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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana"><b>El papel de los esteroides sexuales en  la distribución de la grasa corporal y su relación con la obesidad del síndrome  de ovario poliquístico</b></p> </font><font SIZE="2" face="Verdana">     <p align="center"><b>Dr. Nelson Velásquez</b></p>     <p align="justify">Hospital Chiquinquirá de Maracaibo. La Universidad del Zulia,  Maracaibo. Venezuela</p> </font>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font SIZE="2" face="Verdana"><b>Breve descripción del  síndrome de ovario poliquístico</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">En el año 1721 se conoció en Italia una comunicación de  Vallisneri en la que describía una paciente moderadamente obesa, estéril, con  ovarios grandes, blanquecinos y brillantes, que parecían huevos de paloma.  Chereau en Francia en 1884 encontró durante una laparotomía unos ovarios que  llamó &quot;testículos femeninos&quot;. Pero no fue sino hasta 1935 cuando Irving Stein y  Michael Leventhal (1) publicaron la coexistencia de amenorrea y ovarios muy  aumentados de volumen con múltiples quistes foliculares en 7 mujeres con  hirsutismo y menos consistentemente escaso desarrollo mamario y obesidad, lo que  Joe Meigs (2) llamaría en 1949 &quot;síndrome de Stein-Leventhal&quot;, pero que se ha  generalizado como síndrome de ovario poliquístico (SOP).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Los datos clínicos, de laboratorio e imágenes, importantes  para el diagnóstico, no han podido constituir un verdadero consenso sobre esta  patología. En 1990 se establecieron como diagnósticos aquellas pacientes que  presentaran anovulación crónica y evidencia clínica o bioquímica de  hiperandrogenismo, excluyendo otras etiologías. En el año 2003, revisados los  conceptos, se concluyó que el diagnóstico se establecía en pacientes con  oligoovulación o anovulación, signos clínicos o bioquímicos de hiperandrogenismo,  ovarios de aspecto poliquísticos, excluyendo hiperplasia suprarrenal congénita,  tumores secretores de andrógenos, síndrome de Cushing e hiperprolactinemia (3). </p>     <p align="justify">Cuando aparece hiperandrogenismo acentuado, en las mujeres  por incremento de las concentraciones plasmáticas de andrógenos endógenos o por  su administración exógena, se produce supresión </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">de las hormonas hipotalámicas e hipofisiarias, inhibiéndose  la maduración folicular, la ovulación y por consiguiente la formación del cuerpo  amarillo, oligomenorreas o amenorrea. Hay fenómenos de desfeminización;  disminución del desarrollo mamario y posteriormente virilización con acné,  hirsutismo severo, crecimiento del clítoris, aumento de volumen de los músculos,  voz grave y ronca, calvicie y muchas veces aumento de la libido (4). Esta  marcada sintomatología se observa generalmente en tumores benignos o malignos de  ovarios o suprarrenales productores de andrógeno y no en el SOP. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Varios estudios recientes sugieren que  la fisiopatología del SOP presume un trastorno multigénico complejo. Se han  descrito mutaciones en un gen simple que produciría fenotipos compatibles con  SOP (5), genes candidatos que regulan el eje </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">hipotálamo-hipófisis-gónada y los responsables de  la insulinorresistencia o sus secuelas (6). Las técnicas de microarreglos (<i>microarray</i>)  de órganos blanco del SOP han sido utilizados para identificar un novel gen  candidato y algunos de ellos parecen contribuir a su fenotipo (7,8). </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">La grasa corporal. Las hormonas sexuales y su distribución en  humanos</p> </b>     <p align="justify">Los seres humanos sobrevivimos por el consumo de energía que  deriva del almacenamiento de la grasa proveniente de los alimentos ingeridos. El  15 % del peso de la mujer es grasa que provee energía, un 4 % de la grasa lo  constituye la llamada &quot;grasa específica </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">sexual&quot; que, distribuida en caderas, nalgas y mamas, son  reservadas para las demandas del embarazo y del amamantamiento; otro 4 % se  encuentra en órganos como el músculo esquelético y el sistema nervioso central y  constituye la grasa esencial, ya que su depleción total conduce al cese de sus  funciones. Una mujer sobrevivirá 60-90 días en inanición utilizando sus reservas  corporales de grasa. Tener poca grasa es peligroso, el riesgo de muerte es  grande si el índice de masa corporal está por debajo de 18. El color de este  tipo de grasa es amarillo, aunque algunos le dicen grasa blanca, el tejido  corresponde a células con contenido oleoso, de núcleos excéntricos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Otro tipo de grasa, menos estudiada es  la llamada grasa parda o marrón, es un tipo de tejido graso que se encuentra en  mamíferos incluyendo los humanos, pero su cantidad va disminuyendo a medida que  se avanza en la edad. A diferencia de la grasa corporal, blanca, sus células son  poligonales con gran volumen de citoplasma, gran contenido de gotas de lípidos  de tamaño variable; los núcleos son centrales y redondos. Es muy vascularizado  con numerosas terminaciones nerviosas no mielinizadas que proporcionan  estimulación simpática al adipocito. Está presente en animales y en humanos  recién nacidos, donde constituye el 5 % del peso corporal y se encuentra en la  parte baja del cuello y región supraclavicular y en los ratones en el dorso  torácico, entre las escápulas, cerca de la aorta y en el hilio del riñón.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En humanos adultos también se encuentra  funcionalmente, y es más frecuente en mujeres. Existe una correlación inversa  entre su contenido y el llamado índice de masa corporal (IMC) especialmente en  sujetos más viejos, sugiriendo que pueda proteger de la obesidad (9). </font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Los estrógenos, secretados  principalmente por las gónadas femeninas, son responsables de los cambios,  genitales y extragenitales, que ocurren en la pubertad de las niñas, causan  desarrollo de vagina, útero, y junto con otras hormonas causan agrandamiento de  las mamas, promocionando el crecimiento del estroma e incrementando la  acumulación local de grasa (4). Propician la aparición de los cambios puberales  característicos y diferenciadores entre ambos sexos, aunque su acción  fundamental es el desarrollo y mantenimiento de los caracteres sexuales  secundarios femeninos, genitales y extragenitales; contribuyen en el brote del  crecimiento que ocurre durante la pubertad, actuando de manera poco conocida al  modelaje de los contornos del cuerpo. Dan conformación al esqueleto, intervienen  en el crecimiento de los huesos </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> largos y su culminación por fusión de las epífisis e </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">inducen cambios en el desarrollo del sistema óseo de la  pelvis, conformando el aspecto característico de cuerpo femenino. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los estrógenos contribuyen al  crecimiento del pelo axilar y púbico y la pigmentación de la región genital, así  como la de las areolas y del pezón que ocurren después del primer trimestre del  embarazo; pero los andrógenos: testosterona (T) y androstenodiona hallados  normalmente en las venas ováricas, pueden </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">influir secundariamente en la talla, el buen  desarrollo del vello púbico y axilar o la aparición de acné, debido al  crecimiento y secreción de las glándulas sebáceas (4,10-12). Además desempeñan  efectos bien conocidos, como los que ejecutan sobre la hipófisis </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">o el hipotálamo o los metabólicos sobre  lípidos sanguíneos, e hígado, y otros pocos conocidos como los que puedan  ejercer en el sexo masculino sobre el desarrollo de los caracteres sexuales  secundarios extragenitales: pelo axilar y pubiano. Ejercen acciones en la  conformación corporal femenina, la inclinación hacia el sexo opuesto y  especialmente en el desarrollo y proliferación de los conductos mamarios,  desarrollo del pezón y de los acinos glandulares, preparándolos para la acción  de la progesterona y la lactancia. Existen otras acciones menos conocidas como  en las encías, dientes u ojos (13).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Los estrógenos, en mujeres, poseen poco  efecto sobre la distribución del vello corporal, sobre todo a nivel pubiano.  Actuando sobre la piel, hacen que esta tenga un aspecto especial, lisa y  elástica, aumentando su vascularización y se ha comprobado que incrementan el  contenido de agua de la dermis, la concentración de mucopolisacáridos y el  contenido de glucógeno (14), diferente a las características cutáneas de los  hombres (14).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En el hombre normal u obeso, la grasa se  acumula principalmente en el subcutáneo abdominal y depósitos viscerales con  menor cantidad en piernas y caderas, si se compara con la mujer; es la llamada  distribución central o androide de la grasa. Por el contrario en las mujeres  normales u obesas sin SOP se acumula en las piernas, caderas, muslos y mama, se  llama distribución femenina, ginecoide o periférica.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Como la distribución de la grasa  corporal se ha relacionado con las características sexuales secundarias, es  lógico pensar que las hormonas intervengan en su distribución, así pues las  mujeres acumulan más grasa a nivel de las regiones inferiores del cuerpo y se ha  sugerido que esta forma contribuye a una función reproductiva-sexual normal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En cambio el papel de los andrógenos es  controversial porque una correlación directa entre la cantidad de T plasmática y  la cantidad de grasa </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">visceral o sus  funciones no difieren entre hombres y </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">mujeres. Se ha encontrado gran acumulación de grasa  abdominal en hombres con concentraciones bajas de T (15,16) y la administración  de T ha reducido la cantidad de grasa abdominal en hombres (17); aunque algunos  como Lovejoy (18) no lo logró demostrar.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Elbers y col. (19), mostraron en un  grupo de transexuales mujeres a hombres, que la administración de andrógenos  disminuyó los depósitos de grasa subcutánea a nivel del abdomen, caderas y  muslos, pero aumentó en la visceral; luego demostraron que la administración de  100 &#956;g de etinilestradiol y 100 mg de acetato de ciproterona (antiandrógeno con  actividad progestacional) a transexuales adultos varones a hembras durante 12  meses, indujo un </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">aumento  significativo de la grasa de todo el tejido subcutáneo, con grado menor pero  proporcional y significante en los depósitos de grasa visceral y disminución a  nivel de los muslos, mientras que la administración de 200 mg de un éster de  testosterona cada 2 semanas por un año en transexuales femeninos a masculinos,  aumentaron marcadamente el área de muslos, redujo los depósitos en todo el  subcutáneo en los que se midió, con suave aumento en el área visceral,  concluyendo que los esteroides sexuales tienen importantes funciones en la  localización de la grasa corporal. Antes del estudio todos los pacientes eran  eugonadales y saludables (20).</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">La forma del cuerpo en las mujeres</p> </b></font><font SIZE="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">La forma del cuerpo femenino varía de  acuerdo con su constitución esquelética, de la cantidad de grasa corporal y su  distribución. Entre las mismas mujeres no hay acuerdos en lo que debe ser  considerada su &quot;forma ideal o preferida&quot;, sea por el grado de atracción que  pueda causar a los hombres o por razones de salud. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Esta forma ideal varía de acuerdo con  las culturas y los tiempos que se analicen, han sido plasmadas en cuadros de  pintores famosos, por ejemplo en la &quot;Venus en el espejo&quot; o &quot;La mujer&quot; de Rubens  de 1615 y 1625, respectivamente, &quot;El Nacimiento de Venus&quot; de Williams-Adolphe  Bouguereau en 1879 y en &quot;The Source&quot; de Jean Auguste Dominique Ingres </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">(1856). Existe una categoría de formas o  figuras femeninas consideradas normales; pero cuatro son las más conocidas:  forma de banana, reloj de arena, pera y manzana (<a href="#fig1">Figura 1</a>).  Una demostración de figura de reloj de arena de mujer estaría representada </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">en &quot;Mohini&quot;, avatar de Vishnú, Dios  de la mitología Hindú.</font></font></p>     <p ALIGN="center"><font SIZE="2"><a name="fig1"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v71n1/art09fig1.gif" width="461" height="326"></a></p>     
<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Las proporciones y medidas del busto,  cintura y </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">caderas han sido  utilizadas para definir las formas básicas del cuerpo femenino; por ejemplo, las  medidas de 36&quot;-29&quot;-38&quot; (91,44 cm- 73, 66 cm-96, 52 cm-) pudieran representar  circunferencias del busto, cintura y caderas respectivamente. No significa, sin  embargo que las medidas del &quot;brazier&quot; correspondan a los de la caja torácica.  Por otro lado, la talla también afecta la apariencia. En Venezuela es muy común  considerar a una perfecta figura femenina de 90 cm, 60 cm, 90 </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">cm en busto, cintura y cadera  respectivamente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La silueta de las mujeres obesas se  corresponde principalmente a los tipos pera y manzana. La pera, es decir, la  ginecoide en la que la grasa se distribuye en la parte baja del cuerpo: nalgas,  piernas y muslos; cuando abunda en las piernas es conocido popularmente como las  &quot;revolveras, pistolas o pistoleras o alforjas&quot; y la tipo androide, central o  tipo manzana, parecida a la acumulación grasa que ocurre en los hombres normales  u obesos. Es de hacer notar que las otras </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">figuras corporales pueden dar como expresión de  obesidad otras formas corporales, como por ejemplo, mucha grasa abdominal con  poca acumulación en las nalgas o en las mamas, muy comunes en la región  occidental de Venezuela. </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">¿Por qué esta distribución de grasa es diferente en hombres y  mujeres?</p> </b></font><font SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Desde el punto de vista de procesos de  adaptación, se argumenta que la distribución ginecoide de la grasa es almacenada  para la lactancia y la alimentación del recién nacido y que los hombres la  activan para correr o pelear y en situaciones de defensa y cacería. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En la premenopáusica la progesterona  aumenta la actividad de la lipoproteína lipasa principalmente en la región  gluteofemoral, mientras que los estrógenos la suprimen. Después de la menopausia  los estrógenos son producidos principalmente por la conversión o aromatización  de los andrógenos suprarrenales por el tejido adiposo (especialmente la  aromatización de androstenodiona a estrona), mientras que la progesterona cae de  manera dramática, ya que la producción suprarrenal es mínima. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Virtualmente todas las mujeres exhiben  incremento de su peso corporal después de la menopausia, con tendencia a  acumular grasa subcutánea abdominal y visceral, presumiéndose que hay una  redistribución corporal, debido al descenso de los estrógenos y al incremento  relativo de la T, originada en el estroma ovárico. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Existe una enzima, la lipoproteín-lipasa  (LPL), que almacena grasa en el cuerpo, permitiendo que estas dejen la  circulación y entren al adipocito. En la premenopausia, en la etapa que las  mujeres tienen más grasa gluteofemoral y menos grasa abdominal, la progesterona,  es considerada como &quot;la mala de la película&quot;. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Bjöntorp en 1997 (21) estableció que &quot;la  T y hormona de crecimiento inhiben la lipoproteín-lipasa y estimulan  marcadamente la lipólisis, aunque parece que los estrógenos ejercen efectos  similares a la testosterona&quot;. Algunos estudios han demostrado que la T y la  dihidrotestosterona (DHT) promueven actividad antilipolítica mediada por  adrenorreceptor alfa 2 y promocionan la lipólisis a través del beta-adrenorreceptor  (22).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Otro aspecto es que los estrógenos,  particularmente el estradiol plasmático, en las mujeres, sobrerregulan los  receptores alfa 2 en la célula grasa, retardando la lipólisis, suprimiendo la  actividad de LPL, atribuyéndose el papel &quot;quema grasa&quot; de los andrógenos a su  aromatización local a estradiol (23). La actividad lipolítica en el tejido  femoral mostró correlación inversa con los niveles plasmáticos de T total y  biodisponible, la dihidrotestosterona y el estradiol en la región femoral,  medida que también se correlacionó con el cambio de peso. La actividad de LPL  abdominal mostró correlación débilmente significativa inversa con la T  biodisponible, únicamente. Estos resultados sugieren que los esteroides sexuales  suprimen la actividad de LPL en el tejido adiposo de las mujeres, más en los  muslos que en el abdomen, fenómeno que puede contribuir a la acumulación de  grasa central.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Zmuda y col. (24) demostraron que la  producción de estradiol puede neutralizar los efectos de la T sobre la  lipoproteína ya que cuando la T se administró con un inhibidor de la aromatasa  se incrementó la </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">actividad de la  lipoproteín-lipasa, lo que significa </font><font SIZE="2"><font face="Verdana"> que la aromatización de T a estradiol es responsable de la habilidad de T para  inhibir lipoprotein-lipasa.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La administración de 17 B estradiol (500  &#956;g/kg, 2 </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">o 4 semanas) a ratas machos  redujo significantemente el peso corporal. La lipólisis basal y la inducida por  adrenalina fueron significantemente elevadas en el tejido adiposo del epidídimo  de ratas machos tratados con 7 mg de estradiol 12 h antes o con estradiol 500 &#956;g/kg  por 2 semanas, demostrándose que el estradiol ejerce fuertes efectos sobre el  metabolismo del tejido adiposo, posiblemente mediados por AMP cíclico. (25). Los  ratones con receptores &quot;knockout&quot; para estrógenos o con deficiencia en aromatasa  se hacen obesos (26).</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Obesidad, definición, tipos</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">La obesidad es definida como un exceso de </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">almacenamiento de triglicéridos en las  células adiposas, produciendo incremento de la grasa corporal. Es diferente al  sobrepeso si se toma en cuenta el denominado &quot;peso ideal&quot;, que se calcula sobre  la base de acuerdos o de algunos &quot;estándares&quot;. Se ha considerado como peso ideal  al que correspondía a las edades de 20-30 años y se calcula en libras mediante  la siguiente fórmula: para los hombres: 120+ (4 x (talla en pulgadas, menos 60))  y para la mujer: 100+ (4 x (talla en pulgadas, menos 60). Los obesos son  sobrepesados, ambos tienen aumento de riesgos de morbimortalidad y aumento de  costos para la salud (10).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La magnitud y prevalencia de obesidad  están aumentando dramáticamente entre los jóvenes. Para el año 2006 los niños y  adolescente con sobrepeso en EE.UU fueron estimados en 17 % y se presume que  para el año 2010 alcance el 20 % (27,28). Si el índice de masa corporal es mayor  de 25 kg/m2 a la edad de 18 años, se tendrá de un riesgo asociado aumentado de  un 66 % de muerte de mujeres jóvenes, según el estudio de Nurses´ Health Study  (29), que también demostró mayor riesgo de infertilidad anovulatoria. </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">Tres alteraciones en las obesas interfieren  con la </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">ovulación: aumento de la  aromatización periférica de andrógeno a estrógenos, disminución de la globulina  transportadora de hormona sexual (SHBG) que resulta en altos niveles de  estradiol y testosterona libres y aumento de los niveles de insulina que  estimulan la producción de andrógenos por el estroma ovárico (10). Recientemente  ha sido demostrado que la adiposidad en la adolescente causa deterioro en la  paridad (28).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La aparición del síndrome metabólico y  de los marcadores para riesgo de eventos cardiovasculares, se han incrementado  en jóvenes a la par que lo ha hecho la obesidad (30). Es la causa principal de  &quot;muertes prematuras&quot; en el Reino Unido, causando aproximadamente 1 000 muertes  por semana (31).</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Métodos para la evaluación de la obesidad y del contenido de  grasa total y regional</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">El Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos de  Norteamérica (NIH, siglas inglesas) recomienda dos métodos para facilitar el  diagnóstico de obesidad y son: el IMC y la circunferencia abdominal (CA), sin  que esto puede sustituir al juicio clínico, ya que existen condiciones como el  edema, la ascitis, las grandes masas musculares o su pérdida, que tienen  influencia en el peso y no constituyen obesidad </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">(32).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Es muy simple utilizar el nomograma del  IMC que se corresponde adecuadamente con los métodos densitométricos (33) y  consiste en dividir el peso en kilogramo entre el cuadrado de la talla en  unidades métricas: IMC= kg/m2, considerándose sobrepeso cuando el IMC se  encuentra entre 25-29,9; y obesidad cuando es mayor o igual a 30. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">El IMC es una medición muy utilizada  para la obesidad generalizada o masa total de grasa, independientemente de su  localización. La obesidad abdominal es parte integrante del grupo de síntomas  del síndrome metabólico y cuando es alta es un poderoso factor de riesgo  cardiovascular, accidentes cerebrovasculares y diabetes (34).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La medida de la circunferencia abdominal  o de la cintura considerada normal para la mujer es de hasta 35 pulgadas; es  decir, 88 cm y el NIH sugiere que puede reemplazar a la relación cintura cadera  (35).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Medir la relación entre el diámetro de  la cintura, a nivel del ombligo en forma circular con una cinta métrica y  compararlo con el de la cadera, medidas desde las crestas ilíacas en la misma  forma (relación cintura: caderas o ICC), también ha sido considerado por la  Organización Mundial de la Salud (OMS) como un método para evaluar el grado de  obesidad, considerándose como normal de 0,71-0,85 para varones y de 0,78-0,94  para mujeres (36). Medir únicamente la circunferencia abdominal o cintura puede  ser predictivo de anormalidades endocrinas y función metabólica asociados a  enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus e hipertensión arterial,  considerándose normal, una cintura de 100 cm (aproximadamente 40 pulgadas) en  hombres y 90 (aproximadamente 35 pulgadas en la mujer) (10). La OMS establece  valores normales entre 94-102 cm y 80-88 cm para hombres y mujeres  respectivamente. Son considerados con sobrepeso sustancial si los primeros  tienen más de 102 cm y las segundas más de 88 cm (36).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Otros investigadores han empleado la  impedancia bioeléctrica (37) y la resonancia magnética nuclear (19,20), con la  cual han obtenido excelentes imágenes, son bastantes costosos y engorrosos pero  se aproximan muy bien a lo que se busca; además han sido útiles </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">para la cuantificación de grasa subcutánea o  visceral, </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">a nivel de los músculos de  las piernas en hombres y mujeres. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Existen formas más simples de evaluar la  obesidad, la más sencilla consiste en medir en una balanza la cantidad de kilos  o libras y compararlo con el peso ideal; pero en ciertas ocasiones, por ejemplo,  los pacientes que realizan ejercicios y desarrollan excesiva masa muscular  pueden tener sobrepeso, pero no son obesos, ya que no tienen acumulación de  triglicéridos en los adipocitos. También son útiles los antropométricos: la  correlación talla-peso, las medidas de la circunferencias del tórax, abdomen,  cadera, muslo izquierdo y las medidas de pliegues en bíceps, tríceps, región  suprailíaca o subescapular, paraumbilical o el cálculo de sus promedios.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La hidrodensitometría ha sido  considerada como la medida más exacta para determinar el exceso de grasa  corporal y consiste en la determinación de la densidad del cuerpo debajo del  agua; no es práctico, como tampoco parece ser el uso de técnicas de imágenes,  pero la utilización de calibradores o compases para medir los pliegues cutáneos  han sido muy populares(10). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Para algunos, la localización regional  de la grasa, </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">que difiere según el  sexo, es lo mejor para predecir </font><font SIZE="2"><font face="Verdana"> riesgos para la salud, que la cantidad de grasa corporal. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En particular si es la intraabdominal o  visceral la que aumenta, se incrementa también el riesgo de diabetes mellitus 2  y enfermedades cardiovasculares (32,38); aunque los mecanismos no son bien  conocidos, parece que contribuye el mayor recambio de la grasa visceral o  portal, comparada con la del subcutáneo.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Para la localización y medición de la  adiposidad parda se ha utilizado la tomografía computada y tomografía con  emisión de positrones (9), este tejido tiene la capacidad de &quot;quemar grasa&quot;,  guardar calor, consumiendo calorías y generar calor en los animales que no  tienen escalofríos o en los recién nacidos humanos que tampoco lo producen.  Muchos de los nuevos avances en el análisis de este tipo de grasa es tratar de  conseguir un compuesto análogo que facilite la pérdida de peso (9).</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Obesidad en el síndrome de ovario poliquístico. Causas y  consecuencias</p> </b></font><font SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La obesidad es parte integrante del  síndrome de ovario poliquístico, 3 de las 7 pacientes descritas por Stein y  Leventhal (1) la presentaban y es considerada por algunos autores como de origen  neuroendocrino, similar a la que acontece por lesiones hipotalámicas, en el  síndrome y enfermedad de Cushing y en el hipotiroidismo (39). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Aun cuando se consideraba como parte  integrante del síndrome la frecuencia de su aparición ha sido reportada  &quot;variable&quot; (<a href="#cua1">Cuadro 1</a>), algunos la reportan en la mitad de  los casos (40,41). Otros creen que se presenta entre 35 %-60 % (42,43).  Goldzieher (42) lo notó en el 41 % de sus pacientes en 1981, unos autores dan  cifras tan altas como en el 75 % (44).</font></p>     <p align="center"><a name="cua1"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v71n1/art09cua1.gif" width="340" height="308"></a></p>     
<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Trivax (45) recientemente la reportó  entre 30 %-60.% y Huang y col. (46) lo reportan en 60 % después de analizar  retrospectivamente, 716 pacientes con SOP, según los criterios del Instituto  Nacional de Salud de EE.UU. Otros han reconocido el síndrome en pacientes  delgadas (47). La obesidad en SOP parece que es más frecuente en Estados Unidos  de Norte América que en Europa (6).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Las mujeres con SOP de EE.UU son mucho  más pesadas que sus homólogas de Europa (6,48) y se pudiese argumentar que es  una característica de los norteamericanos por que está relacionada a la  &quot;epidemia de obesidad&quot; que allí ocurre (48,49). Azziz y col. (50) en un estudio  controlado y multicéntrico en EE.UU el IMC varió de 35 a 38 kg/m2. En otros  países son más delgadas; así, el promedio del IMC en Inglaterra en las pacientes  con SOP es de 25 kg/m2 (51), 28 kg/m2 en Finlandia (52), 31 kg/m2 en Alemania  (53), y de 29 kg/m2 en Italia (54).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En estudio realizado con relación a la  prevalencia de obesidad en SOP en Alabama (EE.UU) se encontró que el 24 % tenían  sobrepeso, mientras que el 42.% fueron obesas (55). Globalmente, entre 38 %-88.%  de las mujeres con SOP tienen sobrepeso o son obesas (56). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La historia de que la ganancia de peso  usualmente precede a la oligomenorrea e hiperandrogenismo </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">sugiere que la obesidad tiene influencia en la  aparición del SOP (57). En otro estudio en donadoras de sangre en España, el 30  % tenían sobrepeso y solo el 10 % obesas (58). Yildiz y col. (47) estudiaron la  prevalencia del peso en SOP y encontraron pacientes con peso debajo de lo  normal, peso normal, sobrepeso y obesas cuyos cifras fueron 8,2 %, 9,8 %, 9,9 %  y 9,0.%, respectivamente y alcanzó el 12,4 % y 11,5 % con IMC de 35-40 kg/m2 y &gt;  40 kg/m2, una diferencia no significativa. Estos datos hacen suponer que la  prevalencia de SOP se afecta modestamente por la presencia de obesidad, el grado  de obesidad en SOP ha aumentado de una manera similar a lo que ha sucedido en la  población general, lo que conduce al concepto de que la obesidad en estas  pacientes puede reflejar la gran influencia del medio ambiente. Las </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">razones pueden estar también en el estilo de  vida más sedentaria de los norteamericanos, diferencias en las dietas y especial  a su composición. Sin embargo, la ganancia de peso y el aumento de grasas  abdominal en poblaciones diferentes a Norteamérica están asociados a un aumento  de la prevalencia del SOP (59).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Una publicación muy reciente de un  diario local de la ciudad de Maracaibo en Venezuela da cuenta de que, según  datos de la OMS en el mundo la obesidad está alcanzando cifras epidémicas, con 1  600 millones de adultos mayores de 15 años obesos, calculando que para el 2015  habrá 2.300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones con  obesidad. Según datos aportados por el Instituto Nacional de Nutrición de  Venezuela, el 65.% de la población venezolana padece de sobrepeso y los países  con más obesidad actualmente para las Américas son: Estados Unidos con 38,7 %,  México el 3,8 %, Venezuela 29,3 % y Guatemala con 27,5.% (60).</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Tipo de obesidad en el síndrome de ovario poliquístico</p> </b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">La descripción general de la distribución corporal de la  grasa en el síndrome de ovario poliquístico, es decir, la adiposidad excesiva se  presenta como sucede en la obesa por excesos de ingestas o por déficit de  pérdidas calóricas debido a sedentarismo </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">y, a diferencia de la que aparece en el síndrome de Cushing,  no es truncal; es central, tipo androide, de la parte superior del cuerpo, no  presenta &quot;joroba de búfalo o giba&quot; ni estrías purpúreas en el abdomen o surcos  mamarios y si se presentan como consecuencia de bajar de peso, son de color  blanco (61).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">El cuadro bioquímico y endocrinológico  del SOP es muy heterogéneo como el mismo síndrome; pero hay acuerdos casi  unánimes en que hay una relación hormona luteinizante/hormona folículo  estimulante (LH/FSH) elevada a favor de LH, sobre todo al inicio del ciclo  menstrual (62); incremento constante en la concentración de estrógenos totales,  debido principalmente a la conversión periférica de androstenodiona a estrona  (10,63); mientras que el estradiol libre aumenta por la disminución de SHBG  (11,62,64) y lo que marca el diagnóstico clínico es un hiperandrogenismo clínico  o bioquímico (62).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Las pacientes con SOP parece que tienen  mucha </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">dificultad en perder peso y  mantenerlo a pesar de regímenes dietéticos y de ejercicios adecuados. La esencia  de las dietas está encomendada a disminuir el consumo calórico y a estimular su  pérdida, pero puede estar condicionada a la patología subyacente: diabetes,  hipertensión arterial o dislipidemia (65).</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">¿Causas de obesidad en el síndrome de ovario poliquístico?</p> </b>     <p align="justify">La causa de la obesidad en SOP no ha sido establecida, aunque  se considera que pueden existir aspectos genético-hereditarios, ambientales,  trastornos hipotalámicos por acción o secreción anómala de leptina o combinación  de estos u otros factores y su prevalencia puede reflejar orígenes del </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">mismo tipo (66,67). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Se ha tratado de establecer si esta  condición es de carácter hereditario (68,69), para ello se han realizado </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">estudios buscando una causa genética  específica </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">(70,71). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">En el SOP la obesidad se inicia  tempranamente y está asociada al sistema de los factores de crecimiento parecido  a la insulina (IGF) mediada por la hiperinsulinemia, con disrupción de la  homeostasis, de la relación IGF-1: IGFBP-1, por virtud de la habilidad de la  insulina para inhibir la producción hepática de IGFBP-1 pero no la IGF-1, que al  ser biodisponible aumenta la secreción de hormona de crecimiento (GH) y la de  andrógenos ováricos, mediada a su vez por la LH (10,11).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Ha sido demostrado que en el SOP la  termogénesis puede estar reducida, contribuyendo al incremento del peso (72) y  algunos sugieren que puede ser una anormalidad en el gasto de energía,  especialmente en la termogénesis posprandial (73), no obstante el gasto de  energía en reposo ha sido encontrado de ser equivalente a controles normales,  sugiriéndo que existe disparidad entre el aumento de la ingesta calórica y la  disminución del gasto de energía total (74).</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Bulimia y ovario poliquístico</p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">En los últimos años ha habido cierta  tendencia a analizar la salud mental de las pacientes que presentan SOP (75) y  se ha sugerido que las pacientes con SOP, presentan en mayor grado a las  normales, cuadro de bulimia nerviosa (76). La bulimia nerviosa, es un trastorno  de la alimentación caracterizado por períodos no controlados de  sobrealimentación, seguido por conductas compensatorias tendentes a evitar el  sobrepeso, induciéndose ayunos prolongados, vómitos o ingiriendo fuertes  laxantes; pero no todas las pacientes llegan a obtener su peso previo, sino que  por el contrario hay tendencia al sobrepeso y obesidad; por otro lado, se ha  demostrado en estas pacientes una reducida secreción de colecistoquinina, que es  el &quot;péptido de la saciedad&quot;, lo que ocasiona anormalidades del apetito con  tendencia a la sobrealimentación. Lo contrario también se ha descrito, es decir,  que pacientes con bulimia nerviosa con peso adecuado, presentan aumento de la  frecuencia de poliquistosis ovárica. Parece existir relación entre la apariencia  poliquística de los ovarios con cambios resolutivos de bulimia que no puede ser  explicado simplemente por la adiposidad; es decir, la apariencia de los ovarios  se hace &quot;poliquística&quot; en la etapa bulímica y desaparecen con la resolución del  cuadro, lo que ha sido observado por Morgan y col. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">(77) quienes reportaron persistencia  morfológica de los ovarios cuando el trastorno de la ingesta está presente y la  recuperación de esos cambios morfológicos cuando mejora el patrón de conducta y  han sugerido que en los casos asociados de morfología ovárica en bulimia puede  ser diferente a los que se observan en el clásico SOP que han sido considerados  persistentes y se ha sugerido que la ingesta de hidrocarbonados pudieran estar  condicionándola ya que ha sido reportado cambios en la sensibilidad periférica a  la insulina en casos de bulimia nerviosa (78,79). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Cooper (80) reportó una prevalencia de  bulimia del 2 % en mujeres jóvenes que pueden tener o no sobrepeso. Con  ultrasonografía se ha logrado detectar que aproximadamente el 75 % de mujeres  con bulimia tiene ovarios con criterios morfológicos del SOP (81).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Hay mujeres, delgadas con SOP y en ellas  existe una amplitud incrementada de los pulsos de LH, que es atenuada en las  obesas, además hay aumento de la testosterona libre circulante porque los  niveles de SHBG son bajos. Estos cambios son revertidos cuando las obesas con  SOP pierden peso (82). Se sabe que esto mejora la resistencia a la insulina,  reduce la hiperinsulinemia a través de un defecto reversible de la actividad de  transporte de la glucosa del músculo esquelético (83). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Más de la mitad de las pacientes con SOP  tienen sobrepeso corporal; en las que no lo tienen, el trastorno parece ser un  exceso de la producción de hormona de crecimiento y LH, mientras que en las  primeras ocurren grados variables de hiperinsulinemia, aumento de la resistencia  periférica a la insulina y concentraciones de LH, GH, SHBG e IGFBP-1 en límites  más o menos normales (11).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Aunque la propuesta de asociar bulimia a  SOP ha sido sugerida y a la vez cuestionada, un grupo de investigadores del  Instituto Karolinska de Stockholm en Suecia, estudiaron 77 pacientes con SOP y  lo compararon con 59 controles, con relación a su estatus menstrual, ovarios  poliquísticos, acné, hirsutismo y concentraciones de hormonas sexuales y  encontraron una frecuencia aumentada de trastornos menstruales, hirsutismo, SOP  en mujeres bulímicas, mientras que el acné y concentraciones hormonales </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">no difirieron del grupo control, aunque el  hirsutismo </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">y los índices de actividad  biológica de la testosterona se correlacionaron positivamente con las bulímicas  pero no con los controles, con poca diferencia en la concentración androgénica y  concluyeron que existe un aumento de la frecuencia de SOP en mujeres con bulimia  nerviosa y que puede también indicar aumento de la sensibilidad a los andrógenos  en estas personas y que la conducta bulímica puede ser promovida por los  andrógenos, que tienen efectos estimuladores del apetito y pueden dañar el  control del mismo (84).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La causa del exceso de peso en el SOP no  está clara y es posible que preceda a la disfunción menstrual y se ha propuesto  que la obesidad puede ser un factor etiológico en el desarrollo de la enfermedad  poliquística porque existe en el adipocito un incremento de la conversión del  andrógeno delta 4- androstenodiona al estrógeno débil estrona (39,85).</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Factores reguladores del apetito y sus relaciones con SOP</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Desde hace tiempo se ha tratado de implicar al hipotálamo  como centro regulador del apetito y aunque es cierto, son muchos los mecanismos  que regulan la ingesta de alimentos, como factores fisiológicos, la distensión  abdominal, hormonas </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">neuronales e  intestinales, presencia de glucosa y otros combustibles en la sangre o de  factores ambientales como la apariencia u olor de los alimentos, y los horarios  de las comidas. En el sistema nervioso central actúan péptidos  gastrointestinales y neuropéptidos, glucosa, insulina, péptido similar al  glucagon y otras sustancias, que pueden ser inhibidoras (anorexígenos) o  estimuladoras (orexígenos). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La proteína r- Agouti (</font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">AgrP),  fue identificada en 1997, es un potente inhibidor de los receptores de la  melanocortina MC3 y MC4 y regula el comportamiento alimentario y el peso  corporal. Se encuentra en el hipotálamo y está incrementado en obesos; su  administración causa sobrepeso a los animales de experimentación y los ratones  transgénicos que expresan este gen AgrP en cantidades elevadas son obesos. En  los humanos que presentan un gen polimórfico de AgrP son genéticamente </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">delgados (86).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los péptidos anorexígenos más conocidos  son: la proopiomelanocortina (POMC) y la transcriptasa relacionada con la  cocaína-anfetamina o CArT. La POMC es sintetizada en las células corticotrópicas  de </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">la hipófisis y en otras áreas del  sistema nervioso central </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">como el  hipotálamo y ejerce su efecto anorexígeno al unirse a los receptores de la  melanocortina MC3 y MC4., inhibiendo la acción de la AgrP. La transcriptasa  relacionada con la cocaína-anfetamina se produce en el hipotálamo y su acción se  produce a nivel de receptores, poco estudiados hasta el presente. Esta sustancia  disminuye su producción hipotalámica al quitarles los alimentos a los animales y  su inyección o la de sus fracciones incrementan la ingestión de alimentos.</font></p> <b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Leptina</font></p> </b></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">La leptina es un péptido secretado por el tejido adiposo,  circula en la sangre unida a proteínas; actúa en el sistema nervioso central  sobre las neuronas que regulan la conducta de comer y en el balance energético.  Es un producto del &quot;gen ob&quot; que es el responsable de la obesidad de algunos  animales y humanos, conocido como Gen Lep. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Puede haber obesidad por trastornos en la regulación del gen  o por resistencia a la leptina. Su déficit total o resistencia a sus efectos por  mutación a sus receptores ocasionan marcada obesidad (87) y su administración en  forma recombinante a los animales ob/ob ha sido efectiva en la conducción de la  obesidad (88). Se ha sugerido que tiene un papel en la función reproductiva y en  la patogénesis del SOP (89). Altos niveles de leptina pueden asociarse a  infertilidad; pero el mecanismo no ha sido esclarecido (90), aunque pudiese  ejercer sus efectos en las neuronas hipotalámicas productoras de hormona  liberadora de gonadotropina (GnRH), sobre los gonadotropos hipofisiarios o en  los ovarios (89,91).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El hecho de que pacientes normales y con SOP quienes se  embarazaron en tres ciclos de fertilización <i>in vitro </i>y transferencia  intratubárica de gametos tenían significativamente más bajas concentraciones de  leptina en líquido folicular cuando se comparó con las que no se embarazaron,  provee cierta evidencia de que cuando existen elevadas concentraciones de esta  sustancia se afecta la función reproductora (89,92).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Ha sido señalada correlación entre leptina sérica e IMC  (94,95) y también se ha demostrado que la reducción de peso conduce a bajar sus  niveles (96); pero otros factores deben estar involucrados en el IMC (97). Las  mujeres tienen niveles más altos que los hombres y la administración de  testosterona reduce sus niveles (98). El ayuno también la disminuye y la  administración de glucocorticoides la aumenta (99).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La mayoría de los estudios revelan incremento de leptina en  portadoras de SOP en relación con sujetos normales y como la obesidad es común  en SOP se ha atribuido el exceso de leptina como factor para el incremento de  IMC. La hiperandrogenemia, la resistencia a la insulina e hiperinsulinemia  afectan sus concentraciones séricas; con base a estos criterios.</p>     <p align="justify">Erturk y col. (100) realizaron un estudio en mujeres delgadas  y obesas portadoras del SOP para tratar de establecer si los cambios en leptina  son debidos a la obesidad o a otras alteraciones hormonales y concluyeron que,  las concentraciones de leptina sérica se correlacionan con la obesidad; pero no  con la hiperinsulinemia, ya que las mujeres delgadas con SOP no mostraron  correlación significativa entre los niveles de leptina y la insulino-resistencia.  La secreción endógena de insulina no produjo alteraciones en las concentraciones  de leptina en SOP, hallazgo que es consistente con la posibilidad de que el  transporte de glucosa estimulada por la insulina esté disminuido en los  adipocitos de estas pacientes, de manera independiente de la obesidad.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Otro aspecto interesante fue que la leptina suprimió el  neuropéptido Y (que tiene un papel en la supresión de GnRH) en el hipotálamo, y  elevó los niveles de GnRH y LH, y como se sabe el SOP está asociado con altas  concentraciones de LH y de esta forma contribuir a la ganancia de peso (101). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Brzechffa y col. (90) encontraron altos niveles de leptina en  pacientes con SOP; pero no fueron apareadas por IMC, que como se sabe puede  modificar las concentraciones de leptina.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Algunos autores no han encontrado concentraciones altas de  leptina en SOP cuando se comparan con controles; pero si han sido  correlacionadas con la cantidad de tejido graso, no solo en SOP, sino en mujeres  saludables (102).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Chapman y col. (103) y Rouro y col. (104) no han reportado  diferencias ya que las concentraciones de leptina en sus pacientes con SOP no  fueron diferentes de los controles, cuando son pareados por edad y peso;  concluyen que no se ha podido establecer un papel definitivo de esta hormona en  la patogénesis del SOP.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El tratamiento con antiandrógenos, estrógenos y agentes  sensibilizadores de la insulina generalmente no muestran efecto sobre las  concentraciones de leptina en los humanos (89,105); aunque una escasa  disminución fue señalada con el uso de metformina en obesas con SOP (106). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Existe mucha controversia en relación con leptina y SOP,  algunos autores la encuentran elevada en pacientes obesas y con SOP (92), otros  no hallan diferencias entre mujeres normales o SOP (104,107) y Laughlin reportó  que la relación entre peso corporal y leptina se mantienen (107). </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Colecistoquinina</p> </b>     <p align="justify">La colecistoquinina reduce el apetito y el consumo de  alimentos en animales de experimentación y en humanos. Es secretada por las  células duodenales como respuesta a la presencia del alimento, sobre todo de las  grasas y se cree que actúa inhibiendo el vaciado gástrico, produciendo sensación  de plenitud y saciedad. Disminuye la presión y función digestivas en corto  tiempo, produciendo señales para sentirse satisfecho.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En algunas pacientes con SOP la colecistoquinina disminuye  después de comer, este aspecto puede tener influencia en la frecuencia de la  ingestas de alimento, en las mujeres con sobrepeso.</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Neuropéptido Y</p> </b></font><font SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Los péptidos más conocidos como  orexígenos son el neuropéptido Y (NPY) y la AgrP; el primero estimula el ansia  de comer, disminuye el gasto energético e incrementa la actividad de las enzimas  lipogénicas del hígado y del tejido adiposo favoreciendo la obesidad. El  neuropéptido Y es un polipéptido producido en el sistema nervioso central,  considerado el más potente inductor del apetito que inyectado en los ventrículos  cerebrales o en el hipotálamo de ratas estimula el ansia de comer, disminuye la  pérdida calórica y de energía y aumenta la actividad de las enzimas lipogénicas  hepáticas y del tejido adiposo, produciendo obesidad. El SOP está asociado a  altos niveles de LH (101) y la leptina, suprime el neuropéptido Y en el  hipotálamo, que tiene papel supresor de GnRH, produciendo elevación de la LH  (101).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Sin embargo, existen aún contradicciones  en este sentido, e investigadores como Telly y col. (102) encontraron que los  niveles de leptina no fueron </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> significativamente más altos en SOP (obesas y no obesas) comparándolas con  grupos controles delgadas u obesas; pero si fueron más altos en el subgrupo de  obesas controles y con SOP, hallaron buena relación con la cantidad de tejido  adiposo de mujeres y también más alta relación en las obesas con SOP que en las  no SOP controles; sin embargo, cuando se evaluaron con análisis de covariansa,  excluyendo el índice de masa corporal, no hubo diferencias estadísticas  significativas. Los niveles de leptina sí tuvieron correlación con el índice de  masa corporal tanto en pacientes con SOP como en los controles.</p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Grelina y otros péptidos menos estudiados</p> </b></font><font SIZE="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">La grelina es un péptido de 28  aminoácidos secretado por el estómago que aumenta antes de las comidas y  disminuye después de comer; se considera un antagonista de la leptina. Actúa en  el centro ventromedial y núcleo arcuato del hipotálamo. Si se administra a  humanos aumenta exageradamente el apetito. En adición a los efectos de esta  sustancia en la conducta de ingestión de comidas, puede disminuir el metabolismo  y reducir la habilidad de &quot;quemar grasa&quot;.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Anormalidades en el gasto energético y  en la respuesta disminuida de las hormonas gastrointestinales responsables por  la ingestión de alimentos, especialmente la grelina son posibles hipótesis para  explicar la obesidad asociada SOP (108). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Otros factores periféricos, además de  colecis-toquinina, son el péptido intestinal Y (PYY), el similar al glucagon 1  (GLP), la insulina, y la grelina. Todos, excepto la grelina inhiben el apetito,  mientras que la glucosa lo aumenta o reduce de acuerdo con sus concentraciones  plasmáticas. El PYY </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">también se  origina en la porción final del intestino, </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">en el sistema nervioso central y periférico. Inhibe  directamente al neuropéptidos Y, estimulando una fracción anorexígena de la POMC,  bloquea los efectos orexígenos de la Agouti, uniéndose a su receptor. Su  administración reduce el hambre y el consumo de alimentos en hombres y animales  (31,109).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Las pacientes portadoras de SOP muestran  desórdenes en los niveles de grelina o pueden tener dañada la capacidad para  metabolizarla. Un estudio mostró que estas pacientes fueron menos saciadas y más  hambrientas después de comer que las normales, las concentraciones de grelina no  disminuyeron tanto como en las mujeres normales después de comer. Sus  concentraciones basales han sido halladas disminuidas en pacientes con SOP y muy  pesadas (110) y más bajos que las obesas pero que no presentan el SOP (111). </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">Schöfl y col., en 2002 </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">(112), detectaron concentraciones similares  de grelina en las mujeres sin resistencia a la insulina (insulino-sensibles) con  SOP, que en controles saludables y muy disminuidas en las SOP e insulino-resistencia,  sugiriendo una conexión entre sensibilidad a la insulina y grelina.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Las dietas inapropiadas pueden aumentar  el nivel de grelina y el apetito y por consiguiente la ingestión de comidas. En  el síndrome de Prader-Willy-Lambert, caracterizado por hiperfagia, obesidad e  hipotonía sus niveles están muy elevados lo que sugiere una resistencia a la  grelina.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Otras sustancias relacionadas con el  apetito son el polipéptido pancreático y el oxyntomodulin, este último es  producido por las células L del intestino delgado; usado en humanos ha logrado  disminuir la ingesta de alimentos en 19 % y administrado por vía subcutánea 3  veces al día redujo un promedio de 2,8 kg en 4 semanas, en obesos (113). </font> </p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Resistina</p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">Un péptido de 114 aminoácidos, llamado &quot;resistina&quot;  ha sido identificada recientemente (114,115). Los niveles de esta sustancia  disminuyen con administración de rosiglitazona y aumentan en la obesidad de  origen genética o en la inducida por dietas en ratones. El uso de un anticuerpo  antirresistina mejora la acción de la insulina y la obesidad inducida por dietas  y ocurre aun en animales normales tratados con resistina de origen recombinante.  La captación de la glucosa por los adipocitos estimulada por la insulina,  también se reduce mediante el tratamiento con resistina, mientras que es  realzada por la neutralización de este polipéptido, al punto que ha sido llamada  por Steppan (115), &quot;hormona Resist + In (de Insulina)&quot;, sobre la base a sus  hallazgos experimentales, que la asocian a obesidad y diabetes.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Panidis y col. (116), tratando de  determinar si existe relación entre resistina y SOP, evaluaron 3 grupos de  mujeres: 35 con SOP e IMC &gt; 25, 35 con SOP y IMC &lt; de 25, y un grupo control,  ovulatorias normales sin hiperandrogenemia e IMC &lt; 25, logrando establecer que  el grupo SOP con IMC de &gt;25, tenían resistina </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">significativamente más elevadas que los grupos de  IMCMI &lt; 25 y los controles. En los 2 últimos grupos no se encontraron  diferencias significativas a pesar de las discrepancias en los niveles de  insulina y la relación glucosa-insulina. Sus análisis mostraron que los niveles  de resistina no se correspondieron con gonadotropinas o andrógenos, parámetros  independientes del IMC, pero la correlación de los niveles de resistina a los de  glucosa, insulina y SHBG fueron IMC-dependientes. Presumen los autores que esta  sustancia no debe jugar papel importante en resistencia a la insulina asociada a  SOP y no debe participar activamente en la fisiopatología de </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">esta entidad.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Poco tiempo después este mismo grupo  diseñó un estudio para investigar una posible asociación del gen de la resistina  con SOP, comprobando que pacientes con SOP y un genotipo CC tenían IMC  aumentados, en comparación con los genotipos CG y GG, y como anteriormente lo  habían expresado, la resistina no juega papel en la génesis del síndrome; pero  que algunas de sus variantes, tienen relación con el IMC, sugiriendo que esta  sustancia pueda estar relacionada con la adiposidad y el desarrollo del SOP  (117). </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">En resumen, aunque no se sabe con  exactitud porque hay obesidad en algunas mujeres con SOP, algunos aspectos como  los aquí señalados lo han tratado de explicar. Sin embargo, hace falta nuevas </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">investigaciones para tratar de  establecer la influencia </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">que pudieran  tener otros factores, como señales en el sistema nervioso central o periférico (lipostáticos,  glucostáticos o de saciedad como la colecistoquinina, bombesina, incretinas o  glucocorticoides) o si existe interrelación entre ellos o con los órganos que  regulan el peso, como por ejemplo los orexígenos como el neuropéptido Y, la  galanina, orexinas, opiodes o los anorexígenos del sistema pro-opiomelanocortina,  factor liberador de corticotropina, cocaína, anfetaminas y neurotensina.</font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las hormonas gonadales como anorexígenos</p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Los estrógenos también son potentes anorexígenos,  probablemente inhibiendo las concentraciones de la hormona melanina,  neuropéptido que se halla en hipotálamo y que parece estar envuelto en la  regulación del anorexígeno leptina, que actúa sobre receptores cerebrales y  suprime la expresión de la melanocortina (MC) y de su receptor. La  administración intracerebral de MC induce hiperfagia, mientras su deficiencia </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">causada por &quot;delección&quot; del gen  conduce a hipofagia y pérdida de la grasa corporal.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Por otro lado, la administración de 2 mg  de 17 beta estradiol/día a hombres ejercitándose en bicicletas durante 8 días,  disminuyó la oxidación de los carbohidratos en 5 %-16 % y la de leucina en 16.%,  indicando un limitado efecto sobre el glucógeno y el músculo, mientras que  incrementó la oxidación lipídica en 22 %-24 % en reposo y durante el ejercicio.  Los autores de este estudio, concluyeron que los </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">estrógenos influyen en la energía reposo y durante  el </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">ejercicio en hombres, reduciendo  la dependencia de aminoácidos y carbohidratos, reforzando el concepto que se  tiene de los lípidos como fuentes de energía (118).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Price y col. (119) también aportan datos  que implican a los estrógenos como anorexígeno y antitejido adiposo, mientras  señalan que la progesterona es una hormona lipogénica, inculpándola en la  acumulación de altos niveles de grasa gluteofemoral en las mujeres  premenopáusicas (los hombres almacenan más grasa en el área abdominal). </font> </p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Una hipótesis diferente al tipo de obesidad en SOP</p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">La literatura médica generalmente ha  dado cuenta de que la distribución de la grasa en las mujeres con SOP es del  tipo androide, central y que se almacena como en los hombres, tanto en el  panículo adiposo abdominal como en las vísceras, como consecuencia del aumento  de los andrógenos plasmáticos. Pero, es que en el SOP existe también incremento  de los estrógenos totales sanguíneos. De todos es conocido que el tipo de  distribución de grasa ginecoide, inducido por estrógenos, es en la parte baja  del cuerpo, en los glúteos, muslos y cadera; y habría de preguntarse: ¿Como  habiendo hiperestrogenismo en SOP, no se produce una obesidad inferior? Y si  existe hiperandrogenismo y se produce obesidad central, abdominal o androide ¿no  existe una mezcla de ambas obesidades: estro-androgénica combinada?</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Con base en la observación clínica y de  la bibliografía en relación al tipo de obesidad en el SOP, objeto de esta  publicación, parece lógico </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">pensar  que la figura de las mujeres que padecen esta enfermedad posea una mezcla de  &quot;obesidades&quot;, tipo pera y manzana, al mismo tiempo. Un modelo que puede estar  representado como en el de las <a href="#fig2">figuras 2</a> </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">y <a href="#fig3">3</a>.</font></font></p>     <p align="center"><font SIZE="2"><a name="fig2"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v71n1/art09fig2.gif" width="364" height="291"></a></font></p>     
<p align="center"><font SIZE="2"><a name="fig3"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v71n1/art09fig3.gif" width="298" height="455"></a></p> <b>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font face="Verdana">REFERENCIAS </font></p> </b></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">1. Stein I, Leventhal M. Amenorrhea associated with bilateral  polycystic ovaries. Am J Obstet Gynecol. 1935;39:181-191. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100062&pid=S0048-7732201100010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">2. Angelino de Blanco MC, Febres-Ballestrini F, Molina-Vilchez  R. Evolución histórica acerca del conocimiento del síndrome de ovario  poliquístico. En: Bajares de Lilue M, Pizi R, Velásquez-Maldonado E, editoras.  Consenso Venezolano de Síndrome de ovario poliquístico 2007. Caracas: Editorial  Ateproca; 2007.p.13-16. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100063&pid=S0048-7732201100010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">3. The Rotterdam ESHRE/ASMR- Sponsored PCOS Consensus Worshop  Group. Revised 2003 consensus on diagnostic criteria and long-term health risk  related to polycystic ovary syndrome. Fertil Steril. 2004;81:19-25. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100064&pid=S0048-7732201100010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Litter M. Farmacología del sistema genital femenino.  Hormonas sexuales femeninas. En: Compendio de </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">Farmacología. Buenos Aires: Editorial El  Ateneo; 1976. p.447-461. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100065&pid=S0048-7732201100010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">5. Draper N, Walter EA, Bujaslka IJ,  Tomilson JW, Chalder SM, Arlt W, Lavery GG, et al. Mutations in the genes  encoding 11 betahydroxysteroid dehydrogenase tipe 1 and hexose-6-phosphate  dehydrogenase interact </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">to cause  cortisone reductase deficiency. </font><font size="2"><font face="Verdana">Nat  Genet. 2003;34:434-439. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100066&pid=S0048-7732201100010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">6. Ehrmann DA. Polycystic ovario  syndrome. N Engl J Med. 2005;352:1223-1236. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100067&pid=S0048-7732201100010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">7. Roldan B, San Millan JL, Escobar-Morreale  HF. Genetic basis of metabolic abnormalities in polycystic ovary syndrome:  Implications for therapy. Am J Pharmacogenomics. 2004;4:93-107. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100068&pid=S0048-7732201100010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">8. Carmine E. Genetic and enviromental  aspect of polycystic ovary syndrome. J Endocrinol Invest. 2003;26:1151-1159.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100069&pid=S0048-7732201100010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">9. Cypess AM, Lehman S, Williams G, Tal  I, Rodman </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">D, Goldfine AB, et al.  Identification and importance </font><font size="2"><font face="Verdana">of  brown adipose tissue in adult human. N Engl J Med. 2009;30:1509-1517. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100070&pid=S0048-7732201100010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">10. Speroff L, Glass RH, Kase NG.  Clinical Gynecologic Endocrinology and Infertility. 6ª edición. Baltimore:  Lippincott Williams &amp; Wilkins, editores. Baltimore 1999. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100071&pid=S0048-7732201100010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">11. Pardo-Palma R.A. Síndrome de ovarios  poliquísticos. En: Terán-Dávila J, Febres-Ballestrini F, editores.  Endocrinología ginecológica y reproducción humana. Caracas: Editorial Ateproca;  1995. p.413-459. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100072&pid=S0048-7732201100010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">12. Guess MK, Andrew E, Gagliardi CL,  Emmi AM. Hirsutism. En: Decherney AH, Goodwin TM, Nathan L, Laufer N, editores.  Nueva York: McGraw-Hill Company; 10ª edición. 2007.p.937-947. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100073&pid=S0048-7732201100010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">13. Velásquez N, Fernández- M. Efectos  pocos publicados de los estrógenos. Rev Obstet Ginecol Venez. 2004;64:139-153. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100074&pid=S0048-7732201100010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">14. J de Santiago García M, León C,  Cabrillo Rodríguez E. Fisiología femenina I: Ciclo ovárico. Fisiología del  ovario: gametogénesis. Ovulación. Esteroidogenésis. Acciones de las hormonas  ováricas. Ciclo y </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">fisiología  tubárica. En: Cabero Roura L, editor. </font><font size="2"> <font face="Verdana">Tratado de Ginecología, Obstetricia y Medicina de la  Reproducción. Madrid: Editorial Médica Panamericana, S.A; 2003.p.73-83. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100075&pid=S0048-7732201100010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">15. Seidell JC, Björntorp P, Sjörtrom L,  Kvist H, Sannerstedt R. Visceral fat accumulation in men is positively  associated with insulin, glucose and C-peptide levels, but negatively with  testostrone levels. Metabolism. 1990;39:897-901. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100076&pid=S0048-7732201100010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">16. Tchernof AJ, Després A, Bélanger A,  Dupont D, Prud´homme S, Moorjani P, et al. Reduced tetosterone and adrenal C19  steroids levels in obese men. Metabolism 1995;44:513-519. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100077&pid=S0048-7732201100010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">17. Rebuffé-Scrive MO, Márin P,  Björntorp P. Effect of the testosterone on abdominal adipose tissue in men. Int  J Obes. 1991;15:791-795. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100078&pid=S0048-7732201100010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">18. Lovejoy JC, Bray GA, Greeson M,  Kemperer J, Morris C, Partington C, et al. Oral anabolic steroid treatment, but  not parenteral androgen treatment decrease abdominal fat in obese, older men.  Int J Obes. 1995;19:614-624. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100079&pid=S0048-7732201100010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">19. Elbers JM, Assheman H, Seidell JC,  Magens JAJ, Gooren JG. Long-term testosterone administration increase visceral  fat in female to male transsexuals. J Clin Endocrinol Metab. 1997;82:2044-2047. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100080&pid=S0048-7732201100010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">20. Elbers JM, Assheman H, Seidell JC,  Gooren JG. Effects of sex steroid hormones on regional fat depots as assessed by  magnetic resonance imaging in transexuals. Am J Phisiol. 1999;276:E317-E325. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100081&pid=S0048-7732201100010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">21. Björntorp P. Hormonal control of  regional fat distribution. Human Repro. 1997;12(Suppl 1): 21-25. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100082&pid=S0048-7732201100010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">22. Boloumie A, Valet P, Dauzats M,  Lafontan M, Saulnier-Blanche JS. In vitro upregulation of adipocyte alpha 2-adrenorreceptors  by androgens is consecuense of direct action on the fat cells. Am J Physiol. 1994 Oct;267(4Pt 1)C926-31. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100083&pid=S0048-7732201100010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">23. Ramirez ME, McMurry MP, Wiebke GA,  Felten KJ, Ren K, Meikle AW, et al. Evidence for sex steroid inhibition of  lipoprotein- lipasa in human: Comparison of abdominal and femoral adipose tissue.  Metabolism. 1997;46:179-185. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100084&pid=S0048-7732201100010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">24. Zmuda JM, Fahrenbach MC, Younkin BT,  Bausserman LL, Terry RB, Catlin DH, et al. The effect of testosterone  aromatization on high-density lipoprotein cholesterol level and postheparin  lipolytic activity. Metabolism. 1993;42:446-450. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100085&pid=S0048-7732201100010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">25. Tomita T, Yonekura I, Okada T,  Hayashi E. Enhacement in cholesterol-estearase activity and liplisis due 17  Beta-estradiol treatment in rat adipose tissue. Horm Metab Res. 1984;16:525-528. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100086&pid=S0048-7732201100010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">26. Heine PA, Taylor JA, Iwamoto GA,  Lubahn DB, Cooke PS. Increased adipose tissue in male and females estrogen  receptor-alpha knockaout mice. Proc Natl Acad Sci USA. 2000;97:12729-12734. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100087&pid=S0048-7732201100010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">27. Koplan JP, Liverman CT, Kraak VI,  Wisham SL. Progress in preventing childhood obesity: How do we measure up?  Washington, D.C.: Institute of Medicine of the National Academy Press; 2006. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100088&pid=S0048-7732201100010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">28. Polotsky AJ, Hailpern SM, Skurnick  JH, Lo JC, Sternferd B, Santoro N. Association of adolescent obesity and  lifetime nulliparty. The study of Women´s Health Acrross the Natio (SWAN).  Fertil Steril. 2010;93:2004-2011. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100089&pid=S0048-7732201100010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">29. van Dam RM, Willett WC, Manson JE,  Hu FB. The relationship between overweight in adolescence and premature death in  women. Ann Intern Med. 2006;145:91-97. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100090&pid=S0048-7732201100010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">30. Weiss R, Dziura J, Burgert TS,  Tamborlane WV, Taksali SE, Yeckel CW, et al. Obesity and metabolic syndrome in  children and adolescents. N Engl J Med. 2004;350:2362-2374. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100091&pid=S0048-7732201100010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">31. Druce MR, Small CJ, Bloom SR.  Minireview: Gut peptides regulating satiety. Endocrinology. 2005;145:2660-2665. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100092&pid=S0048-7732201100010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">32. Clinical guidelines on the identification, evaluation, </font><font size="2"><font face="Verdana">and treatment of overweight and  obesity in adults: The evidence report. Bethesda, MD: National Heart, Lung, and  blood Institute: National Institute of Diabetes and Digestive and kidney  Disorders, National Institute of Health; 1998. NIH Publ. No 8-4083. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100093&pid=S0048-7732201100010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">33. Thomas AE, McKay DA, Cutlip MB. A  nomograph method for assesing body weight. Am J Clin Nutr. 1976;29:302-304. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100094&pid=S0048-7732201100010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">34. Björntorp P. Abdominal fat  distribution and disease: An overview of epidemiological data. Ann Med.  1992;24:15-18. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100095&pid=S0048-7732201100010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">35. Practical guide, identification,  evaluation and treatment of overweight and obesity in adults: The evidence  report. Bethesda, MD: National Heart, Lung, and blood Institute, North American  Association for the study of obesity, 2000, NIH Publ. No 00-4084. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100096&pid=S0048-7732201100010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">36. World Healt Organization- Technical  Report series 894: Obesity. Preventing and managing the Global Epidemic: Report of a WHO consultation.  Geneve 2000.p.203. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100097&pid=S0048-7732201100010000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">37. Lukaski HC, Johnson CPE, Bolonchuck  WW, Lykken. Assessment off at free mass using bioelectric impedance measurements  of the human body. Am J Clin Nutr. 1985;41:810-817. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100098&pid=S0048-7732201100010000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">38. Kissebach AH, Krakower. Regional  adiposity and morbidity. Phisiol Rev. 1994;74:761-811. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100099&pid=S0048-7732201100010000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">39. Dananberg J, Caro JF. Obesity. En:  DeGroot L, editor. </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">Endocrinology. 4ª  edición. Filadelfia: Saunders; </font><font size="2"><font face="Verdana"> 2001.p.615-630. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100100&pid=S0048-7732201100010000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">40. Azziz R, Sánchez LA, Knochenhauer  ES, Moran C, Lazenby J, Stephenss KC, et al. Androgen excess in women:  Experience with over 1 000 consecutive patients. J Clin Endocrinol Metab.  2004;89:453-462. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100101&pid=S0048-7732201100010000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">41. Franks S, Kiddy D, Sharp P, Sing A,  Reed M, Seppala M, et al. Obesity and polycystic ovary syndrome. Ann NY Acad Sci.  1991;626:201-206. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100102&pid=S0048-7732201100010000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">42. Goldzieher JW, Axelrod LR. Clinical  and biochemical features of polycystic ovarian disease. Fertil Steril.  1963;14:631-653. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100103&pid=S0048-7732201100010000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">43. Franks KS. Polycystic ovary syndrome.  N Engl J Med. 1995;333:853-861. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100104&pid=S0048-7732201100010000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">44. Azzis R, Ehrman D, Legro RS, et al.  Atrogliatazone improves ovulation and hirsutismo in the polycystic ovarian  syndrome: A multicenter, double blind, placebo-controlled trial. J Clin  Endocrinol Metab. 2001;86:1626-1632. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100105&pid=S0048-7732201100010000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">45. Trivax B, Azziz R. Diagnosis of  polycystic ovary syndrome. Clin Obstet Ginecol. 2007;50:168-177. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100106&pid=S0048-7732201100010000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">46. Huang A, Brennan K, Azziz R.  Prevalence of hyperandrogenemia in the polycystic ovary syndrome diagnosed by  National Institutes Health 1990 criteria. Fertil Steril. 2010;93:1938-1941. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100107&pid=S0048-7732201100010000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">47. Yildiz BO, Knochenhauer ES, Azziz R.  Impact of obesity for polycystic ovary syndrome. J Clin Endocrinol Metab.  2008;93:162-168. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100108&pid=S0048-7732201100010000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">48. Carmine E, Legro RS, Stamets K,  Lowell J, Lobo RA. Difference in body weight betwen American and Italian women  with Polycystic ovarian syndrome: </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> Influence of the diet. </font><font size="2"><font face="Verdana">Hum Reproduc.  2003;18:2289-2293. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100109&pid=S0048-7732201100010000900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">49. Azziz R, Carmina E, Dewailly D,  Diamanti-Kandarakis E, Escobar-Morreale HF, Futterweit W, et al. The androgen  excess and PCOS Society critera for the polycystic ovary syndrome: The complete  task force report. Fertil Steril. 2009;91:456-488. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100110&pid=S0048-7732201100010000900049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">50. Azziz R, Ehrmann D, Legro RS,  Witcomb RW, Hanley R, Ferestian AG, et al. Troglitazone improves ovulation and  hirsutismo in polycystic ovary syndrome: A multicenter, double blind, placebo-controlled  trial. J Clin Endocrinol Metab. 2001;86:1626-1632. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100111&pid=S0048-7732201100010000900050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">51. Balen AH, Conway GS, Kaltsas G,  Techatrasak K, Manning PJ, West C, et al. Polcystic ovary syndrome: The spectrum  of the desorder in 1741 patients. Hum Reprod. 1995;10:2107-2111. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100112&pid=S0048-7732201100010000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">52. Taponen S, Martikainen H, Javerlyn  MR, Sovio U, Laitinen J, Pouta A, et al. Metabolic cardiovascular disease risk factors in women with self-reported  simptoms of oligomenorrhea and/or hirsutism: Northern Finland Birt Cohort 1966  Study. J Clin Endocrinol Metab. 2004;89:2114-2118. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100113&pid=S0048-7732201100010000900052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">53. Hahn S, Tan S, Elsenbruch S,  Quadbeck B, Herrmann BL, Mann K, et al. Clinical and biochemical  characterization of women with polycystic ovary syndrome in North Rhine-Westphalia.  Horm Metab Res. 2005;37:438-444. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100114&pid=S0048-7732201100010000900053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">54. Carmina E, Chu MC, Longo RA, Rini  GB, Lobo RA. Phenotypic variation in hyperandrogenic women </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">influences the finding of abnormal metabolic and </font><font size="2"><font face="Verdana">cardiovascular risk parameters. J  Clin Endocrinol Metab. 2005;90:2545-2549. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100115&pid=S0048-7732201100010000900054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">55. Azziz R, Woods KS, Rena R, Key TJ,  Knochenhauer ES, Yildiz BO. The prevalence and features of the polycystic ovary  syndrome in a unselected population. J Clin Endocrinol Metab. 2004;89:2745-2749. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100116&pid=S0048-7732201100010000900055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">56. Alvarez-Blasco F, Botella-Carretero  JI, San Mill JL, Escobar-Morreale HF. Prevalence and characteristics of the  polycystic ovary syndrome in overweight and obese women. Arch Intern Med.  2006;23:2081-2086. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100117&pid=S0048-7732201100010000900056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">57. Pasqualini R. Obesity, fat  distribution and infertility. Maturitas. 2006;54:363-371. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100118&pid=S0048-7732201100010000900057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">58. Asunción M, Calvo RM, San Millan JL,  Sancho J, Avila S, Escobar-Morreale HF. A prospective study of the prevalence of  the polycystic ovary syndrome in unselected Caucasian women from Spain. J Clin  Endocrinol Metab. 2000;85:2434-2438. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100119&pid=S0048-7732201100010000900058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">59. Laitinen J, Taponen S, Markitainen  H, Pouta A, Millwood I, Hartikainen AL, et al. Body size from birth to adulthood  as a predictor of self-reported polycystic ovary syndrome symptoms. Int J Obes  Relat Metab Disord. 2003;27:710-715. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100120&pid=S0048-7732201100010000900059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">60. Maidolis Ramones Servet. Diario  Panorama, lunes 30 de agosto de 2010, página 6. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100121&pid=S0048-7732201100010000900060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">61. Velásquez N. Diagnóstico clínico del  síndrome de ovario poliquístico. En: Bajares de Lilue M, Pizzi R,  Velásquez-Maldonado E, editoras. Consenso Venezolano de Síndrome de ovario  poliquístico 2007. Caracas: Editorial Ateproca; 2007. p.24-28. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100122&pid=S0048-7732201100010000900061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">62. Pérez Monteverde A. Diagnóstico  bioquímico del síndrome de ovario poliquístico. En: Bajares de Lilue M, Pizzi R,  Velázquez-Maldonado E, editoras. Consenso Venezolano de Síndrome de Ovario  Poliquístico 2007. Caracas, Editorial Ateproca; 2007. p.29-35. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100123&pid=S0048-7732201100010000900062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">63. Venturoli S, Porcu E, Fabbri R,  Mangrini O, Gammi L, Paradisi R, et al. Episodic pulsatil secretion on FSH, LH,  prolactin, oestradiol, estirones, and LH circadian variations in polycystic  ovary syndrome. Clin Endocrinol. 1988;28:93-105. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100124&pid=S0048-7732201100010000900063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">64. Bajares de Lilue M, Pizzi R,  Velázquez-Maldonado E, editoras. Consenso Venezolano de síndrome de ovario  poliquístico 2007. Caracas: Editorial Ateproca. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100125&pid=S0048-7732201100010000900064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">65. Jeffrey Chang R, Coffler MS. Polycystic ovary </font> <font size="2"><font face="Verdana">syndrome: Early detection in the adolescent.  Clin Obstet Ginecol. 2007;50:178-187. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100126&pid=S0048-7732201100010000900065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">66. Kaufman RP, Barrer VM, DiMarino P, Gimpel T, Castracane VD. Polycystic ovarian syndrome an insuline resistance in  White and Mexican American women: A comparison of two distinct populations. Am J  Obstet Gynecol. 2002;187:1362-1369. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100127&pid=S0048-7732201100010000900066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">67. Williamson K, Gunn A, Johnson N,  Milsom SR. The impact of ethnicity on the presentation of polycystic ovarian  syndrome. Aust NZ J Obstet Gynaecol. 2001;41:202-206. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100128&pid=S0048-7732201100010000900067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">68. Azziz R, Kashar-Miller MD. Family  history as a risk factor for the polycystic ovary syndrome. J Pediatr Endocrinol  Metab. 2000;13:1303-1306. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100129&pid=S0048-7732201100010000900068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">69. Kashar-Miller MD, Nixon C, Boots LR,  Go RC, Azziz R. Prevalence of polycystic ovary syndrome (PCOS) </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">in first-degree relative of patiens with PCOS. </font><font size="2"><font face="Verdana">Fertil Steril. 2001;75:53-58. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100130&pid=S0048-7732201100010000900069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">70. Urbanek M, Spielman R. Genetic  analysis of candidate genes for the polycystic ovary syndrome. Curr Opinion  Endocrinol Diabetes. 2002;9:492-501. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100131&pid=S0048-7732201100010000900070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">71. Word JR, Nelson VL, Ho C, Jansen E,  Wang CY, Urbanek M, McAllister JM, Mosselman S, Strauss JF. The molecular  fenotype of the polycystic ovary syndrome(PCOS) theca cell and new candidate  PCOS </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">genes defined by microarray  analysis. </font><font size="2"><font face="Verdana">J Biol Chem.  2003;278:26380-26390. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100132&pid=S0048-7732201100010000900071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">72. Robinson S, Chan SP, Spacey S,  Anyaoku V, Johnston DG, Frank S. Postprandial thermogenesis is reduced in  polycystic ovary syndrome and is associated with increased insulin resistense.  Clin Endocrinol (Oxf). 1992;36:537-543. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100133&pid=S0048-7732201100010000900072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">73. Ravussin E, Acheson KJ, Vewrnet O,  Danforth E, Jequier E. Evidence that insulin resistense is reponsible for the  decreased thermogenic effect of glucose in human obesity. J Clin Invest.  1985;76:1268-1273. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100134&pid=S0048-7732201100010000900073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">74. Segal KR, Dunaif A. Resting  metabolic rate and postprandial termogenesis in polycystic ovarian syndrome. Int  J Obes. 1990;14:559-567. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100135&pid=S0048-7732201100010000900074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">75. Himelin MJ, Thatcher SS. Polycystic  ovary syndrome and mental health. A review. Obstet Gynec Surv. 2006;61:723-732. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100136&pid=S0048-7732201100010000900075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">76. McCluskey S, Evans C, Lacey JH,  Pearse JM, Jacobs H. Polycystic ovary syndrome and bulimia. Fertil Steril.  1991;55:287-291. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100137&pid=S0048-7732201100010000900076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">77. Morgan JF, McCluskey SE, Psych MRC,  Brutton JN, Psych MRC, Lacey JH. Polycystian ovarian morpholoy and bulimia  nervosa: A 9 years follow-up study. Fertil Steril. 2002;77:928-930. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100138&pid=S0048-7732201100010000900077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">78. Schweiger U, Poellinger J, Laessle  R, Wolfram G, Fichter MM, Pirke KM. Altered insuline response to a balanced test  meal in bulimics patiens. Int J Eat Disord. 1987;6:551-556. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100139&pid=S0048-7732201100010000900078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">79. Blouin AG, Blouin JH, Braaten JT,  Sarwar G, Bushnik T, Wakter J. Physiological and phycological response to a  glucose challenger in bulimia. Int J Eat Disord. 1991;10:285-296. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100140&pid=S0048-7732201100010000900079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">80. Cooper PJ, Fairburn CG. Binge-eating  and self-induced vomiting in the community: A preliminar study. Br J Psychiatry.  1983;142:139-144. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100141&pid=S0048-7732201100010000900080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">81. McCluskey SE, Evans C, Lacey JH,  Pearse JM, Jacobs H. Bidge-eating and polycystic ovaries. Lancet.  1992;340(8821):723. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100142&pid=S0048-7732201100010000900081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">82. Kiddy DS, Hamilton-Fairley D, Bush  A, Short F, Anyaou V, Reed MJ, et al. Improvement in endocrine and ovarian  function during dietary treament of obese women with policystyc ovary syndrome.  Clin Endocrinol. 1992;36:105-111. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100143&pid=S0048-7732201100010000900082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">83. Friedman JE, Dohm GL, Leggett-Frazier  N, Elton CW, Tapcott W, Pories P, et al. Restoration on insulina responsiveness  in skeletal muscle of morbidly obese patiens with weight loss. Effect on muscle  glucose transpor and glucose transporter GLU T4. J Clin Invest. 1992;89:701-705. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100144&pid=S0048-7732201100010000900083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">84. Naessen S, Carlström K, Garoff L,  Glant R, Hirschberg A L. Polycystyic ovary syndrome in bulimic women- an  evaluation base don new criteria. Gynecological Endocrinogy. 2006;22:388-394. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100145&pid=S0048-7732201100010000900084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">85. Longocope C, Pratt JH, Schnider SH,  Finerberg SE. Aromatization of androgens by muscle and adipose tissue in vivo. J  Clin Endocrinol Metab. 1978;46:146-152. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100146&pid=S0048-7732201100010000900085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">86. Ollman MM, Wilson BD, Yang YK, Kerns  JA, Chen Y, Gantz L, et al. Antagonism of central melanocortin receptors in  vitro and in vivo by agouti-related proteine. Science. 1997;278:135-138. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100147&pid=S0048-7732201100010000900086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">87. Zhang YY, Proenca R, Maffei M,  Barone M, Leopold L, Friedman JM. Positional cloning of the mouse obese gen and  its human homolog. Nature. 1994;372:425-432. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100148&pid=S0048-7732201100010000900087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">88. Campfiel LA, Smith FJ, Guisez Y, Devos R, Burn </font> <font size="2"><font face="Verdana">P. Recombinant Mouse OB protein: Evidence  for a periferal signal linking adiposity and central neural networks. Science.  1995;269:546-549. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100149&pid=S0048-7732201100010000900088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">89. Matnzoros CS, Dunaif A, Fliers JS.  Leptin concentration in polycystic ovary syndrome. J Clin Endocrinol Metab.  1997;82:1687-1691. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100150&pid=S0048-7732201100010000900089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">90. Brzechffa PR, Jakimiuk AJ, Agarwal  SK, Weitsman </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">SR, Buyalos RP,  Magoffin DA. Serum inmunoreactive </font><font size="2"><font face="Verdana"> leptin concentrations in women with polycystic ovary syndrome. J Clin Endocrinol  Metab. 1996;81:4166-4169. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100151&pid=S0048-7732201100010000900090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">91. Barash IA, Cheung CC, Weigle DS, Ren  H, Kabigting EB, Kuijper JL, et al. Leptin is a metabolic signal to reproductive  system. Endocrinol. 1996;137:3144-3147. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100152&pid=S0048-7732201100010000900091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">92. Mantzoros CS, Cramer DW, Liberman RF,  Barbieri </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">RL. Predictive values of  serum and follicular fluid </font><font size="2"><font face="Verdana">leptin  concentration during assited reproductive cycle in normal women and women witn  polycystistic ovarian syndrome. Human Reprod. 2000;15:539-544. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100153&pid=S0048-7732201100010000900092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">93. Moschos Stergios, Chan JL, Mantzoros  Ch S. Leptin and reproduction: A review. Fertil Steril. 2002;77:433-444. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100154&pid=S0048-7732201100010000900093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">94. Lonnqvist F, Arner P, Nordfors L,  Schalling M. Overexpression of the obese (ob) gene in adipose tissue of human  obese subjets. Nat Med. 1995;950-953.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100155&pid=S0048-7732201100010000900094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">95. Considine RV, Sinha MK, Heiman ML,  Kriauciunas A, Stephens TW, Nyce MR, et al. Serum inmunoreactive-leptine  concentration in normal-weight and obese humans. N Engl J Med. 1996;334:292-295. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100156&pid=S0048-7732201100010000900095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">96. van Diemen FM, van´t Veer C, Buurman  WA, Greve JW. Serum leptin and soluble leptin receptor levels in obese and  weight-losing individuals. J Clin Endocrinol Metab. 2002;87:1708-1716. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100157&pid=S0048-7732201100010000900096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">97. Mantzoros CS. The rol of leptin in  human obesity and disease: A rewiew of current evidence. Ann Intern Med.  1999;130:671-680. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100158&pid=S0048-7732201100010000900097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">98. Hislop MS, Ratanjee BD, Soule S,  Gand Marais AD. Effect of anabolic-androgenic steroid use or gonadal suppresión  on serum leptin concentration in men. Eur J Endocrinol 1999;141:40-46. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100159&pid=S0048-7732201100010000900098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">99. Nishiyama M, Makino S, Suemaru S,  Nanamiya W, Asaba K, Kaneda T, et al. Glucocorticoide effect on the diurnal  rhythm of circulatin leptin levels. Horm Res. 2000;54:69-73. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100160&pid=S0048-7732201100010000900099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">100. Erturk E, Kuru N, Savci V, Tuncel  E, Ersoy C, Imamoglu S. Serum leptin levels correlate with obesity parameters  but not with hyperinsulinism in women with polycystic ovary syndrome. Fertil  Steril. 2004;82:1364-1368.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100161&pid=S0048-7732201100010000900100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">101. Jacobs HS. Polycystic ovary  syndrome. En: Seibel MM, editor. Infertility: A comprehensive text. 2ª edición.  Stamford CT: Appleton &amp; Lange; 1997. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100162&pid=S0048-7732201100010000900101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">102. Telli MH, Yildrim M, Noyan V. Serum  leptin levels in patiens with polycystic ovary syndrome. Fertil Steril.  2002;77:932-935.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100163&pid=S0048-7732201100010000900102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">103. Chapman IM, Wittert GA, Norman JR.  Circulatin leptin concentration in polycystic ovary syndrome: Relation to  anthropometric and metabolic parameters. Clin Endocrinol. 1997;46:175-181.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100164&pid=S0048-7732201100010000900103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">104. Rouru J, Antilla L, Koskinen P,  Pentilä TA, Irjala K, Huupoonen R, et al. Serum leptin concentration in women  with polycystic ovarian syndrome. J Clin Endocrinol Metab. 1997;82:1697.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100165&pid=S0048-7732201100010000900104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">105. Panidis DK, Rousso DH,  Matalliotakis IM, Kourtis AI, </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> Stamatopoulos P, Koumantakis E. The influence of </font><font size="2"> <font face="Verdana">long-term administration of conjugated estrogens and  antiandrogens to serum leptin levels in women with polycystic ovary syndrome.  Gynaecol Endocrinol. 2000;14:169-172.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100166&pid=S0048-7732201100010000900105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">106. Morin-Papunen LC, Koivunen RM,  Tomas C, Ruokonen A, Martikainen HK. Decreased serum leptin concentrations  during metformin therapy in obese women with polycystic ovary syndrome. J Clin  Endocrinol Metab. 1998;83:2566-2568. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100167&pid=S0048-7732201100010000900106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">107. Laughlin GA, Morales AJ, Yen SSC.  Serum leptin level in women con polycystic ovarian syndrome: The rol of the  insulin resistence/hyperinsulimemia. J Clin Endocrinol Metab. 1997;82:1687-1696.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100168&pid=S0048-7732201100010000900107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">108. Rodrigues de O F, Camila Cremonezi  J, Flávia Troncon R, Izabel de Arruda L, Wanda R, García Ch P. Interfaces  nutricionales y metabólicas en el síndrome del ovario poliquístico: el papel de  la obesidad y de los macronutrientes de la dieta. Rev Chil Nutr.  2009;36:278-284.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100169&pid=S0048-7732201100010000900108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">109. Pritchard LE, Tumbul AV, white A.  Pro-opimelanocortin processing in the hipotalamus: Impacto in melanocortin  signaling and obesity. J Endocrinol. 2002;172:411-421.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100170&pid=S0048-7732201100010000900109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">110. Moran LJ, Noakes M, Clifton PM,  Wittert GA, Tomlison L, Galletly, et al. Ghrelin and measures of satiety are  altered in polycystic ovary syndrome but not differentially affected by diet  composition. J Clin Endocrinol Metab. 2004;89:3337-3344.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100171&pid=S0048-7732201100010000900110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">111. Pagotto U, Gambineri A, VicennatiV,  Heiman ML, Tschöp M, Pasqulini R. Plasma ghrelin, obesity, and polycystic ovary  syndrome: Correlation with insulin resistance and androgen levels. J Clin  Endocrinol Metab. 2002;87:5625-5629.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100172&pid=S0048-7732201100010000900111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">112. Schöfl C, Horn R, Schill T, Schlösser HW, Müller </font> <font size="2"><font face="Verdana">MJ, Brabant G. Circulating ghrelin levels in  patiens with polycystic ovary syndrome. J Clin Endocrinol Metab.  2002;87:4607-4610. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100173&pid=S0048-7732201100010000900112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">113. Druce MR, Bloom SR. Oxyntomodulin:  A novel potencial treatment for obesity. Treat Endocrinol. 2006;5:265-272.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100174&pid=S0048-7732201100010000900113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">114. Holcomb IN, Kabakoff RC, Chan B,  Baker TW, Gurney A, Henzel W, et al. FIZZ1, a novel Cystein-rich secreted  proteína associated with pulmonary </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> inflammation defines a new gene family. EMBO J. </font><font size="2"> <font face="Verdana">2000;19:4046-4055.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100175&pid=S0048-7732201100010000900114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">115. Steppan CM, Bailey ST, Bhat S,  Brown EJ, Banerjee RR, Wright CM, et al. The hormone resistin links obesity to  diabetes. Nature. 2001;409:307-312.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100176&pid=S0048-7732201100010000900115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">116. Panidis D, Koliakos G, Kourtis A,  Farmakiotis D, Mouslech T, Rousso D. Serum resistin levels in women with  polycystic ovary syndrome. Fertil Steril. 2004;81:361-366. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100177&pid=S0048-7732201100010000900116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">117. Xita N, Georgiou I, Tsatsoulis A,  Kourtis A, Kukuvitis </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">A, Panadis D. A  polimorfismo in resistin gene </font><font size="2"><font face="Verdana"> promoter is associated with body mass index in women with polycystic ovary  syndrome. Fertil Steril. 2004;82:1466-1467.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100178&pid=S0048-7732201100010000900117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">118. Hamadeh MJ, Devries MC, Tarnopolsky  MA. Estrogen supplementation reduce whole body leucine and carbohydrate  oxidation and increases lipid oxidation in men during endurance exercice. J Clin  Endocrinol Metab. 2005;90:3592-3599.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100179&pid=S0048-7732201100010000900118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">119. Price TM, O´Brien SN, Welter BH,  George R, Anandjiwala J, Kilgore M. Estrogen regulation of adipose tissue  lipoproteína-lipase. Possible mechanism of body fat distribution. Am J Obstet  Gynecol. 1998;178:101-107.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2100180&pid=S0048-7732201100010000900119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ALIGN="JUSTIFY">Agradecimiento</p> </b>     <p align="justify">El autor debe agradecer a la Dra. Noramaica Briñez por su  desinteresada colaboración en la redacción y revisión de este manuscrito.</p> </font>       ]]></body>
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