 56 años). Hubo 7,7 %  (4/26) que presentó menopausia precoz (antes de los 40 años). Se registró 40,3 %  (21/52) de pacientes premenopáusicas (<a href="#cua5">Cuadro 5</a>).</font></p>     <p ALIGN="center"><a name="cua5"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua5.gif" width="303" height="288"></a></p>     
<p><font face="Verdana">Según el motivo de consulta, en 57,6 % (30/52) el  síntoma fue tumor de ovario y en 11,5 % (6/52) fue tumor pélvico (<a href="#cua6">Cuadro  6</a>).</font></p>     <p align="center"><a name="cua6"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua6.gif" width="326" height="269"></a></p>     
<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">El diagnóstico instrumental se realizó  mediante ecografía en 69,2 % (36/52) y en 65,3 % (34/52) con marcadores  tumorales (<a href="#cua7">Cuadro 7</a>).</font></p>     <p ALIGN="center"><a name="cua7"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua7.gif" width="335" height="196"></a></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     
<p>La clasificación en estadios según la FIGO 1985, en 23 % (12/52) resultó ser  el estadio III, y en 53,8.% (28/52) resultó no estar estadificado (<a href="#cua8">Cuadro  8</a>).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="cua8"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua8.gif" width="353" height="213"></a></p> </font><font SIZE="2">     
<p><font face="Verdana">El 71,1 % (37/52) de los casos, según el tipo  histológico, resultó ser el carcinoma epitelial (<a href="#cua9">Cuadro 9</a>).</font></p>     <p align="center"><a name="cua9"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua9.gif" width="347" height="181"></a></p>     
<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">El tratamiento realizado en 71,1 %  (37/52) fue el protocolo de ovario (<a href="#cua10">Cuadro 10</a>).</font></p>     <p ALIGN="center"><a name="cua10"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua10.gif" width="335" height="191"></a></p>     
<p><font face="Verdana">Las patologías neoplásicas asociadas se explican en el <a href="#cua11">Cuadro 11</a>, donde en 2 % (1/52) el CO se asocia con cáncer  de mama, endometrio y colon, respectivamente.</font></p>     <p align="center"><a name="cua11"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v70n2/art05cua11.gif" width="335" height="211"></a></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     
<p align="justify">DISCUSIÓN</p> </b>     <p align="justify">A pesar de décadas de estudios es necesario, aún, reflexionar  acerca de los factores de riesgo para el CO e identificar directrices para su  prevención </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">(1-3,12). Es un tumor  esporádico en la mayoría de los casos, o no presenta tendencias hereditarias y  ello se corresponde con los hallazgos reportados en este trabajo donde, de los  52 casos estudiados, ninguno presentó historia familiar para CO (8). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Se registra después de los 35 años,  según lo citado por Rincón Morales (9,12). En el estudio, 84,62 % (44/52)  ocurrió después de esa edad. Además, el </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">mismo autor refiere que las tasas más altas se  ubican entre 45 y 59 años (3) y el dato se corresponde con los hallazgos  reportados, donde el grupo etario antes mencionado representa el 53,85 %  (28/52). Las personas afectadas por el síndrome de CO hereditario, en cambio,  son diagnosticadas ya en la 5</font><font SIZE="2"><sup><font face="Verdana">a </font></sup><font face="Verdana">década de la vida con neoplasias ováricas  bilaterales pobremente diferenciadas (8) (<a href="#cua2">Cuadro 2</a>).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">Si bien los datos no coinciden con los  de Rincón Morales (9), quien reporta un mayor número de nulíparas, el mismo  autor señala una relación inversamente proporcional con el aumento del número de  embarazos y ello está acorde con los resultados del estudio (9). Asimismo, la  literatura insiste en la nuliparidad o, en la baja paridad como factor de riesgo  para el CO (3,7,9,16) (<a href="#cua3">Cuadro 3</a>). Ha sido valorada también  la relación entre drogas para la inducción de </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">la ovulación y el CO. Tal definición ha sido  aplicada en pacientes sometidas a por lo menos un ciclo de fertilización <i>in  vitro </i>con inducción de la ovulación, y existen indicios de un mayor riesgo  de CO en aquel grupo de mujeres tratadas con citrato de clomifeno, con respecto  al de la población general (8). Los estudios asocian los tratamientos para la  infertilidad con un mayor riesgo para tumores frontera (La OMS los define así  por no presentar invasión hacia el estroma) </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">y tumores de células de la granulosa (3,8,9). Pero, las  discrepancias existentes en los datos acerca del uso de inductores de la  ovulación y el riesgo subsecuente de CO, hacen pensar que dichos fármacos  puedan, más bien, estimular el crecimiento de malignidades pre-existentes o  sino, que la estricta vigilancia a la que son sometidas estas pacientes  infértiles permitan su diagnóstico (8). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En la literatura se cita, que la  menarquía precoz o la menopausia tardía son factores de riesgo para el CO. Los  datos muestran el 17 % (9/52) de pacientes con menarquía precoz, asimismo, de 26  pacientes posmenopáusicas solo 4 % (2/52) presentaron menopausia tardía. En 40,3  % (21/52) las pacientes eran premenopáusicas lo cual coincide con lo publicado  por Márquez Reverón (4) (<a href="#cua4">Cuadro 4</a>). En general, las  ovulaciones a repetición exigen la proliferación de las células del epitelio  ovárico, lo que podría aumentar el riesgo de mutaciones espontáneas en los  oncogenes, pero aún, poco se conoce acerca de los eventos genéticos asociados  con el inicio, progresión o metástasis del CO (8).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los tumores del ovario en su fase  inicial son asintomáticos o silentes. Otras veces pueden ocurrir </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">síntomas vagos como la dispepsia, la flatulencia,  trastornos digestivos leves, molestias abdominales inespecíficas, pero en la  mayoría de los casos se manifiesta con aumento de volumen abdominal y dolor  abdominal crónico (1,3,4,9). Puede ocurrir, en ocasiones, obstrucción  intestinal. Otros síntomas frecuentes son los trastornos menstruales, el  sangrado posmenopáusico, el dolor abdominal agudo derivado de la torsión o la  necrosis tumoral, la pérdida de peso notable o repentino, una adenopatía  inguinal sin causa aparente (1,3). Más raramente el cáncer de ovario puede hacer  su exordio con manifestaciones de carácter paraneoplásico con síntomas como son  la hipercalcemia, la hipoglucemia, el síndrome de Cushing, la anemia hemolítica  (1,8). Otras veces se presenta como &quot;ovario palpable&quot; en posmenopausia (1). En  el caso de pacientes asintomáticas, un agrandamiento ovárico anormal o  persistente (en premenarquía, menopausia o posmenopausia) ha de ser considerado  como neoplásico y requiere de la evaluación por laparotomía. Así también toda  masa ovárica de más de 6 cm y de consistencia sólida debe ser considerada como  neoplásica, sobre todo si persiste. Los datos arrojaron que, en el </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">57,6 % (30/52), el motivo de consulta fue  tumor de ovario (1,3) (<a href="#cua6">Cuadro 6</a>). El diagnóstico diferencial  se plantea principalmente con los miomas uterinos, las dislocaciones renales y  la patología intestinal (1).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En cuanto al diagnóstico instrumental de  CO, en 69,2 % (36/52) se realiza con el ultrasonido y en 65,3.% (34/52) se hace  con los marcadores tumorales. (<a href="#cua7">Cuadro 7</a>). La ecografía es el  examen diagnóstico que procede, en orden de importancia, al examen clínico.  Realizado por vía abdominal, transvaginal o transrectal permite evidenciar la  naturaleza líquida, sólida o mixta del tumor, y guiar la </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">aspiración (aguja de Franzen) para fines  diagnósticos (1). La ultrasonografía ha demostrado gran capacidad predictiva en  el CO, el color Doppler energy (power Doppler, o color Doppler Angio) permite  valorar la distribución vascular en las masas anexiales, mejora la capacidad  para el diagnóstico diferencial entre tumores benignos y malignosy aporta la  posibilidad de reducir el número de intervenciones quirúrgicas innecesarias y  capaz de detectarlo precozmente (17). Es un arma diagnóstica secundaria en  comparación con el ultrasonido modo-B (17). A su vez, el ultrasonido 3D, se  presenta también como herramienta diagnóstica útil para disminuir los falsos  positivos, y lograr una evaluación meticulosa de la lesión ovárica (18). Los  criterios ecográficos para diferenciar un tumor anexial benigno de uno maligno  incluyen: a.-El tamaño de la lesión, b.- Un tumor unilocular, c.- Regularidad y  grosor de los septos, d.-Superficie tumoral, e.-Presencia de componentes  sólidos, f.-Unilateralidad de la lesión, g.-Estructura interna de la pared y su  grosor, h.- Ecogenicidad del tumor (19). La biopsia bajo guía ecográfica con  aguja de Franzen no permite un diagnóstico precoz del CO y a considerarse  obsoleta para la confirmación histológica, ofreciendo elementos diagnósticos  solo en casos seleccionados (1). Los ulteriores avances tecnológicos han  consentido la introducción del ultrasonido power Doppler 3D el cual permite  diferenciar neoplasias benignas de aquellas malignas, precisar pronósticos  tumorales y determinar alternativas terapéuticas (18). El color Doppler  transvaginal 2D y el power Doppler 3D logran una significativa reducción de  falsos positivos, y, además la ultrasonografía 3D ofrece ventajas obvias que se  traducen en una mejor descripción de la anatomía de la lesión ovárica, una  acuciosa caracterización de la superficie tumoral, la valoración de la extensión  de la infiltración a través </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">de la  cápsula tumoral y un claro despistaje del tamaño y el volumen de la masa ovárica  (18).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Ya en otro orden de ideas, la  laparoscopia, como examen instrumental preoperatorio, es una técnica que permite  la evaluación en fase prequirúrgica de la </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">extensión de la enfermedad y confirma el  diagnóstico </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">clínico de neoformación  ovárica. En el caso de masas encapsuladas no permite conocer la naturaleza de la  misma (1,3,4,17).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En lo que respecta a los marcadores  tumorales, </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">estos no son específicos  para la detección precoz de tumores de ovario. La alfa-feto proteína (&#945;-FP) solo  sirve para el diagnóstico precoz y el monitoreo de los tumores del seno  endodérmico, de los cuales logra evidenciar las recidivas en fase pre clínica.  La fracción beta de la gonadotrofina coriónica (&#946;-hCG) es útil en los casos de  coriocarcinoma ovárico y tumores de células germinales con predominante  componente coriocarcinomatosa (1). El antígeno carcinoembrionario (CEA) no es  muy específico como marcador tumoral. El Ca 125 es un marcador que está presente  en un alto porcentaje de tumores epiteliales no mucinosos. En posmenopausia, es  altamente sugestivo de malignidad ovárica, pero en el cáncer de colon, mama,  páncreas, estómago, útero y trompas de Falopio también esta aumentado. Además,  valores normales del mismo no excluyen el diagnóstico de CO (8,20,21). Algunos  autores sostienen que, el Ca 125, aunado al estudio ultrasonográfico y a la  condición de posmenopausia, representa un índice de malignidad que ayuda a  discriminar entre masas pélvicas benignas y malignas (15). Es un antígeno con  baja especificidad pues, pacientes con condiciones benignas como la  endometriosis, la enfermedad inflamatoria pélvica, pueden cursar con  concentraciones elevadas, lo cual constituye una limitante para su uso como  marcador en el diagnóstico precoz del CO (1,22). En los estadios tempranos del  CO, está presente en 50 % de los casos, pero en estadios avanzados se registra  en 90 % de ellos, y variaciones de sus concentraciones se relacionan con el  curso clínico de la enfermedad. Durante la operación de segunda mirada (<i>second  look operation) </i>concentraciones del Ca 125 y el OVXI predicen enfermedad  residual (22). La disminución del Ca 125 en etapas tempranas de la quimioterapia  es predictiva de los hallazgos en la operación de segunda mirada y de la  supervivencia de la paciente y, es muy útil para detectar enfermedad recurrente  (22). No existe manejo óptimo de las concentraciones del Ca 125 en pacientes sin  evidencias ultrasonográficas </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">ni  radiológicas de enfermedad (22). Otros antígenos como el Ca 19.9, Ca 15.3 y TAG-72  han revelado ser, de igual forma, importantes en la valoración preoperatoria y  en el monitoreo del CO (15). El Ca 19.9 es un marcador tumoral que se expresa </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">preferentemente en el histotipo mucinoso  del CO, al igual que el TAG-72. En cambio, el Ca 15.3 se ha detectado en  pacientes con histotipo no mucinoso (21). Niveles normales del Ca 125, Ca 19.9,  Ca 15.3 y TAG-72, después del 6º ciclo de quimioterapia pueden indicar, tanto  remisión completa como una enfermedad persistente en la segunda mirada, pero,  valores elevados sí predicen, casi inequívocamente, tumor residual (22).  Marcador tumoral, es un término </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">que  define cualquier sustancia producida tanto por las células tumorales como por  aquellas normales del huésped y que es secretada en el suero u otros fluidos  biológicos, comportándose como indicador de la presencia de malignidad (22).  Algunos evalúan la neoangiogénesis a través de la expresión del VEGF, que  representa un marcador tumoral de valor pronóstico. El COX-2 es otro marcador  que se relaciona con la expresión de la E-cadherina, implicada en la adhesión de  las células endoteliales a la matriz extracelular y muy relacionado con la  angiogénesis en el CO. De igual forma la proteína MDR (<i>multidrug resistance  protein</i></font><font SIZE="2"><font face="Verdana">) o P-glycoproteína, es un  marcador tumoral relacionado con los procesos de quimiorresistencia (15,21).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">El diagnóstico del CO puede ser fugaz y  de difícil aprehensión. Para su correcta valoración es fundamental, una  minuciosa historia clínica, un profundo examen pélvico y abdominal, un atento  examen físico, así como un uso objetivo de las técnicas </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">instrumentales y de laboratorio. Pero la  estadificación del mismo se basa solo, en los hallazgos de la laparotomía  ginecológica (1-3), y, solo ella permite, en última instancia, un diagnóstico  certero del CO así como su estadificación para poder establecer un eventual,  sucesivo tratamiento (1). Es necesario, en todo caso, evaluar pre-operatoriamente,  en lo posible, la extensión de la enfermedad. La detección de sangre oculta en  heces, el examen rectal, la sigmoidoscopia y el colon por enema descartan  extensión intestinal. El estudio radiológico de estómago e intestino delgado  puede tener indicación en caso de ascitis o en presencia de sintomatología  intestinal y para descartar la presencia de un tumor de Krukenberg. La citología  del líquido ascítico y del líquido pleural es útil en la estadificación  prequirúrgica. La radiografía de tórax ha de efectuarse rutinariamente y la  cistoscopia, solo si está justificada. La urografía de eliminación permite  reconocer anomalías ureterales u obstrucciones urinarias. La tomografía axial  computarizada (TAC), también desempeña un rol importante en la estadificación  pre quirúrgica del CO. La laparoscopia </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">como técnica, posee un rol particularmente relevante en la  segunda mirada para establecer la extensión peritoneal de la enfermedad,  particularmente, en sede diafragmática. Es una herramienta válida en la  vigilancia de la respuesta terapéutica (1). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En la laparotomía ginecológica, los  hallazgos de pronóstico negativo para el CO son: a.- La presencia de células  malignas en la cavidad peritoneal y de </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">mamelones en la superficie ovárica, b.- La ruptura  de la cápsula del ovario, c.- La extensión a ambos ovarios, útero, trompas u  otras estructuras pélvicas, d.- La presencia de metástasis abdominales, e.- La  extensión a ganglios retroperitoneales o del intestino delgado u omento, f.- Las  metástasis hepáticas. La bilateralidad de la enfermedad es un signo que afecta  la tasa de sobrevida e implica un mal pronóstico si se la compara con los casos  de ataque unilateral (3). En el CO, la reducción del volumen tumoral (cirugía  citorreductora) se correlaciona con la prolongación de la vida de la paciente  (9). Los datos señalan que, de los 24 casos clasificados por estadios, 23.%  (12/52) ocurren en el estadio III y 13,5 % (7/52) ocurren en el estadío IV según  la clasificación FIGO 1985 (<a href="#cua1">Cuadro 1</a>) (3). Ello no se  corresponde con lo reportado en ña literatura donde el 55 % se diagnostica en  los estadios III y IV (1,4). Puede ocurrir, en algunos casos, que la parte  superior del abdomen no haya sido correctamente valorada durante la primera  intervención quirúrgica, en tal caso, deberá realizarse una nueva laparotomía de  estadificación (operación de segunda mirada), inmediatamente después de haber  culminado la quimioterapia en pacientes sin signos clínicos de enfermedad, con  el propósito de evaluar la respuesta al tratamiento y erradicar un eventual  tumor residual, importante factor pronóstico ante una posible terapia  antiblástica. Técnicamente han de repetirse los mismos tiempos previstos durante  la estadificación quirúrgica </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">(1,3,4)  (<a href="#cua8">Cuadro 8</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Según la embriogénesis, el 71,1 %  (37/52) del </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">CO corresponde a tumores  de la superficie epitelial </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">y ello  coincide con lo señalado en la literatura (1,3,4,9). Los tumores epiteliales, se  subdividen, según la histogénesis, y de acuerdo al tipo celular en: a.- Seroso;  b.- Mucinoso; c.- Endometrioide; d.-De células claras; e.- Tumor de Brenner; f.-  Transicional o tumor epitelial mixto, g.- Tumor mixto mülleriano (4,9) (<a href="#cua9">Cuadro  9</a>).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">En cuanto al tratamiento en 71,1 %  (37/52) se realiza el protocolo de ovario que prevé la toma de biopsia  peroperatoria, y en 11,5 % (6/52) se realiza solo la laparotomía ginecológica,  correspondiendo a casos de carcinomatosis peritoneal, con toma de biopsias  múltiples y constatación intraoperatoria de los hallazgos (<a href="#cua10">Cuadro  10</a>). El rol de la cirugía varía de acuerdo al estadío temprano o avanzado de  la enfermedad (3,23,24). En los primeros, la </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">cuidadosa estadificación permite identificar  metástasis subclínicas (24). En el estadío I, la histerectomía total con  ooforosalpingectomía bilateral determina la curación del CO. Raramente y solo en  casos de mujeres jóvenes con lesiones quísticas, sin mamelones, adherencias y  bajo grado de malignidad tumoral, puede tomarse en cuenta la posibilidad de  realizarse ooforectomía unilateral, si es necesario, para preservar la  fertilidad de la mujer (3,23). La incisión ha de ser longitudinal y amplia para  una correcta exploración de la cavidad abdominal. Se debe registrar la  presencia, así como la cantidad de ascitis y ha de tomarse muestra para estudio  citológico. La citología sobre lavado peritoneal, en ausencia de ascitis es  parte del proceso de estadificación, en tal circunstancia es oportuno realizar  lavados peritoneales separados, con solución fisiológica: a.-En sede  subdiafragmática, b.- En los canales parietocólicos, c.- En el fondo de saco de  Douglas. Luego, ha de explorarse la parte superior del abdomen, inspeccionarse  el diafragma, el hígado, el omento y palpar el retroperitoneo. Solo entonces se  realizará la exéresis quirúrgica de la neoformación ovárica completando con  histerectomía, o oforosalpingectomía contralateral y la biopsia de todas las  áreas sospechosas (hemidiafragma derecho, canales parietocólicos, fondo de saco  de Douglas, cápsula de Glisson, mesenterio). Debe practicarse linfoadenectomía  pélvica y paraorótica, eliminando las cadenas ganglionares cranealmente y hasta  el origen de las arterias ováricas. La omentectomía y la apendicetomía completan  el tratamiento. Una vez concluido el acto quirúrgico debe reseñarse  cuidadosamente la localización y difusión tumoral y calcular aproximadamente el  volumen del tumor residual. Aunque el beneficio terapéutico de la omentectomía  sea controversial por considerarse una sede común de metástasis, es aconsejable  por lo menos, su resección parcial (1,4,23). Como resultado del lavado  peritoneal, biopsia, omentectomía, y linfoadenectomía, muchas pacientes pueden  ser reclasificadas hacia estadios más avanzados del CO (24). La cirugía  citorreductora o de intervalo (&quot;reducción de intervalo&quot;) se realiza con el fin  de </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">optimizar el tratamiento en  pacientes que responden en modo óptimo a la quimioterapia (Estadio II y III). Es  posible la resección aislada de las recidivas en pacientes, después de intervalo  libre de enfermedad. Situaciones de emergencia, dadas por el crecimiento del  tumor y/o por los resultados de intervenciones anteriores pueden requerir  cirugía de urgencia (1,3,4). Por último la quimioterapia es un instrumento  terapéutico fundamental pues el CO de origen epitelial es altamente  quimiosensible, por lo que esta se utiliza como terapia adyuvante (Estadios Ic  al IV). Puede ser administrada por vía sistémica o intraperitoneal y esta última  puede asociarse a la hipertermia (3,4,21). En nuestros datos hubo dos casos (4  %) a los que se practicó quimioterapia, en uno de ellos el diagnóstico  histológico no estaba reportado y se trataba de un caso con metástasis  cerebrales y hepáticas, el otro caso se correspondía con un cistoadenocarcinoma  papilar metastásico, según el diagnóstico histológico reportado (<a href="#cua10">Cuadro  10</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Hay un caso (2 % ) donde el cáncer de  ovario es el segundo primario maligno de un cáncer de mama y uno (2 %) donde  este es el segundo primario maligno de un cáncer de endometrio, asimismo en un  caso (2 %) la paciente presenta cáncer primario de colon como segundo primario  maligno. La literatura señala, al respecto, un mayor riesgo para el CO en  aquellas pacientes portadoras de cáncer de mama, de colon, y de endometrio  (3,8,9) (<a href="#cua11">Cuadro 11</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En pacientes asintomáticas,  características como: a.-La presencia de un ovario palpable en posmenopausia,  b.-Una neoformación ovárica en edad fértil de diámetro mayor de 5- 6 cm que no  ceda al tratamiento con anticonceptivos orales, c.- Una neoformación ovárica  dura, o cuya etiología genital o extra genital no sea clara, pueden conducir a  un diagnóstico precoz del CO (1,8).</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Algunas indicaciones para la profilaxis de los tumores  malignos del ovario pueden incluir: a.- La ooforosalpingectomía después de los  45 años, o, a los 40 años si hay historia familiar de tumor maligno de ovario;  b.- Durante una laparotomía, en caso de disgenesia gonadal con cromosoma Y; c.-  En aquellas pacientes con cáncer gástrico o cáncer intestinal o con una  tumoración mayor de 5 - 6 cm (1,8,25). La terapia de reemplazo hormonal no  influencia negativamente a </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">las  pacientes, pero, no existen directrices para aquellas que son portadoras de la  mutación BRCA (25).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Finalmente y de lo antes expuesto, es  posible concluir que el CO es esporádico, ocurre después de los 35 años y su  diagnóstico es tardío.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">AGRADECIMIENTOS</p> </b>     <p align="justify">Se agradece a la Dra. Ana Claudia Casilli, Directora Docente  del Hospital Central de Maracay. Al personal del Departamento de Archivo de  Historias Médicas y en modo especial a la Sra. Mireya Macías y la Sra. Fátima  Pérez.</p> </font><b><font size="2" face="Verdana">     <p align="justify">REFERENCIAS </p> </font></b><font size="2" face="Verdana">     <!-- ref --><p align="justify">1. Pescettto G, De Cecco L, Pecorari D, Ragni N. Manuale di  Ginecologia e Ostetricia. Roma: Societá Editrice Universo; 1989;1:557-608. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095583&pid=S0048-7732201000020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Estrada S, Gómez de M. García de V. Tumores epiteliales  malignos del ovario: análisis morfológico. Rev Obstet Ginecol Venez.  1997;57:105-113. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095584&pid=S0048-7732201000020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Rincón Morales F. Ginecología 92. Caracas: Gráficas León;  1992:223-238. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095585&pid=S0048-7732201000020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Márquez Reverón A. Carcinoma epitelial del ovario. Rev  Venez Oncol. 2005;17:1-13. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095586&pid=S0048-7732201000020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Kaufman B, Wagschal-Drori L, Gotfeld O, Eisenberg S,  Beller U, Lahad A, et al. Differential clinical and endocrine features in  Ashkenazi ovarian cancer patients with BRCA1 and BRCA2 mutations. En: Genazzani  AR, Artini PG, editores. New Technologies for Gynecologic and Obstetric  Investigation. Roma: CIC Edizioni Internazionali; 1999.p.55-59. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095587&pid=S0048-7732201000020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Scambia G, Ferrandina MG, Fagotti A, Fanfani F, Mancuso S.  Gene therapy in ovarian cáncer. En: Genazzani AR, Artini PG, editores. New  Technologies for Gynecologic and Obstetric Investigation. Roma: CIC Edizioni  Internazionali; 1999.p.66-74. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095588&pid=S0048-7732201000020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">7. Burger &nbsp;CW,  Klip &nbsp;HAJ, van Leeuwen &nbsp;FE. Aetiology of ovarian cancer. En: </span> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Genazzani  &nbsp;AR, Artini &nbsp;PG</span><span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">,  editores. New Tecnologies for Gynecologic and Obstetric Investigation. </span> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Roma: CIC  Edizioni Internazionali, 1999.p. 55-59.</span> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095589&pid=S0048-7732201000020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Baker VV. Premalignant and malignant disorders of the  ovaries and oviducts. En: De Cherney AH, Pernoll ML, editores. Current Obstetric  and Ginecologic Diagnosis and Treatment. 8ª edición. Norwalk, Connecticut:  Appleton and Lange; 1994.p.954-966. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095590&pid=S0048-7732201000020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Rincón Morales F. Ginecología 96. Caracas: Gráficas León;  1996:267-286. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095591&pid=S0048-7732201000020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Clement PB. Histology of the ovary. En: Sternberg SS,  editor. Histology for Pathologists. 2ª edición. Nueva York: Lippincott Williams  and Wilkins; 1997:929-959. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095592&pid=S0048-7732201000020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Balestrini FF, Febres C. Efectos benéficos no  anticonceptivos a corto y largo plazo de los anticonceptivos orales. Rev Obstet  Ginecol Venez. 2000;60:145-147. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095593&pid=S0048-7732201000020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Bertone-Johnson E. Epidemiology of ovarian cancer: A  status report. Lancet. 2005;365:101-102. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095594&pid=S0048-7732201000020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Ross DW. Introduzione alla Medicina Molecolare. Milano:  Springer-Verlag, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095595&pid=S0048-7732201000020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Scucces M, Paneccasio A. Síndrome de Morris. Reporte de  un caso. Rev Obstet Ginecol Venez. 2000;60:193-196. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095596&pid=S0048-7732201000020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Gadducci A, Ferdeghini M, Fanucchi A, Cosio S, Genazzani  AR. Tumor markers of epithelial ovarian cancer: Role in diagnosis and therapy.  En: Genazzani AR, Artini PG, editores. New Technologies for Gynecology and  Obstetric Investigation. Roma: CIC Edizioni Internazionali, 1999.p.11-16. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095597&pid=S0048-7732201000020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Cancellieri F, Daví M, Leardo T. Qualitá di vita in  pazienti con carcinoma ovarico al III e IV Stadio FIGO. Giorn It Ost Gin. 1995;XVII:27-34. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095598&pid=S0048-7732201000020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Melis GB, Guerriero S, Lai MP, Ajossa S, Risalvato A,  Mais V, et al. Efficacy and safety of laparoscopic management of adnexal masses:  The impact of presurgical ultrasonografic screening. En: Genazzni AR, Artini PG,  editores. New Tecnologies for Gynecolgic and Obstetric Investigation. Roma CIC  Edizioni Internazionali; 1999.p.38-42. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095599&pid=S0048-7732201000020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">18. Kurjak  &nbsp;A, Kupesic &nbsp;S. Differential diagnosis with 3D ultrasonography and color  Doppler. En: Genazzni &nbsp;AR, Artini &nbsp;PG, editores. New Technologies for  Gynecologic and Obstetric Investigation. Roma: CIC Edizioni Internazionali;  1999.p. 17-22. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095600&pid=S0048-7732201000020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">19. Szyllo  &nbsp;K, Bartodziej &nbsp;U, Maciejewska &nbsp;E, Kozarzewski &nbsp;M, Lewy &nbsp;J. Laparoscopic  treatment of selected ovarian cystic tumors in postmenopausal women. En:  Genazzni &nbsp;AR, Artini &nbsp;PG, editores. New Technologies for Gynecologic and  Obstetric Investigation. Roma: CIC Edizioni Internazionali; 1999.p. 66-74.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095601&pid=S0048-7732201000020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Kobayashi H, Ooi H, Yamada Y, Sakata M, Kawaguchi R,  Kanayama S, et al. Serum Ca 125 level before the development of ovarian cancer.  Int J Gynecol Obstet. 2007;99:95-99. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095602&pid=S0048-7732201000020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Raspollini MR, Taddei. Tumor markers in ovarian  carcinoma. Int J Gynecol Obstet. 2007;97:175-181.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095603&pid=S0048-7732201000020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">22.  Gadducci &nbsp;A, Ferdeghini &nbsp;M, Fanucchi &nbsp;A, Cosio &nbsp;S, Genazzani &nbsp;AR. </span> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Tumor markers  of epithelial ovarian cancer: Role in diagnosis and therapy. En: Genazzni &nbsp;AR,  Artini &nbsp;PG, editores. New Technologies for Gynecologic and Obstetric  Investigation. Roma: CIC Edizioni Internazionali</span><span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">,  1999.p. 11-16.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095604&pid=S0048-7732201000020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Decker DG. Ovarian cancer and the internist. En: Fish CH,  Decker D, editores. The Medical Clinics of North America. Filadelfia: W.B.  Saunders Co.; 1974.p.769-777. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095605&pid=S0048-7732201000020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">24. Skret &nbsp;A,  Lozinski &nbsp;T, Samolyk &nbsp;S, Chrusciel &nbsp;A, Krol &nbsp;P, Fabisiak &nbsp;W. Current place of  debulking surgery and staging in the treatment of ovarian cancer. Recomendations,  reality and survival, En: Genazzni &nbsp;AR, Artini &nbsp;PG, editores. New Technologies  for Gynecologic and Obstetric Investigation. Roma CIC Edizioni Internazionali;  1999.p. 23-30.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095606&pid=S0048-7732201000020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Scucces M. Insuficiencia ovárica prematura. Rev Obstet  Ginecol Venez. 2008;68:263-286.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2095607&pid=S0048-7732201000020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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